Bueno, aquí está. Este capítulo me ha costado más trabajo de lo esperado, pero creo que el resultado ha valido la pena y lo pongo a su disposición; como siempre, les recomiendo que centren el texto para que sus ojos no tengan que recorrer toda la página. Y también me permito recomendarles que busquen en YouTube el playlist que hice específicamente para este capítulo; estoy seguro que algunas de las canciones les gustarán, pero les sugiero que primero lean el fic y que oigan la música solo si tienen ganas de releerlo después. ¡Hasta la próxima!
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Y Ranma volvió de la Guerra.
Episodio Uno:
Antes del Desastre: Un sábado bastante normal
Capítulo Tres: Sábado
Un despertar poco idílico/Tofú/El sueño de Akane y la broma de Nabiki/La humillación de Shampoo y la perplejidad de Perfume/La Cita de Mousse/Las dos hermanas/Vieja Rivalidad/¡Nunca pidas un consejo en tu casa, Akane!/La humillación de Gosunkugi/Hechizada/Darién/El Espejo Humeante/Osaka/¡Eres un monstruo, Ryoga Hibiki!/Kabukicho/La espera de Akane /La conciencia de Ukyo/¡Za, za, za Yakuza, Yakuzá!
Ranma frecuenta un lugar al que nunca debió haber ido; una rivalidad amistosa se apodera de las personas más viejas de Nerima y Mousse descubrirá lo que significa tener de enemiga a una Amazona, mientras que Ukyo y Ryoga enfrentan la voz de sus conciencias. ¿Quién está detras de todo esto?
(Mousse)
Mousse soltó un gruñido, completamente indiferente a la voz que demandaba que se levantara. Había pasado tan buena noche…
—¡Levántate, estúpido!—una voz nada amigable acompañada de un fuerte puñetazo despertó al único residente masculino en el Nekohanten—¡Tienes trabajo que hacer!
Mouse no dijo nada: se desperezó lentamente y lanzó un bostezo; Perfume, en cambio, pateó una cubeta en su dirección y se alejó rápidamente.
"Yo lo lamento mucho, bisabuela Cologne" Perfume había descubierto algo que la había sobresaltado lo suficiente como para arruinar el estado impecable de la cocina de la Anciana "Yo…"
Por unos momentos, ambas ancianas se le habían quedado mirando con ojos escrutadores; pero una vez aclarado el asunto la mayor de las Perfume se volvió a meter en la habitación de la que era huésped y Colonia se limitó a dar un bostezo.
"No te preocupes, niña, estas cosas pasan" la Anciana se mostró excepcionalmente comprensiva con su sobrina nieta "Especialmente en Nerima. Sólo dile a Mousse que lo arregle en cuanto se levante. Y ahora déjame dormir."
Perfume vió como la anciana desaparecía dándole un portazo a la puerta de su habitación y se agachó rápidamente. Puede que se hubiera equivocado, pero más valía salir de una vez por todas de la duda, así que fue por unos guantes, regresó al montón de escombros que había causado y se dispuso a buscar un objeto que casi esperaba no encontrar entre ellos. Pero ahí estaba.
"Mierda".
Perfume colocó el objeto contra la luz. ¡No era posible! Tiró el objeto a la basura con un gesto de asco en cuanto se dio cuenta de lo que era y soltó una maldición.
"¡Ese maldito imbécil!" Perfume la chica a duras penas había contenido las ganas de gritar "¡Voy a romperle la cabeza!"
Tuvo el deseo de ir a ver al chico y partirlo en dos, pero pronto recordó que ella misma había pasado su primer día revisando las cosas de Mousse y entre sus cosas no había encontrado preservativos ni nada parecido. Además, el preservativo que había sostenido entre sus dedos ni siquiera era un condón, sino uno de esos rectángulos de látex que se usaban para otra cosa; ahora le resultaba más que obvio que la iniciativa había partido de Shampoo.
De su garganta salió una carcajada bastante cruel. ¡Después de tanto tiempo, Mousse lo había logrado! Era increíble. Aunque el hecho de que lo hubiera hecho estando Shampoo enferma y bastante deprimida sólo hizo que Perfume pensara peor de él.
"Prima….." se preguntó Perfume con profunda tristeza "¿Qué hiciste?"
La chica se había sentido furiosa, pero la ira pronto había dado paso a la lástima. Sin importar lo que hubiera pasado, le parecía que acostarse—o compartir su intimidad en cualquier otra forma—con Mousse había sido una mala idea.
Perfume se acercó a la habitación de su prima y abrió la puerta con sumo cuidado. Shampoo no despertó, y Perfume la encontró perfectamente envuelta entre las cobijas, sudando copiosamente y moviéndose como si estuviera pasando por una pesadilla.
"¿Por qué?" la pregunta empezó a rondar ininterrumpidamente en la cabeza de la chica "¡Si a ti nunca te ha gustado Mouse!
Perfume bajó la cabeza. Tuvo entonces la impresión de que Shampoo había cometido el peor error de su vida.
Perfume dejó la habitación de su prima y entró a bañarse, pero no desperdició las palabras de Colonia y bajó a decirle a Mouse que arreglara el desbarajuste que ella misma había creado. A pesar de que inicialmente sólo había roto unas vigas del techo como producto de su sobresalto, decidió que era una buena idea ensuciar aún más el restaurante y disfrutar del hecho de que Mousse y no ella tendría que limpiarlo.
¿Qué había orillado a Shampoo, una mujer que hasta donde sabia siempre había sido una guerrera orgullosa, a revelar su intimidad a alguien que a todas luces para ella era apenas superior a un gusano?
Perfume se soltó el cabello y abrió el grifo del agua. Luego trató de agarrar el champú, pero en lugar de colocárselo sobre la cabeza lo apretó ininterrumpidamente.
"¿Por qué, Shampoo? ¿Por qué? ¡Eres una Amazona! ¡Una guerrera de la Supremacía Femenina…¿y aun así te acuestas por…?
La chica abrió aún más el grifo. Si una guerrera tan orgullosa como su prima había sucumbido a la trampa del despecho porque el que debería ser su esposo no le hacía caso, resultaba más que obvio que estaba lastimada. ¿Qué tanto? ¿Se parecía su dolor al suyo cuando….?
"No" Perfume empezó a tallarse con el jabón "Yo ya lo superé. Me costó, pero al final lo hice sin caer en los brazos de otro, ni siquiera por despecho. En cambio Shampoo…"
Cuando "el chico" que le parecía simpático le había dicho que no a pesar de todo lo que ella había hecho por él, Perfume se había decepcionado. Y cuando éste empezó a revelarle quien era y había empezado a ignorarla, Perfume se había puesto como loca y había molido a puñetazos el muro externo de su casa. Había necesitado un doctor después de eso, pero había sanado. Su prima, en cambio….
Shampoo parecía necesitar un doctor, pero un doctor de la cabeza, reflexionó para si misma.
"¿De verdad eres tan importante para ella, Ranma Saotome?"
Perfume decidió que tenía que averiguarlo.
En otro lugar, un hombre que apenas entraba en la mediana edad y con lentes de estructura metálica recorría trotando las calles de Nerima. Era un hombre joven, en excelente forma y con tan excelente fama como doctor que todos sus vecinos no dudaban en acudir a su clínica.
Eso siempre y cuando no estuviera con él Kasumi Tendo, por supuesto.
La verdad sea dicha muy pocos sabían el cuidado que ponía en su cuerpo el doctor Tofú Ono. El resultado todos lo veían, pero ninguno de sus pacientes hubiera sido capaz de imaginarse al buen galeno haciendo una pesada rutina de ejercicio o practicando las artes marciales. Ono era excelente en judo (aunque ponía mucho cuidado en no lastimarse las manos, por supuesto) y le gustaba practicarlo: sin embargo, si cualquiera de los que acudían a su consultorio se hubiera topado con su uniforme de judoka, el susodicho paciente no hubiera dudado en atribuírselo a otro consultante más descuidado.. El judo ayudaba a su mente a mantener a su mente ágil y a su cuerpo fuerte.
El doctor dió su octogésima vuelta a la manzana y decidió tomar un descanso. Sacó una botella de agua y se dirigió hacia el parque: seguía lloviendo fuertemente, pero quería disfrutar de la naturaleza y despejar su mente antes de abrir su consultorio. Pero algo lo inquietó.
"¿Qué es esto?" Ono se desconcertó ante lo que parecían ser rastros de una pelea "¡No es posible!
Había un cráter en el piso.
El doctor siguió su instinto compasivo y se adentró al agua, sacando de ella a un pequeño cerdo negro y tendiéndolo después sobre el piso para enseguida tratar de revivirlo. Cualquiera se hubiera preguntado porque alguien se molestaría en tratar de revivir a un cerdo negro de un tamaño menor al de un perro que al parecer había muerto ahogado, pero el doctor, aunque fuertemente disciplinado, era de naturaleza compasiva y no le importó mojarse por una criatura que necesitaba su atención.
Y eso sin contar que el cerdo era importante para cierta persona conocida y que tenía cierta debilidad por cierto chico de la trenza.
El doctor regresó corriendo a su casa con el cerdo bajo su pecho. El doctor sumergió inmediatamente a Pechan en agua caliente y retrocedió: frente a sus ojos el cuerpo del cerdo negro cambió drásticamente al de un chico adolescente musculoso de cabello negro y con un par de incisivos especialmente prominentes.
—¿Ryoga?—el doctor no pudo evitar hablar en voz alta —¡Entonces era verdad!
El doctor estaba sorprendido, pero su práctica médica se impuso y examinó rápidamente sus heridas. Llegó a la conclusión de que habían sido causadas por una pelea: una pelea en la que él había llevado la peor parte. Ono asumió que quien sea que le hubiera dado la paliza había estado tan enojado que no le había importado que Ryoga pudiera morir bajo la lluvia estando inconsciente; la capacidad de su adversario había sido completamente formidable.
"¿Habrá sido Ranma?" se preguntó a sí mismo el doctor Tofú. Parecía la opción más lógica: si él hubiera descubierto que alguien se escondía bajo la apariencia de un cerdo para espiar a Kasumi, el doctor también se hubiera comportado de forma bastante irracional. Pero no podía haber sido Ranma: en lugar de mostrar en su cuerpo la marca de puños, parecía que a Ryoga toda una manada de cerdos le hubiera pasado encima.
Tofú se esforzó en recordar todo lo que sabía sobre Ryoga mientras lo acomodaba en la cama y se aseguraba que durmiera bien. El chico era legendario por tener un pésimo sentido de la orientación, no era un cliente regular en su consultorio (quizás por eso mismo) y su rivalidad con Ranma era absolutamente conocida. Y hasta él le habían llegado otra clase de rumores: que tenía una prometida que se dedicaba a entrenar cerdos para combates de sumo y que se hacía acompañar por un cerdo gigante que fungía como su guardaespaldas.
Y también había oído que Ryoga se hacía pasar como la mascota de Akane, algo de lo que al parecer todos eran conscientes menos la misma chica.
Al doctor no le costó atar cabos: ignoraba los detalles, pero le parecía que a Ryoga el guardaespaldas de su novia le había dado una buena paliza. Y el encontrar una foto de Akane Tendo junto a su corazón no hizo sino que sintiera por su paciente aún más pena.
El doctor lo miró con lástima.
El galeno movió la cabeza, apesadumbrado, y prestó atención al cuerpo del chico, dónde relucían infinidad de cicatrices, algunas bastante graves, causadas casi todas —de eso si estaba seguro, pues se lo había aclarado uno de sus pacientes—por su obsesión de encontrar a Ranma y no parar hasta vencerlo.
—Pobre Ryoga—el doctor Tofú dejó la habitación y cerró la puerta tras de sí—¿Habrá en Nerima otro chico tan obsesionado como él?
El doctor no se detuvo a pensar ya en eso, pero la verdad era que sí. Y la obsesión del otro chico, aunque también tenía que ver Ranma, respondía al nombre de Shampoo.
Mouse ni siquiera soltó una exclamación al ver el desastre que lo estaba esperando en la cocina. Si el día anterior había estado a punto de llorar por tener que limpiar una cocina sucia por culpa del trabajo, aquella mañana no se inmutó cuando Colonia le explicó que tenía que limpiar un desastre que no había provocado él. Mouse ni siquiera preguntó quién lo había causado: se limitó a contestar: "Entendido, venerable anciana" y a hacer una pequeña reverencia que Colonia al principio tomó por cínica.
"Y no te olvides en limpiar bien las orillas" la anciana entrecerró los ojos, circunspecta "No quiero ni una sola mancha de polvo para cuando llegue la noche".
Mouse no contestó nada: se limitó a encogerse distraídamente de hombros y musitar otra vez "Si, venerable anciana". Empezó a silbar.
"Mouse, ¿te sientes bien?" la anciana no entendía lo que estaba pasando "¿Mouse?¡Mouse!"
La anciana se acercó a él y lo observó detenidamente. El chico no parecía querer ignorarla: a Colonia le pareció que sencillamente estaba soñando despierto.
"Me siento bien, anciana" se molestó un poco de que su patrona se le quedara viendo tan fijamente "Y no se preocupe, tendré esto limpio para antes del desayuno. ¿Contenta?"
"Sí" Colonia se dispuso a subir las escaleras "Y tomate tu tiempo, hoy no atenderemos el restaurante, aunque si abriremos el puesto que tenemos en la feria esta noche. ¿Entendido?"
"Entendido" Mouse sonrió al oír las palabras de Colonia "Oiga anciana, tengo un pregunta. ¿Sería posible que tomara entonces el resto del día libre? Si no vamos a tener servicio…"
"Haz lo que quieras" la anciana empezó a saltar los escalones montada en su bastón "Sólo ocúpate de estar aquí para las 8 de la noche."
"Entendido" la siguiente respuesta del chico fue la más desconcertante de todas "Aquí estaré. Y anciana….¡gracias!"
Colonia se detuvo y volteó a ver a Mouse. ¿Acaso acababa de darle las gracias? Colonia decidió que más le valía seguir durmiendo si quería darle batería a su hermana; ya se ocuparía de averiguar que le había pasado al cerebro de Mouse más tarde.
Por su parte, Perfume —la menor—, salió en ese momento del baño en el que había estado arreglándose y bajó las escaleras deslizándose por la barandilla. Se dispuso a salir, pero algo llamó su atención.
Poderosamente.
El imbécil tenía unos audífonos en la cabeza y estaba oyendo música.
—¿Qué pasa, Mutzie?—Perfume alzó uno de los auriculares y usó una voz venenosa que le salía muy bien—¿No te basta estar ciego, ahora también quieres estar sordo?
Hasta ella había llegado el estruendo de la música escuchada a todo volumen. Mouse volteó a verla, parpadeó un par de veces y volvió a ponerse apropiadamente los audífonos.
—No tengo derecho a imponer mis gustos musicales sobre las demás personas, Perfume—Mouse se dio la vuelta y le dio la espalda—Sabes que no soy esa clase de chico.
Era verdad: Mouse evitaba copiar lo que despreciaba para así poder seguir odiándolo.
Perfume pensó en hacerle una mala pasada, pero optó mejor por dejarlo en paz y se acercó a una de las mesas. Sobre ella yacían unos CD. Los examinó, pero eran unas copias producidas de manera casera sin nombre en ninguno de los lados y obviamente producidos de forma ilegal. Le había parecido oír unas palabras en español salir de los auriculares de Mouse, pero no estaba segura. Perfume dio media vuelta y enfiló hacia la puerta: fué en ese entonces que la voz del chico la sacó de toda duda.
—Antes de ti no hay "antes"
ni pasado ni reloj, que merezca recordarse;
—En medio de la noche, a través de la tormenta, con saberte en mí presencia,
se me calma el corazón;
—porque la luz de tu sonrisa, y el amor de tus caricias
pone el norte en mi camino, y me enseñan mi destino
bastante más que el sol que me calienta,
necesito más de tu calor, porque sin ti….
Una gota de sudor bajó por la nuca de Perfume. Pero lo peor estaba aún por venir.
—Bella—Mouse empezó a cantar en voz alta y a irradiar una mirada de felicidad que la chica sencillamente no soportó—¡Endiabladamente bella, despiadadamente bella, frente a ti no se comparan ni las estrellas ni la luna!
—Bella
Despiadadamente bella….
—¡Mi diamante chino sigue siempre así!
Perfume sencillamente no pudo evitarlo: agarró una silla y se esmeró en estrellársela varias veces en la cabeza.
La chica resistió el impulso de pegarle aún más fuerte con el resto del mobiliario del Nekohanten y salió de ahí. Ya tendría tiempo de seguir castigando a Mouse. Primero tenía que averiguar qué tan especial era ese tal Ranma Saotome como para que Shampoo se deprimiera por él.
Perfume saltó hacia afuera y se perdió en medio de la penumbra de aquella mañana.
También en penumbras, pero en otro lugar, una joven adolescente de cabello azulado "despertó" en medio de la oscuridad de su cuarto, algo aturdida y con un ligero dolor en el brazo por haber dormido en la posición equivocada. La chica se quitó las sabanas de encima y enfiló a la cocina; una vez regresó con un vaso de agua se llevó una sorpresa.
—¡Ori!
Akane retrocedió súbitamente; la mujer frente a ella le dedicó una sonrisa. ¡Ni en mil años se esperaba Akane algo como esto!
—A pasado mucho tiempo, ¿eh, Akane?
Akane se frotó los ojos sin podérselo creer. La princesa, no, la Diosa Ori en persona estaba sentada en su cama tras desaparecer como si nunca hubiera existido. ¡Era increíble! Akane se acercó a ella y se dieron un abrazo: un abrazo muy efusivo.
—Deberías guardar las distancias, mortal—una voz a la derecha de Akane hizo un comentario de forma bastante áspera—Es natural que estés contenta de poder posar tus ojos en un dios otra vez, pero más te vale que recuerdes tu lugar.
Akane dió un respingo; en el lugar de donde provenía la voz pudo ver a una anciana; majestuosa, con mirada penetrante y con cara de pocos amigos.
—No hay necesidad de ser tan formales, tía—Ori abrazó aún más fuerte a Akane—Ella es una vieja amiga. Además, usted decía que quería pasar por Tokio y es gracias a ella que pude finalmente casarme con su sobrino.
La anciana no dijo nada; por toda respuesta se amodorró en su lugar y las ignoró a ambas. Akane la miró detenidamente; pensó que no se podía ser más vieja.
—Te noto cansada—Ori se acercó a ella—¿Porque no disfrutas de nuestro tiempo libre antes del Festival Tanabata[1]?
La anciana dio media vuelta, abrió las persianas en el cuarto de Akane y sacó su cara por la ventana.
—Dioses, como odio este festival—el tono de la diosa era el correcto, pero por alguna razón su timbre no le gustó a Akane—Tal parece que los mortales sólo lo usan de pretexto para portarse aún más estúpidos.
—No le hagas caso, está amargada—Ori apoyó una mano sobre el hombro derecho de Akane—Esta molesta por que la obligue a desviarse para venir a verte. Me alegro mucho de poder verte otra vez, amiga. ¿Cómo va tu relación con Ranma?
—Bien—Akane no dudó en mentir—Ranma y yo….
—Y ahora nos mientes—la anciana murmuró entre dientes—¿Estás segura que esta mortal merece tu confianza, Ori? No parece tener empacho en mentirle a un Dios.
Ori iba a protestar, pero decidió no hacerlo. Incluso los dioses se cuidan de sus suegras…y de sus familias políticas.
—¿Pasa algo ente ustedes, Akane? ¿Qué sucede?
Akane ya no se pudo contener: de la forma más rápida que pudo le contó todo a Ori. Esta escuchó cada palabra en silencio.
—¿Qué debo hacer, Ori?—al final Akane la miró, ansiosa como estaba por una respuesta—¡A este paso ni él ni yo aclararemos nuestros sentimientos nunca! ¿Me ama, o no?
—Por supuesto que te ama—Ori la miró convencida—Luchó a muerte por ti.
—¡Pero Nabiki tiene razón, pudo haberlo hecho por cualquiera!
—Pero debe de haber algo que él sólo haga contigo, ¿no te parece?
—Sí, insultarme—repuso Akane, pesimista—Es lo que ambos hacemos mejor.
Akane se cayó. Ori pensó por unos momentos y dictó sentencia:
—No puedo darte mejor consejo a que abras tu corazón, Akane—Ori se llevó ambas manos al pecho—A veces las palabras no hacen sino estorbar. Debes esperar un momento como ése, y cuando llegue deben dejar que el amor hable por ustedes. Así…
—Pfffff—la anciana había dejado de mirar la ciudad por la ventana y ahora las estabas obsevando—¿Por qué mejor no le das esas pastillas que llevas en el bolsillo, sobrina? Son de mucho más uso que esa basura que le estás contando.
—Eso es peligroso—Ori se defendió y se sujetó el bolsillo derecho—Si ellos….
—¿De qué pastillas está hablando, Ori?
—Créeme Akane, no te convienen—Ori soltó un suspiro—Son magníficas para cierta clase de personas, pero….
—Son magníficas para cualquier persona—la contradijo la Anciana—Y esta chica las necesita.
—No—la respuesta de Ori fue categórica—Akane y Ranma no son una pareja enferma.
La Anciana sonrió, pero no dijo nada; por toda respuesta volvió a acercarse a la ventana.
—Escucha Akane, no te las quiero dar por una razón—la diosa se agachó y la miró a los ojos—Estás pastillas sólo….
—¿Acaso sirven para componer una pareja inestable?
La voz de Akane sonó esperanzada: aceptar que ella y Ranma formaban una pareja inestable no era de su agrado, pero si admitiéndolo le ayudaba a encontrar una solución a su relación, tanto mejor.
—No—Ori no se fué por las ramas—Sólo sirven para forzar a una pareja a ver la verdad.
—¿La verdad?
—Así es, la verdad—esta vez fue una voz fría la que contestó—Una verdad tan obvia y tan clara que sólo un estúpido sería capaz de ignorarla.
La Anciana volteó a ver a Akane, y ésta pudo ver con aun más detalle la cara de la Diosa; no tenía muchas arrugas, pero por alguna razón le pareció muy, pero muy vieja. La diosa le contestó la mirada y Akane sintió el impulso irresistible de agachar la cabeza: gracias a la brisa, la chica pudo ver que la razón por la que la diosa ocultaba su pierna derecha tras la falda era una enorme cicatriz.
—Escucha Akane, no te convienen—Ori se puso a su mismo nivel—Efectivamente, sirven para ver la verdad, pero…
—¿Y acaso no hay mejor método de curar una relación enfermiza?
—No—contraatacó Ori—Hay mejores métodos de ver la verdad que forzando al destino.
La Luz del Sol despertó a todos en el Dojo Tendo de manera amable, en medio de un clima bastante disfrutable y que en nada parecía relacionarse con la inminente tormenta que se les venía encima. Ninguno se había levantado excepcionalmente temprano: debido a las reparaciones que tenía que sobrellevar el edificio de Furinkan las clases del sábado habían sido canceladas e incluso Akane no tuvo problemas en dormir unas pocas horas más. Cuando finalmente se levantó, no se extrañó de su experiencia durante la noche: había sido todo un sueño, aunque no pudo dejar de sentirse un poco avergonzada por él. Los problemas cotidianos no se resolvían con pastillas mágicas de ninguna clase.
Akane no se esforzó en recordar el sueño y éste pronto se desvaneció en su memoria. Había llegado la hora de levantarse, así que bajó a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Pero una atenta mujer los estaba esperando a todos en el comedor.
—Antes que nada, quisiera disculparme—todos en la residencia Tendo vieron como Nodoka se ponía de rodillas y hacia una pequeña reverencia—Mi conducta de ayer fue inexcusable y ….
Todos (las Familias Tendo y Saotome, por supuesto) recordaron por un momento el estado de furia total en el que Nodoka había quedado ayer y lo tranquila que parecía ahora. Akane (y en especial Nabiki) no podían creer que esta mujer fuera la que hubiera dejado ayer en tal mal aspecto al maestro Happosai. Pero ninguno le guardaba rencor.
—Oh, no se preocupe señora Saotome—Soún avanzó hacia ella y apoyó una mano sobre su hombro—No tiene que disculparse…Después de tener que soportar al vago incorregible de su marido y a un depravado reconocido, nada nos ofenda ya.
Dos voces de protesta salieron de sus respectivos dueños. Nadie les hizo mucho caso, y todos pudieron ver como Nodoka hacía otra pequeña reverencia, completamente apenada.
—Aun así me siento avergonzada—el kimono que llevaba puesto hizo un leve sonido a frufrú—No tengo derecho a aterrorizarlos, y una mujer no está supuesta a comportarse así, y …
—Ah, no se preocupe, tía—Nabiki esbozó una sonrisa—Sabemos que debe ser difícil tener que convivir con un viejo panzón vago, flojo y…
—¡Nabiki!—la trató de cortar Kasumi, escandalizada.
—Y un hijo que huye completamente de cualquier clase de compromiso—Nabiki no se dio por enterada—Sólo no nos vuelva a amenazar con la espada, ¿sí?
—Me alegra que comprendan—Nodoka empezó a hipar y a inclinarse más frecuentemente, frenética y ajena al gesto enfadado de su esposo y a la cara que ponía su hijo—Es tan difícil estar sola, teniendo que ser la esposa de un haragán, de un parásito, de un…
—¡Nodoka!
Todos voltearon a ver a Genma, que no pudo evitar llevarse la mano al cuello en un gesto de vergüenza,
—Y es tan frustrante tener como hijo a un jovencito sin consideraciones para su madre—la señora se llevó una mano a la cabeza—Que deja a su novia plantada en medio de una boda, a pesar de que su madre estaba tan…
—¡Eh, que no fue culpa mía!—Ranma les devolvió la mirada—¡Yo no tengo la culpa de que este maldito viejo haya metido las narices donde no le importa!
—¡Ranma!—Nodoka lo miró completamente escandalizada—¡Esa no es forma de hablarle a tu maestro!
Nodoka agachó la cabeza..
—Siento que los tengo que compensar—Nodoka se llevó una mano a la cara en un gesto de culpa—Especialmente a usted, maestro. Yo…
—No te preocupes Nodokita[2], los perdono—el maestro esbozó una sonrisa y se metió una mano en el bolsillo mientras apoyaba una mano sobre la cabeza de Nodoka—Sólo modélame esto, ¿sí?
—¡No se atreva a acercarse a mi madre, viejo desgraciado!—Ranma no dudó en propinarle una patada en el trasero—¡Largo!
Happosai describió una amplia curva y se perdió en el cielo, cosa que a ninguno de los presentes pareció importarle mucho.
—Bueno, ya que todos están despiertos creo que es buen momento para prepararles algo de comer— Kasumi dio media vuelta y se dirigió a la cocina—Aunque es una lástima que el maestro no pueda desayunar hoy. Sólo esperen tranquilamente, por favor.
—Y yo te ayudaré—Nodoka se levantó inmediatamente—Es lo menos que puedo hacer.
—Yo también iré—Akane se desperezó inmediatamente y soltó un bostezo—No te he ayudado mucho últimamente y…
Una sombra atravesó el cielo matutino.
—No te preocupes Akane, con la ayuda de la tía Nodoka será más que suficiente—el sol volvió a brillar otra vez en el cielo—Mejor ponte a hacer tu tarea.
Nadie dijo nada y Akane no se sintió ofendida, por lo que asintió cortésmente.
—Ya escucharon a Kasumi, todos a esperar tranquilamente—Soún acarició la cabeza de su hija y luego volteó a ver a su amigo—¡Saotome!
—¿Qué es lo que quiere, Tendo?
—¡Venganza!—Soún dejó ir a su hija y encaró al padre de Ranma—¡Ni crea que le perdonaré haber hecho trampa ayer, ahora le daré una lección! ¡Prepárese!
—¿De qué está hablando, Tendo? ¡Soy yo quien le daré una lección!—ambos amigos se miraron el uno al otro en posición retadora—¡A la carga!
—Ahí van otra vez—Nabiki hizo un gesto de hastío—¿Cuándo se pondrán a trabajar? Sólo espero que tú no acabes como ellos, Ranma.
Ambos contendientes se sentaron frente a la puerta y colocaron entre ellos un tablero de Shogi. Y no pasaron ni cinco minutos sin que descubrieran que Genma ya estaba haciendo trampa.
—Eso nunca—Ranma hizo la cabeza hacia un lado en un gesto ofendido—Me tienen harto con ese estúpido juego a mí también. Lo único que hace papá es mirar el tablero como lelo, pedorrearse y buscar el momento oportuno para hacer trampa. Preferiría la muerte a terminar así.
—Pues es ahí exactamente a donde te diriges—Akane, que había subido a su habitación por un momento, bajó de ella con un fardo de libros, una pluma y una libreta—No he visto nunca ningún alumno como tú.
—Eso es porque a mí la escuela no me sirve para nada—Ranma alzó la cabeza en un gesto de presunción—Mi única misión en la vida es ser el más fuerte. No necesito preocuparme por nada más.
Nabiki esbozó una leve sonrisa mientras ninguno de los estaba mirándola. Si, Ranma era fantásticamente fuerte, y le concedía que siempre las hacía sentir seguras, pero como prospecto de marido…..Nabiki supo que seguramente sería muy mal vista por ello, pero no pudo dejar de alegrarse de haber delegado el compromiso en Akane.
—Pero al menos podrías hacer algo—Akane frunció el entrecejo al ver como su prometido se acurrucaba bajo la pared—Me molesta verte así. Podrías estar haciendo la tarea. Además, ¿no se supone que tenías que reparar tu casa?
Ranma no dijo nada: por única respuesta, se sacó uno de los mocos y siguió acostando.
—Asqueroso.
—Déjame en paz, Akane—Ranma se acomodó mejor—Además, puedo arreglar la casa de mamá más tarde. No puedo trabajar faltándome tornillos. Además, me la he pasado peleando toda la semana.
Era verdad; desde la pelea en el Monte Fénix, un sin fin de retadores habían llegado al Dojo Tendo con el propósito explícito de retarlo. La cosa hubiera sido más o menos tolerable para Akane si los retadores se hubieran limitado a pelear en el Dojo, pero muchos de ellos habían ido a buscarlo a la escuela.
—Es tu culpa—Akane alzó una ceja—Pudiste haberles dicho que no.
—¿Y parecer un cobarde?—contestó Ranma, escéptico—Además, sabes que nunca rehúyo de un desafío, eso lo sabes muy bien. No es honorable.
—Pues tampoco lo es quedar mal en la escuela—Akane se mantuvo en sus trece—Por lo menos deberías estudiar algo.
Akane volteó a ver Ranma, pero éste soltó un ronquido bastante fuerte. La chica optó por no prestarle atención y empezó a anotar las diez páginas de tarea que le había pedido Ninomiya. Pero Ranma pronto se quedó dormido, y Akane (que no era tan adicta a golpear a Ranma como todo mundo quería creer) optó por levantar sus cosas y cambiarse de lugar, aunque no sin lanzarle varias miradas reprobatorias, ninguna de la cuales pasaron ni por asomo desapercibidas para Nabiki.
—Veo que te molesta, hermanita—Nabiki sonrió un poco y levantó la mano—Vaya hombre, ¿eh, Akane?
Akane por toda respuesta soltó un bufido.
—Sin embargo, creo que tengo algo que te animará—Nabiki esbozó una sonrisa enigmática solo equiparable a la de una esfinge—Espérame aquí.
La chica no entendió muy bien a su hermana mayor. Esta no volvió inmediatamente y Akane regresó a lo que hacía en un principio: a diferencia de su prometido a ella si le importaba la escuela. Pero Nabiki alcanzó a llegar.
—Espera Nabiki, ¿Qué estás haciendo?¡Nabiki!
—Que escandalosa eres Akane, lo vas a despertar—Nabiki había bajado con un gatito y lo había puesto entre los brazos de Ranma, que estando dormido no tuvo miedo y abrazó al animal—Ya casi…Listo, ya está.
Nabiki esbozó una sonrisa mientras que su hermana menor se llevaba ambas manos a la boca.
—Sabes Ranma, me da la impresión de que eres un mentiroso—Nabiki adoptó un tono de voz bastante meloso—Toda esa actitud de ganador que siempre supera todos los obstáculos…¿Nunca le has temido a ninguno?
—Por supuesto que no—Ranma soltó un gruñido—¡Soy Ranma Saotome! Si me diera miedo tan fácil no llegaría a ningún lado.
—Pienso que nos estás mintiendo—Nabiki ensanchó aún más su sonrisa, aunque Ranma no la pudo ver, volteado como estaba—Debe haber algo a lo que le temas.
—A lo único que le temo es a quedarme sin comer—contestó el chico con voz de suficiencia—Y ya déjame en paz, Nabiki.
Akane iba advertirle, pero el comentario de Ranma lo molestó. Desde que lo conocía, Akane había tenido que lidiar con cuatro chicas desquiciadas, un cuarteto de enanos calvos como bolas de billar, y múltiples intentos de secuestro por parte de gente tan variada que envolvía desde jóvenes presumidos hasta humanoides procedentes de una montaña. ¿Y a Ranma lo único que le importaba era la comida?
—Muchachos, el desayuno está listo, vengan a comer—el llamado de Kasumi inevitablemente atrapó la atención de todos—¡La comida se enfría!
Ranma empezó a abrir los ojos, contento; pasó una mano sobre su pecho y acarició una superficie peluda que yacía sobre él.
—Ga….
Ranma reconoció el pelaje.
—Ga, ga…
Extendió la mano e identificó lo que parecían ser dos pares de patas
—Gat, ga. ga…—los ojos de Ranma se abrieron como platos en cuanto se dio cuenta de lo que tenía encima—¡Gatooo!—Ranma despertó en medio de una tormenta de terror—¡Nooooooooooooooooooooo!
—Mira, ahí va el que no le teme a nada—Nabiki comentó Nabiki en medio de un mar de risas—¡Vaya hombre!
Ranma no pudo siquiera protestar: en su huida se golpeó contra una piedra y cayó inconsciente.
—Sabes Nabiki, lo que hiciste fue de muy mal gusto—Ranma miró a la aludida desde detrás de su plato, cinco minutos después y cuando ya todos estaban comiendo—Salí lastimado por tu culpa.
Ranma ignoró el hecho de que, con cinco paredes rotas y una partida de shogi arruinada, técnicamente no había necesidad de decirlo. Pero la familia Tendo (y por lo general todo el mundo) era bastante dada a ignorar su incomodidad.
—Es tu culpa por no superar tu fobia a los gatos—contestó Nabiki, desenfada y esbozando una sonrisa mientras sacaba a un pequeño minino y empezaba a acariciarlo—¿Cuándo aprenderás que no tienes que temerle a estos animales? ¡Son inofensivos!
—Sí, Ranma, no tienes por qué temerles—Kasumi dejo de comer y acarició al gatito que saltó entre sus brazos—¡Son adorables!
Por toda respuesta a Ranma un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
—¡Nabiki!—Ranma saltó hacia atrás en cuanto la chica le acercó el gato a la cara—¡Deja de hacer eso!
La chica aludida se encogió de hombros y volvió a guardar al gato bajo sus piernas, mientras Akane salía a tranquilizar a Ranma y Genma se disponía a lanzar su comentario reprobatorio que obviaba el hecho de que él tenía la culpa de la ailurofobia de Ranma en primer lugar.
—Ah, Ranma, me avergüenzo de ti—Genma adoptó una expresión sarcástica y reprobadora a la vez—¡No es posible que ya tengas 17 años y todavía no seas capaz de comportarte como un hombre!
—¡Cállate!—Ranma llegó en ese mismo instante para darle un golpe a su padre—¡Es por tu culpa que estoy así!
Ranma—deseoso de aplacar su furia en alguien donde no fuera incorrecto hacerlo—le dio un golpe bastante fuerte.
—Ese es tú problema[3], no el mío—a Genma le dolía el chichón—Si entrenaras lo suficiente, ya lo habrías superado hace mucho tiempo
—Ya, ya dejen de pelear—Soún trató de imponer la calma—Estamos comiendo, y no es justo que arruinemos la comida que con tanto amor Nodoka y Kasumi han preparado para nosotros. Podemos discutir sobre la cobardía de Ranma más tarde.
—¡Yo no soy ningún cobarde!
—Ranma, la masculinidad no tiene nada que ver con arruinar una comida familiar—Nodoka alzó una ceja: la ailurofobia de su hijo era uno de los aspectos que más le avergonzaban, aunque a partir de conocer los detalles había dejado de considerarla como causa de seppuku—Siéntate.
Ranma los miró a todos y a cada uno con furia reprimida. Finalmente se sentó y empezó a tragar, aunque esforzándose en hacerlo lo más ruidosamente posible.
—¿Y cómo va todo en la escuela, Akane?—Kasumi no soportaba verlos así y pensó que cambiar el tema de la conversación sería lo mejor—¿De qué es tu tarea? Parece larga.
—No es nada, Kasumi, es sólo un resumen de un video que exhibió la maestra Hinako—contestó Akane—No me llevará nada de tiempo. Al menos comparada con Ranma que ni siquiera ha empezado….
—Es historia vieja—Ranma dejó de comer por un momento—Ni siquiera sé para que nos hacen verla. Y déjame en paz, Akane.
—¿Pero de qué trata? —preguntó Soún—¿Historia de qué?
—Es sobre un video que nos mostró la maestra Hinako—Akane estaba contenta de hablar del tema, la verdad es que a ella tampoco le había gustado la broma de Nabiki—Sobre nuestra participación en…
Akane les explicó a todos lo que había visto en su salón de la escuela Furinkan; Kasumi y su padre le prestaron mucha atención y asintieron cortésmente.
—¿Lo ven? Es historia vieja—Ranma agarró uno de los camarones sobre su plato y lo metió en un bote de salsa para luego deglutirlo, totalmente indiferente a la explicación de Akane—No veo a quién podría interesarle.
—Pues yo vi a un grupo de señores marchando hace unos días hacia la oficina del primer ministro—Kasumi sabía que a algunos si les importaba—Se veían bastante furiosos.
—Hmm, la Guerra—Soún se llevó una mano al mentón y miro la lejanía—No es algo que nunca nos afectado severamente, ¿verdad Saotome? Ni siquiera habíamos nacido.
—Es verdad, Tendo—Genma se tragó su arroz de manera automática—A nosotros nos tocó otro Japón.
Genma tragó un poco más y soltó un eructo.
—Aunque, y a decir verdad, a nuestros padres tampoco pareció afectarles demasiado—Soún trató de hacer memoria—Nunca mencionó que tuviera que enlistarse. Y si mal no recuerdo, su padre tampoco tuvo que hacerlo, Saotome.
—La verdad es que nunca lo encontraron—Genma alzó un filete de camarón y lo tragó de un solo bocado—Cuando llegaron los reclutadores, se escondió en las montañas y no bajó hasta que había terminado la guerra. E hizo bien. Los Saotome no somos unos estúpidos dispuestos a morir bajo las órdenes de alguien más.
Ranma asintió. Los Saotome sólo se colocaban bajo sus propias órdenes, siempre liderando y siempre al frente.
¡Crash!
—Sabes Genma, lo que has dicho no ha sido muy correcto de tu parte—Nodoka había tratado de desenvainar la katana, pero está había caído en medio de la mesa, rompiendo algunos platos y salpicando a los hombres—Si millones respondieron a la llamada del Emperador, ¿Qué derecho tenía nuestra familia de sustraerse de su obligación final? ¡Desertar de un ejército en tiempos de guerra no es nada varonil!
Empezaron a discutir. Nodoka podía ser una Saotome, pero había salido de una familia de samurái[4], en tanto que Genma…
—Y lo peor es que tú eres el que cría a Ranma—Nodoka se le enfrentó al cara dura de su marido—Sé que lo convertiste en un buen peleador, pero a veces desearía que hubiera salido como Ryoga Hibiki. ¡El sí es un hombre sin dejar de ser un caballero![5]
Genma frunció el entrecejo, pero sólo por unos segundos; ni él ni su hijo pudieron contener una risotada.
—¡Parecerse a Ryoga!—Genma se levantó y empezó a reír mientras se agarraba los abdominales—¡Vaya cosa!
—¡No gracias!—Ranma también empezó a reírse de manera bastante fuerte—¡De ser así ni siquiera podría llegar a esta mesa sin perderme!
—¡Ni tampoco podrías encontrar nuestra habitación!
—¡Ni el baño!
—Ni…
—¡Bueno, basta ya!—Akane le dio un zape en la cabeza a su prometido—¡Deja de meterte con Ryoga!
—¿Y porque no le pegas a él?—repuso Ranma, indignado y señalando a su padre—¡Él también estaba burlándose!
Akane ignoró la mirada de Ranma olímpicamente.
—Ya, ya estamos comiendo—a Nabiki siempre le hacían gracia las peleas de otro, pero en esta su comida favorita había resultado afectada—¿No podrían pelear en otra parte?
Perfume (la menor) lanzó una carcajada, aunque el viento en dirección contraria y el sonido característico del carro de los helados había ayudado a disimularla lo suficiente como para que nadie dentro de la casa se diera cuenta de ello. Como fuera, había visto todo lo que creía necesario ver, así que abandonó el techo del Dojo Tendo y se dispuso a regresar al Nekohanten. Y aunque se había divertido (lo que había visto dentro de la casa en la que vivía Ranma Saotome le hacía mucha gracia), no pudo dejar de preguntarse si este era realmente el tipo que había logrado vencer a Saffron.
No parecía tener sentido. ¿Qué clase de héroe dejaba que una mujer malhumorada lo tratara como a un trapo viejo, por mucho cariño que le tuviera o por muy pariente de su familia que fuera? Digo, saltaba a la vista que había tenido un entrenamiento a la altura de cualquier miembro de la Supremacía Femenina, esos músculos discretos pero duros como el acero lo confirmaban, pero…
"¡Pero le teme a un gato!" Perfume volvió a lanzar una carcajada "Cómo se supone que el mismo tipo que le teme a una cría de 15 centímetros de alto sea el guerrero que derrotó al señor del monte Fénix?
Era absurdo. Su carácter no era el de un héroe.
Y ciertamente el carácter del chico no justificaba que por él Shampoo perdiera su orgullo.
"Quizás esa es la razón por la que Shampoo está encaprichada con él" pensó Perfume para sí misma "Parece extremadamente fácil de manipular".
Encaprichada era la palabra adecuada. En los viejos tiempos, y si un hombre no te correspondía, se esperaba que el hombre muriera o que la Amazona en cuestión lo ignorara (y a todos los demás hombres con él) hasta el final de sus días. Aunque, y en honor a la justicia, su bisabuela no recordaba ningún caso en el que hubiera pasado, ni siquiera en sus tiempos. Perfume suponía que los hombres verdaderamente valiosos sencillamente no eran tan fáciles de matar. Como fuera, y dicho llanamente, y sin importar si el amor de Shampoo era sincero o no, era obvio que estaba obsesionada. No lo decía con desprecio; el amor incondicional no tenía que ser siempre correspondido y para ser francos todo mundo tenía su propia obsesión: la misma Perfume lo sabía muy bien. Pronto llegó al Nekohanten, entró por la ventana de atrás y miró hacia todos lados; luego agarró una escoba y empezó a barrer, tratando de evitar que su mentora la regañara por abandonar la casa sin avisarle.
—No hay necesidad de hacer eso, mi niña—su bisabuela se acercó a ella—Tu tía no va abrir el restaurante hoy.
A su bisabuela poco le había interesado que la menor bajo su cargo saliera a divertirse; no hacía mucho, la anciana había entrado a la habitación de su sobrina y la había encontrado ardiendo en fiebre.
"¡Urraca!" había gritado la mayor de las Perfume "¡Ven inmediatamente!"
Colonia se molestó bastante ante la impertinencia de su hermana, pero se olvidó de aquello una inmediatamente una vez hubo entrado a la habitación y ver lo mucho que había empeorado Shampoo.
"Esto es imposible" Colonia soltó una exclamación "Se suponía que para hoy tenía que estar perfectamente bien!"
Shampoo se movió en sueños, y una mirada de preocupación recorrió la mirada de ambas Ancianas. Lo que fuera que estuviera soñando Shampoo, tenía que ser desagradable de verdad.
"¿Bisabuela?" Shampoo abrió los ojos y volteó a mirarlas "¿Tía? ¿Qué sucede?
"No pasa nada, sobrina, sólo vinimos a comprobar como estabas. ¿Te sientes bien?"
"Sí" la chica no dudó en mentir ni por un segundo "Hace falta más que una maldita gripe para hundir a una Amazona."
"¡Esa es la Actitud!" aprobó Perfume mientras soltaba una carcajada y apretaba el hombro de su sobrina nieta.
"Pues mal o no, te sentirás mejor después de esto" Colonia había salido por unos momentos de la habitación y había regresado con una taza de té medicinal "Anda, bébelo,,,:"
"Espera" Colonia se detuvo ante la mirada de su hermana "Necesito comprobar algo."
Perfume palpó a su sobrina en todas partes; al no quedar satisfecha, sacó un instrumento irreconocible de uno de su bolsillos y lo colocó entre uno de los pliegues de la piel de Shampoo. Pero era obvio que la respuesta no era concluyente. Soltó un gruñido.
"¿Lo amas?"
"¿Eh?"
"Quise decir que si has comido en otro lugar que no sea este restaurante" Shampoo pensó que había oído mal la pregunta de la anciana; no se dio cuenta de que no había sido así "¿Hija?"
"¿Crees que pueda ser un caso por envenenamiento?" preguntó Colonia.
"Yo no diría envenenamiento, sino más bien de intoxicación" asintió Perfume "Lo único que no sé si fue o no intencional."
"Dudo que haya sido una de las enemigas de Shampoo" contestó Colonia "Ninguna de ellas ha estado en China salvo Akane Tendo, y eso momentáneamente. "Jamás reconocerían una planta así."
"Si tú lo dices…." Perfume tomó la taza de té y se la dio a Shampoo "Bebe."
Shampoo no protestó; se tomó el té hasta la última gota y se quedó dormida inmediatamente. Colonia estaba más confundida que nunca. ¿Qué había visto su hermana? La incertidumbre era una sensación que no le gustaba a ninguna de las dos.
"Bueno, desembucha" ambas ancianas salieron de la habitación de Shampoo y Colonia se cercioró de que la puerta de su bisnieta estuviera bien cerrada "¿A qué vino esa pregunta?"
"Al parecer, mi sobrina ha consumido hojas de la planta del Verdadero Corazón."[6]
Los ojos de Colonia se abrieron de par en par. Aquella era una artimaña muy sucia; la planta del Verdadero Corazón era inocua para los adultos, pero para los niños y adolescentes podía degenerar en una batalla de sentimientos encontrados.
"¿Crees que haya sido a propósito?"
"Quizás" Perfume se encogió de hombros "Pero si lo hizo alguien, es obvio que no tiene ni idea de lo que está haciendo. Ya oíste a tu nieta, ella no era la única a la que le ofreció comida esa anciana. Lo más probable es que la planta viniera entre los ingredientes que usaron para cocinarla; eso explicaría porque Shampoo esta tan mal. Seguramente estaba llena de impurezas. "
Perfume no dijo nada más y ambas ancianas se sentaron en la cocina, donde empezaron a comer.
"Como sea, no deberías de preocuparte; las próximas horas serán muy desagradables para ella, pero se encuentra fuera de peligro. Quizás tenga un poco confundida la cabeza. Pero te aseguro que lo único que necesita es descansar."
Perfume aceptó la taza que le ofrecía su hermana y asintió en señal de agradecimiento.
"Aunque supongo que con tu bisnieta enferma, lo menos que quieres hacer en este momento es medir tu fuerza contra mí, ¿eh, Colonia?
"¿De qué demonios estás hablando?" Colonia esbozó una sonrisa mientras su pelo largo y blanco empezaba a ondear como si se tratara de una medusa ""Jamás desaprovecharé una oportunidad para mostrarte tu lugar!
De vuelta en el presente, otra Perfume con trescientos años menos y a la que le gustaba fungir como la torturadora ocasional de Mousse volteó a ver a su bisabuela y abrió un poco los ojos. Luego volteó a ver a Colonia, que, por su parte terminó de arreglarse y le regresó la mirada. Un escalofrío recorrió la espalda de la chica, a pesar de darse cuenta que no se hallaba amenazada. ¿Acaso estaban despidiendo auras de batalla?
—Tu bisabuela tiene razón, hoy ella y yo tenemos cosas más importantes que hacer—Colonia golpeó levemente el piso con su báculo—Tu y Mouse aprovechen el día como les venga en gana, que ya nos ocuparemos de abrir en la noche el puesto que tenemos en la feria. Y ahora, hermana….
—El momento que he estado esperando—la otra anciana se empezó a acariciar los nudillos—¡Ha llegado la hora de la revancha!
Perfume lanzó un golpe tan rápido que Colonia no tuvo tiempo de hacer otra cosa que salir por la ventana, cosa que, y para gran alivio de ella, estaba abierta.
—Tu tía y yo nos vamos a divertir practicando como en los viejos tiempos—la hermana de Colonia volteó a ver a su bisnieta—No nos vendrá mal un poco de ejercicio. ¡Diviértete y échale un ojo a Shampoo!
La chica pensó que el día sería extremadamente propicio, (quería conocer Tokio y tenía una cantidad generosa para gastar) pero una vez las ancianas se fueron la chica pensó que lo mejor era asegurarse del bienestar de su prima, así que subió y trató de abrir la puerta…sólo para ser detenida por la advertencia de ésta.
—No entres. No quiero contagiarte.
La voz de Shampoo sonó extremadamente áspera, producto de la enfermedad que tenía afectada su garganta. Si Shampoo hablaba el chino mandarín a pesar de las advertencias de Colonia, eso decía que quizás no se sentía lo suficientemente bien como para usar el japonés.
—¿Estarás bien?—preguntó Perfume.
—No—la respuesta de Shampoo fue categórica—Pero tampoco estoy tan mal.
—Sabes, fui al lugar donde creo que vive tu prometido—Perfume se pegó junto a la puerta y trató de entablar una conversación—No parece un sujeto muy duro.
—Airen es un idiota, pero definitivamente es duro—el tono de voz de su interlocutora cambió a uno de satisfacción—Es imposible de vencer. Será una añadidura muy valiosa para la aldea.
En la voz de Shampoo resultaba evidente la esperanza. Pero Perfume, consciente de su obligación filial, pensó que era su obligación ser directa.
—Sabes Shampoo, somos Amazonas, y la franqueza se aprecia entre hermanas—Perfume sabía que tenía que decir lo que Shampoo con toda probabilidad no querría escuchar—Y me temo que…
Perfume se mordió los labios. ¿De verdad era el momento apropiado? Shampoo estaba enferma, y era obvio que en esos momentos también cargaba con un corazón atribulado. ¿Y si lo que le decía la llevaba a caer (Sylphé no lo quiera)[7] definitivamente en las manos de Mouse?
—Y me temo que no tienes oportunidad con él—la chica finalmente reunió la entereza necesaria para romper las ilusiones de Shampoo—Ninguna en absoluto. Es obvio que él ya ha escogido a la que será la madre de sus hijos. Reúne todo tu orgullo y acéptalo. No le interesa nadie más…hermana.
Del cuarto de Shampoo no surgió respuesta alguna, al menos ninguna articulada. Pero si uno escuchaba atentamente, sin duda podría oír los hipidos de Shampoo; Perfume ciertamente los oía. Decidida, y deseando hacerle un favor a su parienta y hermana de la aldea, la chica abrió la puerta de un puñetazo y sacó su cuchillo.
—Y si así lo deseas, puedo ir ahí y hacer que lamente su decisión de preferir a Kasumi sobre ti, hermanita.
—¿A Kasumi?—Shampoo dejó de llorar y adoptó una expresión de perplejidad—¿Y quién dijo que yo quería el corazón de la Chica Tranquila?
—¿Ella es la prometida de Ranma, no?—Shampoo no le había explicado quien era su rival y Perfume había sacado la que le parecía la conclusión más lógica—Digo, es la más tranquila, la más hermosa, la mejor cocinera de la casa y la más…..
—Por favor vete—Shampoo se tapó con las cobijas: que su prima hubiera confundido a su rival con la hermana perfecta de esta sólo hacía más dolorosa su derrota—Quiero… Yo quiero estar sola.
Perfume se maldijo a si misma por su estupidez, pero le hizo caso y se marchó de ahí. La tristeza de su amiga y prima la había puesto de mal humor, y sentía ganas de desquitarse con alguien. Y mira lo que son las cosas, si había alguien con quien se sentía con derecho a hacerlo.
"¿Dónde está el imbécil?" Perfume buscó a la persona más adecuada sobre la que descargar su ira—¡Mouse!
Perfume pensó en buscar en su cuarto, pero, entonces recordó que Mouse no tenía cuarto. Así que se metió a la cocina y empezó a mirar por los alrededores; un pedazo de papel llamó su atención.
"Así que el imbécil se fue de paseo, ¿eh?" Perfume alzó la ceja conforme fué leyendo el papel entre sus manos"¿Desde cuándo Mouse sale de paseo? ¡Ah! Bueno, no tiene sentido que me quede aquí sin hacer nada, así que…."
La chica salió por la ventana (al parecer, las Amazonas compartían una aversión general a usar las puertas) y se dispuso a rastrear a Mouse. El rastro era bastante fácil de seguir (para gran consternación de su nariz, era obvio que el chico estaba usando una loción bastante horrenda) y las calles estaban casi vacías de gente, por lo que le fué bastante fácil seguir el rastro hasta el centro de la ciudad. Como fuera, una vez ahí, se perdió; el rastro resultaba indistinguible del olor de todos los demás.
"Valla, esto será difícil, pero lo encontraré" pensó Perfume para sí misma "Veamos…¿Dónde podría estar?¡Ajá"
La chica recordó la pasión que Mouse tenía por las cosas grotescas, por lo que buscó algún cine con una cartelera con películas de terror y entró en él. No lo encontró, por lo que se metió al siguiente…
"¡Maldita sea!" Perfume estaba harta "¡Donde se habrá metido ese cegatón inútil? ¡Mierda!"
Y al siguiente…..
Y al siguiente….
"¡Suficiente!" Perfume había tenido suficiente "¡tengo mejores cosas que hacer que seguirle el rastro a un cegatón inútil!"
La chica se dio por vencida después de buscar en mil sitios más y optó mejor por acercarse a una heladería. Por mucho que despreciara al chico de los lentes y a pesar de que le encantara molestarlo, no era tan estúpida como para permitir que su vida girara en torno a él. Pero algo la detuvo.
Mouse estaba hablando con una mujer.
"¿El idiota disfrutando de la compañía de una chica?" pensó para sí misma al notar que Mouse (léase, el idiota) estaba en un sitio donde ella no lo hubiera imaginado nunca "¡Vaya, esto sí que es una sorpresa!"
Perfume se acercó un poco a la que parecía más que una pareja de amigos y los escudriñó atentamente. Mouse se había comportado muy raro esa mañana, poniendo canciones románticas y cantándolas mientras limpiaba el restaurante... Eso no había sido normal, pero Perfume lo había atribuido al incidente de anoche. Pero Mouse compartiendo la mañana con una chica diferente en un sitio dedicado exclusivamente a parejas jóvenes… eso era harina de otro costal. El local rezumaba romanticismo; esas paredes rosas y el montón de clientes adolescentes besuqueándose lo estaban pregonando a gritos. ¿Qué demonios estaba pasando aquí?
La chica estaba tan sorprendida que se olvidó incluso de maldecir al muchacho. Perfume recordó como en la aldea, y pasando los dos juntos el tiempo, Mouse había manifestado su completo repudio por cualquier forma de canciones románticas y de cursilería "inmunda". Lo suyo era el heavy metal, las películas de terror y Shampoo (por supuesto, tal declaración del entonces pequeño cegatón había arrancado una mirada sarcástica llena de esceptismo por parte de Perfume: Y es que tratándose de Shampoo, Mouse no podía evitar ponerse asquerosamente cursi). Como sea, y viéndolo ahora, Perfume se negaba creer que el chico frente a sus ojos y que compartía una mesa en un local para estudiantes con una linda chica pudiera ser Mouse.
Perfume alzó la mano derecha y la apretó en un gesto de determinación. Era él. Y tenía que averiguar que hacía con una chica ahí. Pero a diferencia de sus contrapartes femeninas, Perfume no se sintió tentada a arruinar lo que ante sus ojos parecía ser una cita; por el contrario, se detuvo, esperó a que nadie la estuviera viendo y sin que ninguno de los dos se diera cuenta, se colocó a su lado para saber lo que decían. Perfume se colocó en el punto ciego y levantó poco a poco la cabeza, hasta que finalmente alcanzó el cristal y pudo ver a través de la ventana. Se enfocó en la desconocida. Era bonita, obviamente "moderna" y no parecía tener ni idea de artes marciales. Sin duda, y a los ojos de las ancianas de la aldea, parecería una zorra. La chica no se parecía a nadie a quien ella hubiera asociado con Mouse, y era tan radicalmente diferente a Shampoo, que Perfume dudó en atribuirle una relación afectuosa con el chico ciego. Perfume llegó a la conclusión de que sencillamente era una chica moderna, desenfadada y que por alguna extraña razón que no alcanzaba a imaginar parecía tener amistad con el tipo idiota.
—Escucha Mouse, te lo digo porque te quiero[8]—Perfume no tuvo ningún problema en escuchar a la chica—Pero creo que deberías tomártelo con calma. Es obvio que se siente dolida, desolada y sola, y en esas circunstancias….
A Perfume le pareció ver una película a cámara lenta: como por arte de magia, las finas facciones del chico se escurecieron poco a poco.
—es normal que actúe como una mujer despechada; la intimidad que compartieron juntos no quiere decir que…
Perfume alzó una ceja. Era una chica bastante perceptiva; aún sin conocer de primera mano los detalles de la noche anterior parecía haber llegado a la misma conclusión. El episodio de ayer (que Perfume estaba bastante deseosa de haber podido interrumpir) entre Shampoo y Mouse no significaba absolutamente nada.
Perfume volteó a ver a Mouse. ¿Qué haría él? Perfume decidió que, y al menos por una vez, le daría el beneficio de la duda.
—Solo lo dices por que no estoy interesado en ti—aún a través de la distancia, los ojos de Mouse dejaban ver su frialdad, tan característica hacia cualquier otra persona que no fuera Shampoo y su madre—Shampoo ha dejado finalmente hablar a su corazón. Y no pienso tomar en consideración las palabras de una ramera.
Perfume sonrió al ver como la chica se levantaba y le tiraba a Mouse su helado en la cara. No porque le agradaran las palabras del chico, si no por corroborar una vez más que, y tratándose de cualquier otra mujer, Mouse no era más que un imbécil. Observó como la mujer se marchaba sin decir ni una sola palabra más y aprovechando el momento de distracción de Mouse se acercó hacia él.
—Pero que poco duró tu interés por Shampoo, Mouse—el chico no pudo evitar dar un respingo al notar la voz malintencionada de Perfume rozándole una oreja—¿Tan pronto y ya andas paseando con prostitutas?
—Cierra la boca, maldita estúpida—Mouse no volteó en un principio, pero en cambio sí volteó a ver como se marchaba su amiga—Sabes que mi amor por Shampoo es incondicional. Y además—el puño de Mouse trató de incrustarse en su quijada—¡Yoshiwara es mil veces mejor mujer que tú!
—Fuiste tú quien la llamó ramera—Perfume se paró encima de una de las mesas sin importarle el asustar a un par de clientes—¿De verdad quieres pelear, Mouse? ¡Si no eres más que un estúpido que ni siquiera sabe sostener bien su arma ni alcanza a ver a su enemigo! ¿No es así, Mutzie?
La chica saltó tan rápido que el chico sólo tuvo tiempo de bloquear la rodilla de la chica con un brazo; el golpe lo hizo salir disparado por una ventana y caer veinte metros más allá.
—He entrenado muchos desde nuestra última pelea—Perfume saltó hacia él y le dio un puntapié en el estómago, lanzándolo aún más lejos—¡Hora de divertirnos, Mutzie!
Mientras tanto, y en otro lugar (y ya lo suficientemente lejos de cualquier zona conurbada) un par de ancianas se miraron la una a la otra, escrutándose con ojos avizores y esperando la primer oportunidad para atacar. La pelea entre dos Ancianas Amazonas podía ser una pelea muy violenta (o con múltiples daños colaterales) y como Colonia había dicho, no quería que un enfrentamiento tal arruinara su local. Así que ambas se dirigieron al lugar más seguro y al llegar se encararon la una a la otra, el cabello erizado y ansiosas por lo que estuviera por venir.
—No pareces haber cambiado mucho desde la última vez, hermana—Perfume usó el tono formal que usaban las mujeres de la aldea entre si cuando luchaban un desafío enfrente de las demás—Tal pareciera que no has entrenado en absoluto, mientras que yo no he dejado de ejercitarme cada día. Al menos espero que seas difícil de vencer.
—Ven y compruébalo—Colonia alzó el bastón y esbozó una sonrisa—Hermana.
Perfume ensanchó su sonrisa. No era una sonrisa sarcástica, ni irónica, ni despectiva, ni de condescendencia: era una sonrisa, pero de felicidad.
"Basta ya, Perfume, no insistas" le había dicho Colonia a su hermana menor, hacía tiempo ya "No estoy de humor."
"Eso es porque eres mala" la Perfume de aquel entonces hizo un puchero y se abalanzó sobre su hermana, que en aquel entonces la superaba por veintiocho centímetros "¡Pelea conmigo!"
"¡Dije que no!"
En aquel entonces, Colonia acababa de ser decepcionada por el comportamiento de Happosai y no tenía tiempo para bromas. En un único y contundente golpe lanzó a su hermana menor por los aires, sacudiéndola y enviándola veinte metros más allá.
"No eres rival para mí" Colonia le dio entonces la espalda y se alejó de ella "¡Vuelve cuando seas más fuerte!"
Colonia siguió su camino, y Perfume siguió el suyo. Por muchos años ambas se separaron debido a los azares del destino, pero ambas se habían comprometido a ser las mejores, aunque por motivos distintos. La entonces chica empezó a entrenar como posesa: Perfume por mucho tiempo no olvidó ese día. Y cuando finalmente se volvieron a encontrar y pelearon entre ellas, lo hicieron en pie de igualdad.
"¿Sorprendida?"
"¡No es posible!"
El tiempo pasó, y conforme ambas mejoraban empezaron a darse cuenta de que la cima era un lugar muy solitario y peligroso. Ambas hermanas empezaron a alarmarse; musculo que no se utilizaba era musculo que se perdía, y aunque podía aceptar que con la edad sus piernas perdieran agilidad no podía permitir que con ella disminuyera la velocidad de su mente. Era necesario seguir conservando su nivel, someter su cuerpo a nuevos retos, ¿y qué mejor manera de hacerlo que con una rival de su nivel?
Perfume se lanzó con tal fuerza que hizo retroceder a Colonia inmediatamente; el golpe entre las cabezas de ambas fue tan poderoso y brutal que la ola de choque asustó a todos los pájaros en al menos dos kilómetros a la redonda.
—Esta vez no me pienso ir por las ramas, hermana—Perfume sonrió al ver la cara de estupefacción de Colonia—¡Y esta vez, la victoria será mía!
"¡Demonios!" Colonia salto hacia atrás con el propósito de esquivar el bastonazo que su hermana menor trataba de asestarle en la cabeza con las dos manos "¡Esto parece menos un ataque suyo que de Shampoo!"
—¡Cabeza, riñones, hombros, piernas y voila!—Perfume estaba atacando a su hermana de una manera bastante viciosa, acercando la punta de su bastón a los puntos sensibles de su contrincante cada vez que podía y atacándola siempre —¡No podrás evitar los golpes por tiempo indefinido, Colonia!
El puño del bastón de Perfume golpeó la mejilla de Colonia; Colonia giró en el aire sobre si misma pero aprovechó el momento de distracción de su hermana para incrustar la punta de su baculo entre las ropas de ella, alzarla y lanzarla con una fuerza demoledora contra el piso.
¡Crash!
Si Colonia esperaba que tras ese ataque la actitud de su hermana se suavizara, se equivocó: los ataques de ella se volvieron cada vez más frecuentes y mucho más viciosos. Perfume no se dejaba de usar su bastón apoyándolo en el piso cuando hiciera falta e impulsándose con él; otras veces lo usaba para atacarla despiadadamente y pegarle con él en la espalda. Era obvio que le estaba haciendo daño de verdad.
—¡Basta!—Colonia no tenía intención de dejarse ganar tan fácil—¡Toma!
Esta vez fue el turno de Perfume de abrir los ojos: Colonia se acercó a ella y alzó el índice con una velocidad que lo hizo casi imperceptible: acababa de usar el Bakusai Tenketsu.
—Así que es hora de ir poniéndonos serias, ¿eh?—Perfume había quedado sorprendida por unos momentos, pero enseguida sonrió con satisfacción—¡Ya había empezado a preguntarme que más tenía que hacer para forzarte a utilizar tus técnicas!
—Quizás no deberías alegrarte tanto, hermanita—Colonia sonrió también, evitando mencionar que para ella la pelea ya se había puesto seria desde que Perfume le había clavado su bastón en la espalda—¡Yo siempre he conocido más técnicas que tú!
Colonia alzó una mano; la bajó y subió la otra. Colonia describió un aro con ambos índices y le dedicó una sonrisa; inmediatamente, el cerebro de Perfume se puso alerta máxima.
—¡Mierdaaaaaaaaaaaaa!
Varias bolas de energía del tamaño de una pelota de tenis salieron disparadas hacia Perfume, que no tuvo más opción que dar una vuelta de 360 grados en el aire y aterrizar de espaldas en un par de duras rocas.
—¿Ahora también eres capaz de ionizar el aire?
Colonia lanzó una carcajada; delante de ella, el suelo al que impactaban las esferas de energía estallaba en un millón de pedazos.
—¿Qué pasa, Perfume?—Colonia sonrió mientras que con una mano alzaba más esferas de energía mientras que con el bastón las lanzaba a toda velocidad contra su hermana—¿Te dan miedo unas pequeñas esferas de energía?
—¡Por supuesto que no!—en un gesto completamente inesperado, Perfume saltó hacia ella y se internó entre el enjambre de esferas—¡A mí no me asustan un par de fuegos artificiales!
El alma de Colonia se le cayó inmediatamente a los pies. ¿Qué demonios intentaba hacer su hermana? ¡Un error y saltaría muerta por los aires! Se arrepintió de haberla atacado con la Técnica de los Hijos del Dragón. ¿Pero cómo iba a saber que su hermana estaba complemente loca?
—¡Perfume, sal de ahí! ¡Si te estallan en la cara morirás!
Perfume sonrió; sin que Colonia pudiera preverlo, su hermana alzó una mano y empezó a lanzarle de regreso las esferas una por una. Colonia no podía creerlo: ¿de verdad estaba la piel de Perfume tocando las esferas de energía? Intento parar la técnica, pero Perfume salió en ese momento de entre el enjambre de puntos multicolores y trató de estrellarle una de las esferas en la cabeza.
—¿Qué demonios haces, Perfume?—Colonia había bloqueado el golpe con su bastón y había puesto tierra de por medio entre las dos—¿Acaso intentabas matarme?
—Por supuesto que no—Perfume se irguió y le lanzó una sonrisa mientras volvía a alzar la mano, la cual resplandeció en un fulgor rosa intenso—Pero esta pelea no podrá ponerse divertida hasta que ambas nos pongamos serias, ¿no te parece?
Colonia examinó la mano de su hermana. Era…¡Era una cuchilla de ki! Claro, eso lo explicaba todo: Perfume había podido manipular las esferas porque su propia piel estaba envuelta en esa energía; era natural que las esferas no le hicieran nada teniendo ella una armadura aún más fuerte.
—Así que lo has dominado—Colonia alzó su mano y la hizo refulgir en un aura verde—¿No te dolió mucho, Perfume?
—Más de lo que podría describir—contestó su hermana—Pero el resultado valió la pena, ¿no te parece?
Colonia se lanzó hacia ella inmediatamente, alegrándose intensamente de por fin tener a alguien con quien poner a prueba toda su capacidad.
—No tardaremos en comprobarlo.
—¿Qué pasa Mutzie?—en otro lugar, otra Perfume le daba una paliza a su anterior amigo—¿Qué, le has encontrado el gusto a ser golpeado por una mujer? ¡Opón algo de resistencia!
"Maldita sea, debí saber que era imposible que tuviera un día perfecto" Mouse se levantó lentamente "¿Pero por qué de entre todas las personas posibles tenía que venir la pesada de Perfume?¡Maldición!
Mouse se había levantado bastante alegre esa mañana, tan alegre que incluso había pedido permiso (Mouse casi nunca pedía permiso, el ser insultante con la abuela le hacía sentir más hombre, incluso si tenía que recibir a cambio un bastonazo en la cabeza) para poner algo de la música que le había proporcionado su amiga la vez pasada. Se había sentido culpable de cantar a voz de cuello aquella canción que Yoshiwara[9] le había recomendado (sobre todo teniendo en cuenta el estado de Shampoo) pero después de lo aquella noche era inevitable que se sintiera particularmente alegre. Con todo, el día siguiente no había resultado perfecto: Yoshiwara le había dicho palabras bastante desagradables (producto de los celos, sin duda) y ahora esta se había ido…Algo que le había entristecido, a decir verdad. Yoshiwara era la única verdadera amiga que tenía.
Y para rematar, ahora tenía que lidiar con la loca de Perfume.
Mouse escupió un poco de sangre y se lanzó sobre ella. Hasta ahora (y en honor de su antigua amistad) se había negado a golpear severamente a la chica, pero el estilo de pelea de ella lo estaba abrumando y el chico decidió que no le quedaba otra opción. Así que sacó una maza enorme de metal de entre uno de los pliegues de sus ropas y trató de pegarle con ella lo más fuertemente posible.
—¿Conque sigues con tus juguetitos, eh?—Perfume esbozó una sonrisa de ferocidad—¡Pero no te servirá de nada!
Perfume se hizo a un lado y extendió la mano. El metal de la maza cayó al piso en dos pedazos, habiéndose producido un corte limpio.
—¿Qué demonios?—los ojos del chico se abrieron en una expresión de asombro—¿Cómo hiciste eso?
—A diferencia de ti, yo no necesito cargar con un montón de armas para disponer del cuchillo más afilado del mundo, Mutzie—la sonrisa de Perfume se ensanchó aún más al ver la cara estupefacta de su antiguo amigo—Ventajas del entrenamiento que he tomado con la abuela. ¿Seguimos peleando?
Mouse abandonó su expresión y se paró cuan largo era. ¡Era hora de enseñar la mejor técnica que había aprendido de Saotome!
—Así que has mejorado—Mouse lanzó una carcajada, todo con el fin de imitar la estrategia de Rama de provocar a su enemigo—¡Ya no eres una niña inútil después de todo!
—¡Cállate!—Perfume saltó hacia él—¡Aquí el único inútil eres tú!
Mouse esquivó el ataque de la Amazona (aunque la mano envuelta en energía le hizo un corte en la mejilla más o menos profundo) y le tiró un rodillazo en el pecho.
—Suficiente—Mouse la envolvió en un par de cadenas y la dejó colgando del árbol más cercano para después apretarse los nudillos enfrente de ella—Tengo mejores cosas que hacer que tolerar a una mocosa desquiciada. Yo me voy.
Mouse dio media vuelta y se alejó de ahí. Detrás de ella Perfume no dejó de maldecirlo, hasta que esta comprendió que así no llegaba a ningún lado y decidió tratar de cambiar de estrategia.
—Por favor Mouse, no me dejes aquí—Perfume puso una voz lastimera, obligando a Mouse a darse la vuelta—¡Perdóname! Yo…¡Yo no quería molestarte!
Una gota de sudor bajó por la nuca de Mouse, quien se dio la vuelta y la encaró.
—Deja de llorar, te ves ridícula—Mouse se cruzó de brazos, negándose a tragarse el anzuelo—¿Hasta cuándo dejarás de molestarme, Perfume?
—¡Nunca!—la chica movió uno de sus dedos y con una luz verde cortó limpiamente las cadenas, arrancándole al chico una expresión cercana al terror—¡Tarde o temprano me las tendrás que pagar todas juntas, Mouse!
La chica saltó hacia él, pero Mouse fue capaz de saltar hacia atrás y poner distancia entre ellos. Ahora todo pintaba mal.
"Maldita sea, me he descuidado demasiado" Mouse miró con aprehensión a su rival, que en ese momento avanzaba hacia él con lentitud "¡No he aprendido ninguna tecnica nueva con la que enfrentarla!"
Perfume se detuvo y esbozo una sonrisa diabólica. Mousse apretó los dientes y sujetó los cuchillos que tenía en cada mano aún más fuerte.
—¿Qué estás esperando?—la voz de Mouse mostraba a las claras la tensión que lo abrumaba—¡Ataca!
Perfume ensanchó su sonrisa y alzó la mirada: Mouse no pudo evitar tragar saliva. Era obvio que su nivel era bastante superior al suyo: ella podía cortar lo que quisiera mientras que él dependía de sus armas. Y aunque Mouse estaba seguro de que no era su intención matarlo, si estaba absolutamente convencido de que nada ni nadie podía salvarlo de una paliza….Por lo que para él fue una sorpresa de que Perfume se limitara a dar media vuelta y largarse.
—¿Eh, adónde vas?—Mouse no podía comprender la reacción de su rival—¿Qué sucede? ¡Espera!
—Es obvio que tu nivel es abismalmente inferior al mío—la chica giró la cabeza a través de su hombro y esbozó una sonrisa de desprecio—Pegarle a un imbécil que además es ciego es una cosa, pero aprovecharse de un ciego imbécil que además tiene la fuerza de un niño de 10 años es otra.
—¡Yo no soy ningún imbécil!—claramente, la perspectiva de recibir una paliza a manos de Perfume era nada comparada con tener que soportar sus burlas—¡Además, tampoco tengo la fuerza de un niño de diez años! ¡Yo estuve en el Monte Fénix con Ranma!
—Sí, seguramente como estorbo—Perfume se dio otra media vuelta y le pellizcó el pezón—Tienes los brazos flácidos, tus piernas empiezan a acumular grasa y tu condición está peor que nunca. Hubiera querido vencerte desde el principio si hubiera querido. Además...
Perfume alzó la mano y cortó su traje, forzándolo a taparse las partes pudentas con las manos y a encogerse.
—Además, me parece que fue él quien venció a Saffron en el Monte Fénix, no tú—Perfume se alejó moviendo las caderas—¡Bonitos calzones, perdedor!
Mouse decidió que había tenido suficiente; paliza o no, no podía dejar que Perfume se fuera impune. Mouse se acercó a ella amenazadoramente,.. sólo para que algo detuviera su marcha.
—No puede ser—Perfume se dio cuenta de que había estado a punto de ser atacada y abrió la boca inconmensurablemente—No…..
—¡Quack!
El pato volteó a ver a su alrededor, notando cierto hidrante que por culpa de la pelea había resultado dañado; el chorro de agua lo había mojado e impulsado hacia atrás. Intentó huir, pero alguien (alguien con una sonrisa muy, pero que muy vengativa) le cerró el paso y lo hizo tragar saliva.
"¡Tengo que irme de aquí!" Mouse empezó a voltear a diestra y siniestra, tratando de buscar una ruta de escape "Si me quedo, Perfume es capaz de…."
—Ja, ja, ja.
Cinco minutos después….
—ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja,
Media hora después….
—Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja—la chica finalmente dejó de agarrarse el estómago y se levantó del piso al que había caído como consecuencia de una risa incontrolable—¡Tú eres uno de los malditos caídos en las pozas de Jusenkyo!
"Suficiente" Mouse dio media vuelta en su forma animal y se dispuso a salir de ahí "¡Me largo de esta mierda!
Mouse encogió sus patas y se preparó para volar. Sin embargo, una mano poderosa se cernió sobre su cuello y lo levantó del piso.
—No sabes lo lindo que te ves lleno de plumas, Mousse—la chica bloqueó con el dorso de la mano un picotazo que intentó darle el chico—Te da cierta clase de sex appeal. ¡Tú y yo—la chica le sonrió perversamente al pato y lo acercó a su cara—vamos a divertirnos en grande!
Mouse no pudo sino mirar al cielo y maldecir su mala, pésima suerte.
—Así que Ranma te dijo eso, ¿eh, hermanita?—en otro lugar, una Akane algo nerviosa había procedido a contarle a su hermana mayor lo que su prometido le había explicado la noche anterior, ansiosa como estaba por tener una opinión—No me sorprende.
Todos los habitantes de la Residencia Tendo habían vuelto a sus actividades cotidianas; la comida había terminado sin más incidentes y llegó el momento de que todos pudieran hacer lo que quisieran. Nabiki volvió a subir a su habitación, Happosai hizo lo mismo pero para dormir y Genma y Soún volvieron a jugar shogi, mientras Nodoka salía a comprar algunas provisiones y Ranma salía al patio a dormir para evitar tener que escuchar los reproches de Akane. Ésta, por su parte, decidió que tenía cosas que hacer más importantes que pelearse con Ranma y decidió ayudar a Kasumi, la cual la puso a lavar los platos. La mayor de las hermanas Tendo apreció el gesto y en señal de comedimiento le ayudó a terminar la tarea: al parecer Kasumi sabia muchas más cosas sobre la tarea de Akane que la misma maestra Hinako. Al terminar— y aprovechando de que tanto Happosai, su padre, Genma y Ranma se habían retirado, los muy flojos—le contó todo a Kasumi.
—Bueno, eso explica muchas cosas—la chica sacó un poco de alpiste de un saco y le empezó a dar de comer a algunas palomas que pasaban por ahí—Ahora todo encaja.
—Sí, eso explica el porqué es un inadaptado social.
La mediana de las Tendo volteó a ver a los pájaros, ignorando la mirada ofendida de su hermana menor.
—¡Nabiki! ¿Estabas espiándonos?
—Sabes hermanita, si buscas privacidad, deberías hablar en otro lado—contestó Nabiki—Somos ocho personas viviendo en esta casa. Ustedes pueden pensar que los estoy espiando, pero la verdad es que ustedes también lo hacen muy fácil.
Kasumi y Akane se quedaron observando la lejanía mientras algunas nubes empezaron a formarse.
—Es admirable—Kasumi agarró un poco más de alpiste—Es muy difícil encontrar a alguien que comparta esa misma pasión por su arte.
—Pues a mí me parece patético—Nabiki no estaba muy convencida—Sacrificar una vida normal por una maestría en las artes de su familia….No es una decisión muy normal.
Akane pensó que tenía que salir a defenderlo.
—¡Oye!
—No pretendía ofenderte, Akane, pero tú misma has declarado a veces que tiene los modales de un simio—Nabiki se encogió de hombros—Yo sólo digo lo que ya todo mundo sabe.
—¡Nabiki!—Kasumi respondió escandalizada—¡Eso no es la forma adecuada de decirlo!
—No hay necesidad de molestarse, Kasumi—Nabiki alzó la bebida que tenía en la mano y le dio un trago—Sé perfectamente que tío Genma tiene la culpa de que Ranma sea un incompetente social.
Las tres hermanas voltearon a ver al aludido, que aquel momento acababa de mover una pieza sobre el tablero para después rascarse el trasero.
—Pues yo creo que deberían darle un voto de confianza—Kasumi las miró a ambas, reconviniéndolas—El hecho de que Ranma esté tan dedicado a su arte sólo demuestra que sus sentimientos hacia Akane son genuinos.
—Al contrario Kasumi, esa es la razón por la que Akane debería estar preocupada. ¡Ranma no tardará en tener todos los defectos de la adolescencia!
—¡Pero si ya los tiene!—contestó Akane con voz de protesta—Es grosero, flojo, cretino….
—No me refiero a eso, Akane—contestó a su vez Nabiki—Dentro de poco va a empezar a comportarse como un perrito tratando de subirse a la pierna de alguien. Ya lo verás. Todos los hombres se comportan igual cuando empiezan a interesarles las chicas. Sólo espero que a la pierna que intente subirse sea la tuya.
—¡Nabiki!
Kasumi se levantó de donde estaba sentada y volteó a ver Nabiki con mirada reprobatoria; Akane sintió el peso de su mano sobre su hombro y no pudo evitar preocuparse. ¿Significaba acaso que Nabiki estaba diciendo la verdad?
—¿Entonces tú también lo crees, Kasumi?
Kasumi dudó por un momento, un momento del que Akane fue dolorosamente consciente.
—No, no lo creo—a pesar de la pausa, la voz de Kasumi sonó segura— Ranma quizás no sea el mejor chico del mundo, y sus modales no podrán ser los más apropiados….
Nabiki no pudo evitar soltar una tosecita.
—Pero es honorable y ambas (Kasumi volteó a ver a Nabiki para reforzar el punto) sabemos que te ama. Ranma tiene buen corazón.
Un colibrí empezó a revolotear en el jardín. Kasumi alzó la mano y el colibrí se posó en ella, contento.
—No digo que no lo tenga, Kasumi, pero sabes tan bien como yo que los hombres son más susceptibles a las hormonas que nosotras—contestó Nabiki con voz queda—Al final terminará sucumbiendo a sus instintos, y si Akane no toma la iniciativa, otra se le adelantará, la quiera Ranma ahora o no.
—¡Nabiki!—Kasumi ahora si estaba completamente escandalizada—¡Ranma estuvo dispuesto a inmolarse por ella en el Monte Fénix!
—¿Y?—un sonido proveniente del teléfono celular de la castaña obligó a esta a desviar su atención y leer el mensaje—Eso no cambia lo que digo, Kasumi; Ranma de todas maneras hubiera luchado a muerte para rescatar a cualquiera de nosotras. ¿Recuerdas a la chica que te conté? Además, Ranma es la clase de chico que siempre ayuda a una persona en apuros, por lo que si encuentra a alguien más probablemente pueda ver lo que hizo en el Monte Fénix de otra forma, ¿no crees?
—Pero Ranma dice que no le interesan las chicas—peguntó Akane, dubitativa— Me aseguró…
—Por favor, Akane—Nabiki le dirigió una mirada de esceptismo—Si le interesaran las chicas, tu serías la persona a la que menos se lo diría, ¿no crees?
Kasumi iba a contestar algo, pero Nabiki tomó su bolso y se dispuso a salir por la puerta. En la mano de Kasumi, el colibrí que sostenía no pudo evitar hacer una señal de inquietud.
—Bueno, me gustaría quedarme a discutir, pero tengo un asunto que atender—el teléfono celular de Nabiki volvió a sonar— Y no se tomen mis comentarios como algo personal. Sé que Ranma ama a Akane y todo eso, pero eso no significa que Akane no debería tener cuidado. ¡Considérenlo como un consejo sin cargo alguno!
Nabiki dio un pequeño salto y caminó sobre el jardín; pronto llegó hasta la puerta de la casa y despareció tras ella. Pero sus palabras no desaparecieron.
—¿Tú, tú crees que tengan razón las palabras de Nabiki?
—Por supuesto que no—Kasumi apoyó su mano sobre el hombro de Akane, buscando reconfortarla—No creo que debas preocuparte Akane. Sin importar lo que pase Ranma hará lo correcto y se casará contigo.
—¡No me refería a eso! —contestó Akane, un poco exasperada de que su hermana no notara el punto—¡Además, yo no quiero que se case conmigo por hacer lo correcto sino porque me ama!
—Oh, Ranma te ama, Akane, de eso no hay ninguna duda—Soún se metió entre ellas y apoyo sendas manos sobre los hombros de ambas, obligando a su hija menor a dar un respingo—Después de todo luchó a muerte en el Monte Fénix por ti, ¿no?
—¿Y cómo no podría hacerlo?—Genma apareció detrás de su amigo y le dio una palmada en el hombro—¡Después de todo, tiene a la mejor prometida del mundo!
Ambos empezaron a reírse, mientras Akane se lamentaba en voz baja y se llevaba una mano a la cabeza. Se dió por vencida; esperaba que hablar con Kasumi le ayudara a sentirse más tranquila, pero descubrió que sólo le quedaba un severo dolor de cabeza. De nuevo su familia había vuelto a enredarlo todo.
—Pues yo no veo porque tienen tanto empeño en casar a una princesa como Akane con un vago como Ranma—el maestro Happosai salió en ese momento de su habitación, para gran desazón de todos—Sobre todo teniendo a mano mejores prospectos de marido.
—¿Qué quiere decir con eso, maestro?—preguntó Kasumi.
—¡A que Akane estaría mejor estando casada conmigo!
—Ni siquiera lo piense, anciano asqueroso!—el maestro se acercó peligrosamente a Akane, y esta respondió como cabía esperar—¡Largo!
—No le hagas caso al maestro, está loco—Soún se acercó a su hija y apoyó una mano sobre su hombro inmediatamente después de que Happosai hubiera salido volando por los aires—Además, no deberías preocuparte por eso, Akane. ¡Lo importante es juntar otra vez dinero para que puedan casarse!
—Así es—Genma apareció al lado de su amigo y se agarró el estómago—¿Además, que importa que no admita que te ama? ¡Ya lo admitirá después de tener un hijo!
Akane sintió el casi irresistible impulso de agarrar la mesa y estrellárselas en la cabezota mientras ambos se miraban el uno al otro y reían a mandíbula batiente. ¿Acaso no se daban cuenta de lo ofensivos que eran sus comentarios? Akane no pudo evitar soltar un gruñido y darse un zape en la cabeza, exasperada.
—Suficiente—Akane se levantó furiosa y se dirigió a su habitación—Me largo.
—¿Akane? ¡Akane!—Soún no entendía el malestar de su hija—¿Qué sucede?
Akane se alejó de ellos, molesta y sin decirles nada. Pero pronto una voz diferente hizo de las suyas.
—No te preocupes, papá, Akane sencillamente esta de mal humor—Nabiki apareció detrás de ellos y subió el escalón—Es el resultado de que Ranma haya tenido una erección con Kodachi, eso es todo.
Un escalofrío bastante fuerte recorrió la espina dorsal de Akane. Incrédula, volteó a ver rápidamente a Nabiki, que se encogió de hombros y le dio un sorbo al refresco que llevaba encima.
—¿Qué?—Nabiki la miró con desparpajo—¡Nunca dijiste que era información clasificada!
Nabiki y Nodoka acababan de regresar; Akane nunca se alegró menos de ver a su hermana mayor. .
—¿Qué Ranma…..tuvo una erección?—preguntaron Genma y Nodoka, perplejos—¿Es…es en serio?
—¿Con Kodachi?—a Soún empezó a temblarle la ceja—¿Quién es Kodachi?
—¿La hermana desquiciada de Kuno, no la recuerdas?—le contestó Nabiki—La gimnasta rica con una risa desquiciada y leotardos de…
—¡¿Kodachi?!—Ranma (que en aquel momento había acabado de bajar por las escaleras, todavía algo somnoliento) corrió a esconderse—¿Está aquí?
—¡Ven para acá, traidor!—Soún saltó hacia él y trató de asestarle una patada voladora—¡Enfrenta tu responsabilidad en este mismo instante!
Ranma abrió los ojos como platos y empezó a correr; en ese momento no necesitaba poner atención a su aura para saber que Soún lo perseguía con ganas de matarlo.
—¡Qué te detengas!—Soún levantó una de las rocas en el jardín y se la aventó contra la cabeza—¡Que te detengas en este mismo instante!
—¡Ranma, me avergüenzo de ti!—Genma se llevó una mano a los lentes y movió la cabeza de un lado a otro—Traicionar a tu prometida….¿Acaso no es suficiente vergüenza el temerle a los gatos y cambiar de sexo cada vez que te bañas en agua fría, ahora también tienes que agregar la de la infidelidad?
—¡Cállate!—Ranma dio media pirueta en el aire y esquivó una serie de cuchillos—¡Todo eso es culpa tuya, en primer lugar!
—Ranma, tener una erección con alguien más que no sea Akane es una falta de respeto—lo reconvino su madre también—Sé un hombre y enfrenta lo que hiciste.
El súbito reproche de su madre sorprendió a Ranma y lo hizo desviar la atención, cosa que pagaría chocando contra uno de los pilares de la casa y cayendo al piso.
—Vas a pagar Ranma—murmuró Soún, mientras lo miraba hacia abajo y empezaba a tronarse los nudillos—¿Cómo te atreves a tener una erección con otra mujer que no sea mi Akane?
—¡Oigan, esperen un momento!—Ranma volvió a esquivar otro objeto que le aventó Soún, esta vez un armario, mientras todos en el Dojo se acercaban hacia él y lo miraban hacia abajo—¡Eso ni siquiera fue culpa mía!
—¡Cómo no va a ser culpa tuya!—Soún empezó a pegarle—¿Así es como correspondes al cariño de Akane, teniendo erecciones con otras mujeres?
—¡Papá, ya déjalo!—aquello era sencillamente vergonzoso y Akane pensó que tenía que ponerle un alto—¡Basta!
Nadie la escuchó. Soún volvió a alzar el puño; Ranma alzó ambas manos para parar el golpe y exclamó:
—¡No es mi culpa!— Ranma ignorante de los esfuerzos que Akane pasaba por defenderlo pensó que lo mejor que podía hacer era un comentario mordaz—¡No es mi culpa que Akane tenga la misma clase de sensualidad que un hipopótamo!
—¿Qué dijiste?
Un silencio tan denso que se podía cortar en él se asentó en la sala de estar de los Tendo. Ranma tragó saliva. ¿Era su imaginación, o un aura de batalla completamente negra estaba tras la espalda de su tío?
—¡Akane!—Ranma comprendió inmediatamente su error—Yo…
—Así que soy igual de bonita un hipopótamo, ¿eh?
Ranma se rascó la cabeza mientras se Akane lo sujetaba por ambos lados del cuello de la camisa.
—¡Lárgate!—Akane no dudó en darle otra patada y mandarlo a volar lejos, muy lejos de allí—¡Vete y déjanos en paz!
Todos pudieron ver como el cuerpo de Ranma describía una amplia curva y desaparecía en el horizonte.
—Y todavía que lo defiendo—Akane se sacudió fuertemente las manos y se alejó de ahí—Torpe.
Ranma no tuvo tiempo de escuchar las últimas palabras de Akane: describió una parábola de varios kilómetros y se despertó algo lejos de ahí con un fuerte dolor de cabeza y un montón de porquería encima; había caído justo en un bote de basura. Y para acabar incluso parecía que un perro le había orinado mientras estaba inconsciente. Suspirando, se levantó y se alejó de ahí. ¿Cuánto tiempo había permanecido así?
Había empezado a cansarse de la actitud de Akane.
No es que la relación entre ambos no hubiera mejorado; los estallidos de ira de su prometida se habían hecho más intermitentes y cada vez ocurrían con menos frecuencia. Lo malo, y como sus costillas se lo indicaban a cada paso…
Era que cada vez dolían más.
Ranma se alejó gateando de ahí y llegó hasta la intersección. Giró la cabeza por todos lados, ubicó donde estaba y se alejó en dirección al Dojo. Pero algo más captó su atención.
Una mujer policía se alejaba de él moviendo las caderas ostentosamente.
Ranma se forzó a volver a la realidad, pero no lo consiguió. Tenía mucha hambre. Y por lo general sus peores impulsos llegaban cuando tenía mucha hambre, bien lo sabía él muy bien. Se dió un puñetazo.
—Sabes Ranma, Akane se molestaría mucho si descubriera lo que estás haciendo—una voz conocida a sus espaldas le hizo dar un respingo—No es algo muy amable de tu parte.
Ranma volteó inmediatamente; como se lo temía, tenía enfrente de él a la persona que menos quería ver en ese momento.
—Nabiki—Ranma soltó un gruñido de resignación—¿Qué haces aquí?
—Yo nada, paseando—contestó Nabiki, extraordinariamente ufana—La verdadera pregunta es qué haces tú aquí. ¿Es por eso que no llegabas al Dojo, Ranma kun, por estar viéndoles el trasero a las demás chicas?
—¡No es así!.
—Pues tu pantalón me dice lo contrario.
Ranma bajó la mirada, pero no encontró evidencia alguna: regresó a ver a Nabiki, más molesto que antes y furioso por tener que mirar su sonrisa.
—Tranquilo, estoy de tu lado—la carcajada de Nabiki fue espectacular—Me parece tierno que apenas empieces a vernos e esa forma, Ranma kun. ¿No quieres comer?
Ranma desconfió inmediatamente, pero Nabiki señaló un restaurante detrás de ella y Ranma la siguió. Entraron al local: era un lugar algo caro pero no extremadamente lujoso. Ranma se preguntó si era porque planeaba invitarlo.
—Pide lo que quieras—Nabiki le dedicó un guiño—No te limites, ¿sí?
Algo en el cerebro de Ranma emitió una señal de alerta, pero Ranma la ignoró: su estómago estaba primero. Así que comió y comió, para gran disgusto de Nabiki. Y es que a esta no le gustaba la perspectiva de que la relacionaran en un lugar tan público con alguien que a todas luces comía como un animal.
—Eso estuvo delicioso—Ranma se llevó una mano abajo y se frotó el estómago—Muchas gracias, Nabiki.
—Me alegra que te haya gustado, Ranma kun—Nabiki volvió a sonreír—Este lugar es excelente.
Una mesera se acercó a ellos y preguntó si estaban bien; Nabiki se acercó a su oído y susurró algo. La chica asintió con la cabeza: se alejó y volvió casi inmediatamente después con la cuenta. Ranma no pudo evitar atragantarse cuando vió que la mesera la colocaba en su lado de la mesa.
—¿Y esto?
—¿Es obvio, no?—los ojos de Nabiki brillaron por un instante—Jamás pago la cuenta. Y si no quieres que le diga a Akane tu pequeño, ejem, accidente, más te conviene pagar.
Ranma alzó la cuenta y le dio un vistazo. La bajó y la volvió a mirar otra vez.
—Vamos Ranma kun, no seas tacaño—Nabiki estaba que se moría de la risa—Sé que tienes algo de dinero.
Ranma se resignó: soltó un suspiró y sacó su cartera.
—¿Y por qué no le dices?
—Porque es obvio que no la estás engañando—Nabiki se encogió de hombros—Si lo hicieras, ni todo el dinero de Tokio impediría que le contara la verdad.
—¿Ni todo el dinero de Tokio?—cuestionó Ranma, sarcástico.
—Bueno, exageré—concedió Nabiki—Pero digo la verdad.
—¿Pero entonces porque me extorsionas?
—¿Es obvio, no? —Nabiki esbozó una sonrisa, mientras le tendía a la mesera el dinero que Ranma había proporcionado; este gruñó y frunció el entrecejo. Aquello era un insulto.
—Esto no es divertido—Ranma protestó—¡Todo el dinero al que le echo la mano termina en tu bolsillo!
—Bueno, ese es tu problema—Nabiki se volvió a encoger de hombros—Si fueras más discreto….
—¡Pero si si lo soy!—protestó el chico golpeando levemente la mesa—Son ustedes los que…
Nabiki se levantó y enfiló hacia la puerta.
—Bueno, Ranma kun, me encantaría quedarme más tiempo disfrutando de tu compañía pero tengo negocios que atender—Nabiki movió la mano antes de marcharse—Y un consejo: Consigue un trabajo. No esperarás que tú y mi hermana se mantengan viviendo de los árboles, ¿o sí?
Una carcajada sonó en el aire apenas Nabiki abandonó el restaurante y Ranma tuvo la desagradable sensación de que alguien se burlaba de él: volteó a todos lados, pero no vió al responsable. Tuvo un ligero atisbo de inquietud.
"Esa risa la he escuchado antes" Ranma volteó a diestra y siniestra "¿Pero dónde?"
Buscó por todos lados, no vió a nadie y se marchó. Estaba harto. Un balón salió volando hacia él, y los niños que hasta entonces habían estado jugando con ella retrocedieron inmediatamente cuando Ranma se limitó a mover la cabeza, agarrar la pelota y reducirla a una masa informe. Siguió caminando, metió ambas manos en los bolsillos, agachó la cabeza y enfiló hacia la casa de Akane. Le molestaba que su prometida tuviera mal genio, pero le molestaba aún más que su hermana no dejara de aprovecharse de él.
Trató de consolarse pensando que sin duda había en el mundo gente que la pasaba peor que él. No lo consiguió: el ser un guerrero capaz de derrotar a un fénix pero que aun así era extorsionado y manipulado por su familia lo hacían sentirse aún más enfermo.
O furioso.
—¡Ey, deja eso!—una voz conocida le llegó desde un callejón—¡Eso es mío!
—¡Cállate!—a él le llegó otra voz mucho más violenta—¡Los gusanos no hablan!
Ranma agradeció inmediatamente el desafío: reconocía la voz de un matón en donde sea, y era obvio que alguien necesitaba una mano. Así que saltó las varias bardas que se interponían entre él y la posible víctima y analizó la amenaza: una pandilla de maleantes, cuatro en total, estaban asaltando a alguien que por su edad parecía ser un estudiante.
—Pero que mujer tan bonita—uno de los asaltantes sacó de la cartera del chico lo que parecía ser un pedazo de papel—¿Te importa?
—¡Alto!—la víctima estaba siendo inmovilizada por tres de los gorilas mientras el cuarto se pasaba por la entrepierna el pedazo de papel—Por favor… por favor, no hagas eso.
Los matones soltaron una carcajada: el matón se restregó la entrepierna aún más fuerte. Gosunkugi (pues era él) reunió fuerza y saltó hacia su agresor: fue detenido inmediatamente y molido a golpes, en medio de maldiciones y súplicas de piedad.
—¡Alto ahí!—Ranma se puso en posición de combate—¿Qué creen que están haciendo?
Los cuatro agresores voltearon hacia Ranma. La conmoción era evidente incluso tras sus máscaras.
—¡Tú!
—Sí, yo—Ranma esbozó una sonrisa y empezó a frotarse los nudillos—¡Y a no ser que quieran un par de huesos rotos, les sugeriría que se largaran de aquí!
No necesitaba decirlo: apenas lo reconocieron los asaltantes habían salido huyendo.
—Je, es bueno saber que los Saotome aun imponemos algo de respeto—Ranma no pudo evitar sonreir de satisfacción—Eh…¿Gosunkugi? ¿Estás bien?¿Qué te pasa?
Ranma había soltado un comentario fanfarrón, pero se calló inmediatamente al oír la reacción de Gosunkugi. Su compañero de clases estaba llorando.
—La foto.
—¿Qué, esta?—Ranma levantó el trozo de papel—Quizás debería quedármela, considerando que tanto tú como Nabiki tienen fotos de Akane sin su permiso…
Gosunkugi no dijo nada: por toda respuesta volvió a emitir un sollozo y miró el piso, al parecer incapaz de levantarse. Pero inmediatamente algo en su actitud cambió; se levantó rápidamente y tiró un golpe contra el pecho de Ranma.
—¡La foto, dámela!—Gosunkugi empezó a aporrearlo con ojos cercanos al odio—¡Es mía! ¡Dámela!
—¡Oye, estoy de tu lado!—que Gosunkugi le hablara de esa manera después de haberle salvado el pellejo lo estaba contrariando—¡Y ni creas que te devolveré esta foto de Akane! Yo…Demonios.
Ranma había volteado la foto y le había echado un vistazo. No era en absoluto una fotografía de su prometida.
Era una fotografía de la madre de Gosunkugi.
—Vaya Gosunkugi, no tenía ni idea—Ranma se sintió inmediatamente mal y le devolvió la fotografía, la cual su compañero recibió con afecto reverencial—Lo siento mucho.
Ranma le tendió una mano y lo ayudó a incorporarse. Le quitó algo del polvo que tenía encima y examinó los moretones del chico, algunos de los cuales lucían bastante feos. Ranma movió la cabeza de lado a lado y lo reconvino:
—Sabes Gosunkugi, deberías tener un poco más de dignidad—Ranma le dio una palmada—¿No te cansas de que la gente siempre se esté aprovechando de ti?
Gosunkugi dejó de sollozar e hizo algo que en otras circunstancias no hubiera hecho nunca: se limpió los mocos y miró a Ranma de hito en hito.
—¿La misma dignidad que tú tienes con Nabiki?
Ranma, a su vez, hizo algo que en otras circunstancias no hubiera jamás contra alguien que no fuera uno de sus adversarios: movió el puño y se lo enterró a Gosunkugi en el estómago.
—¿La verdad duele, eh?
Ranma se olvidó inmediatamente de Gosunkugi. Algo raro pasaba ahí. Volteó hacia todos lados y esta vez si vió a alguien: una anciana, con una cara tan vieja como el tiempo y una sonrisa que le resultaba insoportable.
—¡Usted! ¿Qué hace aquí?
La anciana lo miró, pero no dijo nada; dio media vuelta y empezó a huir. Ranma la siguió inmediatamente.
—¡Alto!—Ranma trató de alcanzarla, pero por alguna razón la anciana ya se hallaba demasiado lejos—¡Espere!
La Anciana no contestó; en su lugar, se internó entre el grupo de gente que deambulaba por la ciudad japonesa y se perdió de vista.
—¡Ey!—Ranma empezó a caminar encima de la gente, arrancando varios gritos de disgusto—¡Imbécil!
El chico no les prestó atención y siguió corriendo. Volteó hacia todos lados y finalmente la miró: la Anciana caminaba rápidamente hacia el parque, capucha en la cabeza y con paso apretado. Ranma sonrió.
"Ya sé a dónde va" sonrió Ranma con satisfacción y empezó a saltar por encima de los edificios en la dirección sospechada "¡Va hacia el templo Sensoji!"
Ranma vio como la mujer entraba al recinto y el chico fue tras ella; encarar a la anciana dentro del templo sería relativamente fácil. Sólo tendría que saltar sobre la muchedumbre, evitar cualquier guardia que pudiera haber y enfrentar a la Anciana edificio adentro.
Lo difícil seria digerir todo lo que descubriría entonces.
Ranma entró al templo y buscó a la Anciana por los pasillos. Pronto la encontró, pero la mujer se volvió a perder de vista: Ranma intuyó hacia donde iba y tomó lo que juzgó sería un atajo. Funcionó: giró tres veces y finalmente dio vuelta hacia la derecha. Pero una esquina bastante puntiaguda se clavó en su camisa, forzándolo momentáneamente a aminorar su velocidad.
Y a ver lo que la Anciana quería mostrarle.
La anciana no había seguido escondiéndose; muy por el contrario, había saltado hacia él y había metido una mano en el bolsillo, de donde había sacado algo que parecía ser un círculo.
—Que….—el sexto sentido de Ranma no la percibió como amenaza—¿Qué quiere?
La Anciana aprovechó la confusión del muchacho y alzó el objeto, que resultó ser un espejo pequeño, redondo, negro y de un material que Ranma no había visto nunca. Parecía humear. ¿O eran las nubes de incienso dentro del templo?
Y entonces miró. La Anciana alzó el espejo y le enseñó todo.
"Ranma" una voz conocida se dirigió hacia él "¡Eres un idiota!"
Ranma se quedó sin habla. Cuando finalmente pudo recobrar el control de su lengua, hizo la pregunta que en aquel momento parecía ser la única que tenía sentido:
—¿Qué...quién es usted?
—Soy una amiga—la anciana se guardó el espejo y sonrió —Sólo una amiga que quiere que seas feliz.
Mientras, y en otro lado de la ciudad, una mujer que normalmente era fuerte y poseía una belleza exuberante se sentía bastante mal. Bueno, no exactamente: se sentía absolutamente mal. A pesar de lo fresco del clima, no podía dejar de tener escalofríos y le dolía horrores la cabeza: tenía una temperatura altísima y estaba tan enferma que incluso se había retrasado su periodo. Pero la mujer (una chica de 16 años aproximadamente) siguió caminando, implacable, despreciando su dolor y sin importarle que su cuerpo le estuviera pidiendo alivio a gritos.
"Debe de estar por aquí" pensó la chica en un idioma que no era el japonés "Ella…"
La chica miró a todos lados, pero no vió a nadie. Se sintió como una tonta. Por supuesto que la gitana que buscaba no iba a estar allí. ¿Cuántas posibilidades habían de encontrar a una persona desconocida en el mismo sitio? Furiosa, empezó a caminar a casa de regreso. Apenas lo pudo conseguir; un rayo tronó en el cielo. La chica, caminó dos o tres pasos, volvió a trastabillar. Se cayó. Y un aluvión de agua le empezó a caer encima.
"Ranma."
La chica había querido salir de su casa, porque quedarse en ella pensando en esos momentos le resultaba insoportable.
La piel de la adolescente se transformó: su corteza cutánea se hundió, se endureció y se reconfiguró: su cabello se encogió; sus dientes se modificaron y se afilaron, sus extremidades se encogieron también y se convirtieron en sendas garras; sus ojos se alargaron y la retina en ellos se hizo diferente. Y empezó a soñar.
Soñó que se hallaba sola, y que sentía mucho frío. Y soñó que empezaba a ahogarse. Y que el chico que quería la dejaba para no mirar atrás.
"Pero yo te amo" la chica se esmeró en salir del pozo en donde se hallaba estancada, pero sólo terminó hundiéndose aún más "Yo…"
"Pero él a ti no" una voz conocida y francamente detestada por ella le habló desde la sombras "Él me ama a mí. ¿Qué mal, no?"
"Tú" la chica china alcanzo a esbozar un gesto de furia "¡Tú me arrebataste a mi Airen!"
La chica peliazul se giró y soltó una risotada.
"Adiós, Shampoo. ¡Y que te quedes sola para siempre!"
Shampoo soltó un gemido y empezó a llorar. Pero ¡y aquí que unos brazos fuertes y protectores la rodearon! Se sintió en el cielo. Esos brazos fuertes y musculosos….¡Solo podían ser los de Ranma!¡Por fin se había dado cuenta de que ella era quien realmente lo amaba de entre todas sus prometidas!
—¡Tú!
El darse cuenta de que en lugar del chico de la trenza había sido el chico de los lentes el que la había cuidado, había constituido un duro despertar. Como fuera, como fuera, Shampoo no pudo dejar de notar que Mouse la había cuidado magníficamente, sacándose la camisa para envolverla en ella y llevándola al Nekohanten lo más pronto posible; una vez ahí respeto su sentido de la privacidad y le tendió un camisón para que pudiera taparse. Luego Mouse procedió a atenderla, revisándola y complaciéndola en todo lo que le fuera posible. Aunque no sin soltar un reproche.
—Te he dicho mil veces que te cuides cuando estás en tu forma de gata—Mousse entró en ese momento con una taza de té bien caliente—Pudo haberte pasado algo.
—No me molestes, chico pato. No me pasó nada.
Mouse le dirigió una mirada que por al menos una vez hizo que Shampoo se arrepintiera. La chica trató de redimirse:
—Aunque supongo que tengo que agradecer que cuidarás de mí—la chica lo miró a los ojos—Gracias Mouse.
—No tienes que decir nada, Shampoo—Mouse alzó las manos de la chica entre las suyas—Después de lo de anoche, es lo menos que podía hacer por ti.
Un silencio incomodo de diez minutos se impuso entre los dos. Shampoo retiró las manos inmediatamente y luego musitó:
—Lo prometiste.
—¿Qué?—Mousse no la entendió muy bien—¿Qué cosa?
—¡Qué no volveríamos a hablar de ello, lo prometiste!—Shampoo ni siquiera se molestó en usar el japonés, sino que usó el mandarín—¡Lo prometiste, Mouse!
Nadie dijo nada por cinco minutos más. Hasta que finalmente Shampoo volvió a romper el silencio.
—Creí que habíamos quedado en que nunca más íbamos a hablar más de esto, Mousse—la chica china censuró a su compañero—Lo prometiste. Es a Ranma a quien le pertenece mi corazón. Es hora de que lo aceptes.
En el tono de Shampoo había un tono de reproche; la chica había esperado que Mouse cumpliera su palabra. Pero por una vez, el chico no se dejó amilanar.
—¿Pero por qué, Shampoo? ¿Por qué?—Shampoo no pudo ver bien la cara de Mouse estando como estaba en penumbras, pero pudo oírlo perfectamente—¿Por qué sólo Saotome tiene la oportunidad de llegar a tu corazón?
Shampoo entrecerró los ojos, resignada. ¿Es que acaso Mouse no lo entendía? ¿Es que acaso no era obvio? ¿Es que acaso era tan, tan, pero tan ciego?
—Cuando más necesitabas a alguien, yo siempre he estado ahí; de todos los que te han dicho que podías confiar en ellos, solo he estado yo— Mouse no dejó que Shampoo lo interrumpiera—Siempre. Creo que merezco al menos una oportunidad.
—Ya tuviste tu oportunidad—una voz glacial habló detrás de él—Y fallaste. Y ahora lárgate, estúpido.
Mouse volteó, sorprendido; Shampoo dio un respingo y escupió lo que tenía en la boca.
—¿Sorprendido?
Hacia ellos avanzó Perfume, esbozando la sonrisa de un chacal.
—Sí.
—Más sorprendida estoy de verte yo aquí—Perfume se encogió de hombros—¿No se supone que tenías una cita con algún chef en la cocina?
Mouse se levantó en ese mismo instante, completamente furioso y a duras penas reprimiendo su rabia reprimida. Perfume lo había golpeado y luego lo había entregado a un restaurante, donde a punto había estado de convertirse en pato a la naranja.
—¿Qué sucede, Mouse?—Perfume lo volteó a ver con toda la desfachatez del mundo—¿Tienes algo que decir?
—Yo, yo…yo me marcho—Mouse apretó ambos puños y dio media vuelta—Tengo que salir de aquí.
Ambas mujeres lo miraron, aunque una con una sonrisa entretenida y la otra con pesadumbre. Pero Shampoo alcanzó a preguntar:
—¿Tú me amas, Mousse?
—Más que a mi vida misma, Shampoo.
Aquellas palabras, dichas en un momento en que ella estaba desilusionada y gravemente enferma, tuvieron un efecto demoledor. Quizás, y sólo quizás, Mousse merecía una oportunidad.
—-
Cambiando de lugar, pero no de ánimo, una chica con cabello azulado y un humor algo decido mataba sus horas libres paseando en el centro comercial. Bueno, "pasear" no era realmente la palabra adecuada. En realidad, estaba sentada, sosteniéndose la mandíbula con la mano derecha y mirando a una pareja de enamorados con envidia.
—Te juro que tú eres lo más importante que me ha pasado en mi vida mi amor—el chico se acercó a su compañera y la abrazó—Te amo de aquí a las estrellas.
—Y yo a ti, mi cielo—la chica se paró de puntillas y le plantó un beso—Te quiero.
Akane soltó un resoplido tan fuerte que se alzó con el aire el pelo de la frente; arrugó el ticket de su compra más reciente y lo tiró con fuerza al bote de basura. ¿Por qué no podían ella y Ranma ser una pareja feliz?
Todo había salido mal: después de la pelea, Akane había subido a su habitación, algo herida y bastante furiosa. No sólo con Ranma; furiosa consigo misma. Y es que, ¿de verdad había esperado que en el Dojo pudiera despejar su mente?
No importaba cuantas veces le diera vueltas al asunto, cada vez se sentía más y más ridícula. Se levantó, entró a una de las tiendas de autoservicio del centro comercial y compró un refresco de lata. Tomó de él y luego lo estrujó entre sus dedos: estaba harta. Si no era una cosa era la otra: si sus padres no arruinaban el momento era Nabiki o uno de los enemigos de Ranma quien lo hacía. Era exasperante. Y lo peor era que los modales de Ranma no ayudaban. ¡Como deseaba que por al menos una vez se comportara diferente! Daria cualquier cosa…..
Se levantó. Ya habían pasado bastantes horas y era tiempo de volver a casa. Empezó a caminar; llegó a la parada del autobús y se dispuso a esperar el transporte. Pero pronto se lo pensó mejor y empezó caminar.
—Si tan siquiera Ranma reuniera valor para decir lo que siente—musitó Akane para sí misma mientras caminaba en medio de la llovizna—Si tan siquiera….
—¡Akane! ¿Qué haces aquí?
Una voz conocida la interpeló justo cuando se hallaba absorta en sus pensamientos.
—¡Darién! ¿Qué sucede?
—Oh nada, sólo me preguntaba por qué caminabas en medio de la lluvia—Darién dio una zancada y se colocó a su nivel—También se te perdió el pasaje, ¿eh?
—No, no es eso…—Akane lo miró—Sólo quería caminar.
—Pues entonces caminemos juntos, ¿no te parece?—respondió su compañero con una sonrisa—Si pudieras echarme una mano…
Akane asintió y sostuvo un par de bolsas que amenazaban con caerse de las manos de Darién. No eran pesadas; sólo abultaban mucho.
—Gracias Akane, me salvaste—Darién empezó a mover la mano derecha, que era en donde el peso de las bolsas se le habían marcado entre los dedos—Tú…¡Oh mierda!
Un aguacero bastante pesado empezó a caer sobre ellos; Darién se sacó la camisa y cubrió con ella a Akane.
—¡Ahí!—Darién tomó la mano de Akane y la condujo hacia la heladería mientras señalaba al local con uno de sus dedos—¡Ahí podremos guarecernos!
—Sabes, no tenías que hacer esto—cinco minutos después, ambos gozaban de sendos helados, las dos cortesía de Darién—No quiero abusar de ti.
—No te preocupes Akane, no es nada—Darién sacó la cuchara del helado e hizo un movimiento con ella en el aire—Afuera está lloviendo, y tal parece que lo hará por un rato, así que, ¿Por qué no divertirse? ¿No te gusta la vainilla?
—No, no es eso—Akane no quería que Darién pensara que abusaba de él—Es sólo que no tenías que sacarte la camisa.
—Fue lo mejor—contestó Darién con toda la seriedad del mundo—No me gusta que una mujer tan hermosa como tú parezca triste, y las gotas de la lluvia parecen lágrimas.
El chico esbozó una sonrisa ante el bochorno de Akane y siguió comiendo. Akane se quedó pensando. Si tan siquiera todos los chicos fueran como él…
—Por cierto, Akane, una pregunta—Darién se limpió la boca con una servilleta mientras Akane miraba momentáneamente a través de la ventana—¿Qué fue esta vez?
Akane ni siquiera se molestó en preguntarle a qué se refería:
—Dijo que soy tan bonita como un hipopótamo.
Darién la miró, consternado. No hizo falta que preguntara "¿Quién?"
—Pero tú no crees que Ranma piense en serio que tienes el sex appeal de un hipopótamo, ¿verdad, Akane? Dudo mucho que Ranma piense eso.
Akane soltó una mirada resignada y soltó un suspiro.
—Supongo que no.
—No suenas muy convencida—Darién le dedicó una mirada de preocupación desde detrás de su helado—¿Por qué no me lo cuentas todo, Akane? Hablar es bueno para el alma.
—¿Contarte qué?
—Cómo porqué te la has pasado mirando a esa pareja a tu derecha con aire cercano a la añoranza.
Akane se sobresaltó y dio un respingo. ¿De verdad Darién era tan perceptivo que había sido capaz de darse cuenta como miraba a la pareja detrás del mostrador con envidia?
—¿Cómo lo supiste?
—No hace falta prestar mucha atención para darse cuenta: chica linda, completamente sola a las 7 de la tarde y que regresa de un centro comercial sin haber comprado nada….No hace falta ser Sherlock Holmes para llegar a una conclusión así.
Akane dudó. ¿De verdad Darién podría ayudarla con algo con lo que ni la misma Kasumi había podido hacerlo?
—¿Crees que puedas ayudarme?
—Sí—Darién asintió rápidamente—Pero solo si tú quieres.
Akane se preguntó tiempo después por qué decidió abrir su corazón en ese entonces: Darién no era un desconocido, pero solo llevaba conociéndolo tres meses; ciertamente era un lapso menor que el tiempo que llevaba conociendo a todos sus demás amigos. Más tarde a Akane le remordería la conciencia haber depositado sobre él aquella carga, pero en aquel momento Darién era la mejor opción de entre todas las personas a las que Akane podía pedir consejo. Era cortés, amable, divertido y hacía que se sintiera segura…cosa que hasta entonces pensaba era una capacidad exclusiva de Ranma.
Y lo mejor de todo, lo hacía sin necesidad de hacerla sentir como a una marimacha gorda y fea.
Así que Akane le contó: le contó sobre Kodachi, sobre Ukyo, sobre Shampoo y sobre ella misma. Le contó cómo se había sentido furiosa, y después herida; le explicó también la sensación extraña y amarga que le había dejado la explicación de Ranma. A Akane le pareció ver un dejo de burla en sus ojos cuando le contó la excusa que Ranma le había proporcionado, pero un segundo después tal luz burlona no estaba ahí y Akane quedó convencida de que se la había imaginado.
"¿Es en serio?" en lugar de un gesto de burla, lo que Akane encontró en la cara de Darién fue un gesto de incredulidad "¿Ranma hizo eso?"
Akane prosiguió con su historia y Darién la dejó continuar. Contó cómo le había frustrado la posición indulgente de Kasumi y los comentarios de Nabiki; contó también el entrometimiento de su demás familia y la falta de tacto de Ranma, todo aquello muy, pero que muy familiar. Y sobre todo, contó lo confundida que se encontraba ya.
—Y lo peor de todo es que a ninguno de ellos parece importarle—concluyó Akane con un dejo de frustración—Papá obsesionado como siempre en tener un heredero que lleve el nombre de nuestra escuela, el tío Genma solo quiere no tener que trabajar y a Nabiki le gusta divertirse a costa nuestra. Ni siquiera Kasumi parece poder ayudarme. Pero Nabiki y Kasumi son las personas más cuerdas en mi casa y yo…yo…yo ya no sé qué pensar.
—Déjame ver si entendí—el chico se veía absolutamente serio, cosa que a Akane le agradó—No quiero equivocarme en nada. Déjame enumerar los hechos, ¿sí?
—Kodachi se apareció, pelearon con ella y reveló el problema de Ranma; tú te negaste a creerlo pero al ver sus pantaletas caer de su pantalón no pudiste negarte a la evidencia y le diste una patada en el culo….Literalmente. ¿Hasta ahí todo bien?
A Akane no le gusto mucha la categorización concisa que Darién estaba haciendo de los eventos, pero asintió con la cabeza.
—Luego él te fue a buscar a tu cuarto; ambos se confrontaron y te dio su versión de la historia: que a él no le interesan las chicas y que solo le importa su entrenamiento…Al final hablaste con tus hermanas, pero la respuesta honesta de Kasumi muestra que no entendió el punto y la opinión honesta de Nabiki te preocupó. ¿Correcto?
—Sí.
—Y ahora, no sabes si Ranma te dijo la verdad, o si es correcta la respuesta de Nabiki—Darién la miró—Al final, todo se reduce a una pregunta…¿te ama Ranma, o no?
La sensación de alivio en Akane fue tan grande como no lo seria en los meses siguientes. Por primera vez, alguien la entendía; su amigo no había perdido el punto, no la estaba chantajeando o ciertamente no estaba dándola por sentada [10]…Sintió en ese momento que confiar en él había sido lo mejor idea que había tenido en su vida.
— Tú eres mi última esperanza, Darién. Háblame con la verdad: ¿Tu qué opinas?
Darién se tomó un tiempo en responder.
—Opino que Nabiki tiene razón: que te haya salvado en el Monte Fénix no constituye prueba alguna de que te ama.
—Supongo que siempre fue así— Akane sintió que toda la tranquilidad que había experimentado desahogando su alma ante Darién desaparecía—Debí haberlo sabido.
—Pero eso no quiere decir en modo alguno que Ranma no te ame.
Akane alzó la mirada
—Pero si tuvo una erección con Kodachi!—Akane no podía creérselo—¡Con Kodachi! ¿Cómo puede demostrar eso que me ama?
—No lo demuestra, lo admito—Darién tuvo que conceder ese punto—Pero Akane, eso tampoco demuestra que quiera a otra. Demonios, si he de hacer honor a la verdad, he tenido una erección delante de mi madre. ¿Acaso crees que me siento excitado por ella?
—Pero Kodachi me lo manifestó en la cara, y lo peor es que tiene razón— Akane no quiso dar el brazo a torcer—Ranma no hubiera tenido una erección si no se sintiera atraído por ella.
—Sabes Akane, quizás lo estás viendo de forma equivocada—Darién la miro con precaución—No deberías ver las cosa en blanco y negro. Que haya tenido un erección viendo el cuerpo de Kodachi no significa que la encuentre necesariamente atractiva. No más que tú, al menos.
—¿Pero porque las tiene?—Akane no dio su brazo a torcer—Si no la encuentra atractiva, ¿Por qué detenerse siquiera a platicar con ella?
—No porque Kodachi sea más hermosa, eso seguro—Darién examinó el fondo de su copa y raspó el contenido con su cuchara—Ella está loca.
—Sabía que no entenderías—Akane estalló de repente; se levantó e impactó la mesa con las palmas—¡Sabía que como los demás, no entenderías! ¡Nadie nunca se ha tomado en serio mis problemas! ¡No estoy loca, y esto es importante! ¡Ranma es un traidor!
Akane había explotado; estaba harta. Harta de que todos minimizaran sus sentimientos, harta de que todos la dieran por sentada; harta de que su padre, Genma e incluso Kasumi enredaran las cosas con sus comentarios a destiempo y sus intereses egoístas ¿Es que acaso ninguno comprehendía la gravedad de la situación? ¿Acaso era tan difícil esperar que alguno de ellos lo entendiera?
Akane se tranquilizó inmediatamente después, avergonzada de haber estallado repentinamente con alguien que había demostrado ser un buen compañero y un gran amigo. Pero Darién no le guardó animosidad.
—Al contrario Akane, me tomo lo que me dices seriamente—Darién la miró de hito en hito—Sólo que lo veo desde una perspectiva diferente.
—¿Ah, sí?
—Sí—confirmó Darién—Para empezar, no creo que debas sentirte tan amenazada, aunque es obvio que estás en todo tu derecho por sentirte más que molesta. Si de verdad Ranma sacrificó temporalmente su libido en orden para ser el más fuerte no me extrañaría que ahora tenga erecciones hasta por ver señoras sexagenarias sin camisa—Darién al parecer no pudo evitar esbozar una sonrisa—Además, uno no puede tratar de reprimir la sexualidad de alguien indefinidamente y esperar que tal acto no tenga consecuencias. Demonios, eso incluso explicaría por qué le es tan fácil andar por ahí desnudo en su forma femenina: Si hasta entonces no ha tenido tales urgencias, no me extraña que sea incapaz de ver las urgencias que genera en los demás.
"Además, los hombres somos así. Incluso el más santo, no puede dejar de sentir tales presiones de vez en cuando, y el que diga lo contrario miente. Es más, yo te recomendaría que te alejaras de tal clase de hombres: siempre son los más cerdos."
Akane pensó en el maestro Happosai, y no pudo estar más de acuerdo. Pero aun así no quedó convencida.
—Pero eso no significa que la encuentre repugnante, ¿a qué no? Es obvio que a Ranma le gusta. ¡Eso solo puede significar que Ranma la considera muchísimo más hermosa!
Akane volvió a mirar hacia el mostrador y a la pareja que se besaba detrás.
—En cambio conmigo nunca le ha pasado algo parecido—Akane regresó su vista al frente y bajó la cabeza—Al final, es como dice Hiroko…La razón de que Ranma siga comportándose como siempre incluso detrás de todo lo que hemos pasado es que ya empieza a considerar atractivas a las otras chicas…
Akane se detuvo por un momento, se levantó y golpeó la mesa.
—¡Y por tanto no quiere cerrarse las opciones!
Todos los clientes en el local dieron un respingo y voltearon a ver a Akane. Incluso la pareja de amantes detrás del mostrador no pudo evitar dirigirle una mirada recriminatoria.
—Akane, todos en la escuela sabemos que te ama—la réplica de Darién no daba lugar a dudas—todo mundo lo sabe.
—Eso dicen todos—repuso Akane, mosqueada—Pero nunca lo demuestra.
Akane se cayó y esperó que Darién dijera algo, pero este no lo hizo, así que continuó.
—Además, una cosa que todos parece olvidar es que un hombre no tiene derecho a decir que ama a una mujer mientras se fija en otra…Especialmente si esa "otra" le provoca erecciones.
—Akane, ya te dije que…
—Sí, ya me lo dijiste, sí—Akane hizo un gesto de hastío—¿Pero cómo sé que Ranma no me está mintiendo? Que no le hayan interesado las chicas en el pasado no significa que no le hayan empezado a interesar de esa forma en el presente, ¿verdad?
Akane se cruzó de brazos y soltó un gruñido.
—Quizás a ustedes pueda mentirles, pero a mí no me engaña: a él ya empezaron a interesarle las mujeres de esa forma. De ninguna manera es posible que él me ame como dicen. No le gusta lo que cocino, es descortés, grosero, y nunca hace nada de lo que le pido: la vez pasada se negó en redondo a asistir conmigo a las clases de baile pretextando que tal sería indigno de un hombre, pero nunca ha tenido ningún escrúpulo en ir con Kuno convertida en chica cuando le conviene. Sin importar lo que ustedes digan, jamás he sido su prioridad. Y eso ni tú puedes negarlo.
Darién hizo un gesto de incomodidad; Akane ciertamente tenía un punto. Pero tampoco tardó en contestar.
—Bueno Akane, admito que esa clase de problemas no hablan muy bien de él—Darién trato de ser lo más cuidadoso posible—Pero me mantengo en mis trece: quizás su amor no sea el mejor, ni el más perfecto que tú—Darién parpadeó un par de veces y corrigió su error—digo, que todo mundo quisiera, pero Ranma te quiere. Eso sigue siendo tan obvio como lo era el día que los conocí.
—¿Pero por qué no lo admite? Digo, puedo entender que no lo quiera decir enfrente de medio salón y delante de los idiotas de nuestros padres, pero ¿porque no lo dice cuando estamos en la intimidad?
A Akane la respuesta de Darién la sorprendió.
—Me imagino que por la misma razón que no lo haces tú: si Ranma supiera de manera indiscutible que lo amas…..
—¡Pero si se lo he demostrado!
—No, no lo has hecho—Darién negó con la cabeza—¿Desde cuándo la sutileza ha sido el lenguaje de los hombres? Sencillamente con Ranma debes dar un paso más allá. Nabiki tiene razón, aunque no por los motivos que ella cree. Ranma no se arriesgará a aceptar un no de parte tuyo y no dará el primer paso hasta estar absolutamente seguro de que eres tú quién se muere por él. No quiere dar un paso en falso.
—Pero eso significa que no sólo es un engreído, sino que Hiroko y Asami tienen razón. No quiere cerrarse las probabilidades.
—No, eso sólo significa que no quiere comprometer su autoestima. Después de todo, esta depende de ser irresistible, ¿no crees?
—Supongo que tienes razón—Akane se reclino en su asiento—aunque no puedo dejar de sentirme frustrada. Ranma no baka. Si al menos Ranma fuera diferente…Me gustaría que al menos me diera una señal.
Akane volvió a suspirar miró a través de la ventana. Darién removió otra vez su copa y comentó como él que no quiere la cosa:
—¿Estás segura de querer de que Ranma cambie, Akane? Podrías arrepentirte.
—Claro que no. Jamás me arrepentiría de que Ranma aprendiera a apreciarme. Y ciertamente no me molestaría que Ranma aclarara su posición de una vez por todas.
—Bueno, hay una forma.
Akane volteó a mirarlo, interesadísima.
—¿En serio?
—Sí, pero al final ya no habrá marcha atrás—Darién escogió sus palabras cuidadosamente—Ranma revelará sus sentimientos….Para bien o para mal.
—No importa—Akane sonó decidida—Estoy dispuesta a lo que sea.
Aquellas palabras eran bastante inocuas, pero tiempo más tarde Akane se preguntó si había hecho bien en pronunciarlas. Quizás fue en ese momento en que una de las clavijas de su destino quedó sellada, de la misma forma en que otra también lo había sido tras el enfrentamiento de Ryoga con Katsunishiki. ¿Pero cómo podría haberlo sabido Akane? Es más, ¿cómo podría haberlo sabido Katsunishi? Solo quedaba una clavija por fijar, y esa era la de Mousse, la cual sería colocada por Shampoo y remachada por Perfume. Pero Shampoo quizás no lo sabría nunca…. Para bien o para mal.
En otro lugar, pero sin que ninguno de los dos lo supiera, Ranma salía del templo al que había entrado más cabizbajo y meditabundo que nunca. Y es que también él tenía muchas cosas en las que pensar.
Su encuentro con la Anciana no había salido exactamente como había esperado. Si, la Anciana se había internado en el Santuario y a Ranma le fue fácil perseguirla dentro de los pasillos; había sido un juego de niños acorralarla y encararla, aún si había resbalado de la velocidad con que la perseguía y chocado con un poste de madera que lo había sujetado a la altura del pecho.
Pero el problema había empezado justamente ahí.
Ranma caminó unos pasos y pateó una piedra, molesto. Recordó el espejo que le había puesto enfrente aquella mujer de sonrisa irónica y risa sarcástica; aquello había sido perturbante, pero más lo fue lo que había visto a través de él.
"¡Ni creas que no me doy cuenta de cómo miras a tus alumnas!" el hecho de que el espejo estuviera hecho de una piedra negra que desconocía y que parecía humear en medio de las nubes de incienso del templo era nada a comparación de lo que veía a través de él "¡Siempre pasándoles las manos por lugares donde no debes! ¡Cerdo!"
Ranma se había quedado inmóvil, observando las imágenes que en el espejo iban formándose ante sus propios ojos, parte de una visión concebida en tinieblas y humo. Vió como una Akane ya mayor agarraba una taza de café y se la tiraba en la cabeza. [11]
"Yo me largo" Ranma no pudo dejar de notar las ojeras que lucía su reflejo "Es imposible estar contigo, mujer gorila. Adiós"
"¡Eso es, vete!" la Akane ya mayor frente a sus ojos empezó a hipar incontrolablemente "¡Vete y déjanos en paz!"
La mujer en el reflejo empezó a sollozar: apretó aún más al bebe entre sus brazos y corrió hacia su habitación. Ranma fue tras ella, pero no sirvió de nada; su esposa no quería hablar con nadie.
"Akane, por favor, necesitamos hablar" el chico, no, el hombre empezó a hablar desde el otro lado de la puerta "¡Akane!"
"Sabía que nunca debía haberme casado contigo" los gemidos de aquella Akane eran más que reales para Ranma "Yo..¡Yo jamás debí haber confiado en ti!"
Ranma parpadeó un par de veces; la escena frente a él no desapareció y sucumbió a la tentación de frotarse los ojos. Pero la imagen seguía ahí. Estupefacto, volvió a prestar atención:
"¿Cuánto tiempo llevamos casados, Akane?" el Ranma del espejo dejó de disculparse y empezó a aporrear la puerta "¿Cuántos años? ¡Diez! ¡Diez malditos años! ¿Hasta cuándo me darás tu confianza?
"¡Cuando la merezcas!" el grito de aquella mujer resonó en los oídos de Ranma "¡Solo hasta que la merezcas, asqueroso hijo de …!"
Ranma se quedó sin habla. Cuando finalmente pudo recobrar el control de su lengua, hizo la única pregunta que en aquel momento parecía tener sentido:
"¿Qué...quién es usted?"
"Soy una amiga" la anciana se guardó el espejo y le sonrió una vez más "Sólo una amiga que quiere que seas feliz."
Ranma no creía en el tarot, ni en la quiromancia, ni en las tazas de té, ni en la astrología, y para acabar, ni en los adivinos, pero una media hora después seguía pensando en la anciana. La mujer tenía una evidencia real…..bueno, al menos tan real como podía serlo un reflejo. Pero había funcionado.
"¿Acaso mi vida con Akane siempre será así?" Ranma aminoró aún más el paso "¿Nunca avanzaremos? ¿De verdad las cosas siempre seguirán igual?"
Ranma había vuelto a mirar al espejo, y no le gustaron ninguna de las cosas que en el vió. Molesto, trató de alejarse, de salir de ahí; se negó en redondo a creer en ellas.
"Esto es una mentira" Ranma se alejó de la Anciana y el espejo con manifiesta aversión "Esto solo puede ser una mentira. De acuerdo, Akane es terca, y cocina mal, y tiene el carácter de un gorila, pero…"
"¿Mentira, eh?" la Anciana le dedicó una mueca escéptica "Permíteme mostrarte algo más, niño."
La mujer volvió a sacar el espejo. Ahora no había duda alguna: del espejo salía humo. Ranma al principio no le había puesto atención, porque el pasillo del templo donde había estado estaba lleno de incienso, pero ahora innegable. Aunque en aquel momento aquel detalle no le importaba mucho.
"Ranma kun, será mejor que me dés más dinero, o no me quedará de otra más que decirle a Akane sobre la estudiante que intentó seducirte" una Nabiki del futuro, vestida como ejecutiva pero con ganas de aprovecharse de él le extendía la mano con toda la desfachatez del mundo "Tú eliges."
Ranma parpadeó y la imagen en el espejo se difuminó, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos. Cuando volvió a abrirlos la escena era diferente; el único que seguía igual era él.
"Ranma kun, deberías ser más comprehensiva con mi hermana" una Kasumi ya convertida en toda una respetable señora había fijado un ojos reprobatorios en él a través del espejo "No deberías portarse así con la madre de tu hija, sabes? No es honorable."
"Nada honorable" apoyó Nabiki, comentario que al parecer, tanto al Ranma del futuro como al del presente les había disgustado "¿Verdad, tía Nodoka?"
"Si, nada honorable. Y tampoco es varonil."
Su familia en el reflejo asintió con la cabeza. Todos y cada uno voltearon a verlo con ojos recriminatorios. Todos buscaban hacerlo sentir culpable, bien lo sabía Ranma muy bien. Y al final estaba Akane; la Akane del reflejo giró la cabeza e hizo un gesto de desagrado.
"Bueno, tengo que irme" Ranma vió como su otro "yo" se levantaba lentamente de la mesa "Ya mero son las tres, y yo tengo que dar la clase…"
"Tú te quedas" una Akane malhumorada y algo pasada de peso le dirigió una mirada asesina "Al menos si quieres dormir esta noche bajo techo, baka."
"Pero…"
"Será mejor que le hagas caso, Ranma" la Nabiki del futuro esbozó una sonrisa "A no ser que quieras que otro mazo gigante se estrelle en la cabeza."
Akane asintió con la cabeza.
"¿Capicchi?"
Ranma (el adolescente) miró como su reflejo miraba a todos lados, bajaba la cabeza y daba un suspiro, derrotado.
"Si, mi amor."
Ranma, que todavía recordaba el chantaje reciente de Nabiki, tensó sus músculos. El chico soltó un gruñido y las manos que tenían metidas en sus bolsillos se volvieron sendos puños. No, esto no podía terminar así. Ni soñando.
Antes era preferible la muerte.
O en su defecto, soportar un mazo gigante en la cabeza y la desaprobación de todos los demás.
—Vaya, aquí estás, Ranma—una voz conocida y por completo inesperado lo encaró—No es muy correcto que andes ocultándote para evadir tus compromisos, ¿sabes?
—Yo nunca evado mis promesas—Ranma encaro a sus amigos, Hiroshi y Daisuke—¿Qué quieren?
—Míralo Hiroshi, se hace el desentendido—Daisuke volteó a ver a su amigo—Típico de Ranma, ¿eh?
—Sí, típico de él—asintió a su vez Hiroshi—Pero no se nos va a escapar, ¿eh, Daisuke?
—Por supuesto que no. ¡La fiesta está por empezar!
Los tres empezaron a caminar, aunque de entre ellos Ranma era el único con las manos en los bolsillos y la cabeza cabizbaja.
—¿De qué están hablando?
—De verdad…¿de verdad no lo recuerdas?
Ranma volteó a verlos.
—¿Recordar qué?
Tanto Hiroshi como Daisuke bajaron los hombros y una gota de sudor bajó por sus nucas. Ranma miró los boletos en las manos de sus amigos y lo recordó todo.
—Saben, no estoy de humor para esas tonterías—repuso Ranma mientras empezaba a caminar otra vez y pateaba una piedra que se había interpuesto en su camino—Mejor vamos otro día, ¿de acuerdo? Tengo cosas más importantes en que pensar.
Como en las palabras de la anciana, por ejemplo.
—Sabía que tendría miedo de ir—comentó Daisuke de forma socarrona mientras giraba los ojos para ver a Hiroshi—Tal parece que Akane no le dió permiso, ¿eh?
Algo en la mente de Ranma se rebeló. Furioso, avanzó hacia ellos y arrebató el boleto de las manos de Daisuke.
—Ella no puede mangonearme—Ranma regresó el dinero a las manos de Hiroshi—Y se los demostraré.
Media hora más tarde y varios accidentes de tráfico después, los tres amigos llegaban a una de las calles más visitadas de Tokio. Aunque no era una calle visitada por gente honorable, precisamente.
"¿A Kabukicho?" el taxista había levantado una ceja, gesto que pasó desapercibido incluso para Ranma "Entiendo."
A los ojos expertos del taxista, era obvio que los tres jóvenes en edad escolar solo podían ir a un barrio así por una cosa.
La vida de Ukyo Kuonji no era todo lo que ella deseaba, pero se había sentido razonablemente satisfecha con ella. Había pasado por muchos sinsabores y penas a lo largo de su vida (originadas por cierto ladrón que había huido con el puesto de su padre), pero la mayoría de estas habían sido auto infligidas y Ukyo había estado dispuesto a pasar a través de ellas; vengarse de Ranma Saotome había sido durante muchos años su preocupación principal.
Pero las cosas habían cambiado, y la persona a la que más había odiado durante todos esos años había regresado a ser el amigo que ella seguía deseando…con todo el poder de su corazón.
Cosa que suponía a su padre no le caería muy bien que digamos.
Nunca se había sentido tan nerviosa. Había tomado el tren desde Tokio hasta Osaka con el propósito explícito de ver a su familia, después de una ausencia de varios meses, pero en lugar de sentirse aliviada, lo único que había conseguido era sentirse más culpable, tanto que incluso había pensado en rentar una habitación tras haber llegado el viernes para no tener que encarar a su padre aquella misma noche. Pero no lo había hecho y su padre la había recibido de buena manera; la había abrazado fuertemente y le había alborotado el pelo.
"Padre" Ukyo había juntado ambas manos y hecho una pequeña reverencia "Me presento…"
"Oh, dejémonos de formalidades, hija" el señor Kuonji había caminado hacia delante y respirado de su cabello "Me alegro de verte."
El señor Kuonji la abrazó otras tres veces y le señaló un asiento; quería agasajarla cuanto antes. Se sentaron a comer y su papá comentó como quien no quiere la cosa:
"Hacía tiempo que no venias a verme."
Ukyo se sonrojó. En un era de trenes rápidos y un Japón moderno en el que un viaje de Tokio a Osaka era cosa de dos horas, sencillamente no había excusa para no visitar a su padre más seguido.
"Yo..Yo he estado ocupada. Verás.."
"No tienes que explicarme nada" el señor dejó de comer e interpuso una mano entre los dos "¿Sigues con tu venganza, ¿eh?"
Ukyo no dijo nada, pues en ese momento tenía un bocado especialmente ente los dientes. Pero no pudo dejar de sentirse culpable.
Ukyo regresó al presente y siguió caminando cabizbaja bajo su cielo natal, cielo que durante el pasado año no había tenido ocasión de visitar. No era provincia: a pesar de no ser la capital del país, Osaka era una ciudad industrial próspera y muy diferente a la ciudad de su infancia. Caminó por su antiguo vecindario, recorrió las viejas tiendas de su niñez que todavía seguían en el mismo sitio y saludó a viejos conocidos, algunos de los cuales la habían ayudado en su búsqueda por la perfección de su saber culinario y habían sido indulgentes con ella cuando niña. Pero seguía algo desanimada…Las palabras de su padre la habían afectado fuertemente.
Suspiró y siguió caminando; le gustaría que con ella estuviera Konatzu, aunque fuera solo para gritarle órdenes y así animarse un poco.
—Pero que linda te has puesto, Ukyo chan—una de las ancianas que más la recordaba había extendido la mano y la había sujetado por el mentón—Te has convertido en una linda señorita. Me alegra que hayas regresado a ser la que eras antes.
Ukyo fue humilde y asintió en gesto de agradecimiento, aunque más por respeto que por otra cosa. Si había empezado a vestirse como hombre había sido por Ranma en primer lugar.
La mujer hizo un gesto y la chica la siguió. Entraron a una tienda (ya mucho más grande de lo que Ukyo recordaba) y pasaron a la casa detrás de esta.
—De seguro se debe a un novio, ¿eh Ukyo chan?—la anciana esbozó una sonrisa cómplice y le dio un codazo leve en las costillas—¿Es guapo?
Ukyo asintió otra vez, aunque tratando de ocultar en todo momento cualquier gesto delator. Ranma no era su novio, y había empezado a aceptar que quizás no lo seria nunca.
—No es mi novio, pero somos buenos amigos.
Algo en la palabra "amigos" se sintió como si hubiera tragado una pastilla amarga.
—Pues me alegro por ti—la anciana le ofreció un asiento—Debe ser alguien muy especial si ha hecho que empieces a liberar un poco más tu personalidad femenina.
La mujer siguió hablando, jurando y perjurando que era una gran satisfacción para ella que Ukyo hubiera abandonado sus antiguas maneras y empezara a vestirse y comportarse menos severamente. Sin embargo, la anciana lamentó que Ukyo no hubiera hecho el cambio completo; según la mujer, era una lástima que Ukyo no se vistiera de una forma completamente femenina.
—Tienes un buen cuerpo, querida—la anciana caminó alrededor suyo y la examinó concienzudamente—Muy bonito en verdad. No me extrañaría que un tu escuela los trajeras todos locos. ¿Has tenido que usar tu espátula?
—Sí.
—Ya lo decía….—la mujer le dedicó una sonrisa—Los hombres no cambian ni siquiera a través de las épocas. Aunque la mía fue distinta y eran más discretos.
Ukyo aguantó lo más que pudo; pasaron treinta minutos antes de que decidiera marcharse de ahí pretextando una excusa. Finalmente se fue de ahí y volvió a caminar, esta vez de regreso a casa.
"Sabes, Ukyo chan" la anciana la había abrazado y le había susurrado algo al oído antes de que la chica se marchara "Tu padre está muy orgulloso de ti."
"Orgulloso de mi?"
"Orgulloso de ti. No hay mucha gente que esté dispuesta a permitir que su hija adolescente viva sola, ¿sabes? De una manera u otra, te has ganado su confianza."
—Mierda.
Ukyo siguió caminando y pronto llegó a su casa. La recibió un aroma a Okonomiyakis bastante delicioso.
—¿Papá, eres tú?
—¡Ukyo!—una voz fuerte le gritó desde la cocina—Ahorita voy contigo, hija. Estaba esperando tener lista la cena antes de que llegaras.
—No importa, me gusta ayudar—Ukyo sacó de entre sus ropas una espátula más pequeña y se dirigió a la cocina.
—De ninguna manera. No te he visto en al menos un año y eres mi invitada. Déjamelo a mí. Tú.. Tú puedes servir la mesa.
Ukyo no discutió. Su padre pronto términos su platillo y se sentaron juntos a la mesa; el señor pasó varias veces su mano sobre el cabello de su hija.
—Te has puesto muy hermosa, Ukyo. Eres igual a tu madre.
Ukyo se sonrojó. Sabía que no había halago más grande que pudiera provenir de él.
Mientras tanto, y en otra parte, otro chico con pésima suerte pero con mejor vista se despertaba en la cama de una clínica. Se trató de incorporar inmediatamente y mirar a su alrededor; una mano se apoyó en su pecho y lo detuvo.
—Yo no te recomendaría eso—la voz del propietario de la mano era inconfundible—Aún estás muy malherido, Ryoga kun.
Ryoga había despertado en medio de la oscuridad, y solo el ruido de los rayos y de las gotas de lluvia lo habían traído de vuelta a la consciencia. Alguien prendió la luz y Ryoga alzó la cabeza: delante de él estaba el doctor Tofú.
—¿Cuánto tiempo llevo así?
—Yo diría que al menos un día—el doctor Tofú alzó la tetera a su lado y sirvió una taza—Pero desde que te encontré han pasado 14 horas. ¿Gustas una taza de té?
Aquella era más bien un aviso que una orden, por lo que Ryoga agarró la taza entre sus manos sin rechistar y se llevó el líquido a los labios. La mezcla lo reconfortó, aunque no podía dejar de seguir notando dolor en las articulaciones en que lo había golpeado Katsunishiki. Le dio un vistazo a toda la habitación: era pequeña, con un armario en el lado izquierdo de la cama al lado de la puerta y pintada de azul. Alzó un poco más la cabeza y alcanzó a ver su mochila dentro del armario y sus ropas colgadas de un perchero: se sintió exhausto.
—Tuvo que haber sido una pelea bastante brutal la que tuviste con Ranma.
Ryoga no dijo nada; ser vencido por el guardaespaldas cuadrúpedo de su novia no era algo de lo que cualquiera pudiera hablar libremente. Tofú Ono se levantó de su silla y abrió la ventana. Ryoga se cruzó de brazos y se amodorró sobre su cama.
—La siguiente vez que lo vea lo aplastaré—Ryoga se enfocó en el otro único hábito que en aquel momento parecía tener sentido y que parecía poder ofrecerle algo de alivio a su atribulada conciencia—¡Y será mejor que entonces Ranma esté preparado para morir!
El doctor soltó un suspiro: conocía a Ryoga lo suficiente como para esperar, si no esa, una respuesta parecida.
—Veo que sigues igual de enojado con él—el doctor abrió la ventana para que entrara el aire fresco—¿Qué es esta vez, Akane?
El tono ligeramente diferente del doctor Tofú molestó a Ryoga. No estaba seguro: ¿acaso el resultaba tan predecible, o el doctor lo estaba juzgando? Ryoga decidió que no valía la pena concentrarse en eso; se sentía más que culpable por Akari…además de que enojarse con el doctor que lo estaba atendiendo sería una descortesía.
—Como sea, ya tendrás tiempo de encarar a Ranma después—Tofú ignoró la momentánea hostilidad de su paciente, agarró una toalla y la colocó sobre su cabeza—Ahora necesitas descansar.
Otro rayó volvió a sonar, y Tofú abandonó la habitación. Ryoga se quedó solo.
Con su conciencia.
Ryoga dió otro sorbo a su té. Una profunda somnolencia lo invadió, y cinco minutos después yacía durmiendo sobre su cama. Pero el suyo no era en modo alguno un sueño tranquilo.
Traidor.
Fenómeno.
MONSTRUO.
Y lo peor de todo, soñó a Ranma también. Solo que él no estaba triste.
Estaba sonriéndole.
"¿Qué pasa, Pechan?" un Ranma como el que había conocido en los viejos tiempos lo miró hacia abajo, vestido como novio y sujetando a Akane a su lado "¿Te quedaste sin novia?"
"No le hagas caso a ese cerdo, amor" Akane apoyó una mano sobre el pecho de Ranma y le dio la espalda a Ryoga "Aléjate de mí, Pechan."
Pechan alzo una pezuña e intentó tocar la pierna de Akane. Esta retrocedió inmediatamente, horrorizada.
"¡No me toques!" Ryoga soñó como Akane daba un grito de asco "¡No te atrevas a tocarme! Después de todo lo que has hecho….. ¡No me extraña que incluso Akari piense que eres un monstruo, Pechan!
Ryoga sintió que el mundo se le partía en dos. Sintió un dolor en el pecho. Vió a toda la gente que significaba algo para él, mirándolo para abajo o ignorándolo, despreciándolo. Odiándolo por su comportamiento inexcusable y por lo que había hecho.
"Estaba sólo, ¿está bien?" Ryoga logro transformase en humano y giró, gritándole a todas aquella figuras que lo miraban de manera sardónica "¡Completamente sólo! Ustedes no saben lo que es tener una maldición como la mía, ser consciente de que poder morir en cualquier instante, vivir siempre en soledad, incapaz de saber cuándo volveré a ver a mis seres queridos! ¡Ustedes no saben lo que es extrañar el calor de una mujer!
"Pero tenías una mujer" un Ryoga completamente oscurecido en penumbras le sonrió desde la oscuridad "¿Y no te portaste demasiado caballeroso con ella, ¿o sí?
"No, por favor, Ryoga, esto no está bien" el ente extendió una mano, y al instante la oscuridad dio paso a todas las veces que Ryoga había forzado la mano de Akari "Yo.."
"Oh por favor Akari, no hay de qué preocuparse. Después de todo eres mi prometida, ¿no?[12]
Un gemido resonó en la mente de Ryoga: aquella vez éste había forzado a Akari hacer algo que ella no quería. El ente frente a él empezó a reírse. Y Ryoga ya no pudo más.
"¡Cállate!" Ryoga se lanzó contra la versión más oscura de sí mismo, la tiró al piso y empezó a molerla a puñetazos "¡Cállate!¡Maldito seas, cállate!
Las manos de Ryoga se llenaron de sangre, pero no cejó en su empeño, hasta que el rostro de su antagonista quedara casi completamente irreconocible.
Casi.
"¡No, por favor, Ryoga, no, por favor, no…" desde abajo, la voz de Akari le llegaba de la que hasta hacía pocos segundos había sido la cara de su otro yo "Ya no quiero, no…"
"No, por favor no" esta vez las palabras salieron de la boca del propio Ryoga, bajo cuyos puños estaba el cuerpo de una prometida que había estado dispuesta a darlo todo por él "Qué…¿Qué estoy haciendo?"
"¿Qué sucede Ryoga?" la voz sarcástica de Ranma le llegó desde detrás "¿Teniendo problemas con tu conciencia?
El Ranma en su cabeza soltó una carcajada; bajó la mano y la metió dentro del vestido de Akane.
"Mira como me divierto, Ryoga" Ranma volteó a verlo y esbozo una sonrisa llena de maldad "Yo me caso con Akane, mientras que tú…"
"!No!" Ryoga se rebeló contra un destino que parecía más que negro "¡Esto no puede terminar así! Shishi Hokodan!"
La habitación a su alrededor explotó y varios cientos kilos de escombros le cayeron encima; Ryoga recuperó inmediatamente la conciencia y un doctor Tofú y una enfermera bastante pechugona se abrieron paso entre los pedazos de concreto para comprobar que estaba bien.
—Estoy bien, estoy bien—Ryoga tosió un poco y se levantó por sí mismo—Yo..
—Vamos, hay que salir de aquí—el par lo fue guiando y lo condujeron a otra habitación—Espérame aquí.
El doctor abandonó el lugar y la enfermera se quedó a atenderlo. Lo recostó sobre la cama; Ryoga no obedeció inmediatamente y la enfermera empezó a revisar su cuerpo. Estaba bastante malherido, y su pecho estaba negro de la cantidad de contusiones que había recibido de Katsunishiki. La mujer movió las manos de manera experta y empezó a vendarlo; primero limpió otra vez sus heridas y envolvió su cuerpo con una cinta de gasa bastante fuerte.
—Deberías alejarte de Ranma.
El doctor Tofú entró entonces a la habitación y Ryoga se sintió incapaz de verlo. ¡Era por su culpa por lo que una habitación de su clínica había saltado deshecha en mil pedazos!
—Yo lo siento mucho, Tofú sensei—Ryoga se pasó una mano por la cabeza mientras se moría de la vergüenza—Yo..Este... Le prometo que no me marcharé hasta reparar el daño.
—No te preocupes por eso, que el seguro cubre por todo, Ryoga kun—repuso el doctor—Aunque ambos tenemos mucha suerte de que por el momento nosotros tres seamos los únicos en la clínica….Sólo no lo hagas otra vez.
El adolescente asintió y el doctor Tofú descolgó el teléfono. Lo que siguieron fueron quince minutos bastante vergonzosos, en los que Ryoga pudo darse cuenta de la cantidad de destrozos que había hecho. No tuvo que llorar; el tipo del seguro de accidentes lo haría por él.
—Bueno, esto está hecho—el doctor hizo un gesto y la enfermera abandonó la habitación— Pero en serio, pienso que deberías alejarte de Ranma.
Ryoga iba a contestar de mala manera: "¿Y cómo por qué?" fue la respuesta que más rápido se le vino a la cabeza. Pero eso sería una grosería, especialmente después de que el doctor lo hubiera atendido después de que haberle destruido una habitación. Aceptó la taza humeante que el galeno le ofrecía y optó mejor quedarse cayado
—Especialmente si sueños así te hacen tener episodios como este.
—¿Y cómo supo que estaba soñando con Ranma, doctor?
—Me lo acabas de decir—repuso el doctor con un sonrisa.
Esta vez, y por muy cortés que quisiera ser, Ryoga Hibiki no pudo evitar hacer una mueca salvaje en la que resaltaban su incisivos prominentes. Se reprendió a sí mismo.
—No quiero que te molestes, Ryoga kun, pero como doctor, es mi responsabilidad velar por el bienestar de mis pacientes. Y es por eso que me siento obligado a advertirte que tu enemistad con Ranma te terminará matando.
—¿ Y por qué piensa eso, Tofú sensei?
—Porque la tuya es una lucha sin futuro.
Era un comentario que de tan inesperado le hizo olvidar a Ryoga por un momento que era también la clase de opinión que por tener algo de razón no deseaba escuchar. Y entonces sintió fuertes deseos de marcharse cuanto antes de ahí: disfrutar de los cariños de una mujer era una cosa, pero que un hombre te tuviera lástima era otra.
—Quizás sería mejor que me fuera, doctor—Ryoga se incorporó de la cama—Usted de seguro tiene cosas mejores que atender.
Tofú Ono no dijo nada; por toda respuesta volvió a agarrar la tetera y sirvió otra taza.
—¿No me detendrá?
Tofú agarró un poco de azúcar, la echó en el té y se lo extendió a Ryoga.
—Nadie puede detenerte, y yo no te obligaré a quedarte en un lugar en el que no quieres estar. Pero, ya que lo dices, permíteme hacerte una pregunta. ¿Por qué tu animosidad con Ranma?
Era una pregunta que Ryoga no se esperaba. En absoluto.
—Pues porque es un engreído, abusivo, intolerable, deshonesto y tramposo patán—contestó Ryoga como si fuera lo más obvio del mundo—Alguien como él no se merece a alguien como Akane. ¡Y porque él es la causa de todos los problemas en mi vida!
—¿Quieres decir que él es el responsable de que te conviertas en Pechan?
Parte del té se atoró en la garganta de Ryoga de forma tan violenta que no pudo evitar toser y escupir sobre la cama. Tofú se acercó a él y lo ayudó rápidamente.
—¿Cómo sabe lo de Pechan?
—Bueno, tenía mis sospechas—repuso Tofú, encogiéndose de hombros— Además, no te encontré en tu forma humana precisamente. Estabas tan malherido que cuando te sumergí en agua caliente ni siquiera te despertaste. Aunque, y para ser tan categórico, tú también te has portado bastante deshonesto con Akane, Ryoga kun.
—No, yo no necesito excusas, Ryoga—el doctor alzó una mano e impuso su silencio sobre las excusas balbuceantes del chico—Quien tendría que escucharlas es Akane. Y si Ranma ha sido capaz de hacerse de la vista gorda, sin duda es porque sabe que no intentarás sobrepasarte con ella…y porque sin duda es mejor contar con un aliado dispuesto a protegerla bajo el mismo techo que Happosai. Pero…
El doctor hizo una pausa; terminó de sorber su té y al terminar bajó la taza.
—Pero…¿Hasta cuándo, Ryoga? ¿Hasta cuándo seguirás empeñado en una lucha en la que no ganarás?
Ryoga alzó la ceja.
"Así que el doctor también es de los que piensa que jamás podré ganarle a Ranma".
—Venceré a Ranma —Ryoga se terminó de abrochar la camisa y se echó su mochila a la espalda—Y usted y todos los que dudan de mi habilidad estarán ahí para presenciarlo. Solo recuerde mis palabras.
—No es tu rivalidad con Ranma, sino tu futuro lo que me preocupa, Ryoga—Ono lo miró a los ojos— Eres joven. Y por lo que sé, tienes novia. ¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Acaso no deseas poder disfrutar de una vida normal? Por culpa de esta rivalidad podrías perder ambas cosas.
Por un momento las palabras del doctor Tofú parecieron hacerle mella. ¿No era eso lo que había lastimado tanto a Akari, que antepusiera sus obsesiones a ella?
Pero él no entendía. De hecho, nadie que no fuera un Hibiki podría entenderlo.
Todos en su familia necesitaban un destino.
Y el suyo era vencer a Ranma Saotome.
Por supuesto, Ryoga se daba cuenta del peligro que corría. Se daba cuenta de que una vida tras de Ranma lo alejaría para siempre de Akari.
Pero fue entonces cuando regresó a la realidad y recordó que no la merecía.
Ella le había correspondido con un amor puro y sincero y él lo había roto en mil pedazos.
—Yo ya no tengo novia—los ojos de Ryoga alcanzaron a brillar con dureza antes de que su dueño abandonara la habitación—Y ya jamás podré tener una vida normal gracias a Ranma.
Tofú Ono se alzó los lentes y observó por la ventana como Ryoga se alejaba de su clínica; no lo quería decir en voz alta, pero le tenía lastima al chico perdido.
"Tanta rivalidad…."
Por supuesto, el carácter obsesivo de Ryoga no era un rasgo desconocido entre los combatientes más fuertes de Nerima. Tofú Ono había tenido tiempo para saberlo bien. Ranma tenía su obsesión por ser el mejor, por ejemplo, y él también había compartido tal carácter al estudiar su carrera de medicina. No por nada gozaba de la aprobación de sus pacientes; el mismo se había esforzado por emular a su padre y ser un doctor excelente. Pero tal característica en Ryoga parecía denunciar un vacío; era obvio que gracias a esa obsesión hacia Ranma, Ryoga se había convertido en el combatiente y artista marcial tan fuerte que había llegado a ser.
Y por un momento, se preguntó si su animosidad hacia Ranma era la única forma que tenía de equilibrar su existencia solitaria, salvando así su integridad mental.
"Me pregunto si Ranma es la brújula que necesita" Ono abandonó la habitación en cuanto se aseguró de que Ryoga había desaparecido tras el horizonte "¿Será por eso que siempre vuelve a él?
—Aléjate de mí—repuso Ranma en otro lugar con voz gruesa—Si mi prometida se entera que estoy aquí, es capaz de matarme.
La chica frente a él lo miró con una sonrisa irónica. Ella y su amiga se habían acercado al joven Saotome con segundas intenciones; ni bien se habían bajado los tres del taxi y caminado unos cuantos pasos cuando las dos chicas se les habían echado encima. Pero de nada les valió.
—Pues entonces no debiste haber venido, cariño—la chica se acercó aún más al joven y le acercó las nalgas—¿Seguro que esa chica es más bonita que yo?
—Seguro que no—repuso la amiga con una voz maliciosa—Por algo está aquí.
Amabas mujeres soltaron una risita y se alejaron sonriendo. Ranma se estremeció; si Akane se enterara que estaba en un lugar como ese…
—Ni bien acabamos de llegar y Ranma ya está espantando a las chicas—Hiroshi apoyó una brazo sobre el hombro de Daisuke—Vaya cosa, ¿eh?
Ambos soltaron una carcajada bastante fuerte. Ranma observó la calle en la que los había dejado el taxista y frunció el entrecejo; estaba lleno de antros, mujeres con minifalda y bastantes gurentai.
—Bueno, acabemos con esto—les contestó Ranma con una gruñido—¿Dónde está el lugar?
—No debería estar lejos de aquí—Daisuke se sacó los boletos del pantalón y les echó un vistazo—local 4568….¿En qué parte de la calle estamos?
Era difícil distinguir las direcciones en medio del mar de luces, pero pronto lo hicieron; el número más cercano a ellos era el 37.
—Maldición—Ranma volvió a gruñir—pudimos haberle pedido al taxista que nos llevara más lejos.
—Ranma, deja de portarte como una nena llorona y camina—respondió Daisuke—Estás arruinando la diversión.
—Si, además no puede estar tan lejos—lo apoyó Hiroshi—Esta calle está llena de locales.
Pero resulto que si lo estaba. Caminaron por varias cuadras, alejándose de la zona más bulliciosa y acercándose a la parte más retirada de la calle.
Y maloliente.
Aquello era muy extraño: No estaban en un país del tercer mundo y sin embargo frente a ellos estaba un garito que a todas luces era de mala muerte.
Los tres chicos localizaron el local que estaban buscando y sacaron sus boletos.
—No puede ser este—Hiroshi miró el boleto entre sus manos una y otra vez—Se ve muy…
—Sucio, sí—el sakkijutsu de Ranma se activó por una causa que no supo definir, pues no se sentía amenazado por una amenaza mortal—Dudo mucho que incluso Happosai quisiera venir aquí.
—Vaya cobardes—Daisuke los miró con desaprobación, aunque en su voz también relucía la duda—Como si nos fuera a pasar algo. Y aunque lo hiciera, aquí está Ranma con nosotros, ¿no?
Ranma tuvo que conceder que Daisuke tenía un punto. Estando él con ellos, no había oportunidad de que nada malo pudiera pasarles.
—Bueno, supongo que tienes razón—Hiroshi, a pesar de todo, no estaba muy convencido.
Ranma tomó la iniciativa y entró; inmediatamente un matón le impidió la entrada. Hiroshi y Daisuke intentaron explicarse.
—Lárguense.
Algo en el corazón de Ranma se iluminó: si el matón se negaba a dejarlos a entrar, sencillamente daría media vuelta y se iría, su honor intacto. Su ánimo alcanzó nuevas alturas….
—No, espere, nosotros tenemos unos boletos… Mire.
El matón examinó los boletos y les hizo un gesto con la cabeza.
—Entren antes de que me arrepienta.
…aunque sólo para caer aún más bajo.
Entraron, y la mandíbula de Ranma cayó a sus pies.
Ranma miró a su alrededor, tratando de fijarse en todo menos en la mercancía que ofrecía el local. El lugar era muy amplio, con una gran cantidad de compartimentos privados detrás y una cantidad abrumadora de clientes, la mayoría de ellos tan desagradables como Happosai. Y en las esquinas había….
Ranma no pudo evitarlo; estaba en juego algo más que su serenidad mental. Se dio un puñetazo.
—¿Qué sucede?
—Nada. Yo… Acabo de ver algo.
Lo que Ranma acaba de ver era una película porno, la cual estaba siendo pasada en las cuatro pantallas de plasma de las que disponía el lugar en cada esquina. Inquieto, movió la cabeza y buscó un lugar lo más alejado del bullicio; no lo encontró y tuvo que conformarse con sentarse al lado de la barra. Se sintió deprimido. Nunca le había gustado ir a lugares como esos.
Su único consuelo es que él no era el único que se sentía fuera de lugar; Hiroshi y Daisuke no lo estaban haciendo mejor.
—Yio meh sietho halgadgho de tenbherla aqupi señorittha—Hiroshi habia balbuceado un monton de palabras cuasi ininteligibles— Es usted muy hermosa.
La mujer sobre Hiroshi apoyó una mano sobre su vientre y lo miró, zalamera. Daisuke no estaba mucho mejor: Ranma hubiera podido jurar que acaba de perder la consciencia por unos segundos.
—Idiotas.
Tanta lata que le habían dado y resultaban ser más patéticos que él.
—¿No quieren que les traiga algo, cariño?—a ellos se había acercado una mesera, también extranjera y con una caderas anchísimas que movía ostentosamente—Parecen tener sed.
—A mhi traigahme una bo bo botella de sa sak sak sake—Hiroshi casi perdió la consciencia en cuanto la chica se sentó sobre sus piernas—Cariño.
—¿Y tú?
—Uha cer cerveza estará bien.
—¿Y tú?
La mesera había volteado a ver a Ranma. Éste trató de mantener la compostura y pidió lo que le parecía lo más lógico; era fuerte, pero no sabía cuál era la resistencia de su cuerpo al alcohol y no quería terminar como el resto de clientes a los que había visto vomitar en el piso.
—A mi tráeme una taza de café.
—¿Es en serio?—la chica alzó una ceja—¿Una taza de café?
Tanto Hiroshi y Daisuke le dirigieron una mirada de incredulidad. Ranma no quería que volvieran a cuestionar su virilidad (en especial dos idiotas que no habían dejado de tartamudear desde su llegada al local) así que pidió una Corona con limón.
La chica se le quedó viendo como si hubiera dicho algo flagrantemente estúpido; giro la cabeza y se marchó.
Algo en la nuca de Ranma se sobresaltó; al principio pensó que eran los gemidos falsos de las meseras alrededor, pero un vistazo rápido le mostró que no era así. Uno de los gurentai estaba hablando con la mesera, la cual a todas luces parecía ser nueva. Ranma se dio cuenta que quizás se debía a que los tres habían gastado mucho dinero; probablemente se estaban preparando para tomar ventaja de ellos. Pero algo en la cara de la mujer no cuadraba; la extranjera no veía al matón con un gesto de complicidad…
Lo veía con un gesto de miedo.
Ranma parpadeó un par de veces. ¿Por qué le debería tener miedo aquella mujer a su compañero? Por más que se esmeró en oír sus palabras el ruido del local no lo dejó escuchar.
—Si quieren, podemos disponer de un lugar aún más íntimo—la mujer volvió y los miró con una sonrisa—¿Les interesa?
—Saben, tengo que irme—fuera lo que fuera lo que estaba planeando el matón, Ranma no tenía interés en averiguar que era—¿Vienen o se quedan?
Ranma les dirigió una mirada a sus compañeros de parranda, pero estos no parecieron haberlo oído; seguían mirando a sus acompañantes demasiado arrobados como para contestar.
—¿Pero cuál es la prisa, cariño?—a diferencia de Hiroshi y Daisuke, una de las mujeres si lo había oído—No te ponemos nervioso, ¿verdad?
Las chicas soltaron una carcajada que le pareció abominable. Se parecían extraordinariamente a las de Nabiki.
—Sí, Ranma, ¿cuál es la prisa?—Hiroshi lo miró mientras la mujer a su lado soltaba una risita tonta—No te estarás arrepintiendo, ¿o sí?
—Por supuesto que no. Es sólo que mañana tengo que entrenar y...
Las chicas frente a él lo miraron de reojo.
—Es que están demasiado gordas.
Ninguno de sus dos amigos dijo nada; se miraron el uno al otro y empezaron a reírse.
—Típico de Ranma, ¿eh?
—Sí, típico de él.
Ranma reprimió un impulso de golpearlos en la cabeza y empezó a alejarse.
—Y yo que pensé que era el más masculino de los tres.
Ranma se paró en seco. Ya lo habían molestado los comentarios de Hiroshi y Daisuke, pero el hecho de que un trio de mujeres cuestionara su hombría con tono de maldad era inadmisible. ¡Nadie, jamás, diría que Ranma Saotome era lo suficientemente hombre!
—De acuerdo, cambié de opinión—Ranma no tenía ni idea de lo que planeaban aquellas tres, pero se volvió con ellos, se sentó con los brazos cruzados y adoptó una posición enfurruñada—Me quedo.
No pasaron ni veinte minutos sin que Ranma se diera cuenta que aquello había sido una mala idea. Apenas habían entrado al privado (que venía con un jacuzzi incluido, jabón perfumado y varios paquetes de condones encima de una mesa) las chicas se habían quitado incluso la ropa interior y habían empezado a moverse de una forma que incluso Shampoo hubiera encontrado reprensible,
—¡Oh, dioses!
—¡Kami!
Hiroshi y Daisuke se llevaron ambas manos a la cara, tratando inútilmente de contener la hemorragia nasal. Ranma por su parte, se había volteado de cara a la pared y había empezado de darse de golpes en la cabeza:
—Sabía que no debía venir aquí, sabía que no debía, Akane me matará, me matará y cuando acabe conmigo Nabiki no tardará en vender mis huesos, me ma…
—¿Qué pasa, nenes?—una de las chicas, la de los ojos atigrados y cabello castaño se acercó a ellos con coquetería—No los vamos a morder, saben?
—Bueno, sólo que no quieran—su amiga, una mujer aún más alta y con la piel aún más oscura afirmó con la cabeza—No tienen que ponerse nerviosos.
Las dos volvieron a reír. Comparado con atender viejos pedorros depravados y malolientes, atender a jóvenes tan ingenuos como estos sin duda sería la gloria.
—Solo déjennoslo a nosotras. `
Cinco minutos después, Ranma había tenido suficiente. Se había negado en redondo a "atender" las insinuaciones de su chica, pero ella seguía ahí, impertérrita.
—Vamos, si te tapas la cara te vas a perder toda la diversión—una chica morena, alta y que obviamente no era japonesa lo miró con coquetería—¿Seguro que no quieres divertirte conmigo?
Ranma hizo lo que parecía lo más lógico; huir. Miró a Hiroshi y Daisuke (que hacía rato que habían perdido la conciencia) y salió al balcón de su privado en el segundo piso. Aspiró una bocanada de aire; esa chica extranjera era exuberante. ¡Rayos, era igual de exuberante que Shampoo!
"No debiste venir aquí" la voz de su conciencia le habló con un tono parecidísimo al de Akane " Sabías que era mala idea. Y ahora…
Ranma miró hacia abajo, y se le cayó el alma a los pies. Eso era….
—¡No, no puede ser, ahora no, mierda!
—¿Qué pasa, Saotome? ¿Aún no casado y ya engañando a tu prometida?
Ranma dejó de golpearse el vientre para bajarse la erección y volteó a todos lados buscando al dueño de aquella voz.
—¡Mousse!
Aquella voz resultaba inconfundible.
—Sabes, había llegado a pensar mejor de ti—Mousse giró la cabeza desde su posición en el barandal y le dirigió una mirada de desprecio al barrio circundante—Encontrarte en un lugar como este…Me pregunto qué diría Akane Tendo si se enterara.
—¿Buscas pelea? —preguntó Ranma, alzando una ceja.
—Tranquilo, no le diré nada—Mousse le sonrió con desprecio y dio media vuelta—Tengo mejores cosas que hacer que informarle a una adolescente sobre las infidelidades de su novio transexual. Muchas más cosas.
—¡Oye!—Ranma alzó el puño y se dispuso a saltar detrás de él—¿A quién le estas llamando transexual, pato ciego?
Pero Mousse no le prestó atención. Por un momento pareció haber olvidado por que estaba ahí; un trueno iluminó la noche y Ranma pudo verlo sobre la barandilla del edifico al frente, ensimismado.
—Sí, tengo mejores cosas que hacer—susurró Mousse, aunque más para sí mismo que otra cosa—Muchas más cosas que hacer.
Ranma parpadeó un par de veces. ¿De qué estaba hablando, Mouse?
—Aquí tierra a Mousse, ¿me captan? ¡Mousse!
El adolescente chino salió de su ensimismamiento, aunque solo porque Ranma le tiró un tomate encima.
—¡Akane Tendo es una estúpida por confiar en alguien como tú, Saotome! ¡Menos mal que Shampoo ya se dio cuenta de que tan puro es mi corazón! ¡Adiós!
El chico chino se alejó y Ranma pudo oír el frufrú de las ropas de Mousse contra el viento. De que estaba hablando?
—¡Cállate, imbécil!—Ranma se llevó ambas manos a la boca y le gritó una grosería—¡Yo nunca le he fallado a Akane!
—¿Qué pasa, Akane?—en otro lugar, una pequeña mujer de cabello azulado no pensaba lo mismo—¿Acaso Ranma te dejó plantada?
Akane volteó a ver a su hermana y soltó un gruñido. Ranma y ella habían quedado aquella noche; se suponía que ambos tenían que estar ahí para el concierto de Teresa Teng. Pero Akane había esperado media hora afuera de la escuela y Ranma ni sus luces…Estaba empezando a dudar de él.
—Para nada, Nabiki—Akane rehuyó la mirada de su hermana—Seguro tuvo un problema.
—Pues esperemos que ese problema no sea uno llamado Kodachi, ¿eh, hermanita?
Akane no pudo evitar traicionarse a sí misma: la mirada que le digirió a su hermana mayor dijo más que mil palabras.
—Oh vamos, sabes que no lo dije en serio, Akane—por una ocasión Nabiki se arrepintió de su comentario—Además, Kodachi ya ni siquiera está en Japón.
Las orejas de Akane no pudieron evitar moverse.
—¿En serio?
—Sí, se fue con su hermano al Reino Unido a no sé qué—Nabiki se encogió de hombros—Los voy a extrañar...Bueno, al menos a su dinero. ¿Mejor para ti, eh?
Akane cruzó los codos.
—No sé por qué lo dices.
Un trueno sonó en el cielo; en ese mismo instante ambas supieron que iba a llover y buscaron donde guarecerse. Nabiki extendió su paraguas y se despidió de Akane.
—Tú sabrás—Nabiki le hizo un gesto con la mano que tenía libre—Y no te preocupes: tratándose de Ranma, lo más probable es que ni siquiera se haya fijado en la fecha que traían los boletos. ¡Adiós!
Akane hizo un gesto también y se guareció aún más dentro del umbral. La tormenta arreciaba. Se había esmerado tanto en su vestido…. Sólo esperaba que Ranma llegara antes de que la lluvia lo arruinara.
"Ryoga jamás te haría esperar"
Akane volteo hacia todos lados, sin poder identificar la voz que le había hablado. No supo de donde le había venido la idea; pero ahora, y mientras esperaba a su prometido en medio de la lluvia, le pareció cargada de razón.
"Ranma" pensó la chica para sí misma "¿Dónde estás?
Esperaría a Ranma otra media hora….Luego no sabría qué hacer.
En otro lugar (a bastantes kilómetros de ahí) Ukyo Kuonji regresaba a su casa después de haber paseado por los barrios por algún tiempo por los barrios de Osaka. Se había limitado a recorrer las calles y observar de lejos, y la lluvia que sobre ella caía no le importaba en lo absoluto…. Tenía cosas más importantes en las que pensar.
"Sabes, me gustaría haber estado ahí cuando les diste su merecido a ese patán de Genma" tuvo que haber sido magnifico."
"Sí, lo fue" Ukyo recordó la conversación que había tenido con su padre "Fue genial."
"No tengo ninguna duda de eso" su padre la miró con satisfacción "¿Quieres más salsa de soya?"
"Sí, muchas gracias" Ukyo atacó su comida con todo lo que tenía "Lo único malo es que no tuve otra forma de hacerle pagar que darle una buena paliza. No tiene ni donde caerse muerto."
"Ese haragán" la mirada del señor Kuonji se obscureció "Me arrepiento mucho de haber permitido de que se interpusieran en nuestra camino, hija. Si hubiera sido inteligente, ellos no se hubieran ido con nuestro puesto de Okonomiyaki y nosotros no hubiéramos tenido que pasar por tantas penurias."
Ukyo se estremeció. Sólo había oído ese tono de voz contadas veces, y solo cuando su padre pensaba que ella estaba en peligro y estaba dispuesto a matar.
"Todo eso es historia vieja, papá" comentó con cautela "Olvidemos el pasado."
"Tienes toda la razón" su padre abandonó por completo su actitud y adoptó una más jovial "Aunque espero que le hayas roto también todos los huesos a ese tal Ranma. Sería una pena que después de que hayamos tenido que sacrificar tantas cosas por culpa suya se haya ido sin recibir su merecido."
Ukyo tragó saliva. Se sentía culpable de haberle mentido a su padre. Y tenía miedo también. A pesar de haberle dado rienda suelta a Ukyo, su padre tenía un carácter sumamente fuerte que la hacía temblar de vez en cuando.
Quizás, lo mejor que podía hacer era tratar de estimular su paladar.
Ukyo sabía que su padre había salido, así que decidió tomarse el tiempo de comprar provisiones en una de las tiendas. Seleccionó los ingredientes cuidadosamente, regreso a su casa lo más rápido que pudo y empezó a cocinar; al instante un aroma más que sublime empezó a inundar la habitación. Pero pronto notó que le faltaba un ingrediente. Buscó en la alacena hasta que finalmente lo encontró.
Inquietantemente, también encontró algo más.
Ukyo parpadeó muchas veces, incrédula y negándose a creer en lo que veía. Pero el papel ahí estaba: era una nota de embargo.
"Pero esto es imposible" Ukyo no comprendía lo que estaba pasando "A papá no le puede estar yendo tan mal en el negocio…¿o sí?
"No te preocupes, Ukyo, no necesitas pagar por mi" la chica recordó como su padre había insistido en pagar el helado que ella había querido en lugar de dejarla pagar por ambos "Sé que pareciera que la he pasado mal últimamente, pero la fortuna finalmente me ha sonreído y he podido hacerme con algo de dinero extra, ¿sabes?
Ukyo se tranquilizó a sí misma, diciéndose que seguramente su padre tenía muy buenas razones para estar tranquilo; regresó a la cocina y terminó de prepararlo todo. Para cuando su padre llegó, la mesa estaba servida.
—Me alegro que te guste, papá—Ukyo sonrió, complacida al ver la expresión de su padre—¿Por qué no te sientas? Yo te atenderé.
—Esto estuvo delicioso—el señor Kuonji se acarició la barriga inmediatamente después de haber terminado de comer—Tu mano ha mejorado mucho, hija. Creo que incluso tu uso de los condimentos ha superado al mío.
—Gracias, papá, aunque creo estás exagerando…Aunque no ocultaré que tus palabras me hacen muy feliz.
Era verdad: su padre era su maestro, y que un chef de su reputación y altura le dedicara esas palabras era todo un logro.
—Pues se dé algo que te alegrará aún más—el señor recogió un paquete que hasta ese entonces había estado oculto entre sus piernas y se lo pasó a su hija—Ábrelo.
Ukyo lo abrió inmediatamente y sus ojos se abrieron desmesuradamente.
—¡La espátula del bisabuelo! ¡No es posible!
—Así es—su papá sonrió, satisfecho—Sigue luciendo igual de impresionante, ¿eh?
Así era. Aquella espátula, que había permanecido en la familia por más de diez generaciones, era una de las causas por las que Ukyo se había vuelto cocinera en primer lugar.
—¡Pero pensé que estaba perdida!—Ukyo no alcanzaba a comprenderlo—¿Cómo es que pudiste encontrarla?
—Bueno, es que nunca fue robada en primer lugar—repuso su padre—Cuando ese maldito imbécil robó nuestro puesto de Okonomiyakis tú te enfermaste gravemente y pues…La empeñé.
Ukyo miró a su padre; regresó a ver la espátula y miró de nuevo a su padre.
—Afortunadamente, aquel prestamista no pudo vender un objeto de este calibre, y él no fue lo suficientemente inculto como para fundirlo, así que pensé que sería buena idea recuperarlo con la idea de heredártelo…Me costó mucho trabajo convencerlo, pero me pude hacer con una cantidad considerable de dinero encima y ya ves….Pienso que merece la pena celebrar que te has convertido en una verdadera chef.
Ukyo miró a su padre con la boca abierta, sin alcanzar a comprender. El señor Kuonji sonrió de satisfacción al ver la cara estupefacta de su hija y continuó.
—No sabes lo orgulloso que estoy de ti, Ukyo; has abierto tu propio negocio y te mantienes a ti misma; trabajas arduamente y sin embargo encuentras tiempo para ir a la escuela y estudiar. Tu mano[13] ha mejorado de una forma aún más magnifica de lo que lo hizo la mano de tu padre a tu edad y más aún, has sido capaz de vengar tú sola y sin ayuda de nadie nuestra dignidad lastimada y recuperar nuestro honor perdido tras la llegada de ese infeliz. No podría estar más orgulloso de ti.
Y de repente Ukyo comprendió. ¿Lo has hecho tú, lector? Su padre había querido usar el dinero para pagar la hipoteca, pero al ver a su hija había pensado que recompensarla era mucho más importante y había actuado en consecuencia. Para él, no importaba si se arriesgaba a perder la casa…o el restaurante.
—Lo lamento, pero no la puedo aceptar—Ukyo devolvió el tesoro familiar a las manos de su padre—Le he fallado.
Ukyo no pudo aguantar más. Cayó de cuclillas e hizo una profunda reverencia. No lo soportaba: su padre siempre había estado ahí, la había querido, le había dado el beneficio de la duda y la había apoyado siempre; y Ukyo sólo le había correspondido desperdiciando su tiempo y contándole mentiras. Se sentía sucia.
—¿Ukyo?—su padre no comprendió—No hace falta actuar con modestia, hija, la mereces. Cierto que tendré que apretarme el cinturón, pero saldré adelante y…
—No la merezco—de los ojos de Ukyo habían salido un par de lágrimas— No he vencido a Ranma.
Aquella fue la vez del papa de Ukyo de lucir estupefacto; miró a su hija sin comprender.
—Bueno, si no has podido vencerlo todavía no importa mucho, hija—su padre trató de reconfortarla—Él ya era muy fuerte y….
—Es mi amigo. Lo he perdonado. Y yo…yo sigo queriendo casarme con él. Lo lamento.
El señor Kuonji se recuperó de la sorpresa inicial: La mirada del papá de Ukyo se endureció y sus ojos adoptaron una luz siniestra.
Y lo que era más grave, sus puños se cerraron fuertemente.
—También yo.
De vuelta en el barrio de Kabukicho, el hijo de Genma Saotome tenía otras cosas en las que pensar, cosas que no envolvían a Akane Tendo o a Ukyo Kuonji, precisamente.
Y tampoco es que podamos reprochárselo.
Porque sin duda, estar en un Soapland lleno de yakuza apuntándole con armas de fuego era una cosa que ameritaba toda su atención.
"Están ustedes todos locos" cinco minutos atrás, Ranma había mirado al gurentai que se había acercado a él con la cuenta como si al Yakuza se le hubiera fundido el cerebro "¿Cómo se supone que voy a pagar todo esto?"
Ranma zarandeó a Hiroshi y Daisuke, pero los dos estaban inconscientes y borrachos.
"¡Pero si nosotros traíamos boletos!"
El gurentai juntó ambas manos y apretó los nudillos.
"Paga."
"¿Qué sucede?"
Por fin sus amigos habían empezado a levantarse. Ranma les explicó la situación no sin antes darle un par de coscorrones; aquello los despertó y Ranma les enseñó la cuenta.
"¡Pero esto no puede ser!" a Daisuke la peda[14] se le bajó inmediatamente "¡Pero si nosotros teníamos boletos!"
El gurentai no dijo nada; por toda respuesta hizo una seña y más patanes entraron a la habitación.
"Pero sin duda encontraremos dinero para pagarles" se apresuró a añadir Hiroshi "Vamos, saquen la lana" alcanzó a decir entre dientes "A mí no me alcanza para hacerme responsable de todo esto…"
"Cuando vine con ustedes me prometieron que no pasaría nada de esto" Ranma se sintió con derecho a dirigirles un reproche " ¡¿Y ahora tenemos problemas con un banda de Yakuza?!"
Y es que a pesar de la luz tenue de los focos, aquellos tatuajes eran inconfundibles.
De vuelta en el presente….
—Tranquilo, entre todos deberíamos tener dinero para pagar esto—Daisuke empezó a buscar entre los bolsillos —Aunque cuando mi padre se entere de esto va a matarme.
—Bueno, pues si no pagamos estos tipos van a matarnos— contestó Hiroshi —Dudo que incluso Ranma sea capaz de esquivar balas.
Pero por más que buscaron y buscaron, el dinero no aparecía. Los gurentai desenfundaron sus armas de fuego y volvieron a mirarlos; Ranma agarró la factura y se acercó a ellos. Era su última oportunidad.
—Miren, estoy seguro que podemos llegar a un acuerdo— Ranma se acercó a ellos; los matones no perdieron el tiempo en rodearlo —Sí nosotros….¡Corran!
Una lluvia de puños llovió sobre los Yakuza: uno de ellos cayó vomitando inmediatamente al piso del daño que Ranma le había hecho y los otros quedaron inconscientes. Hiroshi y Daisuke intentaron descolgarse por la ventana; desgraciadamente para ellos, Ranma no tenía mucha paciencia.
—¿Qué esperan? ¡Muévanse!
—Oye, no todos somos artistas marciales—protestaron sus dos amigos—¿Tenemos miedo de rompernos los huesos, sabes?
—¡Muévanse!
Ranma les dio un empujoncito y los dos estudiantes cayeron aparatosamente. Los tres empezaron a correr.
—Vaya de la que nos salvamos… ¡Eso estuvo cerca!
—Es la última vez que vengo con ustedes a un sitio como este, bola de idiotas—protestó Ranma—Eso pudo haber terminado muy mal.
Ranma podía ignorar a su padre en muchas cosas, pero uno de los consejos más apropiados que le había dado su padre era "No te metas en problemas con la policía." Y el otro era "No te metas con los Yakuza."
—Oye, yo no tenía idea de que algo así pasaría—se defendió Daisuke—Además, se divirtieron, ¿no es así?
—Sí, claro, muy divertido—repuso Ranma—Ja. Ja. Ja.
—Que pesado eres, Ranma—su amigo no pudo evitar alzar una ceja—Pero al menos tú si te divertiste, ¿eh, Hiroshi?
—Esa colombiana estaba impresionante—asintió este—Hasta me dio su número de teléfono.
—Sí, pero sólo porque te bajó todo tu dinero—repuso Ranma, pesimista.
—Por supuesto que no—repuso Hiroshi, herido en su amor propio—Hasta me dijo que nunca había tenido un cliente tan limpio y caballeroso como yo: me dibujo un corazón en el papel... mira.
Hiroshi se metió la mano en el bolsillo, pero resulto que no tenía nada. Molesto, estrelló su puño en la palma de su mano derecha.
—¿Lo perdiste?
—Sí. Lo metí con mi cartera, y al parecer….
El corazón de Ranma se le cayó hasta los pies,
—Dime que eso era lo único que venía en tu cartera.
—Desgraciadamente no. En ella venía algo de cambio, facturas y..
—¿Y una identificación?
—Sí, la de la escuela. ¿Por qué lo preguntas?
Ranma no contestó: dio media vuelta y empezó a correr. Hiroshi y Daisuke se miraron al uno al otro.
—Tal parece que a Ranma le gustaron las colombianas, ¿eh?
—¡No es eso, idiotas!—a pesar de correr a toda prisa, Ranma tuvo tiempo de un último regaño—¿De verdad creen que esos Yakuza van usar esas tarjetas para mandarnos flores?
A diferencia de su padre, a Ranma si le preocupaba meterse en problemas; no tenía intención de permitir que una banda de matones ciertamente peligrosos se acercaran al dojo Tendo, no si podía evitarlo.
Ranma llegó rápidamente al local saltando entre los techos y saltó sobre el balcón. Pero se llevó una sorpresa.
Uno de los matones le estaba pegando severamente a una mujer.
Ranma la reconoció inmediatamente; era la chica que había mirado con miedo al mismo patán anteriormente y que había tratado de seducirlo. Sólo que ahora tenía la cara llena de moretones.
Y ahora miraba a su verdugo mucho más aterrorizada.
Ranma se acercó sigilosamente y prestó atención. La chica no estaba sola; junto a ella, sus demás amigas estaban siendo golpeadas sin piedad.
—Llévenselas de aquí—el que parecía al mando dio una orden que los otros se apresuraron a seguir—Yo me encargaré de esta ramera.
—¡No, por favor, no es mi culpa!
—¡Cállate!—el matón le dio una patada que estuvo a punto de tirarle los dientes—Enseguida me encargaré de ti. Desde que llegaste no has estado causando más que problemas.
—Pero si yo traté…
—¡Que te calles!—el hombre volvió a pegarle—Si hubieras hecho tu trabajo, ese tipo hubiera estado borracho y esto no hubiera pasado….
Aquello era más de lo que Ranma podía soportar; hasta ese momento, había estado esperando el momento oportuno para actuar. Pero saltó; un puño de hierro se incrustó contra la cara del matón y destruyó su mandíbula.
—¿Qué demonios?
Los demás Yakuza giraron inmediatamente, dejando su carga y tratando de desenfundar sus armas para acabar con Ranma. Pero este no les dio ninguna oportunidad: saltó hacia ellos y los noqueó usando el Amaguriken…aunque no lo suficiente rápido como para evitar recibir un rozón de bala en la espalda.
"Sabía que era mala idea" Ranma se pasó una mano por la herida pero al ver que sólo había sido un rozón se tranquilizó inmediatamente "Menos mal."
—¿Estás bien?
La chica lo miró también a él con terror y se alejó de él. Pero Ranma fue paciente.
—Vamos, tengo que sacarte de aquí—Ranma había recuperado las identificaciones de su par de amigos—Hay que llevarte al hospital.
—Pero mis amigas…
—No te preocupes por eso, ellas estarán bien—Ranma pensó que lo mejor era salir de ahí—Pediré por ayuda.
—¡No lo entiendes!-la chica gritó completamente histérica—¡Si me marcho las matarán!
-—Entonces llamaré a la policía—Ranma dejó a la mujer y se acercó a uno de los matones y le sacó su celular—Ellos se harán cargo.
La chica volvió a gritar, pero esta vez un torrente de palabras en un idioma que no era el japonés salió de su boca. Ranma la miró extrañado: ¿Qué estaba diciendo? La chica se dio cuenta y trató de volver a usar el japonés:
—¡Pero ellos las matarán! Nosotras no…Ellos…¡Son tratantes de blancas!
Ranma iba a contestar algo, pero en ese mismo instante una lluvia de balas llovió sobre él, así que de un puntapié hizo volar la silla más cercana y la lanzó contra los demás Yakuza. Ellos interrumpieron sus disparos por un momento y Ranma saltó hacia ellos, despachándolos rápidamente con el Umisen ken.
—Escucha, quiero que te marches cuanto antes de aquí y llames a la policía—la vacilación y la duda desaparecieron de la voz de Ranma—Yo me encargaré de que nada les pase a tus amigas, ¿está claro? ¡Vete!
La chica asintió y abrió el teléfono. Pero no sabía a qué número de teléfono llamar… ni cómo usar un teléfono celular en japonés.
—¿Qué estas esperando?
—¡No se cómo usarlo!—le contestó la chica, completamente histérica—¡Ni siquiera cual se cuál es el número de la maldita policía!
Ranma sintió ganas de darse de topes en la cabeza, pero ignoró tal urgencia y le arrebató el teléfono celular. Marcó el número y le tiró el teléfono a la colombiana.
—¡Ahora vete!—otra ola de matones había intentado entrar al cuarto, pero Ranma se había escondido detrás de la puerta y los noqueó conforme iban llegando—¡Deprisa!
La chica asintió y saltó por el balcón. La operadora le habló pero la colombiana no pudo decirle nada; en un momento tan estresante como ese, la chica se olvidado como se pronunciaba todo excepto su propio idioma.
—¡Necesito ayuda!—la chica empezó a hablar en español—¡Es urgente!
—¿Disculpe?—la operadora no le entendió—Si esto es una broma…
-¡Esto no es ninguna maldita broma!¡Necesito ayuda!
Afortunadamente, los disparos provenientes del local eran lo bastante elocuentes como para que la operadora supiera que era lo que estaba pasando; la mujer al otro lado del teléfono preguntó por la dirección. La colombiana no le entendió al principio, pero después de escuchar varias veces la pregunta captó la idea y buscó la placa con el nombre de la calle. Afortunadamente para ella, la placa también incluía el nombre en Romanji: los practicantes del habla hispana por lo general no tienen ningún problema al pronunciar la romanización.
En ese mismo instante sonaron otras dos docenas de balazos; estos resonaron en todo el edificio y el pánico se apoderó de los clientes en el lugar. Ranma entró en todos los cuartos, noqueando a clientes y a Yakuza por igual y liberando a las mujeres una por una.
—Vamos, hay que salir de aquí—Ranma le tiró una sábana a la chica delante de él y la llevó hacia la puerta—¡Vamos!
La chica estaba confundida, pero hizo lo que le había indicado y puso pies en polvorosa. Ranma avanzó hacia la otra habitación, pero no encontró a las chicas que buscaba; en su lugar, se encontró a una japonesa, pálida, atemorizada y desnutrida.
—¿Dónde están las colombianas? ¿Dónde?
La chica estaba demasiado atemorizada como para hablar, pero le señalo otra habitación y Ranma fue hacia ella. Echó la puerta abajo inmediatamente; los matones tenían desenfundadas sus armas de fuego y Ranma se dio cuenta de que habían estado a punto de matarlas.
—¡Es ese maldito!—los gurentai se olvidaron del par de chicas que tenían amordazadas y le apuntaron a Ranma en la cabeza—¡Mátenlo!
Los Yakuza dispararon, pero Ranma ya lo había previsto; se dejó caer al piso y le tiró una patada al objeto más cercano: la maceta voló y se impactó contra la cabeza de uno de los matones, forzando a los otros a retroceder y alejarse de su compañero, que seguía disparando pero ahora con una maceta en la cabeza.
—¡Suelta esa arma imbécil!—uno de sus compañeros empezó a gritar—¡Nos matarás a todos!
Ranma volvió a saltar y le tiró una patada. El gurentai se dobló sobre su estómago y cayó al piso; el matón que quedaba apuntó a Ranma y trató de dispararle. Pero Ranma fue más rápido, así que le hizo una llave a su muñeca y le forzó a tirarla; Ranma la recogió, lo empujó contra la pared y le apuntó con ella.
—¡Mátalo!—las chicas habían conseguido zafarse de la mordaza que las tenía calladas—¡Mátalo! ¡Mata ese asqueroso hijo de …!
¿Están locas? —para Ranma, la idea de matar a otra persona era completamente inadmisible—¡Ademá, la policía está a punto de llegar!
"No te metas en problemas con la policía."
Ranma recordó las palabras que su padre. Así que hizo lo que su cerebro en alerta máxima le estaba exigiendo que hiciera; huir.
—¡Alto o disparo!—los policías acababan de llegar en sus patrullas y Ranma había saltado por encima de ellas para escaparse—¡Detente!
El uniformado disparó, pero en ese momento Ranma había doblado la esquina y se perdió en la distancia. El oficial sacó su radio y se dispuso a ordenar que lo siguieran, pero otra mano lo detuvo.
—¿Señor?
—No hace falta que pidas refuerzos—el sargento alcanzó a ver un último destello del chico de la trenza—Es gracias a él que todos estos aún están aquí.
El oficial al principio no comprendió al sargento, pero finalmente lo logró:
—¿Quiere decir que él solo fue capaz de neutralizar una guarida llena de Yakuza?
El sargento asintió, y ambos empezaron a inspeccionar el lugar. El daño era impresionante: el edificio sin duda tendría que ser reparado antes de que alguien pudiera volver a disponer de él. Examinaron rápidamente a los matones que encontraron y revisaron de reojo sus heridas; algunas de ellas estaban bastante mal.
—Pues quien quiera que haya sido, tuvo que haber tenido el poder de una máquina—el oficial soltó un chiflido que hubiera podido ser interpretado tanto de admiración como de incredulidad—¿De verdad no cree que debimos haberlo seguido, señor? Que alguien de su habilidad trabaje para otro líder Yakuza no es un buen prospecto…
—El chico no trabaja para los Yakuza.
El oficial entornó los ojos. Era obvio que su jefe sabía algo. Prefirió hacerse el desentendido y volvió a inspeccionar el lugar. A su lado, uno de los matones soltó un gemido de dolor; tenía la mandíbula y cinco costillas rotas.
—Tenemos que buscarlo, señor—el oficial había intentado callarse, pero ya no pudo hacerlo más—50 yakuzas heridos, treinta y cinco de ellos bastante graves y el edificio cayéndose a pedazos...No hay manera de que podamos explicar todo esto.
Como oyendo sus palabras, un pedazo de pared severamente agrietado eligió ese momento para caerse. El oficial soltó una maldición y se quitó el polvo de encima.
—Encontraremos la manera.
—¿Señor?
El sargento sacó una cajetilla y prendió un cigarrillo.
—Además, sé perfectamente donde vive.
Y ahora algunas notas:
Elena 79: efectivamente, Kodachi sencillamente estaba en el momento y lugar apropiados, aunque eso Akane no lo sabe XD.
Guest: Ni si siquiera yo sé quién terminará con quién, honestamente XD. Gracias por la info.
[1] La princesa Ori, capítulo 148.
[2] Nodokita; en México, a menudo usamos el diminutivo para expresar cariño. Supongo que en Japón sería correcto decir Nodoka chan.
[3] Ya tenía pensado en un dialogo así, pero después de releer el fic "Heian Conglin" decidí incluir el dialogo de brown phantom aquí. Sólo espero que el desgraciado actualice su fanfic!
[4] En muchos fanfic, especialmente los que están escritos en inglés, se dice que Nodoka es de ascendencia Samurái.
[5] No sé si incluir en esta historia aspectos de mi otro fic, infidelidad.
[6] "La Saga de Shampoo y Mousse" del Dr Facer.
[7] Sylphé: diosa protectora de las Amazonas, al menos según el fic de "Sayonara Amazonas" de Mu-Tzu Saotome, el cual recomiendo muchísimo. Además, el personaje de Perfume la chica en este fic es un homenaje al suyo.
[8] The best way to translate it is: I am telling you this cause I care about you.
[9] Soldado del amor, de Mijares.
[10] Tomarle la medida.
[11] Aquí tengo que hacer una aclaración. Hay un fic que ando buscando (pero de cuyo nombre no me acuerdo) en el que Ranma ve como sería su vida de casado con cualquier mujer a la que le ponga la mirada encima. Si ustedes saben que fic es, les pido de la manera más amable (por favor!) que me lo digan.
[12] Se acuerdan de cuando Ranma se hizo pasar como la prometida de Ryoga? No me extrañaría que éste se hubiera comportado de la misma forma con Akari.
[13] In Spanish, you can say "Me gusta la mano de ese cocinero" to say you like the way he cooks.
[14] "Peda, la peda" manera en que le decimos a la borrachera.
