Capítulo II.- Recordando Viejos Momentos.
Nunca dejas de querer a la persona de la que realmente has estado enamorada. Solo puedes aprender a vivir sin él.
-¡Señorita!... ¡Señorita!, ¡por favor deténgase!- los gritos del guardia en lugar de detenerla ocasionan que acelera aún más el paso.
No podía detenerse, tenía que ver a Inuyasha y decirle algo demasiado importante, se escabullo del guardia al éste no dejarla pasar y cuando se dio cuenta corrió tras ella.
-¡Detengan a esa señorita!.- gime el guardia entrando al elevando y este cerrarse, dando un suspiro de alivio.
Sonríe tímidamente a todos a su alrededor, mientras que su corazón bombardea de manera acelerada. Debía de ver a Inuyasha y nadie iba a detenerla, a pesar de que debió de irse ya que su relación acabo con Inuyasha sin ninguna explicación por parte de él. Lo acepto después de llorar toda la noche y enterarse ahora de eso, él tenía el derecho de saber.
Las puertas se abren saliendo del lugar de la misma forma en que entro corriendo, dirigiéndose hacia la oficina de Inuyasha, no sin antes pasar por su secretaria.
-Necesito hablar con el señor Taisho.- anuncia al tratar de tranquilizar su respiración
-El señor Taisho se encuentra en junta, ¿desea esperarlo?.-
-Sí, gracias…- tomando asiento en el sillón del lugar.
-¿Quién le digo que espera?.-
-Kagome Higurashi…- su simple nombre basta para que la secretaria habrá sus ojos enormemente y tiemble ligeramente.
-Lo siento señorita Higurashi, pero tengo órdenes de no dejarle ver al señor Taisho.- comunica.
-¡Por favor!, solo deseo cinco minutos con él y no vuelvo a molestarle….- concluye al sentir sus ojos acumularse de lágrimas.
-Es que…-
-¡Por favor!.- ruega.
-Está bien… pero no diga que yo la deje entrar.- suspira derrotada.
-¡Gracias!.- trata de reír a pesar de que una lágrima se desliza de sus ojos.
Una puerta se abre llamando la atención de la chica y ella, poniéndose de pie a pesar de que su cuerpo tiembla y está nerviosa. Saliendo con un conjunto de hombres aquel ser que la enamoro y sedujo.
Inuyasha Taisho.
-Por favor señor Taisho, revise y esperamos su respuesta, pronto.- escucha como aquel hombre le dice a Inuyasha al estrechar su mano.
-Inuyasha…-
-Akane, ¿No mencione que no quería que la señorita Higurashi entrara?.- al dirigirse a su secretaria.
-Si señor…-
-Entonces… ¿Qué…-
-…Ella no me dejo pasar al igual que el guardia de seguridad, pero me escabullí, ¡no los metas en esto!.- aclara al sonrojarse, hubiera deseado hablar con él en privado.
-Vaya, sí que tienes agallas…-
-Inuyasha, ¿podemos hablar en privado?.- pregunta al sentirse nerviosa ante tantas miradas sobre ella.
-No, porque no hay nada de qué hablar.- girándose y abrir la puerta del despacho de nuevo.
-¡Por favor!...- suplica caminado hacia él, y en esta ocasión nadie quiere detenerla.
-¡Suéltame!, me das asco, ¿acaso no lo comprendes?.-
A pesar de que su corazón se contrajo de dolor ante sus palabras, necesita decirle…
-Te pido cinco minutos, por favor…- vuelve a suplicar, sin ser consiente que unas lágrimas se escapan de sus ojos.
-No hay ni un minuto, así que lleva ese truco barato de lágrimas a otro lugar.- le dice fríamente sin ni siquiera verla.
-…Estoy… embarazada…- lo dice al soltar un sollozo, y tocar de nuevo el brazo de Inuyasha.
-Vaya… vaya… que truco tan viejo.- Inuyasha ríe al girarse y ver la con furia, tomando su mano y doblarla, ocasionado en ella un gemido de dolor y se arrodille ante él, a causa del dolor que le ocasiona- no te creo y si fuera cierto, ese hijo no es mío… lárgate.- soltándola al dejarla caer al piso.
Solloza sin comprender la actitud de Inuyasha ante ella.
-Ni se te ocurra ayudarla Miroku.-
-¿Y si lo hago que?.-
-Estas despedido…- escucha la advertencia de Inuyasha al mismo tiempo que alguien le ayuda a levantarse.
-Renuncio, nunca antes me había avergonzado de ser tu amigo y empleado, hasta ahora.- dice aquel hombre al guiarla hacia el levador ignorando los gritos de Inuyasha.
-¡Vete con esa pérdida!, ¡No te necesito y menos a ella!.-
Abre sus ojos al incorporarse sobre el sillón del cual se quedó dormida una vez que la trajeron de vuelta.
Hace tiempo que no recordaba aquello, pareciera que el hecho de volver a ver a Inuyasha altera sus recuerdos de los cuales estaba segura haber enterrado.
Es increíble como alguien puede romper tu corazón, y sin embargo sigues amándole con cada uno de los pedacitos.
-.-
Es como si el clima de la cuidad expresara sus sentimientos, lluvia que cae sin cesar, neblina que no deja ver mas aya de los grandes rascacielos que la rodean, y desabitada a causa de la hora nocturna.
-Ya te registre en el hotel que estoy hospedado.- le anuncia Inuyasha al encontrarse a su lado- puedes darte un baño, pedir la cena y si deseas dormir adelante.- aquello último la sorprende obligándola apartar la vista de la venta del auto y verlo confundida, ¿no iba a provechar el trato hasta el último segundo?, ¿Qué pasaba?- no quiero que te confundas, planeo disfrutar del trato, pero tengo una cena de negocios y lo siento Koibito, pero tú no estas invitada.-
Cierra sus ojos al escuchar aquel apodo, deseando que no volviera a mencionárselo, por que le recordaba los días felices que llego a pasar a su lado, y aquellos están tan lejos de la realidad.
-¿No quieres que te espere?.- es lo único que es capaz de decir al volver su vista hacia la ventana y perderse en la neblina.
-No creo que lo logres, Koibito, pero si quieres intentarlo, hazlo.-
¿Qué puede hacerte mas daño?, mil insultos o la indeferencia.
-.-
Siente como las cobijas se adhieren a su cuerpo desnudo, siendo conciente de su estado busca a Inuyasha, pero éste parece ser que no se encuentra en la habitación; a penas puede recordar algunos fragmentos de lo transcurrido en la madrugada:
-Koibito, despierta…- al sentir unos labios recorrer su cuello hasta el valle de sus senos- anda, Koibito… te deseo.-
Y dejo que en la penumbra del sueño dominaran sus sentimientos, dejar que todo volviera como lo fue hace dos años atrás, podría jurar que el Inuyasha que conocía regreso solo ese momento, y después volvió a partir, si no hubiera estado tan casada para haberse quedado dormida después de hacer el amor con él, podría jurar que lo sintió abrazarla; pero aquello es imposible, el Inuyasha de ahora la odia.
-¿A dónde vas Koibito?.- la voz risueña la detiene de salir de la cama.
-A preparar el desayuno.- ríe al sentir como la jala hasta atraparla entre sus brazos.
-Deja que eso lo haga, Mitsuki, que para eso se le paga.- le susurra al besar sus labios.
-Pero…-
-… Pero nada.- al interrumpir su protesta.
-Inu…- gime.
-Solo tú Inu…-
Entre sus rodillas esconde su rostro, al abrazarlas y dar rienda suelta de nuevo al llanto. ¿Podría soportar todo ese fin de semana a lado de Inuyasha Taisho?.
…¿Hasta que punto uno es capaz de soportar el dolor del desamor?...
-.-
-¿Qué haces aquí Koibito?.- al envolverla entre sus brazos.
-Vengo por ti.- ríe al sentir sus labios en su cuello.
-¿Por qué?.-
-¿No lo recuerdas?.- hace un puchero en signo de enojo.
-¿Qué tengo que recordar?.- le pregunta aunque sonríe ampliamente al verla a los ojos.
-¡Es tu cumpleaños!, ¡viejo!.- exclama sonriente.
-¿Viejo?.-
-Si viejo.- le repite al dejar que Inuyasha la siente en su escritorio y se ponga en medio de sus piernas.
-¿Segura que soy viejo?.-
-Muuuy, segura.- ríe al ver el rostro ofendido de Inuyasha.
-Ahora mismo te voy a demostrar que "tan" viejo soy.-
Otro recuerdo, por más que desea apartarlos de su mente le es imposible, el estar en esa situación ocasiona que todas las memorias que pensó haber enterrado hace tiempo, han vuelto y siguen doliéndole como hace años atrás.
Lleva cuatro horas esperando a Inuyasha desde que se despertó, y su mente le juega malas pasadas. Todavía no entiende que fue lo que paso para que Inuyasha la botara de su vida de esa forma.
-Koibito.- la llama- se que no tienes donde ir al regresar a Japón, ¿te gustaría vivir conmigo?.-
-¿Ha-hablas en-enserio?.- al balbucear.
-¿Entonces para que te lo pediría?, tontita…- se ríe de ella al besarla suavemente en los labios.
-Si…¡Sí!...¡Sí!.- al balancearse hacía sus brazos y ambos caer en la arena la cual es tocada por los últimos rayos solares.
Y que tonta el pensar que esa proposición traía consigo algo formal, de haber pensado que a los dos meses Inuyasha se desharía de ella, no hubiera aceptado, no se hubiera ilusionado y mucho menos hubiera permitido que le rompiera el corazón de aquella manera, pero como dicen: "el hubiera no existe".
-.-
-¿Qué no me esperas desnuda?.- al éste entrar a la habitación- ya perdí seis horas de mi tiempo con ciertos embajadores que no se apuraban a firmar y festejar, para que ahora lo pierda en desvestirte.- le informa al ver como se desabrocha la corbata al caminar hacia ella, que es incapaz de moverse- Kagome, ¡Te estoy hablando, con un demonio!.- grita al golpear el mueble que tiene a lado ocasionando en ella que cierre los ojos y tiemble de miedo.
En el momento que Inuyasha entro por la puerta sabe que se encuentra enojado, como aquel día.
-…Estoy… embarazada…- lo dice al soltar un sollozo, y tocar de nuevo el brazo de Inuyasha.
-Vaya… vaya… que truco tan viejo.- Inuyasha ríe al girarse y ver la con furia, tomando su mano y doblarla, ocasionado en ella un gemido de dolor y se arrodille ante él, a causa del dolor que le ocasiona- no te creo y si fuera cierto, ese hijo no es mío… lárgate.- soltándola al dejarla caer al piso.
Le es inevitable que su cuerpo no tiemble de miedo, ante la mirada rojiza de aquel hombre.
-Maldición…- escucha la murmuración de Inuyasha al sentir como sale de la habitación, lo cual ella cae a un lado de la cama al mismo tiempo que suelta sollozos.
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-¿Inuyasha?...- susurra casi consiente.
-Inu… Koibito, solo Inu…- le contesta al tomar sus labios suavemente llevándola de nuevo poco a poco en aquel arte de amar.
Su mente es incapaz de pensar en otra cosa que no sea en las sensaciones que los labios de Inuyasha y sus manos despiertan en su cuerpo, los cuales se deslizan suavemente dentro de su ropa, y comienzan a desprenderla de ella, de la misma forma que ella lo hace con la de él; los gemidos inundan la habitación al igual que los suspiros de placer que sus labios brotan inconcientemente.
-Te he deseado tanto… Koibito.- le gime sensualmente Inuyasha en su oído al estimularlo con su lengua arrancándole de su garganta suspiros de placer, dejando que su cuerpo se derrita ante su tacto- sigues tan hermosa…- trata de enfocar su mirada en la dorada de Inuyasha pero le es imposible cuando él besa uno de sus pechos, lo cual provoca que su cuerpo se arquee inconcientemente.
-Inu…- gime.
-Solo Inu…- al deslizar su lengua hasta el ombligo de Kagome, la desea tanto.
Vuelve a besar a Kagome, hasta dejarla desnuda ante él, totalmente desnuda para su deleite, y él encontrarse en ese mismo estado, deseando unirse a ella, puede sentirla con cada fibra de su piel desnuda a la par con la de ella, volviéndolo loco de deseo.
-Koibito…- le susurra al sentir como sus piernas se separan de manera inconciente permitiéndole el paso a Inuyasha, enterrando sus uñas en su espalda y retener su aire.
-Oh…Kami.- gime al sentir como el movimiento de las caderas de Inuyasha comienzan a tomar ritmo y estimularla a que ella sigua con aquello, enredando sus pierna en la cintura del ojidorado.
Cada vez mas rápido, tanto que es incapaz de mantener nada coherente en su mente.
Su orgasmos llega al mismo tiempo en que Inuyasha se contrae dentro de ella pero aquello no desanima en que el ojidorado desminuya el ritmo al contrario lo acelera causando que su cuerpo se convulsione, a tal punto llega al cielo y cae lentamente a la tierra de regreso a los brazos de Inuyasha.
-Kami…- escucha a lo lejos la voz de Inuyasha pronunciar aquella palabra, pero no es conciente de lo demás, al encontrar su cuerpo y mente en un letargo de paz, llevándola de nuevo a los brazos de Morfeo y ser acompañado por su amante.
…¿Cuál es la diferencia entre hace el amor y tener sexo?...
-.-
Úsalo para esta noche.
¿Que pretendía Inuyasha?, que con esa joya podría… podría, ¿Qué?. No llegaba a comprender la actitud de él, primero la insulta y maltrata y después la trata de manera delicada.
Tomo la hermosa joya entre sus brazos, una pieza única como las tantas que llego a darle en el pasado.
-¡Bájame!.- grita y ríe.
-Lo que ordene su majestad.- al lanzarla a la cama.
-¡Inuyasha!.- le reprocha, al intentar incorporarse pero éste se lo impide al atraparla entre él y la cama.
-Así me llamo.- ríe
-Quítate de encima de mí.-
-Con una condición.-
-¿Cuál?.- al saber que va a ceder fácilmente, Inuyasha tiene la capacidad de manipularla fácilmente con el simple rose de su mirada.
-¿Te probaras para mi, todo lo que te compre?.-
-¡¿QUÉ?...- al empujarlo y liberarse de él- ¿por que me compraste ropa?.- le reprocha.
-¿Qué tiene de malo?.-
-No la quiero, devuélvela.-
-No.-
-Sí.-
-No.- al caminar hacia ella.
-Sí.-
-He dicho que no.- al envolverla entre sus brazos a pesar de que se resiste un poco.
-No voy a permitir que me trates como a las otras.- le hace ver.
-¿Qué otras?.-
-Kikio, me dijo….-
-¡Feh!, ignora a esa arpía. Eres la primera mujer que traigo vivir a mi casa y le compro ropa.- le confiesa al interrumpirla.
-Pero…-
-Anda, hazlo por mi, ¿sí?.- al darle aquella sonrisa que en definitiva no la deja pensar.
-¡Arg!... ¡no es justo!, ¿Por qué tengo que ceder en todo lo que me pides?.- le reprocha.
-¿Por que me amas?.-
-¿Y tú a mi?.-
-Con todo mi corazón.- al inclinarse a besarla.
Y esa fue la única vez que Inuyasha acepto el haberse enamorado de ella, por eso le era tan inevitable pensar que lo que vivió con él fuera a durar tan poco tiempo.
Suelta un suspiro al saber que esa es su última noche a lado de Inuyasha Taisho y mañana volvería a lado de su hijo, dejando atrás aquel hombre que a hizo tan feliz, pero también tan desdichada.
…Es mejor decir: haber amado que nunca he amado,
que tuve felicidad, pero también tristeza,
y que a pesar de todo, nunca podré sacarte de mi corazón…
-.-
Aquí esta lo acordado…
Vaya despedida que le deja Inuyasha, simplemente un papel ni siquiera escrito con su letra, sino con la computadora y a un lado el cheque firmado por él.
Da una última vista a su alrededor al mismo tiempo que sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas, ¿en algún momento podrá dejar de llorar?; tal vez en el fondo de su corazón tuvo la esperanza que en esos dos días Inuyasha reconociera que se equivoco en la forma en que la trato y le pidiera perdón, pero ahora después de volver a vivir su romance con Taisho, sabe que aquello es imposible; Inuyasha Taisho nunca pedirá perdón y mucho menos a ella que nunca significo nada en su vida, que no sea una diversión pasajera.
Ahora sabe que debe de seguir a delante, no se va como hace dos años atrás, destrozada, sola y sin saber que hacer; ahora tiene a su hijo y por él luchara, tal vez el tiempo llegue a curar el amor que siente por Inuyasha, o bien le ayude a aprender a vivir sin él, que solo se baste con su hijo.
Toma su maleta, junto con su bolsa la cual ya guarda el cheque, para encaminarse hacia la salida de la habitación; dando un último vistazo y ver como una caja adorna la cama que compartió con Inuyasha, sabiendo bien que es el collar que Inuyasha le regalo en su estancia, pero algo que no desea llevar consigo. Suspira al recorrer con su mirada la habitación y cerrarla, siendo conciente que con el cierre de la puerta, también ha cerrado el volver a ver en el futuro al amor de su vida.
-.-
Sonríe ante la maravillosa noticia que tiene que darle a Inuyasha, una vez que lo vea; a penas puede creer que este embarazada, según el medico es posible a pesar de tomar las precauciones necesarias, él menciono "cuando Kami dice que es hora de tener un hijo, no hay nada que cambie aquel mandato" y vaya que es cierto.
-Señorita Higurashi, el señor Taisho menciono que recoja sus cosas y se vaya.- le anuncia el mayordomo de la casa.
-¿Qué?.- ¿Le esta hablando enserio?.
-El señor Taisho desea que se vaya, lo siento señorita.- al volverle a repetir.
-¿Por qué?.-
-No lo sé.-
-Necesito verlo… ¿Dónde esta?.- sin poder creer que Inuyasha la este echando de su vida, sin decirle nada.
-Dijo que no quiere verla.-
-¿Por qué?.- al sentir como un nudo se forma en su garganta.
-No lo sé.-
-Pero…-
-…Por favor señorita váyase…-
Una lágrima se desliza de su ojo izquierdo al recordar como Inuyasha la hecho de su vida sin decirle absolutamente nada, a pesar de haber pasado dos meses juntos, él simplemente la trato como una basura, y no entendía el, ¿Por qué?, ¿Qué había pasado?, ¿Qué había hecho mal?; preguntas que se quedaron sin responder.
Ahora contempla la ventana del avión al abandonar la cuidad de Londres, de regreso a su destino: Japón con su hijo.
Tal vez lo único que duele más que decirte adiós, es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti.
Continuaraaaaa!...
¡Konichiwa!... aquí les traigo otro capitulo y los otros se siguen escribiendo, desearía poder subirlos ya, pero mi hermano (para aquellas que tengan hermanos saben lo que les digo), necesita la compu, y mi notebook, murió la noche del día que les puse el primer cap, gracias a Kami que siempre guardo una copia de mis archivos en mi USB, si no en definitiva me muero, jaajaja xD!, así que ando usando la compu de mi hermano y éste no anda muy contento del todo, así que lo tengo que hace rápido, y hoy se me acabo el tiempo, mañana me levántele (aunque sea Domingo), a las 5 para poder terminar los otros caps, y por el momento que no tenga compu T-T, nos veremos una vez a la semana, aunque espero que sea antes; muchas gracias a todas por sus ánimos, y a pesar de que murió mi compu, ya andaré por aquí una vez a la semana (Sábados) y si puedo antes mucho mejor.
¡Gracias de nuevo!, bonito fin de semana.
Se despide.
Fesabi.
