Derechos Craig Bartlett y Nickelodeon.
Amor
-Sólo hace falta la lluvia empapándote para completar la escena, ¿Cierto?
Volteó. Unos ojos castaños la miraban de forma extraña.
No le respondió; ella sonrió.
-En mi casa hay un gran sillón, si quieres… -soltó, las manos cruzadas detrás de la espalda y la mirada fija en la calle.
-¿Ese en el que te acostaste con Arnold?
No la miraba; seguía recargada contra la pared de su edificio, muy cerca del contenedor de basura.
-No… -soltó ella distraídamente –eso fue en mi cama… aunque sí; comenzamos ahí –la miró de nuevo –. Mejor no te quedes en mi casa; tienes razón…
Helga seguía con la vista fija en todos lados menos en su cara.
-Te dije que no volvieras a hablarme –masculló.
-Parecía que necesitabas ayuda –se encogió de hombros –, para eso somos las amigas, ¿No?
-Las amigas no se acuestan con los novios de sus amigas…
-No éramos amigas en ese entonces…
La miró, encogida en ese sucio callejón; los ojos enrojecidos y el semblante casi muerto… ¿Todo eso lo había provocado ella? ¿En serio? Tal vez Helga no era tan genial como había pensado…
-Y no lo somos ahora…
-Lo sé –se encogió a su lado; las piernas dobladas y los brazos alrededor de estas; justo como ella –. Yo también te odio, ¿Sabes?
-¿Por Elliot?
Debía estar realmente mal si continuaba hablando con ella; aún cuando no la hubiera mirado realmente ni una sola vez.
-Por él –asintió –; pero ya antes te odiaba por el simple hecho de ser como eras… como eres aún… aunque en este momento luzcas tan… diferente…
La rubia suspiró.
-Debiste habérmelo dicho –soltó –, así podríamos habernos agarrado a golpes y luego seguir con nuestras vidas…
-Te dolió más lo de Arnold –una sonrisa triste cruzó su cara –; aunque no sé si ese golpe fue a propósito… tú siempre tuviste todo lo que yo deseaba… -Helga al fin la miró, pero sólo un segundo y luego regresó los ojos al fascinante contenedor metálico a su lado –tenías Agallas, fuerza, inteligencia real; de esa que sirve para la vida –bufó –y también de la otra… Tenías pasión…
-Y tú eras una gatita que se cortó las garras…
-Exacto. Y por eso te envidiaba… te envidiaba, pero te admiraba aún más… aún te admiro; Helga. A pesar de que el único chico al que realmente he amado aún esté loco por ti…
Ahora ella veía a la fijamente a la pared frente a su cara.
-También está loco por ti; si te sirve de algo.
-Lo sé… -sopló un mechón que le había caído sobre el ojo –Si lo piensas un momento, aunque de formas diferentes, ambas compartimos a nuestros chicos –se encogió de hombros –… no sé tú, pero yo siento que al fin estamos a mano… al fin podemos ser amigas, ¿No?
Ambas se miraron.
-No tienes vergüenza, Lila.
-No la tengo.
Otro rato de silencio.
-Préstame tu teléfono.
Se lo entregó.
Marcó un número, sonó y sonó, pero nadie contestó. Lo marcó de nuevo… y otra, y otra vez. Al fin respondieron.
-Hola… sí, soy Helga… luego te explico… ¿Puedes venir por mi?... Sí, aquí en mi edificio… ok, te espero.
Se lo devolvió.
-¿Le hablaste a Arnold? –sonreía.
La otra negó.
-A Elliot –le respondió.
La pelirroja levantó las cejas, pero no dijo nada.
-Dime una cosa –soltó la rubia, ahora sí, mirándola fijamente -¿Elliot tiene un buen sillón? -no esperó respuesta –Al menos tiene una buena cama, supongo, ¿no?
Lila sonrió de nuevo.
-Una estupenda –respondió –. Pero tengan cuidado; que suele rechinar en los momentos menos oportunos, y su madre tiene un muy buen oído… aunque si salió con su novia, como lo hace casi todos los jueves, no deberían tener problemas.
Duraron varios minutos en el sucio callejón, una junto a la otra, estáticas; sin ni siquiera emitir sonido.
La bocina de un auto las hizo voltear.
-Parece que ya llegó –soltó desganadamente Helga; Lila suspiró.
-Aunque te advierto- Dijo de pronto –: Elliot es mucho más rudo que Arnold, así que vete preparando mentalmente, porque muerde… y fuerte…
La bocina volvió a sonar; el chico no las veía desde donde estaba.
-Por cierto, Helga –se levantó –, si piensas que haciendo eso vas a lastimarme, estás mal; los únicos heridos serán ustedes dos… a mi ya no puedes hacerme más daño en ese aspecto –. De repente parecía a punto de llorar –tu sólo puedes lastimarme cuando no te lo propones; y te juro que yo no me proponía lastimarte esa vez tampoco.
Y se alejó de ahí.
Elliot al verla salió del auto.
-Lila –la llamó.
-Está ahí –señaló hacia un lado, mientras se pasaba el dorso de la mano por la orilla del ojo –llévatela antes de que comience el aguacero.
El chico miró al cielo, confundido, mientras ella se alejaba de ahí a toda prisa.
-Tienes mucho qué explicar, jovencita.
Mirándola cruzado de brazos y con el ceño fruncido, el delgado muchacho era una mala imitación de su padre.
-Por lo general me llama "Niña" –soltó, mientras se ponía de pié y se echaba la mochila al hombro –u "Olga," cuando le entra la nostalgia.
-¿A dónde vamos? –inquirió, mientras la miraba subirse a su auto.
-A tu casa –le respondió –, espero que hayas limpiado tu cuarto, porque voy a dormir contigo.
El chico la miró un momento con una ceja levantada.
-Ok –soltó mientras se encogía de hombros y se subía al vehículo también.
oOo
Llovía.
El chico miraba la lluvia anegar afanosamente el cristal sobre su cabeza.
¿Qué estaría haciendo ella en ese momento?
La había visto de pasada algunas veces en la escuela en esos días, y ella no había dado señales de vida ante su presencia; pero no era que lo ignorara, en verdad no había parecido verlo…
Lucía terrible… aún peor que él. ¿Qué diablos le estaba pasando? No podía preguntarle a ella, obviamente, ni a Phoebe, de eso estaba seguro también…
¿Y a Gerald? No creía que supiera nada, además, el chico lo había estado evitando… junto a gran parte de la escuela…
Si no hubiera estado tan deprimido, en verdad le hubieran molestado las constantes miradas incriminatorias del resto de la escuela; y no sólo había sido sobre él; Lila también se llevaba su dosis de silencioso castigo, pero con ella era peor, pues había sido MUCHO más querida que él. Al parecer, la gran mayoría se sentían decepcionados (en especial las chicas). Y Helga, que no había sido una figura especialmente popular entre su propio género, ahora parecían sobrarle, si no simpatizantes, al menos sí defensoras… incluso había escuchado el absurdo rumor de que ella era la que había dejado toda moreteada a la rubia en vez del camión. "Es una verdadera perra" Escuchó a una decir una vez "Una zorra con piel de oveja" había afianzado la otra, asintiendo, mientras la veían pasar.
Suspiró. Se sentía mal por ella también. Recordaba la vez que había intentado acercársele durante el almuerzo, y cómo los rumores se habían alzado por todo el comedor como cientos de abejas furiosas. "Vete de aquí, Arnold" había soltado ella sin despegar la vista del libro que leía "No quiero que le vayan con el cuento a Helga… no querrás más problemas ¿O sí?" Y mejor le había hecho caso.
Helga, Helga, Helga…
Apretó muy fuerte los párpados, mientras las lágrimas comenzaban a inundarle los ojos.
No debía llorar; eso era demasiado patético… ¿Pero qué más podía hacer en ese momento? En verdad la extrañaba… Quería tenerla a su lado de nuevo, lo necesitaba más que respirar. El dolor que le provocaba su ausencia se había vuelto físico; tan agudo que se le clavaba en el pecho como una daga… recordó su primer desencuentro, en lo alto de aquella verde colina… lo sentía como si hubieran pasado siglos desde entonces… Si sólo no hubiese actuado como un imbécil en esa ocasión, nada de eso hubiera pasado. Pero ahí había estado él, como una nena llorando porque sus sueños no se habían cumplido al pié de la letra… ansiaba tanto viajar al pasado y darle una paliza a su "yo" de hacía unas semanas… ansiaba tanto darle una paliza a su "yo" de ese momento…
-Arnold –tocaron a su puerta.
-Vete –se echó la colcha encima hasta cubrirse por completo.
-No me voy a ir, ábreme.
-No.
La puerta se abrió. Rayos, había olvidado que el abuelo guardaba copias de seguridad de las llaves de todas la casa.
-¿No puedes darme un poco de privacidad? -Masculló, mientras sentía a su padre sentarse junto a él.
-Ya te he dado mucha privacidad, y las cosas sólo han empeorado.
-Por favor, vete.
Miles negó… y luego se dio cuenta de que su hijo no podía verlo, ya que estaba todo cubierto con la colcha. Suspiró mientras lamentaba que su padre hubiera elegido justo esa semana para salir de vacaciones junto con su madre… qué conveniente… al parecer, el viejo Phil había decidido que esta era una especie de prueba que debía superar él sólo, como padre.
"Esto será muy duro para los dos, hijo" pensó, mientras se pasaba una mano por el cabello.
oOo
-¿Qué te parece? –exclamó el chico, sentado frente al escritorio, mientras dirigía su vista a la ventana –Lila tenía razón; estaba a punto de llover, ¿Cómo lo habrá sabido?
Helga bufó mientras terminaba de secarse el cabello con la toalla; traía puesta ropa de la madre de Elliot, y se preguntaba si tendría qué ir vestida así al día siguiente. De haber sabido que la iban a dejar literalmente en la calle, al menos se hubiera asegurado de llenar la mochila con un par de cambios, mientras pensaba qué hacer. Había estado planeando, antes de que Lila la encontrara, esperar a que su padre saliera del edificio, y simplemente volver a entrar al departamento, cambiar las cerraduras y, con la cuenta de ahorros que tenía (había acumulado una buena suma en esos años), abastecerse de las cosas más indispensables mientras buscaba un abogado que la sacara de ese embrollo.
Pero, por algún motivo, la presencia de la chica la había hecho cambiar de opinión. –Ese comentario de la lluvia y de la patética escena- había tenido razón; en verdad estaba comportándose de una manera demasiado poco original. ¿Que su padre quería el estúpido departamento? Que se lo metiera por donde le cupiera; ya no iba a seguirle el juego ¿Qué iba a hacer en cambio? …Bueno; eso aún no lo sabía…
-¿Quieres dejar ese estúpido poema de una buena vez? –soltó, mirándolo con el entrecejo fruncido -¿No te basta con estar todo el maldito horario de clases con la nariz metida en él, para que en casa hagas lo mismo?
-Intento ignorar el hecho que estás en mi habitación, recién salida de la ducha y sin usar sostén –Le respondió, de espaldas a ella, sin voltear a verla.
-Tampoco traigo pataletas –soltó ella mientras se sentaba sobre la cama.
Su ropa interior se secaba ahora frente a un abanico; la secadora no servía y ni modo de sacarlas al sol con ese clima… y no iba a usar la ropa interior de otra persona por ningún motivo.
Elliot volteó y la miró. Sonreía.
-¿Te das cuenta de lo que acabas de decir, y sentada sobre mi cama? –Se retiró las gafas –si no te conociera (y si no tuvieras esa cara de querer matarme), diría que intentas seducirme, señorita Pataki.
La rubia resopló.
-¡Jamás! –Exclamó fingidamente indignada –ya me dijeron que te gusta morder… -arrugó la nariz.
-También dar nalgadas –afirmó, mientras su sonrisa se ensanchaba –; a veces jalo el cabello, también…
-Quien te viera con tu carita de niño bueno… -sonrió.
-Por eso te dije que eres demasiado delicada para mí –soltó mientras se acomodaba las gafas de nuevo y volvía a su trabajo.
-Eres un sádico… y un nerd… un nerd sádico…
-Sólo un poco de ambas –soltó él encogiéndose de hombros –soy más masoquista que otra cosa…
-¡Lo sabía! –lo soltó sin pensar; tan espontáneamente que se sonrojó.
El chico regresó la mirada a ella; las gafas se retiraron de nuevo.
-Nunca pensé que pensabas ese tipo de cosas sobre mí, princesa…
-No en "ese" contexto… -soltó, aunque, si era sincera, había sido un poco de eso también… sacudió la cabeza –lo digo porque no te hartabas de que te mandara al demonio en todas las citas, siempre volvías…
-Quería convencerte de que era el socio idóneo para tu pequeña estafa.
-Ahora lo sé.
-Pero seguías pensando en mí como un masoquista…
-Eso parece –se encogió de hombros –y no pongas esa cara –agregó, aún más roja, al ver la pícara mirada en el rostro del joven.
-Admítelo, soy irresistible… si hasta querías una noche con el señor genial el lunes –afirmó mientras se señalaba a sí mismo, levantando una ceja, al parecer, habían vuelto a su etapa de galán de cuarta.
-Aún la quiero –Soltó sin pensar, de nuevo.
La expresión en el rostro de él se congeló en el acto.
-Dímelo cuando no tengas el corazón hecho pedazos y hablamos –de repente lucía fastidiado –, y si sigues con eso, te mandaré a dormir con el perro.
-Tú comenzaste –se defendió ella, repentinamente incómoda.
Elliot bufó, mientras movía la silla hasta quedar sentado en dirección a ella (Comenzaba a torcerse el cuello).
-La etapa de los "te amo" y esas estupideces ya pasaron, Helga –seguía con la vista clavada en ella –, si dices que sigues terca en que sea tu primer hombre, lo voy a hacer, porque, por si no lo recuerdas, mi novia también me lastimó a mí, así que también quiero venganza… y por Dios que me estás llevando a mi límite…
La chica desvió la mirada, incómoda.
-¿Quién dijo que serías mi primer hombre, idiota? –masculló.
Una ligera expresión de asombro se asomó en el rostro de él.
-¿Cuándo? –inquirió.
-El lunes…
-¿El lu… ¿Cuando le dio el infarto a tu padre? -sacudió la cabeza -¿En serio? ¿Te desquitaste con un paramédico, o qué? –de repente lucía sumamente divertido –Caramba, Helga; me sorprendes…
-No quiero hablar de eso… -soltó mientras se llevaba las manos a la cara y dejaba caer la espalda sobre el colchón.
Una libreta le aterrizó sobre la cara.
-Entonces prepara algo decente para la competencia; no pensarás participar con esa basura que escribiste en verdad, ¿O sí?
Helga resopló.
-No estoy de humor para escribir, tonto.
-No hemos perdido una sola competencia desde que hacemos equipo, Helga, y no pienso hacerlo ahora sólo porque tu vida se desmorona entre tus manos…
Soltó mientras se acomodaba los lentes y la miraba lo más seriamente que podía mientras se aguantaba la risa.
-De acuerdo, Phoebe –lo interrumpió mientras tomaba un bolígrafo de la mesita de noche –crearé una obra tan magnífica que mojarás tus pantalones de la emoción.
-Es lo único que te pido, dulzura –soltó él, mientras volvía a su propio trabajo.
oOo
-En serio no quiero hablar de esto, papá –el chico, ya más calmado, evitaba a toda costa la mirada de su padre, sentado junto a él –Sé que me he comportado como un imbécil desde que llegué…
-No vine aquí para regañarte –soltó solemnemente su padre.
-¿Y entonces? –al fin lo miró.
-Vine porque tu madre me obligó.
Se miraron un momento… Y rieron. Mucho.
-Ella lo sabe, ¿Verdad? –inquirió con una sonrisa triste.
-Casi todo –respondió el hombre –no sabe quién fue la chica, al menos.
Arnold se llevó ambas manos a la cabeza, mientras se revolvía furiosamente el cabello.
-Esto es demasiado incómodo, papá…
-Créeme que lo sé –afirmó el hombre junto con un suspiro, mientras recargaba el cuerpo sobre sus brazos extendidos hacia atrás y miraba el techo inundado.
-¿Alguna vez hiciste algo así? –inquirió tímidamente el chico.
Sorprendentemente, su padre asintió.
-En la universidad –confesó, aún con la mirada clavada en el agua que caía furiosamente, sin tregua.
-¿En serio? –el adolescente estaba boquiabierto.
-Ya lo creo –sonrió –se llamaba Nancy, y era de un grado mayor; la conocí en una fiesta de fraternidad; estaba tan ebrio cuando comencé a platicar con ella, que casi no recuerdo nada, sólo que al día siguiente estaba en un jacuzzi con las pantaletas de ella como sombrero y… bueno, para qué entrar en tantos detalles…
Arnold se rió. Miles se relajó un poco, al parecer, lo estaba haciendo bien.
-Mi novia de entonces se llamaba Laura, y estudiaba medicina, así que casi no la veía.
Su hijo estaba atento a cada palabra.
-¿Le dijiste a Laura lo que había sucedido? –inquirió, intrigadísimo, con los ojos muy abiertos. Miles sonrió con ternura; casi le parecía un pequeñín preguntándole por qué caía la lluvia… rayos; lamentaba tanto haberse perdido todo eso…
-No –respondió, meneando levemente la cabeza –tenía planeado decírselo, pero no sabía cómo…
-¡Exacto! –El muchacho asentía fervientemente -¿Cómo cuentas algo así sin que la relación se vaya al demonio?
-Exacto –asintió a su vez él.
-¿Y cómo se enteró ella?
El hombre sonrió.
-La misma Nancy se lo contó.
-¿En serio?
-Oh, sí. Al parecer, se había enamorado de mí…
Arnold resopló.
-Al menos Lila no me ama a mí…
-¿No? –el hombre lucía sólo ligeramente interesado, pero por dentro estaba eufórico.
El chico negó, totalmente ajeno a todo lo que pasaba por la cabeza de su padre.
-Ella ama a Elliot; de hecho, por eso nos embriagamos en primer lugar; porque vi a Helga besándose con Elliot, su novio –explicó.
Una hora después, sabía todo lo que había pasado entre su hijo y las dos chicas. TODO. También comprobó, felizmente, que no estaba contagiado de nada y que, al parecer, y al menos de momento, no había ningún embarazo por el cual preocuparse.
-Estás metido en un buen lío, hijo –soltó el hombre mientras le ponía una mano en el hombro a su vástago.
-Dime algo que no sepa –el chico aún lucía sombrío, pero comparado a como había andado esos últimos días, lucía infinitamente mejor.
-¿Quieres un consejo?
Por toda respuesta, el chico lo miró expectante.
-Deja que las aguas se calmen.
El muchacho lo miró extrañado.
-Si presionas demasiado a Helga en este momento, sólo la harás huir –Arnold asintió –. Ella te ama, sin duda; así que es natural que esté muy dolida –otro asentimiento -, eso tampoco significa que la dejes de lado, hazle saber que sigues al pendiente de ella, sólo… dale su espacio…
El chico asintió de nuevo, pero esta vez habló.
-Me temo que tiene otros problemas peores –soltó en tono lúgubre –sólo que no sé cómo averiguarlos…
-Para eso necesitas tener la cabeza fría –apretó su hombro –piensa con calma las cosas… -luego agregó, mirándolo fijamente –si tienes qué llorar, llora; que no te de pena, ya que te calmes, verás cómo la claridad llega sola.
-¿Y mientras? –La frente del muchacho parecía un acordeón –tengo miedo de que Helga haga una tontería, papá.
-Y por tontería te refieres a…
Hizo una pausa para que el otro completara la frase; Arnold resopló.
-Me temo que termine metiéndose con alguien más para vengarse…
-Entonces, hijo, -respondió mientras suspiraba – sólo te queda aceptar que ella también comete errores…
El chico apretó los puños, parecía querer llorar de nuevo.
-No sé si pueda soportar eso, papá –soltó.
-Helga lo está haciendo, hijo… así es la vida, por desgracia…
Le dio una última palmada en el hombro mientras se ponía de pié.
-¿Papá? –El chico lo miraba aún sentado en la cama -¿Laura te perdonó?
Miles, ya frente a la puerta, volteó a verlo y sonrió.
-No –confesó, junto con un suspiro –, pero nuestra relación era muy débil; prácticamente sólo afianzada en la atracción física… si hubiera sido como la de ustedes –agregó, medio en serio, medio en broma –muy probablemente tu madre se llamaría Laura, y no Stella.
Arnold sonrió.
-Gracias papá.
-Para eso estamos lo padres, hijo.
"Para eso." Arnold recordó a los padres e Helga y sintió que le hervía la sangre.
-¿Pasa algo, hijo? –inquirió, al ver cómo se obscurecía el semblante de su hijo.
-Al menos algunos están para eso, papá.
Miles comprendió al instante a quienes se refería.
-Voy a buscarla, hijo, te lo prometo. Cualquier cosa que le esté pasando, haré lo imposible por ayudarla… pero en lo de ustedes no puedo intervenir…
-No quiero que lo hagas –respondió él, sonriéndole –, de eso me encargaré yo.
-Así se habla –le respondió, y salió del cuarto.
"Laura y Lucy" Más le valía recordar esos nombres la próxima que su hijo quisiera tocar el tema… momento; era "Nancy", no "Lucy"… rayos; mejor los apuntaba… mejor apuntaba todo lo que fuera a contarle a su hijo antes de soltarlo…
Él jamás había sido infiel; Nunca… pero saber eso no le hubiera ayudado en nada al pobre de Arnold…
…A Stella le iba a encantar escuchar la historia de la chica loca de fraternidad y la novia neurocirujana… ¿Eso estudiaba Laura? ¡Rayos!
oOo
-No puede ser… -Miriam, aún sobre la tarta, se sostenía la cabeza con las manos… demonios; necesitaba tanto un trago… Y que Olga llorara de esa manera a su lado no la ayudaba para nada…
-No le pasará nada –sostenía Bob mientras intentaba llevarse un montón de frituras a la boca –; tiene dinero y un montón de amigos con quién quedarse.
-No te comas eso –le dio un manotazo –, te hace daño.
El hombre la miró con el entrecejo fruncido.
-¿Quieres tener otro infarto? ¡Por Dios! Y dices que Helga es terca…¡y ni siquiera tiene un celular para llamarle! –Miriam parecía a un paso de la histeria.
El hombre se levantó de la mesa.
-Ahora mismo voy a localizarla –soltó, molesto, mientras se ponía de pie y se dirigía al teléfono del pasillo, dejando el puñado de frituras intacto sobre la mesa.
-Cálmate, cariño –Miriam puso sus manos sobre los hombros de su hija mayor –ya verás que la encontramos pronto…
oOo
-Hey, princesita, ¿ahora sí vas a contarme qué rayos sucede?
El chico acababa de dejar su celular sobre la mesita de noche y la miraba ceñudo.
-¿Quién era? –soltó por toda respuesta ella.
-Phoebe, preguntándome si sabía de ti, porque tus padres acaban de llamar a su casa para saber si estabas con ella…
Helga dejó el mando del videojuego sobre la cama.
-¿Qué les dijo? –inquirió.
-Que no tenía idea de dónde estás, obviamente.
-Préstamelo.
Trató de tomar el celular, pero él se le adelantó.
-No hasta que me expliques qué diablos pasa.
-Necesito decirle que no les diga nada –soltó, irritada.
-Eso ya lo sabe –soltó él, rodando los ojos -¿Hace cuánto que conoces a la chica? Es obvio que si no saben dónde estás, es porque tú no quieres que sepan; ahora mejor explícame a mí por qué no quieres que se enteren…
Helga resopló.
-Larga historia…
-Tenemos toda la noche.
-No, la noche es para dormir.
Se tumbó en la cama y se cubrió con una manta, dándole la espalda.
-Creí que ibas a pasar toda la noche jugando videojuegos –soltó él levantando una ceja.
-Cambio de planes –argumentó –, ahora tengo sueño…
Elliot resopló, apagó la consola y se tumbó junto a ella.
-¿Al menos podrías decirme por cuánto tiempo planeas estar aquí?
-No mucho –respondió ella –. Sólo hoy, creo…
Ninguno dijo nada en un rato.
-No me malinterpretes, Helga –soltó el muchacho de pronto, a sus espaldas –, no te estoy corriendo ni nada por el estilo…
-Lo sé –bostezó –pero tengo otros planes…
Se cortó al sentir que el chico la abrazaba por la espalda.
-Sabes que te apoyo en lo que sea, ¿verdad?
Ella sonrió.
-Lo sé… gracias, fideo cuatro ojos.
-De nada, potranca berrinchuda…
oOo
-Elliot, amor, ¿Qué crees que me e…
Se cortó a media frase al notar, aún entre las penumbras, que había dos cuerpos en la cama de su retoño.
Un casi imperceptible "shhhh" inundó la habitación, al tiempo que veía la despeinada cabeza de su hijo erguirse, mientras cubría suavemente, aún sobre su cabello, el oído de la chica que yacía a su lado.
Se incorporó con mucho cuidado, al tiempo que alisaba las rubias hebras doradas que se habían encaramado en su mano.
Lo vio contemplar a la durmiente criatura por unos segundos y sonreírle de una manera tan dulce, que sintió ganas de correr a abrazarlo; no sabía qué rayos estaba pasando ahí, pero podía estar segura, -pensó- al tiempo que su pecho se henchía de orgullo maternal, que había criado a un hombre espectacularmente cariñoso, y eso significaba un diez para ella.
-¿Qué sucede, mamá? –el chico llegó a la puerta, caminando descalzo, de puntitas, sobre la alfombra.
-Creo que yo debería preguntar lo mismo –susurró a su vez ella, mirando sobre el hombro de su hijo a la chica en la cama -¿Esa es Helga, de casualidad? ¿La novia del chico que se metió con tu novia?
Su retoño asintió.
-Elliot… –lo miró reprobatoriamente un segundo –eso es demasiado infantil, hijo.
-¿Q…? No –el chico negó –no es lo que piensas, Eli.
-¿Entonces? –su ceño estaba levemente fruncido.
-Sólo necesitaba un lugar a dónde pasar la noche.
Abrió la boca para preguntar, preocupada, por qué una chica con una familia que al parecer, por cómo había visto a su encantadora hermana, se preocupaba bastante por ella, no tenía un lugar dónde dormir, pero decidió dejar sus cuestionamientos para después.
-¿Qué crees? –Preguntó, decidiendo cambiar de tema –¡Encontré tu bolígrafo de la suerte! –sonrió mientras sacaba un gastado tubito dorado del bolsillo de su saco de lana.
-Mamá –sus ojos se abrieron de par en par -¡Gracias! –le echó los brazos al cuello.
-De nada –la mujer le sonrió mientras le devolvía el corto abrazo –, ahora vete a dormir, que necesitas levantarte temprano –el chico asintió, y cuando se disponía a regresar a su cama, la voz de su madre lo detuvo –y Elliot… -el chico volteó –no compliques las cosas aún más, por favor.
Una pícara sonrisa cruzó el rostro de su retoño.
-Como buen hombre que se respete, madre, sobre eso no puedo prometerte nada…
La mujer negó mientras sonreía, resignada, y volvió a cerrar la puerta.
-¿Bolígrafo de la suerte? –una sonrisa burlona lo recibió entre la tenue obscuridad.
-¿Estabas despierta? –sonrió -¿Desde cuándo?
-Desde: "¿es la novia del chico que se metió con tu novia?"
Una risita ahogada.
-Esa historia ya es del dominio popular…
La rubia resopló.
-Mejor háblame sobre tu "bolígrafo de la suerte" –lo último lo dijo lo más burlona que pudo.
-Lo tengo desde la primaria, -respondió él, impasible -pero lo había perdido la semana pasada… o al menos eso pensé –admitió, mientras se acomodaba de nuevo bajo las mantas.
-Así que eres jugador, sadomasoquista y además supersticioso –soltó en tono bajo y mordaz la rubia –; vaya estuche de monerías que eres…
El chico sonrió.
-Y aún no sabes nada de mí, preciosa –soltó, mientras la tomaba de la cintura y la acercaba bruscamente a su cuerpo.
Se miraron un largo rato; una cálida sensación los recorrió a ambos.
-Me podría acostumbrar a esto –soltó el muchacho junto con un suspiro, con la vista clavada en la de ella.
-¿En serio? –lo miró, al tiempo que el chico acercaba sus suaves y cálidos labios sobre los de ella.
oOo
-Vámonos ya Elliot –la chica lo miraba, fastidiada, con los brazos cruzados.
-Un segundo –la cabeza del chico había desaparecido entre el mar de tela –, debe haber algo decente por aquí…
-Nadie notará que traigo lo mismo de ayer –resopló –incluso traigo otra blusa; sólo repetí los jeans.
-Nada de eso –replicó él, al tiempo que sacaba una blusa floreada de entre el montón –no voy a permitir que mi compañera de equipo en la competencia parezca espantapájaros enfrente del público.
-Qué amable –la chica rodó los ojos.
-Ponte esto, seguro que te queda genial –soltó, mientras acercaba la prenda, aún en el gancho, a su pecho.
-La blusa que me prestó tu madre está bien…
-No te queda –negó, contundente –pruébate esta falda también, anda…
Rayos.
…
Eran las nueve y media cuando llegaron a la escuela. La real competencia comenzaba a las diez; así que el resto del equipo, empezando por el profesor, ya estaban histéricos. La primera etapa consistía en que el jurado, consistente en algunos profesores de diferentes escuelas, aficionados con dinero al tema y uno que otro representante de ciertas editoriales, revisaban los trabajos de los chicos participantes, y elegían, de entre los diez trabajos presentados por cada escuela (todas las de el sector), a cinco. Posteriormente los trabajos seleccionados eran presentados por sus autores ante el público, que consistía en alumnos de la misma escuela y de otras que hubieran querido venir a apoyar a sus respectivos compañeros (y de los chicos cuyos trabajos no habían pasado a la siguiente etapa, pero recibían un reconocimiento de todas formas), así como público en general (familiares principalmente). Una vez presentados todos, se sacaban los ganadores de los tres primeros lugares cada una de las categorías: Había el de elección popular, que era votado por el mismo público, y que, honestamente, era al que menos valor se le daba, el votado por la mesa del jurado, que académicamente era el principal, y que era el que terminaba colgado en el medallero de la escuela y el único que a los directores importaba, y el entregado por las editoriales, que era el único que realmente valía, pues te brindaba una oportunidad de ser aceptado y publicar tu propio libro de manera profesional; éste último raras veces se entregaba, incluso en las nacionales, y había sido siempre el objetivo de Elliot y de Helga, aunque siempre habían tenido que conformarse con premios académicos.
Esta vez a Helga le importaban un pepino los premios, aunque estaba segura que su basura se abriría paso hasta el premio académico, y, por ende, a las estatales, cosa con la que su profesor de literatura contaba también.
Los resultados se estaban entregando en ese momento; a nadie le extrañó que el señor Stevens y la señorita Pataki fueran los primeros en ser mencionados.
-¿Ves? –Soltó Elliot, sonriente, sentado a su lado -¿No te sientes mucho mejor sabiendo que vas a presentarte ante el público luciendo así?
Helga se miró a si misma sin entusiasmo.
-Honestamente, prefiero mis jeans gastados y la blusa floja de tu madre –soltó -¿Por qué habría de hacerme sentir mejor parecer una colegiala dulce y descerebrada frente a ese montón de perdedores?
Elliot sonrió.
-Así al menos haces juego con tu poema…
La rubia bufó.
-No se me ocurrió nada mejor, ¿De acuerdo?
El chico sacudió la cabeza y se llevó la mano al cuello.
-No debí dejar que te quedaras en mi casa anoche –soltó, cambiando el tema; no quería ponerla nerviosa –, ando todo adolorido por tu culpa…
-Creí que te gustaba el dolor, señor masoquista…
Iba a responderle cuando el frenético profesor comenzó a darles consejos de último minuto que nadie tomaría en cuenta a la hora de pasar al frente.
…
Primero pasaron los finalistas de la sección de los cuentos cortos. Elliot suspiró al verlos dirigirse al escenario. La verdad, él siempre había preferido las prosas y su cautivante libertad, pero irremediablemente siempre terminaba en el equipo de la poesía, más que nada, porque además de Helga y una chica de cabello rizado llamada Gina, él era el único que podía con el tema. Más que nada por culpa de su profesor de literatura -y asesor y representante del equipo ante la escuela-, que daba a las métricas, las estrofas, pero sobre todo a las rimas, (que tenían qué estar siempre dentro de sus estrictísimos parámetros), una importancia mayor de la que debían tener y que le quitaba al hecho de crear toda su espontaneidad al meterlos en límites tan estrictos, Elliot estaba seguro que era por eso que, principalmente Helga, que era endemoniadamente talentosa, nunca había ganado el premio de las editoriales.
…Técnica sobre sentimiento; ese era el lema de el pelmazo que les habían puesto a que los guiara…
Se presentaron los cuentos, los aplausos los aturdieron, y luego siguió el turno de los poetas. Salieron los chicos al escenario y tomaron asiento en la parte de atrás, despejando el área del micrófono, que tomaría cada participante según como fueran siendo llamados.
El chico divisó entre las gradas a su madre, y claro, a su siempre inseparable "amiga" Sarah, quienes lo saludaron, sonrientes y emocionadas, con la mano, más allá vio a Lila, quien le dirigió una tímida sonrisa que él devolvió, dudoso.
Más allá reconoció a la familia de Helga, quienes buscaban la cara de la chica en vano.
La rubia tenía clavada su mirada en cierto rubio sentado muy cerca de la primera línea.
Miró cómo apretaba nerviosamente la hoja de su patético poema, mientras se mordisqueaba el labio inferior. La expresión insondable en el rostro; la emoción sólo delatada por el brillo inusual en la mirada.
Pasaron los chicos de las otras escuelas; la anfitriona, como siempre, se quedaba al final.
Elliot no hacía caso de nada. Se limitaba a contemplar en respetuoso silencio a su compañera de equipo.
Era extraño verla así. Antes, en cada competencia a la que habían asistido, ambos se habían deleitado en someter a una detallada y escrupulosa crítica a cada uno de los malos poemas, destrozándolos la mayor parte del tiempo (sin que escucharan los demás, por supuesto; a veces sólo por notas), y a reconocer cuando un chico era bueno, también.
Pero esta vez la chica estaba hipnotizada con esos ojos verdes que no se le retiraban ni por un segundo; totalmente ajena al mundo de exaltación y de infames odas al cada vez más comercial amor que la rodeaba.
…Amor; vaya tema tan oportuno el que se les había ocurrido para esta ocasión…
Llegó el turno de su escuela.
Dos chicos fueron llamados, luego Elliot, que con su encantadora sonrisa y su algo picaresca interpretación del amor levantó varios suspiros; (al menos el premio popular ya lo tenía en el bolsillo). Una efusiva respuesta del público después, el chico se sentaba junto a la rubia, mientras Gina, la infame reina de los versos perfectos, era recibida animadamente.
-Supera eso –murmuró en el oído de la chica a su lado, pero la única respuesta que obtuvo fueron unos ojos llorosos y una mano que arrugó aterradoramente el ya maltrecho poema.
-…Helga, ¿Te sientes bien?
Pero no le respondió, pues en ese momento se ponía de pie.
-¡Helga Pataki! –anunció el presentador; una ola de aplausos aún más fuerte la recibió. El público (especialmente los afines a esas competencias), sabían que en esa chica había la garantía de una medalla segura y el paso de la escuela a la siguiente ronda, sin duda.
El cuerpo de la rubia temblaba cuando se puso de pié, pero el castaño fue el único que lo notó.
Se hizo el silencio cuando la muchacha se puso frente al micrófono. La animada expectación de la multitud casi se podía tocar con las yemas de los dedos.
Un agudo chirrido aturdió a todos cuando la chica trató de ajustar el micrófono a su altura (Gina era bastante bajita).
El sonido se dispersó mientras las levemente temblorosas manos de la muchacha trataban de arreglar el maltrecho papel que sostenían.
Se aclaró la garganta y tomó aire.
"No puedo decirlo con certeza," comenzó "puesto que…"
Su voz se quebró audiblemente, y se hizo el silencio.
La mayoría de la gente la miraba curiosa ¿Simples nervios? ¿Pánico escénico, acaso? Los que la conocían comenzaban a preocuparse: Helga Pataki jamás titubeaba en una competencia; jamás. Ella llegaba decidida a reclamar su premio, e invariablemente lo conseguía. ¿Qué rayos le estaba pasando?
El asesor del equipo tuvo qué sentarse ante los nervios que lo invadieron… esto pintaba muy mal…
"No puedo de…"
Comenzó de nuevo, pero hasta allí llegó. Apretó el papel en su mano hasta dejarlo como un acordeón y lo dejó caer al piso. Dirigió la mirada a los ojos que había estado evitando desde que se había posicionado frente al micrófono y arrugó el seño.
-Lo siento; creo que lo intentaré de nuevo –soltó, ya más calmada, junto con un suspiro, recorrió la vista por el público sin mirar realmente a nadie, luego la clavó de nuevo en los ojos de Arnold.
Arnold, Arnold… Arnold…
Tomó la base del micrófono y la apretó con fuerza.
Se aclaró la garganta. Los azules ojos clavados en los verdes… El sudor frío comenzó a bañar su frente; El suelo casi se movía bajo sus pies; esa mirada la aplastaba… Tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos… era…
Inhaló fuertemente; ya no había competencia, ni jueces, ni público ni premios; ¿Poemas? Tampoco. Sólo estaba él, y las palabras que quemaban por salirse de su boca…
"Son tus manos –comenzó. Sus ojos aún clavados; perdidos en los de él -, tu mirada, tu aliento…
Es la eternidad suspendida en la punta de tus dedos…
Una eternidad en la que el futuro no existe,
Y en la que el presente es demasiado efímero…
Es tu mirada hundiéndose en lo más profundo de mi ser… aún cuando ahí todo se ha quedado vacío.
Son tus labios que, sin palabras, expresan esa frase tan vana como puede llegar a ser…
Pero que, en tus ojos, significa el mundo…
Aún cuando el mundo ya no significa nada…
…Te amo."
…
Ya no dijo más. Su mirada seguía clavada en el chico que había comenzado a llorar, ahí en medio de decenas de personas, que no lo miraban…
Todos tenían su atención clavada en la extraña rubia, boquiabiertos…
Incluso los jueces habían dejado de escribir.
Ahí estaba, como una estatua, escrutada por más de una centena de pares de ojos, con la mirada clavada en los únicos que le importaban.
De súbito se retiró de ahí, mientras algunos pares de manos comenzaban a aplaudir dudosamente. Luego lo siguieron otras… en segundos, el estruendo de los aplausos llenaba de nuevo el foro, mientras una chica a punto del colapso se perdía entre la multitud.
…
-¿Helga?
Elliot se puso de pié al ver que la chica, en lugar de volver a su lugar junto a él, se había perdido entre el público.
Entre las gradas, Big Bob Pataki se había puesto de pie también, tratando de localizar a su vástago (no la había encontrado por ningún lado esa noche, así que había tenido qué mentirle a las dos mujeres junto a él diciéndoles que la niña estaba en la casa de Phoebe), pues sabía que, donde estuviera, sin duda no iba a faltar a la competencia de esa mañana… pero acababa de perdérsele, de nuevo.
Arnold, una vez salido de su aturdimiento, se puso dudosamente de pié, sin saber si debía ir tras ella o dejarla en paz, como todos le repetían hasta el cansancio…
Carl Mason, el asesor del equipo de la escuela anfitriona, se dirigía a la mesa del jurado para asegurarles a sus integrantes que ese no era el poema de la competencia (cosa que ya todos sabían de sobra), que eso ni siquiera era realmente un poema; que la chica obviamente estaba mal; que debían dejar su participación al margen de la competencia y tomar en cuenta el trabajo presentado anteriormente… Pero los jueces no iban a hacer eso; lo sabía… su premio acababa de escapársele de las manos de la forma más humillante… estúpidos adolescentes y sus estúpidas hormonas…
Lucía Bertrand, la única representante editorial que había asistido esa vez, también se ponía de pie, preguntándose a dónde se había dirigido tan intempestiva rubia… Con lo difícil que era encontrar artistas de verdad...
Muchas personas la buscaban, pero sólo una, que había permanecido a un lado de la puerta desde el principio, fue el que la alcanzó.
-Helga, cariño, ¿Podrías venir conmigo un momento? –soltó, al tiempo que la tomaba del brazo.
La chica lo miró boquiabierta un momento, primero negó, luego desvió la mirada y murmuró algo incomprensible, luego tomó su mano e intentó quitarla de su brazo, pero tan débilmente que apenas quedó en un ligero apretón.
Al final sólo se dejó llevar por él.
-¿Estás bien? –inquirió, una vez que llegaron a la parte más alejada del pasillo afuera del salón, ahí donde casi no había gente.
Helga sólo desvió la mirada.
-Escucha –su mano se cerró ahora sobre su hombro –con respecto a lo de Arnold, quisiera ayudarte, pero no puedo…
-No quiero que lo hagas –lo interrumpió ella.
Bien, al menos estaba hablando.
–Pero sé que no es lo único que te pasa, y en verdad quiero ayudarte con lo demás –agregó, tratándole de transmitir confianza con su voz.
Helga suspiró, mientras sus ojos perdían aún más el brillo. A Miles se le encogió el estómago. Pobre niña; ahí estaba de nuevo la nena abandonada y solitaria que había reconocido tras la máscara; cuando aún era una infante, ahora asomándose sin ningún problema. Se veía cansada; harta. Su mirada era la de una persona de unos ochenta años, y eso era malo… inconcebiblemente malo…
-… Puedo ayudarte con tus otros problemas, ¿Verdad? –trató de sonreírle.
-Depende –soltó la chica -¿Conoces a un buen abogado?
Miles trató de que el horror que sintió en ese momento no se le escapara por el rostro.
-¿Un abogado? –Inquirió, tratando de mantener la calma -¿Para qué quiere un abogado una chica de dieciséis años?
Helga bufó, mientras su frente revelaba una tristeza que luchaba ferozmente por mantener a raya.
El hombre la miró, profundamente conmovido. "No es tu hija" Se repitió a sí mismo por enésima vez desde que la conocía.
Desde que la había mirado por primera vez había sentido una conexión con ella, que había ido creciendo mientras más la conocía. Un deseo de protegerla del mundo; de todo lo que la rodeaba y hería de forma constante.
Era como una hermosa flor de primavera en medio de una horrenda ventisca invernal, y siempre se había preguntado cuánto resistiría. Pero al menos antes, su hijo había estado ahí para protegerla un poco del vendaval, sin embargo, ahora se encontraba completamente expuesta; y él no sabía si podría cubrirla tan bien, especialmente, porque no tenía un papel fijo en esta historia que respaldara su actuación. ¿Quién era él en la vida de Helga, después de todo?
Nadie. Ahora más que nunca…
Pero ese nadie no la iba a dejar sola; ya vería ese estúpido viento que no.
-No lo sé –respondió la chica, encogiéndose de hombros –, sólo quiero tener un lugar dónde vivir…
El hombre frunció el entrecejo.
-¿Quieres ir por un café? –le preguntó –¿a algún lugar tranquilo dónde platicar?
La chica asintió y salieron de la escuela sin notar que una menuda pelinegra de gafas los veía.
…
-Se acaba de ir con tu padre –respondió la chica a la pregunta que el rubio no se atrevía a hacerle, y de paso se la hacía saber al otro chico que también se acercaba a ella.
-¿A dónde? –Fue Elliot quien preguntó.
-¿A ti qué te importa? –Arnold lo miraba, súbitamente furioso.
-Más de lo que te imaginas, pelmazo –respondió animadamente el otro.
Phoebe levantó las manos mientras se encogía de hombros.
-Yo cumplí con informarles –soltó –; si quieren medio matarse de nuevo, no me metan a mí.
Y se alejó de ahí sin voltear a verlos ni una sola vez.
A Arnold e hormigueaban las manos por estrellarlas contra su cara de nuevo; el otro chico estaba igual.
-¿Qué demonios haces detrás de Helga todo el tiempo? –inquirió el rubio con los ojos tan entornados que sus pupilas se reducían a dos borrones verdes tras los párpados casi cerrados.
-Cuidándola –respondió altaneramente el otro –de ti principalmente; cada vez que te le acercas, la dejas llorando.
-¡¿Yo?! –saltó Arnold -¡Nada de lo que sucedió hubiese pasado si tú no hubieras andado como perro detrás de ella desde el principio, ¿Por qué diablos no te dedicas a tu novia en lugar de andar siempre tras la mía?
-Supongo que eso también podría preguntarlo yo, ¿No? –soltó el otro.
-¡Tú comenzaste toda esta estupidez por andarte besuqueando con MI novia!
Una sonrisa cruel surcó el rostro del peli castaño.
-Oh, y eso aún lo hago, créeme…
Quería golpes, y golpes obtuvo. Muchos.
…
A la hora de la entrega de premios, en la sección de poemas, todos se los había llevado la escuela anfitriona; el académico lo había recibió una menuda chica de cabello rizado, eufórica y solitaria en el podio, mientras que el simpático ganador del premio popular estaba en detención y la ganadora del premio editorial, haciendo historia por ganarlo en ese nivel de la competencia, y aún más con esa extraña y lúgubre participación, que muchos discutían aún si se trataba realmente de un poema, estaba desaparecida.
oOo
-Nunca volveré a la escuela…
La mano que le acariciaba el cabello no se detuvo; nadie le preguntó por qué. Sentía que todo a su alrededor se hacía chiquito; que la mitad izquierda de su cara era absorbida cada vez más por la almohada.
-Los poemas riman, ¿Verdad?
Un suave "mjm" le respondió; los dedos no se detenían.
-Yo escribía poemas que rimaban, pero eso no rimaba…
-No…
-¿Era eso un poema?
-No lo sé, Helga; ¿Era eso un poema?
-No lo sé… era lo que sentía…
-Entonces lo era…
-A nadie le gustó…
-A mi sí; y a los demás. ¿Escuchaste cómo aplaudía la gente?
-No…
-Aplaudió mucho…
…
Ya nadie le respondió. Se había quedado dormida.
La miró y no pudo evitar sonreír con ternura. Pasó la mano por última vez sobre su suave y brillante cabello y salió del cuarto.
-Al fin se durmió –soltó la mujer al llegar a la sala –pobre chica –agregó, mientras tomaba asiento junto a su marido –estaba hecha un manojo de nervios; el té duró siglos en hacerle efecto… ¿Ya llamaste a sus padres?
Miles negó.
-No he tenido tiempo; con eso de tener que ir por Arnold porque se peleó (otra vez), con ese muchacho, no me había acordado.
-¿Le dijiste que Helga está aquí? –inquirió en tono bajo.
El hombre negó de nuevo.
-Lo envié directamente a su cuarto –respondió -¿Crees que deba hacerlo, Stella?
La mujer se encogió de hombros.
-Ni siquiera sabemos cuánto vaya a durar aquí –soltó –, por eso hay qué hablar con sus padres…
-Helga no se va a ir con su familia, eso me lo dejó bien claro –argumentó él –, está increíblemente determinada a no vivir con ellos; la verdad ya no sé si sea porque en verdad tiene demasiados traumas, o ya sea simplemente terquedad. Según lo que me dijo, se han portado bastante bien con ella últimamente…
-Algunas cosas son difíciles de olvidar, Miles –respondió Stella encogiéndose de hombros –, primero hablemos con ellos; tampoco es como si pudiéramos tenerla escondida aquí o algo así…
…
-¿Arnold?
El chico levantó la cabeza, molesto. ¿Ahora su mamá quería tener "la charla" con él?
-¿Sí?
-¿Puedes venir un momento?
El chico rodó lo ojos.
-Voy…
Abrió la puerta.
-Cariño –le sonrió algo nerviosa –tu papá y yo vamos a salir un momento; no sabemos cuánto vayamos a tardar en volver, así que…
-¿Sí? –su mamá estaba rara…
-¿Podrías…? –Se cortó de pronto -¿Puedo pasar?
El chico se hizo a un lado y su mamá entró, luego cerró la puerta.
-Hijo –el aludido la miró un tanto fastidiado –, Helga está aquí.
La indiferencia se esfumó del rostro del chico como por arte de magia.
-¿Qué? –fue lo único que atinó a decir.
-Está en nuestra recámara, dormida – afirmó –, le di un té para calmarla, así que estará noqueada por un buen rato… sólo te pido que le eches un ojo de vez en cuando, ¿Sí? No es que desconfíe de los nuevos inquilinos, pero aún no los conozco bien…
Arnold asintió, boquiabierto.
-Y bueno, hijo… -continuó –sólo vigílala, ¿De acuerdo?
El chico enarcó una ceja.
-¿A qué te refieres, mamá? –había un dejo de molestia en su voz.
-Bueno… -se tomó el brazo derecho con la mano izquierda –sé que tú y ella están pasando por una situación difícil, y el hecho de que la veas ahí…
-No voy a propasarme con ella ni nada –soltó él, molesto.
-No me refería a eso, hijo… sólo… No compliques más las cosas, ¿De acuerdo?
De mala gana, el chico asintió.
-¿Cuánto tiempo se quedará aquí? –inquirió; no sabía si estar feliz o preocupado al respecto.
-De eso dependen muchos factores, Arnold –le respondió –. De momento sólo vigílala, ¿De acuerdo?
El chico asintió y su madre lo besó antes de alejarse, se encontró con su marido a mitad del pasillo, quien le hizo una seña de despedida al muchacho con la mano y ambos se fueron.
Arnold se quedó estático un buen rato; no sabía qué pensar; ¿Era en serio? ¿Helga, dormida en el cuarto de sus padres? ¿Era eso acaso una señal? Y de ser así, ¿De qué clase de señal se trataba?
Sacudió la cabeza. Primero tenía qué ver eso…
Caminó lentamente por el pasillo; sus piernas temblaban… prácticamente no había tenido contacto con ella desde… bueno; esa ocasión…
Abrió la puerta lentamente y se asomó. La cama de sus padres quedaba fuera del ángulo de visión desde ahí… iba a tener qué entrar…
Lo hizo, y cerró la puerta tras él. Con seguro.
Dio algunos pasos y entonces la vio: ahí, sobre la cama. El rubio cabello esparcido en todas direcciones sobre el colchón y la pacífica expresión en el rostro… casi parecía la princesa de un cuento de hadas…
De ser así, ¿Quién era él? ¿El príncipe? ¿El caballero de brillante armadura que acababa de matar al dragón que la retenía cautiva? …Sí, cómo no… ¿Qué rayos había hecho hasta ahora él?
Miró la taza ya vacía aún sobre el buró. La tomó y la acercó a su nariz; conocía ese aroma. Su madre se lo había dado una vez que lo había mordido una araña de la que si bien su veneno no era peligroso, sí provocaba unos dolores muy fuertes. Se lo había bebido y permanecido fuera de combate por el resto del día, y cuando al fin había despertado, se sentía como nuevo.
Así que, si no se equivocaba (y dada la preocupación de su madre, no era así), la chica no despertaría con nada en varias horas.
Se sentó a su lado en la cama. Su corazón latía furioso dentro de su pecho… Su mano estaba a sólo unos centímetros de su cara… ¿Debía hacerlo?
Por supuesto que no, pero lo hizo igual…
Sus dedos temblorosos recorrieron suavemente la tersa piel de su mejilla; la chica ni siquiera respingó. Alejó los cabellos de su cara lentamente, deleitándose con su repentino golpe de suerte; analizó con interés casi científico cada ínfima línea en su rostro; cada lunar, cada "imperfección" propia de la adolescencia. Sonrió. Ella nunca llevaba maquillaje; jamás. Nunca intentaba ocultar cuando le salía una espinilla, ni rizaba sus pestañas ni ninguna de esas cosas. Lo único que había tocado de su cara habían sido los vellos entre las cejas, de ahí en fuera, todo estaba intacto… Y él lo comprendía perfectamente; ¿Qué podría ella intentar ocultar, cuando todo era perfecto? Suspiró, mientras sus dedos, traviesos, delineaban la graciosa curva de una de sus orejas.
Ansiaba con toda su alma besarla, pero el niño bueno que aún vivía dentro de él se lo impedía. No era justo para ella, ni para él… ¿Y si ese era el último beso que le daba? ¿Así lo quería recordar, como un beso robado a una pobre chica sedada?
Se recostó a su lado y la miró. ¿Cuándo había sido su último beso?... Su cara se puso MUY roja en el momento en que lo recordó.
Había sido justo después de "eso"; él la había abrazado, aún tratando de recuperar del todo el aliento, y la había besado lentamente… ella le había respondido, y casi al instante, había caído dormida… él había permanecido contemplándola, aún entre sus brazos, hasta que un suave y muy pesado sueño se había adueñado de él también, sin que se diera cuenta del todo…
Igual ese recuerdo tampoco era muy bueno, poniéndolo en perspectiva. Prácticamente se había aprovechado de una pobre chica que en ese momento era un manojo de nervios en incontables niveles…
La abrazó mientras apretaba los párpados. ¿Qué futuro les esperaba ahora?
"El futuro no existe" le había dicho ella, ahí, frente a todos…
… "Y el presente es demasiado efímero"…
Suspiró. De hecho, lo era.
¿Cuánto tiempo podría permanecer así? ¿Qué le diría cuando despertara? …Por todos los cielos; ya no quería llorar, ni mucho menos que ella lo hiciera…
Así que tomó una decisión. Se puso de pié, besó suavemente su cabeza, y salió del cuarto.
oOo
-Así que mi hija está en su casa.
Ambos asintieron.
-¿Así que ahora va a vivir con Alfred, así como si nada? ¿Y ustedes están de acuerdo?
Miles negó.
-ARNOLD no tuvo nada qué ver en esto –soltó –; tu hija lucía muy mal y la invité a hablar un momento, luego me contó que no tenía dónde quedarse así que le ofrecí un lugar en la casa de huéspedes…
-¿Sin consultarme? La niña es menor de edad, lo sabes…
-Por eso estoy aquí…
Lo miraba fijamente; el entrecejo fruncido y la actitud huraña; era como una versión enorme y tosca de Helga, incluso se sentaban igual. Fue sólo por la reminiscencia del hombre con su hija que Miles conservó la calma.
-¿Y qué quieres?
-¿Qué qué quiero? –el rubio levantó una ceja –saber qué tienen planeado hacer con Helga, ¿En serio piensan dejarla en la calle?
-Las puertas de la casa están abiertas para ella –respondió fríamente el gran Bob.
-Ella no quiere venir aquí…
-¿Y?
-¿Y?
-No voy a cumplir los caprichos de esa niña…
Eso no era un capricho… rayos.
-Si ella no piensa venir aquí, y tú no la dejarás volver al departamento, ¿Entonces dónde va a quedarse?
-No en su casa de huéspedes –fue Miriam quien contestó; la cara aún recargada en una mano –; Bob quiere presionarla hasta que no le quede otro camino que volver aquí; por lo que quedarse con ustedes sería demasiado cómodo para Helga, ¿No es así, querido? –le lanzó una mirada increíblemente resentida a su marido
-¡No voy a permitir que mi niña se quede a solas con ese chico!
-¿Y hagan qué? –Soltó desganadamente Miriam –no creo que tengas ya mucho qué cuidarles a esos dos, Bob.
El aludido frunció aún más el entrecejo, Miles desvió la mirada, incómodo. Stella se quedó de piedra… ¿Qué? ¿También con Helga? ¿A qué hora? ¿Por qué nadie le había dicho nada al respecto?…
Se llevó una mano a la frente; ¿Qué rayos le había hecho esa ciudad a su otrora cándido e inocente niño?
-Como sea –Fue Miles quien habló –; como se imaginarán, Arnold y Helga andan terriblemente mal… ella me dijo que igual no pretendía quedarse cerca de nuestro hijo tampoco.
-¿Anda mal con Arnold? –Big Bob los miraba confundido -¿En serio? Pero si apenas el martes…
Ya no dijo más. Cuando se había destapado la cloaca del tema de Arold y Lila, vergonzosamente en la escuela y frente al director, y luego frente a los padres de familia, Bob había estado en medio de un ataque cardiaco.
-Nada importante –se adelantó Miriam, haciéndoles una clara señal con la mirada a los invitados de que no dijeran más del asunto… por el bien de su propio hijo –, ya sabes cómo es Helga de intempestiva...
El hombre le dirigió una mirada inquisitiva a su esposa, pero decidió dejar el tema para después.
-Como sea –soltó –, lo que haga o no con mi hija es problema mío; ustedes preocúpense por que el suyo mantenga los pantalones en su lugar y déjenme el tema de Helga a mí.
-Nos preocupa Helga –fue Stella quien habló esta vez –, sabemos que no somos su familia ni nada, pero la tenemos en muy alta estima.
-Y nosotros se los agradecemos –respondió la otra mujer –, es sólo que esto ya se convirtió en una guerra de egos de estos dos; y lo que hagamos o dejemos de hacer al respecto no importa demasiado… al final harán lo que quieran…
-Pero… -comenzó Stella, pero su esposo puso una mano sobre la suya; la verdad, Miriam tenía razón.
-¿Entonces qué hacemos con Helga? ¿Creen que esté bien dejarla sola por su cuenta? –inquirió.
Bob lo miró un momento y resopló.
-Ella estará bien; es lista y muy fuerte.
-No por eso deja de tener dieciséis años, Bob… -Miriam se había llevado las manos a la cabeza.
Bien; esa iba a ser una larga tarde…
oOo
Arnold miraba fijamente el cielo sobre su cara; a través del cristal.
Sus párpados se cerraban por momentos; demasiado pesados para mantenerse abiertos todo el tiempo; pero no lo suficiente para permanecer abajo.
Tocaron su puerta.
-Adelante –el chico no volteó. Tal vez era su madre que acababa de llegar y lo regañaría por haber dejado sola a la bella durmiente; pero la verdad era que acababa de echarle un ojo hacía apenas un minuto… o diez. La verdad, no tenía muchas ganas de verla… no porque no quisiera verla en sí, sino porque… diablos.
La perilla giró y la puerta cedió.
Entonces volteó. Al parecer la princesa de este cuento había despertado sin necesidad de un beso.
-¿Helga?
Los ojos azules se clavaron en los de él, pero no parecían del todo despiertos; ¿Aún estaba un poco sedada? Eso explicaría por qué había despertado tan rápido.
Se puso de pié y la tomó de un brazo; ¿Cómo había subido en ese estado las escaleras?
-Hola, Arnold –su voz sonaba somnolienta.
-Hola, Helga –la sentó sobre la cama.
-Eres tú –sonrió –, te extrañé.
-Yo también te extrañé –sonrió tristemente mientras su voz se quebraba.
Parpadeó lentamente un par de veces; el cuerpo detenido precariamente con las manos sobre el colchón. Luego volteó a verlo.
-Voy a acostarme –le dijo.
-Adelante.
Y se recostó atravesada sobre la cama; las piernas colgándole hacia el suelo.
-Eres hermoso –soltó de pronto, mirándolo de una forma tan dulce que el nudo en su garganta no hizo más que crecer –ven a acostarte aquí conmigo.
Lo hizo.
-¿Quieres que te cuente lo que sucedió cuando tú no estabas? ¿Por qué terminé en el hospital? –habló tan repentinamente de algo tan delicado que el chico se sobresaltó, mientras el estómago se le encendía como una braza.
-Prefiero que no –soltó, luego de pensarlo un rato –no estás pensando con claridad ahora, Helga.
La chica negó lentamente, haciendo que su cabello se desparramara aún más sobre el colchón.
-Sí lo hago –dijo ella –y te lo mostraré: soy Helga Pataki y tengo dieciséis años; te amo desde que tenía tres y te conocí esa mañana bajo la lluvia, ¿recuerdas? Cuando tu paraguas detuvo la lluvia que caía del cielo sobre mí, y tu sonrisa la que anegaba mi alma…
El rubio se mordió el labio superior en un vano intento por contener las lágrimas, mientras asentía.
-Tú eres el ser más dulce y bueno que he conocido en mi vida, sin importar que te hayas acostado con otra chica o que me hayas mentido… -suspiró –la verdad, aunque en un contexto diferente, yo he hecho cosas peores…
El chico sonrió sin proponérselo.
-Eres leal y compasivo, y a veces me desespera y fastidia que seas tan perfecto –bufó algo amodorrada –, pero es ese mismo fastidio el que me hace que te ame aún más… ¿Estás de acuerdo?
Aún sonriendo, el chico asintió. No podía creer que esa chica frente a él pudiera lucir aún más encantadora que antes… que le hablara de esa manera…
-Estoy drogada, lo sé –sonrió; él le correspondió inmediatamente –, tu mamá es una tramposa; me dijo que ese té me ayudaría a dormir, pero la verdad es que estoy demasiaaado relajada; ¿No es así, melenudo?
El chico asintió de nuevo.
…
…Ojalá que no dejara de hablar nunca…
…
-Pero sé quién soy y lo que hago, lo juro… sólo que en este momento… bueno –se encogió suavemente de hombros –no tengo miedo de hablar, así que quiero aprovechar para decirte cosas que jamás me atrevería a contarte, y no porque no quiero que las sepas… es sólo que no puedo; ¿Sí entiendes, verdad?
-Entiendo, cariño.
Sonrió, ella también.
-¿Puedo contarte entonces?
-Claro…
La miró largamente a los ojos, y ella le respondió la mirada.
Él no había tomado nada, pero el hecho de tenerla frente a él en ese momento era mejor que cualquier droga; ahí, sonriendo lánguidamente, con los mismos problemas de siempre encima pero sin que le importaran un pepino…
…Esa criatura frente a él, justo en ese momento, era la encarnación de la perfección, aún cuando ella misma odiara lo perfecto…
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No pretendía publicar el año nuevo, así como tampoco fue a propósito en noche buena, pero así son las cosas…
Dudo que alguien vaya a ver esto en este momento… pero aquí se los dejo, y cuando sea que lo lean, ¡Feliz año nuevo! Espero que todos sus deseos se cumplan y la pasen fenomenal.
…Y bien, a agradecer y responder (Gracias, gracias, gracias por comentar; las amo :3)
DarOn mal: Tanto tiempo sin saber de ti; te extrañé :'3 Feliz navidad y año nuevo para ti también, y un abrazote X3 Parece ser que ya vamos a saber un poco con más a detalle qué pasó con Helga, al fin X3 espero no hacer demasiado drama… bueno, eso debí haberlo pensado antes, ¿verdad? Jajaja Arnold ha pasado casi a un personaje secundario de momento, tienes razón, pero pues la historia así me lo exige, jeje. Y pues sí, lo que hizo el pobre cabeza de balón le está pasando factura; ni modo. El mejor modo de aprender es, muchas veces, a golpes (metafóricos, más que literales) así más le vale al cabeza de balón hacerse MUY sabio después de esta XD …y los papás de Helga… ya no sé qué pensar de ellos; son una familia disfuncional en muchos niveles, aunque en verdad intenten superarse… en fin, ya no escribo más porque me quedan otras respuestas, sólo me resta desearte que te la pases genial, otro abrazo X3
diana carolina: ¡Le atinaste! Genial XD Tú no tengas miedo de suponer lo que quieras, igual y en una de esas me gusta tu idea y te la robo… jejeje… es broma XD Tú di lo que piensas y yo encantada te leeré :3 Y sobre Helga y su familia, pues sí, la pobre en verdad quedó traumada después de tantas cosas que vivió :'( es normal que aún esté lastimada y tenga miedo, aunque trate de hacerse la fuerte… pobrecita :c Y sobre Arnold… ¡Me mataste con lo de la orgía! JAJAJAJAJA aún lo recuerdo y me ataco de la risa; pues sí, la verdad es que el Arnoldo metió las cuatro esta vez, pero pues, después de todos, es de humanos equivocarse… aunque como dices tú, tampoco hay que exagerar con los errores XD Un abrazote para ti, mi niña preciosa, nos leemos X3
Geraldine Hatch: Mi amada Geraldine… volviste… y con triple review… No te asustes, pero… creo que te amo… jajajaja no me hagas caso, creo que el espíritu navideño aún no se me baja del todo XD Feliz navidad y año nuevo para ti también, en serio :D Qué bueno que te hayas divertido con tu maratón, mi objetivo está completo X3 …el amor; es una maldita maraña de emociones que cada quién le da el tinte que se le da la gana; eso quería transmitir y qué bueno que Elliot cumplió su cometido; el amor es la cosa más maravillosa y rara del mundo, la verdad… (Qué bueno que te gustó la escena de Arnold y Helga, la verdad, consideré pasarla del todo y sólo insinuarla… pero bueno, parece que salió bien) –suspira aliviada- … y sí; estos chicos aprenderán muchas cosas al final; de eso se trata la vida; tropezar, tal vez llorar, y luego levantarte un poco más sabio y fuerte. Muchas gracias por las flores; te mando un mega abrazo muy pero muy apachurrado X3
Arianna c: Amo leer tus testamentos X3 en serio. Espero te la hayas pasado súper en navidad y te hayas divertido mucho con tu familia (y con tus sobrinitos revoltosos :3) No te preocupes por cuándo respondes, cualquier momento es bueno y yo lo recibiré con ansias locas (Leo los comentarios de todos con una manía obsesiva hasta casi aprendérmelos de memoria XD lo que opinen ustedes vale oro, en serio) Así que no tienes NADA de qué disculparte :D Soy yo la que tiene que disculparse por deprimirte… y en navidad ¿Me perdonas? D: Y pues sí, las cosas se complican cada vez más y el pobre cabeza de balón la va a tener difícil, pero como muy bien dices: el que quiera azul celeste, que le cueste XD ¡muy bien dicho! La escena de Arnold Y Bob la tenía en la cabeza desde hacía ya rato, que bueno que te gustó, y sobre lo de el mes… pues sí, la propuesta estaba tentadora, pero pues ya ves a esta chica… ni modo. Y Lila demostrando que ya no es una chica buena, bien por ella, ¿no? La verdad es que me gustaría que Helga la perdonara, pero la veo difícil… Y sobre lo de la competencia… pues ya ves XD Recibo tus miles de abrazos y te devuelvo millones… y perdón por el nuevo drama, pero es que la cosa anda complicada por acá, jeje
Lexie Asakura Kidou: Abrazo recibido, paisana. Te lo regreso psicológicamente multiplicado por mil X3 Mi navidad estuvo muy bien, paisana, espero que la tuya también :D jajajaja tienes razón; la noticia de los queberes de estos dos corrió como pólvora por todos lados, esa Helga es una sinvergüenza, jejeje… Gerald y Arnold se han distanciado, pero, pues, por desgracia, a medida que uno crece se va distanciando de los amigos, aunque en ocasiones vuelves a reencontrarte con ellos, y si bien la relación ya no es la misma, a veces se torna mejor; más madura… y sobre lo de la rubia, pues sí; es una terca, igual que su papá… a ver qué pasa. Gracias por las flores, y muchas gracias a todas ustedes por leer y comentar :D
Agus MLee: Nueva lectora... sé inmensamente bienvenida, mi estimada X3 Qué bueno que te gusta mi historia; cada vez que una persona nueva me lo dice floto de felicidad, así como también cuando me lo reiteran. Lo admito, soy adicta a los cumplidos. Gracias, muchas gracias; en verdad :3 …yo tampoco sé si la familia de Helga vaya a cambiar y Arno… momento… ¿LEISTE LOS QUINCE CAPÍTULOS DE CORRIDO? ¿EN SERIO?... caray, mujer, me preocupan tus ojos… jejeje… genial; no creí que alguien fuese capaz de tal proeza… te felicito (Y a mí también por escribir una droga tan potente, jejeje) Eres Genial, en serio X3 Y aquí estoy, año recién estrenado y escribiendo; ¿Quién quiere fiesta cuando hago lo que más me gusta en el mundo? Además acabo de llegar de una fiesta (reunión familiar, más bien XD), jejejeje… Y sobre tu crítica, no te preocupes, las críticas son geniales porque ayudan a mejorar, así que tú critica todo lo que quieras; aunque la verdad, lo que me dices, ya lo había notado (¿pero en verdad son muchos errores?, la verdad rara vez me regreso a leer los capítulos, sólo consulto algunas cosillas que no recuerdo del todo… qué horror que el fic esté lleno de errores :S); yo no soy NADA perfeccionista, pero a la hora de escribir me parece un insulto para el lector que haya faltas de ortografía, o de gramática, o de cualquier otro tipo… al menos en lo que yo escribo, y me disculpo, en serio, pero este fic me quita demasiado tiempo y la verdad rara vez tengo tiempo de revisarlo antes de subirlo, como ya lo he dicho anteriormente, una vez que lo termine lo corregiré, es una promesa; A mí también me desespera que esté así, pero por mientras, te pido un poquitín de paciencia, porque o corrijo o escribo capi nuevo, y es más divertido escribir XD Y no eres estúpida; no digas eso, por favor D: Así que crítica tomada con mucho cariño, un abrazote, mi amada nueva lectora, y toneladas de cariño para ti X3
Y bien, el capi está kilométrico y las respuestas aún más, así que mejor me voy a seguir con la fiesta… o a dormir xD en lo que me decido, les deseo un muy ultra mega archi requete recontra súper duper hiper feliz año nuevo… ¿Por Dios, ¿Qué tenía la cena? …jejejeje
¡Nos leemos!
¡Recuerden que los y las amo! Felices fiestas x3
