Derechos Craig Bartlett y Nickelodeon
Silencio
Las estrellas brillaban en el cielo; la mayoría de las personas ya se habían encerrado en sus casas; dando señales de vida solamente por el brillo azulado del televisor a través de la cortina de las casa y departamentos… esa caja idiota. Hacía mucho tiempo que la había abandonado; esa cosa estaba hecha sólo para mantener a la población sumida en la ignorancia y el estupor; diciéndoles cómo debían vivir y lo que debían pensar; era increíble que…
-¡HEY!
Una socarrona carcajada y el humo de la estúpida y ruidosa motocicleta incrustándosele en los pulmones fue lo único que obtuvo a cambio; comenzó a toser tan fuerte que tuvo que doblarse sobre su eje. Cuando el ataque de tos pasó, y luego de inhalar aire furiosamente como si acabara de salir del agua, volteó a la calle.
Desierta de nuevo.
-¡DIABLOS! ¡IMBÉCILES!… ¡ESPERO QUE LES APROVECHEN MIS LIBROS, TARADOS!
Furiosa, comenzó a patear lo primero que se le puso enfrente, que resultó ser la base de un teléfono público.
Un teléfono… Sin pensarlo dos veces, comenzó a marcar.
…
Listo. A ver qué podían hacer ahora con sus cosas los muy inútiles: Un montón de libros y cuadernos; su "set de maquillaje" que consistía en un espejito, unas pinzas para las cejas –Por Dios; eso sí que iba a hacerle falta- y una pomada para labios partidos… ah, y un pequeño cepillo, sin varios dientes y lleno de cabellos… y la falda que Elliot la había obligado a comprar, la cual se había quitado a la primera oportunidad… Y claro, su cartera, con apenas cinco dólares y una tarjeta de débito recién cancelada… Ni siquiera traía un celular; ni siquiera llaves para que pudieran intentar después saquear su casa; Después de que Elliot había ido a recogerla fuera del edificio donde estaba su –SU- departamento –¡demonios!- había echado todas las llaves a la basura, como una muestra hacia sí misma de su resolución de no volver por nada del mundo.
Pero de todas maneras… ir por la calle y que, de la nada, un par de delincuentes –o simples adolescentes sin cerebro- te arrebataran tu mochila así como así… era frustrante…
Ya se la pagarían esos imbéciles; el problema era que ahora el único dinero que traía (que por suerte había guardado en la bolsa de sus jeans) no le alcanzaría más que para pagar el boleto de autobús para llegar a la ciudad de su abuela… tendría qué caminar bastante… pero en fin. Aún si su abuela la echaba también, al menos le daría (o ella "tomaría prestado") algo de dinero en lo que le daban su nueva tarjeta… lo que le hacía pensar que su identificación, también, iba en esa cartera… ¿Cómo iba a sacar la nueva tarjeta sin tener una identificación? Rayos, demonios, ratas, mierda y demás maldiciones…
…
…¿Por qué el mundo tenía que estar plagado de idiotas? ¿Por qué, por todos los cielos; por qué…?
oOo
Nunca le había parecido la gran cosa, a menos, de principio.
"La chica rubia de largas piernas y rostro de ángel" la mayoría así se referían a ella; "Y pensar que era tan poco agraciada de niña"…"poco agraciada." Sí… así la llamaban los más amables.
Él, por su parte, jamás la había visto; había estudiado la primaria en otro estado, Y parte de la secundaria, también. Se habían mudado a esa ciudad porque a su madre le habían dado una plaza como profesora de arte en la universidad local, y ella había aceptado, gustosa.
Aunque la paga no era tan buena como en su anterior trabajo, al menos ahora podría introducir a las mentes jóvenes en el mundo del arte, y ese había sido su sueño desde niña… Ella era una verdadera artista; era paisajista, y aunque era increíblemente buena, y sus pinturas se vendían relativamente bien, su trabajo nunca se había cotizado muy alto; pero bueno, con eso y el trabajo de docente, se las ingeniaban para vivir los dos bastante holgadamente, y su madre era en verdad feliz, así que todo estaba bien.
Él, por su parte, había extrañado bastante a sus amigos, y, en esa escuela, a no ser por esa hermosa y brillante pelirroja que le había robado el corazón en el mismo momento que la había visto, no había conocido a nadie interesante… le hablaba a montones de chicos, por supuesto; esa era su naturaleza, pero la verdad era que a sus verdaderos amigos siempre los había podido contar con los dedos de una mano… y a veces le sobraban dedos.
Otra gran ventaja era que, como chico nuevo, le sobraban chicas que quisieran acercársele, por curiosidad… y él había aprovechado al máximo esa ventaja… Bueno; tenía qué hacer algo mientras la hermosa pelirroja se decidía a darle su corazón…
Era por eso que no hacía demasiado caso ante la exaltación por la chica nueva; él sabía que, más que nada, era el encanto de no saber nada de esa persona lo que los atraía… o de saber algo de ella, y luego verla convertida en algo más…
La primera vez que se había topado con ella, había sido en el taller de literatura, después de clases. Ella había entrado despacio, sin hacerse notar demasiado. Él la había visto de reojo y había continuado su lectura; otra de las tantas chicas bonitas de la escuela, seguro la habían mandado ahí a darle alguna nota al profesor o algo… Luego había escuchado que quería unirse al grupo… luego le preguntó el profesor en qué escuela estaba anteriormente… y entonces unió las piezas; era la chica nueva de la que tanto hablaban.
Ese día la vio sentarse frente a él, unas mesas más allá, pero la ignoró.
Al día siguiente, lo mismo. Había entrado y se había sentado, sin hablar con nadie. La verdad era que "el club de literatura" era el club más aburrido de la escuela… si no del planeta… para alguien que no le gustara escribir; claro. Lo único que se hacía ahí, era buscar un lugar apartado para escribir, o tal vez leer algo de literatura para agarrar inspiración, o algún libro de consulta, para información sobre lo que fuera que intentaras desarrollar… el profesor encargado la hacía más bien de bibliotecario, sólo acudiendo en la ayuda quien muy de vez en cuando se lo solicitaba, o revisando algún escrito, dando citicas constructivas o guiando… La verdad era que las únicas veces que esa cosa tenía movimiento, era cuando se preparaban para una competencia… y en verdad que compensaban toda la ociosidad del resto del año…
Pues bien; en ese lugar había conocido a Helga. En un principio había pensado que se había refugiado ahí para huir de la horda de calenturientos adolescentes que la seguían como perros, pero luego se dio cuenta de que escribía… y mucho.
Esa mirada mientras plasmaba lo que sea que trajera en la cabeza sobre el papel… conocía esa mirada. Era la misma de su madre cuando tenía un pincel en la mano; era la mirada de la inspiración, esa que sólo los verdaderos artistas tenían.
Aún así no se le había acercado.
Un tiempo después, cuando pasaba por su lado, la había visto dibujando, y por Dios que era muy buena… quién lo diría; la niña nueva, además de bonita, era también talentosa… de repente comenzó a sentir curiosidad por leer sus escritos, que nunca llevaba a revisión, por cierto…
Pero él, en ese tiempo, tenía a su dulce e increíblemente hermosa novia para ocupar todo su tiempo libre en soñar despierto, así que no se había molestado, que al fin de cuentas ya se había enterado que la chica era una facilota que se iba con cualquiera que la invitara… no que eso estuviera mal, simplemente prefería a la hermosa pelirroja que por fin había decidido darle una oportunidad y, poco tiempo después (y para absoluto deleite de él) que había decidido consagrarse a él…
Pues bien. No fue hasta que lo mandaron a detención que realmente la conoció.
Se había peleado con un tipo que ahora era novio de una chica con la que él había salido anteriormente (una cabeza hueca con un cuerpo increíble, y con un gusto por las relaciones físicas insaciable, por cierto) y que ahora quería golpearlo porque ella lo había comparado con él en la cama… y el nuevo novio había salido perdiendo, para absoluto regocijo de él (pedazo de idiota, ¿Cómo se ponía a reclamarle por eso?) pues bien, el novio de Jena Hanson, que en ese tiempo era sólo una porrista más, había intentado molerlo a golpes… pero el delgado chico castaño se había defendido bastante bien, y ahora el otro estaba en la enfermería, y él, en detención.
Pues bien, la rubia niña nueva estaba ahí también, (quién sabe por qué; poco tiempo después descubriría que no era nada raro encontrarla allí) mirando por la ventana y golpeando nerviosamente el suelo con el pié; sus dedos se retorcían sobre el pupitre.
-¿Extrañas tu libreta? –inquirió, mirándola divertido.
Luego de un ligero estremecimiento, la chica volteó a verlo.
-¿Te conozco? –soltó como respuesta, mientras levantaba pedantemente una ceja.
-Solemos escondernos donde mismo después de clases –le respondió, mirándola intrigado.
-Ah… -fue todo lo que dijo y clavó la vista en la ventana de nuevo.
-¿Por qué estás aquí? –inquirió de nuevo; estaba aburrido y ella era la única en el salón con él.
-Mejor te digo para qué no estoy aquí –le respondió, tajante –para hablar con un perdedor y pedante… y pervertido; ¿Crees que no he visto cómo me miras en ese estúpido club?
Arrogante la nena, ¿eh? Sonrió. Y también lo había notado ya…
Bien, no era la chica dulce y perfecta y parecida a Lila que se había imaginado en un principio (poniéndolas en esa categoría, la rubia salía perdiendo; Lila era más bonita, de cuerpo al menos; de cara les daba casi un empate). Y al parecer, tampoco la tonta cabeza hueca que se podría creer al salir con tantos chicos (aunque dadas sus dotes artísticas, eso nunca lo había creído del todo)…
-Yo estoy aquí por golpear a un chico –insistió él.
-Bien por ti –soltó secamente la otra, sin molestarse en mirarlo de nuevo.
-…Es divertido molestarte –soltó luego de un rato él, sonriendo.
-Y seguro que es divertido patear tu entrepierna –soltó descuidadamente la otra, aún dándole la espalda –; si continúas hablando, igual y lo intentamos…
-Puedes intentar lo que quieras con mi entrepierna, tesoro…
La rubia sólo había suspirado y ya no se había molestado en responderle; había recostado el pecho sobre el pupitre y se había puesto a soñar despierta, mirando soñadoramente por la ventana.
A partir de ahí la rubia había picado su curiosidad, y había intentado acercársele, pero siempre había sido magistralmente mandado al demonio por ella.
Sólo el día que, en ese concurso (el primero en el que habían participado ambos), ella había quedado por debajo de él (1er y 2do lugar, respectivamente), parecía haberse ganado un poco su respeto, porque había comenzado a hablarle… Y lo había deslumbrado totalmente.
La chica no sólo era talentosa (a partir de ese concurso jamás había logrado ganarle de nuevo) sino que era lista, muy lista… y sarcástica y cínica, incluso un poco malvada en ocasiones; también era apasionada, salvaje, y muy en el fondo, soñadora y romántica; Una faceta que sólo asomaba cuando daba rienda suelta a su impulso creativo… incluso comenzó a parecerle más hermosa mientras más la conocía… cada vez más que Lila… lo cautivaba su libertad, mientras que Lila siempre le había parecido una chica algo (o bastante) reprimida… nunca había podido conocer del todo a la pelirroja, y por Dios que aún lo volvía loco ese misterio en ella, Pero Helga tenía otro igual, aunque totalmente opuesto… Lila era dulce y amable; pero en el fondo de sus ojos podía ver una criatura salvaje atada con gruesas cadenas, mientras con Helga era absolutamente lo contrario… Y fue entonces cuando se confundió tanto que había decidido dejar a Lila para intentarlo con Helga.
Pues bien; ahí estaba de nuevo, preguntándose si debería hacer lo mismo…
Demonios; sabía que no debería habérsele acercado tanto…
Ahora tenía el pretexto perfecto para alejarse de Lila (además de que en verdad estaba dolido con ella), sin contar que el inquebrantable amor de Helga por ese tonto parecía estar flaqueando al fin… y él no sabía qué hacer…
¿En verdad quería dejar a su linda novia para irse detrás de esa deliciosa fiera salvaje con el corazón irremediablemente atado a otro?
Demonios; pero es que en verdad la rubia lo volvía loco…
Había estado TAN seguro de que era Lila quien le convenía…
…Hasta que había rozado esa pálida e increíblemente suave piel con sus manos… hasta que sus dedos se habían enredado en esas hebras de oro… hasta que había besado con verdadera pasión esos voluptuosos labios e, increíblemente, éstos le habían respondido… hasta que había acariciado esos… demonios; no debía haber hecho eso… él lo había sabido demasiado bien…
Se echó la almohada sobre la cabeza. ¡Demonios! No podía pasar por eso de nuevo; Helga no lo amaba, y nunca lo haría… ¿Y Lila? ¿Siempre iba a estar pensando en cambiar a Lila por cada hermosa y fascinante criatura que se le atravesara? …Aunque mujeres como esa no se presentaban muy a menudo… ¡Rayos!; era un cerdo… Lila no se merecía algo así… ¿Y él? ¿Se merecía estar con una chica que se acostaría con otros cada que se le diera la gana…?
…Sí; como si él fuera un santo…
Lila…
Helga…
La cabeza le iba a explotar…
oOo
Era aún de madrugada cuando había llegado. Había decidido seguir su camino sin importarle qué. No se iba a rendir; no señor…
Había pensado llegar, de camino a la central de autobuses, a la casa Pataki, aprovechando que no se encontraban ahí, pero su orgullo se lo había impedido; aún cuando lo tomara por ella misma, seguía siendo dinero proveniente de su padre, y ella le demostraría a ese tipo que podía salir adelante sin él…
¿Y eso significaba ignorar su fondo universitario también? ¿No venía su cuenta de ahorros (de la que aún planeaba cómo echar mano de ella a la menor brevedad posible) también de él…?
¿Qué significaba realmente despegarse del todo de él? ¿Cómo diablos lo haría, si incluso la mitad de su información genética también le pertenecía a él…?
Ella le pertenecía a él, aunque no le gustara…
…
Sacudió la cabeza. Al demonio con eso. Helga G. Pataki sólo le pertenecía a Helga G. Pataki, y a nadie más… ni siquiera a ese tonto cabeza de balón… a quien cómo lo extrañaba, por cierto…
Tenía ya rato caminando; le dolían los pies, prácticamente no había dormido nada y se moría de hambre…
Pero ahí estaba la casa de su abuela al fin. A pesar de lo cansada que estaba, corrió como loca el último tramo; por muy furiosa que fuera a ponerse su abuela al saber lo que había hecho, no le negaría un cuantioso desayuno, una deliciosa ducha y una cama caliente…
…
Oh-oh…
Ese silencio no le gustaba nada…
¿Y las ventanas siempre abiertas de la casa?
¿Y los trabajadores?
… ¿Y su abuela?
¡Aaaargg!
¡Mierda, mierda, mierda! … ¡MIERDA!
"Regreso en una semana"
…Sí; eso decía el cartel de la puerta… con fecha de ese mismo maldito día…
¿Acaso acababa de salir?
Pateó con todas sus fuerzas una de las columnas del porche de la entrada, y su maltrecho pié le reclamó inmediatamente… debía dejar de hacer eso…
Totalmente derrotada, se sentó en el porche con la cara entre las manos; estaba tan agotada y hambrienta que sólo se le ocurría ponerse a llorar… pero no iba a hacerlo, por supuesto…
En lugar de eso, ¿Qué iba a hacer? Se le ocurrió forzar una puerta y entrar, pero muy probablemente terminaría viniendo la policía… ¿Y si le llamaba por teléfono…?
Le diría que volviera a casa de sus padres, sin duda…
Demonios…
Se hizo bolita en un hueco del porche que quedaba fuera de la vista de la calle y se durmió un rato sobre la alfombra… bien; ya era un perro callejero, de nuevo…
oOo
-¡¿Dónde demonios andabas, Bob?! No he dormido un segundo en toda la maldita noche; primero Helga, y luego tú… ¡Creí que al menos la traerías contigo!
-¿Cómo? ¿Encadenada, acaso?
Se miraron increíblemente irritados; ninguno había dormido en toda la noche; la mano de Miriam temblaba sobre la taza de café.
Él la miró, perspicaz.
-¿Qué diablos estás tomando?
-Café –respondió la otra, con fingida candidez.
Se la arrebató y le dio un trago.
-¡Diablos, Miriam!
-Sólo es un poco –se defendió la otra; las manos defensivamente alrededor del torso.
-¿Es en serio, mujer? ¿Así pretendes demostrarle a tu hija que has cambiado?
El ceño de la otra se profundizó más; las manos se desplazaron a sus caderas.
-¿En serio? ¿Y dónde está mi hija, a la que debo demostrarle eso? No la veo por ningún lado…
-Miriam…
-¡Y no me mires así! ¿Me hablas de demostrarle que cambiamos? ¿Qué me dices de ti? ¿Qué pretendes demostrarle, eh? ¿Qué ya no eres un padre descuidado, sino que ahora eres uno hostigador?
La mirada de cada uno se fundió en la de el otro; furiosos.
-No quiero hablar contigo –soltó Bob, luego de dar un largo suspiro, y salió de allí.
Miriam miró la taza que su esposo había dejado sobre la mesa y de un manotazo la envió al suelo, donde se hizo pedazos.
Demonios…
oOo
-Sigue sin contestarme –la mujer se sentó sobre el sillón mientras se llaveaba las manos a la cara –creo que deberíamos llamar a la policía.
-No es para tanto, cariño –soltó él, confortante, pasándole una mano sobre los hombros a su esposa –se llevó mi tarjeta de crédito; será muy fácil rastrearlo…
-¿Pero por qué se fue así?
-¿En serio no sabes por qué?
El hombre la veía con una ceja levantada, sonriendo.
-Esta chica… -resopló –te juro que me agrada, y mucho… pero…
Miles sonrió.
-Es un problema ambulante, ¿cierto?
Stella asintió.
-Esa familia… -resopló.
El hombre se recargó en el respaldo del sillón mientras exhalaba ruidosamente.
-Estaremos unidos a ello nos guste o no –soltó –, son parte de la vida de Helga, y Helga es parte de la vida de Arnold, y Arnold… bueno, ya entendiste…
Stella resopló también, cansadamente, mirando el suelo.
-Sé que soy horrible por decir esto, pero a veces desearía que Arnold estuviera enamorado de otra chica… una un poco menos… conflictiva…
Miles sonrió, mientras atraía hacia sí a su mujer.
-La vida de nuestro hijo sería tan aburrida entonces… ¿Dónde quedó tu espíritu de aventura, querida?
Stella resopló.
-En la ropa que me quité esta mañana, junto con la seguridad de que mi hijo estaba seguro en casa.
El hombre sonrió.
-Déjalo vivir su gran aventura junto a ella…
…
Pero Arnold no estaba junto a ella.
Estaba tras ella, más bien…
Esa noche se había refugiado bajo las colchas, comenzando a imaginarse los pretextos que pondría para justificar el no haberse dado cuenta cuando Helga emprendía la huida, esperando la furia de Big Bob; el llanto de Olga, las preguntas de sus padres… Y, sobre todo, a sí mismo reclamándose por haberla dejado sola, de nuevo.
¿Pero qué podía hacer? Ella no lo quería a su lado; y él había decidido que era mejor dejarla pasar por lo que tuviera qué pasar para que al fin lograra hacer las paces consigo misma, y luego preocuparse por ellos; por lo que les esperaba…
"Seguir al pendiente de ella, pero darle su espacio" Eso le había recomendado su padre, y eso iba a hacer; La estaba dejando ir, o sea, dándole su espacio, e iba a estar al pendiente de ella…
Pero… ¿Cómo? ¿Esperando su llamada? ¿En serio? ¿Igual que había estado al pendiente de ella del otro lado del mundo, preguntando a sus amigos por ella?
Le había ido del demonio la última vez que la había dejado sola, y ella había cortado la comunicación con él precisamente por eso; ahora lo comprendía… no había querido decirle nada aquella vez para no preocuparlo; para no darle lástima y que dejara de verla como siempre la había visto… ¿No iba a pasar lo mismo esta vez? ¿Iba a pedirle ayuda si esta vez lo necesitaba? Por supuesto que no…
…
Diablos. No iba a dejarla sola esta vez.
Se había levantado de la cama de un salto, mientras los murmullos de los padres de ambos en el pasillo continuaban; había vaciado su mochila y metido lo absolutamente indispensable para sobrevivir unos días, junto con la tarjeta de crédito que estaba dentro de la cartera que su padre había dejado olvidada cuando había subido a platicar con él, hacía muy poco tiempo. Había garabateado una nota en su mesita de noche y había salido por donde mismo que su amada.
Para cuando llegó a la calle, ya se le había perdido de vista; pero ya sabía a dónde iba…
…
"No dejaré sola a Helga esta vez, por ningún motivo."
Eso era lo que había escrito; y por todos los cielos que no lo haría…
"PD: me llevo tu tarjeta de crédito, papá.
oOo
Ahora, por fin había llegado a la ciudad de la abuela de Helga, y aunque sabía la dirección y había visto fotos de la casa, que ella le había mostrado en épocas más felices; no conocía en absoluto el lugar, además de que tenía que cuidarse de que la chica no se enterara de que iba siguiéndole el paso.
Cuando había salido a la calle, por la escalera de incendios, justo como su amada, la había alcanzado a ver, a lo lejos. La había seguido, perdiéndola de vista por momentos, pero luego encontrándola de nuevo. Había alcanzado a ver cómo un par de idiotas en una motocicleta le había arrebatado la mochila a la pasada, y cómo ella, luego de un momento, había seguido su camino, prácticamente como si nada. Eso lo había hecho pensar seriamente si podría defenderla estando tan lejos… tenía qué haber pensado mejor las cosas… pero en fin; ya tendría tiempo de pensar eso en el camino.
Había llegado a la central de autobuses un poco después de ella (se había asegurado de mantener una buena distancia todo ese tiempo), pero no la había encontrado. Preguntando, había descubierto que el autobús de Helga había salido prácticamente en cuanto ella había llegado (de hecho, apenas y lo había alcanzado) y que el próximo saldría en una hora… bueno, igual no se hubieran podido ir en el mismo sin que ella lo mirara…
oOo
La chica se despertó luego de un rato, tratando de adivinar qué hora sería (por la luz del sol, ya parecía pasado mediodía); así que se cruzó el cerco que separaba el terreno de su abuela, tomó algunas frutas de sus árboles, y se regresó a la ciudad.
A decir verdad, luego de dormir y, ahora con el estómago lleno, no le parecía tan malo que su abuela no hubiera estado ahí. Mejor se iba a la ciudad, buscaba un trabajo temporal y un pequeño lugar dónde pasar las noches.
No necesitaría hacerlo por mucho tiempo; unos pocos días bastarían para que la escuela llamara a sus padres sobre su ausencia en clases, y sus padres sabrían que, de no mandarla a la escuela pronto, tendrían qué responder ante servicios sociales sobre su ausencia, y entonces tendrían qué explicar lo sucedido, y entonces tendrían qué elegir entre volver todo a la normalidad, o despedirse para siempre de ella… no era una opción que le gustara demasiado: tener qué andar por hogares adoptivos; no volver a ver a sus amigos… a Ar… a Phoebe; es decir… pero sus padres no permitirían eso; es decir, Bob era increíblemente terco, pero no se atrevería a perderla para siempre sólo por no dar su brazo a torcer, ¿verdad?
…
…¿Verdad?
oOo
¿Por qué Bob estaba tan tranquilo? Miriam lo veía, furiosa, desde la orilla de la habitación. "Tengo todo bajo control." Era todo lo que le decía, luego de explicarle su estúpido plan, cuando esa pedante sonrisa de suficiencia le cruzaba el rostro.
Suspiró largamente y fue a sentarse junto a él.
-Me rindo, Bob –soltó, sin voltear a verlo. El hombre al fin separó la mirada del televisor.
-¿Qué? –inquirió, mirándola confundido.
-Ante Helga, me rindo –aclaró, llevándose la cara a las manos.
-¿Qué? –repitió el otro, con los ojos muy abiertos.
-Me da igual que digas que todo está bajo control; nos la van a quitar, Bob.
-No lo harán –aseguró secamente él, con el entrecejo fruncido, mirando la televisión de nuevo.
-¿Has pensado qué pasará si las cosas no resultan como crees? ¿Y si las autoridades se enteran de que nuestra hija ya no está viviendo con nosotros? –se revolvió los cabellos con las manos –no voy a exponerme a eso, Bob.
-¿Y qué harás entonces? –masculló él; los ojos aún clavados en la pantalla.
-Voy a… ¿Podrías apagar ese maldito aparato, por favor?
Lo apagó y clavó la vista en ella, molesto.
-Voy a regresar al departamento, voy a buscarla y a decirle que ella gana, que puede regresar y que viviremos como antes, nosotras dos solas…
-¡Miriam! ¿Es todo? ¿Así, tan fácil? –el hombre la veía enojado, pero había desesperación tras esa mirada -¿Dónde quedó tu determinación? ¿Tu confianza en mí? ¿No se suponía que…
Tocaron a la puerta.
-Miriam, ábreme –ordenó una MUY conocida voz.
El hombre dio un violento golpe al pasamanos del sillón, mientras se ponía de pié, ahora sí, furioso, y se dirigía a su recámara… esto era lo único que le faltaba…
oOo
Ya era tarde, muy tarde; y no había encontrado nada… rayos…
Maldito lugar de cuarta, ¿Cómo podía ser posible que en absolutamente ningún lugar tuvieran necesidad de un trabajador? Y los pocos lugares que habían parecido medianamente interesados en ella, la habían rechazado al ver que no traía ninguna identificación. Diablos. Y ahora tenía hambre. Mucha.
Se había regresado a la central de autobuses, no esperando volver a casa –por supuesto que no; esa pelea apenas comenzaba- sino para dormir allí, en alguna silla solitaria, con un baño relativamente cerca, a esperar por el nuevo día y sus infinitas probabilidades… pero cómo tenía hambre, con un demonio…
Escuchó un golpe a lo lejos, y miró.
Un hombre golpeaba una máquina expendedora de golosinas, mientras maldecía, luego se retiró.
Cuando ya iba bastante lejos, ella se acercó. Una barra de chocolate estaba a medio camino, colgando, pero atorada aún en el resorte.
La sacudió un poco pero nada pasó, luego más fuerte, y nada. Pensó en moverla un poco hacia el frente, y luego imaginó la prensa del día siguiente anunciando que una estúpida adolescente había muerto aplastada por intentar sacar una barra de chocolate de la pesada máquina expendedora que eventualmente le había caído encima. Excelente final de mierda para una vida de mierda. Resopló, luego vio que se acercaba un guardia.
-¿Algún problema, niña? –inquirió con voz rasposa.
"¿Niña?" ¿Quién se creía, Big Bob Pataki?
-Sí –respondió ella con fingida indignación –tu estúpida máquina se tragó mi moneda pero no me dio mi chocolate…
El hombre miró a la máquina.
-Lo siento, niña –dijo –, pero no puedo hacer nada con eso. La máquina es de una compañía; nosotros no tenemos nada que ver.
-Tengo hambre –respingó ella –y no tengo otra moneda.
-Mala suerte –se encogió el otro de hombros –además, una basura de esas es la peor cena del mundo.
La chica abrió la boca para amenazarlo con una demanda a la compañía, pero su estómago se le adelantó.
El hombre la miró con los ojos muy abiertos mientras ella sentía arder sus mejillas junto con su estómago.
-En serio tienes hambre, niña –soltó mientras una burlona sonrisa le cruzaba el rostro y se fue de ahí.
La pobre chica regresó su asiento, ahora no sólo hambrienta, sino avergonzada y humillada; recargó la cara entre las manos mientras suspiraba audiblemente. Se quedó un rato con la mirada fija en el suelo, sin pensar realmente en nada, hasta que escuchó a alguien parado junto a ella.
-Toma.
La chica levantó la mirada y vio al hombre de hacía un momento extendiéndole una bolsa de plástico con algo adentro envuelto en una servilleta; indudablemente un sándwich.
-Esto en mejor cena que una barra de basura de esas –le dijo.
Sin responder nada. La rubia se apresuró a desenvolverlo y comérselo. El hombre se sentó a su lado.
-¿Qué haces aquí? –inquirió.
-Esperando a mi abuela –mintió ella –pero parece que no va a llegar…
-¿A qué hora te dijo que llegaría? –inquirió el otro.
-En el autobús que llegó hace quince minutos –respondió ella –supongo que se confundió…
-¿Quieres que llame a alguien? –inquirió el otro, preocupado.
-¡NO! Es decir, no, gracias. Llamaré a mi padre para preguntarle si ya se puso en contacto con ella.
-¿Te presto mi teléfono?
-No, gracias –respitió la otra, tratando de sonreír mientras se levantaba –i, ré a hablarle de un teléfono público.
-Creí que no traías dinero –el hombre la miraba demasiado suspicazmente para su gusto.
-No para otra barra de chocolate –respondió mientras emprendía la marcha –. Nos vemos, y gracias por el sándwich.
El hombre le hizo una seña con la mano y volvió a su puesto, en la entrada de la sala. Diablos, ya tampoco iba a poder quedarse ahí… al menos ya no tenía hambre… pero ahora tenía sed… suspiró.
Salió a las vacías calles coronadas por un cielo salpicado de estrellas. Rayos; hacía frío.
Se cubrió los brazos con las manos mientras trataba de pensar a toda prisa… podía meterse en serios problemas si ni encontraba un lugar dónde quedarse… Nunca antes había estado en una situación así; incluso en sus tiempos de perro callejero, siempre había tenido un techo sobre el qué pasar la noche…
…
Comenzó a caminar de nuevo; se metió en una calle, y luego en otra. Menos mal que aún recordaba el lugar, y menos mal que había sido siempre lo suficientemente huraña para que nadie se acordara de ella… aunque, en este momento, no le hubiera caído mal tener un amigo con quien quedarse por esa noche. Nunca se había preocupado por profundizar una relación con nadie cuando había estado allí. La verdad es que había alucinado al montón de estiradas de el colegio para señoritas al que había asistido; siempre tratando de ser las de mejores notas, las más amables; las más lindas… Había sido como estar rodeada de un montón de mini-Olgas por alrededor de dos años… un verdadero infierno, a decir verdad; casi todas habían intentado ser sus amigas en algún punto, pero ella siempre se había deleitado en mandarlas sutilmente al demonio. Eventualmente, ya nadie había tratado de acercársele…
Pues bien, ahora estaba sola, y asustada.
Así era; la ruda e independiente Helga G. Pataki estaba aterrada hasta la médula. No tenía ni un centavo, ni amigos, ni parientes ni nadie que le pudiera echar la mano en muchísimos kilómetros a la redonda; sola en ese mar de calles desiertas en una noche cada vez más avanzada. Lo único con lo que contaba en ese momento era con un orgullo tan grande que por ningún motivo le permitiría echarse para atrás y clamar por ayuda, sin importar cuánto miedo, frío o sed tuviera.
Miró una pequeña tienda que abría toda la noche y se acercó.
-¿Qué se te ofrece? –inquirió el ojeroso hombre del otro lado del mostrador.
-¿No necesitas ayuda? –inquirió la chica; el hombre le dirigió una mirada a medio camino entre la confusión y el fastidio.
-¿Cómo?
-Mira, necesito dinero –soltó ella –, puedo ayudarte en tu trabajo; si quieres puedo ayudarte a limpiar, o a hacer tus otras obligaciones; si quieres puedes irte a dormir y yo despacho por ti esta noche; no te ofendas, pero tienes cara de no haber dormido bien en días… -trató de sonreírle.
El hombre la miró de arriba abajo y soltó una risa despectiva.
-Claro –dijo –, me voy a dormir y luego me robas todo, ¿No? ¿Crees que soy estúpido? ¿Crees que porque eres bonita me tragaré tu cuento? ¿Qué harás ahora que tu pequeño plan falló? ¿eh? ¿Llamarás a tus amiguitos delincuentes ahora, nena?
Helga lo miró con los ojos muy abiertos "Oh-oh…"
-Mejor lárgate de aquí, gatita, -siseó el hombre –antes de que llame a la policía, y dile a tus amiguitos drogadictos que tengo una escopeta debajo del mostrador esperándolos si se les ocurre venir a visitarme…
Lo último apenas lo escuchó mientras salía a toda prisa del establecimiento.
Diablos, ¿En qué estaba pensando? ¿Qué clase de estupidez había sido esa? ¿Y si en verdad llamaba a la policía…
-¡Hey!
Volteó lentamente. ¿Tan rápido habían llegado?
No era un policía. Sólo era un tambaleante borracho que la miraba con una sonrisa estúpida.
-¿Necesitas dinero, nena?
La rubia lo miró con el entrecejo fruncido.
-Yo puedo darte lo que necesites, princesa – soltó, al momento que sacaba varios billetes de su cartera –sólo necesito que me hagas un "trabajito" –su sonrisa fofa e idiota se ensanchó aún más, al tiempo que hacía un ademán increíblemente vulgar y asqueroso.
Diablos. Lo que le faltaba…
…Aunque… ahora que lo pensaba…
-De acuerdo –soltó ella, luego de escanearlo por un momento -¿Dónde quieres que te lo haga?
El otro la miró con las cejas levantadas.
-¿En serio? –inquirió.
La jovencita asintió.
-Necesito dinero –dijo encogiéndose de hombros, tratando de sonar casual –, y parece que a ti te sobra.
-Sí, así es –su asquerosa sonrisa se dilató, aún incrédulo ante su repentino golpe de suerte -¿Dónde…?
-¿Qué tal ahí? –Helga señaló hacia un oscuro basurero cerca de ahí.
El hombre asintió mientras la seguía, tambaleante y agitado.
Se metió en una esquina obscura, y el asqueroso hombre comenzó a pelear con su cinto; las manos le temblaban.
-¡No tan rápido, Casanova! –Exclamó -Primero el dinero –dijo, llevándose las manos a las caderas.
-Primero dame mi… -¿Para qué repetir lo algo tan obsceno? La rubia apenas pudo reprimir la mueca de asco.
-¿Y si huyes con el dinero sin pagarme? –soltó ella.
-¿Y si huyes con el dinero sin hacer nada? –respondió el otro.
Helga bufó.
-Te propongo un trato –dijo –saca el dinero, lo pones ahí –señaló la esquina del contenedor de basura -te hago tu "trabajito" y lo tomo cuando termine.
El otro la miró, dubitativo.
-Decídete rápido, o me largo –exclamó la chica, genuinamente fastidiada, cruzándose de brazos mientras resaltaba de paso sus atributos.
-Bien –soltó el otro, con los ojos brillándole de lujuria, clavados en justamente el lugar que la rubia pretendía, mientras sacaba unos cuantos billetes y los puso donde ella le indicó -¿Contenta?
La rubia asintió, mientras le sonreía coquetamente.
El hombre al fin se pudo abrir el cinto, y luego el cierre de sus pantalones. El estómago de la chica se revolvió sobremanera al verlo bajándoselos mientras jadeaba profusamente, y, cuando se proponía a hacer lo propio con los sucios bóxers, la chica tomó vuelo y le dio un puntapié justo en esa zona donde el sol nunca se posa.
El tipo soltó un grito mientras caía al piso, momento que la otra aprovechaba para salir corriendo como alma que lleva el diablo, con los billetes firmemente atenazados en la mano.
oOo
Número desconocido. ¿Debía atender?
Había estado todo el día evadiendo las llamadas de sus padres; apenas acababa de responderles por enésima vez, mediante mensajes de texto, que estaba bien, pero ahora sonaba el de nuevo… pero ese número… nunca lo había visto… ¿Y si era Helga?
Contestó cuando comenzaba a apagarse el último timbrazo.
-¿Diga?
-¿Arnold?
¡Gracias a todos los cielos que había atendido! Tenía todo el día buscándola.
Luego de horas de haber indagado por todos lados, al fin había dado con la casa de la abuela de la chica, sólo para encontrarla vacía y con el letrero de "vuelvo en una semana" pegado en la puerta. Preguntando, alguien le había dicho que, efectivamente, había visto a una chica como la que describía hacía unos momentos, pero que iba camino a la ciudad, y entonces se había devuelto.
La había buscado por todos lados, pero nadie la había visto, o le daban pistas que invariablemente no lo llevaban a ningún lado.
Al fin lo había encontrado la noche y había decidido quedarse en un motel hasta el día siguiente, cuando, por fin, ella sola se había puesto en contacto.
-¡HELGA! –le era imposible disimular la infinita alegría y tranquilidad que le daba por fin escuchar su voz -¿Cómo estás? ¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien? ¿Ya cenaste?
La escuchó reír del otro lado de la línea.
-¡Hey, calmado! Una pregunta a la vez, melenudo.
Su risa fue como un coro celestial en sus oídos.
-¿Estás bien? –inquirió, ya más calmado.
-Sip –respondió ella –perfectamente, de hecho.
-Me alegra mucho, Helga –hablaba muy en serio.
-¿Dónde estás –inquirió esta vez.
-En un motelucho –respondió ella.
-¿En serio? ¿En cuál?
-No lo sé… uno equis; ¿Qué más da su nombre?
-Tienes razón, Helga –soltó el chico, intentando calmarse, preguntándose aún si no estrían en el mismo motel -¿Cómo te fue hoy?... ¿Por qué no estás con tu abuela? –agregó, recordándose a sí mismo que se suponía que él seguía en su casa.
-No estaba–respondió la otra, mientras suspiraba –, no sé a dónde diablos se fue.
-¿Y qué harás ahora? –el estómago le ardía.
-Aún no lo sé, Arnold, sólo quiero que sepas que estoy bien, y ya mejor cuelgo, o la llamada me saldrá en un ojo de la cara.
-¡Espera, Helga!
Por todos los dioses; que no colgara…
-Hasta pronto, cabeza de balón.
Y lo hizo.
¡Demonios! Bueno, al menos sabía que estaba bien, y que seguía en la ciudad…
Rayos… esa situación era tan horrible… y luego pensó en que sus padres debían sentirse aún peor, así que les marcó.
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Bien. Capi un poco corto, un poco flojo, planeaba que fuera más largo… pero algo me dijo que hasta aquí debía llegar, y hasta aquí lo dejo.
Igual seguiré escribiendo para dejarles actualización pronto.
Como siempre, muchas gracias a todos los que leen esta historia, y aún más a los que comentan; sus opiniones lo son todo para mi, y por eso los amo :3
Agradecimientos especiales:
Diana Carolina: ¡Hola, Diana! Espero que no estés trabajando en este momento :) Así que no fui a la única que le dio "cosa" el capi… la verdad es que cuando lo terminé, me pregunté si no sería un poco demasiado para la pobre Helga, pero así estaba planeado desde el inicio de la historia, así que así lo dejé. ¿Jennifer, La mamá de Lila? No lo había pensado, jejeje… Y pues sí, pobre Helga. La verdad es que nadie debería pasar por cosas así, pero pues bueno; lo que no te mata, te hace más fuerte, ¿No? Un abrazo :)
DarOn mal: Hello again X) La verdad yo venía llegando de una fiesta también cuando lo publiqué; ya lo tenía empezado antes de irme a "pachanguear" (o sea, de fiesta), y cuando regresé ya me iba a dormir, pero como sentía que aún traía la batería al "al 100", prendí la compu y lo terminé y lo colgué… y luego caí muerta también, jajaja, así que no te preocupes, te comprendo XD Me alegra demasiado que te guste mi manía de no dar detalles hasta que ya tiene rato el capi, a algunas personas no les ha hecho tanta gracia, jeje… Y pues sí; la vida de Helga ha sido muy trágica, pobre. Y sobre Arnold… pues la historia así va, ahí no puedo hacer mucho, de momento, jeje. Nos leemos pronto, abrazos apachurrados para ti X3
Agus MLee: ¡Jajajajaja! Un poco extraño, eso de sufrir leyendo, ¿Verdad? Yo por poco y caigo desmayada cuando terminé de escribirlo; era como si me hubieran succionado toda mi energía vital XD …Y pues ya ves en los líos que se anda metiendo esta chamaca… haré todo lo que esté en mis manos por mantenerla a salvo, lo prometo; pero ya ves cómo es de voluntariosa… Abrazo para ti también X3
romiih: Así que te aventaste maratón ¿eh? Y de pura tragedia… un poco pesado; lo siento. Pobre Helga, a veces pienso que me pasé, pero pues estas cosas le dan sabor a la historia, y nos demuestran el porqué de su comportamiento. Aquí tienes tu actualización con mucho cariño qué bueno que te gustara tu maratón; ¡abrazos!
Geraldine Hatch: ¡Hola, amiga Geraldine! Qué bueno que te gustó el capi kilométrico, espero que no te haga sufrir demasiado el siguiente, jeje Sé lo que se siente desvelarte leyendo un fic; en verdad eso me halaga porque cuando yo lo he hecho, es porque el fic realmente me gusta (al menos en mi caso, jeje), ¡Muchas gracias! Y también comprendo esa lucha interna entre terminar tu lectura o andar como zombie al otro día; es horrenda XD Miles es genial, ¿verdad? Yo también lo creo :) Y sobre Helga y Elliot… al parecer sí pasó algo… de qué nivel; pues eso habrá qué verse :/ ¡Abrazos u3u
Amanecer 31: Te doy la más cordial bienvenida; qué bueno que te gustó, y lamento que te hiciera llorar… aunque no tanto, porque significa que estoy haciendo bien mi trabajo… jijiiji… soy mala; sorry :( ¡Un millón de abrazos para ti también, nos leemos pronto! :D
Y pues bien; hasta aquí llegamos por hoy; la verdad había andado un poco corta de ideas y de imaginación últimamente, pero, por fortuna, han empezado a fluir de nuevo ahorita que estaba escribiendo; trataré de dejarles la actualización muy pronto; de nuevo, muchas gracias por leer, y hasta pronto.
¡Nos leemos!
Abrazos apachurrados para todas y todos.
Recuerden que los y las amo *3*
