Epilogo.

Desde la coronación ya había pasado un año, un año…. Ahora se encontraba en su habitación, contemplando a su nuevo retoño, a un hijo del cual se encuentra orgulloso, su pequeña Izayo se encuentra a su lado, gateando y tratando de caminar continuamente, cosa que provoca la risa de Kagome…

Ambos se encuentran en la habitación, su pequeño Inuyasha estaba entre los brazos de su madre, siendo amantado, y pensar que por siempre la iba a perder…

Todavía se acordaba de ese día, de aquel día en el que la profecía y la maldición se de hizo, aquel día en el cual pensó perder a ambos seres, a su Kagome e hijo.

¿sabes?.- separándose de los labios de su esposo – siempre quise morir entre tus brazos.- lo concluye besando la mano del chico.

Kagome, no digas eso, verás que te pondrás bien.- se lo dice con alguna ilusión de que mañana cuando amanezca su Kagome estará entre sus brazos desnuda y lista para hacerle el amor.

No amor.- niega las palabras del ojidorado- te amo.- se lo dice para cerrar poco a poco sus ojos…

La profecía esta hecha y cumplida, la maldición del mismo modo, la perla rosada en el cuello de la chica se encontraba blanca, purificada…

La maldición al igual que la profecía habían acabado, Kagome había muerto para salvar la vida de Egipto, y hacer renacer a uno nuevo…

Kagome, el amor del príncipe Inuyasha había muerto, muerto entre sus brazos, había probado el ultimo sabor de ella… lo había abandonado otra vez, pero en esta ocasión para siempre…

Su padre se acerca hasta donde se encuentra su hijo, con su esposa entre sus brazos, llorando la perdida de ella.

Hijo… yo lo siento.- lo murmura su padre, tocando el hombro de este

No lo sientes mas que yo…- es lo que murmura Inuyasha, hundiendo el rostro de Kagome en su pecho.

¿sabes?.- lo menciona con aire de pregunta- se que esto debí de habértelo dicho antes, pero no se si funciones.- se lo dice, tratando de tener alguna esperanza – hay un libro… el libro de Ra, se dice que esta hecho de oro puro por que Ra lo hizo de un pedazo de su propia corona, este libro puede traer a los muertos, si se encuentran en el paraíso con el.- se lo concluye, dejando que Inuyasha tome atención a ello.

¿Dónde esta el libro?.- lo pregunta el ojidorado.

En la cueva, también cuenta la leyenda, que solamente será tomado de los muros aquel individuo que supere una gran prueba, para revivir a la persona.- se lo menciona su padre.

La profecía…la cueva.- lo murmura entre sus labios Inuyasha, tomado entre sus brazos a su Kagome.

Sango, cuida de Izayo.- lo menciona antes de salir de aquel lugar y dirigirse a la cueva.

El trayecto no fue demasiado largo, bien recordaba como llegar aquel lugar, también recordaba aquella ocasión cuando encuentro a Kagome en la cueva y ella le confeso su temor a la oscuridad y a los bichos…

Recordaba perfectamente todavía las palabras de Miroku como llegar hasta la muralla donde se encuentra la profecía, seguía los pasos correctamente hasta legar enfrente de ella.

Veía toda el muro, aquel muro cuarteado, pareciera que la profecía se había deshecho… se había destruido.

Por un pequeño orificio, se puede ver algo dorado resaltar, iluminando la habitación… dejando que Inuyasha tan solo deposite a Kagome en el suelo con sumo cuidado, para aproximarse al lugar.

Puede ver dentro de aquel lugar, y se encontraba el libro, aquel libro del que le hablo su padre, aquel libro que se encargaría de traer de vuelta a su Kagome.

Alarga una de sus manos, para que fácilmente entre por aquel lugar y toque el libro, para hacer que la habitación se ilumine… ocasionando la ceguera de él.

¿a que has venido?

Escucha el ojidorado aquella voz, demasiado potente, demasiado firme… como si se trata de alguna alucinación.

Te he preguntando ¿a que has venido?

Lo vuelve a repetir la voz, dejando que el chico tenga valor de contestar.

He venido por el libro de Ra.

Lo contesta Inuyasha, dejando que se escuche un fuerte sonido en toda la habitación, o lugar donde se encontraba

¿Para que?.

Lo pregunta la voz, dejando que el libro se mantenga flotando en el aire sin que el chico tenga posibilidades de alcanzarlo.

Para salvar a mí esposa.

Lo contesta, estirándose lo suficiente para tocar el marco de este.

No puedes revivir a los muertos, debes de tener alguna escucha demasiado fuerte, para conceder aquel deseo.

Lo menciona aquella voz, dejando que el ojidorado, se mantenga de pie y resistente a sus palabras.

Reviviré a mi esposa, aunque me cueste la vida.

Lo dice Inuyasha con demasiada determinación.

¿Qué estarías dispuesto a dar?.

Lo pregunta.

Mi vida.

Lo confiesa…

¿Tanto significa para ti?

Lo pregunta la voz, nunca antes en su vida… aquella había sido la respuesta, algunos decían, oro, mujeres, sacrificios, profecías… pero aquel individuo le ofrecía su propia vida a cambio de una mujer… una mujer que fue sacrificada a su nombre.

Demasiado, estoy dispuesto a dar mi vida a cambio de la de ella…

Lo repite con diferentes palabras, dejando que aquella voz se calle sin escuchar algún sonido solo su respiración.

¿Es lo único que puedes ofrecerme?

Lo pregunta aquella voz, tratando de que aquel individuo se retracte ante sus palabras, nunca antes alguien se las había dicho y aquellas palabras eran la salvación de otra vida, era la ley escrita por los dioses, aquella ley que mandaba… aquella ley que decía que si cualquier humano ofrecía su vida era capaz de ser perdona y salvar la alma que desea, pero necesitaba estar seguro.

No tengo algo mas que ofrecer, mi vida es lo único que tengo.

Lo determina… esperando la respuesta.

Es valiente de tu parte, Inuyasha…

Se lo dice dejando que el libro caiga poco a poco entre las manos del chico…

¿Cómo sabes mi nombre?

Lo pregunta con demasiado asombro, recibiendo aquel precioso libro.

Lo se de la misma forma, en la que se que tu deseo se cumplirá, tan solo deja que tu sangre escurra alrededor de la herida de tu esposa, y repite las palabras del libro…

Lo concluye la voz, dejando que el mismo Inuyasha grave aquellas indicaciones.

Fue un placer conocerte…

Es lo último que dice aquella voz, para regresar al chico a la cueva junto con el cuerpo de su esposa.

Inuyasha sigo al pie de la letra, las indicaciones, al igual que las palabras mencionadas en el libro, derramo con la herida que se hizo sangre, en el lugar donde le indicaron, rogándole a los dioses el poder ser feliz y regresarle a su Kagome… a su Kagome con vida…

Pasan los segundos y nada, desesperado tan solo cierra los ojos y susurra "mi vida… mi vida a cambio la de ella"…

La respiración de Kagome se comienza hacer presente, la herida antes hecha se comienza ha cerrar… los ojos de la chica tardan algunos otros segundos en abrirse… dejando ver como Inuyasha se mantiene en aquella posición, y todo aquello le comienza a dar vueltas.

¿Inu…ya…sha?.- se escucha un murmuro y pregunta con aquel nombre, que ocasiona que el mismo Inuyasha abra los ojos, al ver a su Kagome con el de vuelta…

Kagome…- lo susurra para tomarla entre sus brazos y besarla con desesperación, después de ellos dejar innumerables besos alrededor de su rostro, sentir la calidez de su piel…

¿Por qué?.- lo pregunta Kagome

¡¡oh, pequeña es una historia demasiado larga.- se lo dice besando de nuevo sus labios…

Después de ello, se llevo a Kagome cargando, dándose cuenta de que ella… ella era real y se encontraba con el y para siempre, sin que nadie, absolutamente nadie los separara…

Ese mismo día le había hecho el amor a Kagome, como nunca antes, a la mañana siguiente al despertar, se dio cuenta que aquellas dos dolorosas semanas y el día anterior eran recompensados…

Regreso a la cueva por el libro, pero aquel pequeño libro dorado no se encontraba en aquel lugar, lo mas seguro fuera que desapareciera después de resucitar a su adorada Kagome, pero aquello era lo menos importante…

¿en que piensas Inuyasha?.- escucha que se lo pregunta Kagome, sacándolo de sus recuerdos, aquellos recuerdos que le devolvieron la vida a ambos.

En el día en que te perdí y recupere para siempre…- lo confiesa Inuyasha acercándose hasta los labios de su esposa.

Se escucha que Inuyasha gime, al sentir como aquel roce y profundo beso le causo excitación…

Será mejor que me deshaga de estos dos pequeños traviesos.- lo menciona Inuyasha, viendo como su hijo se encuentra profundamente dormido entre los brazos de su madre, Izayo esta en los pies sentada contemplándolos a ambos.

¿así, ¿para que?.- lo pregunta Kagome dejando escapar una pequeña risita.

¿enserio no sabes para que?.- lo pregunta Inuyasha con aquella sonrisa, que puede derretir a cualquier ice berg.

No, no lo se.- se lo dice con aire de inocencia, dejando a su pequeño a un lado para tomar la camisa de Inuyasha, transparente, aquellas que marcan los contornos del pecho del chico… perfecta para aquel momento.

Inuyasha tan solo ve como su esposa se pone de pie y se comienza ha abrochar la camisa que traspasa aquella figura perfecta… ve como se inclina y toma entre sus brazos a su pequeño Inu, y caminar con cuidado con el entre sus brazos para después depositarlo en la pequeña cuna que hay cerca de la cama…

Kagome tan solo se inclina hacia delante besando la frente de su bebé, dejando que Inuyasha trague saliva al ver aquellas piernas, y aquel trasero demasiado redondo, junto con aquella espalda fina, dulce y sensual.

Se incorpora dejando a su bebé por lo menos dormido para las próximas tres horas…

Ven Izayo, bebes de tomar tu leche e ir a tomar una sienta.- lo menciona Kagome, tomando a su pequeña entre sus brazos, mientras le da aquella leche de becerro, dejando que se acorruque en sus brazos, Inuyasha por su parte ve como su esposa se encuentra sentada al final de la cama con su hija entre sus brazos, dejando viendo como la pequeña da un sonoro bostezo para después acorrucarse entre los brazos de su madre y dormir.

Como lo hizo con el pequeño Inu, Kagome se levanta y deja a su pequeña Izayo en otra de la cuna que se encuentra a lado de la del bebé… dejando a su hija dormida, por algunas horas, tal vez hasta que los llantos exigentes de su hermano la despierten, para jugar…

Kagome da un paso hacia atrás admirando a sus dos pequeños, respirar lentamente mientras que sueñan, con aquellas cosas que uno sueña cuando esta demasiado pequeño, en que puede acabar con el mundo, que son súper héroes… todas aquellas cosas infantiles que les falta por descubrir…

Kagome…- escucha como aquella voz de sensualidad con su nombre combinado lo llama su esposo… solo sonríe al saber que se encuentra demasiado excitado al verla de aquella forma, todavía conocía sus encantos y de aquello sacaba demasiado provecho, pero en la cama Inuyasha era el que la hacia suplicar, por mas… por lo menos ella podía vengarse desistiendo un poco…

¿sucede algo malo?.- lo pregunta Kagome con aquella inocencia que la caracteriza, esperando que Inuyasha se levante y la tome posesivamente

Ven acá preciosa…- se lo dice, tratando de tranquilizar aquellas ganas y deseo que se deja ver en su pupila dilatada.

¿para que?.- lo pregunta Kagome sin dar pizca de querer moverse, tan solo se voltea para darle la mejor visión a Inuyasha, dejando que son una mano se agarre de la sabana que se comienza a arrugar alrededor de su mano.

Para… para darte una lección…- se lo dice tratando de que Kagome no se de cuenta del pequeño bulto que comienza a verse en su entrepierna.

Pero aquello era demasiado tarde Kagome ya se había dado cuenta de ello y sonreía al ver como Inuyasha se encontraba de esa manera, una manera de torturarlo, e iba a continuar con ella.

¿sabes Inuyasha, hace mucho calor?.- se lo pregunta y confirma, viendo como el chico posa toda su mirada alrededor de su cuerpo, viendo aquellas piernas, vientre, estomago, cintura, y pecho para después posar su vista en su cuello y labios…

Creo que mejor me quito esta prenda, ¿no lo crees?.- se lo pregunta al ver que la contestación de Inuyasha muere en sus pensamientos, y se encuentra atenta de sus movimiento.

Kagome se llama las manos a desbrochar el primer boto, para continuar lentamente con el segundo y así continuamente, dejando que, el mismo Inuyasha se deleite con la vista en frente, viendo como su camisa cae con sumo cuidado casi rozando la piel de su Kagome, para caer al piso, dejándola desnuda ante él.

Creo que mejor voy por una toalla húmeda.- lo menciona Kagome, dándose vuelta para entrar al baño, cosa que aprovecha Inuyasha para quitar algunos juguetes de la cama, dejándola limpia… y a su vez regresa al lugar donde se encontraba esperando a que su joven esposa estuviera entre sus brazos y deleitándose mutuamente.

Kagome sale del baño con una pequeña toalla entre sus manos demasiada humedad por que escurre el agua, con pequeñas gotas…

Se acerca hacia donde se encuentra su esposo, más bien a la cama subiéndose a ella y a su vez poniéndose de rodillas, mientras que lo ve fijamente.

Hace mucho calor…- lo vuelve a repetir Kagome, viendo como la mirada de Inuyasha recorre todo su cuerpo, como si quisiera comerla en vida- debe de ser por que estamos en plena primavera…- lo concluye viendo como sus palabras solo las escucha el eco de la habitación.

¿Por qué no vienes de una ves?.- lo pregunta en todo demasiado desesperado.

No seas impaciente Inuyasha…- lo reprocha- ¿no quieres que te ponga la toalla en el cuerpo?.- lo pregunta con una voz de tranquilidad alo opuesta del ojidorado

No.- es la única respuesta que da.

Bien, tú te lo pierdes…- se lo dice, llevándose a su cuello la toalla, echando su cabeza ligeramente hacia atrás, sintiendo como la toalla húmeda le recorre todo el cuello, demasiado refrescante.

Por su parte Inuyasha ve como unas dos gotas se resbalan por el cuello de su esposa, para bajar poco a poco por el pecho de ella, abriéndose paso en el valle de ellos, bajando lentamente hacia su ombligo y quedarse solo algo de agua estancado en aquel lugar y después para perderse en el vientre…

Aquella si que era demasiada tortura, debía de hacer algo antes de perder el control de si mismo y abalanzarse hacia Kagome como un depredador que acecha a su presa.

Kagome andaba jugando con el de la pero manera posible, recorriendo con aquella toalla lentamente por su cuerpo dejándolo iluminado y con gotas que caen, listas para ser succionadas por sus labios y secadas por su cuerpo…

Definitivamente no podía mas, si ahora no tenía aquella pequeña fierecilla iba a perder la cabeza de la cruel manera posible… y acabaría haciéndole el amor demasiado rápido, quería torturarla, pero tal vez también se torturaría el mismo.

Kagome tan solo sonríe, cerrando sus ojos al ver la expresión de Inuyasha, no tardaría en que el mismo se abalanzara hacia ella, sin tener juegos, aunque lo que hacia no era juego… se le llama seducción… y bien que funcionaba.

Un gemido se escucha por la habitación, para ver como Inuyasha se encuentra encima de Kagome recorriendo con su lengua aquella gota que viajo por todo el cuerpo y detenerse en el vientre de la chica.

Kagome tan solo se mantiene de espaldas esperando a que Inuyasha termine de una vez, pero aquello le es demasiado irreal, sintiendo como la legua de Inuyasha lentamente sube por todo su cuerpo dejando un recorrido húmedo.

Siente como sus pechos se ponen demasiado duros, al sentir aquella lengua recorrerlos y delinearlos cada uno, para después subir hasta el cuello que se posa y jugar un rato en aquel lugar, succionando, lamiendo y mordiendo…

Kagome abre sus piernas, dándole permiso a Inuyasha que de una penetre aquella zona con su miembro hinchado, siente como se posa encima de ella, cubriéndola con su fuerte cuerpo, pero no sucede nada de nada de lo que esperaba.

Su cavidad se roza con la virilidad del chico, dejando que unos gemidos salgan de su garganta…

¿ahora quien es el que juega preciosa?.- lo pregunta Inuyasha, para deslizar su boca hasta el pezón de Kagome, llenándolo con ella y succionando, y a su ves mordiendo, dejándolo perfecto para que su hijo no tenga ninguna dificultar en mamar de el…

Kagome tan solo siente como sus sensibles pechos reciben aquellas caricias, más sensibles de lo normal y aquello era lo que le pone agonizar, susurrando el nombre de Inuyasha…

La mano de Inuyasha baja lentamente para posarse entre su entre pierna, dejando que su miembro se mantenga en la cavidad, rozándola, pero a su vez con el grito de la chica, siento como sus dos dedos entran poco a poco en aquel lugar, rozando sus paredes, dejando que poco a poco ella se acostumbre a él y tiemble debajo suyo de placer, infinito placer…

Kagome no sabe en que pensar, tener a Inuyasha de aquella forma apasionado descubriendo aquellos placeres que le hacer gritar, todo… todo era perfecto…

Su boca cambia de pecho, colocándose en el otro, dejando que Kagome gima y se mantenga en constante movimiento, dejando que las uñas de ella se entierren en sus hombros, mientras que sus dedos hacen milagros en la cavidad de la chica.

Sabía lo que veía, debía de callar aquel grito de Kagome, sintiendo como comienza a temblar, mientras toma posesión de sus labios, seduciéndolo, y sintiendo como su Kagome comienza a llegar al clímax, dejando que aquel grito y gemido mueran en su boca…

Inu…ya…sha.- lo delira Kagome sintiendo como las fuerzas comienzan a abandonarla, aquel clímax había sido el mejor que había tenido, llevándola a las puertas del paraíso…

Todavía no preciosa.- se lo dice dejando que sus besos se prolonguen por todo su cuerpo, bajando hasta el lugar que mantiene sus dejos y sustituyéndolos por su lengua, dejando que su lengua haga mil maravillas en aquella zona perfecta, viendo y sintiendo como su esposa se, mantiene atenta y trata de controlar aquel placer, dejando que sus manos se enrollen en la colcha.

Puede saber que viene otro clímax, regresando rápido a los labios de Kagome, dejando que aquel grito calle de nuevo en ellos, sin que sus pequeños se den cuenta de la actividad entre ellos dos.

Ahora le tocaba complacerla con su miembro jugando dentro de ella, Inuyasha se acomoda encima de Kagome que mantiene su respiración entre cortada, aquel sudor presente en su cuerpo, y sus ojos cerrados, demasiado cansados, se encontraba cansada, si seguía moriría… era demasiado… pero parecía que Inuyasha nunca acabaría…

Puede sentir como el miembro del chico, se introduce lentamente dentro de ella, dejando que sus paredes palpitantes lo enrollen… escucha como Inuyasha le susurra en la oreja "vamos pequeña" aquello había sido el detonante para que se moviera libremente por todo su cuerpo, moviendo sus caderas con ella…

Se sentía tan exhausta que solo siente como se vuelve a convulsionar debajo del cuerpo de Inuyasha, y el se esparce por todo su vientre…

Inuyasha consiente de todo aquella tortura, se desprende del cuerpo de Kagome, dejando que su respiración vuelva a su curso normal, y a su ves retirando uno mechón travieso del cuello de Kagome y cara, dejándolo atrás de su oreja…

Los ojos cerrados de Kagome, y aquella cara angelical le decían que lo había disfruta, ¡y vaya que si!...

Toma a Kagome entre sus brazos, para llevársela consigo a la cabecera de la cama, habían hecho el amor a la mitad de ella y encima de las propias cobijas, no debajo de ellas como lo solían hacer, y a plenas luz del día que se filtraba por la ventana.

Creo que moriré.- lo menciona Kagome una vez que Inuyasha la deposita, en la cama, tapándola.

¿Por qué dices eso?.- lo pregunta, desando lentamente sus labios… sin ser seducidos, despacio… demasiado despacio.

No creo tener fuerzas.- se lo dice Kagome, sin abrir sus ojos, dejando que Inuyasha haga con ella lo que desee…

Y eso que es solo una probada de lo que te espera en la noche.- lo confiesa Inuyasha ocasionando una sonrisa en los labios de Kagome…

Entonces… moriré de placer.- lo bromea Kagome, pero era verdad así se sentía, muerta de placer, cansada

Yo me are cargo de que no lo hagas…- se lo murmura, abrazadota por la espalda dejando que la respiración de Kagome se vuelva lenta… demasiado lenta… sintiendo que es el hombre mas feliz del mundo…

Te amo…- se lo dice Kagome antes de quedarse dormida en la cama, entre los brazos de Inuyasha y sus besos.

Yo también… y no sabes cuanto… cuanto…- se lo susurra en su oído, dejando unos pequeños besos en aquel lugar y después depositar su cabeza en el hueco del cuello y así aspirar el perfume de Kagome mientras duerme…

¿Y se dice que el amor no puede superar todo, el amor puro y verdadero, tan solo lo puede matar el tiempo… pero tal vez ni aquello pueda ser matado…

Las barreras del amor se destruyen.

Entonces ustedes diganme habrá algún amor que no sea…… ¿Amor entre barreas?...

Fin

Wooow, espero que esto me aya quedado divino y no decepcione a nadie… muchas gracias a todos ustedes, la verdad muchas gracias, por sus comentarios y por siempre seguir este fic y no desesperarse o aburrirse con el…

Querría decirles, que el libro que se muestra en esta capitulo, el libro de Ra, si existió y dio aquel cometido revivir a los muertos, es algo que se cree de la cultura Egipcia… pero queda en ustedes ¿si lo creen en verdad o no?...

Muchas gracias a TODAS ustedes chikas….

Por cierto aprovecho para anunciarles mi próximo fic n.n!

Del Odio al Amor

Inuyasha y Kagome se conocieron en la secundaria, pero sus vida se volvieron a separar a finales de ella, el ultimo año de preparatoria llega la alumna nueva a la escuela... ambos se reconocen y el odio tenido en secundaria vuelve a surgir, pero que pasara cuando los profesores los unen en varios equipos, Kagome será capaz de dejar a un lado el odio para conseguir la beca que tanto anhela?..

Se despide

Fesabi