Sus pequeñas y cortas piernas no podían correr más rápido. Sus perseguidores casi le daban caza cuando sin saber como, ni porque el pequeño perseguido apareció en el techo de la escuela. No sabía cómo había llegado allí y tenía miedo no quería bajar ni quería estar ahí arriba. Solo quería llegar a casa con su familia. Pero él no tenía familia, él no tenía a nadie. Estaba solo en el mundo. No tenía papá, no tenía mamá, estaba solo en el mundo. Nadie lo quería. Y mucho menos le querrían sabiendo todas las cosas raras que hacía. Como ponerle azul el pelo del profesor, aparecer en el techo de la escuela, hacer crecer el pelo cada vez que se lo cortaban. Estaba cansado de ser siempre el bicho raro por una vez en la vida quería ser un chico normal. Que no le ocurrieran cosas raras. Los profesores lo encontraron acurrucado en un rincón llorando. Pero aun así no tuvieron compasión por él. Lo tomaron de los brazos y lo levantaron del suelo, para hacerle doblarse por la mitad bajarle los pantalones, para comenzar a darle unos azotes con la regla de madera. No pararon aunque el pequeño lloraba y sangraba.

Tras cansarse de darle golpes con la regla, uno de los profesores comenzó a golpearle con su mano mientras repetía lo malo que había sido ese día. Los golpes pasaron a ser toqueteos obscenos,le pasaba la mano entre las nalgas y apretaba con un dedo su pequeño ano. El chico comenzó a gritar cuando sus procesos es la ataron a una de las tuberías que había en el lugar, para tenerlo a su merced, más de lo que ya lo tenían. Le quitaron toda la ropa y comenzaron a toquetearlo, Uno de ellos se desabrochó la cremallera del pantalón y se sacó la polla, y la acercó a la cara del pequeño, le obligó a hacerle una mamarsela. Obligaba al pequeño a metersela toda en la boca, y mantenerla así durante unos segundos, haciendo que dejase de respirar por unos segundos.

Mientras que no de los profesores le follaba la boca y decía cosas oscuras, otro de ellos se comía el ano del pequeño, mientras que el último de todos lo grababa todo con una videocámara, para luego sacarlo a internet y compartirlo con los demás pederastas.

Tras unos minutos en esa posición, el hombre que le lamia el culo se paró y abrió los pantalones mientras se colocaban enfrente del pequeño. Su compañero se fue hacia el culo del niño y sin previo aviso le introdujo la polla dentro del pequeño cuerpo. El chico gritó cuando notó sus entrañas rasgarse. Sentía como se partía en dos. Sus gritos fueron acallado por la polla de uno de sus profesores.

Durante un par de horas se turnaron para follarse el pequeño cuerpo que tenían entre sus manos. Cuando se causaron de él era la hora de salida de clases para comer, y temiendo que no fuera esa tarde a clases, le encerraron atado en un armario para luego seguir jugando con su juguete favorito y es quepagaban para poderfollaeselo y me tocase ningún otro niño, solo el pequeño huerfano.

Tras irse los profesores, el pequeño se acurrucó como pudo en un rincón de maltrecho armario. Sabía lo que le tocaría en cuanto volvieran a las clases de la tarde. Lo pondrían delante de alguna de las clases más mayores y harían que los chicos se lo follaban mientras las chicas se reían de él y le golpeaban con lo que tuvieran a mano.

Solo quería irse de ese lugar, quería estar lejos, solo y lejos. No quería estar con nadie. Él sabía que nadie vendría a rescatarlo, esos hombres le pagaban a su tío por disfrutar de su cuerpo.

Sin notarlo se fue quedando dormido, su sueño era tranquilo, estaba en mitad de un jardín de cerezos, lejos de todos los hombres malos, lejos de su tío, lejos de todos. Estaba a salvo. En mitad de la quietud se escucharon unos pasos, el pequeño se puso nervioso, no sabía donde esconderse, tampoco había ningún sitio para ello. Cuando iba a salir corriendo una fuerte mano se cerró sobre su hombro, impidiéndole salir corriendo. Esa misma mano le obligó a girarse, y con lo que se encontró no se lo esperaba. Unos ojos verdes, un verde intenso. Exactamente igual a los suyos.

- Tranquilo pequeño, ya nadie te hará daño. Nunca volverás a ese lugar. Yo no lo permitiré.