Derechos Craig Bartlett y Nickelodeon; nada me pertenece ni obtendré ningún tipo de lucro.
Distancia
-Hey, viejo, ¡calmado!
Gerald puso una mano sobre el pecho de Arnold, haciendo en el acto que este tirara casi la mitad de sus palomitas.
-Pero qué diab… -volteó a ver a su mejor amigo, tan trabado de coraje que no podía siquiera poner en orden las ideas en su cabeza. Menos mal que el chico lo conocía tan bien y había adivinado sus intenciones en el mismo segundo en el que habían llegado, o Arnold estaría liado en el suelo a golpes en ese momento con ese… con ese… tipo que acompañaba a Helga.
-Tranquilízate, viejo –le dijo casi en un susurro; lucía levemente asustado. –No puedes saltarle encima a cada persona que se le acerca.
-¡Pero…! –Exclamó él, tratando de modular su voz –Ese tipo… ella…
-No es su novio –le aclaró el otro, tratando de calmarlo –y si le pones una correa a esas hormonas un momento, te darás cuenta que no es lo que estás pensando; de hecho, si ella hubiera sabido antes que ibas a venir, en lugar de ser yo en este momento, de seguro sería ella la que vendría contigo.
-¿En serio? –preguntó él, sintiendo que la presión en su pecho disminuía un poco.
-Sí –respondió Gerald, tajante.
-Genial… supongo –soltó él, aunque no del todo convencido.
-Mira, cuando termine la película, te platico cómo está la cosa, ¿De acuerdo?
Arnold estaba deseando decirle que olvidaran la maldita película y de una vez le dijera todo lo que supiera, pero no quería parecer un ex novio desquiciado, así que asintió.
-De acuerdo –soltó, junto con un suspiro resignado.
-por cierto –dijo Gerald, sonriendo, mientras retomaban la marcha hacia la sala de nuevo –un "nooo… cómo crees, de todas maneras hubiera venido contigo" hubiera estado bien, ya sabes -agregó, encogiéndose de hombros –algo así como que siempre, en todos estos años de chico salvaje, estuviste deseando volver a ir al cine con tu viejo y genial amigo Gerald.
Arnold sonrió.
-Ya sabes –continuó el moreno –yo cancelé mi cita de hoy con mi novia para poder venir contigo…
Arnold se detuvo en el acto; ¿Eso era cierto? Entonces en verdad Gerald era MUCHO mejor amigo que él.
-Claro –continuó el otro, encogiéndose de hombros de nuevo –, no es que tenga algo que ver el hecho de que ella no quisiera venir porque tiene qué estudiar para la competencia que tiene este fin de semana…
Arnold soltó una carcajada, al tiempo que le daba una palmada en el hombro al alto y fornido muchacho en el que se había convertido su aún mejor amigo.
-Te extrañé –soltó –de eso no cabe duda.
Tomaron asiento a cierta distancia de la pantalla (a distancia suficiente para tener BIEN vigilada a cierta parejita que se había sentado un poco más atrás) y la película comenzó.
Gerald rodó los ojos. Algo le hacía sospechar que, al salir de la sala, su amigo no tendría ni idea de qué terroríficas cosas habían sucedido en la pantalla.
Y en efecto; el rubio tenía una película mucho más terrorífica qué observar.
Helga estaba con la vista fija en la pantalla, había sacado de su bolsa un pequeño recipiente y luego se llevaba a la boca una fina tira de algo… ¿Eran papas fritas? Mientras el chico a su lado la miraba de reojo; parecía nervioso.
Más le valía estarlo. Al primer movimiento en falso, ya tenía calculada mentalmente la ruta por la que llegaría más rápido a partirle la cara.
El tiempo pasó, toda la sala estaba absorta en la película. Toda la sala, menos él, claro.
El chico había aplicado la clásica estrategia del bostezo, y ahora recargaba el brazo a un lado, pero sobre el respaldo de la silla de ella, sin tocarla, la otra parecía no darse cuenta.
De repente, ella había volteado a verlo, y aunque con esa oscuridad no había podido ver bien la expresión en el rostro de la chica, el otro había retirado el brazo.
Arnold sonrió "Esa es mi chica" pensó.
Luego de un par de patéticos y vanos esfuerzos del mínimo contacto, en los que la imponente rubia parecía controlarlo mejor con la mirada de lo que él lo haría con los puños, Arnold decidió que al menos podía ver el final de la tonta película.
De repente, justo cuando dirigió la mirada a la pantalla, en esta apareció una figura tan increíblemente monstruosa y repugnante, que sin pensarlo soltó un grito, junto con varios más en la sala. Gerald había gritado también, al tiempo que arrojaba las palomitas que dirigía a su boca en ese preciso momento al aire, las cuales aterrizaron en la rubia cabellera de su amigo.
-Me asustaste –le reclamó el otro, ligeramente molesto –si vas a gritar como señorita, al menos no lo hagas contra mi oído.
-Pero el susodicho ya no lo escuchaba, su cabeza se había dirigido hacia atrás, ligeramente a la izquierda, de nuevo. Una señorita había gritado al mismo tiempo que él, y conocía tan bien su voz que la había reconocido de inmediato entre una veintena de otras.
Ahí estaba ella, riendo junto con el otro chico por el susto que acababan de llevarse.
…Y su estómago comenzó a hervir de nuevo.
Si lo asustaba el estúpido gemelo malvado, se orinaría en sus pantalones si supiera lo que estaba deseando hacerle en ese momento…
La película terminó, y la sala comenzó a vaciarse poco a poco, Arnold iba a ir detrás de Helga cuando ésta se levantó, pero Gerald lo detuvo.
-En serio, viejo, déjala en paz –le dijo –puedes confiar en ella.
-Arnold bufó, pero se quedó en su asiento. Por supuesto que confiaba en ella; en quien no confiaba era en ese sujeto.
A la salida del cine, Gerald estaba intentando opinar algo sobre lo aburrida y repetitiva que se había estado volviendo la saga desde la séptima entrega, cuando vio que su amigo definitivamente no se iba a bajar de su tren.
-Ven aquí –dijo, al tiempo que lo tomaba por el brazo y corría hacia un callejón.
-Oye, ¿qué…
-Shhhh…
Corrieron un buen rato y ya que comenzaba a quedarse sin aire, su amigo dejó de arrastrarlo.
-Por aquí, ven.
Se escondieron tras unos botes de basura un momento; cada vez que Arnold quería decir algo, era callado por su amigo.
-De repente una inconfundible voz comenzó a colorear el aire, mezclada con la de otro sujeto. Parecían divertidos.
Gerald le hizo una seña de que se asomara.
-…fue tan estúpido –decía ella en ese momento, meneando la cabeza, sonriente.
-¿Entonces te veo el sábado? –Preguntó el chico.
-Yo creo que no. –Dijo ella –El sábado es el día de Phoebe; lo sabes.
-pero ella tiene esa competencia –dijo él, encogiéndose de hombros.
-eso es en la mañana…
-Podemos salir en la mañana, entonces.
-¿Insinúas que me levante temprano en sábado sólo para verte?
-Será el mejor restaurant de la ciudad; lo prometo.
-Más te vale, yo no como porquerías.
La chica dijo eso último al tiempo que abría la puerta, se miraron un instante a los ojos, y, justo en el momento en que Arnold se iba a poner de pie de un salto al adivinar las intenciones del otro adolescente, la puerta se le estrelló a éste frente a la cara. Helga había desaparecido dentro del edificio.
-¿Qué rayos fue eso? –Le preguntó el rubio a su amigo, atónito.
-Es una larga historia –soltó el otro. Mientras se ponía de pié. Vamos por una hamburguesa; yo invito.
OoO
-¿Por dónde quieres que empiece? –Preguntó el moreno, cómodamente sentado en una mesa con vista a la calle.
-¿Quién es ese sujeto? –Inquirió Arnold al instante.
Gerald sonrió.
-Primero lo primero, ¿eh? Bien. Se llama Elliot, y aunque no lo creas, es un buen chico. Pertenece al club de literatura y ha ido a algunas competencias junto con Helga, representando al sector. Es listo, ingenioso y amable; bastante popular a decir verdad. –Sonrió al ver la cara de su amigo. –Sé que preferirías que te dijera que es un perdedor y un idiota, pero la verdad es que Helga no sale con tipos así…
-Momento –lo interrumpió el rubio, casi atragantándose con su hamburguesa -¿Cómo que no sale con tipos así? ¿Quieres decir que es común que Helga tenga citas?
Gerald ahogó una carcajada, por puro respeto a su amigo, convirtiéndola en un falso atragantamiento. En cambio, negó lentamente y dijo:
-Creo que deberías escuchar la historia desde el principio… descuida, estoy seguro de que te va a interesar más que a cualquier persona.
Arnold le dio un largo trago a su gaseosa y se acomodó en su asiento.
-Te escucho –le dijo a su amigo.
Mantener el control era lo que mejor había sabido hacer en su vida, siempre. Hasta esa tarde al menos; en la que le costaba sentarse tranquilamente incluso a escuchar un relato sobre la persona que más le importaba en el mundo, de boca del mejor contador de historias que hubiese conocido jamás, y que, casualmente, se trataba de su mejor amigo, con el que no se sentaba a platicar tranquilamente en privado desde los once años.
-Bien –dijo Gerald, acomodándose también, aclarando su garganta, como siempre lo hacía antes de comenzar uno de sus geniales relatos.
"Como recordarás, tu servidor nunca fue precisamente un fan de Helga G. Pataki, pero cuando vi que lo tuyo con ella iba en serio, y que también para mi entonces prospecta de novia era alguien muy importante, pensé que debía tener algo que no había visto, así que le presté un poco más de atención de lo usual, y, en efecto, vi que comenzaba a cambiar paulatinamente: Sus calificaciones se dispararon (creo que Phoebe estaba secretamente celosa) -una pequeña risa- además de que parecía que, mientras más tiempo pasaba contigo, se volvía más tranquila y, hasta cierto punto, amable (amable tipo Helga Pataki, claro) Pero entonces te fuiste así, de repente…"
Gerald se trabó un momento, de pronto, parecía fascinado con la hamburguesa a medio comer de su plato. Arnold sintió un nudo en el estómago. Al parecer, había lastimado a más personas de las que se imaginaba con su partida.
-Gerald, yo… -soltó, un tanto angustiado.
Pero el aludido sacudió una mano frente a él, como tratando de alejar la idea que se había formado en la cabeza de su amigo como si de un molesto insecto se tratase.
-Nadie te culpa –dijo –, ni a tus padres –agregó –la vida es así y punto.
Arnold suspiró, mientras Gerald le dedicaba una amable sonrisa.
-Ok, continúo con mi historia, si me permites –soltó, con completo profesionalismo, al tiempo que se aclaraba la garganta de nuevo.
"Todos pensábamos que Helga iba a estar devastada, pero, si lo estaba, debía disimularlo bastante bien. Ella debió saberlo también: lo odioso que es que todo el mundo se te quede viendo, esperando que te desmorones de un momento a otro…"
Arnold comprendió entonces, sin tener que preguntar, que la gente había estado, sin dudas, esperando lo mismo del moreno.
"Ella se veía bien; por un tiempo sostuvo sus calificaciones, y rara vez se metía en problemas, sin embargo… algo debió de haber pasado, porque de repente se volvió taciturna… prácticamente no hablaba con nadie, luego comenzó a quedarse dormida en clases… los chicos la molestaban por eso; les parecía gracioso. Yo me imaginaba que algo malo debía de estar pasándole, pero dado que nunca fuimos muy "íntimos" que digamos, no le preguntaba nada, al fin que no me iba a responder. Por el contrario, le preguntaba a Phoebe, pero ella sólo me decía que estaba pasando por una situación difícil, y que, si quería ayudarla, entonces convenciera a los otros de que la dejaran en paz."
"Pero tú conoces a los chicos –agregó –eran un montón de idiotas entonces, y cuando ella comenzó a ir a la escuela cada vez más sucia y descuidada, las burlas subieron de tono."
El nudo en el estómago de Arnold ya se le había subido a la garganta.
"De nada servían las personas que intentaban interceder por ella (que no eran muchos, realmente); prácticamente a todos les parecía graciosísimo en lo que se había convertido la chica que solía gobernar a la escuela mediante el terror –meneó la cabeza, y continuó –. Un día, un chico le dijo algo, nadie supo realmente qué, pero ella le saltó encima de repente. Pronto nos dimos cuenta de que no era que la típica Helga hubiera decidido volver, era algo peor; la chica lo golpeaba con tanta saña que nadie se la podía quitar de encima, ni siquiera los adultos… Al final, ambos terminaron expulsados de la escuela por casi un mes, aunque, honestamente, el 90% de los golpes se los llevó el idiota ese."
Hizo una pausa, en la que le dio un largo trago a su soda, luego miró lo que quedaba de su hamburguesa, pero no la tocó, simplemente parecía evitar los ojos de su amigo.
"Luego vino lo peor –soltó en tono lúgubre, con la vista clavada en la gente que pasaba por la calle, al otro lado de la ventana –Pasaron las cuatro semanas, y el idiota ese volvió, pero ella no."
Arnold se llevó las manos a la boca, muy preocupado ante lo que pudiera seguir.
"Nadie sabía por qué no volvía, hasta que un maestro nos aclaró que estaba enferma, pero no quiso dar detalles. Phoebe era una tumba también ante el tema, pero por la cara de afligida que ponía cada vez que alguien lo mencionaba, era obvio que se trataba de algo grave."
Arnold quiso preguntar algo, aterrado, pero Gerald alzó la mano frente a él.
-Créeme, viejo –le dijo, mirándolo fijamente a los ojos –te estoy diciendo todo lo que sé.
Y continuó:
"Pasaron varias semanas más, y nada. Incluso comenzaron rumores de que ella había muerto… -Arnold contuvo el impulso apenas por nada de interrumpirlo –recuerdo que una vez alguien cometió la estupidez de decirlo frente a Phoebe, y esta simplemente estalló en llanto, en medio de la clase. Salió corriendo y yo tras ella; la encontré detrás de las gradas del estadio, y lloró largamente contra mi hombro. Me confesó que Helga estaba hospitalizada, aunque jamás me dijo por qué. Yo le aseguré que iba a estar bien, que se iba a recuperar (¿Qué más podía hacer?) y ella, poco a poco, se calmó… -Una expresión extraña surcó el rostro de su amigo en ese momento –Esa vez nos hicimos novios –de repente soltó una risa despectiva contra sí mismo –. Vaya romántico que soy, ¿eh? A veces pienso que me aproveché de ella; no sé, el punto es que luego supe, por boca de ella misma, que Helga al fin había dejado el hospital, algunas semanas después. Pero nunca volvió a la escuela. Se había ido de la ciudad junto con su madre."
Arnold estaba atónito.
-¿Por qué nadie me dijo nada? –estalló de pronto, furioso. –¿por qué tú NUNCA me dijiste nada de eso?
-¡Hey, hermano, tranquilo! –exclamó el otro, al momento que su amigo se ponía de pié; la mitad del restaurant había volteado a verlos, curiosa, incluso un mesero se acercó:
-¿Todo bien? –preguntó, algo molesto.
-Sí, todo bien –respondió Gerald, mientras le rogaba con la vista a Arnold que volviera a su lugar, cosa que por fortuna hizo.
-Todo bien –repitió Arnold. –Lo siento, me exalté.
El hombre los miró con recelo y continuó con su trabajo.
-Lo siento –dijo el chico, al momento en que, con los codos sostenidos sobre la mesa, se revolvía sus dorados cabellos –pero es que…
-¿Qué podías hacer tú estando al otro lado del mundo? –Soltó el otro, con voz tranquilizadora. –La mayor parte del tiempo no sabíamos dónde estabas hasta que tú te ponías en contacto, y cuando esto pasó yo no tenía idea de dónde andabas, la verdad…
Arnold levantó la cabeza; parecía a punto de llorar.
-Lo sé, lo sé… -soltó –pero es que saber que pasó por tantas cosas horribles, mientras yo pasaba los mejores días de mi vida es tan…
-¿Ahora comprendes por qué nunca te lo dije? –le preguntó el otro, encogiéndose de hombros. Intentó acabar con lo que quedaba de su hamburguesa, pero la regresó al plato al notarla fría.
-Vámonos de aquí, dijo poniéndose de pie, mientras dejaba un par de billetes sobre la mesa –Aún no te cuento la parte alegre de la historia.
El chico lo siguió, sintiéndose casi febril; el cuerpo le pesaba una tonelada, y a la vez, se sentía como si sus pies no estuviesen tocando realmente el suelo: tenía los sentidos embotados.
De pronto, la mano de su amigo se posó sobre su hombro.
-En serio la quieres, ¿verdad? –le preguntó, sonriendo –la verdad no te culpo, Helga es una chica genial, no tanto como Phoebe, pero sí más que todas las demás.
Arnold sonrió; nunca hubiera esperado escuchar a su amigo diciendo eso, el otro pareció adivinar su pensamiento otra vez, porque agregó, ensanchando su sonrisa al ver la chispa de alegría en el rostro de su amigo.
-Lo digo en serio, en cuanto me tomé el tiempo para conocerla, comprendí algo de lo que tú y Phoebe veían en ella.
El rubio lo miró al fin. Una sonrisa radiante como el sol atravesaba su cara de lado a lado.
-La amo –soltó, y entonces su cara se encendió como una braza. Era la primera vez que lo decía en voz alta.
Eran las once de la noche ya, pero ninguno de los chicos quería volver aún; tenían tantos años sin verse, y tenían tantas cosas de las qué hablar, que a ninguno le importó que al otro día tuvieran qué madrugar para ir a la escuela, o la regañada que les esperaría al llegar a casa.
-Bien, quiero mi parte feliz –dijo Arnold, mientras se sentaban en una banca del parque –o te juro que en este momento me colaré, a ver cómo, en la habitación de Helga y le pediré perdón de rodillas por haberla dejado sola en este mundo de porquería.
Gerald negó con la cabeza.
–Dudo que pudieras hacerlo; Helga te mataría a golpes antes de saber que eras tú quien se había infiltrado en su cuarto.
Arnold sonrió, su amigo, definitivamente, tenía razón.
-Entonces haré un campamento frente a su edificio hasta que salga, y entonces le pediré perdón.
Gerald sonrió.
-Y ella de todas maneras te golpearía, "por ridículo" –dijo, imitando moderadamente bien la voz de la rubia.
-Bueno –soltó el chico, encogiéndose de hombros –, razón de más para que me digas que no toda su vida ha sido una porquería.
-¿Dónde me quedé? –Preguntó el otro chico, sentándose a su lado.
-Helga dejó el hospital… y la ciudad… -soltó el otro, aún incrédulo ante sus propias palabras. -¿En serio no sabes qué le pasó?
El moreno negó con la cabeza, y luego dijo:
-Pero una cosa sí te puedo asegurar; los padres de Helga andaban increíblemente mal. Cuando Helga se fue de la ciudad, sólo su mamá iba con ella. Después me enteré de que se habían divorciado… De hecho, -agregó, apretando su brazo izquierdo con la mano derecha –corría el rumor de que una vez, poco antes de que suspendieran a Helga, los vecinos de su casa llamaron a la policía, casi en la madrugada. Al parecer había una pelea o algo así. –el chico miró la expresión de su amigo y se adelantó a decir: -y ni se te ocurra preguntarle sobre eso.
Arnold lo miró, sorprendido. ¿Acaso Gerald se había vuelto psíquico en el tiempo que tenían sin verse?
-Sólo te conozco demasiado, viejo –soltó el chico, meneando la cabeza, el otro frunció el seño aún más; eso sólo acababa de confirmar sus sospechas.
Sacudió la cabeza, estaba pensando tonterías.
-¿Y por qué no debo preguntarle? –inquirió, algo molesto.
-Porque ella no te responderá, y se pondrá de un humor de los mil demonios el resto del día, o de la semana, dependiendo de qué tan indiscreta sea la pregunta.
Agachó un poco la cabeza, hasta que sus ojos quedaron directamente a la altura de los de su amigo.
-A ella no le gusta hablar de eso. Punto. Y no es por puro capricho, en verdad parece dolerle demasiado el simple recuerdo de esos días; así que, si ella decidió enterrarlos, que así sea.
El rubio no pudo más que darle la razón a su amigo; de repente recordó la sombra que había cruzado el rostro de la chica cuando le había confirmado que ya no vivía en su antigua casa.
Gerald continuó:
-Yo sólo te lo estoy contando porque, después de todo, tienes derecho a saber, y porque de todas formas alguien más terminaría contándotelo –se encogió de hombros –lo que yo sé no es más que lo de el dominio popular, excepto la parte de que estuvo hospitalizada por varias semanas.
El chico clavó una vez más sus profundos ojos oscuros en los de su amigo.
-Si de verdad quieres llevarte bien con ella, no le preguntes nada. Tal vez un día ella decida contártelo, pero no te desesperes si no sucede pronto.
Arnold clavó la mirada en un murciélago que volaba a baja altura entre los árboles, aunque realmente no lo veía. Recordaba todos los enigmas que habían encontrado a lo largo de sus interminables viajes, y se recordaba a sí mismo, sonriente, pensando que si había sido capaz de resolver el enigma que era Helga, definitivamente podría con algo así.
…Qué equivocado estaba. Esa chica era un abismo tan profundo de secretos como el mismísimo océano, y ahora estaba seguro que jamás terminaría de descubrirlos todos…
-¡Bien, bien, tu parte feliz! –se apresuró a decir el chico, al ver la profunda oscuridad en la que se sumergía la mirada de su amigo de pronto.
El otro volteó a verlo, un poco sobresaltado.
"Bien, (y espero que esta parte no te haga sentir aún peor), recuerdo que cuando por fin nos pudimos poner en contacto, y te dije que Helga se había mudado de ciudad –el otro asintió, con los dedos entrelazados sobre el regazo. –, me pediste la nueva dirección de ella, y te dije que no se la había dado a nadie –un nuevo asentimiento –, te mentí –el otro no hizo ningún gesto, había comenzado a sospecharlo durante la plática. –Phoebe sí la sabía, pero no quiso dármela. Me dijo que ella le había dicho que no se la diera A NADIE; incluyéndote."
Arnold sólo asintió, sin emitir sonido ni gesto alguno.
"Unos dos años después, -continuó el otro –recuerdo que fui con mi papá a un viaje que tenía de negocios, y mientras lo esperaba en la sala de espera de una oficina, al ver por la ventana hacia la calle, una chica me llamó la atención: Parecía una muñeca. Recuerdo que traía el uniforme de alguna escuela privada, y estaba parada al lado de un poste, mirando hacia los autos, parecía esperar a alguien. Su cabello brillaba increíblemente con el sol –una sonrisa pícara invadió su rostro –y a pesar de su recatado uniforme, podía notarse un cuerpo que, si bien era muy delgado y algo infantil, prometía convertirse en una mujer despampanante –su sonrisa se ensanchó –eso fue lo que me llamó la atención: estaba justamente en el punto medio entre una niña y una mujer."
Volteó a ver a su amigo.
-Creo que ya adivinaste de quién se trataba, ¿verdad?
Por toda respuesta, el otro sonrió.
-Pues yo no lo adiviné –admitió el otro, encogiéndose de hombros –aunque, para mi defensa, no pude verle bien la cara, sólo distinguí unos labios increíbles, y fue todo.
Arnold se estiró en el asiento, por primera vez en varias horas, con una tranquila sonrisa en el rostro; le encantaba la idea de Helga en traje de colegiala; le hubiera fascinado verla.
"A la semana siguiente –continuó el otro, al ver a su amigo tan sumergido en sus fantasías de dulces colegialas de escuelas privadas, que no iba a opinar nada. –Cuál fue mi sorpresa cuando, a la primera clase, se presentó esa misma chica a la escuela; si bien ya no traía su uniforme, reconocí esas piernas al instante."
Arnold miró con cierta desaprobación la sonrisa en el rosto de su amigo, y este se encogió de hombros, divertido.
-¡Te juro que no tenía idea que era tu chica! –Exclamó, divertido, -y además yo ya tenía, desde hacía años, a mi amada y dulce novia, pero la niña era digna de verse.
El rubio sonrió, meneando ligeramente la cabeza. Definitivamente su amada era una mujer digna de verse.
"Nadie parecía conocerla, y ella parecía divertida ante la situación. Se paró frente a todos y dijo: "hola" pero nadie le respondió; a pesar de que habíamos muchos antiguos compañeros suyos de la primaria, nadie sabía quién era –se llevó una mano al mentón, al momento que miraba al cielo –, no puedes acusarnos de despistados, honestamente. Es que ella había cambiado mucho, y no sólo del cuerpo; era como si sus facciones, que de niña parecían saturar su cara, de pronto se habían acomodado en el lugar y proporción adecuada, además, ahora tenía dos cejas –Soltó una risa divertida –creo que eso fue lo que nos impidió reconocerla; había perdido como medio kilo de vellos ahí en la frente."
Arnold le dio un ligero golpe en el hombro, pero también se rió, las cejas de Helga en verdad eran cosa seria.
"Entonces llegó Phoebe, por primera vez tarde en toda su vida, (cómo son las cosas a veces, ¿no?), y entonces la miró. Al parecer ni siquiera a ella le había dicho que regresaría, porque se quedó de piedra viéndola. Después de algunos segundos que a todos nos parecieron eternos, mi novia arrojó los libros quién sabe a dónde y gritó "Helga" al momento que la abrazaba con todas sus fuerzas."
"Todos estábamos de piedra; ¿era esa Helga? No podía ser posible. Recuerdo que reí para mis adentros, feliz por ti. No sabías la que te esperaba cuando volvieras. –Arnold sonrió; recordaba cómo en una carta, cuando le contaba el regreso de Helga, le había dicho lo increíblemente bella que había vuelto, y cómo, de manera burlesca, le había aclarado, de una vez, que no le enviaría ni una sola foto, a ver si al menos, para verla, volvía. Lamentablemente, no había podido hacerlo hasta dos años después– Helga nos dijo, con un brazo sobre los hombros de Phoebe, que no la soltaba, que tenía planeado quedarse en la ciudad de manera permanente, y luego, para sorpresa de todos, nos pidió disculpas por el comportamiento que había tenido en el pasado. (Se veía tan segura que me dio algo de miedo), y dijo que esperaba que pudiéramos comenzar de cero. Después de eso se dirigió a su asiento, aún sin soltar a Phoebe, y aclaró de camino, que no respondería ninguna pregunta –se rió abiertamente- parecía más una estrella de Hollywood dando una conferencia de prensa que una nueva alumna presentándose, y todos los ahí presentes la tomaron como tal."
Arnold sonrió tristemente, comenzaba a lamentar haberse perdido todo eso.
"Tú conoces el poder y el encanto de las chicas nuevas, -continuó Gerald- así que comenzaron a lloverle invitaciones de todos lados para salir, Helga parecía divertida ante la situación, sin embargo, los rechazaba diplomáticamente. Yo estaba feliz por ti; Sin embargo, un día, de la nada, aceptó la invitación de un chico tan común y corriente que me quedé en shock. No podía creer que lo prefiriera a él que a ti –el eludido arrugó el ceño, molesto; su amigo ni se dio por enterado- luego salió con otro, y con otro –Los puños de cierto rubio estaban apuñados ya de tal forma que se clavaban a sí mismos las uñas, a pesar de traerlas muy cortas- Yo estaba francamente molesto, pero Phoebe siempre me decía que confiara en ella, que aún te amaba, pero yo no lo soporté y la encaré un día. Ella me miró un tanto sorprendida y, por toda respuesta, me dijo que podíamos acompañarla Phoebe y yo a la cita que tenía esa noche, si mal no recuerdo, con el capitán del equipo de rugby, que al fin de cuentas el chico pagaría todo."
"Y fui –continuó- sentía que mi obligación era cuidarla, además Helga es la segunda chica más lista que he conocido, así que tenía cierta curiosidad por saber qué tramaba –se encogió de hombros- además, -agregó- una cena gratis es una cena gratis, y fuimos. El tipo era bastante agradable, y si bien Helga fue amable en todo momento, el pobre tipo no pudo tocarle un pelo en toda la cita; no quiero ni imaginarme el dinero que debe haber gastado, porque el restaurant era caro, pero no obtuvo absolutamente nada a cambio."
Arnold parecía más relajado de pronto, cosa que agradó a Gerald.
"Después me enteré de algo por demás curioso; Helga era famosa por una cosa: salía con multitud de chicos, pero jamás nadie había logrado ni siquiera tocarle un dedo; comenzó a volverse un tipo de competencia quién llegaría a algo con ella primero, pero Helga hubiera ganado una medalla olímpica en el deporte de darle alas a sus pretendientes y cortárselas a pleno vuelo. Luego la apuesta se formalizó: ya había dinero de por medio. Diez dólares era la apuesta por cada cita que tuvieran con ella; el que lograra darle un beso primero, y tuviera una foto para comprobarlo, ganaría todo el dinero acumulado."
Arnold lo miró asustado: ¿En qué rayos estaba metida su… ¿novia? ¿Aún era su novia?
Gerald le sonrió, reconfortante.
Como te lo dije, ella no es tonta, en lo absoluto. Jamás tiene una cita con ningún tipo que pudiera darle problemas a la larga; aunque no lo creas, es bastante exigente con quién sale. Si me lo preguntas, creo que ya lo tomó como un hobby, además de que nunca he conocido a nadie que le gusten las cosas gratis más que a ella… además –agregó, al notar el mutismo en el que había caído su amigo- creo que ella sabe lo de la apuesta."
El otro abrió aún más los ojos, pero no dijo nada, ahora que lo decía, no le extrañaría en lo absoluto.
"En fin, -agregó el otro, al tiempo que bostezaba- por la honra de tu chica no debes preocuparte; hasta hora, nadie ha logrado ni siquiera tomarle la mano. –Miró su reloj; pasaban de las doce- En resumen: ella es hermosa, inteligente, alegre (aunque el resto de las chicas, menos Phoebe, la odie por su popularidad con el sexo opuesto), tiene montones de cosas gratis en su vida, (lo que la hace aún más feliz), y se ha conservado intacta para ti. Creo que no puedes pedir más de ella."
Arnold sonrió al tiempo que se ponía de pie, desperezándose.
-Creo que es hora de irse a dormir –dijo –, mis padres me matarán.
-Y a mi –agregó el otro, riéndose –espero que para nuestra próxima plática seas tú el que me cuente de tus geniales aventuras de chico selvático, y no toquemos el tema de Helga en un laaargo tiempo; creo que ya llené mi cuota por, mínimo, unos dos años.
Arnold sonrió.
-Dalo por hecho –le dijo.
Tomaron un taxi y cada uno llegó a su casa; Arnold se sentía tranquilo, aunque una maraña de emociones encontradas se apoderaba de su estómago.
Gerald, por su parte, se sentía algo culpable, casi como si le hubiera mentido a su mejor amigo, pues había preferido suprimir el comentario final de su historia. Si ella se estaba conservando para él, entonces, ¿por qué había accedido a salir nuevamente con Elliot el sábado?
En fin. Eso ya era cuestión de su amigo averiguarlo.
Ok... Largo capi... me debatía entre presentarlo en dos partes o entero, pero al final me decidí por ponerlo así; ya hay DEMASIADAS cosas dentro de mi cabeza y quería sacar esto de una vez, espero no haberlos aburrido.
Desde el pasado capítulo (en el que no sé por qué no aparecieron mis notas T-T) quería agradecer MUCHÍSIMO a Milanh, quien, con su muy amable comentario (¡El primero de esta cosa!) me inspiró para el siguente capítulo, también mi agradecimiento a romiih y a nuestro guest misterioso, quienes con sus amables comentarios me inspiraron este.
De nuevo, muchas, muchísimas gracias por leer las locuras que salen de mi cabeza, y muy especialmente para los que se dan un tiempecito extra para dejarme sus opiniones que, francamente, son oro puro para mi; simple y sencillamente, el saber que a la gente le gusta lo que hago es mi principal motor para continuar, así que, por adelantado MUCHAS GRACIAS a los que se decidan a dejarme su opinión.
...Y ya mejor dejo de seguir mendigando reviews XD ¡Nos leemos!
