Y Ranma volvió de la Guerra
Capítulo 4:
Puntos de vista
Bueno, aquí está. Este capítulo ha sido tan horrendo y tan difícil de escribir que hizo que me doliera la cabeza. Me tardé en su composición tres meses.
Fuc&!
Como se hizo costumbre, aquí están las canciones que la inspiraron; búsquenlas en internet y escúchenlas mientras leen el fic si quieren una experiencia mejor. Aun si no lo hacen, espero que encuentren este capítulo bastante disfrutable.
Hopelessly devoted to you
Vivir sin ti no puedo de José Luis Perales y Pimpinela.
Mariachi Vargas - Kawano Nagareno Yoni (Nube de Mar)
Preso de José José.
Paloma Negra, interpretada por Viktorija Novosel
Playing with fire, de Stratovarius.
The abyss in your eyes, por Stratovarius también.
Trinity Blood full opening
He renunciado a tí, por José José.
Una noche con diferentes puntos de vista
Ukyo/ Akane/ Ranma/ Kawano Nagareno Yoni/ Mousse/Perfume/ Gosunkugi/ Yoshiwara/ Nabiki/ Incitante del amor.
—¡Soy tu hija!
—¡Tú no eres hija mía! ¡Prefiero morir a pensar que una hija mía pudiera arrastrarse así!
—¡Papá!
—¡Agh!
—¡Cuidado!
La chica salió de su ensimismamiento para evitar que el altar le cayera encima; el pedazo de concreto sobre el que descansaba éste se rompió y cayó sobre el pasillo del hospital en el que se encontraba. Una de las enfermeras del lugar se dirigió hacia ella a toda prisa y le preguntó por su bienestar, completamente preocupada ante la posibilidad de que la joven adolescente hubiera salido lastimada.
—Estoy bien—contestó la adolescente de manera distraída, absorta como estaba en sus propios problemas—No es nada.
La chica de cabello negro no tenía ni un rasguño; sin embargo, se hallaba tan preocupada que no intentaba siquiera sacudirse el polvo de encima. Como fuera, que un pedazo de concreto se desmoronara sin razón aparente en medio de un hospital no era un asunto para tomarse a la ligera, por lo que en menos de cinco minutos la chica se encontraba siendo interpelada por uno de los manejadores, el cual no dejaba de mascullar disculpas e inclinarse.
—Le aseguro que lo lamentamos mucho—aquel galeno se volvió a inclinar ante aquella chica con el pelo atado en una cola de caballo—Esto nunca había pasado…..No tengo ni la más mínima idea de que ocurrió.
Ukyo no dijo nada, completamente ajena a las disculpas de aquel empleado. Aquella era muy mala señal: el altar se había roto, quedando la cara del Kami a la mitad. La chica sintió una fuerte sacudida en el estómago: Si a su padre le pasara algo…
"¡Lárgate!"
"¡Pero papá!"
"¡Cállate!" Ukyo recordó como su padre la había reconvenido mientras por su rostro pétreo resbalaban un par de lágrimas "¡Me deshonraste! ¡Te has deshonrado a ti misma!"
La chica alzó la mano y se acarició la mejilla. No porque le doliera —y le dolía—sino porque aquella sensación le recordaba la decepción y la vergüenza que había visto en los ojos de su padre.
"Mi hija…Mi orgullosa hija, aquella a la que eduqué con tanto esmero, aquella que no se inclinaba ante nadie... Mi hija, la que tanto tiempo se ha pasado entrenando, la que tanto tiempo ha estado fuera de casa…¡Arrastrándose, suplicando ser parte de la familia de Genma Saotome!"
"¡Ranma es diferente, papá! ¡Tú lo sabes! ¡Su padre sigue siendo un imbécil, pero él es fuerte, y caballeroso[1], y..!"
"¡Largo!" era obvio que al señor Kuonji no le habia interesado lo que su hija tuviera que decirle "¡No quiero volverte a ver!"
"¡Soy tu hija!"
"¡No es cierto!" había vociferado su padre, cuyo orgullo en ella había quedado roto "¡Mi hija está muerta! ¡Yo no tengo ninguna hija!" el señor Kuonji se llevó una mano al corazón "¡Mi hija…¡Ahhhh!"
El grito que siguió había sido tan fuerte que había podido oírse a en varios de los apartamentos aledaños; el señor Kuonji se había sujetado tan fuerte el lugar donde se hallaba su corazón que se había enterrado las uñas. El señor perdió la conciencia: Ukyo saltó hacia delante y evitó que el cuerpo de su padre impactara contra el piso. Pero el daño estaba hecho.
"¡Papáaaaaa!"
Una sensación horrible bajó por su garganta.
Ukyo se alejó de la ventana. Hacía frío, mucho frío, y aquella sensación incómoda penetraba a través de la ventana, pues a todo lo largo y ancho de Japón una serie de frentes fríos habían provocado tormentas todo el fin de semana. A lo lejos, y desde la sala de espera, la animada voz de un presentador de programas de televisión se oía de manera continua. Aunque no duró mucho.
—Y ahora, y en un reporte especial, una noticia de última hora—el programa al aire fue interrumpido y la pantalla fue ocupada por la imagen de un reportero—Al parecer, una pelea de Yakuza ha reducido a pedazos un edificio en Kabukicho, mientras que los criminales responsables están en estos momentos siendo perseguidos por la policía…
Un zumbido en su pierna derecha la sacó de su ensimismamiento y Ukyo dejo de distinguir las palabras que salían de aquella televisión. Sacó un teléfono celular de su bolsillo y leyó el mensaje.
Tengo información importante respecto a Ranma. Precio doble.
Ukyo agarró el teléfono entre sus dedos y lo estrujó tan fuerte que lo rompió en mil pedazos. Aquel mensaje era una prueba visual de su estupidez.
—¿Señorita Kuonji?
Ukyo regresó inmediatamente al presente y volteó a ver a la enfermera que se acercaba a ella.
—¿Está bien?
Ukyo no había puesto contenerse; con voz trémula había preguntado por su padre. Pero la enfermera la tranquilizó inmediatamente.
—Oh, su padre está bien—la enfermera apoyó una mano sobre el hombro de la adolescente—Tiene usted un padre muy fuerte; en estos momentos está dormido, pero se encuentra estable.
Ukyo no pudo evitar sonreír, aunque sólo fuera un poco. Su padre siempre había tenido el cuero muy duro, siempre lo había sabido.
—De hecho, si quisiera pasar a verlo…
La adolescente no dudó ni por un momento en seguirla; siguió a la enfermera y entró a una de las salas del hospital. El lugar era amplio, antiséptico y estaba ocupado por varias hileras de camas, todas divididas entre sí por una cortina. El lugar parecía estar vacío; la chica no vió a nadie más con vida.
"Papá."
La enfermera la guió entre el mar de sábanas y señaló una cama. Ukyo se acercó rápidamente a ella y miró a su ocupante.
—Sólo no haga mucho ruido, ¿está bien?—la enfermera hizo una pequeña reverencia antes de irse—Y si necesita algo sólo tiene que apretar este botón y llegaré enseguida.
Ukyo asintió a su vez y la mujer abandonó la habitación. La chica acercó la mano a la cara de su padre.
Una mano poderosa atenazó su brazo.
—En verdad te has puesto muy hermosa, hija.
Ukyo había intentado acariciar el pelo de su padre, pero éste se había despertado inmediatamente al sentir el contacto y había sujetado el antebrazo de su hija con dedos de hierro. La chica reaccionó con un acto reflejo e intentó golpearlo antes de saber lo que estaba haciendo; su padre alzó el otro brazo y bloqueó el golpe.
—Y sin duda te has vuelto más fuerte.
El señor soltó a su hija y regresó su cabeza a la posición inicial.
—¿Estás bien?
—Oh, lo estoy—repuso su padre, soltando un suspiro—Tan bien como podría estarlo, al menos.
El señor Kuonji miró a la lejanía y musitó otra frase.
—Pero has de saber que me has decepcionado mucho, Ukyo.
Su hija retrocedió, completamente avergonzada.
La chica se sintió culpable. Su padre la había apoyado incondicionalmente en todas sus decisiones importantes; las palabras de su antigua vecina le habían recordado lo mucho que se sentía orgulloso él de ella. Y ahora su padre se negaba a establecer contacto visual, algo que hasta donde Ukyo recordaba éste no había hecho nunca. La voz de su padre no transmitía ira, sino que, y para dolor y vergüenza de ella, transmitía una tristeza infinita.
—¿Debería marcharme, padre?
La chica no había hablado en tono de amenaza; su padre lo entendió así y no contestó. Ukyo se limpió la nariz con el antebrazo y enjugó sus lágrimas. Pero la voz de su padre la detuvo.
—No, quiero que te quedes.
La hija no dijo nada y se acercó más a él. Kuonji le agarró la mano y la sujetó fuertemente; pasó el dedo pulgar por sobre el dorso de la mano de su hija.
—Aunque supongo que tengo que darle las gracias a ese Ranma Saotome.
Ukyo trató de retroceder, aunque más por la sorpresa que por otra cosa. ¿Había oído bien? Confusa, miró fijamente a su padre:
—Tu piel está más suave, y te ves más alegre y lozana…Es como si hubieras regresado a ser la niña que eras antes.
Ukyo soltó un comentario nervioso.
—Es sólo que las cosas han cambiado, papá.
El señor Kuonji no miró a su hija, pero ésta pudo adivinar un temblor muy leve en él.
—Han cambiado, sí… Tanto que incluso abandonaste tus planes de venganza y has abierto un restaurante por la satisfacción de hacerlo.
En realidad Ukyo había abierto Ucchan's por la satisfacción de estar cerca de Ranma, pero la niña pensó que más valía no decirlo. La siguiente pregunto la tomó completamente por sorpresa.
—¿Eres feliz con la vida que has elegido, Ukyo?
El señor Kuonji abandonó su aire adusto y volteó a ver a su hija. La cara de ésta estaba llena de lágrimas; las primeras lagrimas realmente genuinas que Ukyo había derramado en muchos años.
—¿Ukyo?
Ukyo no dudó en decir la respuesta correcta.
—Sí.
¿Qué importaba que se encontrara triste de haber perdido la partida, que importaba que Ranma prescindiera de ella para caer en los brazos de Akane? Ya había cometido un error abandonando a su padre, y no cometería otro dándole un pesar más.
—Sí, si lo estoy.
Su padre soltó una sonrisa de satisfacción, mientras le pasaba una mano por aquella cabellera y se la alborotaba.
—Ya decía yo que lo que decía aquella mujer no eran más que chismes.
Ambos soltaron una carcajada, aunque ambos lo hicieron cada uno a su manera.
—Bueno, Ojama san me había dicho que han circulado rumores bastante detestables sobre mi persona—contestó Ukyo, como quitándole importancia.
El señor Kuonji giró la cabeza y la miró de hito en hito.
—¿Ojama san?—repuso su padre, perplejo—La señora Ojama está muerta.
Ukyo no se inmutó ante aquella revelación de su padre. No lo contradijo, pues su padre acababa de tener un infarto, y era natural que aun tuviera su mente algo confusa. Pasó un mano por su cabello.
-Hija…—el padre se llevó la mano de su vástago a la mejilla —¿Sería mucho pedir que por hoy te quedarás aquí conmigo?
Ukyo se acercó a su padre aún más. Éste suspiró agradecido y apoyó una mano sobre su regazo.
—Es sólo que tenía tanto miedo…Tanto miedo de que lo que dijera aquel viejo fuera la verdad…..
El señor Kuonji apretó la mano de su hija aún más fuerte, forzando a Ukyo a tragar saliva.
—Tenía miedo de que hubieras desperdiciado tantos años de tu vida por algo que al final decidiste no hacer.
—¿Qué sucede, Akane?—en otra ciudad del Japón un chico llamado Darién alzó la mirada y volteó a ver a su amiga—No me digas que Ranma….
—Ese imbécil—masculló la chica, mojada como una rata, sin atreverse a mirarlo directamente y al borde las lágrimas—Ese…
El chico miró a su amiga con una expresión cercana a la lástima. Sabía perfectamente lo que se sentía ser plantado. Se acercó a ella con gesto cordial, tapándola inmediatamente bajo la tela de su paraguas y ofreciéndole su café; puede que Akane se hallara debajo de un portal, pero el agua le habia caído igual encima.
—Mira, Akane—el chico le puso la mano encima del hombro— Si quieres, yo…Bueno, yo podría invitarte a escuchar una banda. No será Teresa Teng, pero aun así…
Darién dejo morir aquella frase. Ya no dijo nada más, pero en su lugar se acercó aún más a Akane y la rodeó con su brazo.
—Sólo si tu quieres.
La chica alzó la cabeza y ambas miradas se juntaron.
—Gracias Darién, pero creo que mejor me iré a mi casa—repuso ella con un gesto compungido—Ya he tenido demasiadas emociones por un día.
Como respondiendo tal comentario, justo en ese momento empezó a llover otra vez, y Akane, la cual ya estaba bastante desaminada, movió los brazos hacia abajo y hacia arriba y soltó un rugido de frustración, ahora si completamente furiosa. Un autobús venia hacia ella; Akane se dispuso a tomarlo, pero descubrió que no tenía dinero y que además no iba en la misma dirección. Pero Darién le hizo la parada.
—Bueno Akane, creo que no tienes opción—Darién caminó hacia el camión, se subió en él y extendió una mano hacia su compañera de salón—Ven conmigo a mi casa hasta que pase la tormenta, ¿sí? Estoy seguro que mi madre nos estará esperando con una taza de chocolate caliente. Además, la conciencia me mataría si dejara que te marcharas a tu casa así. ¿Qué dices?
Justo en aquel momento la lluvia volvió a convertirse en tormenta: un rayo cayó cerca de ellos, iluminando el cielo y ensordeciendo sus oídos. Pero Darién se quitó la chamarra y la protegió con ella.
—Gracias Darién— Akane lo miró agradecida—En verdad eres un gran amigo.
—No, sólo soy un tonto que no puede evitar ayudarte al ser mujer—repuso Darién girando repetidamente la cabeza—Sube ya.
Akane lo hizo, Darién pagó por los dos, y ambos se sentaron en los asientos más cercanos al conductor. Akane no estaba llorando, pero era obvio que seguía muy triste, y Darién hizo lo que su experiencia le habia indicado que era lo mejor hacer ante una situación así: se abstuvo de decir nada y le ofreció todo su apoyo. Akane no dijo nada al sentir como el brazo de Darién le pasaba por encima y se inclinó sobre su pecho. Darién tuvo un presentimiento y volteó a ver el conductor, el cual le dirigió a su vez una sonrisa a través del espejo retrovisor y alzó el dedo pulgar en señal de aprobación.
—Lo mataré—musitó Akane después de un rato y sin dirigirse a nadie en especial—Juró que lo mataré.
—Eh, Akane—repuso Darién, un poco incómodo ante aquella oleada de ki —Eh…Eto…Deberias darle el beneficio de la duda, ¿sabes?
Para medir unos veinte centímetros menos que él, era impresionante lo mucho que la chica podía parecerse a una bestia asesina de enormes colmillos.
—Sólo digo—Darién se llevó una mano atrás de la cabeza—¿No te parece que Ranma jamás te hubiera dejado plantada de no ser por una causa muy especial?
—Especial—murmuró Akane entre dientes—Sólo espero que esa causa especial no sea ni Ukyo ni Shampoo, porque si no…
—No te preocupes, Akane—Darién sintió que lo correcto era abrazarla, aunque solo fuera para reducir el volumen de aquel gruñido—Estoy seguro que Ranma no sería capaz de dejarte plantada por ninguna otra chica.
Por supuesto, si Akane hubiera sabido que Ranma la habia dejado plantada y esperando bajo la lluvia para asistir a un antro lleno de prostitutas hubiera dejado a Darién en ese mismo instante y habría ido a conseguirse una metralleta, pero en aquel momento no lo sabía y más aún, Ranma tenía entonces sus propios problemas; en ese mismo momento Ranma saltaba encima de los techos a toda prisa en su intento de eludir a la policía y de encontrar a una persona que sin duda estaría perdida por ahí. Aquella chica necesitaba su ayuda, y Ranma—que habia despachado el sólo a una banda de Yakuza—tenia aquello bien presente.
—¡Alto! ¡Alto en este mismo instante!
Ranma dio un respingo, ignoró la voz del policía y saltó hacia la zona más cercana que le pudiera ofrecer la protección de la oscuridad. No había sido necesario: el policía a veinte metros bajo él le había gritado a una persona completamente diferente. Pero cuando trató de salir, un helicóptero pasó rozando el techo del edificio donde se hallaba, así que Ranma retrocedió y esperó un poco más hasta que aquel helicóptero siguiera de largo. Ranma soltó un suspiro y luego salió corriendo; debajo de él, la primera de las chicas a la que había ayudado a liberar corría como loca a través de aquellos callejones. Ranma dió un brinco y saltó detrás de ella. La chica colombiana dió un grito y se desmayó enfrente de él, lo cual lo sorprendió…Aunque, y en honor a la verdad, no tanto como a ella.
—Ya puedes dejar de correr, estoy aquí.
"Admitámoslo chico" la sonrisa de la Anciana regresó a su memoria "Te has acostumbrado a que te golpeen."
—¡Ahhhhh!
Ranma se sorprendió al notar que había saltado hacia la chica esperando que ésta lo golpeara con un sartén gigante. Por un momento pensó que se debía a que la chica no lo habia reconocido (la lluvia lo habia empapado lo suficiente como transformarla en Ranko), pero sólo entonces se dio cuenta que se había acostumbrado a que las chicas alrededor suyo se aprovecharan de él que habia llegado a considerarse a sí mismo como una válvula de presión: había querido que la chica lo golpeara como medio para hacerla sentir mejor. Pero la chica delante de él era normal y corriente, muy asustada, y que obviamente requería ayuda médica. Así que tomó a aquella extranjera entre sus brazos y empezó a saltar otra vez, buscando llegar a la clínica de un doctor que pudiera ayudarle y al que le tuviera absoluta confianza.
—¡Eh, Tofú sensei!—gritó Ranma con urgencia al llegar a la clínica de su doctor de cabecera—¿Está usted ahí? ¡Necesito su ayuda!
La enfermera de la clínica vió a aquella chica pelirroja con los senos al aire con malos ojos, pero una vez vió el fardo que Ranma traía entre sus brazos su expresión se suavizó y señaló una puerta. Ranma entró a la habitación detrás y acomodó a la chica sobre la cama; la enfermera desapareció tan rápidamente como había llegado y volvió a los pocos segundos con el doctor Tofú detrás de ella. El galeno no necesitó explicación alguna y procedió a revisar a la mujer, la cual tenía encima bastantes contusiones de gravedad, algunas de ellas en el costado. Ranma se sintió satisfecho al ver la atención que el doctor estaba mostrando: un experto reconocía a otro y el doctor Tofu era un as de su profesión.
—¿Qué pasó?
—Unos patanes trataron de matarla—Ranma se había alejado de ellos para evitar estorbarle al doctor, pero una vez quedó claro que la chica estaba fuera de peligro se acercó a ella ya convertido en hombre—¿Estará ella bien, doctor?
—Lo estará, pero en cuanto se despierte estas heridas van a empezar a dolerle—el doctor se alzó los lentes y esbozó una gesto de disgusto, completamente indiferente a las miradas de su asistente, que no salía de su asombro al ver como la chica de los senos enormes se había transformado en un chico varonil—Espero que no hayas tenido muchos problemas dándoles su merecido, Ranma.
Ranma pensó en la cantidad de inconscientes que había dejado detrás y esbozó una sonrisa.
—En realidad no fue nada, doctor—Ranma hizo aquel comentario con seguridad y alzó un pulgar hacia él para reforzar su punto—Se necesita más que una pandilla de patanes para detenerme.
Pero el detalle de una camisa rota no pasó desapercibido para el doctor, el cual sujetó su brazo mientras se ajustaba los lentes.
—Tienes una herida de bala.
Ranma no lo había notado, pues la adrenalina liberada por la pelea y por la persecución aun circulaba por su organismo, aunque ahora aquella herida sin duda parecería obvia.
—Eh, en realidad no es nada, doctor—exclamó Ranma, quitándole importancia—Sólo fue un rozón.
El doctor Tofú limpió la herida y la cubrió rápidamente con un pedazo de gasa.
—Eres muy valiente Ranma.
—¿Qué? En realidad no fue nada…—Ranma estaba más que contento en su amor propio—Dudo que esa bola de idiotas hayan sabido siquiera apuntar con un arma...
Ranma había hecho un comentario modesto, pero la carcajada que lanzó inmediatamente después mostró claramente que se sentía muy satisfecho de sí mismo.
—No me refería a eso—se corrigió a sí mismo el doctor Tofú—Me refiero a que fue algo muy valiente de tu parte haberla traído aquí a pesar de saber lo que te pasaría si llegara a enterarse Akane.
Ranma dejó de reírse inmediatamente. Volteó a ver al doctor y un escalofrío recorrió su espalda: Tofú sensei le estaba sonriendo de una manera amable.
—Escuche doctor, todo tiene una buena explicación—aquella sensación sólo era comparable a la que experimentaba cuando alguien lo mojaba con agua fría hasta en los pies—Lo que ocurre es que Hiroshi… y Daisuke…ellos me retaron y yo…. Bueno, no podía quedarme impasible—Ranma soltó un suspiro de frustración y volvió a ver en la cara al doctor Tofú, la cual le estaba sonriendo más que nunca—Usted….usted no va a decirle, ¿verdad?
—Descuida—el doctor hizo un gesto amable y le dio una palmada—Sé que no harías nunca nada indecoroso. Y en honor a la verdad, en mis años mozos yo también fui una vez a un lugar bastante parecido, si tengo que decirlo…
Ranma encontró el hecho de que el amable y apacible doctor Tofú visitara esa clase de lugares como algo perturbador. Parpadeó un par de veces.
—¿Pero cómo lo supo?
Ranma siempre había sabido que el doctor Tofú era bastante perceptivo, pero no tenía idea de hasta que tanto.
—Bueno, en realidad no es tan difícil—el galeno se encogió de hombros—Llegas oliendo a humo, en tu camisa hay varias manchas de lo que parece ser cerveza y llegas en medio de la noche con una chica obviamente extranjera que da la casualidad que no lleva encima ninguna clase de documentación. Y eso sin contar que se nota que le pegaron con la cacha de madera de una pistola y carga una minifalda resaltada por un negligé. No hace falta ser un genio, ¿sabes?
Ranma se dio una palmada en la cabeza. Y pensó (para gran alivio suyo) que entre las cosas que tenía que hacer antes de siquiera pisar otra vez el dojo Tendo era cambiarse de ropa.
—Bueno, será, mejor que te vayas antes de que tenga que llenar el reporte.
Aquel era un comentario tan fuerte como si alguien le hubiera golpeado la mejilla con un guante.
—¡Eh!—preguntó Ranma, sorprendido—¡Pensé que iba a ayudarla!
—Y voy a ayudarla—repuso el doctor—No esperarás que esté en este país por su voluntad, ¿oh sí?
El doctor Tofú tenía razón. Nadie trabaja en un lugar donde lo golpean si no es en contra de su voluntad.
—Tiene usted razón, doctor—Ranma depositó una mirada sobre aquella colombiana—Probablemente quiera regresar a casa.
Ranma recibió un muda nueva de ropa, se cambió inmediatamente y procedió a despedirse.
—Sólo espere a que se despierte, ¿no, doctor?—preguntó él antes de irse—Creo que después de lo que le hicieron los Yakuza es mejor que ella decida.
—Así lo haré, Ranma.
El joven Saotome desapareció en medio de la lluvia. El doctor miró como desaparecía en la lejanía.
—No me extraña que Akane esta tan preocupada de perderte—Tofú cerró aquella ventana—No hay nadie que se te compare en Nerima.
El doctor Tofú volvió a revisar a aquella mujer, comprobó que estaba bien y regresó a su despacho. Si, Akane era una chica celosa. Bueno, él también estaría celoso si Kasumi no fuera una buena señorita.
Y hablando de Kasumi…
Na. Sería mejor no pensar en ello.
"Bueno" pensó para sí mismo, reconociendo su incompetencia en ese aspecto "Al menos tengo más posibilidades de terminar unido a alguien que Nabiki."
Se rió de su propio chiste. Nabiki era una chica muy inteligente, pero no podría dejar de sentir lastima de todo aquel que la eligiera como esposa.
"Bueno, pero al menos ella tiene las pelotas que tú no tienes, Tofú Ono."
El doctor frunció el entrecejo. A veces su conciencia era extraordinariamente cruel.
"No soy cruel" repuso la voz "Soy honesto. Hasta Akane y Ranma tienen más posibilidades que tú."
Quizás si Tofú hubiera sabido lo que acababa de pasar aquella noche su conciencia no le hubiera hablado de manera tan cruel, pero no tenía ni idea de que mientras tanto, y en otro lado, una pareja de amigos bajaba de un autobús y se dirigían a una hilera de departamentos. La lluvia no había dejado de caer, y el varón (un estudiante de preparatoria) volvió a extender el paraguas y cubrió con ella a su acompañante. La chica lo miró agradecida; el chico señaló una puerta a la distancia y ambos caminaron hacia ella a toda prisa. Abrieron la puerta del edificio, subieron por las escaleras y llegaron al departamento del muchacho. Aquél tocó la puerta.
—Darién, ¿eres tú? –una voz femenina les llegó a través de la plancha de madera—¡Pasa!
El chico empujó suavemente del pomo y dejó que Akane pasara primero. El espectáculo la sorprendió: el departamento ciertamente era grande, pero…
Akane no tenía idea de que en el pudieran caber en él tantas personas juntas.
—¡Ah, morro![2]—un hombre de piel morena y algo pasado de peso abrazó a su compañero —¡Hacia tanto tiempo que no te veía! ¿Cómo está todo?
Akane parpadeó un par de veces. El hombre era alto, algo gordo y estaba vestido completamente en negro; más importante, tenía sobre la cabeza un sombrero ENORME.
Y por si fuera poco, la sala del departamento estaba llena de hombres como él.
—¡Ah, cariño!—una mujer japonesa se acercó a Darién y le dio un beso en la mejilla—¡Al fin estás aquí!
—¡Espera mamá, no, basta!—una carcajada salió de la boca de todos los demás—¡Me estás avergonzando frente a todos!
—Impactantes noticias recorren la nación—de la televisión en medio de la sala llegó hasta ellos una perorata—Pelea entre Yakuza destruye edificio en Kabukicho, mientras que detectives de la policía buscan a los responsables de lo que podría ser el peor ataque armado entre pandillas de la historia de la ciudad, y probablemente del país…
—No seas grosero con tu madre—un hombre, a todas luces su padre, le dio un golpe en la cabeza luego de levantarse y apagar la televisión—¿Quién es tu amiga?
—Oh, cierto, no los he presentado—Darién tomó de la mano a Akane y esta hizo una reverencia cortés—Esta es Akane Tendo, mi compañera de clases.
Aquella mujer puso una mirada de desconcierto.
—¿Akane Tendo? ¿No es la hermana de…?
—Ahora no, mamá—la atajó su hijo, para luego señalar a todos los demás—¿Acaban de llegar?
—Si—le confirmó su madre—Al parecer están todos cansados.
Así parecía: aquellos hombres extraños a todas luces extranjeros tenían una expresión cansada. Uno de ellos se había acostado sobre el piso y se había colocado su sombrero encima de la cara, somnoliento. Akane se fijó en lo que el hombre estaba usando como almohada: aquella parecía la caja de una guitarra. Darién soltó un gemido de frustración.
—¿Qué sucede?
El hombre había volteado a verlo y se había acercado otra vez a él.
—Bueno, yo quería saber si podían tocar algo—le contesto Darién con voz cautelosa—Si no están muy…
—Esto no es necesario, Darién—comentó Akane, que pensó que su amigo trataba de compensarla por su decepción de no poder haber ido a ver a Teresa Teng—La verdad es que parecen bastante cansados.
—Es que en realidad si estamos muy cansados—repuso el hombre, esta vez poniendo una mano sobre el hombro de Akane también—Pero una canción más no dará problema—el extranjero volteó a ver a Darién—¿Es para tu novia?
Akane se inclinó hacia delante, tratando de averiguar cuál había sido la última frase de aquel músico. No la había entendido: suponía que se trataba de otro lenguaje, pues Darién había contestado negando frenéticamente con la cabeza y hablando con otras palabras más incomprensibles aún. El hombre esbozó una sonrisa.
—¿Qué dicen ustedes muchachos?—el hombre volteó a ver a todos los demás—¿Tocaremos una última canción para el joven hijo de nuestro anfitrión?
Aquellos hombres contestaron con una afirmación rotunda. Sacaron sus instrumentos, los afinaron y cuando todo estuvo a punto, el más joven de todos ellos volteó a verlos a ellos dos.
—¿Cuál va a ser?
—Kawano nagareno yoni*—respondió Darién con vehemencia.
—Igual que siempre, ¿eh chico?—el mariachi se permitió un último comentario antes de alzar su corneta—Espero que al menos ésta no te deje plantado como aquella vez.
Akane nunca supo que decían, pero pudo ver como Darién volvía a negar con la cabeza y volteaba a mirarla.
—Por supuesto que no—Darién le dedicó una sonrisa mientras hablaba en japonés—Akane es una amiga muy especial.
—Pues eso espero—el cantante le dirigió un gesto a los demás—Así ya no volverás a pedir la de Tu cárcel.[3]
Dejemos por un momento al par de amigos y retrocedamos en el tiempo un poco; esta historia no solo es en torno de los problemas de nuestra pareja favorita, sino que también envuelve la historia de un chico nacido en otra cultura y en otro lugar. Algunas horas antes de que Akane tuviera que esperar bajo la lluvia a Ranma (y de que éste se entrara a cierto local de mala muerte y rescatara después a cierta chica colombiana), un chico con un problema visual muy serio y un horrible gusto estético habia salido corriendo de un restaurante extranjero mientras trataba a toda costa de huir de un chef que habia tratado de convertirlo en comida. El extranjero panzón había estado a punto de atraparlo, pero el pato había divisado a un hombre con un café en la distancia y se había lanzado sobre él. Todo salió como había planeado y el hechizo había hecho su trabajo…Aquel hombre había quedado noqueado, el francés había perdido a su presa y un chico con ropas blancas había surgido de aquel montón de plumas.
Mousse (pues era él) habia pateado un bote basura en cuanto dejo su forma maldita y empezó a caminar de vuelta a su casa. Perfume se había divertido con él; lo había torturado durante hora y media y lo había entregado a un restaurante francés para que hicieran con él lo que quisieran. De no haber sido por el descuido de aquel gordo…
Como fuera, ahora lo que quería era llegar al Nekohanten antes que aquellas nubes del cielo desataran su carga sobre él y darse un baño de agua caliente. Así que se dirigió a toda velocidad hacia su casa, pero llegó a una esquina y vió a una mujer ya mayor y a una adolecente con un paliacate en la cabeza y ambas detrás de un taburete con una persona enfrente.
—Bah, todo esto es una falsedad—le oyó decir Mousse a aquel cliente, al cual a todas luces no le había gustado lo que la chica había tenido que decirle—¡Todo esto no es más que un fraude!
—Le advertí que quizás el resultado no le iba a gustar—le advirtió aquella mujer, mientras aquella chica más o menos de la edad de Mousse prestaba atención a toda la escena—Pero incluso oír un comentario indeseado es mucho mejor que escuchar una mentira, ¿no le parece? ¿Le he fallado alguna vez?
—Bueno, no—contesto aquel hombre de negocios, titubeante—Pero aun así, ¡eso no puede ser posible!
Mousse se alejó de ahí, completamente indiferente a aquellas dos mujeres que al parecer se ganaban la vida leyendo el futuro de todos los demás. Pero la chica lo divisó a la distancia, y ansiosa por emular los pasos de su madre y de obtener la misma práctica, le lanzó un grito:
—¡Eh, tu! Seguro que hay una chica que te interesa. ¿No te interesa saber lo que te depara el destino con ella?
Mouse pensó en pasar de largo, pero algo en su interior lo detuvo.
—Léeme también a mí el futuro, mujer—Mousse se acercó hacia ella y usó el mismo tono duro que usaba con todas las demás mujeres—¿Cuál es mi futuro con Shampoo?
La gitana lo tocó en el pecho por unos momentos e invocó después el poder de su esfera de cristal. Pero tan pronto como obtuvo el resultado a la pregunta de Mousse su cara se ensombreció. La adolescente alzó los ojos y lo miró con aquellos ojos negros que a su manera decían más que mil palabras; volteó a ver a su mentora, que asintió con la cabeza y la animó a continuar.
—No alcanzó a ver tu futuro con la chica que ha robado tu corazón, pero…
—¿Pero qué?
La mujer dio su sentencia, pero Mousse no dijo nada; al contrario del anterior cliente ni un solo sonido de queja salió de su boca. Pero se alejó rápidamente de ahí, molesto y completamente indiferente a las protestas de la chica, que buscaba ser remunerada por aquel trabajo.
—¿No vas pagarle?
Mousse había saltado hacia el techo más cercano para alejarse de aquella chica y sus molestas quejas, pero la voz de un hombre había llegado hacia él procedente de una chimenea. Un rayo cayó del cielo, y Mousse (que después de su última experiencia no quería convertirse en pato extendió una manga y se tapó con ella para protegerse de la lluvia.
—¿Por qué debería hacerlo?—le contestó Mousse a aquel viejo sin siquiera voltear a mirarlo—Esta mujer no está diciendo más que mentiras.
Aquel hombre (que a diferencia de todos los demás ancianos que Mousse conocía, transmitía fuerza y majestad) se colocó una pipa en la boca, puso un dedo encima de la boquilla y le prendió fuego. Luego se metió una mano en el bolsillo y le lanzó a aquellas gitanas una moneda de oro.
—Curiosa respuesta proviniendo de una persona cuya esperanza es una mentira.
—Viejo estúpido, no se meta en lo que no le importa—Mousse alzó una ceja y giro la cabeza en su dirección—Nadie le ha pedido su…
El chico parpadeó un par de veces, pero aquel anciano ya no estaba ahí. Sin duda estaba soñando; con paso firme siguió hacia delante y siguió saltando.
Las palabras del Anciano y de aquella mujer no le hicieron mella alguna: sencillamente las ignoró. Las palabras de aquella adivinadora, en particular, no podían tener relación alguna con su realidad; ¿Qué demonios había intentado decir aquella bruja de todas formas? Todo lo que amas…. ¿Qué significaba eso? Bah, daba igual. Había probado la intimidad de la mujer de la que estaba enamorado y le había sabido a gloria; sin importar lo que dijera Selene, era obvio que por fin se acercaba hacia el éxito. Y después de una relación llena de altibajos y golpes del destino, ¿cómo podía el sentimiento resultante ser menos que indescriptible?
"Aun así debería pedirle una disculpa" pensó Mouse, para casi inmediatamente contestarse "Bah, no tengo que pedirle disculpas a alguien que sólo tiene mala intención."
Mousse no se sintió muy avergonzado por tales palabras, aunque no pudo menos que reconocer que no eran verdaderas. Yoshiwara había sido una amiga que siempre había estado ahí.
Como fuera, ahora no era el tiempo para disculparse, sino para reafirmar y asegurar su victoria. Especialmente cuando la mujer a la que finalmente tenía al alcance de la mano era…..
—¡Shampoo!
El joven interrumpió sus pensamientos inmediatamente y saltó hacia una gata de pelambre púrpura; la recogió amorosamente entre sus brazos y la cobijó y protegió de la lluvia.
—¿Shampoo, que te pasó?¡Estás ardiendo!
Por supuesto Mousse no tenía idea de que Shampoo había salido a buscar a la misma gitana a la que el mismo se había negado a pagarle, y para él encontrarse a Shampoo en un charco en medio de la calle no tenía ni pies ni cabeza. Pero no se puso a pensar en ello: la chica necesitaba ayuda, y Mousse no iba a dejar que nada malo le pasara. El cuchillo que cargaba en uno de sus bolsillos se clavó en su pierna derecha; al instante su ropa blanca se tiñó de rojo. Pero a Mousse no le importó, y siguió corriendo a toda prisa hacia el Café del Gato.[4] Se había olvidado inmediatamente del dolor que emanaba de las heridas que Perfume con tanta saña le había causado.
"Le he dicho tantas veces que se cuidara cuando va por ahí en su forma de gata" pensó Mousse "Le he…"
Por supuesto, Mousse no podía saber que Shampoo habia salido a buscar a la misma gitana a la que él mismo se habia negado a pagarle, y aunque lo hubiera sabido, eso no lo iba a hacer desistir de regañarla. Llegó al restaurante, empujó una de las puertas con una patada, depositó a Shampoo sobre la cama y derramó un chorro de agua caliente en su cabeza. Al instante el cuerpo de aquella mujer se transformó y Mousse se dedicó a cuidarla; le quitó la ropa mojada pero respetó en todo momento su intimidad y encendió la calefacción. Shampoo se retorcía en medio de la cama, victima sin duda de una horrible pesadilla; Mousse apoyó una mano tibia sobre su frente y derramó un par de lágrimas. Bajó a la cocina y preparó una taza de té.
Aunque cuando volvió a subir y la encontró despierta no disminuyó su necesidad de regañarla.
—Te he dicho mil veces que te cuides cuando estás en tu forma de gata—Mousse entró en ese momento con una taza de té bien caliente—Pudo haberte pasado algo.
—No me molestes, chico pato—contestó aquella Amazona— No me pasó nada.
Mouse le dirigió una mirada que por al menos una vez hizo que Shampoo se arrepintiera. Era una mirada de reproche, aunque en ese momento Shampoo no se dio cuenta que más que el insulto, lo que Mousse estaba condenando era el descuido de Shampoo para su propia persona. La chica trató de redimirse:
—Aunque supongo que tengo que agradecer que cuidarás de mí—la chica lo miró a los ojos—Gracias, Mouse.
—No tienes que decir nada, Shampoo—Mouse alzó las manos de la chica entre las suyas—Después de lo de anoche, es lo menos que podía hacer por ti.
Mousse no pudo evitar humedecerse los labios, aunque tuvo el buen tino de hacer que éste fuera un gesto imperceptible. Los otros labios de Shampoo le habían sabido a gloria.
Un silencio incómodo de diez minutos se impuso entre los dos. Shampoo retiró las manos inmediatamente y luego musitó:
—Lo prometiste.
—¿Qué?—Mousse no la entendió muy bien—¿Qué cosa?
—¡Qué no volveríamos a hablar de ello, lo prometiste!—Shampoo ni siquiera se molestó en usar el japonés, sino que usó el mandarín—¡Lo prometiste, Mouse!
Nadie dijo nada por cinco minutos más. Hasta que finalmente Shampoo volvió a romper el silencio.
—Creí que habíamos quedado en que nunca más íbamos a hablar más de esto, Mousse—la chica china censuró a su compañero—Lo prometiste. Es a Ranma a quien le pertenece mi corazón. Es hora de que lo aceptes.
Aquella declaración le había dolido a Mousse más de lo que este mismo había podido imaginar. ¿Cómo podía Shampoo no darse cuenta? ¿Cómo podía Shampoo no haber notado la magia que en la noche anterior había flotado en el ambiente?
—¿Pero por qué, Shampoo? ¿Por qué?—Shampoo no pudo ver bien la cara de Mouse estando como estaba en penumbras, pero pudo oírlo perfectamente—¿Por qué sólo Saotome tiene la oportunidad de llegar a tu corazón?
Shampoo entrecerró los ojos, resignada. Mousse sabía que tenía que hacer algo; con toda seguridad, Shampoo iba a recordarle aquella vez que a los tres años de edad había perdido ante ella. Pero no le iba a dar la oportunidad.
—Cuando más necesitabas a alguien, yo siempre he estado ahí; de todos los que te han dicho que podías confiar en ellos, solo he estado yo— Mouse no dejó que Shampoo lo interrumpiera—Siempre. Creo que merezco al menos una oportunidad.
—Ya tuviste tu oportunidad—una voz glacial que reconoció muy bien habló detrás de él—Y fallaste. Y ahora lárgate, estúpido. Descompones el ambiente del lugar.
Un escalofrío recorrió la espalda de Mousse.
—¿Sorprendido?
Hacia ellos avanzó Perfume, esbozando la sonrisa de un chacal. Mousse ni siquiera se molestó en esconder su disgusto.
—Sí.
—Más sorprendida estoy yo de verte aquí—Perfume se encogió de hombros—¿No se supone que tenías una cita con un chef de cocina?
Mouse se levantó en ese mismo instante, completamente furioso y a duras penas reprimiendo su rabia reprimida. Perfume lo había golpeado y luego lo había entregado a un restaurante; por culpa de Perfume, Mousse había estado a punto de convertirse en pato a la naranja
—¿Qué sucede, Mouse?—Perfume lo volteó a ver con toda la desfachatez del mundo—¿Tienes algo que decir?
—Yo, yo…—Mouse apretó ambos puños—Me marcho Tengo que salir de aquí.
Ambas mujeres lo miraron, aunque una con una sonrisa entretenida y la otra con pesadumbre. Pero Shampoo alcanzó a preguntar:
—¿Tú me amas, Mousse?
Mousse estaba llorando, aunque en gran parte para contener su rabia. Pero la pregunta de Shampoo cambió su estado de ánimo.
—Más que a mi vida misma, Shampoo.
Aquellas palabras, dichas en un momento en que ella estaba desilusionada y gravemente enferma, tuvieron un efecto demoledor. Quizás, y sólo quizás, Mousse merecía una oportunidad.
—Acércate, Mousse.
—Pero ni se te ocurra tocarla, fenómeno—le advirtió Perfume—Ese derecho sólo lo puede tener alguien mejor que tú.
—Perfume, por favor—le pidió Shampoo a su prima con voz débil—Acércate, Mousse.
Aquel chico se acercó al objeto de sus afectos y se inclinó al borde de la cama, como si fuera un Lancelot en rodillas frente a su reina. Ésta extendió una mano y la apoyó sobre su cabeza.
—Gracias por estar siempre junto a mí.
Shampoo empezó a sollozar. Aquel momento era….
—Quizás, y sólo quizás, tú y yo….
—¡LÁRGATE!—un pie más o menos pequeño se incrustó en el trasero de Mousse—¡LÁRGATE, CIEGO MALNACIDO!
—¡Perfume!
—¿Qué demonios, pasa contigo, Shampoo?—Perfume ignoró la exclamación de su prima y la encaró—¿Cómo puedes rebajarte así? ¿Cómo puedes conformarte con un premio de consolación?
—Perfume, yo…..
— ¿Cómo puedes? ¿Acaso no tienes orgullo? ¿Acaso no tienes…?
—¡Perfume!—esta vez no fue la voz de su prima enferma la que le contestó, sino una voz más potente y mucho, mucho más furiosa—¡Cierra la boca en este mismo instante!
La Chica dio un respingo y volteó a ver hacia el lugar de donde provenía aquella voz.
—Deja en paz a tu prima y cierra la puerta cuando salgas—gruñó su bisabuela—Ya has hablado suficiente.
"La nuestra ha sido una pelea interesante."
"Oh, sí" la más vieja de las Perfume había contestado con una sonrisa a la aseveración que hiciera su hermana "Ha sido un buen calentamiento."
Colonia había alzado una ceja. ¿Calentamiento? La pelea había sido brutal y le dolían todos los huesos, lo cual era decir mucho. "¿Calentamiento?"¿Estaba Perfume fanfarroneando, o sentía que decía la verdad? Colonia juzgó que debía hacer un último ataque; se lanzó sobre su hermana menor y trató de tirarle un bastonazo. Pero sus pies al final se negaron a responderle.
"¿Qué rayos?"
No podía ser posible. ¿Acaso Perfume le había apretado un tendón? ¿Cuándo había podido hacerlo? Tenía que hacer algo, antes de que su hermana sonriera y proclamara su victoria….
Pero fué entonces que Colonia, la más poderosa de todas las Ancianas de Joketsuzoku, cayó inconsciente al piso.
Perfume se había imaginado muchas veces que sentiría al alcanzar aquella victoria, pero ahora que la había ganado no se sentía exactamente como había predicho. Se sentía adolorida, cansada y bastante sedienta; la batalla contra su hermana no la había afectado tanto como a ésta porque sus viajes alrededor del mundo en calidad de exploradora habían acostumbrado su cuerpo a jornadas como aquella. Colonia también era una exploradora, eso concedido, pero no había viajado tanto … Como fuera, Perfume ya no era tan joven, así que se alegró inmensamente de que Colonia cayera primero; así no se sentiría culpable de caer ella misma inmediatamente después.
Cuando se levantó del piso (media hora después) Perfume tomó a su hermana mayor por la cintura y la arrastró hacia la calle más cercana. El taxista a la que le hiciera la parada le hizo malos ojos (después de todo, ambas ancianas estaban cubiertas de tierra, lodo y varias ramitas) pero finalmente las acabó recogiendo y las llevó al Café del Gato.[5] Perfume le pagó el dinero acordado al taxista, bajó por si sola a su hermana inconsciente y la metió con cuidado a su habitación: le quitó la ropa, le colocó prendas nuevas encima y bajó a la cocina a prepararse un té bien caliente y muy cargado.
Perfume aspiró el aroma que salía de aquel té y giró los ojos hacia arriba. Algo (o alguien) había entrado al edificio. Ya se preparaba a subir por las escaleras cuando se topó con Mousse, que venía en dirección contraria.
"¿Qué sucede, chico?"
Mousse sólo necesitó decir una palabra para resumir toda la explicación:
"Shampoo."
De regreso al presente, aquellas dos mujeres con el mismo nombre se miraban la una a la otra; sólo que una con voz de desconcierto y la otra visiblemente enfadada.
—¿Es así como te dije que cuidaras a tu prima?
—¡Pero si lo estaba haciendo! ¡Shampoo estaba dormida, y …
—Pues no parece—repuso la mujer—Mientras que tú estabas fuera, Shampoo tuvo tiempo de salir, deambular por ahí y terminar en un charco en medio de la calle. De no haber sido por Mousse…..
La más joven de aquellas dos mujeres dió un gruñido.
—Lo cual me lleva a la segunda cuestión. ¿A que ha venido eso?
—¿El qué?
—Eso—la anciana señaló el agujero en la pared—¿Cuántas veces te he dicho que tienes que ser más amable con Mousse?
Perfume no dijo nada: se tragó su coraje y soportó el regaño de su bisabuela con paciencia.
Perfume salió del Nekohanten con un humor de perros. Había confundido a la prometida oficial de Ranma con su hermana, había dejado que Shampoo se marchara por ahí y para acabar había recibido una regañina por parte de su bisabuela. El haberle dejado en claro a su prima que había perdido una batalla del corazón contra una mujer que a todas luces tenía el carácter de un chimpancé la había puesto de muy mal humor. Así que lo que primero que había hecho era desquitarse con Mousse: la amazona había querido tener una pelea seria con él pero el poder del chico la había decepcionado…Visto en retrospectiva, Mousse ni siquiera había merecido el esfuerzo…
"Creí que te había dicho que tenías que portarte más amable con Mousse. Perfume."
Y para colmo su abuela la había regañado por pegarle a Mousse y castigar su comportamiento oportunista.
"Ahora, sé bien que si tu prima quiere salir, sale, y no hay nada que se pueda hacer" Perfume recordó las palabras que habían salido de la boca de su bisabuela "Pero te he dicho que tienes que portarte más amable con Mousse, y no quiero volverlo a repetir. El chico no merece ni necesita el trato que le estás dando. Y cuando vuelva, quiero que le pidas una disculpa, ¿está claro?
Perfume había agachado la cabeza. Su bisabuela asintió satisfecha ante lo que consideraba una afirmación y dio media vuelta: el último comentario la hizo retroceder y regresar a mirarla.
"No lo haré."
"¿Qué has dicho?"
Perfume había temblado en ese instante, esperando con toda seguridad el castigo de su bisabuela, pero éste no llegó nunca. La habitación había estado en penumbras, pero entre uno y otro destello de luz Perfume había podido deslumbrar el semblante de la mentora de la que era acompañante.
"Dije que no lo haré" Perfume supo que tenía entonces una oportunidad para convencer a su bisabuela de la validez de su punto de vista "¿Qué pasa con usted? ¿Acaso no es obvio que Mousse se está aprovechando de la enfermedad de mi prima?"
La anciana soltó un suspiro. Su bisnieta se asustó: sólo entonces pudo darse cuenta que tan vieja era.
"¿Lo odias?"
"No lo odio" contestó rápidamente Perfume "Pero quiero evitar que Shampoo cometa lo que podría ser el peor error de su vida."
Perfume recordó aquellas palabras y volvió a pensar en ellas. No, no lo odiaba. Mousse había sido un amigo de la infancia, pero eso había sido hace mucho tiempo. No, Perfume le había dicho a su bisabuela la verdad. Y por mucho que Mousse la amara, Perfume no dudaba que a su lado Shampoo seria profundamente infeliz.
Perfume pateó una lata, desanimada. No se había sentido así desde…
"Pero Mousse la ama" había dicho su bisabuela "Mousse hará todo lo posible para hacerla feliz. Además…"
"¿Qué cosa?"
"Siempre será mejor que se case con Mousse a que se case con un maldito japonés."
Bah, no tenía sentido dejar que su visita al Japón se viera obstaculizada por el recuerdo de un imbécil; jamás había visitado el país y sentía que no valía la pena desaprovechar la oportunidad. Así que volvió a pasear alrededor de la ciudad, visitando varios de sus templos y deambulando por varios de sus mercados y divisando uno que otro espectáculo. Y cuando finalmente terminó su recorrido y juzgó necesario volver a su casa, se preguntó porque su bisabuela odiaba tanto aquel país.
"Bisnieta, empaca tus cosas rápido" Perfume recordó lo que le había dicho aquélla hacía ya una semana "Tenemos trabajo que hacer."
Perfume se había preguntado en ese mismo momento si había hecho o dicho algo capaz de molestar a su bisabuela.
"Para una semana" repuso la vieja "Entre menos tiempo estemos en Japón, mejor."
Por supuesto, la chica había sido capaz de imaginarse en ese mismo instante los motivos de su predecesora para aquel viaje. Por la aldea corrían rumores, algunos bastante serios, sobre el proceder de su prima Shampoo y su bisabuela Cologne (como que ésta quería al apuesto semental para sí) pero lo que Perfume no podía entender era el desprecio de su bisabuela para un país vecino. Personalmente, ella no lo entendía. Los artistas y combatientes marciales japoneses con frecuencia eran competentes; la Aldea de la Supremacía femenina no podía sentir desprecio por sus iguales.
¿Entonces porque el desprecio de su abuela? ¿Acaso había perdido ignominiosamente ante un luchador japonés y por eso su odio ante toda aquella raza? Alguna vez había oído a su bisabuela hablar sobre un tipo llamado Happosai, que había sido como una plaga y había dejado a su tía Colonia destrozada, pero el tal Happosai era sólo un japonés de muchos tantos, así que…Podía comprender tal cosa de cualquier otra Amazona, pero no de ella: esta era, después de todo, la que le había aconsejado ser moderada, a tratar de no juzgar una cultura basándose en la una propia y a ser tolerante con todo mundo. Su abuela era tan buena onda que incluso le había pedido ser amable con Mousse. Sin embargo, esa misma mujer era la que miraba incluso a los niños japoneses con desprecio y que no podía contener un gesto de asco cuando alguno le dirigía la palabra.
"Contradicciones de la Abuela" se dijo para sí mismo la chica mientras saltaba aquellos tejados en dirección a ninguna parte "Todo mundo tiene sus contradicciones, supongo." "Como el novio de Shampoo, por ejemplo."
Por supuesto, la maravillaba el interés de su prima: ¿Quién no quiere casarse con alguien famoso? Además, la calidad de sus otros (por no decir otro) enamorados dejaba mucho que desear. Como fuera, Perfume consideraba que Shampoo exageraba un poco y que su amor era bastante ilógico. ¿Cómo podía enamorarse perdidamente de un hombre que dejaba que su prometida desquiciada lo lanzara contra la pared? Tenía pensado que a su prima le gustaban los hombres fuertes. Claramente, en la lista de hombres fuertes de la Supremacía Femenina no figuraban aquellos que eran golpeados por sus mujeres.
—Hola señorita—la voz de un hombre viejo interrumpió sus pensamientos— ¿No se le ofrece comprar algo para su bisabuela? Me acaban de llegar de China excelentes productos, todos los cuales tienen…
Perfume parpadeó un par de veces. Aquel vendedor no podía conocer a su bisabuela, algo raro pasaba ahí. Hasta que cayó en la cuenta de que por fuerza el vendedor la estaba confundiendo: no era aquella la primera vez en que un viandante la confundía con su prima.
—Creo que me confunde con mi prima Shampoo, señor—la chica alzó una mano y señaló su cabeza—Yo tengo el cabello verde, ¿ve?
—Oh, lo siento mucho. No pretendía ofenderla, señorita—el vendedor se vió apenado—Pero aun así tengo alguna mercancía y algunos objetos mágicos muy potentes que de seguro le interesarán. Si quisiera…
—Ahora no, gracias—Perfume volvió a saltar y se alejó rápidamente—¡Quizás en otra ocasión!
—¡Si cambia de opinión, estaré acampando en el parque!—le gritó aquel vendedor, sujetándose a la esperanza de haber obtenido un prospecto—¡Pregunte cuando quiera!
Perfume no contestó ya nada más y siguió saltando. La verdad es que no se le ocurría nada que pudiera usar en ese momento a no ser….
Perfume se detuvo: se sentía absolutamente estúpida. ¿Por qué no le había preguntado por un remedio para el catarro? Con toda seguridad podría ayudarle a Shampoo a recuperarse; a Perfume le encantaría evitar que su prima cometiera el mismo error que la noche pasada. Pero cuando iba a dar media vuelta y dirigirse hacia el parque algo la detuvo; darle a Shampoo una medicina sin tener en claro que enfermedad tenía era una idea aún más estúpida. Necesitaba información….
Pero en ese caso; ¿Cómo evitar que volviera a cometer el mismo error que había tenido con Mousse? No podía sencillamente encerrarla. Podía hacer desaparecer al pato, claro está, y esperaba que tras hacer eso no volviera nunca más, pero en caso de que no pudiera hacer ni una cosa ni otra tenía que adoptar un mejor plan. Si tan siquiera el Airen de Shampoo cambiara de opinión…¿Pero cómo conseguir tal cosa? No parecía que el chico fuera a cambiar de opinión de la noche a la mañana. Necesitaba…
¡Claro, información! A eso se reducía todo, a recabar la mayor cantidad de datos posibles para así tener una idea clara de lo que podía y tenía que hacer. Necesitaba estudiar a aquel chico llamado Ranma; sólo así podía tener alguna esperanza de ligarlo con Shampoo. Así que en lugar de dirigirse hacia el Nekohanten, saltó sobre los demás tejados y exploró las demás casas en Nerima.
Lo primero que buscó fue pruebas del poder de Ranma. Si el chico era tan poderoso como decían, Perfume supuso que por fuerza algún rastro de su poder tenía que ser visible en las casas vecinas, y aunque le costó encontrar evidencias al principio, si las encontró. Toda aquella zona tenía evidencias de que en ella se habían librado mil batallas; sólo la meticulosidad japonesa había hecho que las reparaciones subsecuentes fueran imperceptibles para el ojo no entrenado. Entre más se internaba en el barrio, más evidencias encontraba; incluso se encontró con un grupo de trabajadores de la ciudad arreglando un puente descompuesto. Los comentarios del grupo de trabajadores le hizo dar un vuelco a su corazón: todos ellos se quejaban de que aquella era la sexta vez que tenían que arreglar el puente en lo que iba de aquel mes.
—No sé qué pasa con este lugar—uno de los trabajadores se secó el sudor, el cual aún brillaba aunque estuviera a punto de entrar la noche—Esta es la sexta vez en lo que va del mes y a cómo van las cosas habrá una séptima. Y sin embargo, nadie parece quejarse ni presentar una queja formal ante lo que parece estar pasando. ¿Tiene algún sentido?
—Tal parece que a los chicos se les está yendo la mano—repuso otro, que al ver la cara interrogativa de su compañero prosiguió con su comentario— Mira, no vives aquí, así que no espero que lo entiendas. Y ahora, ¿te importaría cerrar la boca y apurarte? Está a punto de llover. Sí..
Perfume quedó sorprendida ante aquella revelación. ¿Otros chicos? ¿Es que había otros chicos con la misma capacidad que Ranma viviendo en Nerima? Claro, eso explicaba que los muros de la casa de los Tendo estuvieran tan remendados como una colcha vieja. Aunque el hecho de que ninguno de los vecinos hubiera interpuesto queja alguna contra ellos era algo intrigante también. Empezó a llover, cayó también la oscuridad, y los trabajadores empezaron a marcharse.
El estómago de Perfume soltó un gruñido. Tenía hambre, quizás sería buena idea visitar un restaurante. Dado que regresar al Nekohanten para comer comida china parecía una contradicción en si misma (no había viajado al Japón para comer en él la misma comida que podía comer en casa) pensó en visitar otro de los restaurantes de Nerima, así que se dirigió hacia aquel cuyo nombre le había oído a su tía[6] y cuyo nombre recordaba.
—Bienvenida a Uchan's—una "mujer" vestida con un kimono la recibió de buena gana mientras le hacía una reverencia—¿En qué puedo ayudarla?
—Quisiera algo de comer—la recién llegada se sentó junto a la parrilla, mientras examinaba el rostro de aquella empleada, que hay que decirlo, parecía tener una piel perfecta—¿Okonomiyaki? No lo había oído nunca—Luego, y al ver el menú tomó una decisión—Uno de res, por favor.
—En seguida—la chica se arremangó el kimono y empezó a preparar aquella orden—¿Nueva en la ciudad?
—Sí—Perfume empezó a tamborilear con los dedos—No había venido nunca.
Perfume volteó su asiento y volteó a ver hacia la calle. Nadie venia, así que regresó a su posición inicial y se dirigió de nuevo hacia aquella empleada.
—¿Y tú? ¿Llevas mucho tiempo viviendo en Nerima?
A juzgar por las ropas que vestía aquella "mujer" tal parecía que provenía de un lugar más tradicional que la capital japonesa.
—No mucho—Konatzu mezcló los ingredientes y los derramó sobre la plancha—Antes de mudarme aquí con Ukyo sama, vivía en otro lugar. ¿Lo quiere picante?
—Claro que sí—Perfume asintió con la cabeza—Pero permíteme hacerte una pregunta: ¿Qué tanto conoces este lugar?
—Oh, lo suficiente. No es un barrio muy tranquilo, pero de ninguna manera es peligroso. Al menos no tanto como otros. Ranma sama y sus amigos alejan toda esa clase de problemas.
—¿Ranma sama?—Perfume reconoció aquel nombre como el enamorado de Shampoo—¿Quién es él?
—Ranma sama es el mejor luchador que este lugar ha visto jamás—respondió su interlocutora—Es muy fuerte. Y aún más rápido. No hay peleador que pueda resistirse a su poder. Todos aquellos que lo desafían se arrepienten.
—Suena a que es un peleador muy cruel.
Afuera empezó a llover a llover otra vez.
—¿Él? Para nada— la mujer se señaló a si misma—Yo alguna vez peleé con él. E incluso cuando trataba de matarlo, nunca dejó de ser un caballero. No sólo es el más peleador más fuerte, sino que es el más honorable. Incluso en medio de una batalla, para él matar a su oponente es algo impensable.—Konatzu terminó se cocinar el Okonomiyaki y se lo dió a su cliente—Aquí está. Si tan siquiera se fijara en Ukyo sama…
Perfume alzó el tenedor y cortó un pedacito. No estaba tan mal; el hambre de la chica se impuso y terminó pidiéndole otro. La empleada asintió a su vez y empezó a preparar los ingredientes. Perfume aprovechó para interrogarla; no tardó mucho en enterarse de muchos de los pormenores de todas las batallas que habían tenido lugar en aquel sitio. Pero algo no pasó desapercibido para ella.
—¿Prometidas? ¿Quieres decir que tiene más de una?
—Pues eso—la "chica" se encogió de hombros —Ranma sama es tan buen peleador que todas las demás chicas son atraídas a él como abejas a la miel. Si usted supiera…
Perfume salió de aquel lugar bastante satisfecha de sí misma. En verdad Ranma era buen partido; el hecho de que varias mujeres estuvieran detrás de él lo comprobaba. Y entendió porque la estrategia de Shampoo había fallado; con tantas rivales compitiendo entre ellas por el afecto del chico, era más que obvio que su prima no tenía ninguna oportunidad siguiendo la misma estrategia empalagosa que todas las demás. Así las cosas, no se extrañó que Ranma hubiera pasado de ella. En caso de que un montón de hombres intentaran ligarla siguiendo el mismo método (como Mousse) ella hubiera hecho lo mismo.
Podía entender a aquel Ranma; tener que soportar las intenciones de un montón de pretendientes era algo bastante molesto; si Shampoo hubiera jugado bien sus cartas, hubiera establecido una diferencia entre ella misma y las demás, una diferencia que no fuera abrumadora pero que fuera a todas luces obvia. Como muchas mujeres y hombres a todo lo largo y ancho del mundo, Ranma parecía haberse enamorado de aquella mujer que era justamente la que no parecía interesarse en él.
¿Pero entonces, como hacerle? Tenía que haber una manera de convencer a aquel chico de que casarse con Shampoo no sólo era la mejor idea, sino que era la única posible. Se sentía ansiosa….aunque la verdad fuera dicha, no sólo por Shampoo sino por ella misma.
Si lo que aquella chica le había dicho era cierto, Ranma era la clase de peleador contra el que ella le encantaría pelear.
Pero aun así... dejar que su prima Shampoo se casara con alguien que dejaba que todos los demás lo chantajearan o se aprovecharan de él a voluntad….
Caminó hacia el restaurante que por ahora consideraba su casa. Abrió la puerta de manera sigilosa, subió las escaleras y entró al cuarto de su prima.
Un objeto rectangular llamó su atención.
Retaría a ese tal Ranma. Y si lo consideraba digno, se aseguraría de que se casara con Shampoo.
Como que se llamaba Perfume.
En otro lado de Japón, aunque no muy lejos de ahí, un chico con un papel secundario en las series pero con cierto protagonismo en esta historia caminaba con ambas manos metidas en los bolsillos por el barrio donde vivía. Y es que no podía dejar de pensar que era un cobarde.
"¡No podrás lastimarme nunca Colonia!" le había oído gritar a aquella mujer que sin duda era hermana de la dueña del Café del Gato "¡No sin que uses tus cuchillas de ki!"
Aquel chico (un adolescente con aspecto cansado y alumno de la escuela Furinkan) había parpadeado un par de veces y mirado a su alrededor. El daño era impresionante: a pesar de la nube de polvo que cubría aquel lugar, aquí y allá podían verse los restos de lo que sin duda había sido una batalla épica.
"¿Quieres que use mis cuchillas de ki? ¡Pues entonces déjame mostrarte como se usan éstas, principiante!" Colonia se había abalanzado contra su hermana menor con una sonrisa de satisfacción "¡Toma!"
El adolescente había olvidado por un momento sus tribulaciones mientras caminaba de regreso a casa y había prestado atención a la pelea. Ni siquiera había visto a Ranma pelear así. Aquellas mujeres se habían atacado con todo, mientras que ahí donde sus extremidades habían hecho contacto, chispas y destellos de color rosa y verde salían despedidos en el aire.
"¡Así que este es el poder!" había pensado para sí mismo "¡Así que este es el poder de combate de esa anciana!"
El chico triste recordó como la contendiente de Colonia salía disparada hacia un cúmulo de rocas y había hecho impacto en ellas. Había sentido ganas de huir, de esconderse, pero obviamente él nunca había sido el objetivo de ninguna de las dos mujeres y se quedó ahí. Observando.
Gracias a lo cual pudo alcanzar a ver como Colonia, aquella anciana china a la que incluso Ranma respetaba, caía por primera vez derrotada.
Aquella había sido la pelea más espectacular que jamás habia visto.
Había querido pedirle ayuda a aquella anciana, había querido que le enseñara como defenderse a sí mismo, pero no había podido. No había tenido el valor para hacerlo.
Y eso era porque él, Gosunkugi, era un cobarde.
Aquel no era un pensamiento agradable por lo que trataba de alejarse de él siempre que fuera posible. Pero aquella verdad inescrutable era obvia, aunque no tanto para sus padres que para todas las demás personas, que dándose cuenta de la debilidad del chico no tenían ni sentían ningún escrúpulo aprovechándose de él.
"Me la pagarán" Gosunkugi recordó como había sido sujetado por ambos hombros mientras aquel matón se restregaba en la entrepierna aquella fotografía "Me.."
¡Tud!
El golpe que había recibido en el estómago le había sacado un grito, y los matones que lo sujetaban de ambos brazos lo habían dejado caer al suelo. Gosunkugi se metió las manos aún más en los bolsillos….Los recordaba demasiado bien. Burlándose, mirándose los unos a los otros…
Riéndose.
"¿Oh, y que piensas hacer?" le había contestado el jefe de aquella bola de malditos "¿Tratar de maldecirme usando una muñeca vudú?
El chico se sintió como un estúpido. De no haber sido por Ranma, aquellos tipos hubieran seguido atormentándolo; de no ser por Ranma, Gosunkugi no hubiera tenido más remedio que mirar impotente como se masturbaba con la imagen de su madre. Aquello había sido horrendo. Siempre había defendido su autoestima mintiéndose, diciéndose a sí mismo que todos aquellas personas que le habían hecho daño se la pagarían, que él, Gosunkugi, no tardaría en encontrar el hechizo que le permitiera obtener justicia y dejara que se saliera con la suya. Sintiéndose miserable e impotente, había recorrido toda su vida a los medios a los que solía recurrir todo hombre miserable.
Pero ya no más.
"Sabes Gosunkugi, deberías tener un poco más de dignidad" aquellas palabras de Ranma le habían quemado el alma como si estuvieran sido grabadas en él al rojo vivo "¿No te cansas de que la gente siempre se esté aprovechando de ti?
Pensó en vengarse de él. Pero aquella muestra de su cobardía fue tan obvia que lo hirió aún más. ¿Vengarse de Ranma? ¿Acaso no era obvio que le gustaba pensar en vengarse de Ranma porque éste no sería capaz de lastimarlo?
Gosunkugi regresó a su casa con el firme propósito de conseguir una pistola y saltarse la tapa de los sesos.[7] Aquella agresión había sido la destrucción completa del muro de mentiras con el que había tratado de proteger su autoestima; siempre se había consolado a si mismo que un verdadero hombre en lugar de los músculos siempre usa su cerebro. Pero al llegar a su habitación, y ver todos aquellos fetiches en los que había confiado, se sintió el hombre con vida más estúpido sobre la tierra.
"¿Oh, y que piensas hacer?" "¿Tratar de lastimarme usando una muñeca vudú?"
Gosunkugi había tratado de proteger su conciencia, tratando de decirse a sí mismo que Ranma se podía meter su comentario por el culo y que no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Pero aquella última prueba de su mediocridad le dolió aún más: aquel último pensamiento, en el que había tratado de proteger su conciencia recurriendo a la autocompasión, le mostró claramente lo débil y patético que realmente era.
Así que tomó una decisión.
Si no había lo suficientemente valiente para vivir como un hombre, al menos lo sería para dejar aquella vida con dignidad.
Gosunkugi subió a su habitación totalmente ignorante de la mirada preocupada de su madre y cerró la puerta. Agarró un cinturón y lo ató fuertemente al candelabro; acto seguido se subió el mismo a una silla y se colocó el mismo aquella soga improvisada al cuello.
—Hijo, Gus…¿Estás bien?
La señora nunca lo supo, pero aquellas palabras suyas llegaron en el momento exacto para evitar que su hijo cayera en el suicidio. Pero eso no significó en modo alguno que su hijo estuviera dispuesto a abrirle la puerta.
Y menos a la mujer a cuya imagen sentía que le había fallado.
—Estoy bien— le contestó su hijo, tratando de sonar lo más normal posible —Yo... yo sólo quiero estar sólo.
—Recuerda que si te pasó algo malo siempre podemos platicarlo— le contestó su madre —Tu padre está por llegar…No dejes de bajar a comer, ¿sí?
¿Hablar? Hablar siempre había resultado tan inútil como cualquier otro de los fetiches, pócimas o artefactos mágicos en los que había confiado.
—No faltaré.
El hablar y su manía por los hechizos mágicas eran sus rasgos de cobarde.
A partir de ahora resolvería sus problemas (y protegería su dignidad) como hacían todos los hombres normales.
Con los puños.
¿Pero a quien pedirle ayuda? No conocía a nadie…
Bueno en realidad si lo conocía. A Ranma.
El estómago de Gosunkugi dio una sacudida. Pedirle ayuda a Ranma sería casi tanto como aceptar su inferioridad ante éste. Aunque, y pensándolo bien, ya era inferior respecto a todos los demás en todos los aspectos de su vida.
"Él tiene todo lo que yo no" pensó para sí mismo el adolescente "Popularidad, un harén de prometidas y la mano de la mujer que amo" "Yo…"
Cómo fuera, aquel día el viejo Gus había dejado de existir, así que se dio un puñetazo en el estómago y juró visitar el Dojo Tendo.
Si, Gosunkugi había odiado a Ranma Saotome….
Pero no tanto como se odiaba a sí mismo.
Ahora, y de regreso en el Nekohanten, aquella había sido una tarde más o menos incómoda para Mousse. Había terminado peleándose con Yoshiwara, que era más o menos la única amiga que tenía en todo Japón. Y había tenido que encarar a aquella lunática de Perfume, que lo había dejado hecho polvo y que no conforme con ello lo había atado fuertemente de las patas y entregado a un restaurante donde a punto había estado de convertirse en pato a la naranja. Peor aún, aquella peste había llegado a tiempo para frustrar su momento con Shampoo; Perfume le había dado una patada en el culo tan fuerte que lo había mandado a volar varios kilómetros por el cielo. Mousse soltó un gemido y se asobó las nalgas. Esa maldita Perfume….
Mousse había quedado inconsciente al caer al piso, así que cuando despertó se sorprendió al darse cuenta de que estaba en uno de los lugares más concurridos de Tokio. Debajo de él, hileras de transeúntes caminaban sobre la calle; Mousse vió como todos entraban a uno u otro local lleno de mujeres para divertirse. El pato se había sacudido el polvo de encima, soltado un eructo y hecho un gesto de disgusto. Mousse odiaba aquel lugar. Puede que Japón fuera un país maravilloso, pero despreciaba profundamente una cultura cuyos hombres aspiraban a convertir a las mujeres en cum buckets.[8]
El chico había buscado un Starbucks, pero encontró una tubería cercana de agua caliente y se puso debajo de una de las goteras que emanaban de ella. Se sentía extraño el cambiar de forma de aquella manera; como sea, una vez había recuperado su forma de humano, concentró su atención en otra cosa.
Yoshiwara.
Aquel era precisamente el lugar donde podía encontrarla, y sabía exactamente cuál era el local donde trabajaba la chica, así que hizo a un lado su disgusto y empezó a saltar de techo a techo y de callejón a callejón, buscando en todo momento cortar distancia entre ella y su amiga. Se sentía mal… No tenía por qué haberle dicho mujerzuela. Bueno, ella técnicamente si lo era, pero aun así…
¿Pero cómo sentir piedad de aquellas mujeres, que exhibían y vendían sus cuerpos de aquella manera? Mousse no le hallaba ningún sentido. Yoshiwara al menos tenía una excusa, pues no había podido conseguir una beca para seguir estudiando y de algún lado necesitaba conseguir el dinero, pero…¿y las demás? ¿Es que acaso ninguna de ellas tenía orgullo ni dignidad? ¿Cómo podían siquiera soportar acompañar a esa clase de hombres que a todas luces eran basura?
Sólo había una clase de personas que despreciara más que aquellas mujeres, y éstos eran sus clientes. Mousse acarició uno de sus cuchillos. Sí…
Mousse se obligó a no pensar en ello. Si despreciaba a Ranma por tener detrás de él a todas aquellas prometidas y no dejar en claro si sentía algo por alguna de las cuatro, el sentimiento que sentía por aquel lugar de la capital japonesa era más que cercano al odio. Mousse pensaba que un verdadero hombre tenía que ceñirse a una sola mujer; encontraba particularmente ofensivo el hecho de que todos aquellos visitantes se acercaran a aquel lugar en busca de mujeres como quien elige un corte apetitoso de carne. Aquellos hombres, todos ellos, no eran sino una bola de malditos depravados inmerecedores del amor de cualquier mujer; trataban a toda fémina a su alrededor sin el respeto y la ternura que toda mujer merecía. En la escala de valores de Mouse, los hombres que asistían asiduamente a aquel tipo de lugares eran peor que basura.
Y lo peor de todo es que Yoshiwara parecía encontrarse a gusto trabajado rodeada de gentuza como aquella.
—¿Qué pasa, Saotome? ¿Aún no casado y ya engañando a tu prometida?
El chico había divisado en la distancia a su rival y se había acercado a él, deteniéndose en la azotea más cercana y dirigiéndole una mirada de desprecio. Claro, sólo Ranma Saotome, el enemigo de todas las mujeres, podía encontrarse a gusto en aquel lugar…
—¡Mousse!
—Sabes, había llegado a pensar mejor de ti— Mousse había girado la cabeza desde su posición en el barandal y le había dirigido una mirada de desprecio al barrio circundante —Encontrarte en un lugar como éste…Me pregunto qué diría Akane Tendo si se enterara.
—¿Buscas pelea?— le preguntó Ranma, alzando una ceja.
—Tranquilo, no le diré nada—Mousse le había sonreído con desprecio y había dado media vuelta — Tengo mejores cosas que hacer que informarle a una adolescente sobre las infidelidades de su novio transexual.
— ¡Oye!— Ranma había alzado el puño y a poco había estado de saltar detrás de él —¿A quién le estas llamando transexual, pato ciego?"
Ranma respondió al insulto alzando la voz y disponiéndose a saltar contra él, pero paró en cuanto se dio cuenta que Mousse no le había prestado atención. Por un momento el chico chino pareció olvidar porqué estaba ahí; un trueno iluminó entonces la noche y Ranma pudo verlo sobre la barandilla del edifico de en frente, ensimismado.
—Sí, tengo mejores cosas que hacer—había susurrado Mousse, aunque más para sí mismo que otra cosa —Muchas más cosas que hacer.
Cómo disculparse con Yoshiwara y pedirle consejo, por ejemplo.
—¡Akane Tendo es una estúpida por confiar en alguien como tú, Saotome!—aquel comentario, hecho sin odio, le dolió aún más— ¡Menos mal que Shampoo ya se dio cuenta que tan puro es mi corazón! ¡Adiós!
Mousse había saltado sobre la cabeza de su rival y proseguido su marcha. Ranma pensó en saltar inmediatamente y hacerle pagar por aquel comentario, pero su recién conocida colombiana lo distrajo. Además, Mousse tenía que darse prisa: en cuestión de segundos se había convertido en una mancha informe en medio de la oscuridad. Un rayo volvió a tronar en el cielo, así que apuró el paso y llegó pronto a la avenida principal, donde encontró el local que andaba buscando y por cuya puerta trasera entró inmediatamente después. Se escurrió sin que nadie lo notara y entró en el camerino de su amiga.
—Lárgate antes de que llame a seguridad y te hagan pedazos— una chica morena y con un tono de piel ligeramente más oscuro entró al camerino y empezó a arreglarse las uñas —Está prohibido que cualquier clase de clientes entre a los camerinos de las chicas.
Mousse hizo una mueca.
—Ni se te ocurra confundirme con la clase de basura que sueles atender, Selene.
—¡Mouse!— la chica volteó rápidamente, sorprendido de verlo en aquel lugar con ella —¿Qué haces aquí?
—Bueno, yo…
La lengua de Mousse se trabó. Yoshiwara no le dio tiempo de recuperarse y le dio la espalda.
—Olvídalo, no quiero saberlo— la chica adoptó un tono que dejaba sin ninguna duda lo enojada que estaba —Y será mejor que te largues antes de que yo te haga pedazos. ¿Entendiste Mousse? Estoy muy molesta contigo.
—¿Por qué?—preguntó Mousse, con un tono que no tardaría en lamentar—¿Has visto este lugar?
Yoshiwara no dijo nada: por toda respuesta, frunció los labios y le derramó toda la basura del contenedor encima.
—¡Idiota!
—¡Pero trabajas en un night-club!—trató de defenderse Mousse—¿Has visto la clase de clientes que llegan aquí?
—¡Largo!
Mousse hizo un esfuerzo por morderse la lengua y calmarse.
—Escucha Yoshiwara, no pretendía ofenderte.
—Pero lo hiciste— Selene volteó hacia él, completamente furiosa—Lo hiciste, y eso es lo que importa.
—No lo decía en serio.
—Oh, por favor, sé perfectamente cuando alguien está hablando en serio— repuso Selene, apoyando un dedo sobre el pecho de Mousse y golpeándolo varias veces con él —Y tú, maldito chico chino, estabas hablando en serio.
—¿Pero qué quieres que te diga?— Mouse alzó los hombros y trató de defenderse —¡Trabajas en un night-club!
—¡Mousse!
—¡Pues sí!
—¡Mousse!
—¿Está todo bien ahí?— preguntó una voz de mujer al lado de la puerta —¿Selene?
La chica se llevó las manos a las caderas y volteó hacia la puerta. Luego entornó los ojos y volteó a ver de reojo a Mousse.
—Escucha Yoshiwara, en verdad lo siento mucho— Mousse se esforzó mucho en aquella disculpa —No quería ofenderte, aunque he de confesar que me cuesta mucho aceptar que trabajas aquí, que estés rodeada de tanta carroña, y que dudes de mi relación con Shampoo, viendo que…
—Está todo bien— la voz de Selene sonó fuerte y clara —Déjanos solos, ¿sí?
—¡De acuerdo!— le contestó aquella voz desde aquel otro lado de la pared —Pero si necesitas algo no dudes en llamar, ¿de acuerdo?
—No te preocupes, no lo olvidaré—Yoshiwara asintió para sí misma luego y luego se dirigió a Mousse—¿En qué estábamos?
—Estábamos en que…
—Así, estábamos en que ibas a besarme los pies— la chica alzó el pie derecho y movió los dedos —¿Mousse?
El chico hizo un gesto de asco.
—Primero me muero.
Selene soltó una risotada.
—Vamos Mousse— la chica sonrió aún más —Si no lo haces, no te ayudare con Shampoo.
—¿Eh?—¿Cómo sabes que vine a pedirte ayuda?
—¡Por qué es obvio, dah!— Selene le sacó la lengua —¿Por qué otra razón vendrías aquí en lugar de ir a verme en la mañana a mi departamento?
La mujer volvió mover los dedos de los pies, sólo que esta vez más ostentosamente.
—Vamos Mousse.
—Pero…
—Vamos…
Mousse soltó un suspiro y se dispuso a agacharse. Yoshiwara se alejó de él y se agarró el estómago, esta vez completamente divertida.
—¡Lo ibas a hacer!- la carcajada de la chica fue tan fuerte que incluso fue escuchada por algunos clientes del local —¡En verdad lo ibas a hacer! Yo estaba bromeando, pero tú…
Mousse se sintió el chico más estúpido del mundo. Soltó una grosería.
—Tranquilo, estoy de tu lado— Yoshiwara se acercó a él y le puso una mano en el hombro, tarea bastante complicada, pues el chico la superaba por al menos unos 40 centímetros—Aunque no te lastimaría tener un poco más de respeto por ti mismo, ¿sabes?
Mousse entornó los ojos.
—¿Me vas a ayudar sí o no, mujer?
La sonrisa que adoptó aquella chica "fácil" fue digna de una esfinge.
—Claro que te ayudaré—la chica lo abrazó fuertemente, alzó una mano y apretó uno de sus cachetes—Pero sólo si prometes no enojarte por lo que voy a decir.
—Este ha sido el peor altercado con armas de fuego en la historia de Japón: la policía ha podido ha podido contar al menos 300 cartuchos…
Nabiki miró las noticias con interés desde su lugar en el comedor.
—Oh, eso es horrible—comentó Kasumi—Espero que no haya habido ningún muerto.
Nabiki pensó que con más de 300 cartuchos gastados aquella era una posibilidad muy remota, pero Kasumi siempre deseaba lo mejor. Soún bajo la mano a la mesa y agarró un bocadillo.
—Hubiera sido mejor que nosotros hubiéramos estado ahí, ¿no Saotome? Probablemente hubiéramos podido evitar todo ese desastre.
La respuesta de Genma no sonó muy convencida.
Nabiki terminó de ver el reportaje especial y subió a su habitación. Tenía cuentas que revisar.
Ahora bien, hay una cosa sobre Nabiki que todas las personas que se relacionaban frecuentemente con ella conocían y era que ésta era la chica más interesada sobre la tierra. Los que apenas tenían un contacto con ella podían considerarla sencillamente como a un chica con espíritu emprendedor, pero todo aquel que por alguna causa u otra tuviera que hacer un trato con ella no dejaría de tenerlo bien presente. Alguna vez un pretendiente suyo se preguntó si aquel comportamiento tendría origen en su niñez; ciertamente lo tenía, pero si Nabiki seguía comportándose así era porque sencillamente no le gustaba depender de nadie y quería considerarse como la dueña de su propia vida.
Simplemente, aquel estilo de vida le funcionaba.
Por supuesto, habia gente que conseguía tal meta de manera distinta. En el caso de Ranma, por ejemplo, eso significaba ser lo más autosuficiente posible y por tanto no depender de nadie. En el caso de Nabiki, era precisamente lo contrario; su meta era hacer que todo trabajara para ella y en su beneficio. Su familia podía reaccionar pasivamente ante la vida (ya fuera esperando que pasaran los días en el caso de Soún, remediar todo con una sonrisa como hacia Kasumi, o anhelando y suspirando porque llegue lo mejor, como Akane), pero para Nabiki, lo mejor que se podía hacer era priorizar de manera implacable y colocarse suficientemente atrás de los demás para evitarse problemas.
Eso no significaba que generalmente fuera una perra. Si lo era, pero sólo a veces y con cierta clase de personas. A Nabiki jamás se le hubiera ocurrido nunca importunar a alguien como Colonia. Que algunos "suckers"[9] la detestaran o le guardaran rencor nunca le habia importado, pero siempre se aseguraba de no ofender a los que podían devolverle el golpe; con todos los demás ella siempre era alegre, jovial y ciertamente confiable. Además, incluso sus víctimas no tenían otra opción que reconocer que no podían culpar a nadie de caer en sus trampas salvo a ellas mismas.
Y tampoco podía decirse que no pudiera sentir simpatía. Puede que cuidara su reputación para siempre obtener los mejores resultados, pero tenía muchas amigas y se comportaba afable con ellas. Además, hacía mucho tiempo que habia dejado de meterse con Kasumi.
Así que subió a su habitación, revisó su contabilidad y empezó a manejar los números. No era que gastara mucho: por lo general sus citas trabajaban para ella, alimentándola y pagándole cualquier capricho que tuviera. Y si no eran sus víctimas, era el dinero del fondo a disposición de su padre. No, aquellos números pertenecían al registro de apuestas.[10] Era hora de que se preguntara que debía hacer.
Como dije antes, lo primero que sabía toda la persona que se relacionara con ella era que podía ser sumamente interesada.
Y lo segundo era que ella nunca, pero nunca perdía dinero.
Aquello habia empezado más como un acto de diversión que otra cosa; la relación entre Akane y Ranma era tan caótica que era solo cuestión de tiempo que la gente empezara a apostar en su contra. Sin embargo, pronto más y más gente empezaron a unirse, y Nabiki vió pronto las ganancias que podía obtener con ello. Hasta las amigas de Akane habían participado, aunque obviamente a su favor. Como fuera, y tras la boda fallida, era obvio con quien se iba a casar Ranma, así que habia empezado a preocuparse…
Nabiki revisó sus cuentas otra vez. Por supuesto, podría alegar que Ranma y Akane no se habían casado, y que las apuestas seguían en pie, pero debía mantener su credibilidad, y una triquiñuela así no era muy conveniente que digamos.
Lanzó un suspiro. Se habia sentido tentada a cerrar las apuestas y devolver el dinero tras el secuestro de Akane (después de todo ni ella hubiera sido capaz de lucrar con la muerte de su hermana) pero por fortuna Ranma la habia traído a salvo y no habia tenido que hacerlo. Por supuesto, Akane acababa de regresar después de un secuestro, así que a sus amigas y demás compañeros se les habia olvidado por un momento lo de las apuestas y habían dejado a Nabiki en paz. Como sea, Nabiki sabía que siempre es mala idea esperar a que estalle un problema, así que…
La chica mordisqueó la goma de aquel lápiz y tomó una decisión. Cerraría las apuestas. Pagaría a cada quien lo que tenía qué y minimizaría las perdidas. Los apostadores eran ellos, no ella. Ligar a la fuerza a Ranma con otra persona para evitar perder dinero era una maniobra muy peligrosa: habia muy pocas posibilidades de éxito, y eso sin contar a su hermana. Aquello no podía durar indefinidamente. Podía asumir un riesgo, pero no una apuesta.
Después de todo, eso era lo que la distinguía de todos los demás; a diferencia de todos aquellos a los que le tomaba ventaja, ella si sabía cuándo terminar.
Nabiki se tendió sobre la cama y miró al techo. Como fuera, a ella si le dolía perder dinero. ¿Pero que se podía hacer? La chica se obligó a dejar de pensar en ello. Sabía por experiencia propia que cuando pasaba algo así lo mejor era consultarlo con la almohada: ya conseguiría un plan mañana en la mañana.
Por ahora, lo mejor que podía hacer era buscar nuevas fuentes de ingreso.
Aquello fue como si de repente se le hubiera prendido un foco. Agarró su teléfono celular a toda prisa. T
Tengo información sobre Ranma. Precio doble.
Luego pensó que la información que proveería a Ukyo no debía ser tan barata, pero el mensaje ya habia sido enviado y era un error verse tan avorazada[11]. Con Shampoo no cometió ese error.
¿Shampoo? Tengo información que te ayudará a ganarte a Ranma. Precio cuádruple. Ya sabes dónde encontrarme mañana.
No recibió respuesta de alguna de las dos, así que se quedó en su habitación y empezó a dormir. Hasta que un zumbido la despertó.
¿Qué clase de información?
Nabiki por lo general procuraba estar despierta al hacer un negocio, pero ya era muy tarde y aquella era Shampoo, así que dejó pasar aquel primer mensaje. Hasta que recibió otro.
Ven ahora.
Nabiki soltó un bostezo. Aquella Amazona estaba loca si creía que iría hasta ella. Como sea, le contestó el mensaje.
Sólo efectivo.
Fuera Shampoo a ella o no, de ninguna manera iba a dejar fiada aquella información. Pero recibió otro mensaje.
Si vienes ahora te pagaré el doble en dólares. Y también pagaré el taxi.
A Nabiki se le bajó la molestia inmediatamente, pues aquello le haría ganar al menos 1000 billetes verdes. Así que enfiló hacia el lugar acordado, aunque sin ninguna prisa. Seguramente Shampoo la estaría esperando; el hacer que otras personas esperaran su arribo sin duda la ayudaba en su dinámica y hacia que mantuviera el control. Por supuesto, también era necesario que las demás personas no se sintieran en absoluto preocupadas, pero Nabiki consideró que la obsesión que la amazona tenía por Ranma sin duda trabajaría en su favor. Así que no le sorprendió corroborar su suposición y ver que Shampoo habia llegado antes que ella. Bajó del taxi y se acercó a aquella sombra reclinada contra la pared.
—Estoy aquí.
A Nabiki se le heló la sangre en las venas. Pensó en correr. Maldita Shampoo. De seguro la contraseña en su teléfono era Ranma.
En otro lugar de Japón, pero en diferente ciudad, una chica que normalmente cargaba una espátula en la espalda contemplaba la cara durmiente de su padre.
"Al menos no lo persigues como una loca desnuda."
El recordar aquel ultimo comentario de su papá la hizo sentir mal. Aunque se consoló. Eso sólo lo hacía Shampoo.
"Pero eso no quita mi punto" a través de las brumas del tiempo, la memoria de la reconvención de aquella maestra volvió a aparecer entre sus recuerdos "Saotome es un hombre, y un hombre muy orgulloso de sí mismo, además. ¿No les parece que si amara a una de ustedes ya lo habría admitido? Pero no, sigue actuando como si nada estuviera pasando, y mientras tanto ustedes peleándose por él…"
"Ukyo…."
La chica abandonó sus pensamientos y sujetó con fuerza la mano de su padre. Aquella mano callosa y grande que la había acariciado desde niña….
"¿Eres feliz?"
Aquella pregunta hecha por su padre al principio de su conversación la había dejado pensando.
—Señorita, perdone, pero tiene que retirarse—la enfermera que la había atendido al principio se acercó a ella una vez más—El horario de visitas está punto de terminar y …
Por supuesto, que un pedazo de concreto hubiera caído sobre ella habia ayudado a que los doctores y enfermeras la dejaran en paz todo ese tiempo y que se hicieran de la vista gorda en cuanto al horario de visitas, pero este no podía extenderse indefinidamente. Así que Ukyo se aprestó a abandonar aquel hospital.
La adolescente bajó aquellas escaleras inmaculadas con paso lento. El ruido de sus tacones resonó a través de todo aquel complejo, y algunas enfermeras alzaron la cabeza. Habia intentado no enfrentarse a aquello, habia esperado no tener que encarar aquel vacío; habia intentado evitar lo inevitable redoblando sus ataques hacia la relación de Akane y Ranma, intentando callar la voz de la derrota y obtener una oportunidad aliándose con Shampoo.
Una adolescente ensimismada y con fuertes sentimientos de culpa recordó el sermón que había recibido de su maestra mientras entraba a la cafetería.
"¿No se dan cuenta? ¿Porque decidirse por alguna, si puede disfrutar de la atención de las dos?"
La chica recordó a Akane Tendo. Y por un momento que fue más que fugaz, Ukyo se preguntó si en verdad la maestra Hinako no había dicho la verdad y tenía razón. ¿Y si Ranma estaba jugando con ambas? No, no era posible: Ranchan….
"Ranchan es un imbécil, sí" se dijo a si misma mientras pasaba al lado de una pareja de ancianos, siendo la mujer a su derecha la que tenía una falda larguísima y unas cicatrices en las piernas "Pero no es su culpa. Es su padre quien tiene toda la culpa. El responsable de esto es Genma, y solo Genma. Ranchan tiene buen corazón. Si supiera…"
Se paró ahí y se dio a sí misma una bofetada.
Ranma lo sabía. Por supuesto que sabía que ella estaba loca por él.
"Pero no es su culpa" la voz amigable que siempre usaba con él surgió en su cabeza "Sabes que no tiene la culpa."
Sabes que no es su culpa.
"Tienes razón" le respondió a su vez la voz cruel que usaba de vez en cuando "Nada de esto es su culpa. Él no sabe que tu padre estuvo a punto de morir de un infarto. En realidad…"
Eres una estúpida, Ukyo chan.
"…en realidad la culpa es tuya."
Desde lejos le llegó el dialogo de un película de acción. Ukyo no le hizo caso y se dirigió al mostrador. La ansiedad le habia generado unas ganas enormes de comer.
—¿Porque no lo mataste?
Ukyo ni siquiera prestó atención a aquel diálogo: estaba demasiado cansada y con mucha hambre como para preocuparse por una conversación proveniente de una película. Pero aquella pregunta no había salido de la pantalla sino de los labios de uno de los comensales en aquellas mesas que con su mirada dejaba en claro de quien estaba hablando. Ukyo agarró su paquete de comida y se dirigió hacia la salida.
—¿Y por qué debí haberlo hecho?
El Anciano alzó su vaso de sake e hizo un gesto con él. Su interlocutora hizo un profundo gesto de disgusto.
—Si su padre hubiera muerto, la chica lo hubiera hecho responsable.
"Si mi padre hubiera muerto" pensó Ukyo "Yo sería la responsable."
La chica abandonó aquel edificio, y aquella pareja de ancianos se fué: cada quien agarró por su lado. Pero pronto se oyó una explosión en el hospital, y el anciano regresó al lugar del siniestro.
"Perra" pensó para sí mismo "Lo necesito vivo."
El Anciano hizo ademan de acercarse a los escombros, pero algo lo detuvo. Sonrió.
En verdad que en esta familia todos tienen el pellejo muy duro.
Dio media vuelta y regresó a Nerima. Se puso sus ropas de vendedor ambulante y se alisó la cara, todo antes de llegar a aquel parque y meterse de aquella lona donde empezaría a dormir.
Una adolescente con el cabello verde y acento neutro se colocó afuera de su tienda de campaña.
—Vine a comprarle todas las feromonas para caballo que tenga.
[1] Ukyo casi siempre ha pensado lo mejor de Ranma.
[2] En algunas zonas de Latinoamérica, morro es una palabra que usa para referirse a un niño o a un joven.
[3] Tú cárcel, canción cantada por los Enanitos Verdes.
[4] Nekohanten.
[5] Café del Gato= Nekohanten.
[6] Colonia. La bisabuela de Perfume se llama también Perfume, que a su vez es hermana de Cologne. ¿Cómo se llama la relación que hay entre Perfume la chica y Cologne? Ni idea, pero aquí diré que son sobrina y tía.
[7] Saltarse la tapa de los sesos= suicidarse.
[8] Depósito de esperma. Aceptémoslo, el género Hentai tiene cosas muy extrañas y que si pasaran en la vida real ocasionarían varias querellas penales.
[9] Otra manera de decir pededor.
[10]Matchmaking (and Moneymaking), fanfic que está siendo escrito por Maltrazz. Esta es mi manera de decirle que no comparto su opinión en cuanto a Nabiki. Como sea, su fic es de los mejores que he visto. Espero que lo continúe.
[11] Avorazada: hambrienta, deseosa, impaciente. Ey, esperen un minuto. Quizás debí usar esa última palabra.
