Nada me pertenece ni obtendré ninguna clase de lucro, etc.
Claroscuro
-¿Cuándo llegaste? –repitió Elliot, encantadísimo, una vez regresó al suelo a su pelirrojo ángel.
-Yo… el viernes –soltó ella, totalmente desorientada.
-¡¿El viernes?! –Repitió él -¿Y por qué demonios te estoy viendo hasta ahora? –su sonrisa era tan grande que por poco se salía de su cara.
-Bueno, Elliot, primero estuve ocupada con la mudanza, luego se atravesó la tormenta… -enumeraba sus argumentos con los dedos de la mano; había una sonrisa nerviosa en su rostro.
Tanto Arnold como Helga los miraban atónitos. Él con la terrible certeza de todo lo que había tras esos nerviosos ojos castaños; Ella, deduciendo el contexto, bastante atinadamente, pero ajena a los detalles y la profundidad del asunto, dada la meticulosamente seleccionada información con la que contaba.
…Si le contara a Elliot que, gracias a su tonto beso, tanto su amado como la de él, habían pasado momentos tan terribles pensando que ellos en verdad no los querían…
-A mi no me engañas –la interrumpió de pronto el chico, tomándola de la cintura y acercándola un poco salvajemente hacia él –no me buscaste en seguida porque estabas esperando a hacer una entrada perfecta y tener todo listo para que pudiéramos comenzar a formar preciosos recuerdos juntos desde el primer segundo… te conozco… perfeccionista del demonio –y besó su nariz.
La chica estaba en shock. Cada palabra. Absolutamente cada una de ellas era verdad, o, al menos, así había sido hasta antes de creer que él seguía enamorado de… bueno, esa chica que tenía a un lado, ahora que se fijaba.
Bien. Por la forma en que Helga la veía, no sabía la verdad. Elliot, mucho menos; así que era hora de hacer lo que mejor sabía en el mundo: actuar.
-¡Ja! No te cotices tan alto, mi estimado cuatro ojos –soltó en tono de broma, mientras lo empujaba ligeramente. Él sonrió aún más, si se podía –fue el destino que dispuso que las cosas sucedieran de esta manera… y hablando de destino… -agregó, como si acabara de notar a Helga por primera vez.
Caminó hacia ella y la tomó de las manos, la otra se limitó a verla mientras enarcaba una ceja.
-Helga; me da tanto gusto volver a verte… y con Arnold.
La rubia respingó y volteó hacia donde la guiaban los ojos de la otra; no tenía ni idea de la presencia del rubio.
El chico le dirigió una mirada muy nervioso y luego desvió los ojos al suelo. La otra, pensando que se debía a sus incómodos encuentros recientes, no le dio importancia.
-Y tú estás con Elliot –agregó ella, soltándose del delicado agarre de la pelirroja.
-Sí –respondió Lila, dirigiéndole una cálida mirada al muchacho que la miraba, embelesado –veo que son buenos amigos ustedes dos…
-Te lo mantuve a salvo –dijo la rubia, sonriente, mientras le daba con el puño en el hombro al aludido –escucharás que salíamos mucho juntos, pero era sólo una forma de alejarle al montón de moscas cabezas huecas que te lo rondaban.
Lila sonrió dulcemente, pero sus ojos trataban de descifrar el nivel de hipocresía en esa frase; en verdad estaba confundida.
-Mayormente se trató de negocios –se defendió el chico, pasándole una vez más el brazo sobre los hombros a la delgada jovencita rubia –unos negocios gracias a los cuales tú y yo disfrutaremos a lo grande estas vacaciones de navidad…
Helga soltó un suspiro despectivo y burlesco al chico, pero este apretó su semi abrazo. "Ahora resulta que siempre lo supiste todo" le dijeron sus ojos.
-Mujer, hace mucho que sé lo maquiavélica que eres –le dijo, casi en un susurro –; pobre del iluso que crea que puede jugar contigo…
A Arnold se le enchinó la piel; ¿Acaso Elliot sabía la verdad? Pero al ver la expresión en el rostro de Helga, comprendió: estaban hablando de la apuesta.
-¿Lo sabías? –preguntó, asombrada, aunque ciertamente no demasiado.
-Tú jamás permitirías que alguien jugara contigo a no ser que tuvieras un MUY buen motivo de fondo… y no hay forma de que no te enteraras de tamaña conspiración a tus espaldas… a no ser que tú misma la hubieras orquestado… -agregó, mirándola con una admiración avasallante –Los que se creían gatos cazadores resultaron ser viles ratones; eso siempre pasa contigo, mi estimada reina de los condenados…
Helga lo aventó hacia un lado, sonriéndole con el ceño ligeramente fruncido.
-¡Si que eres dramático! –exclamó, y ambos rieron.
Arnold y Lila se miraron sorprendidos… Era fácil ver por qué Elliot se había enamorado de Helga alguna vez… en verdad tenían un nivel de compenetración asombroso…
Y entonces al rubio se le presentó de pronto una posibilidad que hizo que su estómago se contrajera velozmente, pero la desechó al instante, de lo contrario tomaría del brazo a su adorada y se la llevaría lo más lejos posible de todos ellos; tal vez a otro planeta.
…¿Y si, una vez enterados ambos de lo que había pasado con sus respectivas parejas… corrían uno a los brazos de el otro? ¿Y si se les ocurría desquitarse igual que lo habían hecho ellos? …Y si acaso llegaba a pasar, después de "compenetrarse" a ese nivel… ¿Podrían seguir siendo "sólo amigos" como Lila y él?...
Tenía qué ignorar eso, en definitiva, o no podría volver a dormir nunca…
-Bueno, chicos –interrumpió Arnold, tomando de la mano a la rubia, tratando a toda costa de ocultar su nerviosismo –creo que deben estar deseando pasar un tiempo a solas, así que nos retiramos…
Pero Lila, a su vez, lo tomó de la muñeca a él.
-Claro, claro, -dijo, sonriendo (y mirando al rubio como si quisiera ahorcarlo) –pero primero, pongámonos de acuerdo para salir a algún lado, juntos… tenemos tantas cosas de qué hablar… ¿no es así, Arnold?
El chico sonrió, mientras se libraba de la mano de la chica lo más discretamente que pudo.
-Por supuesto –dijo –en la tarde nos ponemos de acuerdo…
-Claro –repitió ella, a su vez, tomando la mano de Elliot.
…Y salió de ahí como alma que llevara el diablo, arrastrando a la confundida rubia con él.
-¿Qué fue eso, Arnoldo? –preguntó la chica, luego de soltarse bruscamente de su agarre para sobarse la dolorida muñeca, una vez el chico detuvo su loca carrera, unos pasillos más allá.
-Nada –respondió él, tratando de sonar casual –olvidé mencionarle a Lila que lo de ustedes dos… bueno, que sólo fue un malentendido…
-¿Y no hubiera sido mejor aclarar las cosas ahí mismo? –le preguntó la otra; comenzaba a perder la paciencia…
-Creo que es mejor que él se lo explique –soltó el chico.
-Pero él no sabe que nos vieron. –apuntó ella.
-Lo sabrá –arremetió él, tajante. –Y mejor nos vamos a la próxima clase, o se nos hará tarde… mejor pensemos en lo que le vamos a decir al señor Lewis por lo de la clase pasada.
Helga se llevó una mano a la frente. Había olvidado por completo su vergonzosa actuación del viernes frente a su profesor de matemáticas.
oOo
Se bajó del autobús y entró a la casa. En verdad se sentía rara… Hacía tanto tiempo que no usaba esa ruta… de hecho, desde que vivía en el departamento, siempre caminaba de la escuela, ya que le quedaba bastante cerca de su domicilio; pero ahora, después de bajarse del viejo armatoste, y subiendo esos escasos escalones en lugar de tener que usar el elevador… bueno; sentía que había viajado al pasado.
Abrió la puerta y entró. La casa estaba vacía.
Era lógico. Su padre aún estaba trabajando, la idiota de "Lucy" se había ido… por fin su padre la había echado (aunque no quería preguntarse la razón real)… y su madre… bueno; prefería no pensar en ella…
-¿Helga?
Casi pegó un grito al escuchar la voz a su espalda.
Volteó; deseando que fuera cualquier persona en el mundo menos ella… pero claro que era ella; no había forma que confundiera la voz de su propia progenitora.
Miriam estaba sentada en una mesa de la cocina, con un café en las manos.
La chica resopló y dejó caer la mochila al piso.
-¿Quieres venir aquí un momento? –le preguntó, poniendo la mano en la silla que estaba a un lado de ella.
La chica, a regañadientes se acercó, pero tomó la silla más alejada; la volteó y se sentó, recargando la barbilla contra el respaldo.
-Dime –soltó secamente.
Su madre suspiró y luego recorrió los ojos por la habitación.
-Han pasado dos días, cariño –le dijo, sin mirarla realmente -¿Cuándo piensas volver a casa?
-Estoy en casa –soltó la chica, desviando la cara, esperando algún tipo de drama, sin embargo, de reojo, pudo ver una ligera sonrisa cruzar por el rostro de su madre.
…Y un horroroso escalofrío recorrió su espina dorsal.
-Te extraño –dijo simplemente, luego de darle un sorbo a su café.
Por toda respuesta, la chica sólo exhaló ruidosamente.
La mujer la contempló por un momento; su sentado rebelde, sus ojos llenos de incomodidad, sin atreverse a mirarla directamente, su expresión tanto facial como corporal increíblemente enfurruñada… su cara semi oculta detrás del respaldo de la silla… Estaba totalmente incómoda, sí. Pero también, era demasiado obvio que no sabía cómo actuar… y Helga sólo no sabía cómo actuar ante dos circunstancias: cuando estaba avergonzada, o cuando se sentía culpable.
Dio un largo trago a su café, tratando de tragarse también las ganas que tenía de correr a abrazarla.
-Mi corazón me dice que debo disculparme –dijo seriamente–pero mi sentido común me dice que eres tú quien debería hacerlo…
La chica escondió aún más la cara; sus cejas estaban tan juntas que casi parecía que tenía una de nuevo… y eso hizo que su corazón se derritiera dentro de su pecho… Su hija… su pequeña florecita aún era una niña…
-Mira, cariño –había repasado la situación cientos de veces en su cabeza, sólo debía hacerlo –sé que sientes que tu vida se está complicando últimamente, y mi actitud del otro día… bueno… no fue la mejor…
La chica volteó a verla, pero sólo un poco.
-Sólo quiero que sepas que… bueno, soy tu madre, y yo siempre te voy a apoyar… y…
La chica levantó la cabeza.
-¿Vas a darme permiso de acostarme con Arnold?
La mujer habría escupido todo el café de haberlo tenido en la boca.
-¿QUÉ?
-Para allá vas, ¿no? -arremetió la otra, pero ya no la miraba de nuevo.
-No es que te de permiso –le respondió Miriam, algo molesta (y mucho más segura) de pronto –, pero lo que dice tu padre es verdad; si te lo prohíbo sólo lo harás peor…
Helga la miró con los ojos como platos ¿Eso había dicho Big Bob? Su cara se encendió como antorcha.
-Así que sólo te pediré que… -resopló –que no… -dejó el café sobre la mesa y se llevó una mano a la nuca -¿Ya lo hiciste con él? –soltó de golpe.
La chica se puso más roja aún; casi se caía de la silla.
-¡NO! –exclamó sin pensar.
-Bien –la expresión de su progenitora se suavizó un poco.
-Creo que hay cosas que debemos hablar antes de…
La chica se puso de pié, horrorizada. ¿Acaso era hora de "La charla"?
-Sé lo de las flores y las abejas –soltó, tratando de detener la voz de su madre con las manos –saltémonos toda esta basura y…
-Sólo quiero que me prometas que te cuidarás –la interrumpió su madre, tajante –hija; -continuó, ya más tranquila –tal vez no debí gritarte el lunes, y mucho menos tratar así a Arnold, después de todo, él en verdad me agrada. Es sólo que no quiero que te vayas a contagiar de algo… -su mirada se obscureció de pronto –o a quedar embarazada…
La chica se puso tensa; aún más, si se podía.
-Tienes razón –siseó; la mirada cargada de reproche –no hay nada peor en el mundo que un hijo no deseado, ¿verdad?
Esa mirada. La misma del lunes. Ahí estaba otra vez, en el rostro de su madre.
-Helga…
-Yo no soy tú, mamá –dijo. En verdad no quería lastimarla, pero sentía algo dentro de ella, que iba a envenenarla si no lo escupía –; mi vida no se acabaría si tuviera un bebé… yo soy fuerte.
-Sé que lo eres –Aclaró su madre, tratando de guardar la calma.
La chica seguía muy lastimada; ahora lo sabía.
Mucho más de lo que se hubiera podido imaginar; tantas heridas que ella pensaba que habían sanado, seguían torturándola aún, se lo había demostrado dos días atrás; y ella sólo debía contenerla, dejarla desahogarse. Ese era su deber de madre…
Sus ojos se clavaron en los de ella. Esos ojos tan parecidos a los suyos, pero a la vez, tan diferentes… Los de ambas eran azules, pero los de su hija eran mucho más obscuros, más abiertos; más grandes… como si pudieran ver cosas que los de ella jamás podrían… como si siempre estuvieran buscando; anhelando algo más allá de lo que ella podía darle.
-¿Entonces me dejarás en paz? –le preguntó.
Miriam asintió.
-¿No habrá más preguntas incómodas, ni escenas frente a Arnold?
Otro asentimiento.
-¿Es todo? –le preguntó Helga. Para su sorpresa, lucía decepcionada.
-¿Eh? -¿De qué estaba hablando? ¿Qué quería ahora?
-¿Te rindes?
-¿Qué quieres que te diga, Helga? –inquirió. Ahora sí en verdad no entendía.
-No lo sé –dijo, poniéndose de pié –eres mi madre, ¿No? –Preguntó, mientras comenzaba a caminar por el cuarto –Hice algo que va contra tus reglas; ¿Qué harás la próxima vez que llegues y me encuentras con él? ¿O acaso quieres que me vaya a un motel o algo así?
Miriam sonrió, pero su sonrisa era amarga.
-¿Qué quieres que haga entonces? –Soltó, llevándose una mano a la sien.
-Que no te rindas, Miriam –soltó la chica de pronto, mirándola con unos ojos increíblemente desesperados…
Y entonces lo comprendió.
El tema de su vida sexual ya no se estaba debatiendo ahí… había algo más en este reclamo…
-Sé que la vida es difícil –le dijo la muchacha –sé que tú has batallado tanto, si no es que más que yo todo este tiempo, pero por favor… no te rindas… -sus ojos… ¿Qué le decían esos ojos? –No me falles, por favor, mamá… no otra vez…
Las manos de Miriam comenzaron a temblar… esa mirada… ¿Cómo rayos lo sabía?
-Todo lo que hago es por tu bien, hija, en serio…
La chica negó enérgicamente; estaba increíblemente perturbada.
-No sabes lo que dices –soltó. Sentía que estaba perdiendo el control… de nuevo.
-Te prometo que todo estará bien –se había puesto de pie, pero en cuanto daba un paso hacia la chica, esta lo daba hacia atrás.
-No…
-Confía en mí… confía en nosotros… por favor…
-¡NO!
Se dio la media vuelta y corrió hacia la puerta principal, pero antes de llegar se estrelló contra algo y salió expulsada hacia atrás, al mismo tiempo que unas manos grandes y fuertes la detenían.
-¿Helga? ¿Qué… -su padre, que iba llegando en ese momento, la miraba confundido.
-¡DÉJAME EN PAZ!
La chica se soltó violentamente y salió corriendo de la casa.
-¡Bob! ¡Alcánzala!
Su ex mujer lo miraba aterrada.
-¿Qué rayos pa…
-Lo sabe –lo interrumpió ella; tenía lágrimas en los ojos –no sé cómo demonios se enteró… pero lo sabe, Bob…
¿A dónde rayos corría? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Iba a tomar por costumbre ahora correr en las calles mientras lloraba? No quería llorar, ni quería huir… sólo…
Se sentó en la banqueta, esperando. Apenas unos minutos después, llegó.
-Helga.
La chica se puso de pié.
-¿A la casa? –preguntó.
El hombre asintió.
Caminó frente a él en silencio; no sabía qué iba a decirles. Ni siquiera sabía si quería decirles algo, sólo… quería que se la tragara la tierra.
Entraron a la casa.
Apenas puso un pié dentro, su mamá corrió a abrazarla.
Aún entre los brazos de su madre, escuchó cómo su padre le echaba llave a la puerta.
Bien. Ya no había a dónde huir. Estaba acabada.
Sin soltarla, su madre la dirigió a la sala y la sentó en el sillón, luego tomó lugar a su lado. Big Bob se sentó enfrente.
-¿Desde cuándo lo sabes? –le preguntó el hombre sin rodeos; la chica no respondió. –Helga; necesito que hables esta vez…
Pero ella no quería hacerlo. Apenas emitiera un sonido iba a empezar a llorar, y la verdad ya estaba harta de eso.
Su madre la abrazó de nuevo y Helga, increíblemente abochornada, la empujó a un lado.
-Ya déjame en paz –soltó, y le alegró ver que su voz había salido bastante bien, sin ningún tipo de humedad de por medio.
Su madre, incómoda, la soltó.
-Te hice una pregunta, Helga.
Su padre la miraba directamente a los ojos.
-Desde el día que me llamaste en la casa de Phoebe. –respondió.
-¿El sábado?
Ella asintió.
Big Bob soltó una risa cansada, luego la miró con una mezcla de fastidio y diversión.
-Eres increíble, Helga –dijo.
Miriam los miraba con los ojos como platos.
-¿Cómo…?
-Tú no habías ido a dormir el jueves –respondió Helga a la inconclusa pregunta de su madre –y dado que apenas tenías unos días saliendo con ese… Charly… o Bill…
-Arthur –le aclaró la mujer, escondiendo la cara entre las manos.
-Ese –soltó la chica despectivamente –sin mencionar que era un reverendo pelmazo –agregó, con los ojos muy abiertos.
Bob apenas pudo retener una carcajada; Miriam lo miró con algo de reproche y él intentó guardar la compostura lo mejor que pudo.
-Comencé a sospechar que debías estar con alguien más… cercano… -resopló.
A Miriam se le iba un color y le venía otro. ¿En verdad su hija tenía semejante conocimiento de sus costumbres… bueno… de "esas"?
-Luego me hablaste tú –miró a su padre –que no ibas a estar en casa… y luego, para colmo, dices que es por mi bien. Llamo a Olga, y me dice que tú –miró a su madre –tampoco vas a ir a dormir… fue más que obvio… –se agarró la frente con las manos –y lo peor: justamente el lunes, Bob, me dices que despediste a esa tal "Lucy" después de tanto tiempo… dijiste que te hartaste de sus tonterías… sí, cómo no…
Clavó sus ojos en los de su padre, y éste le devolvió una mirada un poco molesta, pero rebosante de orgullo.
-Nunca nos pudo ver, a ninguna de nosotras, y tú no la corrías aunque nos tuviera declarada la guerra; si hasta le diste los fines de semana libres para que no nos topáramos cuando venía contigo… era obvio que su trabajo aquí era mucho más que simplemente "limpiar la casa"…
Ahora fue Bob el que no sabía qué cara poner. Y ahora era el turno de Miriam de aguantarse la risa.
-Y luego, de pronto, la corres… -continuó la chica, sin importarle la obvia incomodidad de sus progenitores –¿Por qué otro motivo podrías correrla, si no es porque ya tienes a alguien más (y no cualquier alguien) para…
Tanto Bob como Miriam pusieron sus manos frente ella para hacerla callar; estaban rojos como manzanas.
-¡Suficiente! –exclamó el hombre.
-Wow… -Miriam se abanicaba con las manos –nunca me imaginé que lo descubrirías… digo, Olga no tiene ni idea…
-Claro –soltó la chica, cruzándose de brazos, molesta –y si la súper brillante Olga no se ha dado cuenta, no hay forma de que yo lo haga tampoco, ¿cierto?
Su padre le revolvió el cabello.
-Siempre has sido más despierta que Olga en muchas cosas –le dijo, sonriendo. –Debería recordármelo más a menudo…
La chica bufó.
-¿Puedo irme? –Preguntó mientras se levantaba, pero su padre la tomó de la muñeca.
-¿No quieres preguntar nada? –inquirió, mirándola seriamente.
Con todo el pesar del mundo, la chica tomó asiento de nuevo, pero alejada de ambos.
-No me interesan los detalles de… eso que se traen –soltó, con la vista clavada en la pared de su derecha –no quiero saber cuándo empezaron, o… qué han hecho –fingió un escalofrío.
Sus padres se miraron entre sí, divertidos.
-Sólo quiero saber –y la mirada que les dirigió hizo que sus sonrisas se congelaran en sus rostros –es: ¿En qué momento se les ocurrió que esto era una buena idea?
No había curiosidad en la pregunta: La chica estaba increíblemente furiosa.
Ninguno respondió.
-¿Por qué rayos ese estúpido deseo de ir a aventarse de cabeza al hoyo del que les costó tanto trabajo salir?
Ambos respingaron, indignados.
-¡Helga! –exclamó su madre, ofendida.
Su padre le dirigió una mirada que la habría paralizado en el acto en cualquier otra ocasión, pero no esta vez.
-Ustedes juntos son un desastre –continuó –y eso por decir lo menos… Creí que serían lo suficientemente listos para mantener su distancia uno del otro…
-¡Suficiente! –El orgullo del gran Bob le había ganado; no iba a recibir una reprimenda de la mocosa de su hija –este es un asunto de tu madre y yo; no tenemos por qué darte explicaciones…
-Ustedes me dijeron que preguntara –se defendió ella.
-Pues ya fue suficiente –dijo él, parándose frente a la chica –ahora, te agradecería que vayas a tu habitación y te arregles, porque vamos a ir a comer a un restaurant muy elegante.
-¿A celebrar su reconciliación?
Los ojos de su hija estaban llenos de reproche, y sí, también de tristeza. El hombre sintió ganas de abrazarla, pero en lugar de eso se limitó a poner una mano en su hombro y darle un ligero apretón a la vez que decía:
-Aún no sabemos qué va a pasar, Helga… sólo estamos… considerando opciones…
-Pues váyanse ustedes solos –dijo ella, desganada –yo no tengo ánimos de estar cerca de ninguno de ustedes dos…
Y se dirigió a su cuarto, preguntándose si tendría las suficientes fuerzas para subir las escaleras.
Bob y Miriam se miraron algo preocupados: Se suponía que las chicas no debían saber nada hasta que hubieran tomado una decisión…
-Olga se va mañana –le dijo su madre cuando comenzaba a subir la escalera -¿Podrías, por favor, acompañarnos y decirle que todo está bien ya, para que se vaya sin pendiente?
La chica volteó a mirarlos. Parecía un muñeco al que se le hubieran agotado las baterías.
-De acuerdo –dijo –todo sea porque Olga esté feliz…
Había sarcasmo en su voz, pero un muy cansado. Se metió al baño y comenzó a quitarse a ropa… iba a ser una tarde muy larga…
oOo
-Bien, chico, estás limpio.
El rubio suspiró, aliviado; el médico sonrió al verlo.
-Esta vez tuviste suerte –le dijo –pero más vale que para la próxima tengas cuidado.
-No habrá una próxima –soltó el chico mientras negaba enérgicamente –todo esto es ridículamente complicado, y, honestamente, no vale la pena –recargó la cabeza entre las manos, molesto.
-La habrá –soltó el doctor –tal vez no con ella de nuevo, pero créeme que la habrá; y como seguramente suceda cuando menos te lo esperes, más te vale estar preparado siempre, y no te lo digo como doctor, sino como hombre. Aún si la chica es virgen, hay enfermedades que no se transmiten sólo por vía sexual, y aún cuando esté completamente sana, siempre existe el riesgo de un embarazo.
-Complicado –soltó el chico –. Quisiera tener nueve años de nuevo…
El doctor, que aún era bastante joven, soltó una carcajada.
-Créeme, cuando le agarres el ritmo al asunto, jamás volverás a desear ser un niño… al menos no por ese aspecto…
Arnold lo miró, consternado.
-Tal vez pienses ahora que tienes todos los problemas del mundo –le dijo el hombre –pero créeme que llegará un momento en el que, así como ahora ansías tener nueve años, ansiarás tener esta edad, así que disfruta ahora que eres lo suficientemente mayor para hacer cosas que no podías permitirte de niño, pero aún no tienes obligaciones reales.
El muchacho lo miró, pero no dijo media palabra. El hombre abrió un cajón de su escritorio y le pasó una cajita aplanada.
-Estos van por mi cuenta, chico – le dijo –pero cuando te los acabes, consigue más.
El chico los tomó de mala gana, e iba a decir que no los iba a necesitar, cuando cambió de decisión y se la echó a la bolsa del pantalón.
-Gracias, doctor –le dijo.
-Para servirte –le respondió el galeno, poniéndose de pie y extendiéndole la mano –y hazme caso, disfruta esta etapa de tu vida, que no vuelve.
El chico le respondió con una sonrisa cansada.
-Lo haré –dijo –gracias.
-Y no estoy hablando sólo de sexo con chicas –le dijo –, incluso si decides que ya no quieres hacerlo en un tiempo, es tu decisión, puedes divertirte igual sin ese aspecto. Vive tu vida como tú decidas, pero siempre trata de estar preparado para los imprevistos.
Le agradeció una vez más y salió del consultorio. Después de todo, había sido una buena idea ir a hacerse un chequeo de enfermedades venéreas en general. Después del bochorno inicial, no había resultado ser tan malo, y ahora estaba seguro que estaba sano. Al menos ya tenía algo menos de que preocuparse.
Sentía la presión de la cajita en su bolsillo. En verdad no quería volver a hacerlo, al menos, en un buen tiempo, porque la única chica con quien le gustaría hacer algo así, aún no estaba lista…
Pero qué estaba diciendo. Si él no había estado listo tampoco. Había cometido una estupidez; eso había sido todo. Siempre había pensado que, cuando hiciera "eso" sería cuando tuviera la madurez suficiente para poder afrontar las posibles consecuencias de algo así… y eso significaba, dentro de varios años más… pero como bien había dicho Lila, puedes hacer tus planes, pero no contar con el resto del mundo… había qué estar preparado para los imprevistos.
…Pero, ¿acaso guardar los preservativos no significaba que estaba considerando la posibilidad de hacerlo con Helga? Apenas el lunes había estado, (aunque sólo por un corto periodo de tiempo), dispuesto a hacerlo, sin importarle nada.
¿Acaso sus instintos lo estaban volviendo un patán? No estaba listo para hablar con ella; para confesarle lo que había hecho… pero las cosas estaban avanzando increíblemente rápido entre los dos. ¿Y si llegaban al siguiente nivel sin haberle confesado aún nada?
oOo
-¿Está Arnold en casa?
La chica le sonreía de una manera encantadora, Miles creyó reconocerla de la despedida en el aeropuerto.
-¿Lilly? –preguntó él, sonriente.
-Lila –lo corrigió ella –me sorprende que me recuerde, señor; me halaga.
El hombre se hizo a un lado para dejarla pasar.
-Es fácil no olvidar un rostro como el tuyo –le dijo.
-Apuesto que me reconoció por mi cabello –soltó la chica, divertida, el hombre se rio con ganas.
-Me dio una gran pista, sí –reconoció. Ella soltó una risita que cubrió con una mano, al momento que entraba al recibidor y miraba a todos lados, curiosa.
-Arnold está en su habitación –le dijo -¿Voy por él o quieres pasar a su cuarto?
-¿No sería mucha molestia? –preguntó ella.
-Por supuesto que no –dijo Miles –ven, si quieres.
La chica lo siguió.
A decir verdad, no le hacía mucha gracia estar encerrada en la habitación del chico, pero lo que quería hablar con él no era algo que tocaría frente a la familia del rubio.
-¡Hijo, tienes visitas! –dijo el hombre al tiempo que tocaba la puerta.
El chico, un poco confundido, se dirigió a ésta. Si hubiera sido Gerald, no lo hubiera acompañado su papá. Su piel se erizó ¿acaso sería Helga?
Abrió la puerta.
…Peor… era Lila…
-Lila… -recordó que su padre estaba ahí, así que fingió una sonrisa –Hola, Lila, ¿Cómo estás?
La chica le respondió igualmente.
-Muy bien, Arnold, gracias. ¿Sabes? quería confirmar unos detalles sobre la exposición del viernes; disculpa que haya venido hasta aquí…
-Con su premiso, yo me retiro –dijo el hombre mientras bajaba los escalones –que se diviertan.
Arnold se hizo a un lado y Lila entro, luego cerró la puerta tras él.
-¿Qué pasa, Lila? –le preguntó, aunque ya lo sabía.
-Necesito que me aclares algunas cosas, Arnold –dijo la chica, mientras se sentaba sobre su cama (un escalofrío lo recorrió al verla hacer eso) -¿Por qué Helga me dijo que había estado cuidándome a Elliot?
Bien, al punto.
-¿Por qué Elliot actuó como si hubiera estado soñando con encontrarse conmigo de nuevo, si se supone que estaba enamorado de Helga? Si incluso se suponía que ellos estaban juntos cuando nosotros… bueno… hicimos lo que hicimos…
Arnold, atarantado con el mar de preguntas, tomó asiento en la silla de su escritorio.
-¿No le preguntaste nada a él? –inquirió.
-Por supuesto que no –dijo ella –sólo le seguí el juego y me separé lo más pronto que pude de él –aclaró, mirándolo como si fuera lo más obvio del mundo –parece ser que tuve la información incorrecta todo este tiempo… eso, o Helga es una persona con la que, definitivamente, no quiero tener nada qué ver. Ni con él, si a esas vamos…
-Información errónea –reconoció el chico, llevándose una mano a la nuca; sabía que iba a tener esta charla tarde o temprano con Lila, pero había resultado más temprano de lo que había esperado –. El sábado que nos vimos… bueno; Helga y yo habíamos tenido una discusión hacía poco –le explicó –, y justo cuando iba a hablar con ella… la vi besándose con Elliot… y sólo se me ocurrió ir a tu casa…
-Para cobrar la apuesta, por eso se besaban –completó Lila, llevándose una mano a la cara –él me explicó lo de la puesta cuando se fueron –le explicó al chico.
Arnold resopló.
-Exactamente –dijo –sólo que yo no tenía idea que era por eso… estaba dolido ya desde antes… creo que estaba predispuesto a pensar lo peor…
-Inseguridad –soltó la chica, mirando el piso –yo tampoco me paré a pensar en que ni siquiera lo había encarado… simplemente di por hecho que él ya no me quería…
Ambos suspiraron.
-Buena la que armamos, ¿eh? –soltó el chico, en cierto modo, feliz de tener a alguien con quién hablar sobre eso que no le había platicado a nadie (ni siquiera a Gerald, quien, además de ser su mejor amigo, también era el novio de la mejor amiga de Helga… no era que creyera que lo fuera a delatar; era sólo que, al parecer, Phoebe podía leer la mente de su novio. Seguro hubiera descubierto la verdad sólo con verlo cómo movía las aletillas de la nariz, o algo así).
-Sigo pensando que no es la gran cosa –dijo la chica –sólo fue un rato; no significó realmente nada… además, tampoco es como si Elliot y yo nos hubiéramos jurado exclusividad absoluta o algo así; ni siquiera habíamos vuelto oficialmente ni nada –dijo –y tú no te devalúas por ya no tener tu "pureza" para ofrecerle a Helga… esas son sólo tonterías que pone la sociedad –suspiró –el verdadero problema es, que actuamos sin tomarlos en cuenta a ellos… nos precipitamos y no confiamos en ellos… y eso, definitivamente, lo verán mal…
Arnold la miró confundido. Aún era la misma chica con la que había platicado tan desenfadadamente la noche del sábado, sin embargo, algo fundamental había cambiado en ella.
-La última vez que hablé contigo, insinuaste que no habría problema si yo no le decía nada a Helga –dijo –, ahora hablas como si no hubiera otra opción más que ellos se enteraran…
La chica lo miró; lucía angustiada.
-Creí que mi relación con Elliot estaba muerta y enterrada –dijo –sólo era cuestión que tú mantuvieras la boca cerrada y no habría problemas –suspiró –ahora dependemos unos de otros; si uno de los dos se quiebra, Arnold, ambos estamos acabados.
-¿Te romperás, Lila? –le preguntó él.
-¿Podrás mentirle a Helga toda la vida, Arnold? –Le respondió ella –y por "toda la vida", me refiero a un año o dos más…
Ninguno dijo nada.
No. Él iba a decírselo, definitivamente. Lo que no sabía, era cuándo.
-Elliot se dará cuenta –soltó ella de pronto –sólo es cuestión de tiempo, y seguro que Helga también lo hará.
Arnold resopló; definitivamente tenía razón.
-Creo que tendremos qué hablar con ellos…
Lila suspiró.
-¿Me harías un favor, Arnold? –le preguntó; su mirada era triste.
-Claro –dijo el chico.
-¿Podrías… esperar un tiempo para platicarle a Helga?
-¿No estás lista para que se entere Elliot? –inquirió.
-No es eso –respondió ella, mirándolo un tanto avergonzada –es que… bueno… quiero ver si puedo ganarme a Helga en estos días.
El chico la miró extrañado.
-No mentía cuando te dije que quiero hacerme amiga de ella –le confesó –.Me gustaría tener una amiga de verdad, para variar. En verdad me gustaría crear algo fuerte con ella… tal vez, si tengo suerte, podamos superar eso también…
Arnold la miró. Ella lo miraba muy seria. Recordó su dificultad para interesarse en la gente, su pérdida de fe en el mundo…
-Lo haré –dijo –y sirve que arreglo el terreno antes de dejar caer la bomba.
-Gracias, en serio –soltó con una sonrisa, una auténtica esta vez, mientras se ponía de pié.
La acompañó a la salida y la vio alejarse, sin saber bien qué pensar. ¿En serio Helga podría seguir siendo amiga de Lila después de saber algo así? ¿Suponiendo, para empezar, que se hicieran amigas?
Tal vez era Lila la que estaba siendo infantilmente optimista esta vez…
oOo
Miles vio al par de muchachos caminar hacia la salida y despedirse sin muchos ánimos realmente. Algo se traían, en definitiva, pero no sabía si debía preguntar.
Recordó cómo había llegado su hijo la noche del sábado, tardísimo, recién bañado, con clara pinta de haber bebido y con esa cara de quien acaba de descubrir demasiadas cosas en muy poco tiempo. Stella había insistido en que fuera a platicar con él, pero él le había dicho que estaba adelantando conclusiones, aunque era obvio para él que no era así.
Sin embargo, no había querido importunarlo. Había dado por hecho que Helga y él se habían reconciliado y se habían ido por allí a festejar, en muchos aspectos, así que no había querido arruinarle el recuerdo de ese día con una incómoda charla de padre e hijo.
Sin embargo, cuando los había visto llegar el lunes, había sido obvio, por su comportamiento juntos, que aún no daban el siguiente paso… Y entonces se preguntó: ¿si no había sido con Helga, entonces con quién se había metido su hijo? Y su respuesta le había llegado esa tarde, en forma de una hermosa pelirroja y su extraña visita.
Se pasó una mano por la cara, mientras veía a su hijo volver a su cuarto, cabizbajo. ¿En qué se había metido Arnold? Sólo esperaba que Helga no terminara demasiado lastimada. Pobrecita; con lo que quería a su hijo, no quería imaginarse lo que pasaría cuando lo descubriera… Sólo esperaba poder ayudarlos cuando eso pasara; a ambos.
Tal vez, después de todo, sí debía hablar con él…
oOo
-Esto me trae tantos recuerdos… -Olga miraba, encantada, hacia todos lados. Aún tenía su elegante vestido rojo con el que había ido a cenar y después a pasear con su familia. Había sido un sueño, todos juntos ahí, como en los viejos tiempos.
Aunque obviamente no había sido todo igual; para empezar, no había tenido qué contarle a nadie sobre logros académicos o algún tema similar; tal vez el panorama general de la escuela, pero nada más. Helga sí se había portado un poco como antes. Aún había una obvia incomodidad después de lo acontecido el lunes, pero parecía que las cosas ya se estaban estabilizando. Había estado un poco hosca; tal vez demasiado seria, pero había sido evidente que había puesto todo de su parte porque las cosas funcionaran.
Y sus padres… ellos habían marcado la gran diferencia. No era muy común que salieran todos juntos desde el divorcio, sin embargo, las veces que lo hacían, a lo largo del tiempo, había habido una increíble mejoría en su relación, muy notoria sobre todo en esas contadas ocasiones. Si bien desde el principio habían quedado en buenos términos, se notaba cómo su confianza mutua había ido creciendo… sonrió. Seguro que faltaba muy poco…
-A mi también –dijo Miriam, sonriendo cómodamente sentada en el sillón.
Bob sonrió también.
-Siempre es bueno pasar tiempo con mis chicas –dijo –aunque –agregó, mirando hacia las escaleras que iban hacia el segundo piso –me hubiera gustado tenerlas a las tres…
-Está ahí arriba –le dijo Miriam, mientras le daba una palmadita en la rodilla –es su modo de unirse a la celebración, y creo que, de momento, debemos dar gracias aunque sea por eso.
-Sí; al menos no se aferró con irse a dormir al departamento… -resopló él.
Habían llegado a la casa como última parada de su viaje a petición de Olga, y una vez allí, había sugerido que pasaran la noche todos juntos. Todos habían accedido, incluso Helga, sin embargo, se había excusado diciendo que estaba cansada y se había ido a su cuarto. Y en verdad debía haber estado cansada, porque había subido hacía un rato y se la había encontrado profundamente dormida en su antigua cama; las recámaras de ambas lucían exactamente como ellas las habían dejado tras su partida, especialmente porque seguían usándolas constantemente; la única que tenía siglos sin pisar la casa había sido Miriam.
-Creo que ya es hora de que hagamos lo mismo –dijo Olga mirando el reloj –mañana tienen qué ir a trabajar y yo tengo qué tomar camino.
Todos estuvieron de acuerdo. Olga y su madre subieron a la recámara de la primera, donde compartirían habitación. Bob se dirigía a su propia habitación, pero no pudo evitar desviarse un poco.
Abrió la puerta con mucho cuidado, intentando hacer el menor ruido posible.
-¿Helga? –preguntó en un murmullo, pero no obtuvo respuesta. Abrió un poco más la puerta y se asomó; la jovencita estaba profundamente dormida.
Entró con mucho cuidado de no despertarla y se sentó a su lado en la cama; en verdad quería hablar con ella, explicarle que todo lo que estaban haciendo su madre y él era por su bien, que aunque no lo comprendiera, ellos estaban luchando por darle una mejor vida, que se habían separado por su propio bien y era por este mismo que estaban intentando darse una segunda oportunidad… podía parecer una locura, pero en verdad tenían razones para pensar que funcionaría esta vez… Quería pedirle que, aunque no se lo merecieran, intentara confiar en ellos, que no la iban a decepcionar…
Miró su cara desdibujada en el claroscuro de la habitación. Casi era una niña de nuevo entre las tinieblas. Recordaba las pocas veces que había hecho eso en el pasado, y lo mal que se había sentido cuando, en un arrebato poco común de sinceridad consigo mismo, aceptaba que la pequeña no era feliz… cómo se prometía a sí mismo que haría algo para corregir eso, y cómo su determinación se desvanecía con los primeros rayos de sol matinales… Había sido semejante imbécil con ella; ¿Con qué cara iba a pedirle que le tuviera confianza? La niña nunca había dejado de amarlo, a pesar de todo, pero tampoco era una tonta, y siempre había estado increíblemente consciente de la realidad… mucho más de lo que a él le habría gustado aceptar…
Recordó las últimas semanas que habían vivido juntos, como "familia" antes de su aterrador llamado de atención; los constantes pleitos, los gritos, las cosas estrellándose contra la pared…
Él gritándole a Miriam lo harto que estaba de ella, de su nula capacidad de hacer aún las cosas más sencillas, de su embriaguez; de sus celos…
Y ella reclamándole las cosas más inverosímiles, como que la hubiera obligado a tener a "ese bebé" sin importarle lo que le iba a afectar; lo que iba a arruinar su vida… Había estado intoxicada, pero ¿Y él? No se había detenido, aún cuando sabía que la niña los escuchaba… El estrés extremo en cada maldito aspecto de su vida; su resolución inquebrantable de lograr ese negocio, y una vez hecho, reconstruir esa familia desde la base, lo habían hecho ausentarse de casa totalmente al final… No había querido que ella siguiera escuchándolos discutir, sí, eso se había dicho, pero la principal razón por la que lo había hecho había sido para huirle; porque cada vez que la veía recordaba todo lo que estaba dejando de hacer como padre… Porque ella había sido la encarnación de cada maldita cosa que estaba mal en su vida… ¿Con qué cara podía pedirle ahora que se arriesgara a pasar por lo mismo?
…Pero tenía qué hacerlo, porque, ahora sí, estaba pensando en su bienestar, por primera vez en su vida.
Acercó una mano a su rostro y retiró algunos cabellos que cruzaban por su cara. Escuchar su acompasada respiración tenía un efecto terapéutico en él… Su niña. Ahí estaba, a su lado, y así podría tenerla todos los días… ¿Qué tardaba en mudarse para ir a la universidad? ¿Era demasiado egoísmo de su parte desear pasar al menos un poco más de un año con ella, como buen padre, en una verdadera familia, antes de perder la oportunidad para siempre?
Era una oportunidad que todos necesitaban… incluso ella, aún cuando no pudiera comprenderlo de momento.
La cubrió con un cobertor (ni siquiera se había quitado el elegante vestido que le había comprado Miriam para la ocasión) y le besó el cabello, cuidándose demasiado de no despertarla. Se tomó unos segundos en mirarla antes de cerrar la puerta y dirigirse a su propia habitación.
"Es por tu bien" le aseguró a la puerta cerrada "y por el mío" agregó, antes de retirarse.
oOo
La despedida de Olga había sido rápida.
Había estado esperando algún ligero drama, casi con ilusión, para no tener qué llegar a la escuela temprano, pero, para su desgracia, todo había sido rápido y sencillo.
Desde el día anterior se sentía sin fuerzas; sin ganas de hacer nada. Sí, estaba deprimida. El haber confirmado la sospecha sobre lo que sus padres se traían entre manos en verdad había acabado con ella. Al menos cuando estaba Olga había tenido qué fingir que todo estaba bien, incluso creérselo un poco ella misma. Pero ahora que su único motivo para ignorar la realidad se había ido, en verdad se sentía decaída. Ni siquiera tenía ganas de ver a Phoebe o a Arnold; simplemente quería tirarse en la cama y no levantarse hasta que alguien le dijera que se calmara, que todo había sido una pesadilla… Porque, no sabía si era por la depresión, pero algo le decía que las cosas estaban por complicarse aún más…
Todas esas cosas daban vueltas por su cabeza cuando alguien la tomó de la muñeca. Por un instante pensó que era Arnold, pero cuando se dio la vuelta, descubrió que se trataba de Lila.
-Hola, Helga –la saludó la chica con una radiante sonrisa.
Sin molestarse siquiera en fingir que le daba gusto verla (ese día no le iba a dar gusto ver a nadie) soltó un desganado:
-Hola, Lila.
-Tenemos la siguiente clase juntas –le dijo -¿Te gustaría caminar conmigo al salón?
La rubia la miró enarcando una ceja.
-¿Qué te traes, hermana? –le preguntó, la otra soltó una risita divertida, que cubrió delicadamente con su mano.
-Me atrapaste –dijo, mientras la tomaba del brazo –la verdad es que he ideado un plan para hacerme tu amiga –confesó.
-¿En serio? –preguntó la otra, con un gesto en la cara de que nada podía interesarle menos en el mundo.
-Sip –respondió simplemente ella, y le sonrió.
-Bieeen… -soltó la rubia, rodando los ojos –si quieres ser mi amiga –le dijo –, lo primero que NO debes hacer, es tratar de tomarme del brazo mientras caminamos –y se zafó de su agarre.
Lila rió de nuevo.
-Eres tan… tú –soltó, encantada. Helga se cruzó de brazos.
-¿Qué quieres decir? –inquirió, entornando los ojos.
-Siempre quieres lucir TAN ruda –dijo en tono dramático –pero la verdad es que eres una cosita suave y esponjosa…
Helga torció la cara como si de pronto hubieran puesto un animal muerto bajo su nariz.
-¿De qué diablos hablas? –soltó.
La pelirroja se rió.
-Eres la niña más dulce y romántica que he conocido en mi vida –dijo –; crees que puedes engañar a todo el mundo con esa apariencia ruda que creas, pero la verdad, más allá de las amenazas, jamás te he visto hacer nada de lo que pregonas…
La otra se cruzó de brazos.
-¿En serio? –Dijo –porque aún podría dejarte un ojo morado por besar a mi novio, si quisiera desmontar tu teoría.
Lila la miró, perpleja. ¿Así que esa era la versión que conocía de la historia?
Se rió, ahora sí con ganas. "Bien jugado, Arnold."
-Me gustaría que lo hicieras –dijo, retadora, acercándole la cara.
La otra entornó aún más los ojos.
-No me provoques en este momento, Lila –siseó, y hablaba MUY en serio.
-Los labios de tu novio son taaan suaves –le dijo, acercando aún más su rostro; juguetona, con su siempre eterna sonrisa en el rostro.
…Y lo hizo.
En cinco minutos, Lila estaba en la enfermería, y ella en la oficina del director.
-Esto es inconcebible, señorita Pataki –le dijo el hombre mientras se quitaba los lentes y se masajeaba el entrecejo.
-Usted la escuchó –dijo la otra encogiéndose de hombros –, ella me provocó…
-No es excusa para golpear a una compañera –le gruñó.
-¡Ella besó a mi novio! –se defendió la ceñuda rubia, cruzándose de brazos.
-Me temo que tendré qué suspenderla –soltó el hombre, ignorándola.
-¿Y a ella? –Se defendió -¡El reglamento dice que se suspenderá a todos los involucrados en la pelea!
-¡Ella no peleó! –Soltó el hombre –Usted sólo la atacó.
La chica torció la boca. Rayos.
El hombre tenía su expediente en las manos.
–Aquí dice que usted fue suspendida por cuatro semanas en séptimo grado, por verse envuelta en una pelea bastante violenta… ¡Y con un hombre!
-Él empezó –se defendió ella.
-¿Igual que la señorita Sawyer? -preguntó él.
Helga resopló.
-Sí… -soltó, encogiéndose en su asiento.
Tocaron la puerta
-Adelante.
Miriam entró.
-¿Estás bien, cariño? –le preguntó, para luego intentar abrazarla, pero la chica casi se cayó de la silla al esquivarla.
-Señora Pataki –dijo el hombre.
-Director Carpenter –dijo a su vez ella, sin molestarse en corregirlo, mientras tomaba la mano que le tendía el hombre.
-Su hija atacó a una compañera en los pasillos de la escuela –dijo seriamente, sin rodeos. Miriam se llevó una mano a la cara.
-¿Podríamos hablar a solas, por favor? –le preguntó, luego de un largo suspiro, mientras tomaba asiento junto a su hija.
-Espérenos afuera, señorita Pataki –soltó el hombre y la chica salió, se sentó al lado del garrafón de agua que estaba junto a la entrada de la oficina del director.
Resopló, imaginándose el horrible panorama familiar y personal que le estaría dibujando Miriam al director, tratando de lograr su indulgencia (lo cual sin duda lograría, dada la forma en la que la había visto el hombre cuando entro; su mamá era una mujer muy guapa aún, había qué admitirlo).
Se levantó a tomar un poco de agua, tratando de imaginar en cuántos días se convertirían los quince días que contemplaba el reglamento para esas infracciones; o de tres a cuatro, si tomaban en cuenta que era reincidente, cuando vio a Arnold pegado contra el cristal de la ventana de la dirección, mirándola, asustado.
Sin pensarlo, ella le sonrió y levantó una mano.
El chico, que al mirar su sonrisa parecían haberle quitado un hipopótamo de encima, le respondió la sonrisa y el saludo, luego le dijo, con señas, que la llamaría más tarde, la chica asintió y él se fue.
…
Sólo ese día. Podía tomarse el día libre y al otro la esperaban temprano.
Helga miró a su madre con renovada (o tal vez recién descubierta) admiración; ni siquiera le importó que la sacara de la escuela llevándola de la mano.
En verdad había sido infalible…
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Oki doki; nuevo capi…
¿Qué les pareció?...
No sé, últimamente no sé qué poner, jeje…
Gracias, como siempre, por tomarse su tiempo de leer, y sobre todo, de comentar.
Agradecimientos especiales:
diana carolina: ¡Holis! Muy bienvenida seas; gracias por tu doble review, en verdad estoy feliz de que te hayas animado a dar tu opinión (y tan específica, por cierto *u*). No sabes el gusto que me da que la gente le ponga tanta atención a las locuras que salen de mi cabeza. (Sale una orden de abrazos mega apachurrados para Diana X3). Jajajaa la verdad es que he complicado las cosas mucho más que como era la idea original, pero bueno, eso le da sabor a la historia XD Espero poder redimir a Arnold ante tus ojos en los próximos capítulos. Te mando aún más abrazos, linda c:
Geraldine Hatch: Agradecimiento doble para ti también; la verdad te había extrañado *-* Gracias, como siempre, por las flores c: La verdad es que Arnold se lo tiene qué decir a Helga; yo lo sé, pero cada que agarro el teclado el muchacho nomás no se anima XD a ver cómo termina todo este embrollo… Y sobre Big Bob, pues sí, está cambiado. La verdad es que parece que por fin agarró la onda sobre lo que estaba haciendo con su hija. Siempre pensé que el hombre quería mucho a Helga, sólo que no sabía expresarlo, y pues, se me ocurrió que algo así pasaría con la ayuda adecuada… Y Miriam, pobrecita :( espero que pronto sea feliz. Abrazotes para ti, hermosa :D
Milanh: Gatitos, hermanitos… qué linda es tu vida :3 Disfrútalos mucho :) Gracias por las lindas palabras. A mí también me gustó mucho cómo quedó esa escena de Big Bob y Helga, la verdad. Sería una de las cosas a las que no le movería nada a la hora de corregir la historia X3 Un abrazote, cariño, y disfruta tus distracciones :D
Lexie Asakura Kidou: ¡Paisana! (Corre brincando a abrazarla XD) No eres mala persona T-T Si tampoco es obligación dejar review en cada capi… cuando tú puedas, yo estaré feliz de leerlo *u* La escena de el reencuentro de Miles y Helga la voy a poner más adelante; en ese momento quería enfocarme en Bob. Y sobre en qué momento llegó, pues fue cuando tocaron la puerta XD Igual esa escena la voy a especificar más adelante. Cuídate mucho, mi niña, nos leemos pronto :3
MxAdlerLover: Gracias, gracias, mil gracias n/n La verdad me está gustando mucho usar a Bob, es un personaje que siempre me pareció con mucho potencial, y las pocas veces que interactuó con Helga me parecieron encantadoras, así que quise poner un poco más de eso que me imagino que hubiera podido haber… y Miriam… bueno, con ella no sé muy bien qué hacer aún XD Y Olga… pues sí, no se merecía ese trauma, o al menos no a ese extremo, pero bueno, Bob no estaba pensando bien cuando lo dijo… por eso hay que tener cuidado con las palabras, a menudo lastiman MUCHO más que los golpes. Aquí tienes tu siguiente capi con mucho cariño, hermosa, un abrazo c:
Y bien, hasta aquí llegamos hoy, espero que les guste el capi, espero sus opiniones (las cuales, aunque no lo crean, me han ido influenciando mucho a la hora de escribir; así que esto ya es una creación en conjunto :D).
¡Abrazos mega apachurrados para todas y todos!
Je te aime!
¡Nos leemos!
