Ambos jóvenes se sonrojaron hasta la raíz del cabello; la pelirroja estuvo a punto de salir corriendo de no ser porque el joven maestro apretó su mano y sonrió.
- Vamos Misty, venimos a divertirnos – dijo el pelinegro jalándola al interior del recinto y pidiendo ser llevados a su mesa.
La pelirroja solo se deja llevar, pensando seriamente en matar a sus hermanas pues seguramente era una treta de ellas. Pues fueron las encargadas de reservar el lugar y se empeñaron en esa fecha específica, cuando ella había dicho que debía consultar a Ash antes, más las mayores insistieron tanto que ambos terminaron aceptando. Ese era su plan.
- Tramposas – murmura la pelirroja atrayendo la atención de su acompañante.
- ¿Qué sucede Misty? – Cuestiona el maestro preocupado - ¿Hay algo que te molesta?
- No Ash, no te preocupes – responde la joven para luego suspirar – Solo que… ¿no te incomoda todo esto?
El pelinegro mira a su alrededor, el lugar a media luz, música suave y lleno de parejas demostrándose su amor en forma de abrazos, besos y una que otra caricia. No lo entendía, pero el estar ahí con la pelirroja le hacía sentir cómodo. Estaba totalmente tranquilo, relajado, como si fuera su ambiente natural; una sensación que jamás pudo despertar May en él.
Sin embargo junto a la pelirroja, esa sensación era reconfortante. Le gustaba su compañía, hacía ya mucho tiempo que habían aprendido a escucharse y dejado de pelear por cualquier cosa, si bien, seguían riñéndose como antaño al menos sus más grandes discusiones ahora solo eran en la intimidad.
- ¿Intimidad? – Pensó el maestro – Ni que fuéramos pareja, aunque… el estar los dos solos aquí. Ahora que lo pienso, no me molestaría.
- ¡ASH! – Grita exaltada la pelirroja atrayendo finalmente la atención de su acompañante - ¡Hasta que das señales de vida!
- Lo siento Misty, me quede pensando.
- Te repito Ash, si te incomoda podemos irnos.
- Por el contrario Misty – asegura el pelinegro – El lugar es agradable, la música relajante y la compañía es de lo mejor.
Las mejillas de la joven se tiñen de un color carmín algo que alegra el corazón del pelinegro. Porque no se había dado cuenta de que esas actitudes de su acompañante siempre le habían ocasionado una sensación de satisfacción, aunque pocas veces las notaba y no por ignorarla sino que simplemente siempre había sido distraído.
Era tan ciego, o mejor dicho tan cobarde… Brock se lo dijo tiempo atrás e incluso trato de evitar que iniciara su relación con la coordinadora. Aseguraba que no él no estaba enamorado de la castaña, si bien existía atracción física no había sentimientos fuertes que hicieran madurar esa relación. Pero no, se empeñó en llevarle la contraria; juraba y perjuraba no sentir nada por la pelirroja, "ERA SU AMIGA" había recalcado y sin embargo cada vez que ella no estaba sentía un hueco en lo profundo de su ser, si ella se molestaba con él buscaba por todos los medios su perdón.
- ¿Te parece si bailamos un poco? – pregunta el joven a una sorprendida pelirroja.
- ¿Por qué no?
Así, la pareja se dirige a la pista de baile siendo admirados por el resto de los presentes pues reconocen a su tan querida y poderosa líder de gimnasio junto a uno de los maestros pokémon más reconocidos del mundo.
Sin que ellos parezcan percatarse todos notan la atmosfera que se ha formado entre esos dos, la mirada que se dedican uno al otro transmite ternura y calidez. Ambos no pueden dejar de sonreír y sus movimientos se acoplaban perfectamente sin necesidad de hablar. Para todos era claro que algo había ahí.
La velada continuó con la joven pareja bailando ya sea una balada romántica hasta música tropical o electrónica. Y entre cada pieza bebían una copa de alcohol.
Por la madrugada ambos se encontraban ya algo aturdidos debido a la cantidad de bebida ingerida, siendo más evidente en la pelirroja que casi nunca bebía, quien miraba fijamente a su amigo mientras se escuchaba una canción que describía su relación.
Como olvidar cuando lo conoció, lo persiguió por considerarlo un pésimo entrenador al ver a Pikachu tan lastimado. Y fue peor cuando este robo su bicicleta, sin embargo al ver que la razón era llevar al pequeño pokémon al centro más cercano calmo su ira y después de tanto tiempo, reconocía que fue lo que la impulso a viajar con él. Fue el primer sentimiento que despertó en ella, curiosidad; quería saber de qué era capaz ese niño.
El pelinegro por su parte no podía dejar de ver a su amiga de la infancia, sus ojos, sus labios todo en ella le atraía de forma que no podía describir. Desde hace un rato no podía apartar de su mente la idea de robarle un beso.
Pero estaba aterrado, cruzar esa línea sería muy riesgoso ¿y si ella no sentía lo mismo? ¿Y si la única razón para estar ahí con él era su amistad? ¿Y si la perdía por un impulso?
Misty notó la intensa mirada del pelinegro, esta no se despegaba de sus labios. Un enorme calor recorrió todo su cuerpo. Tenía miedo, no quería cometer un error. Pero estar en esa situación con él era demasiado tentador y, ya que sus hermanas le habían brindado la oportunidad la aprovecharía.
Una vez más se arriesgaría, lucharía por lo que más amaba fuera del mundo pokémon. Y esperaba que todo saliera bien. Sin pensarlo mucho tiempo más se acercó al maestro y rodeo su cuello con su brazos.
El pelinegro por su parte acerco a la joven contra sí, podía oler el perfume de la pelirroja al igual que el exceso de alcohol que ambos habían consumido. Tal vez y solo tal vez podría jugarse su última carta y si las cosas no se acomodaban podría culpar al alcohol.
Tomando el rostro de la joven comenzó a acariciar sus mejillas, su mentón, rozando sus labios, acercando los suyos, sintiendo el aliento y respiración acelerada de su acompañante pero sin sentir alguna intención de apartarle. Mirándola a los ojos tratando de darle a entender su intención; ella le devolvió la mirada aceptando su silenciosa petición y se unieron en un dulce y tímido beso.
La pelirroja sentía su cuerpo temblar al sentir los labios del maestro sobre los suyos. Jamás imagino poder probarlos alguna vez. Sin embargo, se sentía algo culpable. Ash no estaba completamente bien, y ella se estaba beneficiando de la ebriedad del pelinegro y de que este aún se encontraba deprimido.
Más no podía evitar ser egoísta por una vez, ella había decidido dejarlo ir. Había decidido no luchar por él cuando este eligió a la coordinadora, pero esa chiquilla le destrozó el corazón al ser que más amaba y era algo que no podía perdonarle. La odiaba y quería hacerle pagar el daño que le ocasiono al maestro. Pero por ahora, solo quería disfrutar el momento.
La falta de aire les hizo separarse, el brillo que sus ojos despedían no podía compararse con nada. El pelinegro tomo aire y volvió a adueñarse de los labios de su amiga. No podía parar, quedó prendado de su sabor y quería probar cada vez más.
Misty por su lado, enredaba sus dedos en las hebras oscuras del maestro, acercándolo más a ella. Podía sentir las manos de Ash en su cintura, cadera y notaba la duda del pelinegro entre mantenerse en esa posición o atreverse a descender más.
El corazón de la pelirroja latía a mil por hora, la adrenalina que le provocaban los besos de su amor platónico era indescriptible. Siempre supo que el chico ideal para ella era justamente el que se desvivía por besarla. Ese niño malcriado y confiado que estaba dispuesto a darlo todo en la vida, a nunca quedarse callado cuando no estaba de acuerdo con algo.
Sin pensarlo más tiempo el pelinegro se separó bruscamente de la joven, dejándola sorprendida y antes de que unas cristalinas lagrimas amenazaran con salir de sus ojos. La jalo con él levantándola de su lugar.
- Vamos a casa –susurro en su oído – Hay demasiada gente aquí para lo que más deseo en este momento – agregó el pelinegro.
La joven solo asintió, sentía su rostro arder, más no estaba segura si era por los besos del pelinegro, por la propuesta que acababa de hacerle o solo efecto del exceso de alcohol en su organismo.
Ambos jóvenes dejan el recinto y se dirigen al gimnasio, el cual se encontraba en total oscuridad tal y como habían dicho las hermanas de la pelirroja estas habían salido para dejarles total libertad.
La joven comenzó a ponerse nerviosa, no sabía que actitud tomar. Conocía a Ash y sabía que él no sería capaz de forzarla a algo que no quisiera, pero… ¿en verdad no quería que pasará algo más?
En cambio el pelinegro estaba más consciente que antes, el haber salido del bar y tomar algo de aire fresco. Habían tomado un taxi ya que ninguno se encontraba en condiciones de manejar lo despertaron de su letargo. Las imágenes de él besando y acariciando a la pelirroja volvían una y otra vez a su mente y en lugar de sentirse incómodo, tenía un sentimiento de felicidad, por primera vez se sentía completo y estaba lleno de una alegría que no disfrutaba en mucho tiempo.
Conocía a la entrenadora de pokémon acuático hacía ya demasiado tiempo, cada gesto, cada movimiento y cada palabra. Él era capaz de descubrir si tenía algún significado oculto. Al menos la mayor parte del tiempo, también era el único capaz de calmarla cuando estaba molesta o hacerla enfadar más que ninguna otra persona.
Esa joven orgullosa, impetuosa y por mucho que quisiera negarlo, era dulce, porque Misty lo era cuando se lo proponía, era una mujer que siempre se preocupaba por los seres que más amaba.
Y ahora luego de tanto tiempo, él quería formar parte de ellos. Sabía que la pelirroja lo quería de otra manera jamás habría aceptado cuidar de él durante su etapa depresiva. También se había dado cuenta que la joven tenía una atracción hacia su persona, de lo contrario en cuanto la beso le habría casi matado.
- Misty… - dijo el pelinegro – creo que tenemos que hablar.
La pelirroja sintió caer su alma hasta sus pies, la seriedad con que el maestro pronuncio aquellas palabras le dejaban entrever que sus acciones anteriores habían sido provocadas por el alcohol. Y ahora, estaba por decirle que lo acontecido había sido un error y que no quería que se confundiera seguramente él amaba a la coordinadora y no había marcha atrás.
El maestro se acercó a la joven, tomándola del rostro notando las lágrimas que comenzaban a aparecer, ese acto le partió el corazón. Lo que menos quería hacer era que su más querida amiga rompiera en llanto.
- No llores – susurro mientras limpiaba las gotas saladas – sé que me comporte como un patán, no debí besarte.
- Ash… yo…
- Perdóname Misty, por ser tan ciego – interrumpió el maestro abrazando a la joven – Por no darme cuenta de todo lo que yo sentía por ti.
La pelirroja abrió desmesuradamente los ojos debido a la sorpresa. ¿A qué se refería Ash?
- No tome en cuenta tus sentimientos y solo me enfoque en los míos.
