(Bueno, aquí está el siguiente capítulo. En este caso el capítulo es mucho más corto, pero para la mejor lectura del mismo busque los siguientes videos en YouTube, acomódelos en un playlist uno detrás de otro y disfrute del fanfic. La experiencia será mejor que si no lo hiciera. O si tiene flojera y no quiere hacer un playlist o no sabe cómo hacerlo, busque el nombre de estos videos y pongo una detrás de otro conforme se vayan acabando, o ponga música tenebrosa. Por algo estamos en día de muertos)
Red Steel [Music] Katana Giri Theme
Música para relatos de Terror "Pandora's Music Box By Nox Arcana"
Dead Silence soundtrack
Ария - Тебе дадут знак
http /pfcl1p43Mfw
Aclaraciones:
Chico = a boy.
Chica = a girl
Carta= a card.
La señal
"La tirada de Los Amantes, La Muerte y el Diablo siempre indican el fin de una relación por una infidelidad o por las malas mañas de una tercera persona…Siempre. Siempre… Salvo cuando esa misma tirada sirve para describir el sumergimiento de una persona en la maldad."
Te será dada una señal/ Mío, la adivina amiga de Akane/ La Anciana con el Espejo Humeante/La Muerte de un Alma
—Oh dioses, les doy las gracias.
La anciana prendió una ramita de incienso y se inclinó ante el altar familiar con la seriedad y solemnidad que la ocasión ameritaba. Y los dioses frente a ella le devolvieron la mirada.
—Oh, Hachiman, poderoso protector del Japón y señor de la Guerra, te doy las gracias.
La señora volvió a hacer otra reverencia mientras un rayó conmovió el cielo y una nueva oleada de agua le caía encima. A la anciana no le importó; tapó el incienso con una mano para que no se apagara. Otro rayo cayó cerca, pero la Anciana continuó rezando, inconmovible.
—Oh Bishamonten, santo patrono de los Guerreros y los Guardias, te doy las gracias.
Las gotas de lluvia resbalaron por los rostros de piedra, impertérritos ante la incomodidad de la Anciana, que empezó a toser. Ya no estaba para esos trotes: era una mujer normal, humana, con muchísimas arrugas y con ojos apagados por la neblina del tiempo. Pero hizo un esfuerzo y reasumió la compostura: nada se interpondría entre ella y la promesa que había hecho ya tiempo atrás.
Aquella mujer se volvió a inclinar y soltó un quejido. La tormenta arreció, y la artritis paralizó la movilidad de sus huesos. . Pero ni así se dio por vencida: en algún lugar, una diosa tan vieja como el tiempo mismo sonrió y alzó la mano.
—Y a ti, oh Kannon, santa diosa de la Misericordia, a ti es a quien más te doy las gracias, pues trajiste a mi hijo de vuelta al Japón.
Un rayo cayó sobre la casa, produciendo un ruido ensordecedor e iluminando el patio de la casa japonesa. La Anciana había hecho una reverencia tan sincera y tan profunda que había tocado el lodo del piso con su frente.
—Oh, santa Kannon, te doy las gracias porque ni aún en el momento más oscuro lo abandonaste….Y le permitiste tener una vida plena y feliz.
Pero aquel gesto sincero no duró por mucho.
—Por Dios, abuela, no se te puede dejar sola ni por un momento sin que empieces a cagarla—una voz atronadora sonó detrás de ella— ¿Qué rayos haces aquí?
La Anciana reclinada sobre el techo soltó una mueca mientras veía como la mujer era rodeada por dos pares de brazos fuertes y forzada a levantarse. La mujer no se molestó en contestar las recriminaciones de uno de sus nietos y volvió a tratar de inclinarse.
—Sólo cumpliendo una promesa.
—Sólo cumpliendo una promesa—repitió éste de mal humor—¿Y porque tienes que cumplir una promesa a las 12 de la noche y en medio de una tormenta, si puede saberse?
La anciana no pudo evitar contestarle en tono de reproche:
—Los dioses no esperan.
—Los dioses están muertos.
La anciana se tapó los oídos como si hubiera oído una blasfemia especialmente grosera. Por encima de ella, la otra Anciana esbozó una sonrisa de desprecio.
Fue entonces cuando la mujer se dio cuenta que algo andaba terriblemente mal. Aterrorizada, volteó sobre el hombro de su nieto y miró el altar familiar.
Y descubrió que se estaba cayendo en mil pedazos.
—¡Piedad, oh Kami!
Les había sido dada una señal.
Y fue en ese entonces que Mío[1], aquella compañera de Akane aficionada a leer las cartas de Tarot que además era una adivinadora excelente, se levantó de su cama inmediatamente, habiéndose despertado improvisadamente después de un día que a todas luces le había parecido normal.
Pero por alguna razón, se sentía mal.
Al principio la chica no le dio importancia, y asumió que se debía a las incomodidades que todo viaje transoceánico traía consigo. Acaba de volver a Nerima tras un viaje al otro lado del mundo; era imposible sentirse cómoda en un viaje que durara más de una docena de horas, y más si la pasajera al lado tuyo era una gorda insufrible que tenía como costumbre rascarse las extremidades de manera más que obscena. Pero al bajar de la terminal, y aunque en cierta forma se sintió mucho mejor, el sentimiento de inquietud no se difuminó, sino todo lo contrario: desde el primer momento en que puso un pie de regreso en el Japón fue capaz de sentirlo.
"Hija, me alegro de verte" su padre la recibió con un abrazo "¿Qué tal estuvieron las vacaciones de mi princesa?"
Mío asumió que sus padres se habían guardado sus propias sensaciones para sí mismos con el afán de no incomodarla, pero después de llegar a la casa familiar y tras una cena llena de comentarios algo triviales, la chica llegó a la conclusión de que en realidad no tenían ni idea.
"¿Y la abuela?"
"Oh, ella está bien" "Sencillamente se la pasado durmiendo todo el día y no tenía hambre. ¿Por qué no nos cuentas como te fue en los Estados Unidos, cariño?"
Mío tomo como evidencia aquel comentario como una prueba de que había estado en lo cierto. Sus padres eran mejores adivinadores y augures que ella, pero al parecer eran insensibles al sentimiento de zozobra a su alrededor. Pensó en subir y pedirle consejo a la abuela (una señora ya grande y algo lunática), pero pensó que si sus padres no habían sido capaces de sentirlo mucho menos lo haría ella. Todos sabían que no había tocado siquiera una carta desde que había dejado el negocio familiar. Como fuera, pensó que sería buena idea hacer una pregunta, así que…
"Mama, papá, no ha pasado nada raro últimamente?"
"¿Raro como qué?
Mío de ninguna manera consideró la respuesta de su madre como una evasiva; la señora había contestado brevemente y luego se había limpiado la boca con una servilleta. Su madre siempre había sido una mujer de buenos modales.
"No sé, como algo fuera de lo normal" "¿Qué le ha pasado a mis compañeros de escuela?"
Mío pensó y no sin cierta razón, que si sólo ella era capaz de sentir el aura de angustia a su alrededor era porque ésta se relacionaba sólo a ella. Pero sus dos progenitores se encogieron de hombros.
Y ahora, y en medio de la noche, Mío se había levantado con una sensación que le atenazaba la garganta.
Aquella no era una chica que se asustara fácilmente, pero volteó hacia todos lados; a pesar de no temerle a la oscuridad, las sombras en su cuarto se veían siniestras, así que prendió la luz y se obligó a si misma a serenarse. Era ridículo: en la oscuridad no había nada que pudiera dañarla: había visto sombras amenazantes en cada rincón de su habitación por que se sentía inquieta. Cerró los ojos, respiró tranquilamente por dos minutos y luego los volvió a abrir.
El truco había funcionado: ya con la mente más tranquila, los miedos irracionales que habían invadido su mente se habían desvanecido tan rápidamente como habían llegado, aunque la sensación de inquietud permanecía ahí…. lo cual evidenciaba que algo andaba terriblemente mal.
Mío analizó la situación de una forma bastante lógica. No podía tener nada que ver con ella ni con su familia; el viaje que habían hecho había resultado más que perfecto y ninguna tribulación o imprevisto había perturbado su viaje. Además, había realizado una lectura de Tarot antes de subir al avión y todo había salido normal. Su regreso a Nerima había sido agradable y sus padres lucían felices; así pues, ¿Qué estaba mal? ¿Cómo podía saber que estaba pasando? No tenía idea, a no ser…
Mío sacó su bola de cristal de entre su equipaje aún sin acomodar y se preparó para desentrañar las brumas del futuro.
Solo que aquella vez las brumas del futuro no tenían la menor intención de que alguien pudiera desentrañarlas.
Mío parpadeó un par de veces. No era solo que la bruma dentro de la esfera se negara a aclararse, sino que todo lo que veía dentro era confusión. Sin más. Pura y absoluta confusión.
Trató con el siguiente método de adivinación que conocía, pero tampoco dio resultado. Y con otro. Y con otro. Y con…
¡Aquello era increíble! La adivinación astral no había funcionado, ni la numerología, ni tampoco lo había hecho ninguno de los otros métodos que ella conocía. El único sistema que le había dado una pista era el del mapa en el tablero; cuando había extendido un mapa de la zona de Tokio el péndulo en su mano había señalado claramente a Nerima, pero hasta ahí había llegado toda la ayuda. Si tan siquiera tuviera más información….
Y entonces la respuesta surcó su mente: el Tarot.
La chica se dio una palmada en la cabeza. ¡Por supuesto! Las cartas no eran el método más apropiado para despejar su inquietud, pero eran su punto fuerte y nunca le habían fallado. Así que sacó un manojo de cartas de la cómoda al lado de su cama y empezó a barajarlas Aquellas cartas habían sido especialmente hechas para ella de manera artesanal: las imágenes eran bellas y el sello mágico al reverso era potente. Una vida dedicada al arte familiar de la adivinación había desarrollado en ella un sexto sentido, y claramente algo alrededor de ella andaba mal, así que….¿porque no preguntárselo al Tarot?
Mío se sentó apropiadamente y revolvió el mazo de cartas: concentró su mente en la tarea adelante; necesitaba enfocar toda su atención. Coloco frente a ellas un trapo negro y se dispuso a usar la tirada que creyó que más le convenía.
Pero se detuvo.
Mío se dio cuenta del error que estaba a punto de cometer: usar una tirada compleja antes de tener una idea general de lo que estaba pasando sólo confundiría las cosas. Mío quería saber qué estaba pasando: como era natural, las posibilidades y eventos eran casi infinitas y las respuestas posibles también lo serían. Así que optó por la tirada más sencilla: aquella que consistía en una única carta.
El juicio
La chica volvió a barajar las cartas y tiró otra vez.
El Mundo/La torre partida por el rayo
Mío parpadeó un par de veces. Las cartas nunca le habían fallado, pero tampoco le habían hablado tan flagrantemente nunca.
El Juicio /La Muerte/ El Mundo
Mío le dirigió a las tres cartas una mirada consternada. Aquella tirada no le decía nada…. O por el contrario, lo decía todo. Volvió a barajear el mazo y tiró otra vez: el resultado no fue inesperado, pero si le sorprendió su franqueza y la magnitud de lo que parecía sugerir.
La Torre partida por el Rayo/ El Juicio/ El Mundo
El viento entró por la ventana lo suficientemente fuerte como para mover las cortinas y causarle un escalofrío. Empezó a barajar de nuevo las cartas, pero algo la detuvo.
—Tú también lo has sentido, ¿eh?
Mío dió un respingo tan fuerte que tiró las cartas aparatosamente; en esos momentos se hallaba tan receptiva que la voz de su abuela a través del marco de la puerta la había asustado de verdad.
—¡Abuela!—la chica volteó a ver el semblante de su antepasada, que en aquel entonces lucia bastante serio—¡Me asustaste!
—Ya se te pasará—repuso aquella mujer, mientras señalaba aquellas cartas que su nieta había dejado caer—¿Conoces a una pareja así?
Mío miró hacia el lugar que estaba señalando la abuela y miró sobre su regazo… Y un gesto de estupor recorrió su cara.
—¿Qué significa esto, abuela?—le preguntó su nieta mientras señalaba las tres últimas cartas—¿Qué puede significar una cosa así?
Una estación de trenes en Tokio siempre es algo digno de ver, al menos para el turista extranjero que sólo ha tenido la oportunidad de usar otros sistemas ferroviarios más arcaicos o con infraestructura algo más defectuosa. Como fuera, el moderno sistema de trasporte japonés ofrece muchísimas ventajas, entre ella un buen servicio, puntualidad y una capacidad de movimiento especialmente rápida. Tales trenes bala están entre la lista de símbolos del Sol Naciente; su capacidad de viajar cientos de kilómetros en apenas una hora es una cualidad que ningún japonés entusiasta deja de recalcar a todo aquel que le haga un comentario al respecto.
Especialmente si sabe que el único tren al que su interlocutor ha abordado es el tren suburbano de Chicago.
Como fuera, había una… ¿extranjera? a la que nada de esto le importaba, a pesar de ser la primera vez que había usado tal lugar. Cómo mucho alzaría una ceja: aquella era una muestra de ingenio, nada más.
Ahora, y en Osaka, aquella mujer ahora tenía que tomar el autobús, así que caminó hacia la parada más cercana y se sentó sobre una banca guarecida por un cristal transparente. Esperó—por primera vez en mucho tiempo—con actitud paciente la llegada del aquel vehículo que se acercaba en la oscuridad. Miró hacia el cielo, y sintió como un rayo cayó por encima de ella; la luz resultante iluminó por un momento las facciones serenas aquella mujer. A su lado, la niña que en aquel momento era cargada por los brazos de su padre volteó a verla y miró hacia el reflejo del objeto que había captado su atención. Un objeto negro, negrísimo, circular y que en su interior parecía tener humo….
—Vamos, todos ustedes, ¡muévanse! ¡Tenemos escoria que masacrar!
Aquel vejestorio empezó a divagar, absorta en sus propios pensamientos; por su parte, aquella niña de menos de 4 años de edad la siguió mirando mientras se chupaba el dedo. Aquellas imágenes captaban toda su atención, aunque a decir verdad, no las comprendiera ni pudiera alcanzar su significado; pero aquellas imágenes eran interesantes de ver y atrajeron toda su atención.
Y empezó a escuchar.
—Dolor.
La niña parpadeó un par veces. Pero aquel espejo de ¿piedra negra? obró su magia y otras imágenes aparecieron frente a ella; los restos de la magia que el propio objeto había convocado y que por alguna razón desconocida había decidido mostrarle.
—No me refiero a eso, Akane— aquella niña supo al momento que una voz como aquella sólo podía provenir de una hermana mayor, pues era tan razonable que llegaba a lastimar —Dentro de poco Ranma va a empezar a comportarse como un perrito tratando de subirse a la pierna de alguien. Todos los hombres se comportan igual cuando empiezan a interesarles las chicas. Deberías tomar medidas al respecto, ¿no crees?
Aquella imagen mostraba el cuarto de una mujer; aquella niña pudo darse cuenta de ello con solo echarle una ojeada.
(Ojalá que puedas ser algún día al menos un hombre, hermano… Porque en este mismo instante no lo eres.)
¿De donde había procedido aquella voz? No había salido de la boca de aquellas tres mujeres, pero el timbre había sido claro y preciso como el de una gota de cristal. La escena se trasformó en otra, y la niña puso atención: aquel cuarto desapareció de las profundidades del espejo y otra escena surgió frente a sus ojos.
—Vaya, vaya, Saotome—comentó aquel ¿hombre? mientras alzaba su vaso y miraba de reojo a su rival, en medio de una sala que pertenecía a aquella misma casa—¿Vas a permitir que esta mujer te hable así?—la niña observó como la figura de aquel adolescente con gafas mutaba y se transformaba en el de una anciana con el cabello larguísimo y apoyada en lo que parecía ser un bastón y en medio de lo que parecía ser una vivienda de un lugar muy, muy pobre—¡Por dios, chico! ¿Es que no te das cuenta de que mi bisnieta te ama?
(Ojalá que algún día puedas sentirte orgulloso de ser un hombre, porque en este mismo instante no lo eres. Adiós…
—¡Ranma Saotome debe pagar! ¡Su insolencia no puede ser permitida!
Mi amor)
(Ya no sé qué le pasa a Ranma, Kasumi. No come, no bebe, ya no pelea, y sus ojos…..)
—¡Eras mi amigo!—aquella voz grave y afectada por la edad fue sustituida por las recriminaciones furiosas de una adolescente—¡Eras más que mi amigo, Uz! ¡Eras mi hermano! ¿Y ahora te arrastras por una mujer que no quiere saber de ti¿ ¿Acaso no tienes orgullo, acaso no tienes dignidad? ¿Cómo puede alguien que se considera a sí mismo un hombre siquiera caer tan bajo?
—Mira, Mousse—el chico de la coleta le contestó al chico de los lentes— Tú no eres nadie para decirme que o que no hacer en esta casa…..
(Y sus ojos...¡Sus ojos son los de un muerto!)
—¡Jamás te perdonaré que hayas lastimado a Akane, malnacido!—la niña miró como aquel chico de la coleta alzaba un puño y lo apuntaba a un ser alado envuelto en un mar de llamaradas—¡Te haré pagar por lo que has hecho, maldito!
(Que pasó en ese viaje, Mousse? ¿Qué pasó en ese viaje que incluso ahora no dudas en considerarlo tu amigo?)
—Hoy nosotros destruimos lo que queda de esta broma—aquel hombre alto y furioso que había visto en una de las escenas anteriores volvió, aunque esta vez rodeado de un líquido y de un montón de bultos que la niña no supo identificar—¡La hora de la venganza ha llegado! ¡Por nosotros, por nuestras aldeas, y por todo lo bueno y lo justo que nos es más querido…¡Ha llegado la hora de nuestro sacrificio final!
(Eso, Abuela, es un asunto entre Ranma y yo)
—¡Nuestra aldea exige su sacrificio final!—vociferó aquel mismo hombre con la fuerza de diez mil leones —¡La Guardia Imperial defendiendo este edificio defenderá a esa bestia hasta el último aliento! ¡Ahoguen en sangre toda resistencia y para esta noche la montaña será nuestra!
La niña miró como aquel portento se transformaba en otra escena completamente distinta. Aquel mar de imágenes se confundía con una multitud de voces en su cabeza; voces que por alguna razón tenían algo que ver las unas con las otras pero que sabía que quizás no tenían nada que ver con la escena que estaba viendo. La escena frente a ella despareció y a la imagen de aquel hombre y su montaña se interpuso otra; la de una joven pelirroja frente a un adolescente con un par de incisivos bastante prominentes:
—¡Y no me importa que seas un cerdo o un elefante, sabes que mi amor es todo tuyo![2]
("¿De verdad la he abandonado por estar detrás de una puta como ella?)
—¡Pensé que lo sabrías Akane! ¡Pensé que sabrías que jamás podría engañarte!
(¡Te odio Ryoga Hibiki! ¡Ojala nunca te hubiera conocido, ojalá estuvieras muerto!)
—¡Prostitutas!—para aquel entonces aquella niña había dejado de chuparse el dedo, totalmente absorta ante el cúmulo de información procedente de aquel espejo de piedra—¡Mujerzuelas! ¿Es así como le enseñaste a ser desobedientes a nuestros niños, tirándoles perlas a los cerdos y revolcándoles en el fango? ¿Desde cuándo, niño estúpido, desde cuándo? ¡Sabes que las hijas e hijos de Nyucheizu tienen prohibido disfrutar los placeres apestosos que da la inmundicia!
—¿Listo para bailar Ryoga?
—Mucho más listo de lo que podrías estar tú.
(¿Quieres saber porque jamás podré amarte?¿Sabes porque jamás podré mirarte con otra cosa que no sea lástima? )
—No…
—Por favor, por favor hazlo, por favor….
—¡No lo hagas Ranma!—aquella niña con el pelo azul le gritó a aquel hombre, completamente escandalizada—¡No te atrevas!
(¡Porque no eres un hombre! ¡Jamás podrás serlo! ¡Tú sólo eres un hazmerreir!)
—¿Qué pasa pelirroja? ¿Jamás has sentido la esencia de un hombre?
—El objeto mágico que tienes en tus manos es un artefacto poderosísimo, Colonia, aunque no por las razones que piensas. Me temo que no puedo dejar que te lo lleves.
(¿La aguja? Como que la aguja? )
—¿Y quién me lo impedirá?
—Yo.
—¿Por qué no me puedes decir nada, Ranma? ¿Qué te hizo esa tal Shirai para que no puedas decirme…
(¿Acaso no quieres venganza para el Japón, Ranma? ¿No estuviste acaso a mi lado aquella vez en Tokio?)
—¡Durante miles y miles de años hemos jurado que jamás permitiríamos el retorno de la cabra del millar de descendientes, y ahora, y por su culpa, bien podemos rendirnos ahora y morir!
—No se puede hacer nada, Suzuki. Jamás se ha podido y jamás se podrá.
(No hay esperanza…)
—Eso crees tú
(Eso era cierto…Hasta ahora.)
(¿De verdad es lo que quieres, chico? ¿Vivir a la sombra de lo que podría ser una vida normal, estar siempre sujeto a la flojera de tu padre, a la locura de tu vida o a los caprichos de esta mujer? ¿No crees que te merezcas algo más? )
—¡Hermano!
(¿Algo más que una novia que jamás confía en ti y que no conoce su lugar, al menos?)
—¡Ryoga!
(—Ranma se comporta como un patán, y aunque quizás no lo sea, Akane a su lado será sumamente infeliz. ¿Acaso no es obvio para ti, chico?)
—Akari, no…
(La verdad duele….Duele mucho)
—Tenía que verlo para creerlo.
(¿No es así?)
—Si mi hermano cae en batalla, asumiré sus responsabilidades y me casaré contigo.
—¡No puedes hacer eso, chico!
¡Bang!
—Como dije, si Ryoga….Si mi hermano llegara a….. Yo asumiré sus responsabilidades y atenderé el Dojo de tu abuelo, Akari. Es una promesa.
—¡Mousse! ¡Ten cuidado con lo que estás diciendo!
(Ama a la misma mujer hasta el final, quiérela por encima de todas las cosas, y estoy segura que ella te responderá…)
—¡Hijo, ya basta! ¡Por favor!
—¡Porque me odio! ¡Me odio a mí mismo! ¡Odio haber estado detrás de ti, odio haber desperdiciado 13 años de mi vida en una lucha inútil! Odio haber sido el hazmerreír, odio haber sido tu idiota!)
(Hijo)
—Lo primero que haré será casarme. Seguro habrá ella me estará esperando.
(Akari será mi esposa, y la defenderé de lo que sea y cuando sea. Es una promesa.)
—No podemos hacer esto Ryoga. Lo sabes muy bien.
—Pues entonces lo haré yo.
—¡Mousse!
—Siempre te amaré.
(—Madre….)
—¡Te odio, Ranma!—a través de las brumas del tiempo, una adolescente de cabello azul lanzaba un grito de angustia—¡Ojalá que te mueras, Ranma Saotome!
La llegada de aquel tren ultraligero fue anunciada con un pitido y aquella anciana regresó a la realidad inmediatamente. Notó la mirada de aquella niña, y escondió bajo sus ropas aquel espejo: se acercó a ella con permiso de su padre y apoyó su mano encima.
(¿Qué significa el destino? ¿Y qué significa el amor? Y cuando el primero se vaya al garete y el segundo te falle…
¿Será esa la excusa para ser cruel?)
Aquella vieja subió al autobús con paso normal y se sentó en el lugar asignado. El autobús prosiguió su marcha y pronto llegó a un hospital, donde bajó del autobús y al que entró inmediatamente. Se dirigió hacia la sala de visitas, caminó hacia cierta persona y se paró frente a ella.
—Está hecho.
—Llegas temprano.
Aquel viejo frente a ella se levantó de su silla y le ofreció un asiento; la anciana le dió las gracias y se sentó como lo haría una gran señora.
—No parece que hayas tenido muchos problemas para encontrarme.
—Eres el único ser con una impronta tan fuerte en este lugar—repuso la mujer con gesto de hastío—Podría encontrarte donde fuera en esta ciudad.
El viejo soltó una carcajada y se llevó una mano al estómago. La anciana inclinó la cabeza hacia atrás y aspiró fuertemente; acto seguido, en su cara se grabó un gesto de decepción.
—¿Porque no lo mataste?
—¿Y por qué debí haberlo hecho? Me gusta como cocina.
La mujer contestó con un tono que dejaba bien en claro que la respuesta era la más obvia del mundo y que despreciaba completamente la respuesta que su interlocutor le había dado.
—Si su padre hubiera muerto, la chica lo hubiera hecho responsable.
En aquel momento un grupo de enfermeras que hasta ese entonces habían estado comiendo entre los demás clientes de aquel comedor se levantaron y regresaron a trabajar, mientras el Anciano alzaba una mano y la agitaba en lo que parecía ser un gesto de desagrado, como si la sola idea lo ofendiera. La Anciana, por su parte, soltó un silbido y dijo como quien no quisiera la cosa:
—Te has vuelto muy blando.
Ambos voltearon a ver a cierta adolescente, una chica con unas piernas bien torneadas envueltas en unas medias negras y con una cola de caballo bastante impresionante, que lucía apesadumbrada y ciertamente triste.
—Y tú te has vuelto más inflexible.
—Para nada—repuso la Anciana—Aun sin mi intervención, en el destino del chico está escrito que jamás podrá ser completamente feliz. ¿Piensas acusarme?
El Anciano ignoró la mirada inquisitiva de su compañera. En lugar de mirarla a los ojos, el viejo bajó la mirada y se fijó en su pierna derecha: la cicatriz en ella lucía cada vez más negra.
—No necesito acusarte—respondió el Anciano— Con la cantidad de veces que has interferido para estos momentos en los asuntos de los mortales, me sorprendería mucho que nadie lo sepa ya. ¿Todavía no te dejan de doler?
La Anciana respondió a la pregunta del Anciano bajándose aún más la falda, tapándose con ella las cicatrices que tenía sobre las piernas.
—No.
Pasó un momento, pero la Anciana volvió a la carga; la misión que se había impuesto a si misma era muy importante.
—¿Me acusarás?
El Anciano miró con ojos corteses a la camarera que los estaba atendiendo.
—Por supuesto que no—el anciano terminó de beber de su vaso — Aun cuando no te ayude, reconozco que tienes razón; no podría ser de otra manera. Las cosas han alcanzado un punto límite. Pero aun así, ¿por qué él?
—Es un chico profundamente infeliz.
—Ah, ya, ¿pero acaso es el único que lo es? En mi camino hacia acá, me he topado con cientos, miles de personas desdichadas, la mayoría más que él. Él ni siquiera es consciente de su propia infelicidad.
—Sí, pero ninguno es ni de cerca tan fuerte, ni cargan consigo tantas tribulaciones como él. Seguramente te diste cuenta. Con la única excepción de su amigo, todos los demás son perdedores...
—Tú sabrás—el viejo se volvió a servir en aquel vaso—Aunque pienso que estás poniendo todos tus huevos en una canasta. ¿Crees tú que el chico podrá hacerlo? ¿Qué te hace pensar que el chico acatará tu voluntad?
El hombre no parecía referirse a nadie en particular sino que se reclinó sobre la silla y miró hacia arriba. Parecía el más joven de los dos, pero por alguna razón desconocida, parecía también el más cansado.
—Eso es asunto mío.—respondió aquella mujer, mientras se metía una mano adentro y sacaba de entre sus ropas un objeto—Y aquí está tu espejo.
Su interlocutor soltó una carcajada.
—Tan directa como siempre—el viejo tomo aquella piedra tallada entre sus dedos e hizo un malabar con él—¿Te sirvió mi espejo?
—Dime una cosa— la mujer asintió una sola vez—Y más vale que me contestes con la verdad. Jamás había visto o escuchado de un espejo con tan distintas cualidades. ¿Cómo lo conseguiste?
—¿Acaso importa?—el hombre se encogió de hombros y guardó aquel objeto de piedra verde y centro de obsidiana —Pero si necesitas saberlo, lo conseguí hace mucho tiempo, de un hombre al que creían omnisciente. Aunque no sé si lo era por causa del espejo o si el espejo lo es por causa de él…
—¿Un hombre? ¿Omnisciente? No hay ser, ni humano ni divino, que sea realmente omnisciente, y eso lo sabes muy bien. ¿Cómo puede un hombre declarar que es algo así, salvo si es un charlatán?
—Bueno, hombre es una manera de decirlo—el viejo sacó el espejo y de entre las brumas de aquella piedra negra de la que estaba hecho su centro se formó la silueta de una ciudad en medio de un lago—Y no era realmente omnisciente…Al menos no en el sentido al que estamos acostumbrados a escuchar esa palabra. No, decían que era omnisciente porque de entre todos sus pares sólo él era capaz de conocer a la perfección el corazón de todos los hombres: no había secreto, ni divino ni humano, que escapara de él una vez él les dirigiera su inteligencia.
—Así que es por eso que este espejo puede mostrarte tus más profundos temores, sean reales o no. Era una habilidad que dominaba su dueño original.
—Puede ser—la imagen en aquel espejo se difuminó—Yo sinceramente no lo sé. Este espejo tiene muchas cualidades; en él una mente con voluntad de acero puede ver el pasado, el presente y quizás el futuro; en manos de cualquier otra persona sólo mostrará dolor, ilusiones, engaño y quizás la misma muerte.
—Lo que pudo ser, lo que nunca fué y lo que tal vez será—sentenció la anciana—Si, ahora ya capto la idea. Pero, ¿y en manos de un corazón puro? ¿Qué pasaría si un inocente depositara sobre él la mirada?
El Anciano le dirigió una mirada sarcástica.
—¿Es que un inocente ya lo hizo?
—Sólo pregunto.
—No tengo idea—el anciano se volvió a encoger de hombros—No he conocido a nadie lo suficientemente inocente. ¿Nos vamos?
Ambos se levantaron y abandonaron aquella sala. Pero ambos tomaron rumbos diferentes; mientras aquel viejo bonachón avanzó sobre Kioto, la anciana detrás de él sonrió y regresó caminando al hospital. Todavía quedaba trabajo por hacer.
"¿Porque no lo mataste?
"¿Y por qué debí de haberlo hecho? Me gusta como cocina."
La mujer miró hacia el hospital. Hasta ahora se había limitado a sí misma, comportándose como una persona normal con la esperanza de que su presencia pasara completamente desapercibida.
Pero ya no más.
"Tú sabrás. Aunque personalmente, pienso que estás poniendo todos tus huevos en una canasta…¿Qué te hace pensar que el chico acatará tu voluntad?
Aquella pregunta le había dado vueltas a su cabeza desde que aquel hombre la había formulado, pero la respuesta la había mantenido para sí misma a pesar de conocerla desde el mismo principio. El chico haría lo que ella quería, lo supiera él o no. No necesitaba que el chico supiera su voluntad; la misma voluntad del chico lo pondría en el lugar que ella misma quería. No habría margen de error.
La anciana se detuvo y miró aquel edificio gigantesco de paredes blancas.
Después de todo, la misión que se había impuesto a si misma era demasiado importante para permitirse fallar.
Una explosión violentísima sacudió el edificio.
—¿Qué significa esto, abuela?—le preguntó a otra anciana en otro lugar de Japón una nieta inquisitiva mientras ésta señalaba las cuatro últimas cartas—¿Qué puede significar una cosa así?
—¿De verdad no lo sabes? ¿O es que quieres ver tu opinión confirmada por mi respuesta?
Mío se alejó lentamente de aquel portento, haciendo todo lo posible por no tocarlo. Si alguien podía desenmascarar aquel misterio, sin duda sería su abuela; ella era la que mayor poder tenia de la familia. Pero la mujer no se movió.
—¿No las vas a recoger?
—Pienso…Pienso que sería mejor que las recogieras tú, abuela.
Aquella mujer soltó una carcajada.
—¿Para qué?—repuso la señora encogiéndose de hombros—¿Acaso su significado no te es demasiado aparente?
Los Amantes/ La Muerte/ El Demonio colocado de forma invertida
Por debajo ellas, una carta desconocida y vuelta de espaldas
A Mío la amilanó aquel tono despreocupado, pero el énfasis que había puesto su abuela en aquella palabra la convenció de que su abuela quería que aprendiera algo: así que comentó:
—Bueno, sé que la carta de los amantes al lado de la muerte sólo puede significar una cosa—Mío trató de sonar segura, aunque no pudo evitar enojarse un poco, pues no le gustaba la posibilidad de quedar como una tonta—Y ciertamente la carta del Diablo colocada de forma invertida indica una mala intención de por medio, pero ... Siento que esto sólo puede ser algo más que un mal presagio.
La matriarca de aquella familia asintió con la cabeza satisfecha por la respuesta de su nieta. Se acercó a ella y alzó la carta que había quedado incógnita. La Respuesta no sorprendió en absoluto a ninguna de las dos.
La Luna
—Estas tres cartas (Los Amantes, La Muerte, y El Diablo) por lo general son cartas inocuas, salvo en contadas excepciones, cuando al aparecer juntos constituyen una mala señal—la señora tomó aquellas entre sus dedos y sintió la textura—La Carta de los Amantes, indica una relación amorosa, mientras que la de la Muerte indica un final trágico, mientras que la carta del Diablo en posición invertida indica una mala intención de por medio. Y la carta de la Luna parece confirmar ésta. ¿Conoces a alguna pareja con problemas de fidelidad o celos?
—Se me ocurren varias—repuso Mío con voz pesimista—Pero ninguna esta en Japón en este momento.
—Pues al parecer una sí lo está—repuso aquella mujer—La Chica (o el chico) no tiene ni idea de lo que está a punto de pasarle. La luna lo indica muy claro; su amante saldrá de las sombras.
Ambas voltearon a ver inmediatamente hacia la ventana, la cual había cedido ante un golpe de viento por estar mal cerrada y dio un golpe. La anciana avanzó hacia ella y la cerró, asegurándose de que esta vez si quedara bien asegurada. Pero un nuevo pensamiento ocupó su mente.
—Ahora, que ambas podemos equivocarnos y todo esto no tenga nada que ver con alguna infidelidad…..
Mío parpadeó. La voz de su abuela se había tornado absolutamente seria.
—¿Qué quieres decir?
La tirada de Los Amantes, La Muerte y el Diablo siempre indican el fin de una relación por una infidelidad o por las malas mañas de una tercera persona…Siempre. Siempre…
La Anciana dejó de mirar hacia la calle a través de la ventana; giró sobre sí misma y volteó a ver a su nieta. Y en ese mismo instante, un rayo tronó en el cielo.
—Salvo cuando esa misma tirada sirve para describir el sumergimiento de una persona en la maldad.
[1] Mío es el nombre en español para designar a la amiga de Akane capaz de leer el porvenir.
[2] Capítulo 42, Ranma hablándole a Ryoga mientras se disfraza como su prometida.
Chapter 42, Ranma talking to Ryoga while disguised as his fiancée.
