Derechos Craig Bartlett y Nickelodeon.

Ensoñación

Había fantaseado con esa situación anteriormente; tenía qué admitirlo. Pero por lo general, ellos tenían varios años más encima, y estaban en algún paraje exótico y romántico (ella lo elegiría; cumpliría cualquiera que fuera su capricho). Los anillos de matrimonio refulgirían en sus manos, que aún no se acostumbrarían del todo a ellos; sumamente brillantes como la promesa de su futuro juntos. Ambos tendrían buenos trabajos (ella sería una escritora laureada y él, quién sabe; tal vez un arquitecto, un embajador… algo que le permitiera seguir viajando por el mundo… con ella siempre a su lado, por supuesto). Tendrían casa, coches y todo preparado para cuando vinieran los bebés… porque iban a tener varios…

Suspiró. Qué ingenuo había sido. Ingenuo y tonto. Muy estúpido…

"Un niño" diría Lila… Pues sí; había sido un niño estúpido que había pensado que la vida sería color de rosa y todo siempre les saldría a pedir de boca… Pero es que… bueno; exceptuando lo de sus padres, la vida siempre lo había tratado bien a él… Si hasta se los había devuelto en una pieza (había qué ser sinceros: ¿Qué posibilidades existían de que eso realmente ocurriera?). Así que, analizándolo con cuidado; no tenía motivos para pensar que las cosas no fueran a salirle bien… Luego la miró. Desde que había vuelto con ella, las cosas se habían ido directito al caño; la vida de ella era un caos… un caos que irremediablemente se había incrustado en su personalidad. Era como un huracán, y él, irremediablemente, siempre terminaba arrastrado por su fuerza…

La escuchó suspirar. Se estiró un poco mientras de su garganta se escapaba un suave gemido (que lo hizo sonrojarse levemente) y siguió en su apacible estado de inconsciencia. Sonrió. Hermosa; ella no tenía la culpa de nada. ¿Que el destino le había devuelto a sus padres? Pues sí, pero ella había ayudado a ese destino bastante. ¿Que él hubiese podido hacerlo todo por sí mismo? Probablemente, pero habría sido mucho más difícil… y MUCHO más solitario… ¿Qué la vida siempre había sido buena con él? Sí. Porque siempre había habido personas a su espalda trabajando para que así lo fuera… y ella había sido una de las más incansables; y siempre desde las sombras, cuidándose de que nadie la viera… nunca había esperado retribución de ningún tipo; jamás. Esa vez que iba a dejarla sola por tanto tiempo, ella no había ni chistado, aún cuando sabía de sobra lo que le esperaba en ese mundo de porquería en el que vivía… Había sido valiente, y había aceptado su sino sin el menor titubeo; todo para que él fuera feliz…

¿Que él era capaz de irse al infierno por ella? Si mal no lo recordaba, eso le había dicho: pero no había hecho, jamás, ningún tipo de sacrificio por ella… nada más que soportar sus tonterías de pequeños, al menos…

Suspiró. Era muy bueno para hablar y dárselas de héroe; pero jamás había hecho nada que realmente le exigiera un sacrificio por el bien de la hermosa criatura que ahora descansaba tranquilamente a su lado…

…Y ella, siempre al pié del cañón por él…

¿Habría llegado a su límite? No sólo era él; sabía que ella era una verdadera guarrera, y una estúpida infidelidad no la rompería de ese modo… pero para que semejante coloso hubiera flaqueado de esa manera, su vida debería ser un completo infierno en ese momento… aún más que antes…

¿Había hecho bien en cumplir su capricho y acostarse con ella? Por supuesto que no… ¿Había tenido otra opción? …Tampoco.

No podía hacer nada para ayudarla, más que estar a su lado. Y si ella no lo quería ahí, pues le tocaría esperar; años, tal vez, como ella lo había hecho, tal vez en las sombras, para ganarse de nuevo su confianza. Le tocaría estar con ella para sostenerla cuando lo necesitara, muy probablemente sin que se diera cuenta…

Acercó la mano a su cara. Sus dedos temblaban por tocarla, pero le aterraba despertarla, así que se limitó a delinear la línea de su rostro a escasos milímetros del mismo… Se preguntaba cuándo tendría el privilegio y el honor de acariciarla de nuevo… Porque ahora lo sabía; lo que había pasado esa noche, había significado todo, menos que las cosas estaban olvidadas…

Rayos. Tenía qué ir al baño… y mucho.

Se levantó con todo el cuidado del mundo y se fue de puntitas al mismo. Sonrió. Tal vez así era tener un bebé… ¿Qué diablos estaba pesando?

Vació su vejiga y se dirigió a la cocina por un vaso de agua –vaya que tenía sed- cuando el teléfono comenzó a sonar… aterradoramente fuerte. Fue un acto reflejo; lo descolgó… y respondió…entonces calló en cuenta de lo que había hecho. ¿Qué debía hacer? ¿Colgar de nuevo? Ya lo había escuchado, quienquiera que estuviera del otro lado de la línea.

-¿Arnold?

La madre de Helga. Bien jugado, idiota.

-Hola, señora Pataki…

¿Señora Pataki? Segundo strike.

La escuchó inhalar y exhalar profundamente… tal vez estaba contando hasta diez…o hasta mil; esto ya se estaba tardando demasiado…

-¿Está Helga ahí?

Por fin habló; su voz parecía luchar por mantener un tono aceptable.

-Está dormida –respondió él.

-Dile por favor que… -pero se cortó a media frase –Arnold –lo llamó de nuevo.

-D-dígame…

No le gustaba ese tono…

-¿Se cuidaron?

El estómago se le retorció de modo tal que creyó que iba a salírsele por la boca. ¿Qué debía hacer? ¿Mentir? ¿Y si le decía que había sido un malentendido? ¿Que él iba llegando? …Claro, y con Helga dormida… ¿Y si decía que se había quedado a dormir en el sillón, como originalmente tenía pensado hacer? Demasiado tarde; esa respuesta sería creíble sólo si se hubiese dado inmediatamente…

-Sí –respondió al fin, derrotado.

Ella exhaló del otro lado de la línea.

-Arnold…

Ahí iban de nuevo.

-Dígame.

-Prométeme una cosa, por favor.

Un nuevo vuelco en su estómago.

-Por supuesto…

"Cuida a mi hija" "trátala bien" …Esperaba muchas cosas, pero no lo que venía a continuación.

-Helga es muy impulsiva –dijo –; muy terca, y muy probablemente te crispe los nervios muy seguido… -tomó aire de nuevo –Tal vez en este momento no lo creas posible, pero…

-¿Sí?

No tenía idea de lo que venía.

-Prométeme que si un día te hartas de ella, serás tú quien termine la relación…

-¿Qué?-¿Pero qué demonios estaba diciendo esa mujer?

-Helga es increíblemente perseverante –dijo –. y créeme; comprendo mejor que nadie que crea que sólo habrá un amor en su vida, y por ello luchará hasta el cansancio e intentará hacer que las cosas funcionen a toda costa, sin importar lo mal que vayan… prométeme que tú tendrás la sabiduría para saber en qué momento es mejor darse un espacio y analizar las cosas…

-Lo siento, señora, yo…

-Sé que no me entiendes ahora –lo interrumpió –, pero algún día lo harás; sólo prométeme que, cuando ese día llegue, lo harás…

-De acuerdo –soltó, sin saber bien qué acababa de prometer.

-De acuerdo –repitió ella, ahora sí sonaba tranquila -¿Podrías traerla al hospital, por favor? Su padre quiere verla.

-Claro.

Y colgaron del otro lado.

Aún con el teléfono en la mano, esa curiosa sensación de ser observado lo hizo voltear.

Ahí estaba ella, en el marco de la puerta; los brazos cruzados y nada más encima que la camisa de él, mirándolo, insondable.

-Tu padre –le dijo, mientras su estómago se encogía aún más –quiere verte…

Ella asintió y se dirigió al baño.

Unos veinte minutos después –y sin mediar más palabras- se dirigían al hospital.

Llegaron, Les dieron el número del cuarto y ahí se dirigieron.

…Y Helga lo tomó repentinamente de la muñeca y la apretó muy fuerte al ver a Olga llorando, abrazando a su madre, frente al cuarto.

-¿Olga? ¿Mamá? –Su voz se quebraba cada vez más -¿Qué diablos… -Su rostro se había desencajado increíblemente… sus ojos… estaba a punto de llorar…

-¡Oh! ¡Hermanita! –corrió a abrazarla.

…Helga se había puesto del color de la cera…

-Es tan triste… -sollozó –verlo ahí, tirado en la cama, con todas esas agujas y esa horrible bata de hospital…

La sangre volvió al rostro de la chica… demasiada.

-¡OLGA! –Le dio un empujón tan fuerte que casi la manda al piso -¡Casi haces que me de un infarto, tonta! Hazte a un lado…

Y pasó de ella con renovados ánimos.

oOo

Nunca había conocido a su madre. "Era demasiado pequeño cuando "eso" sucedió…"

Nunca se lo había dicho a nadie; pero él sí la recordaba. Ahí; frente a él. Su rostro enorme y su boca sonriente… su cabello como una lluvia de oro; como dorados rayos de sol enmarcando su hermoso rostro… sus enormes ojos de zafiro…

Le había dicho algo, no sabía bien qué, pero el amor en su voz había sido inconfundible… Sus ojos, su cabello y su sonrisa…

"Nunca conoció a su madre" Decían "Pobrecito…"

Pero él sí la conoció; y no por fotografías. Ese recuerdo lo había atesorado con tanta fuerza toda su niñez… No importaba qué tan solo se sintiera; qué tanto papá viajara y trabajara y qué tanto la abuela se embriagara y durmiera frente al televisor encendido… él había tenido una mamá que lo había amado; y eso era lo único que importaba…

¿En qué momento había olvidado ese recuerdo? No lo sabía del todo…

Tal vez había sido cuando había ganado ese gran partido (el primero como capitán del equipo) y nadie más que el entrenador lo había felicitado; Nadie, orgulloso, lo había llevado a festejar a ningún lado… Tal vez había sido cuando había terminado la primaria, y no había podido quedarse hasta el final de la ceremonia porque el teledrama de la abuela estaba a punto de empezar…

Todas esas veces que los otros chicos disfrutaban con sus padres… cuando se quejaban de ellos…

Quizá cuando el dolor y la rabia habían sepultado la esperanza…

Ni siquiera lo había recordado cuando discutía con Miriam por el nombre de la nena; ella quería que se llamara Anja, como su madre, él, Helga, como la suya…

Al final habían decidido un punto medio; el nombre de la abuela paterna en su versión rusa… bastante justo.

Tampoco se le había venido cuando se había salido con la suya y llamado a su segunda hija como le había dado la gana… sin importarle que, técnicamente, sus dos descendientes se llamarían igual…

¿Cuándo había olvidado a su madre? Su madre; no la hermosa dama de las fotos… No lo sabía a ciencia cierta…

Pero sí supo cuándo la recordó.

Ahí, en ese cuarto de hospital, cuando su joven hija se acercó a su cama, se inclinó un poco para verlo y le sonrió; con sus hermosos labios y sus enormes ojos azules… el suave cabello rubio enmarcándole la cara como una brillante aparición del pasado… Ella no era hermosa a pesar de parecerse a él; era hermosa porque era idéntica a su abuela…

Qué bueno que a Miriam no le habían quedado ganas de pelear por su nombre: ninguno le hubiera quedado mejor…

-Helga…

-Hey, Bob.

Le sonrió en respuesta.

-Te ves horrible –la sonrisa de su vástago se ensanchó más.

-Gracias –respondió él con el entrecejo fruncido, ella se carcajeó.

-Me diste un buen susto –soltó un poco más seria -¿Cómo estás? –le preguntó.

Él agarró aire ¿Cómo se sentía?

-He estado mejor –soltó. La chica se cruzó de brazos.

-Lo sé –dijo mirando a la pared –Olga dice que estás muy delicado; que cualquier disgusto podría mandarte al hospital de nuevo… o algo peor…

Big Bob entrecerró los ojos… conocía esa expresión…

-¿Qué rayos planeas, niña? –inquirió, perspicaz.

Ella se encogió de hombros.

-Me preguntaba si debía de decirte o no…

-¿Decirme qué? –entornó más los ojos; el entrecejo más fruncido.

-Que Arnold y yo tuvimos sexo anoche…

Lo soltó tan tranquilamente como si diera el pronóstico del clima; los azules ojos clavados en los de él… no bromeaba…

-¿Pretendes provocarme otro infarto, niña?

Ella sonrió.

-Eso creo –respondió, mirándose las uñas de la mano izquierda tranquilamente; la frente de él se arrugó aún más –. Ya sabes –clavó los ojos de nuevo en él –era inevitable que te enteraras tarde o temprano; y si tu corazón está TAN débil… ¿Qué mejor lugar para tener un ataque al corazón que el hospital? –de nuevo esa sonrisa –Seguro aún tienen un desfibrilador aquí en algún lado… -Removió debajo de la cama con el pié mientras fingía buscar.

-Al punto, Helga –ordenó, de bastante mal humor.

Ella se puso seria de nuevo, las manos entrelazadas esta vez.

-Un roble puede doblarse en medio de la tormenta, incluso romperse –lo miraba directamente a los ojos –; pero no por eso deja de ser un roble, papá.

Se miraron largo rato, fijamente. Al final el hombre sonrió.

-Supongo que eso significa que no habrá piedad para tu padre…

-Sin piedad para mi pobre padre enfermo –afirmó con un asentimiento.

La miró otro rato. Quería estar molesto, furioso, tal vez un poco triste; incómodo. Pero lo único que sentía era su pecho cada vez más y más henchido de orgullo.

-Ven aquí…

La abrazó muy fuerte.

-Ahora, largo de aquí –le ordenó una vez que la soltó –. Pero recuerda que tú y yo no hemos terminado.

-Te estaré esperando, Big Bob –soltó, desafiante, mientras ponía la mano en la perilla de la puerta.

-Y Helga…

-¿Sí? –si hubiera volteado, habría notado la increíblemente malvada sonrisa en el rostro de su retoño.

-Quiero hablar con ese noviecito tuyo…

-A la orden –Esa sonrisa… el diablo. En ese momento, la adorable niña rubia era el mismo demonio…

-Arnold.

El chico levantó la mirada, asombrado y casi eufórico.

Helga… ¿Le estaba dirigiendo la palabra? …tal vez las cosas no estaban tan mal como él había supuesto…

-Mi papá –soltó ella cándidamente –quiere platicar contigo…

oOo

-¿Y Helga?

Aún le temblaban las piernas.

-Acaba de irse –le respondió Olga, mirándolo, curiosa.

-Ya veo…

-¿Te sientes bien? –No le quitaba la vista de encima –te ves pálido…

-Estoy bien –intentó sonreír –creo que… mejor me voy. ¿No sabes a dónde fue?

-A la escuela –respondió ella –, si te llevas mi carro seguro que la alcanzas.

-Gracias –respondió él –, pero tomaré el autobús –le entregó las llaves –; muchas gracias.

-Al contrario, gracias a ti –le sonrió -…Y Arnold…

El chico detuvo su andar.

-No presiones demasiado a Helga –sonaba seria, pero no volteó a mirarla; no se atrevía –. Eventualmente te perdonará, de seguro… pero no te desesperes si no pasa pronto…

Asintió y se marchó… Por supuesto que lo sabía… Genial; su intimidad siendo discutida en una reunión de la escuela era lo segundo mejor que se le podía ocurrir; además de que Helga se hubiese enterado de lo mismo; claro…

¿Lo sabrían los padres de Helga también…?

Sólo rogaba que Big Bob no se enterara… jamás.

oOo

No la había visto en todo el día. Por supuesto que no. La estúpida preparación para la competencia estaba a todo lo que daba.

Así que Helga estaba en algún lugar de ese salón, encerrada con su gran y fabuloso y perfecto amigo Elliot; el que la acompañaba hasta su casa y se quedaba a platicar con ella hasta muy tarde, mientas se aislaba del resto del mundo…

El estómago le ardía como una braza, aunque, si era sincero, el ardor le había comenzado cuando se había quedado solo con Big Bob…

Desde un principio la cosa había estado rara. ¿Para qué rayos quería ese hombre hablar con él?

Recordaba la manera en que lo había mirado cuando había entrado… aún se le erizaba la piel.

-Cierra la puerta –le había ordenado.

Y él había obedecido, sintiendo que no sólo se metía a las fauces del lobo, sino que las ajustaba al rededor de su cuerpo.

-Sé lo que hiciste con mi hija anoche…

No había habido rodeos, ni preámbulos de ningún tipo. Casi agradeció que el hombre no pudiera ni ponerse de pié…

-Te darás cuenta que no es cualquier cosa… -Continuó.

Él había asentido mientras se atragantaba con su propia saliva.

-¿Sabes? –había siseado –soy un hombre razonable… sé en el siglo en el que estamos, y la clase de cosas que hacen los jóvenes de su edad… -otro asentimiento –sólo quiero pedirte que cuides mucho a mi hija… -asentimiento –; no quiero nietos aún, ¿De acuerdo? –Asentimiento –ni abortos; mucho menos –negó enérgicamente –. Quiero que mi hija se ilumine cada vez que te mencione; tú sabes: que brille de felicidad… -otro asentimiento –aunque yo sé también que es inevitable que sucedan problemas de vez en cuando; malentendidos y esas cosas, muy propias de todas las parejas…

Soltó el "ajá" más estrangulado de la historia.

-No te preocupes, al fin que cada lágrima que derrame mi hija por tu culpa sólo los unirá más…

-¿E… en serio?

-Ajá… tú sabes; mientras más cosas en común tiene una pareja, más fácil es su convivencia… -asintió –y nada une más a una pareja –sus ojos se entornaron hasta convertirse en dos rendijas –que una laarga estadía en el hospital…

Los enormes puños del hombre se cerraron con fuerza; la vena de la sien le palpitaba visiblemente. El rubio se atragantó de nuevo; el sudor frío ya le empapaba la frente.

-¿Entendido?

Asintió.

-Quiero escucharte.

-Entendido, señor Pataki…

-¿Entendido qué?

-No haré llorar a su hija… -esa mirada… -jamás.

-¿Jamás?

-Sí.

-¿Lo juras?

-Lo juro.

-Ya lárgate, granuja.

Y se largó.

-¿Estás bien, viejo?

Casi pegó un grito.

-¿Gerald? Me asustaste…

-Ya me di cuenta… -lo miró -¿Estás bien, hermano? Estás pálido… y sudoroso…

-Estoy bien –mintió.

-¿Vas a contarme qué rayos pasó ayer?

Bien. Otro que no se andaba con rodeos.

-Todos ustedes están actuando como locos… de Helga ya no me extraña, y de ti cada vez me extraña menos; ¿Pero Elliot? ¿Y Lila? –lo miraba con los ojos como platos.

-¿Lila? –Inquirió -¿Qué tiene de raro que intentara separar a su novio mientras peleaba?

-¿Separar a su novio? –Puso la bandeja del almuerzo sobre la primer mesa desocupada que vio –Yo hablo de lo que le hizo al señor Roberts.

-¿Al señor Roberts? -¿El maestro de humanidades? ¿Qué había con él?

-Es cierto –soltó –tú saliste detrás de Helga en ese momento

Y entonces lo recordó. Estaban en su clase cuando Helga le había sorrajado esa cachetada monumental a la pelirroja…

-¿Qué pasó después? –Inquirió, curioso -¿Qué hizo Lila?

Gerald sonrió.

-No me vas a creer –dijo –el maestro te gritó que esperaras, pero no le hiciste caso, y entonces se levantó, furioso, y dijo que "esa chica" –o sea, Helga- ya lo tenía harto, y que con esta sí que la iban a expulsar de una vez por todas- Arnold arqueó las cejas –entonces Lila se puso de pie de un brinco, y le dijo al señor Roberts que no dijera nada, que había sido su culpa –rodó los ojos –la verdad me preocupa Lila, parece de esas víctimas de violencia doméstica que defienden al esposo abusador… en fin –continuó –el punto es que el profesor le dijo que se calmara, que no tenía ningún problema con ella, que sabía lo buena niña que es… -se rió quedamente por un buen rato antes de continuar –entonces Lila se puso como loca: le gritó que ella no era buena, y que se lo iba a demostrar… y entonces… -un nuevo ataque de risa.

-¿Y entonces, qué? –inquirió el rubio, un poco exasperado.

-¡Entonces Lila le quitó el peluquín de la cabeza y se lo puso sobre la suya!

-¿QUÉ?

-Como lo oyes…

Más risas.

-No…

-Te lo juro; pregúntale a quien quieras… es el segundo mayor chisme que anda en estos momentos…

-¿Y qué sucedió? –inquirió Arnold; contrario a Gerald, el asunto no le causaba gracia.

-Oh, el profesor salió del salón sin decir media palabra; ni siquiera recogió su peluquín… -más risas.

-Basta, Gerald –el moreno ya tenía lágrimas en los ojos –no me parece gracioso…

-Es que no estuviste ahí…

Más risas. El rubio rodó los ojos.

-Eso fue muy desagradable –soltó, reprobatorio; -Pobre hombre.

-Hey, te recuerdo que ese "pobre hombre "quería hacer que expulsaran a la loca de tu novia –se defendió –. La verdad, Lila le salvó el trasero…

Arnold suspiró. Gerald lo miró, muy serio de pronto.

-¿Vas a contarme qué pasó? –Le preguntó –Hay un rumor en la escuela… el único que opacó al del peluquín…

Otro suspiro.

-¿Qué? –soltó, revolviéndose el cabello, frustrado.

-¿En serio necesitas que te lo explique? –soltó, con el ceño levemente fruncido –Primero Helga golpea a Lila; luego Elliot te golpea a ti… y de pilón, Lila repite hasta el cansancio que fue su culpa… ¿Tu qué crees que digan? –Arnold se encogió aún más –los rumores más suaves dicen que fue un malentendido; que Helga está loca e inventó en su cabeza alguna historia que Elliot le creyó… los más serios… bueno; los pintan a ti y a Lila como un par de sinvergüenzas de las ligas mayores…

Arnold se dejó caer sobre la mesa.

-Arnold –soltó –, lo siento, viejo, pero por más extraña que sea Helga, ambos sabemos que está más cuerda que la gran mayoría en esta escuela…

El aludido al fin levantó la cabeza.

-Soy un sinvergüenza de las ligas mayores –confesó, desinflado –y sólo lo he empeorado desde entonces…

El moreno se llevó una mano a la boca. ¿Quién era ese chico frente a él y qué había hecho con su intachable mejor amigo?

El resto de las clases ya no supo qué decirle. Casi agradeció la única hora que tenían separados ese día.

…Arnold engañando a Helga… ¿Y con Lila? ¿Cómo? ¿A qué hora se habían complicado tanto las cosas, si ambos apenas acababan de llegar de partes completamente distintas y lejanas del mundo? ¿Qué clase de mejor amigo era si no sabía nada de eso? Suspiró. ¿Pero qué rayos sabía de Arnold últimamente? Desde que había vuelto, apenas habían hablado. Habían platicado mucho, sin duda; y salido. Pero siempre estaban con alguien, y cuando no, si no hablaban de sus respectivas novias, hablaban de la escuela, o de detalles de su vida que, si bien interesantes, carecían de importancia real…

Tampoco es como si fueran un par de colegialas que se hacían confesiones en pillamadas, pero… ¿No saber ni eso? ¿Algo tan delicado…?

…Bueno; él tampoco le había platicado cosas realmente importantes; como su gigantesco avance en su relación con Phoebe, acontecido un poco antes de que llegara…

¿Qué diablos les había pasado?

Al parecer, el tiempo y la distancia se los habían comido…

oOo

-Helga –Phoebe la había estado esperando afuera del salón del club de literatura, incluso había pedido permiso para salir diez minutos antes para que no se le fuera a escapar -¿Ya me vas a contar qué rayos te pasa?

La rubia la miró con fingida indiferencia.

-¿Qué te hace pensar que me pasa algo? –Preguntó mientras se acomodaba el asa de la mochila en el hombro y emprendía la marcha.

-Por favor, Helga, desde que estábamos con tu abuela es obvio que las cosas andan cada vez peor…

La aludida bufó.

-Es una larga historia –soltó.

-Tengo tiempo –La menuda pelinegra se encogió de hombros.

-Bien, Phoebe –soltó –. Si tanto quieres saberlo, te lo diré –se detuvo en seco y la otra la imitó. La rubia tomó aire ruidosamente –: Mi abuela se negó a darme alojo en su casa si Bob y Miriam volvían; cosa que me confirmaron que harán apenas llegué a la ciudad; luego rentaron mi departamento para dejarme sin un lugar a dónde huir y obligarme a vivir con ellos; luego me enteré que mi adorado y amante y lealísimo novio Arnold tuvo (Y tal vez ha seguido teniendo) sexo con mi nueva y adorada casi mejor amiga Lila; luego a mi padre le dio un paro cardiaco y casi se muere, y para cerrar con broche de oro, prácticamente obligué al estúpido infiel cabeza de balón para que me quitara la virginidad; cosa que hizo… de ahí en fuera –sonrió mordazmente –no ha pasado nada nuevo…

Phoebe estaba en shock.

-Que Arnold… que tú… ¿qué?

-Te daré tiempo para que lo proceses –Masculló la rubia, al tiempo que se alejaba, dejando a su confundida amiga como una estatua de piedra en medio del pasillo de los casilleros…

-¡Helga! -Volteó; a lo lejos, casi al final del pasillo, cierto rubio cabeza de balón la miraba con los ojos como platos –¡Helga, espera!

Sí… claro. Se dio la media vuelta y se dirigió a la salida del edificio a toda prisa…

Corrió… y ella también. Para cuando llegó a la salida, la rubia se había esfumado.

-¿Sabes a dónde va, Phoebe? –inquirió, cuando la vio de reojo pasando a su lado discretamente.

La pelinegra resopló.

-La verdad, Arnold; no tengo idea –le respondió con la vista clavada en los escalones que llevaban a la calle –y aunque lo supiera –agregó –nunca te lo diría –sus ojos refulgieron tras los cristales de sus lentes cuando lo miró –y a partir de ahora, hazme el favor de no volver a dirigirme la palabra de nuevo.

Y se alejó de él como si estuviese contagiado de la peste.

…Y se quedó ahí, solo, con un nuevo golpe que, definitivamente, no había calculado…

Se lo merecía; y lo que faltara por pasarle, también.

Se sentó en la escalera, mientras los pocos estudiantes que quedaban por salir lo hacían. ¿Ahora qué?

"No la presiones" Le había dicho Olga… Y Gerald, un tiempo atrás… él también lo sabía, pero… en verdad necesitaba hablar con ella…

Helga estaba mal; y mucho. Lo había sabido esa noche, cuando, con voz quebrada, le había asegurado que era fuerte… claro que lo era; pero era obvio que se la estaba llevando el demonio; y necesitaba saber qué le pasaba; era su obligación ayudarla… Aún cuando no fuera más que un estúpido novio infiel… momento; ¿Qué diablos estaba diciendo?

Él era MUCHO más que eso…

Resopló; prácticamente era el primer error que cometía en su vida, y, definitivamente, no iba a dejar que se la arruinara para siempre… que arruinara sus amistades, y aún más importante; su relación con Helga. Ella era lo más importante de su vida, y así le llevara toda la vida demostrárselo, lo haría.

…¿Y qué mejor momento para comenzar una batalla para toda la vida que el ahora?

Se puso de pie mientras apretaba los puños. Tal vez no sabía a dónde se dirigía en ese momento, pero sabía muy bien a dónde tenía qué llegar al final.

oOo

El intercomunicador sonó.

-¿Helga?

-¿Phoebe? -Suspiró -Pasa.

-Te traje comida.

La chica le extendió un recipiente caliente que olía delicioso.

-¡Phoebe, te amo! –soltó con una enorme sonrisa y corrió a la cocina por una cuchara; comenzó a comer directamente de la bandeja de plástico, desesperada.

-Parece que tenías hambre… -soltó la otra, mientras la miraba sonriente.

-No como desde ayer –masculló, con la boca llena de comida.

-¿Desde ayer?

Helga se crispó al escuchar el tono a un paso de la histeria de su amiga.

-¡Phoebe! –la regañó.

-Lo siento…

La otra siguió comiendo.

No quería regañarla, pero ¡rayos!

-¿Por qué no has comido? –inquirió, tratando de sonar lo menos acusadora posible.

-No hay nada de comida aquí…

-¿Y por qué no compraste algo? –Su voz sonó mucho más aguda de lo que pretendía… rayos, tenía qué controlar esa ansiedad…

-Tienes razón… -la chica se quedó con la cuchara a medio camino del recipiente y la boca –No se me ocurrió… no he estado pensando con claridad; supongo.

Se encogió de hombros y siguió con su encomienda: vaciar esa porción que debería de servir para unas tres personas, mínimo.

Phoebe sonrió, la cosa no estaba tan mal si no había perdido su apetito… o al menos si lo recuperaba con esa magnitud…

Decidió no decir nada más hasta que terminara de comer; cosa que sucedió cuando el traste estaba prácticamente vacío. La rubia, aún con cuchara en mano, miró con casi con nostalgia los remanentes, lo pensó un momento, hizo el ademán de seguir, pero al final dejó la cuchara dentro de la bandeja y se recargó contra la cama (estaba sentada en el suelo).

-La mejor comida de mi vida –suspiró, con una floja sonrisa de lado y las manos sobre su estómago.

-Le daré mis felicitaciones al chef –sonrió desde la misma cama, donde estaba sentada.

-Por favor…

Duraron un rato en un cómodo silencio. Helga se veía tan apacible que en verdad deseaba no importunarla; pero había ido por una razón, y eso era ver en qué podía ayudarla, y jamás lo sabría si no le preguntaba.

-¿Cómo está tu padre? –comenzó a tantear el terreno; era obvio que estaba bien, si no, no estaría tan tranquila.

-Bien –soltó ella descuidadamente –al parecer no fue algo grave, o al menos lo detectaron a tiempo.

-Qué bueno –suspiró aliviada, la otra asintió. También sonreía.

-Me llevé un susto de muerte –confesó de pronto –pero está bien; ya lo comprobé.

Phoebe la miró, curiosa, pero decidió preguntar otra cosa.

-¿Tus padres ya se decidieron a volver, entonces?

Helga asintió; su semblante se ensombreció visiblemente.

-¿Y qué vas a hacer, Helga?

La rubia la miró.

-Me quedaré aquí –dijo –ellos dicen que ya tomaron su decisión; pues yo también tomé ya la mía; que se metan esos "inquilinos" si pueden… -entornó los ojos; Phoebe suspiró.

-Siempre eres bienvenida en mi casa –soltó, como quien no quiere la cosa –a mis padres les agradas; no pondrían objeción…

-Pero mis padres sí… -se estiró –me quieren con ellos a toda costa; pero eso no va a suceder jamás… esperaré aquí un tiempo, ya que decidan volver a la normalidad (porque esa alianza no va a durar mucho, créeme) Miriam volverá aquí y haremos como que nada sucedió.

Phoebe arrugó el ceño.

-¿Y si llegase a funcionar, Helga? ¿Lo has considerado? –soltó tímidamente, mirándola inquieta.

-Eso no pasará –sentenció la otra.

Bien. Hasta allí habían llegado con ese tema, al menos, por ese día.

-Sé que no tengo cara de preguntarte nada, Helga…

La aludida la miró con una ceja levantada.

-Dime –estaba bastante tranquila.

-¿En verdad… lo hiciste con Arnold?

La otra asintió, impasible. La mirada clavada en el foco.

-Pero… ¿Eso fue antes o después de que te enteraras de…? bueno…

-Después –respondió –Primero fue lo de Arnold y la señorita perfección, luego lo de mi padre… estaba como loca, Phoebe; no podía pensar con claridad. La idea de perder a Arnold y que mi padre pudiera morir me tenía histérica…

-Sigo sin entender –meneó la cabeza.

-No quería pensar, Phoebe –soltó junto con un suspiro, mientras se tapaba la frente con una mano –me aterraba lo de mi padre; y luego pensaba en Arnold; que serían nuestros últimos momentos juntos… todo lo que iba a perder… -su voz se quebró un poco –lo amo, Phoebe… desde que tengo memoria…-La miró secarse discretamente una lágrima –no quiero dejarlo, así como quiero seguir con mis padres… pero no puedo… -ya no luchó por ocultar sus lágrimas –sólo quería despedirme de él… porque pensé que tal vez jamás podría despedirme de mi padre… al menos quería un buen recuerdo de toda esta basura…

La abrazó. La rubia luchó un momento por soltarse, pero al final se rindió.

-Lamento que las cosas hayan salido así, Helga –le dijo, aún sin soltarla.

-Al menos mi padre está bien –soltó, ya más calmada –así no me sentiré más culpable cuando me niegue a irme con él… con ellos… Son unos idiotas, Phoebe; todos los que me rodean. No sabes lo que agradezco tenerte a ti en mi vida…

Phoebe sonrió.

-Siempre me tendrás –soltó.

-Bien; suficiente de abrazos –La rubia la alejó suavemente, algo abochornada… Luego clavó los ojos en ella; una pícara sonrisa invadió su rostro -¿Quieres detalles? –inquirió.

Phoebe la miró con las cejas levantadas.

-¿En serio? –soltó, emocionada.

-Me debes un montón de anécdotas, tú, mala amiga –sonreía.

-De acuerdo –se encaramó en la cama y le hizo una seña impaciente para que hiciera lo mismo -¿Por dónde comenzamos…?

oOo

Era tarde cuando Phoebe se fue. Sonreía cuando la vio despedirse de ella con la mano antes de desaparecer tras las puertas del ascensor; había sido bueno cotillear un rato como dos típicas y bobas adolescentes que compartían secretos… olvidarse de su horrible realidad por un momento…

Suspiró, e iba a cerrar la puerta cuando algo (alguien, más bien), la detuvo.

-¿Arnold? ¿Qué rayos haces aquí? ¿Cómo entraste?

-Necesitamos hablar –fue toda su respuesta, mientras luchaba por mantener abierta la puerta que la rubia luchaba por cerrar.

-¡Largo de aquí!

La mano se le resbaló, pero alcanzó a meter el pié antes de que se cerrara del todo.

-¡Quítate!

-No.

-Voy a cerrar –lo miraba furiosa.

-Inténtalo.

Estrelló la puerta con todas sus fuerzas, sin importarle en lo absoluto el pié que, terco, se interponía. Inmediatamente el chico pegó un grito; asustada, la chica retrocedió un poco, momento que él aprovechó para meterse –brincando en un pié- y se dejó caer sobre un sillón.

-¡Llamaré a la policía! –exclamó la rubia.

-Hazlo, les diré que acabas de romperme el pié…

Tenía lágrimas en los ojos; en verdad parecía que lo había hecho…

-Tú te lo buscaste –cerró la puerta y se recargó en ella -¿Qué quieres? –inquirió, cruzándose de brazos.

-Hablar contigo… -soltó con voz estrangulada mientras se sobaba la maltrecha extremidad… cómo le dolía…

-Tú y yo no tenemos nada de qué hablar –miraba a la pared.

-Tenemos demasiadas cosas de qué hablar, Helga –Lucía bastante decidido a pesar de los ojos enrojecidos.

-¿No puedes, solamente, dejarme en paz? –Se llevó una mano a la cara –ya tengo demasiados problemas sin ti, cabezón, sólo… sólo déjame en paz…

-Te amo, Helga –soltó, sin rodeos; la anhelante mirada clavada en ella.

La chica se retiró la mano de la cara al tiempo que le dirigía una mirada furiosa.

-¡Deja de hablar del amor como si fuera algo que se compra en el supermercado! –Exclamó -¿Qué sabes tú del amor?

-¿Y qué te convierte a ti en experta? –Contraatacó él –tú misma me dijiste que lo que sentías por mí de niña no era amor realmente, al menos, no como creías –la muchacha arrugó la nariz, al tiempo que desviaba la mirada, incómoda –tal vez lo que yo sentía por ti en ese tiempo tampoco lo era; no lo sé… ¿Quién puede asegurarlo con certeza? éramos pequeños e inmaduros, después de todo… -hizo una pausa; ella seguía sin verlo – ¿Pero quién puede asegurar que no lo era? ¿eh? –aún no lo veía, pero una mueca de angustia se dibujó en su cara -¿Quién te garantiza que no lo es ahora, eh?

-¿Quién demonios está diciendo que no lo sea? –cada vez estaba más furiosa; él, más confundido.

-¿Entonces por qué…? –Rayos. Le dolía demasiado el pié para pensar con claridad -¿Por qué dijiste que…

-El punto no es que nos amemos o no, Arnold –el chico levantó la vista de nuevo, no estaba entendiendo nada y ella no tenía ganas de explicarle; rayos. -¿Por qué no sólo te vas? –soltó, llevándose una mano a la cara, masajeándose el cuero cabelludo y revolviéndose el cabello de pasada.

-Porque te amo, Helga –respondió, muy serio –y porque en realidad necesito conocer el territorio sobre el que estoy parado… -Tenía terror de hacer el siguiente cuestionamiento, pero se tragó el miedo junto a una gran cantidad de saliva -¿Aún me amas, Helga? –ella no lo miró -¿Vas a perdonarme algún día? ¿Qué debo hacer?

La rubia exhaló muy fuerte al tiempo que se dejaba caer en el suelo, con la espalda contra la puerta. Había una gran lucha interna tras esos ojos cerrados. El estómago de él era una braza. Se sentía un preso sobre el cual se decidiría si era declarado inocente o castigado con la pena capital.

"Por favor, Helga…"

-Te amo, Arnold –los ojos de ella se cavaron en los suyos –, te amo tanto que te juro que me duele -…sus ojos… -…pero no voy a perdonarte…

No podía creer lo que escuchaba; se sentía dentro de un mal sueño; una absurda pesadilla de la que no podía despertar por más que se esforzara…

Y ella lo miraba como si se sintiera aún peor…

-Helga… -musitó, mientras sentía a su voz desfallecer dentro de su garganta.

-Vete, Arnold, por favor.

A como pudo se levantó y se hizo a un lado.

-Déjame sola, por favor –su temblorosa mano estaba sobre la perilla.

-¿Por qué? –de pronto su voz volvía junto con un calor insoportable -¿Por qué, Helga? –sus puños se tensaron –Cometí un error, lo sé -¿Por qué había dejado de mirarlo? -¿No tengo derecho a cometer un solo error? –su voz sonaba más agresiva de lo que quería –Tú no eres perfecta tampoco, lo sabes, ¿Verdad?

-Lo sé… siempre he sido horrible contigo… ahora más que nunca… lo siento…

Hablaba en un tono monótono, muerto. Estaba floja totalmente, los hombros y la cabeza hacia abajo; la mirada clavada en el suelo.

-Eres lo mejor de mi vida; lo único bueno, y por eso no voy a perdonarte… -Al fin clavó los ojos en él –no me lo merezco…

"¿QUÉ?" Sentía que los ojos iban a salírsele de las órbitas.

-Soy un maldito caos… sólo ve en lo que nos hemos convertido en tan poco tiempo…

Rayos… eso él también lo había pensado…

-Voy a destruirte si sigues conmigo… -Su voz estaba destrozada; su mirada era una fosa vacía… pero, por algún motivo, no lloraba –no voy a permitir que nos convirtamos en mis padres…

Ok. Estaban en problemas. GRAVES; esto no era algo que el tiempo fuese a curar… Esto era el peor escenario que pudiera haberse imaginado jamás…

-Helga, ¿Qué cosas estás diciendo? –Dio un paso tentativo hacia ella, ésta ni siquiera pareció darse cuenta -¿Estás escuchándote? –ya estaba a medio camino –Tú y yo somos MUY diferentes a tus padres… -no sabía qué decir; parte de él le decía que ella tenía razón –Por favor; dime que me odias, así lucharé hasta ganarme tu amor de nuevo… pídeme lo que quieras; haré las cosas más humillantes que me pidas, usa tu imaginación… pero no me digas eso… Sabes que tú y yo… no podría vivir sin ti… -Bien, él sí podía llorar.

La abrazó, pero ella siguió estática, floja. Como si alguien o algo hubiese robado su alma de pronto.

-Helga… -musitó contra su oído.

-Vete, Arnold…

-No –la apretó aún más.

El teléfono sonó.

Con renovadas fuerzas, lo hizo a un lado y caminó hacia la cocina; él se sentó sobre un sillón; sentía que se le doblaban las piernas.

La miró entrar a su cuarto y salir con una chamarra.

-Me tengo que ir –le dijo, ya un poco más tranquila –mejor límpiate esas lágrimas; no quiero dar espectáculo a los vecinos…

El chico obedeció mecánicamente; se sentía como si lo acabaran de golpear con un mazo en la cabeza.

-Vamos –había abierto la puerta.

El chico se levantó, y al momento de pasar por su lado, ella lo tomó del hombro.

-Siempre serás lo mejor que me ha pasado en la vida –le susurró con voz apagada –; gracias por mostrarme lo que se siente amar de esta manera…

La miró a los ojos, y ella le devolvió la mirada… Y esa mirada le desgarró el alma. Había una tristeza tan inmensa; tan añeja, que sólo pudo atinar a abrazarla.

-No me daré por vencido –le susurró a su vez, mientras la apretaba muy fuerte contra él –. Tú y yo vemos las cosas muy distintas, y ya verás que te haré cambiar de opinión.

Se separaron y ella lo miro. ¿Había esperanza en esos ojos? Tal vez… muy en el fondo; muy apagada; pero, por un segundo, pudo jurar que la miró.

Se separaron y Arnold al fin volvió a casa, con una marejada de emociones tan fuerte dentro de él que simplemente ignoró a todos a su paso, ¿Le había hablado su padre o su madre? ¿O había sido alguno de sus abuelos?

A quién le importaba. Subió a su cuarto y se tiró en la cama.

Cerró los ojos y todos los sucesos de los últimos dos días se agolparon en su cabeza… Ahí estaba ella, odiándolo en el pasillo; ignorándolo en medio de la pelea; en el salón de detención… llorando en medio de la sala de su casa… aferrándose a él como si su vida dependiera de ello entre las sábanas… Y luego reiterándole que lo amaba más que a nada, sin importar lo que hubiera hecho, y que por eso mismo lo dejaba…

Sus padres. Ese par de idiotas; en verdad los odiaba. ¿Cómo habían podido lastimar a su propia hija de semejante manera? Todo habría sido TAN distinto si hubiera sido ella la que hubiera crecido sin sus padres y no él…

Estaría mucho mejor; sin duda…

¿Qué la hacía pensar que terminarían igual que ellos…?

Lo que fuera; él iba a sacarle esa idea de la cabeza a como diera lugar.

oOo

El ambiente en la casa era festivo, por decir lo menos; ella sentía que el mundo se le había venido encima, pero ¿Quién iba a notarlo? ¿A quién le importaba? Papá había vuelto a casa en una sola pieza, y, por lo que al resto de la familia concernía, lo demás podía irse al carajo.

Cenó con ellos, recibió con una sonrisa algo plana el excelente diagnóstico que los doctores habían dado al caso de su padre, y lo abrazó varias veces; incluso lo besó sin pedirle dinero a cambio.

Se agotó el tiempo.

-Bueno, ya me voy –dijo mientras se ponía de pié mirando el reloj.

-¿Te vas? -Miriam la miraba extrañada -¿A dónde?

-A casa –respondió secamente ella.

-Pero, Helga… -No podía ser… Después de lo que acababa de pasar… ¿Seguía con lo mismo?

Menos mal que Olga acababa de salir a la tienda (De hecho, el que Helga hubiese escogido justo ese momento no había sido coincidencia).

-Déjala –fue Big Bob quien habló –si quiere irse, que lo haga –y clavó los ojos en ella –pero más le vale ir pensando a dónde se va a ir desde este fin de semana, porque el departamento se ocupa el sábado.

-Pero… –Miriam había comenzado, mirando a su ex esposo como si hubiera perdido el juicio, pero Helga la interrumpió.

-Ya te quiero ver echándome de mi propio departamento –sentenció, mirándolo mientras se dirigía a la salida –; te estaré esperando.

-Dalo por hecho, jovencita –le respondió la voz de él, al tiempo que la chica cerraba la puerta tras ella.

oOo

El miércoles fue un día que jamás recordaría; había sido como estar bajo el agua; como estar al borde de la muerte. Nada había tenido sentido; no supo nada de lo que había hecho. Cuando volvió de la escuela, se tiró en la cama y de repente se le ocurrió que no había comido. ¿O tal vez sí? Phoebe le había llevado comida… tal vez.

Durmió toda la tarde; la noche la pasó en vela mientras los fantasmas de sus miedos la acosaron incansablemente.

El jueves le pidieron ir a la enfermería; se veía terrible. El profesor estaba aterrado de que su as bajo la manga en la competencia se encontrara indispuesta, sin embargo, había escrito un poema espectacular sobre el amor, -tema elegido para la competencia "Qué original"- tenía una métrica impecable y carecía de rimas tontas e infantiles, cosa que abundaba en gran parte del resto del equipo; tal vez era un poco común, pero técnicamente era impecable y, dada la edad de los concursantes, el contenido era grandioso. Iban a ganar, a pesar de que a la chica parecía llevársela el diablo. Ya le daría un descanso después del viernes.

¿Ella? Detestaba esa basura que había creado con sus propias manos, pero no tenía ganas de discutir. Si escribía lo que había en su cabeza en ese momento, la enviarán al manicomio.

Salió de la escuela y llegó a su departamento. Sólo entonces despertó de su letargo.

Bien. Genial; Fantástico.

Dejó caer la mochila en el piso y resonó como si estuviera dentro de un mausoleo… pero en los mausoleos al menos había cadáveres… aquí no había nada.

Si quería una metáfora de su vida en ese momento, ahí estaba la muy maldita casa… departamento, más bien.

Vacío.

Total y absolutamente. Ni las cosas de su recámara habían respetado; se habían llevado todo.

Se sentó en el piso de su habitación -¿Dónde más?- Aún era jueves… se suponía que esa gentuza llegaría hasta el sábado…

Metió la cabeza entre las rodillas… en verdad no pensó que se fueran a atrever a hacerlo… pero lo habían hecho.

"Bien." Levantó la cabeza; el entrecejo fruncido. Si querían guerra, la iban a tener. No importaba que tuviera que dormir, comer, y hacer todo lo demás en el suelo. De ahí no la iban a sacar.

Ahí era de ella. De su propiedad. Que vieran los papeles de esa cosa si no lo creían ¿Qué aún era menor de edad? ¿Qué sus tutores tenían el derecho de decidir sobre esas cosas? Pues se emanciparía. Al fin que, con los precedentes, no sería nada complicado…

…Necesitaba conseguir un abogado…

Su espalda se arqueó al tiempo que una ola de calor la envolvía por completo… alguien había abierto la puerta de la entrada…

-Helga, ¿Ya llegaste?

Diablos…

"¿Helga?" Intentaron abrir la puerta de su recámara… menos mal que le había puesto seguro…

-Ábreme, niña… Sé que estás aquí; tu mochila está en el piso…

Se encogió contra la pared, aún abrazándose las piernas. Que abriera si podía; ella no se iba a mover.

-¡Voy a tirar la puerta si no abres!

"Adelante" pensó. Acababa de salir del hospital. Ya lo quería ver haciéndolo.

-¡Helga! ¡Hablo en serio!

Nada.

Un golpe, fuerte. La chica respingó, algo asustada. ¿No se suponía que en esos momentos estaba débil como un gatito?

-¡¿No me vas a abrir?!

¿El siguiente golpe? No. Una llave en la cerradura y la estúpida puerta cedió.

-Ahí estás –la miró mientras se acomodaba las arremangadas mangas de su sweater –vámonos.

Nada. Sus enormes ojos lo penetraban desde el suelo; pero no movía un músculo.

-Vámonos –repitió -, mañana temprano vienen a limpiar y a dejar todo arreglado para los nuevos inquilinos.

Un ceño aún más fruncido y unas piernas aún más aperadas fueron su única respuesta.

-No me hagas cargarte de vuelta… -Bufó mientras se remangaba de nuevo.

La chica se puso de pié de un salto.

-¿Y ya que me saques del departamento, qué? –estaba furiosa -¿Me vas a encerrar en mi cuarto hasta que me guste vivir con ustedes?

El hombre se llevó una mano a la cara.

-¿En serio, hija? –La miró, estaba un poco fastidiado, pero bastante tranquilo -¿Qué pretendes hacer tú sola? ¿Vas a vivir por tu cuenta? ¿Tan joven?

La chica se cruzó de brazos mientras asentía levemente con la cabeza.

-Hija –trato de acercarse a ella, pero cada paso hacia el frente de él, era uno hacia atrás de ella –Sabes lo absurdo que es tu comportamiento en este momento, ¿Verdad?

-¿Más que el tuyo? –masculló la otra.

El hombre sacudió la cabeza.

-Un mes –dijo, levantando el índice –danos sólo un mes; si después de eso aún quieres estar tú sola, te desocupo esta cosa y yo me encargo de que no te falte nada aquí… y no vuelvo a molestarte; lo prometo. Pero dame un mes para comprobarte que no es tan mala idea, por favor…

"Es lista, sabe que le estoy proponiendo algo verdaderamente razonable" Pensó; "tiene qué aceptar… no le queda otra opción…"

-¡No!

"Rayos."

-No voy contigo a ningún lado –soltó -¿Por qué no me propusiste esto antes de dejarme sin ninguna otra opción más que aceptarte?

"Sí; muy lista."

-Porque de otro modo jamás ibas a aceptar…

-¡Pues igual no lo haré!

Sus ojos comenzaban a enrojecerse. "No llores, tesoro…"

-¡Lárgate!

Arrugó el entrecejo.

-No me dejas otra opción, niña…

Lo intentó; una estrategia que ya se estaba volviendo clásica; pero esta vez no pudo agarrarla; con una velocidad y unos reflejos que nada le pedían a él en sus mejores años de deportista, su hija se escapó de su agarre y se dirigió a la puerta.

-¡Prefiero vivir en la calle que con ustedes!

Estaba llorando… demonios…

-Llamaré a la policía, y te traerán en donde te encuentren… -la amenaza iba en serio.

-Diré que abusan de mí –Bien, ella también sabía amenazar, y parecía hablar aún más en serio que él –; con sus antecedentes, nadie se molestará en investigar si es cierto o no lo que digo…

Lo miró, y lo supo. Esa le había dolido… y mucho…

-Estás pasándote, Helga –Genial; estaba furioso.

-Tú también… -¿A quién le importaba? Ella también lo estaba…

-¿Es tu última palabra?

-Sí…

El hombre inspiró y exhaló ruidosamente mientras se acomodaba descuidadamente el cabello que le había caído sobre la frente.

-Entonces, hija –dijo, muy serio; la cansada mirada clavada en la suya –haz lo que quieras.

"¿Qué…?"

-Vete, porque aquí no vas a poder vivir ya; haz lo que tengas qué hacer, y cuando te decidas a volver, te estaremos esperando…

Su mochila (la que había recogido de camino a la puerta), le resbaló por el brazo y quedó colgando en su mano.

"¿Qué?"

-Anda, que no tengo todo el día; tu hermana y tu madre me están esperando; tengo qué decirles que toda la fiestecita que le prepararon a esta niña irracional y caprichosa fue en vano…

Las gruesas lágrimas que colgaban de la barbilla de la adolescente al fin cedieron cuando otra tanda igual de pesada se unió a la primera.

-Te odio, papá…

-Y no tienes ni la menor idea de lo que yo te amo –respondió cansadamente él –. Ahora, te vienes conmigo o te vas de aquí…

…Y se fue.

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Holis :) ¿Cómo están?

Primero que nada, les deseo que pasen una feliz navidad; en segundo lugar; perdón por traerles algo TAN deprimente en una fecha tan linda… pero bueno, ahorita tengo tiempo y aprovecho; porque este día será laaargo.

¡Felices fiestas a todos!

Agradecimientos especiales:

diana carolina: Hola, mi niña; primero una aclaración: Tú JAMÁS me molestas (ninguno de ustedes lo hace; amo que me escriban :3) En serio me hiciste reír con tus comentarios; la verdad es que con este fic ni yo sé lo que va a pasar; por lo general traigo montones de ideas en la cabeza, pero cuando me pongo a escribir termino poniendo algo que no tenía planeado, o al menos no como queda al final; la verdad es que estoy divirtiéndome demasiado con esta cosa XD Gracias por tus felicitaciones. Te mando un abrazo enorme, y perdón si te sacan de onda las cosas que escribo, al menos te sorprendo, ¿verdad? Besitos :3

romiih: Aquí está tu actualización… y sobre lo de los golpes… jejeje; es que dada la naturaleza violenta de el capi y que tú habías comentado sobre el cachetazón… pues quise jugar con las palabras… ya no lo volveré a hacer; tengo la habilidad de que cada juego de palabras que intento me salga increíble e inintencionadamente ofensivo (Creo que es alguna especie de superpoder, jejeje ¿Alguien lo quiere? Porque yo no :p) Sabes que se te quiere a montones. Espero que disfrutes el capi; un abrazo.

Lexie Asakura Kidou: Gracias por perdonarme X3 Y sobre lo de estos chamacos… pues sí, fue un momento pésimo; pero ya ves cómo es la vida; por lo general pasan las cosas cuando menos te lo esperas. Gracias por el abrazo psicológico; te lo devuelvo multiplicado por mil X3

Arianna 3: Gracias por las flores; ahora sí que a mi ego ya no lo hallo ni con el telescopio, jejeje… me dio mucha risa que compararas mi historia con la de crepúsculo; la verdad es que no la conozco; no he leído los libros y sólo vi un pedacito de una película… y definitivamente la historia no fue de mi tipo… curioso que terminara escribiendo algo parecido, jejeje… Me gustó mucho tu comentario de Elliot; la verdad no tenía pensado darle importancia a ningún OC, pero bueno, el chico me agrada bastante a mí también c: …Y sobre Bob… pues sí; pobre. Pero pues ahorita les toca sufrir a todos; qué lindo que te haya gustado la escenita de Arnold y Helga (Traté de hacerla lo más soft posible… jijiji…). Te envío un abrazo gigntesco y muy apachurrado X3 Yo también te amodoro a ti.

Y bueno, ya me despido, de nuevo me disculpo por la sobredosis de drama especialmente en vísperas de navidad, y ya no les quito más tiempo.

¡Feliz navidad! JOJOJOJO!

Nos leemos X3