Derechos Craig Bartlett y Nickelodeon.

Tempestad

Despertó. El trino de un ave sonaba a lo lejos. Los autos rugían un piso más abajo. La pequeña ventana de ligeras cortinas dejaba pasar sin problemas la increíblemente blanca luz de la mañana.

¿Qué hora sería?

Temprano.

Se sentó en la cama. Miró a su alrededor y sintió a la soledad abrazarle. ¿Qué rayos hacía ahí? ¿Por qué no estaba en casa, con su familia rodeándole en lugar de ese solitario cuartucho de motel, donde a todo mundo le importaba un reverendo cacahuate lo que pudiese ocurrirle?

-Ah, sí. Por ella.

-Ah, sí. Porque era una terca; y una gigantesca…

Se despertaron al mismo tiempo; se bajaron de la cama al unísono. Incluso bostezaron y se estiraron igual. Si hubieran sabido hasta qué punto estaban sincronizados, sin proponérselo en absoluto, las cosas hubieran marchado tan diferentes desde hiciera tanto tiempo ya…

Pero ahí estaban. Solos y separados a pesar de estar tan cerca…

"Voy a encontrarte, Helga" pensó él, mientras apuñaba decididamente las manos.

"Voy a encontrarte, maldito trabajo" le espetó ella al ceñudo reflejo del espejo.

Oh, sí. Estaban sincronizados. Demasiado.

Incluso abrieron su puerta al mismo tiempo.

Menos mal que él la miró primero.

Se aventó hacia atrás apenas la miró. La chica volteó, curiosa, al escuchar el portazo a unos cuartos más allá, apenas alcanzando a vislumbrar un borrón rubio desapareciendo tras la lámina de madera ¿Acaso…? No. No podía ser… inmediatamente se encogió de hombros y siguió su camino; tenía cosas más importantes en las qué pensar, sin mencionar que comenzaba a volverse loca, aparentemente.

¡Rayos! ¡La había tenido tan cerca todas esas horas! ¿Iría a quedarse ahí más tiempo? ¿O sólo habría planeado pasar esa noche? Y lo más importante: ¿Tendría Helga dinero para subsistir? Esos imbéciles le habían robado la mochila, en la que, seguramente, traía su cartera… No le quedaba de otra más que seguirla.

oOo

Los hombros del hombre saltaban a cada momento, tratando de concentrar su atención en el periódico matinal. ¿Pero cómo rayos podría hacerlo con tanto ruido? Ahí adentro parecían estar ensamblando un maldito navío en lugar de estar haciendo el desayuno. Pero más le valía no abrir la boca; Miriam estaba de malas –endemoniadamente de malas-, y por partida triple.

Primero, su nena andaba vagando por ahí, y eso la preocupaba demasiado, sin mencionar que le aterraba que las autoridades se enteraran (siempre había estado, desde aquélla ocasión, un poco histérica respecto al tema).

Segundo, lo odiaba por estar tan calmado. Y es que no importaba cuántas veces él le explicara que todo estaba bajo control, ella seguía aterrada, aún cuando le asegurara que su terca hija estaba completamente segura; ya se lo había explicado, pero ella simplemente no entendía… con un demonio…

Y Tercero… "ella" estaba allí… y furiosa.

Siempre había sido igual; Miriam se ponía como loca cuando ella estaba en casa; al principio de su matrimonio, para demostrarle que era la mejor ama de casa y esposa del mundo… y la mejor madre, un poco después. Cuando la cosa había comenzado a irse al demonio, para aparentar que todo estaba bien, después, para asegurarse que no fuese a venir a casa… Después de que la bomba había estallado, al parecer, al pasar tanto tiempo juntas de nuevo, la había hecho bajar la guardia… pero ahora debía mostrarle de nuevo que las cosas marchaban viento en popa… aún cuando la más pequeña de sus hijas andaba vagando por allí y la mayor estaba sumergida en una depresión tan severa que no quería abandonar su cuarto por nada del mundo…

Pobre Miriam. En parte, la comprendía… pero a ese paso la batería de cocina iba a terminar destrozada… junto con sus nervios…

-¿Te ayudo con eso?-preguntó, mientras le quitaba la sartén de la mano.

-Bien, bien; hazlo… -soltó ella, asintiendo vehementemente con la cabeza –voy a preparar una ensalada de frutas entonces…

Corrió cuando la miró a punto de empuñar el cuchillo.

-¿Por qué no mejor te vas a dar un relajante baño? –inquirió, nervioso.

La mujer lo miró con los ojos inyectados de sangre… y el cuchillo en la mano.

-¿Qué te pasa? ¿Piensas que no soy capaz de preparar un tonto desayuno?

El otro resopló mientras levantaba las manos; no debía dejar que se le contagiara su tensión.

-Eres perfectamente capaz de hacer lo que quieras, Miriam –soltó, tratando de sonar lo más calmado posible –, sólo quiero que te relajes… no dormiste bien anoche.

-¿Y cómo quieres que duerma bien sabiendo que… -había comenzado, pero se detuvo en el acto –Bien… -soltó, mientras exhalaba largamente –voy a confiar en ti, como te dije.

-Y yo te lo agradezco –respondió Bob mientras le quitaba el afilado objeto de las manos –en serio, gracias… significa mucho para mí –agregó, mirándola a los ojos.

Sorprendentemente, ella sonrió.

-De nada –le respondió, mientras le echaba tímidamente los brazos al cuello –, eso es lo que las parejas hacen: se apoyan mutuamente.

Y se besaron.

Fue un beso corto, algo tieso y ligeramente forzado. Después de tanto tiempo separados, y aún más en tanta tensión, pleitos e insultos, era lógico que aún no se sintieran completamente cómodos el uno con el otro. Claro que cuando Helga estaba en casa y Olga andaba tan optimista como siempre, la cosa había sido más fácil.

Sí, sin duda la situación no ayudaba mucho, pero que Miriam hubiera decidido apoyarlo a la hora de la verdad, había significado demasiado para él… y había decidido decírselo, porque, bueno; porque esa estúpida psicóloga así se lo había aconsejado… y aunque no le gustara admitirlo, funcionaba.

-Me voy a bañar, entonces –y se fue.

Una hora después, y una cazuela quemada, mucha comida desperdiciada y dos platos menos en la alacena, había decidido que era mejor sacar a las chicas a desayunar a un restaurante.

Y ahí iba él, mirando por el retrovisor a una aún nerviosa Miriam, a una lúgubre Olga que casi habían tenido que sacar de su habitación a rastras… y a su suegra, ahí, junto a él, con cara de que aún no se daba por vencida…

Genial. Tres generaciones de hormonas que lo estaban volviendo loco… poniéndolo en esa perspectiva, Helga era la más manejable de todas… Sí que les hacía falta en ese momento; a todos. Olga tendría a quién abrazar y mimar, y de quién esquivar los manotazos; Miriam tendría alguien a quién rogarle que por favor se comportara esta vez con su abuela; y la abuela tendría alguien con quién pelear, además de él, claro…

Helga, Helga, Helga… Cómo extrañaba a su pequeña fierecilla…

Y la pequeña fierecilla extrañaba a su papá… o, al menos, a su dinero.

Con un tonto beso ya tendría con qué desayunar, aunque, estando con él, la comida no le faltaría, claro, por lo que ese dinero lo podría usar para comprarse al menos una blusa barata… sentía que tenía toda la vida usando esa… Estúpido Elliot que la había obligado a ponerse ese esperpento floreado… Y su anterior blusa, ¿Dónde rayos había quedado? En la casa del chico, seguramente, cuando éste le había pasado una blusa de su madre… blusa que el mismo se había guardado, cuando ella se había puesto la otra… ¿Por qué no la había guardado en su mochila, junto con el pantalón…? Bueno, igual esos idiotas se la habrían robado…

Suspiró. ¿Qué rayos tenía el mundo contra ella? ¿Acaso el universo la estaba haciendo pagar por todos esos años de crueles torturas a ese cabeza de balón?… Ese tonto, ¿Qué estaría haciendo en ese momento?

Siguiéndola, varios metros atrás.

Tenía hambre, pero no podía perderla de vista, ¿Qué acaso ella no iba a desayunar? Tal vez ya lo había hecho en su habitación… o tal vez no traía dinero.

Y sí; no traía dinero.

El dinero del borracho apenas le había alcanzado para pagar tres noches en ese mugroso motel, hacer un par de llamadas (una a Arnold, otra a Phoebe), y ahora sólo le quedaba un bolsillo tan vacío como su estómago… al menos tenía dónde dormir… por ahora…

Así que Helga andaba buscando un trabajo. No tenía dinero, entonces. Él había tratado de gastar lo menos posible de la tarjeta de su padre (no quería imaginarse lo castigado que iba a estar cuando volviera a casa), aún así, ya llevaba gastada una suma algo considerable… ¿Cómo rayos le estaba haciendo Helga? La miró entrar a un local, luego a otro… y de ese ya no salió. Se asomó luego de un rato, y no la miró, un rato más, y la vio salir con un uniforme de camarera, que consistía en un simple vestido rosa, liso, arriba de la rodilla, con cierre en la parte de enfrente y el cabello agarrado en una cola de caballo. Lucía tan linda… y tan… de antes…

Sonrió. En verdad ese atuendo le recordaba sus años de primaria, en la que rara vez se quitaba ese vestido rosa… y ese moño. ¿Dónde habría terminado?

Sacudió la cabeza. Tenía hambre y, al parecer, Helga iba a estar ahí un buen rato, así que fue a buscar dónde comer, y a idear una manera de pasarle un poco de dinero a la chica sin que supiera que venía de él... Ojalá que al menos le dieran de comer; al fin que era una cafetería.

Y sí, le dieron de comer.

-¿Cuánto tiempo tenías sin probar bocado, criatura? –la mujer la veía divertidísima, tanto, que ni siquiera prestaba atención al cigarrillo que se consumía solo en su mano.

La rubia no le contestó. No tenía ganas y tenía la boca ocupada.

-¿Estás huyendo? –inquirió en voz baja, sentándose a su lado.

-Estoy comiendo –fue toda la respuesta de la otra.

La mujer al fin atendió el humeante carrujo en su mano. Qué chica más extraña. Un día antes había llegado ahí toda arrogante a pedir trabajo. El jefe había estado interesado en ella, la verdad (caramba, era joven y bonita, y eso siempre atrae clientes) pero como no había tenido cómo identificarse, no la había contratado. La chica había salido de ahí con cara de "no me importa, conseguiré un trabajo mil veces mejor," y ahora volvía, igual de arrogante, y aterradoramente sumisa a la vez. Había entrado hacía unas dos horas, con la misma ropa del día anterior, los había mirado a ambos (ella era la cajera, que había tenido qué estar haciéndola de mesera también, junto con el propio jefe, desde que Betty había renunciado, hacía dos días, para huir con su novio motociclista… en fin). La chica los había mirado, había fruncido el ceño y había soltado el discurso más raro que hubiera escuchado en su vida "Escúchame, Frank," había soltado, leyendo el gafete de identificación del tipo. Era lista; inmediatamente había sabido a quién debía dirigirse "tengo mis motivos para estar aquí" Había continuado ", es verdad, pero no soy una criminal, ni nada; sólo necesito dinero, y ya. No estoy diciendo que pretendo quedarme a trabajar aquí para siempre, pero puedo ayudarte mientras consigues a alguien más. Mírame. –se señaló a sí misma- ¿No cumplo con los requisitos? Soy joven, bonita, y vaya que tengo ganas de trabajar… no te pido mucho; págame una miseria, si quieres, sólo dame las comidas. Si quieres, me quedo hasta que cierres; explótame, no me importa, al fin que no será mucho tiempo."

El hombre la había mirado, confundido, y entonces ella había intervenido.

-Contrátala, Frank –había dicho –yo ya no soporto los pies, y tú no eres especialmente "bonito" como para que los clientes vengan aquí sólo a verte.

Y Frank la había contratado. Estaría dos horas a prueba, y si lo convencía, le daría de comer y estaría contratada… Y lo había hecho. La chica aprendía todo muy rápido y trabajaba bien, y era linda, aún con ese horrible vestido encima.

…Pero, por más que la veía, no se imaginaba cuál sería su historia. Por sus manos, la chica no había trabajado en su vida, pero era lo suficientemente lista para aprender todo rápido, y sabía las palabras exactas qué decir a la gente para convencerlas de lo que quería (Tanto a Frank como a los clientes, a quienes hacía comprar un postre, o una ración extra de papas fritas, o una malteada, aunque no las quisieran). Venía de buena escuela, sin duda, y por su manera de expresarse, y por su aspecto en general (aunque su ropa ya comenzaba a verse sucia), venía de una familia acomodada… Y decía que sólo estaría unos días ahí… ¿Cuál sería su historia?

-¿Tienes en dónde quedarte? –Le preguntó –yo vivo sola, te presto mi sillón, si quieres.

La chica al fin volteó a verla, se pasó el gran bocado de su hamburguesa con un trago de agua y le sonrió… o algo así.

-Gracias –dijo –, pero ya tengo en dónde quedarme.

-Ah, ¿sí? Genial… eres más capaz de lo que creí, niña.

-No es la gran cosa –se encogió de hombros y siguió comiendo.

Eran las seis de la tarde, y estaba agotada. Vaya que esa cafetería tenía clientes… pero en serio estaba agarrando propinas, y eso era bueno. Increíble lo que lograbas con una sonrisa ligeramente coqueta con un completo extraño; los hombres eran tan simples… y TAN idiotas…

-¿Perdón?

-Que si puedes traerme otra taza de café, linda.

-Ah, claro, cariño, vuelvo enseguida…

Dio diez pasos y volvió a asomarse por la ventana.

…¿Acaso…?

No. Debía estar volviéndose loca, definitivamente.

Por fin, la extenuante jornada laboral había terminado.

-Supongo que quieres que te pague ahora, ¿verdad?

La rubia asintió.

-Sabes –soltó el hombre –si quieres puedes quedarte a trabajar aquí de planta –dijo –me da igual cómo te llames o de dónde vengas o qué hayas hecho; jamás había tenido tantos clientes en este maldito lugar, y nunca había visto que una sola persona pudiera con algo así.

La muchacha sonrió, mordaz.

-No te acostumbres –dijo –como ya te mencioné, estaré aquí por poco tiempo, así que sigue tu búsqueda de otra trabajadora, aunque dudo que encuentres a alguien tan eficiente como yo.

-Es una lástima –soltó el otro encogiéndose de hombros –, toma, "Lola" te los ganaste.

Y le pasó una suma que no era ni una tercera parte de lo que había obtenido de propinas, aún cuando había tenido qué compartirlas con Martha, la cajera.

Bien. Si no triunfaba como escritora profesional en el futuro, al menos ya sabía en qué sí sería exitosa, sin duda…

Iba a entrar a la cocina, donde Martha tenía un sweater que iba a prestarle, cuando lo vio de vuelta. ¿Pero qué demonios…?

Estaba exhausto, pero feliz.

Vaya jornada se había aventado ese día… había andado por toda la ciudad contándole a los tipos que se encontraba sobre la hermosa mesera que tenían en la cafetería "Henson's corner" y sobre lo deliciosa que era la comida allí… seguro que eso había significado mucho más trabajo para la pobre de Helga, pero, esperaba, también un poco más de dinero para ella.

La había seguido al motel, y había esperado un rato después de que hubiera entrado para él hacer lo propio. Escaneó el panorama antes de entrar a su pieza. Además de una solitaria figura que fumaba un poco más allá de su puerta, todo estaba despejado. Ya con confianza, el chico se dirigió a su puerta y la abrió.

…Y entonces, cuando se disponía a cerrar, alguien lo empujó violentamente hacia dentro del cuarto y cerró la puerta tras él. Inmediatamente se puso en alerta; miles de cosas comenzaron a cruzar a la velocidad del relámpago por su cabeza, especialmente que este tipo se hubiera topado antes con Helga, y ya estaba planeando cómo se iba a defender, cuando la figura se quitó la capucha de la amplia sudadera que usaba…

Demonios.

Era Helga, -¿cómo diablos lo había descubierto?- y lucía furiosa…

-Arnold… -siseó, mirándolo con los ojos entornados.

-¿Desde cuándo fumas? –Soltó lo primero que se le vino a la cabeza. Sin duda, ahora que lo pensaba, esa figura que había visto fumar era ella; incluso aún estaba impregnada de ese desagradable aroma… y usaba esa enorme sudadera.

-¿Es en serio? ¿Eso es todo lo que tienes qué decir? –estaba enfadada… y mucho…

-¿Qué quieres que diga? –respondió él, tratando de sonar calmado, pero la verdad era que su corazón estaba a mil por hora.

-No lo sé, qué demonios haces aquí, y por qué rayos me has estado siguiendo, para empezar… -soltó, mientras daba un paso hacia él, mirándolo con los ojos entornados y los puños apretados.

-Cuidándote –respondió el otro, frunciendo el entrecejo –No pretenderías que te dejara vagar por las calles sola, ¿o sí?

Para su sorpresa, la chica se echó a reír, pero con una risa cansada, mientras se llevaba una mano aún ligeramente apuñada a la frente.

-No puede ser, Arnold; en serio, esto no puede ser –soltó, mientras se sentaba pesadamente sobre la delgada e incómoda cama.

El chico la miró confundido, y preocupado… ¿Cómo rayos había metido la pata esta vez?

-¿Desde cuándo me sigues? –inquirió, con una desesperanzada mirada en su rostro.

-Desde… que te fuiste de mi casa... –se sentó con precaución junto a ella.

La chica suspiró, mientras esa silenciosa risa la atacaba de nuevo.

-¿Mis padres se enteraron?

-No lo sé –reconoció él –dejé una nota…

-¿La nota tenía mi nombre?

El chico asintió, pero luego agregó un "sí" al darse cuenta que la chica no lo estaba mirando. Tenía la vista clavada al frente.

-Diablos…

-Helga… -trató de tocar su hombro, pero la chica se volteó violentamente hacia él.

-Estarás feliz, Arnoldo –soltó con renovados bríos –;todos los problemas, todas las estupideces por las que he tenido que pasar, ahora son inútiles, ¡Y todo gracias a ti!

El chico la miró con una ceja levantada.

–¿Perdón? –¿qué había hecho él?

-¡Zopenco! –Exclamó –Se suponía que estaría aquí y esperaría hasta que las autoridades se enteraran –o estuvieran a punto de enterarse, más bien- para que a mis padres no les quedara otro remedio que rogarme que volviera, a vivir bajo mis propios términos, ¡pero eso ya no se podrá gracias a que dejaste una maldita nota, con la cual fácilmente podrán decir que no se trata de una negligencia de su parte, sino de una niña caprichosa que decidió darse unas vacaciones con su novio sin avisarle a nadie! ¿Entiendes? ¡El drama de la chica obligada a vagar en las calles ya ha quedado invalidado! ¡Y todo gracias a ti!

El chico la miró, encogido y ofuscado. No sabía si había entendido del todo lo que había dicho Helga; lo que sí tenía bien claro es que acababa de echar a perder los planes de Helga… demonios…

-Helga, yo…

-¡Tú, nada! –la muchacha se había puesto violentamente de pié, y ahora le hundía el índice en el pecho -¡Eres un idiota, y punto! ¿Tienes una idea de todo por lo que he pasado? ¡Si has estado siguiéndome, deberías! –bruscamente se separó de él y comenzó a dar vueltas por la habitación –Seguro que Big Bob debe estar atacado de risa en este momento, mi estúpido plan se fue a la mierda… ¡Él va a ganar, Arnold! –Clavó la enrojecida y colérica mirada en él -¡TÚ LE DISTE LA VICTORIA A BIG BOB!

Arnold se llevó una mano a la frente.

-¿La victoria, Helga? ¿Todo esto es una competencia entre ustedes, o qué? –la miraba con la frente arrugada y la mirada cansada, tratando de entenderla. La chica soltó una despectiva carcajada.

-¿Qué más da? –preguntó –es algo entre mis padres y yo, Arnold ¡entre el gran Bob y yo!, tú no tenías por qué meterte..

-Pues perdóname por preocuparme por ti –soltó, enfurruñado y avergonzado –, perdón por pensar que podía hacer algo bueno por ti, para variar.

Los ojos azules se clavaron en él de nuevo.

-¡Ah, no, Arnoldo! ¡No quieras hacerme sentir mal por esto!

-¡No es lo que intento! –exclamó el otro; los puños cada vez más apretados a medida que la animosidad de la chica se le contagiaba -sólo quería asegurarme de que no te pasara nada; tal vez, si me hubieras contado tu plan, hubiera sabido qué hacer.

La chica lo miró de nuevo, pero esta vez, había curiosidad debajo de la molestia.

-¿Y qué hubieras hecho, Arnold?

El rubio la miró un momento.

-Yo…

-¿Sí? –los ojos de ella eran dos rendijas.

-Igual te hubiera seguido.

La chica dio un bufido fenomenal y se dejó caer pesadamente sobre la cama de nuevo.

-No tienes remedio –exhaló.

-Supongo que no –asintió él, con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada fija en ellas.

A su lado, la chica suspiró, había dejado caer la espalda sobre el colchón.

-De haberlo sabido –dijo –me hubiera quedado con Elliot…

El chico entornó los ojos mientras un calor muy fuerte le abrasaba el estómago… Elliot…

La otra rio de repente.

-Así que estamos de luna de miel oficialmente ¿eh?

El chico la miró, confuso y asombrado.

-Se supone que huimos juntos, ¿no?

-Eso pensaban mis padres anoche que les llamé…

-Y tú les dijiste que…

-Que no podía darles detalles, pero que ambos estábamos bien…

-Sublime… -la chica se cubrió los ojos con la mano.

Y duraron un rato así; uno junto al otro, inmóviles; sin emitir más sonido que el de su propia respiración.

Diablos. Tenía el plan perfecto. Ella iba a durar unos días allí, la escuela iba a notar su ausencia e iban a mandar llamar a sus padres, cuando la escuela les preguntara por ella, tendrían qué sacar alguna excusa, luego buscarla enseguida y pedirle que volviera, a lo cual ella accedería… bajo sus propios términos, claro. Y estos serían volver las cosas a como estaban antes, que era como había funcionado hasta el momento… Big Bob tendría qué tragarse su orgullo, y ella ganaría… dos pájaros de un tiro; genial.

Pero ahora, gracias al metiche cabeza de balón, cuando los mandaran llamar a la escuela, dirían que había huido con Arnold, y allí estarían los padres del mismo Arnold para dar fe de la veracidad de su padre… incluso tendrían una maldita nota de el mismísimo puño y letra de ese tonto para comprobarlo…

Lo miró, sentado allí, encogido, meditabundo… seguro sumergido en otra de sus estúpidas fantasías en donde el mundo era perfecto, donde todas las personas merecían una segunda, y hasta una tercera, quinta o enésima oportunidad, y donde perdonar era lo más sencillo del mundo… vaya tonto… vaya chico raro y hermoso… tan dulce y bueno… oh, ángel de divina inocencia; refulgiendo como la luna llena en medio de ese negro cielo de porquería en el que vivía… ¿Por qué? ¿Por qué demonios la vida era así con ella? ¿Por qué se lo ponía así, en bandeja de plata, cuando sabía perfectamente que era imposible que pudiera estar con él…?

-Vaya luna de miel, ¿eh? –soltó el chico junto con un suspiro, así, de pronto; con una triste sonrisa cruzándole el rostro.

-Sí; seguro que piensan que no nos hemos bajado de la cama en todo el día…

-Sí… -las mejillas del chico se habían coloreado ligeramente.

…Y sus miradas se cruzaron.

-Qué demonios, al fin que todos ya lo creen, ¿no? –resopló la rubia, mientras se encogía de hombros y luego le saltaba encima.

oOo

-Quédate aquí.

-No. Y ve sabiendo que esto no cambia nada, Arnold.

-Igual que no lo hizo la última vez; entiendo…

La miraba vestirse parsimoniosamente, recortada su silueta contra la tenue luz de la farola de la calle que entraba por la ventana. Había un mar de sentimientos dentro de él, y casi ninguno era bueno. Se sentía extrañamente vacío al saberse solo dentro de unos cuantos minutos, después de haber estado tan increíblemente cerca de esa mujer que seguía escurriéndosele como agua entre los dedos… Se sentía inútil, mucho más que antes, como si nunca fuese a ser capaz de ayudarla de nuevo… se sentía humillado, sin control de su vida… Se sentía utilizado, y sobre todo, muy, pero muy… …feliz. Sí; no había forma de que no se sintiera feliz después de haber estado con el amor de su vida… dijera ella lo que dijera.

-No te entiendo –soltó de pronto.

La chica volteó. Sabía que esto no haría más que provocar otra pelea, pero cualquier cosa era mejor que dejarla que se fuera.

-¿Por qué es tan difícil para ti…? –aclaró -Volver con tus padres, quiero decir.

La chica entornó los ojos; apenas podía distinguir su cara, pero sabía que lo había hecho.

-¿No entiendes? –Masculló -¿Acaso soñé la charla que tuvimos el viernes en tu cuarto, Arnold?

El chico negó.

-La recuerdo perfectamente –reconoció –, pero a pesar de lo horroroso que fue todo lo que pasaste –la chica se sobó el antebrazo, incómoda –recuerdo también que me dijiste que tu familia era lo más importante para ti; que los querías contigo más que cualquier cosa…

-Estaba drogada –soltó, visiblemente incómoda.

-Sabías perfectamente lo que decías –la contradijo él, aún bajo las sábanas.

La chica fue a sentarse a su lado, aún no se había puesto la blusa.

-Los quiero a mi lado –reconoció –pero no a todos juntos… no necesito recordarte cómo se pusieron las cosas la última vez, ¿verdad?

-¿Te mataría darles una oportunidad? –se había incorporado y sentado junto a ella –piénsalo: en menos de dos años te habrás ido a la universidad, y jamás volverás a vivir con ellos…

-¿Quién dice eso? –lo miraba molesta.

-Lo digo yo –dijo él, y sonrió, con esa sonrisa tan suya; más radiante que el mismísimo sol –porque para cuando te gradúes, -agregó - estarás casada conmigo, o a punto de hacerlo… y por nada del mundo viviré con tus padres, ya sea juntos o separados.

Helga lo miraba atónita.

-Arnold –soltó, casi asustada -¿He estado hablando con una pared durante todo este tiempo? ¿Qué parte de "estamos acabados" aún no comprendes?

El chico frunció el ceño; su hermosa sonrisa se había esfumado.

-No lo sé, Helga –dijo –tal vez el hecho de que, desde que me lo dijiste, no has parado de repetirme que me amas; que hemos hecho el amor dos veces, que te has abierto conmigo de una manera fenomenal, como nunca antes lo habías hecho, me atrevería a decir que con nadie; que me has abierto totalmente tu corazón de una manera increíblemente hermosa frente a decenas de personas… -su semblante se endureció -o tal vez sólo se deba al hecho de que, de esa decisión de la que pareces tan segura, y que no sólo te atañe a ti, por cierto, yo nunca he sido tomado en cuenta, ni por asomo, y te recuerdo que me concierne en la misma medida que a ti, querida…

La rubia lo miró un momento, luego dejó de hacerlo. Las manos apretaban las arrugadas y destendidas sábanas sobre las que estaba, tenía el ceño ligeramente fruncido; se mordisqueaba el labio inferior.

Luego de un rato que pareció eterno, al fin lo miró de nuevo.

-Dormí con Elliot –soltó de pronto; así, como si nada –, justo la noche antes de que te abriera mi corazón frente a todos esos idiotas, Arnold.

Los zafiros de su rostro estaban clavados en él; se le enterraban en el alma…

Él no respondió, estaba en shock… debía estar bromeando…

…Esa mirada …No lo hacía…

Duraron rato así, hasta que ella al fin se puso de pié.

-¿Ves como es de fácil decir algo así? –soltó, con la voz algo rota, mientras se ponía la blusa –espero que eso te ayude a aceptar mi idea, Arnold.

Y abandonó la habitación, con los zapatos y la enorme sudadera aún en la mano.

Y él se quedó ahí; de piedra en la cama. ¿Qué acababa de decir Helga? ¿Habría sido posible que…?

Bien; esta chica siempre tenía la medida exacta para hacerlo sentir el dolor de la forma más potente que se pudiera…

¿Por qué no sólo la había dejado irse hacía un momento?

Se inclinó hasta quedar con la cabeza sobre las rodillas ¿Por qué…?

oOo

El amanecer los despertó de nuevo, al mismo tiempo, otra vez, pero en esta ocasión el chico sólo se dio la vuelta y luchó por seguir durmiendo; ella, por pura inercia comenzó a vestirse para ir al trabajo; ¿De qué demonios le servía ya?

Ambos tenían los ojos hinchados de haber llorado toda la noche.

¿Por qué lo había hecho, con un demonio, por qué?

No había sentido remordimientos entonces; ni siquiera una pizca de confusión. No había significado nada, a decir verdad. Sólo se había dejado llevar; justo como lo había hecho el rubio con Lila. No estaba ebria, pero estaba devastada anímica y psicológicamente, eso debía de bastar, ¿no? Ya ni siquiera estaban juntos, y, a decir verdad, lo necesitaba, por su propia salud mental. Cuando se había levantado esa mañana, se había sentido liberada. No era la tonta niña buena y sufrida que una vez había sido su madre; ella era diferente; si alguien le daba un golpe, lo devolvía, y si una relación había llegado al punto de no retorno, la abandonaba, por mucho que la consumiera por dentro.

Elliot era su amigo, pero nada más, y eso él lo tenía bien claro, y amaba a Arnold aún, eso ella lo tenía bien claro, también.

¿Significaba eso, el haberse liberado de la sombra de la una vez joven e inocente Miriam, que ahora podía volver junto a Arnold y hacer a un lado lo pasado?

…No.

Lo había sabido cuando lo había visto ahí, sentado cándidamente, el día del concurso.

No se lo merecía.

Lo que había hecho, había sido para lastimarlo. Había querido hacerle daño, de la misma forma en que él se lo había hecho a ella.

¿Habría actuado él así?

¿Y qué más daba? Ella no era él; había resuelto las cosas a su propia manera, ¿no? ¿Entonces por qué sentía que todo no había hecho más que empeorar?

Estúpida de ella que había pensado que acostándose con otro resolvería todos sus problemas, sus inseguridades…

Pero… ¿Desde cuándo era ella insegura…?

Desde que él había vuelto, y le había recordado, inconscientemente, quién era ella realmente en el fondo…

Una idiota que no podía respirar si no lo tenía a su lado, y que, al mismo tiempo, no conocía la forma de retenerlo un minuto frente a ella sin hacerle daño…

Alguien incapaz incluso de llevarse medianamente bien con su propia maldita familia…

Demonios. Ese chico merecía algo mejor que ella…

¿Acaso ahora que ambos se habían sido infieles, se considerarían en un plano de igualdad y seguirían con sus vidas?

Por supuesto que no; ahora ambos se guardarían rencor, y eso no haría más que crecer en el tiempo… porque quien tomaba el papel de la inocente Miriam en esta historia, no era ella, sino él… lo había comprendido en ese momento ahí, sobre el escenario…

…Y así, sin proponérselo, y sin entenderlo del todo, habían regresado al punto en el que habían empezado, en plena competencia de poesía; con el mundo desmoronándosele en el momento justo en que todas las luces apuntaban frente a ella, en el que el micrófono estaba ahí, listo a magnificar cualquier burda palabreja que saliera de su boca en ese momento de extrema frustración, en medio de un escenario y con toda la audiencia dispuesta (literal), para beberse hasta sus más ínfimos rastros de agonía; con él como testigo principal de esa absurda tragicomedia melodramática.

…Vaya basura barata, ese show en el que se había convertido su ya de por sí absurda vida…

No la había motivado el deseo de no parecerse a su madre lo que la había alentado a alejarlo (o al menos, intentar alejarlo) de ella…

…Había sido la absoluta certeza de que, en el fondo, él siempre sería demasiado bueno para ella… y que tenía qué alejarlo, como siempre, porque era lo único que sabía hacer bien…

Porque no conocía otra forma de vivir…

"Sólo se harán daño ustedes dos" Eso le había dicho Lila… y había tenido tanta razón…

¿Acaso había lastimado también a Elliot…?

Por supuesto que sí; con mil demonios…

Él sí la amaba, ¿no?

…Al menos en su muy peculiar manera…

oOo

Las sartenes sonaban con normalidad esta vez. Por fin Olga había decidido abandonar su habitación, y ahora ambas preparaban el desayuno para el hombre de la casa, y su suegra ya no estaba… ¿No debería hacerlo eso feliz?

No. Porque la mujer se había ido sin cambiar de opinión, y podría mandar al demonio sus planes.

¿Por qué nadie podía comprenderlo…? Porque no se lo merecía, simple y sencillamente. Había sido demasiado ambicioso desear algo más de lo que la vida le daba en ese momento… debería haberse sentido afortunado con al menos tener una ex esposa con la que se llevaba aceptablemente bien, un par de hijas que, a pesar de todo, no le guardaban demasiado rencor, y a las que veía de vez en cuando… pero eso era mejor que nada, ¿no? Porque eso era exactamente lo que se merecía: nada. Había sido un monstruo, y aún así la vida no se las había quitado… pero debía de querer siempre más, como el cerdo egoísta y ambicioso que era…

Suspiró, mientras el delicioso olor de la tortilla española lo envolvía… Tal vez había llegado la hora de rendirse… Sólo esperaba no haber llevado las cosas hasta el punto de no retorno esta vez…

oOo

-Toma Frank, tu sudadera.

El hombre la miró con una ceja levantada.

-Te dije que podías quedártela dijo.

-Gracias, pero ya no la necesito –soltó la otra mientras tomaba su uniforme y se dirigía al cuarto de atrás para cambiarse de ropa. Si este día le iba tan bien como el anterior, tal vez podría comprarse una muda de ropa y al fin quitarse eso… tal vez Martha pudiera presarle su lavadora, o tal vez lavárselo, como se había ofrecido tan amablemente a lavarle el uniforme, cuando se había enterado de que no tenía dónde hacerlo… aunque si consideraba lo que le había dado de propinas el día anterior, lavar un mugroso uniforme había sido poco.

Luego de desayunar comenzó su jornada, feliz de ver varios clientes que la harían olvidarse del tonto cabeza de balón y todo lo que la rodeaba por un rato. Quién sabe, tal vez consiguiera un trabajo una vez de vuelta en Hillwood (cosa que haría muy pronto, sin duda, para su desgracia)…

Le había gustado eso de conseguir dinero por su cuenta, y si iba a tener que lidiar con Arnold por el resto de su vida (al menos, en lo que entraba a la universidad; sin mencionar que tendría que vivir con Miriam y Bob… juntos), tendría qué encontrar en qué mantenerse ocupada. Tal vez terminara como una adicta al trabajo, como su papá… genial. Toda la vida huyéndole a la sombra de su madre, para que terminara siendo como su padre.

En fin. La jornada laboral comenzó; un poco más floja que el día pasado; de hecho, tuvo un momento para sentarse, pero no lo utilizó para eso, en su lugar, se puso a limpiar la pequeña barra que había tras el mostrador, mientras Martha hacía lo suyo (en el instante en que se quedaba inactiva su mente comenzaba a viajar sin remedio hacia gigantesco su mar de problemas).

-Buenos días, ¿En qué puedo ayudarle? –inquirió la voz de Martha a sus espaldas.

-Buenos días –la espalda de Helga se puso tensa de pronto; ¡Acaso era…? –quisiera ordenar una nieta, por favor.

-¿Una qué, perdón? –Martha sonaba confundida.

-Una nieta –le confirmó una MUY conocida voz –rubia y larguirucha, por favor, y con extra de necedad y estupidez, si es tan amable.

La rubia exhaló muy largamente y al fin volteó. Tanto Martha como su mismísima abuela la miraba fijamente.

-Abuela… -masculló, con el trapo de limpieza aún en la mano.

-Tú y yo tenemos qué hablar muy seriamente, jovencita.

Helga bufó; Martha la veía, divertida.

-Entonces sí huiste de casa, ¿cierto? –soltó, burlona, mostrándole sus amarillentos dientes producto de exceso de tabaco en el proceso -¿Qué sucedió, señora, no quisieron comprarle un poni?

Anja sonrió, sarcástica.

-Algo así –soltó –¿no es verdad, endemoniada nieta berrinchuda?

Martha lucía fascinada.

-Estoy trabajando –fue toda la respuesta de ella, mientras se volteaba a seguir limpiando.

-Bien, vengo por ti a la salida, ¿a qué hora sales?

-A las siete –le respondió la cajera, al ver que "Lola" se negaba a responder.

-¿A las siete? –repitió la anciana, asombrada.

-El patrón es un explotador –suspiró, encogiéndose de hombros.

-Bien, a las siete estaré aquí, Helga.

Y salió del local sin esperar respuesta.

-¿Helga?

La chica volteó de mala gana; Martha la miraba divertidísima.

-Vaya nombre raro; mejor sigo llamándote "Lola."

"Lola" Sí; así decía su gafete, con caracteres de su propio puño y letra; un nombre falso, sin duda; ella jamás había tratado de ocultar eso… ¿Por qué "Lola"…? Quién sabe; había sido lo primero que se le había venido a la cabeza.

-Cállate, Martha –soltó mientras seguía limpiando la barra, con la ya familiar burlona risa de la susodicha a sus espaldas.

oOo

A las siete había dicho su abuela. Claro; a las siete ya iba a ir camino a… ¿A dónde? ¿Acaso su abuela intentaría obligarla a regresar, o le permitiría quedarse con ella…?

Quedarse con Anja significaría no aceptar la derrota frente a Bob, y no tener que tener todo el tiempo encima a Arnold, haciendo con su sola presencia su vida más miserable; tampoco tendría qué encarar a Elliot, aunque no estaba segura si él significaría un obstáculo realmente; es decir, el chico era increíblemente maduro y despreocupado… o al menos eso aparentaba… era por eso que lo había elegido a él, de entre los cientos de chicos que conocía para, bueno… desahogarse…

¿Eso la convertía en una mujerzuela, acaso?

-Hey, tesoro, ¿Podrías traer tu lindo trasero aquí, por favor?

Bien. Si se quedaba en esa ciudad, lo primero que haría sería conseguirse un trabajo donde no tuviera que responder con una sonrisa a cada imbécil que mencionara su trasero de forma TAN fácil.

"Necesitas el dinero, Helga" se repitió una vez más, al tiempo que volteaba la cabeza hacia donde provenía la voz. Si algo había aprendido el día anterior, era que esos imbéciles eran los que mejores propinas dejaban…

Oh-oh…

Ella conocía a ese imbécil…

Y por la cara del imbécil, también la reconoció a ella…

¿Acaso debía salir corriendo?

No.

-Hola Lola –canturreó al mirarla frente a él, con esa asquerosa sonrisa que le provocaba ganas de vomitar.

-¿Puedo tomar su orden? –inquirió, fingiendo no conocerlo.

-Un café bien cargado, tesoro –respondió al tiempo que entornaba los ojos, que en ese momento mostraban un escalofriantemente malicioso brillo –y un par de huevos estrellados… que los prepare el cocinero esta vez, por favor.

Helga levantó una ceja fingiendo no entender, y se fue de allí.

Sí. Mejor se iba con su abuela saliendo de allí… a donde quisiera llevarla.

oOo

-Lola, tengo qué cerrar –Frank bostezaba sonoramente en su asiento –ya conté el dinero, acomodé el local y todo lo que tenía qué hacer; te agradezco que me hayas ayudado, y comprendo que tu abuela aún no ha llegado y eso, pero puede volver aquí mañana, ¿no? Tal vez más tarde te conteste el teléfono.

Helga suspiró. Frank tenía razón; ya eran las ocho y media, y ella también se moría de sueño.

-Bien –soltó –préstame tu chamarra de nuevo, Frank.

-Es tuya –respondió el otro encogiéndose de hombros –hace siglos que no uso esa cosa horrible.

Salió de local con la capucha puesta; además de frío, estaba corriendo viento. ¿Qué rayos habría sido de su abuela? No había llegado a las siete; a las siete y media le había marcado a su casa, pero o había respondido; luego a las ocho, y nada… Royos, ¿Por qué no podía utilizar un celular, como la gente común…? Aunque, si lo pensaba, ella tampoco tenía uno… Cosas de familia, supuso.

Y entonces silenció su cabeza.

La forma en que ese imbécil le había hablado, y, sobre todo, cómo la había mirado, no le había gustado nada… necesitaba todos sus sentidos alerta por si había decidido esperarla por ahí… aunque, después de casi dos horas, tal vez se hubiera hartado… tal vez.

No sabía si estaba siendo paranoica, pero sentía que alguien la observaba… ¿se trataba acaso del cabeza de balón?

…Sí. Seguramente. Sobre todo después de lo que le había dicho hacía exactamente un día ya.

Se acomodó la capucha de la enorme sudadera a medida que el frío arreciaba. No creía que el tío la reconociera, ¿Verdad? Es decir, incluso había despistado a Arnold…

El día anterior, cuando lo había visto de reojo por segunda vez pasar por la ventana de la cafetería, volteando discretamente hacia adentro, había tenido la certeza que se trataba de él. Y si así era, el tipo que había visto entrar a toda prisa en uno de los cuartos cercanos al suyo también había sido él. Pues bien, se había estado preguntando cómo hacerle para atraparlo desprevenido, cuando había visto la sudadera de Frank, ahí arrumbada en una esquina. Había preguntado si podía llevársela en lugar del sweater que Martha le iba a prestar, y el hombre le había respondido que podía hacer lo que quisiera con ella…

Si sus cálculos eran correctos –y los habían sido- el chico la estaba siguiendo, obviamente cuidándose de que no lo viera, así que ella lo iba a sorprender esta vez. Había guardado la sudadera en la misma bolsa en que la cocinera le había entregado un poco de comida sobrante del lugar para que cenara, y al llegar al motel, había arrojado todo adentro, se había puesto la sudadera con todo y capucha, y se había puesto a fumar un cigarro que le había robado a la cajera en un descuido; si Arnold no se despistaba con la sudadera, sin duda lo haría con el cigarro… Seguramente en el perfecto mundo de Arnold, jamás le había cruzado por la cabeza que ella fumara… Diablos. Debía de dejar de pensar tanto y concentrarse en el cami…

Un par de brazos la tomaron con fuerza por los hombros y la arrojaron contra un gran contenedor de basura.

-Hola Lola…

Bien. La sudadera no había sido suficiente.

-Qué casualidad encontrarnos de nuevo, preciosa, ¿no lo crees? Debe ser el destino…

La chica lo miró aterrada al tiempo que su espalda y nuca le reclamaban por el repentino impacto recibido.

-¿Qué diablos quieres? –Soltó –si es el dinero, te lo regreso…

El otro negó con la cabeza.

-La verdad el dinero no importa; era una miseria al fin de cuentas… sólo quiero que me entregues eso por lo que ya pagué, y si le adjuntamos el pago por la patada en las bolas, me temo que ya me debes más que una simple *inserte palabra obscena aquí.*

Helga negó, espaldas planas contra el contenedor. Iba a tener qué pelear, al parecer… e iba a ser mucho más difícil que romperle la boca a Lila…

-Vamos, ven… me voy a portar bien; lo prometo… -esa asquerosa risa de nuevo.

-Vete al…

-¡HEY!

Ambos voltearon; ¿Podía ser eso cierto? ¿Era en serio? ¿Arnold? ¿Acaso había continuado siguiéndola después de… pues… todo?

-¿Qué demonios pasa aquí? –Wow… con esa cara inusualmente furiosa, lucía mucho más grande de lo que realmente era…

-No es de tu incumbencia, crío; largo de aquí.

-¿Es en serio? ¿Crees que simplemente me iré de aquí sin…

-Que te largues.

La cara de Arnold perdió todo el color de golpe; Helga apenas ahogó un grito, ya prácticamente embarrada contra la metálica estructura.

Un arma. Enorme, reluciente; recién salida de la chamarra del asqueroso sujeto.

-Lárgate… -repitió fríamente.

-¡Arnold!

-¡Tú cállate!

Nadie dijo nada por un buen rato. El cerebro de Helga viajaba a mil por hora; el tipo estaba dándole la espalda; podía tomar algo y golpearlo en la nuca, pero... estaba apuntándole directamente al chico; no podía arriesgarse, por nada del mundo…

Entonces Arnold se movió.

-¿A dónde vas? –el hombre seguía apuntándole.

-Dispara si quieres –soltó el chico con una frialdad increíblemente atípica de él, mientras avanzaba lentamente hacia Helga.

El hombre lo siguió con la pistola, pero sólo eso.

Al fin Arnold se puso frente a ella.

-Creo que debería saber escoger tus batallas, niño –siseó el hombre -¿En serio vas a arriesgar tu vida por una desconocida?

A pesar de la conmoción, Helga comprendió cómo debía parecer la situación para el tipo. La chica iba sola por la calle, y, hasta lo que había podido ver, estaba completamente sola en la ciudad; cualquier cosa que le hiciera, nadie la notaría. Eso, claro, hasta que este idiota –seguramente un transeúnte cualquiera al que le había tocado ver la situación de lejos- había decidido hacerse el héroe…

-Lo mismo debería de decirte –soltó –acabo de llamar a la policía; estarán aquí de un momento a otro.

-Claro –escupió el otro, con una malvada sonrisa en el rostro –y por eso estás aquí, ¿verdad? Si hubieras sido de los que llaman a la policía, te habrías quedado esperando a que llegaran… me aventuraré a decir que viste este lindo trasero en la cafetería y pensaste que si la salvabas de este tipejo, la chica te agradecería con toda su "alma" el gesto.

Genial. Arnold era un pésimo mentiroso. ¿Por qué sólo ella creía sus mentiras? Ah, sí; porque estaba enamorada de él como una idiota…

-No quieres hacer esto –soltó Arnold, levantando las manos –es en serio que llamé a la policía, y suponiendo que no lo hubiera hecho, alguien más lo hará. ¿En serio vas a arriesgarte? Supongamos que logras lo que quieres con ella; ¿Qué harás después? Ambos ya te vimos. ¿En serio complicarás la situación hasta ese nivel?

"Genial, Arnoldo, insinúale al imbécil que la única opción que le queda es matarnos."

-¿Por qué no sólo nos dejas ir y sigues tu camino?

-¿Por qué no sólo te callas? –espetó el otro –vine por mi pago, y no me iré hasta que esa pequeña zorra me lo dé.

Arnold la miró extrañado por un segundo, de reojo, y luego regresó la vista a él.

-Basta –soltó Helga de pronto –te agradezco que quieras ser un héroe, tú, como te llames –volteó a ver al chico –pero esto es cosa del caballero y yo –luego volteó a ver al tipo –te pagaré lo que te debo, Casanova, sólo deja que este idiota se vaya…

-¿De qué diablos hablas, Helga? –Arnold la miraba furioso –¿crees que te voy a dejar sola con este tipo? ¡Estás loca!

-¡Maldita sea, Arnoldo! ¿No puedes mantener tu bocota cerrada sólo un…

-¡Ya basta! –La mano del tipo temblaba –si el caballero está tan decidido a salvar a esta dama, bien; tal vez le guste tomar su lugar entonces; yo no tengo problema…

-Tranquilo, amigo –el chico lo miraba de nuevo –en serio deberías…

-¡Basta! ¡Lárgate de aquí en este maldito momento, niño, o te vuelo la cabeza.

Las uñas de la chica se clavaron en el brazo de él "Arnold, vete" le susurró al oído "vete por favor" su voz se había quebrado.

-No me voy a ningún lado –siseó el chico; los ojos entornados al tiempo que la arrojaba con el brazo hacia atrás –primero tendrás qué matarme…

"No… por el amor de Dios; no…"

-No eres un asesino; lo sé…

-Arnold, por favor…

Iba a tener qué arrojarlo; si se concentraba lo suficiente, podría arrojarlo hacia un lado en el último momento; no importaba lo que le pasara a ella, sólo…

El cerrojo de la pistola resonó en ese momento, dando paso a la bala por la cámara de la ésta; lista para dispar, luego el frío cañón se pegó a su sien.

-La mía sí es real, imbécil; así que más vale que te largues de una vez…

-¡UGHH!

Un golpe, muy fuerte, y el tipo cayó de bruces, encogido.

La rubia lo miró atónita; ¿Quién demonios era ese tipo que había salido de la nada, con su pistolota y actitud de tipo malo, que había sacado de combate tan fácilmente al otro imbécil?

-Sí que tienes agallas, chico –el enorme hombre le dio una amistosa palmada tan fuerte al rubio que casi le disloca el hombro.

El otro tipo había comenzado a arrastrarse por el piso, tratando de salir de la escena lo más discretamente posible.

-¡Te olvidas tu pistola, tarado! –el misterioso tipo la tomó del suelo y se la arrojó a la cabeza, el otro se puso de pié y salió despavorido -Y tú niña, ya va siendo hora de que regreses a casa, ¿No crees? –Helga lo miró con ojos desorbitados.

-¿Quién demonios eres tú? –inquirió, y se avergonzó al momento de lo quebrado de su voz.

-Un amigo de tu padre –soltó, mientras sacaba la bala de la cámara y le ponía el seguro –que me pagó una cantidad ridículamente grande para que me asegurara de que no te sucediera nada…

"¿Qué?"

El hombre rió.

-Nunca estuviste en peligro, nena; ni tu amiguito. Esa pistola no era de verdad.

-¿Qué?

Volteó a ver el arma aún en el suelo; se veía bastante real para ella.

-Entonces…

-Vámonos de aquí antes de que llegue la policía.

-No vendrán –soltó el rubio, que había permanecido silente hasta ese momento –no los llamé.

Helga sonrió aún sin proponérselo; lo sabía…

-Igual larguémonos de aquí –soltó la chica encogiéndose de hombros -¿Tienes auto?

-Sígueme.

El hombre se puso en marcha y la chica se alistaba para seguirlo cuando Arnold la ytomó de la muñeca.

-No pensarás irte con él, ¿verdad? –soltó, mirándolo con desconfianza.

Helga se encogió de hombros.

-Su pistola es de verdad –dijo –, así que tú decides si me sigues por tu cuenta, o te vienes conmigo en el auto –suspiró –porque ahora más que nunca sé que no dejarás de seguirme bajo ninguna circunstancia ¿verdad? -"y porque ahora más que nunca necesito cambiarme de pantalones" pensó, pero de eso no dijo nada…

Y sin esperar respuesta emprendió la marcha, con eel rubio siguiéndola muy de cerca.

-¿Así que, eres amigo de mi padre? –La rubia lo miraba desde el asiento de atrás, con los brazos recargados en el asiento del copiloto.

-Así es –le respondió el otro, mirándola por el retrovisor.

-No sabía que mi papá tuviera amigos tan geniales –sonrió.

-Hay muchas cosas de tu padre que no sabes. Por cierto, puedes llamarme Lou.

-Puedes llamarme Helga –respondió ella, ofreciéndole una mano que él tomó ligeramente, sin voltear –y este chico que parece a punto del desmayo es Arnold.

-Lo sé –respondió el otro, con una media sonrisa un tanto lobuna –por eso me llaman investigador privado… Y por cierto, hola Arnold.

-Hola, Lou –soltó el rubio desganadamente, desde su sitio.

Helga se dejó caer en su asiento.

Así que había habido dos tipos siguiéndola desde el principio… vaya bodrio, todo ese viaje…

El sol ya estaba bien oculto cuando llegaron a la casa de su abuela.

-Como lo prometí, Anja: sana y salva… incluso te traje pilón.

Ambos chicos salieron del auto; la mujer los esperaba en el porche, sentada en su amada mecedora.

-Vaya que te tardaste –soltó, molesta, mirándolos casi sin interés.

-La iba a traer inmediatamente, pero decidí dejarla llevarse un último susto, para que vea que vagar por las calles no es cualquier cosa…

Helga lo miró, ligeramente molesta, e increíblemente divertida.

-¿En serio? ¿Y qué podría pasarme si vuelvo a quedarme sola? ¿Más borrachines con pistolas de juguete?

-Se veía muy real… -resopló Arnold; agotado. ¿Cómo rayos era que Helga lucía tan animada? A él aún le temblaban las piernas…

La chica fue la primera en llegar a la casa. Apenas puso un pie en el porche, su abuela se puso de pié. Arnold pensó por un segundo que la iba a abrazar, pero se dio cuenta de su error inmediatamente.

La mujer levantó el puño y le dio muy fuerte con él en la cabeza a la larguirucha adolescente frente a ella.

-¡Abuela!

-¡¿Sabes lo preocupada que me tenías, niña idiota?! ¡Y a tu madre! ¿Ninguna llamada? ¿En serio? ¡No eres más que una mocosa engreída y estúpida! ¡Y mejor lárgate a tu cuarto antes de que te de tu merecido, malcriada del demonio! ¡Ya verás cómo te regreso al buen camino en un dos por tres!

La chica, para gran asombro de Arnold, la obedeció enseguida.

Luego volteó a verlo a él; el chico inconscientemente retrocedió.

-Hola, cariño –su rostro se había transformado inmediatamente en una dulce ancianita –. Me da tanto gusto conocerte al fin; Arnold, ¿verdad?

El chico asintió, atónito.

-Me alegra saber que Helga te tiene en su vida… ¿Podrías hacer el favor de pasar adentro? Tengo una deliciosa cena esperándolos.

El chico, aún un poco en shock, asintió y entró a la casa.

…Más le valía no hacer enojar a la familia materna de Helga… jamás…

…Ni a la paterna; ahora que lo pensaba…

-Niños idiotas –la mujer negó ligeramente con la cabeza antes de dirigir la vista de nuevo hacia Lou.

-¿Crees que vaya a aceptar esta vez?

El otro se encogió de hombros.

-Es terca –dijo –e increíblemente tenaz y valiente; no sé qué decisión vaya a tomar, pero una cosa sí te diré: al final, hará lo que el chico le diga… es el único que parece tener efecto sobre ella.

Anja sonrió.

-Yo también lo creo… ¿Te quedas a cenar, Lou, cariño?

El hombre negó.

-Me encantaría –dijo –, pero tengo otras cosas qué hacer.

-¿Hacer cuentas con el gran Bob?

El hombre sonrió (o medio sonrió, más bien).

-Algo así; despídame de esa fiera de nieta suya, de pasada, y del otro león también.

La dama sonrió mientras el otro besaba su mano y luego se perdía junto con su auto en la noche.

Arnold se dejó caer en el primer sillón que encontró; a lo lejos, podía escuchar el agua de la regadera correr.

-¿Quieres darte un baño antes de cenar tú también?

Arnold la miró un poco sobresaltado; había estado tan metido en sus pensamientos que ni siquiera la había escuchado llegar.

-Creo que… que sí; sería fantástico, señora.

-Llámame abuela, por favor –una dulce sonrisa surcó el rostro de la anciana; apenas podía creer que era a misma que, hacía apenas unos minutos, había dejado totalmente desarmada a Helga.

-De acuerdo, abuela Anja –soltó el chico, sonriente, aunque ligeramente consternado aún.

-Toma.

Le pasó una toalla.

-Te dejaré una pijama sobre la cama; será una de Helga, pero es mejor que esa ropa sucia que traes, ¿No crees?

-Una pijama de Helga estará genial, gracias, abuela.

Un rato después, ambos chicos, vestidos con ropa de cama, cenaban con renovado ímpetu en la mesa de la cocina.

Arnold y Anja charlaban alegremente sobre los cubiertos; Helga sólo se limitaba a mirarlos, un poco aterrada del trato tan parecido de Arnold hacia su abuela y viceversa, con el de Lila y la antes mencionada.

-Bien, ahora a dormir; Arnold, cariño, puedes quedarte en el cuarto de huéspedes. Helga te dirá dónde está.

La rubia asintió sin muchos ánimos.

-Ahora váyanse –continuó –necesito hacer mi solitaria rutina de anciana para poder conciliar el sueño.

-De acuerdo –el muchacho se levantó –, buenas noches, abuela.

-Buenas noches, querido.

Helga simplemente emprendió la marcha sin decir media palabra.

-Bien, Arnoldo, este es el cuarto de huéspedes, aunque creo que ya lo conocías, dado que te aseaste en esta misma habitación.

-Ahora que lo dices, tienes razón.

El chico le sonrió, pero se topó con la gélida expresión de ella.

-Buenas noches, Arnold.

-Buenas noches, Helga.

Y la chica se metió a otro cuarto, dos puertas más allá.

oOo

Había hecho todo lo que conocía para intentar dormir, pero simplemente no podía; Había demasiadas cosas en su cabeza, y Helga estaba presente en cada una de ellas.

…Había aún tantos asuntos pendientes sobre los qué discutir…

¿Acaso no podían esperar hasta el otro día?

Por la horrible opresión que sentía en el pecho, todo parecía indicar que no.

De mala gana, abandonó la tibia e increíblemente cómoda cama y se levantó.

Abrió la puerta con mucho cuidado (aún así rechinó un poco), y salió de la habitación, cruzó casi de puntitas el pasillo y, sin tocar antes, tomó el pomo de la puerta; genial, no tenía seguro…

Entró a la habitación muy despacio y, como lo supuso, ella también estaba despierta, sentada sobre el marco de la gran ventana al fondo de ésta, mirando con una extraña expresión las negras siluetas de los árboles ligeramente mecidos por la brisa nocturna.

-Hola, Arnold –soltó en apenas un susurro, sin voltear a verlo.

-Hola, Helga –respondió él, mientras cerraba la puerta tras de sí.

-Vaya día de locos, ¿eh?

-Sí…

El chico se sentó sobre la cama. La rubia al fin volteó.

-¿Qué quieres, Arnold? –inquirió.

-Hablar –respondió él.

-¿Sobre qué?

-Muchas cosas –suspiró –, tantas que ya perdí la cuenta…

La chica bostezó y luego dirigió sus cansados ojos a los de él; la luz de la luna había tendido su embrujo sobre su apariencia de nuevo.

-Amo cómo luces bajo la luz de la luna –soltó, sin pensar, ella negó.

-Amas cómo luzco a todas horas, acéptalo.

El chico sonrió.

-Touché.

Por toda respuesta, la rubia resopló.

-Necesitamos hablar, Helga –repitió.

-¿Ahora?

-Ahora.

-¿Sobre qué?

El rubio frunció un poco el ceño.

-Por qué tuviste sexo con Elliot, para empezar.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Ooookay… Hasta aquí llegamos hoy. Por favor, no me maten, que tengo un muy buen motivo para dejarlo aquí, y este es que… bueno… me duele mucho decir esto pero…

Bien; ahí va:

El siguiente capítulo es el último.

Así es; por fin he decidido que ha llegado la hora para que esta historia termine; es decir: la idea original hace siglos que la agoté; y todas las ideas que fui obteniendo gracias a la inspiración que me brindan sus hermosos comentarios hasta aquí ha llegado; y no porque ya no me inspiren más; sino porque ya la historia no da para más, y siento que si la alargo aunque sea un poco más sería ya exagerar…

Además, estos chicos ya han sufrido demasiado; ¿No están de acuerdo? Es justo que ya vivan felices para siempre… (o tal vez no; aún no estoy segura del final, jujuju…)

¿Ustedes qué dicen?

Yo digo que sí, así que el próximo es el último capi oficial; al menos que se me presente algo y tenga que dividirlo en dos partes, aunque no creo que ese vaya a ser el caso.

Por otra parte, sé que les había prometido una actualización pronto, pero, como he notado que me pasa cada vez que tengo demasiadas ideas para el siguiente capítulo, luego como que se amontonan en mi cabeza y no sé cómo sacarlas; espero que en esta ocasión no hayan quedado muy amontonadas; pero como soy muy floja para revisar todo otra vez, mejor lo subo así y no las y los hago esperar más; al fin que, como ya lo había prometido anteriormente, al terminar el fic (cosa cada vez más próxima), lo revisaré de cabo a rabo, corregiré las vergonzosas e imperdonables faltas de ortografía, y tal vez incluya unos cuantos detalles que se me hayan pasado, o pula algunas escenas (así que, si quieren leerlo una vez que termine de pulirlo, ya será cuestión de ustedes; ya les avisaré cuando esto ocurra en la sección de reviews, porque algunos de mis amados lectores no tienen cuenta, y bueno… en fin) el punto es que no sé cuánto vaya a tardar en subir el siguiente capi, sólo les prometo que lo haré lo más pronto posible, y lo mejor posible, también, ya que es el gran final.

Y bueno, a lo que sigue (y mi parte favorita X3).

Agradecimientos especiales:

diana carolina: Hola de nuevo, mi infalible diana; tienes razón, Helga es una temeraria por andar así en las calles, pero bueno, ya ves cómo es… Y Elliot, pues sí, la verdad yo también pienso que es la pareja ideal de Lila, y sobre Arnold, el chico al parecer ya se puso las pilas, ¿verdad? Nos leemos pronto (espero), mi amada lectora. ¡Un abrazo! :)

Agus MLee: Pues ya ves; sí estaban en el mismo motel; el destino está del lado de las fangirls, jajajaja X3Espero te haya gustado el capítulo. Si yu Leiter! XD

Lexie Asakura Kidou: ¡Paisana! *corre a abrazarla* como ya te lo dije anteriormente: "tal vez ausente en los agradecimientos, pero jamás en mi corazón" *-* Tienes razón; a Helga le fue como en feria en el pasado capi, pero nada con l que no pudiera lidiar, por suerte: ella es una chica dura, y Arnold, pues sí, no la va a perder por nada del mundo *u* …Y Elliot y Helga… pues ya ves u_u Y Miriam… pues ya veremos qué pasa con ella. Miles y Stella son geniales, ¿verdad? ¡Actualización servida, y abrazos y besos recibidos y reenviados! u3u

Arianna: ¡Mi amada Arianaaaaa! No sabes cuánto extrañé tu testamento T-T pero aquí estoy con uno el doble de largo, así que eso me basta para dejar de sufrir XD No te preocupes por lo de "tu falta" yo te comprendo demasiado bien, así que, de nuevo, no te preocupes *u* (Lamento lo de tu castigo, por cierto; y no te preocupes (otra vez), por lo de tus calificaciones, éstas siempre se pueden recuperar) …Y sobre los anteriores capis… yo tampoco puedo creer que escribí algo tan lacrimógeno, y lamento el golpe a tu economía que esto te ocasionó D: Y sí, Jennifer y Bob son unos cerdos; pobrecita Miriam, quien buscó la salida fácil, por desgracia. Esperemos que no recaiga :c ya que a Helga le fue tan mal la última vez gracias a eso… pero como dices, esta vez no está sola :D Esperemos que lo comprenda de una vez por todas esta rubia necia. Y sobre el capi 18 pues sí, fue pura aventura; Helga se mete en cada lío… creo que en ese aspecto nunca va a cambiar, ¿verdad? Jajajaja Al menos esta vez tiene a súper Arnoldo XD Por cierto, me encantó tu análisis de Elliot, es tan acertado, que ni yo lo había hecho mejor ¡Good job! Acabas de ganarte una estrellita de oro en la frente :D …Y la historia sigue de dramática, pero no te preocupes; pronto todo se arreglará, es una promesa ;) ¡Qué bueno que ames mi historia! Es por todas las encantadoras personitas como tú y el resto de mis amadas y amados lectores que sigo escribiendo X3 Besos y miles de bendiciones para ti también; ¡nos leemos! :3

Geraldine Hatch: Hello my beloved Geraldine X3 El capi fue muy intense, tienes razón. ¿Quién fue quien molestó a Helga? Algún imbécil; la verdad nunca me cuestioné quién habría sido… déjame pensarlo un rato más :/ XD …Y pues sí, todo lo que hacen Bob y Miriam afecta a Helga, y de paso, a Arnold; pero pues ya metieron las cuatro patas con su hija, ahora falta ver cómo le hacen para salir del atolladero. Espero con ansias tu amable opinión sobre los demás capítulos, y muchísimas gracias por el apoyo que me has brindado a lo largo de toda la historia, desde su inicio X3 En serio; significa demasiado para mí *u* Gracias :3 Abrazos muy apachurrados a la distancia para ti también X3

Y pues bien, hasta aquí llegamos hoy, muchísimas gracias por leer, y más que nada por comentar; se me han ocurrido algunas cosas que les haré saber en el próximo capi, así que, a los que aún no se animan a dejar su opinión ¿Qué esperan? Les prometo que no muerdo X3

Y bueno, mejor ya me largo o comenzaré a ponerme sentimental, y eso mejor lo dejo para el siguiente capi.

¡Abrazos apachurradísimos para todos!

¡Recuerden dejar reviews; son inspiración pura para mí!

¡Recuerden que los y las amo! X3

¡Nos leemos!