Porque lo prometido es deuda, he aquí un nuevo capítulo de 'Honor'. No tengo mucho que decir, más que disculpas por la gran tardanza. Sin más, les deseo una grata lectura (:

Importante: Fic inspirado por 'Tempest' de kaiserklee ( s/9972423/1/Tempest)

Disclaimer: Frozen NO me pertenece, sólo a Disney y sus asociados.


Honor

Por E. Waters

Capítulo VI

El viaje, al menos para la reina, cada vez se volvía más y más tenso. No por el hecho que se acercaba la fecha en la cual se enfrentarían con el ahora rey Hans del reino de Lantz, sino porque el vivir diariamente con Anna era un auténtico martirio para la Elsa.

Aún recordaba con frescura, como Hilde la besó y ella lo único que pudo exhalar, fue el nombre de la pecosa princesa.

De eso, ya habían pasado dos días, y ya el barco proveniente de las tierras de Arandelle, había zarpado del reino del Oeste, en busca de ir al reino de Viriond, vecino aledaño de Arandelle, para conseguir el favor de éste.

Ella sabía que tenía muchas más cosas que pensar, como para preocuparse ahora mismo su problema con Anna, pero es que sencillamente no podía evitarlo.

Y el hecho de dormir con ella, no ayudaba en lo absoluto.

Sin embargo, ella por nada del mundo deseaba pasar las noches sin la chica. Y es que era la propia joven, quien le ayudaba seguir adelante y en el acto, protegerla de su hermano mayor de ese horrible compromiso con el aliado de éste.

Siendo así, desembarcaron en el reino de Viriond, en donde la esperaba el rey Alyosha y sus hijos, Rudhiger y Gunther.

Cuando Elsa vio a los príncipes, de inmediato fijó su mirada en el menor de los dos príncipes, el cual le era un año mayor.

Elsa sonrío; Gunther también lo hizo.

Pero Anna, aún disfrazada de criada, no le gustó en lo absoluto aquella escena. ¿Qué pasaba, que a cada reino que iba, Elsa su Elsa, tenía pretendientes? Aunque claro, ahora era mucho más preocupante que con Hilde.

Después de todo, Gunther era un varón, por ende, podía estar perfectamente con Elsa, no cómo ella que era una chica.

Sus ojos verde azulados se entrecerraron, y miraron con un autentico desprecio al joven príncipe, quien tenía unos intensos ojos color miel.

Realmente, la visita al reino de Viriond duró mucho menos de lo esperado.

El rey Alyosha, antiguo amigo del fallecido padre de la reina Elda, de inmediato aprobó la alianza entre los dos reinos, con la condición de que Gunther se uniese a la tripulación del barco, puesto que según el propio rey, a su hijo menor le faltaba experiencia.

—Será un honor, rey Alyosha. —fue lo que dijo Elsa, mirando de forma cómplice a Gunther, quien se encontraba al frente de ella.

Anna, quien vio toda la escena, no pudo evitar torcer frustrada una especie de mueca.

Lo odiaba.

Era cierto, recién lo conocía, pero realmente le odiaba. Y es que solo bastaba ver como Elsa le miraba, como para saber cuán odiable podía ser para la princesa.

Sin embargo, ya diferencia de lo que Anna pudiese pensar, en los pensamientos de la muchacha de cabello rubio platinado, lo que menos tenía presente era flirtear con el príncipe Gunther.

No, en sus planes estaba recuperar el poder del reino de Lantz, derrotar y exiliar a Hans, y con ello recuperar la paz entre los reinos vecinos.

Y hasta ahora, los reinos que se enfrentarían estaban exactamente divididos. Mientras que por Lantz estaba el reino de Arawn y de las Islas del Sur, por parte del reino de Arendelle se encontraba el reino del Oeste y el reino de Viriond, siendo los reinos restantes de la península como neutros.

—Muy bien. —dijo Elsa, en cuanto estuvo en su despacho privado, con sus ministros, y con Gunther como invitado especial. —Debemos de infiltrarnos en Lantz, y hacer dos cosas, o que Hans abdique por su cuenta, o bien, asesinarlo por condena a traición.

—¿No es muy extremo, reina? —preguntó uno de los ministros.

—Yo la apoyo.

Todos ladearon la cabeza, en dirección de quien había dicho esas palabras, encontrándose directamente con el mismísimo Gunther. Al verlo, Elsa inevitablemente sonrió.

—¿Y cómo nos infiltraríamos? —dijo otro ministro.

—Rindiéndonos.

—¿Ah?

—Es muy simple. —una astuta sonrisa apareció en el atractivo rostro de la reina. —Le diremos a Hans que nos rendimos, y yo pasaré la noche con él.

—¿Usted insinúa, reina…?—titubeó un poco, uno de los ministros presentes.

—Sí, pero tranquilo… Hans tiene fama de ser un mujeriego, y además de ser algo libidinoso, obviamente no me rechazará, y en el momento en el cual esté desarmado, sencillamente atacaré.

—¿Usted está segura que resultará, reina Elsa?

—Lamentablemente, conozco más a Hans, de lo ustedes creen—y dicho esto, el semblante de la mujer se puso más serio de lo que estaba.

Lo que nadie se había percatado, era que Anna, de quien sólo Elsa sabía que era una princesa y no una criada, estaba pegada a la puerta del despacho de la reina, escuchando todo lo que ésta planeaba con sus ministros.

Y entonces, tuvo miedo.

—¡Elsa!

La aludida se detuvo y se giró en dirección de quién le había llamado, encontrándose con la muchacha pecosa en el acto.

—Anna, debes tener más cuidado, no es común que una criada me llame por mi nombre.

—Oh, lo siento… es que…

—¿Qué sucede?

—Te escuché.

La reina alzó curiosa una ceja.

—Eso de que pasarás la noche con Hans…

—Ah, eso. —la muchacha miró livianamente a la otra chica. —Tranquila, no me sucederá nada, en serio.

—Es que, Elsa, tú no sabes…

—Tengo un plan, Anna, no te preocupes. Ahora ve a acostarte, es muy tarde.

—¿No vienes…?

—Lo siento, debo conversar con el príncipe Gunther.

Los días pasaron, y Anna cada vez sentía a Elsa más y más alejada de ella. Y lo peor de todo, es que no sabía que qué hacer al respecto. Siendo así, una noche antes de llegar al reino de Lantz, la muchacha esperó despierta a que la otra joven llegara.

—¿Anna, qué haces aquí?

Pero antes de que Elsa ´pudiese decir o hacer algo, la más joven de ambas se lanzó hacia la muchacha de ojos azul hielo y la besó de forma dura en sus labios. Sujetó entonces las muñecas de la reina con sus manos y la arrastró hacia la cama.

—Por favor, Elsa…—dijo Anna.

Y antes de que la reina pudiese decir otra cosa, la muchacha menor de ambas, la rodeó por la cintura y apegó ambos cuerpos lo más cercano posible.

Siendo así, la princesa atrapó los labios de la joven, y comenzó a besarla de forma apasionada, tratando de ingresar su lengua a los labios de Elsa, la cual en un quejido, permitió que esto sucediese.

Se besaron de forma sumamente intensa, y en su desesperación, Anna algo torpe comenzó a desabrochar el corsé de Elsa.

—Anna. —suspiró la joven. —Anna. —repitió. —¡Anna! —incluso suplicó.

Sentía la humedad en su entrepierna, y el deseo invadió a las dos chicas. Seguidamente, la muchacha pecosa se sentó sobre la cintura de Elsa, y una vez que lo hizo colocó sus manos sobre el pecho de la chica.

—¿Qué quieres que haga, Elsa? —susurró Anna en el oído de la reina, al cual ahora estaba casi a merced de la otra muchacha.

—Por favor…

—¿Por favor qué?

—Hazme tuya. —los ojos azul hielo, más oscuros que nunca, chocaron la mirada de Anna, estando ambas llenas de deseo.

De nuevo se fundieron en un beso, y esta vez fue Elsa comenzó a quitar las ropas de criada, de quien era en realidad una princesa. Necesitaba, necesitaba tocar su piel, necesitaba sentir, sentir el desnudo cuerpo de Anna sobre ella.

Aquella noche, ambas jóvenes se entregaron una a la otra, besándose, tocándose, fundiéndose una con la otra.

Al despertar, Elsa sintió como la rodeaba Anna con un brazo. Si esa situación pudiese haber ocurrido hace una semana atrás, todo hubiese estado bien, pero ahora las cosas eran un tanto diferentes…

Ayer Gunther le había propuesto matrimonio, y ella había aceptado, en vista que pensaba que Anna aún le gustaba Kristoff, además de pensar en el bien de su reino, claro está.

Sintiéndose profundamente culpable, la joven se levantó, se aseó, y pudo ver alguna que otra marca de los labios de la princesa, por su pecho y el resto de su cuerpo, pero nada que no pudiese cubrir con algo de ropa.

Miró como Anna aún dormía, con una gran sonrisa en su cara, y algo golpeó fuerte en el pecho de Elsa. ¿Qué iba a hacer ahora?

—¿Sucede algo, Elsa?

—Nada, Gunther, nada.

Y dicho esto, ambos ingresaron hacia el despecho de la chica de ojos azul hielo en el barco, en vista que tendrían su última reunión antes de ingresar al reino de Lantz.

Cuando Anna despertó esa mañana, y al verse completamente sola, se sintió ligeramente decepcionada, mas al recordar los últimos sucesos de la noche anterior, una gran sonrisa ese formó en su pecoso rostro.

Ayer en la noche, ella y Elsa habían hecho el amor. Porque, ¿había sido algo más que simple sexo, cierto?

Finalmente, el barco proveniente de Arandelle, encalló en el puerto principal del reino de Lantz, y a la cubierta salieron Elsa, junto a sus ministros, y Gunther por supuesto, del cual nadie sabía que era el prometido de la reina, debido al plan que ella tenía en mente.

El mensajero de Arandelle, había hecho llegar la noticia, de que la triada de alianzas unidas por Arendelle, ahora se rendían ante Hans, el cual aceptó gustoso le rendición de sus enemigos. Y claro, para celebrarlo obviamente organizó un banquete, en donde la reina Elsa era la invitada de honor.

Por el bien de todos, Anna tuvo que quedarse en el barco, en vista que todos en su propio reino, fácilmente reconocerían su rostro.

Gunther entonces acompañó a Elsa, vigilando desde las sombras cada cosa que ella hacía con el actual rey Hans.

—Así que…—dijo el pomposo hermano de Anna. —Han decidido darse por vencidos, ¿cierto? Lo sabía, sabía que usted era una reina inteligente.

—Puedes tutearme si gustas.

Hans alzó interesado una ceja. Ciertamente, Elsa siempre fue de su interés, pero ella siempre fría y estoica, no dejaba que nadie se acercase a ella, por lo cual él simplemente se rindió… pero ahora era ella, quien se entregaba a él, con esas sugerentes insinuaciones.

Lo que pasó a continuación, fue muy astuto por parte de la muchacha, y muy ingenuo por parte del joven.

Embriagándole con vino, Elsa hizo que Hans la llevase a su propia alcoba, en donde una vez allí el muchacho sin esperar ni un segundo más, comenzó a sacarse de su ropa, despojándose de cualquier tipo de armamento.

Fue entonces, cuando la llamada 'Reina de Hielo', finalmente actuó.

—¿Qué paaasa, Elsa? —preguntó el chico obviamente ebrio, acostado sobre su cama, semi desnudo.

—Lo siento, Hans, pero esta no es tu noche.

—¿Ah?

Y sin dejar que el chico dijese cualquier otra palabra más, Elsa hizo lo que debía de hacer.

Al día siguiente, Hans y sus secuaces fueron acusados de alta traición, y llevados directamente a la sentencia de muerte. En el acto, el príncipe Mikhail fue coronado como nuevo soberano del reino de Lantz, y con ello recuperar el gobierno constitucional que su padre, el fallecido rey Mitya, había formado.

—Anna, puedes salir, ya todo acabó. —dijo Elsa, apenas pudo ir al barco en busca de la princesa.

Todo entonces fue sólo celebraciones y festividades, seguidos por bailes y banquetes.

—¡Por el rey Mikhail! —dijeron todos al unísono, estando el nuevo rey sentado a su derecha por su hermana Anna, y a su izquierda por la reina Elsa.

Ya en su última noche en el reino de Lantz, la muchacha de ojos azul hielo salió a tomar aire en uno de los tantos balcones del palacio.

Suspiró.

Por la única razón que había pedido a Anna, fue para alejarla de Hans, y ahora que eso estaba hecho, era hora de decirle adiós. Aparte, ella pronto contraería matrimonio, y con ello una alianza más que beneficiosa para su reino.

¿Pero entonces, qué significó para Elsa, esa noche…?

Ya, debía de admitirlo; con Anna sintió cosas que jamás creyó que podría ella sentir, pero… pero había que volver a la realidad. Ella no podía estar con Anna. Anna era una chica, obviamente no podría engendrar herederos para Arandelle, cosa que ella como reina le debía a su pueblo.

Fue entonces, cuando sintió como alguien la rodeaba por la cintura, y la atraía hacia sí.

—Hola, Elsa.

—Anna…

—Shhh, no digas nada—y la chica, apoyó su rostro sobre el hombro de la reina. — ¿Te he dicho que te quiero?

—Anna…—repitió la joven.

—Elsa, yo…

—Eres libre.

—¿Qué? —Anna pareció estar confundida.

—Eso, eres libre. Por la única razón que te pedí, fue para protegerte de Hans, pero él ahora ya no es problema; puedes regresar a tu reino, Anna.

—No quiero. —y dicho esto, la chica dio vuelta a Elsa, para de esta forma encararla. —Lo que yo quiero, es estar contigo.

—Es que, Anna…

—Yo te amo, Elsa… y sé que tu también me amas, ¿recuerdas cuando…?

—Lo siento.

—¿Qué? —la voz de la muchacha, se quebró un poco.

—Yo, tú… no debido de haber hecho eso.

—¿Acaso no me amas?

—No, no es eso. —Elsa estaba en aprietos, ¿cómo le explicaba a Anna, todo lo que había sucedido?

—¿Entonces...?

—Estoy comprometida con Gunther.

Y la expresión de la princesa Anna de Lantz, no pudo estar más llena de dolor que nunca.


Me odiarán por este capítulo, pero les prometo que todo se arreglará. Y bueno, ya saben, un review hace al autor y al fic feliz ^^.