Capitulo XXIII.- Coronación.
¿Inuyasha?.- lo llama una fuerte voz - ¿te encuentras listo?.- lo pregunta, viendo como sale su hijo del baño, completamente peinado, limpio, aseado y aquel traje de príncipe.
Si.- lo contesta el mismo Inuyasha
Bien, por cierto, Izayo ya esta vestidita, lista para la presentación.- lo menciona su padre saliendo con su hijo de la habitación.
¿Dónde esta mi hija?.- lo pregunta Inuyasha
No tarda en traerla Mitsuki.- lo menciona su padre – por cierto Kikio ha llegado.- lo menciona su padre – pero no te preocupes esta comprometida con Bankotsu.- lo menciona rápidamente al ver la sombría cara de Inuyasha.
¿y a que ha venido?.- lo pregunta Inuyasha, esperando en la sala impaciente por que su pequeña llegue a sus brazos.
Viene a pedir disculpas… y desearte suerte, después de todo se descubrió que ella estaba con Bankotsu.- lo dice su padre son utilizar la palabra amantes.
Que haga lo que quiera, tan solo que se mantenga alejada de mi hija.- lo menciona el chico, sin darle importancia a la situación de Kikio.
Hablando de mi pequeña nieta, aquí viene.- lo dice el padre del chic, viendo como Mesuki trae a la pequeña en brazos, lista para la ceremonia.
Izayo empieza a alargas sus bracitos para ponerlos a dirección de su padre, esperando que el la tome en brazos, cosa que hace Inuyasha rápidamente.
¿estuvo llorando?.- lo pregunta Inuyasha, al ver las mejillas de su pequeña húmedas.
No señor… la he cambiado y bañado.- se lo dice, para después retirarse del lugar.
Respira el perfume de su pequeña, pero en lugar de encontrar el de su Izayo, había uno mas en el… el perfume, el olor de Kagome, aquel olor a jazmín que tanto la reconoce… estrecha a su pequeña entre sus brazos, besándola en la sien… cerrando sus ojos e invocando la imagen de su Kagome.
¿hijo, vamos?.- lo pregunta el padre de este, guiando a su propio hijo con el al lugar de la ceremonia.
-.-
Es mejor que les dejes a Izayo.- lo menciona su padre, viendo como Sango y Miroku se acercan hasta él.
Bien.- lo dice dándole un último beso a su pequeña, y entregándosela a Sango, la cual la recibe entre sus brazos.
Ellos nos esperaran adentro.- lo dice el padre, apara ver como Sango y Miroku junto con su nieta entran a la habitación.
¿Cuándo vamos a entrar?.- lo pregunta Inuyasha, impaciente por que todo eso acabe de una buena vez.
Antes, necesito entregarte esto.- se lo dice sacando entre su ropa aquel púenla, que bien conoce Inuyasha, el cual hace unos meses atrás lastimo gravemente a su Kagome…
Yo no lo quiero.- lo dice con desprecio, volteando la vista hacia otro lugar.
Debes de tenerlo, con esto tú tendrás que matar.- lo menciona el padre, viendo como capta la atención de su hijo.
¿Qué dices?.- lo pregunta, sin saber bien lo que acaba de entender.
Hijo, debes de matar a la elegida, con esto, dejarás que su sangre se esparce por las escrituras y con esto nacerá un nuevo Egipto.- se lo dice, dejando que el chico tome entre sus manos el artefacto – en verdad lo siento mucho.- lo menciona su padre.
¿Tuviste que hacerlo tú?.- lo pregunta Inuyasha a su padre viendo como asiente en afirmativo.
¿mi hija también lo hará?.- lo pregunta, temiendo que la respuesta sea afirmativa y su pequeña tenga que matar a alguien.
No.- lo responde, viendo como un alivio se refleja en los ojos de su hijo – este día acaba esa leyenda, y comienza un Egipto lleno de vida y luz.- lo termina
Bien.- lo acepta Inuyasha, ¿Qué mas daba, después de todo ya había perdido a su esposa, que mas podía perder, ¿su alma manchada, bah! Sin Kagome no tenía alma, así que no importaba nada.
Ambos entran a la habitación, viendo como esta exquisitamente decorado para aquel ritual… todo iluminado por los rayos solares que se filtraban por a parte de arriba, sin ser cubierta por nada, en el centro de los jeroglíficos se encuentra una joven de pie, cubierta de pies a cabeza, con una larga y extensa capucha, que no deja ver bien su rostro.
Había algo, algo que le hacia decir que conocía a aquella chica, tal vez si pudiera ver su rostro sería un poco mas fácil de saber.
Hijo, tienes que acercarte.- se escucha la voz de su padre por todo el lugar, dando eco en todas las pared, dejando que rebote y después de unos segundos se calle.
Inuyasha hace caso a lo que le dice su padre, aproximándose a pasos lentos hacia la joven que se encuentra en aquel lugar.
El mismo Inuyasha puede ver como aquella muchacha se lleva las manos hacia la cabeza, a los inicios de la capucha y retirándola, dejando ver su rostro, dejando que aquella capucha se deslice por su cuerpo, para ver el fino vestido que trae puesto.
¿Ka-Kagome?.- lo pregunta Inuyasha sin estar demasiado seguro, temiendo que aquella verdad sea cierta.
Inuyasha, perdóname.- lo menciona Kagome, dejando que algunas lágrimas se deslicen de sus ojos.
¿Pero como?.- lo pregunta sin lograr entender nada… dejando que las imágenes y las palabras de la carta entren en su cerebro.
Querido Inuyasha…
Se que me vas a odiar, también se que no me querrás ver después,
Ciento haberte dejado, ciento haberte abandonado a ti y a mi pequeña,
Pero eso no quiere decir que no los amo, los amo más que nada en el mundo…
Tan solo que no puedo quedarme, no puedo soportar la idea de seguir sufriendo de esta manera, el saber que dentro de poco tú y yo estaremos separados me parte el alma y corazón, el que ni pueda ver a mi pequeña crecer mientras tú tratas de controlar tus celos por verla salir con niños de su edad, me parte el corazón el que no pueda saborear de nuevo tus labios, el sentir tus caricias y tus cuidados sobre protectores…
No me odies por favor, no quiero que me odies que me parte el alma, cuida bien de nuestra pequeña, los extrañare…
Te Amo Inuyasha Taisho, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y te recordare por siempre…
Dile a mi pequeña que la amo y que cuide de ti…
Será igual de hermosa que su padre…
Te Amo, mi Inuyasha.
Aquella, aquella carta era la despedida, Kagome lo sabía, lo sabía y nunca se lo dijo, nunca… nunca le dijo la verdad.
¿Por qué?.- lo pregunta Inuyasha, dejando que sus ojos se vuelvan cristalinos, dejando que por primera vez en su vida todo mundo lo vea así de vulnerable.
Por que te amo… por que los amo, no podía vivir sabiendo que algún día llegaría esto… lo siento tanto Inuyasha, lo siento.- lo menciona entre sollozos sin perder de vista los ojos del chico.
TÚ… tú… tu lo sabías.- lo menciona Inuyasha, dándose la vuelta y ver a su padre.
Hijo… yo lo siento.- lo menciona su padre, el saber que ese día se ganaría el profundo odio del él…
Kagome necesito hablar contigo.- lo menciona Inu-Taisho, demasiado serio.
Si, dígame señor.- lo responde la pelinegra, dejando que su pequeña se duerma pacíficamente.
¿sabes por que tienes la perla?.- lo menciona el señor, tomando asiento delante de ella.
Mi padre me la dejo, después de que el muriera.- se lo dice recordando el momento en que se la dio, demasiado triste en su vida.
Kagome, hable con tu madre.- lo dice el padre del chico.
¿Por qué debe de usted hablar con ella?.- lo pregunta, sabiendo que algo anda mal, demasiado mal.
Kagome, hay… ¿sabes que hay una leyenda y una maldición?.- lo pregunta, dejando que Kagome fije su mirada en el
Se algo de la leyenda, ¿pero maldición?.- lo pregunta
Se que tú has ido a la cueva.- lo menciona, viendo como Kagome lo confirma con la mirada- y se que sabes que… un príncipe de esta cuidad quedara perdidamente enamorado de una hermosa plebeya, dejando que ese amor sea verdadero y puro, solo que existe una marca en aquella felicidad… en la coronación una chica que tenga un lunar de luna, será la elegida para el sacrificio, matada por el mismo príncipe… aquella plebeya será asesinada y muerta entre los brazos de su amado.- lo concluye el señor de gran edad, viendo como Kagome deja que sus ojos se vuelvan cristalinos al saber que todo encaja perfectamente, todo… el encuentro con Inuyasha, el que ello se casaran, todo absolutamente todo, estaba trazado… todo…
Yo…yo…yo…- lo balbucea Kagome sin encontrar alguna palabra con que expresarse, todo absolutamente todo era cruel, por fin había felicidad en su vida y se derrumbaba en un minuto, acaso ¿uno nunca puede tener la felicidad completa?.
Ese es tan solo la profecía, la maldición es otra cosa, la maldición que lleva la perla… es otra cosa.- lo menciona el padre, dejando que Kagome guarde silencio para escuchar sus palabras - la joven que tuviera aquel pedazo de piedra sería condenada a vivir el amor eterno, pero también la elegida para la ceremonia, que daría el comienzo de un nuevo reinada y el fin del antiguo.- lo concluye el padre…
Kagome tan solo ve el pedazo de piedra que se encuentra en su cuello colgado, por esa razón la perla la protegía, por esa razón no permitía que alguien le hiciera daño, por eso… por que su vida dependía de la protección de la guardiana que sacrificaría su vida, su vida en nombre de Egipto.
Lo siento kagome, tuve la pequeña esperanza, que con la profecía se podía solucionar, encontrando a la guardiana de la perla, pero tú… la tienes y no puedo ser nada por ti, por mi hijo, no puedo impedir la voluntad de los dioses, esto esta fuera de mi alcance… lo siento.- lo concluye el padre, dejando que Kagome su nuera, recupere todo el aliento y aquella cara pálida ahora recupere su color al igual que sus ojos.
Inuyasha escucha atentamente todo, todo… nunca pensó que aquello fuera verdad, nunca… nunca…
¡¡NO!.- se escucha un grito en toda la sala, dejando que aquello dure unos segundos mas acusa del eco.
Inuyasha, yo…- lo murmura Kagome sin moverse, tan solo llevarse sus manos a su pecho y ver como sufre su amor.
No Kagome… no voy a permitir que tú… que tú te vayas.- lo comienza a decir, mientras avanza hacia el lugar donde esta su Kagome – no sabes lo que he sufrido, desde que nos dejaste, no hago mas que soñar contigo, anhelando el que estés a mi lado… no me puedes dejar de nuevo… no lo hagas.- lo suplica al ultima, llegando enfrente de su Kagome, dejando que sus manos se posen en los hombros de ella a sus costados, en su mano derecha mantiene el artefacto, sin causarle daño a su pequeña.
Te he extrañado.- lo confiesa el ojidorado, dejando que Kagome se mantenga entre sus brazos.
Yo… yo también Inuyasha.- se lo dice, y aquello era cierto, lo había extrañado añorado cuando, estuvo en la otra cuidad cercana de Egipto…
Dime… dime que todavía me amas.- lo murmura Inuyasha, dejando que todo mundo contemple aquella escena, por una parte esta su padre, por el otro lado alado de Sango, Miroku e Izayo en brazos, se encuentra sesshomaru el hermano mayor de Inuyasha, dejando ver el gran parecido con su hermano y el padre ambos de la familia, a su lado su esposa y entre el brazo de la chica un bebé de poca edad, y a sus pies su pequeño y primer hijo…
Te ame, te amo y siempre te amare.- lo menciona Kagome dejando que Inuyasha se acerque hacia sus labios, dejando que sus alientos se hagan uno… solo uno, tocándose con cuidado, apenas rozándose y sintiendo aquellas sin fin de sensaciones.
Inuyasha con sus labios hace que Kagome aparte un poco los suyos suficiente el espacio, para que su lengua se introduzca en la boca de Kagome, dejando que ella de un paso hacia el frente, dejando que sus manos se posen en el pecho de su esposo, dejando que con un movimiento de sus pies se hacerse mas hacia la boca de él, dejando que se encuentre un poco mas alta…
Kagome se separa un poco de los labios de Inuyasha, solo que este vuelve a profundizar aquel beso, mordiendo sus labios, dándole a entender que no quiere separarse…
Kagome comprende aquello y tan solo pasa sus manos alrededor del cuello de Inuyasha, para colgarse en el, dejando que Inuyasha deslice sus manos hasta la cintura, cayendo el artefacto al suelo, sin que ambos se den cuenta, Inuyasha se pone completamente de pie, sosteniendo a Kagome, dejando que quede flotando en el aire, mientras que disfruta de sus labios.
Ninguno de los presentes hace algo o mueve algún músculo, tan solo se dedican a ver aquella escena, Sango desliza lagrimas por sus mejillas al comprender a su amiga.
¿Qué se podía decir en aquellos momentos, ¿Qué, absolutamente nada se puede decir… nada.
Kagome se separa de los labios de Inuyasha, luchando contra ellos, separándose lo suficiente para susúrrale un "te amo", viendo lo feliz que se encuentra Inuyasha, sus ojos iluminados de nuevo… todo en el era nuevo, como si le hubieran regresado la vida.
Te amo más que nada en el mundo.- se lo dice Inuyasha, rozando sus labios con los de Kagome – y si quieres vamos a la habitación y te lo compruebo.- se lo dice ocasionado una risa en ambos rostros.
Inuyasha, ¿puedes bajarme?.- lo pregunta Kagome
Yo no quiero.- se niega, sabiendo bien que si lo hace, tendrá que despedirse y aquello era lo menos que quería, no quería pensar en eso… no todavía no…
Por favor…por favor.- lo suplica Kagome dándole un beso al chico, expresándole con aquello que siempre, siempre vivirá en el corazón de él y su pequeña…
Poco a poco Inuyasha comienza a bajar a Kagome, sin prenderse de sus labios, hasta el momento que la deja en el piso, Kagome tan solo lo ve a los ojos, tratando de saber que aquello es lo mejor para Egipto y la población, no por su egoísmo de estar con su esposo haría infelices a los ciudadanos pasando hambronas o alguna maldición, aquello no podría soportarlo.
Si acababa con la maldición su pequeña Izayo no tendría que nunca mas cumplirla, aquella maldición acaba con ella, para empezar el nuevo Egipto… y olvidar el pasado.
Es necesario.- lo menciona Kagome, viendo como Inuyasha niega con sus ojos, niega el separarse de ella – hazlo por nuestra bebé.- se lo dice Kagome, recogiendo el artefacto que acabara con su vida – no quiero que Izayo pase por lo que estamos pasando nosotros.- lo concluye Kagome entregándole aquella arma en la mano a su esposo.
Tienes que prometerme Inuyasha, que le contaras de mi… no hagas que mi bebé se olvide de mí.- se lo murmura con lagrimas en sus ojos – prométeme que la aras feliz.- se lo dice dejando que Inuyasha tan solo deslice alguna lagrima en sus ojos, era la primera vez que lo veía llorar… y aquello le partía el alma.
No quiero, Kagome no puedo matarte… no puedo quitarte la vida.- se lo menciona, tratando de tirar aquel artefacto pero Kagome se lo impide dejando una de sus manos en aquel lugar.
Debes de hacer…- se lo dice
Si te vas, yo también me voy contigo.- lo dice Inuyasha demasiado determinado.
No se te ocurra, Izayo te necesita… te necesita.- lo menciona Kagome, cerrando sus ojos y dejando que sus mejillas se bañen de lagrimas.
No, tú no te iras de mi lado, no cumple esta farsa profecía, no lo are, no lo are…- lo menciona Inuyasha besando los labios de Kagome, dejando que ambos saboreen sus lagrimas.
Lo siento Inuyasha…- lo murmura Kagome entre sus labios, dando un paso hacia en frente, tomando entre sus manos la mano del chico – te amo… no lo olvides.- es lo que murmura mientras con un movimiento y las manos de Inuyasha se entierra el arma en el estomago, de aquello de da cuenta Inuyasha pero demasiado, demasiado tarde…
Kagome… Kagome… ¿Qué has hecho?.- lo pregunta Inuyasha viendo como su esposa se desvanece entre sus brazos, tirando el artefacto a un lado
Si no lo hacías tú, lo aria yo tontito.- lo dice con una sonrisa entre sus brazos, dejando que sus piernas toquen el suelo, Inuyasha arrodillado, sosteniendo el cuerpo de su esposa…
Eres una tonta Kagome, una tonta.- se lo dice dejando que sus lágrimas se escurran, ¡no! Kagome no podía morir, no, debía de hacer algo… algo debería de estar en su alcance…
Inu…yasha… te amo.- lo murmura Kagome, dejando que su mano acaricia la mejilla del chico…
Kagome no digas nada.- se lo suplica, tratando de salvarle la vida a su esposa.
Bésame…- lo suplica Kagome.
Kagome… por favor…-
Ssshhh, solo bésame.- lo interrumpe
Inuyasha hace caso al mandato de su esposa, besando sus labios, cerrando sus ojos y saboreando aquel lugar, aquel lugar que extraño demasiado…
La habitación se ilumina, dejando que todos los jeroglíficos a su alrededor, brillen… algunos de ellos desaparecen al paso de la sangre de la chica, para aparecen algunos otros, el comienzo del nuevo Egipto y el del antiguo acabando poco a poco…
El resplandor cesa… dejando ver a la pareja la cual se mantiene en el beso…
¿sabes?.- separándose de los labios de su esposo – siempre quise morir entre tus brazos.- lo concluye besando la mano del chico.
Kagome, no digas eso, verás que te pondrás bien.- se lo dice con alguna ilusión de que mañana cuando amanezca su Kagome estará entre sus brazos desnuda y lista para hacerle el amor.
No amor.- niega las palabras del ojidorado- te amo.- se lo dice para cerrar poco a poco sus ojos…
La profecía esta hecha y cumplida, la maldición del mismo modo, la perla rosada en el cuello de la chica se encontraba blanca, purificada…
La maldición al igual que la profecía habían acabado, Kagome había muerto para salvar la vida de Egipto, y hacer renacer a uno nuevo…
Kagome, el amor del príncipe Inuyasha había muerto, muerto entre sus brazos, había probado el ultimo sabor de ella… lo había abandonado otra vez, pero en esta ocasión para siempre….
¿Fin?
Bueno chikas este es el final de la historia, la verdad pensé que acabara bien, pero nada absolutamente nada era para que acabara bien… se juntaron aquellas dos cosas la profecía y la maldición…
Espero que no hayan llorado y no quieran colgarme…
Quiero decirles que si quieren puedo ponerles el EPILOGO o decepcione demasiado que no quieren saber nada de mi….
Por favor déjenme un mensaje si quieren el epilogo, si no se los daré a los que me lo pidan…
Muchas gracias a todas ustedes…
Mili, Ene 3324, Inuyashajazmin116, Angelita301, Kagome-inuvale
Nini-chan, Lunita, Mayra 6314, Twindpod 1, Lorena, TLAP y Jimena-chan.
Y a las que no me escribieron… y también a las que lo hicieron.
Se despide ahora una triste autora… yo si llore
Fesabi
