Capítulo Cuatro

Durante los dos días siguientes Katniss creía estar a punto de perder la cordura. Las horas en el hospital pasaban con la misma lentitud de siempre pero Peeta no había pasado a verla. ¿Por qué? No creía que él fuera tan cobarde como para ahora mostrase tímido o peor aún arrepentido de lo sucedido dos noches atrás. Pero aun así… le hubiera gustado que se presentara en la habitación con su habitual toque de mandamás.

Durante esos dos días se había resignado y llevaba lo mejor que podía las diferentes pruebas a las que debía someterse, tanto si la gustaban como si no. Quedaba claro que por prescripción del doctor Mellark, pero aun así hubiera resultado más estimulante que él hubiera estado presente y sobretodo picarle un poco y llevarle la contraria. Eso sí que era gratificante, sobre todo porque cuando ambos se enzarzaban en una discusión se terminaban divirtiendo con los ataques verbales. ¡Sí! Y si además él volvía a rematar la faena con un beso incendiario, pues mucho mejor.

Ella lo intentaría pero tenía tres cosas en contra, a saber: primera desde la inmovilidad de la cama las posibilidades de acecharlo eran escasas. Segunda, ella no era tan atrevida como Madge, le daría un soponcio si él rechaza ese supuesto avance y tercera, lo más importante, Peeta no aparecía por ninguna parte.

Se obligó a sí misma a pensar en otra cosa, pero lo cierto es que sus hormonas la estaban poniendo en un aprieto, si estuviera en casa y ante la nada apetecible perspectiva del celibato podría optar por el plan B, su fiel vibrador, regalo de Madge, naturalmente; pero pedir a su amiga que se lo trajera al hospital la parecía muy fuerte, sin contar, por supuesto las bromas de ésta.

Y por no mencionar la posibilidad de que cierto doctor interrumpiera su sesión de sexo solitario a cualquier hora de la noche. Claro que bien mirado él no podría negarle eso, no había visto ningún cartel en el hospital con un consolador dentro de un círculo rojo y tachado. O… unirse a ella. Eso sí estaría bien.

No, por el momento aguantaría. ¿Cuánto? Eso era impredecible.

-¡Hola cariño!, por fin estoy aquí.

-Hola -dijo desanimada- ¿Qué tal tu viaje de negocios?

-Genial, he conseguido que me encarguen la organización para la presentación de… ¡Tachan! ¡Cosméticos Green!

-¡No!

-¡Sí! -chilló- Será algo fabuloso y por supuesto tú tienes que venir.

-Madge, te lo agradezco pero te recuerdo que no estoy aquí precisamente por voluntad propia cierto médico tiene control sobre mí.

-¿Y eso es malo o bueno?

-No lo sé -se encogió de hombros.

-Te veo muy desanimada.

-Y nerviosa. ¿Podrías cerrar bien la puerta y abrir la ventana?

-¿Para?

-Para disfrutar de un cigarro de tranquilidad.

-¿Y qué coño ha pasado con los que te di?

-Pues…

-¡Te pillaron!

-Más o menos.

-Joder, mira que te lo advertí, y odio utilizar esa frase, que conste.

-No soy estúpida, yo no esperaba que a esas horas apareciese el doctor Mellark.

-¿Peeta? Eso suena interesante -Madge se quedó pensativa- Pero bueno, aun tenías medio paquete si no recuerdo mal.

-Me los confiscó -dijo abatida.

-Pareces una principiante, seguro que lo dejaste a la vista, como si lo viera, fumando en trance.

-No soy gilipollas, me pilló desprevenida e hice lo que pude para salvar la situación.

Katniss le contó el registro al que la sometió Peeta para encontrar el tabaco, incluyendo el incidente de la mano entre sus piernas. Claro que no dijo nada de cómo acabó la velada. Madge la crucificaría de dos formas: a) con preguntas nada discretas y b) llamándola gilipollas unas mil veces por no agarrarle del cuello y obligarle a continuar.

No había pensado en esa posibilidad… Nota mental, si Peeta vuelve a besarme, agarrarle del cuello sin posibilidad para que escape.

-Toma.

-¿Estás loca? Si me pilla de nuevo con algo así… sólo quiero fumar un cigarrillo, contigo guardándome las espaldas ¿Vale? -rechazó el paquete (entero) de tabaco que Madge le ofrecía.

-Bueno, si quieres que él vuelva a cachearte no te queda otra alternativa. ¿No crees?

-No -dijo sin estar muy segura.

-A veces me pregunto… -habló sin mirarla- ¿Katniss es una mujer de sangre caliente?

-No tengo ganas de tus bromas. Dame ese cigarrito, cierra bien la puerta y vigila. ¿Podrás hacerlo?

-¡Qué sacrificios tengo que hacer! -dijo exagerando el tono y cerrando la puerta.

Katniss disfrutó, en silencio, de ese placer prohibido, cuando acabó de fumar, borraron bien todas las huellas, ventilando la habitación del tal modo que podían haber pillado una pulmonía; los restos fueron guardados en una bolsa de papel a buen recaudo dentro del bolso de Madge, con la promesa de ésta de deshacerse de las pruebas nada más salir a la calle.

Perfecto.

-¡Joder qué tarde es! -exclamó Madge tras mirar su reloj- Debo estar en la oficina antes de media hora, lo siento cariño, me hubiera gustado quedarme más tiempo para hablar y conspirar contigo.

-No te preocupes.

-Bueno, piensa en ponerte buena para que puedas venir a la presentación de Green.

-Eso no va a ser posible.

-Es dentro de un mes. Tenemos tiempo. Bueno, un beso, te dejo.

Madge se marchó con una sonrisa conspiradora, lo cual no gustó a Katniss, pero en fin tampoco podía hacer mucho para remediarlo.

-¿Puedo pasar?

-Adelante.

-Buenas hermanito.

-No tengo tiempo para tonterías. ¿A qué debo tu visita?

-Huy, huy, huy, cómo estamos ¿No?

-Mira, dentro de diez minutos comienzo una ronda, ve al grano.

-Está bien -Finnick se sentó frente a él y se estiró, creando esa expectación que Peeta no soportaba- Como buen hijo -sonrió con ironía- He venido a informarte de las intenciones de nuestra querida madre de organizar la fiesta más impresionante, concurrida y supongo que aburrida que se te ocurra para celebrar el setenta cumpleaños de papá.

-Podrías habérmelo dicho por teléfono -dijo sin prestar mucha atención a su hermano mayor.

-Desde luego, pero puesto que estoy de vacaciones -se encogió de hombros- Pensé que era buena idea visitarte y de paso charlar un rato.

-¿De vacaciones? No te has tomado vacaciones en los últimos cinco años.

-Bueno, Oriente Medio está que arde, pero no soy tan buen periodista como para dejarme allí la piel.

-Me alegro, así por lo menos mamá no me dará la lata con lo peligroso que es el trabajo de su hijo mayor.

-¿Se puede saber qué te pasa, Peeta? Desde que he llegado estás de un humor de perros.

-Nada.

-Ya veo. Bueno en fin… ¿Qué me dices de comer juntos?

-Que lo veo un poco complicado. -Peeta apenas le prestaba atención estaba examinando los resultados de las últimas pruebas de Katniss.

Finnick observó a su hermano con curiosidad, si bien siempre destacaba por lo meticuloso de su trabajo, le veía, no sé, distraído, cuando normalmente, tras una larga ausencia, no paraban de hablar durante un buen rato, como buen periodista intuyó que allí pasaba algo, pero, en ese momento, dada la actitud de Peeta no iba a insistir.

Unos golpes en la puerta interrumpió el silencio entre los dos hermanos.

-Buenos días, señora Henderson -dijo Peeta distraído- ¿Ocurre algo?

-Tiene una visita -contestó secamente.

-Ahora no estoy pasando consulta.

-Lo sé perfectamente, simplemente esa señorita insiste en verle.

-¿Cómo está, señora Henderson? -inquirió Finnick levantándose y sonriéndola de forma coqueta.

-Muy bien gracias señor Mellark -contestó ella encantada por el detalle de acordarse de su nombre.

-¿Y su familia? -siguió preguntando Finnick haciendo que su hermana pusiera los ojos en blanco.

-¿Quién quiere verme? -interrumpió el médico ganándose una mirada asesina de Henderson.

-La tal señorita Undersee -la enfermera volvió a su tono habitual.

-Que pase -dijo el médico resignado, si no accedía a recibirla Madge podía ponerse demasiado insistente, y por otro lado sentía curiosidad por saber qué demonios quería.

La enfermera salió del despacho sin decir adiós y Peeta miró a su hermano dirigiéndole una sonrisa.

-No me mires así, la señora Henderson me cae bien.

-Pues eres el único.

-Hola, hola -Madge entró sin llamar.

-Pasa y siéntate -miró a su hermano mayor- ¿Nos dejas a solas?

-No -escaneó de arriba a abajo a Madge- De ninguna manera -con aprobación por supuesto, nadie criticaría su perfecto traje canela ajustado y su chaqueta sastre sin blusa visible- No sin antes saber quién es.

-Finnick, por favor.

-Madge Undersee -ella misma se presentó y le tendió la mano- Encantada -e hizo lo mismo que él un repaso y un examen visual a fondo.

-Es mi hermano, el impresentable de mi hermana mayor, para ser exactos. Finnick Mellark.

-¡Oh! -es lo único que pudo decir, ¡Sí! Eso era un representante cualificado del sexo masculino. ¡Sí!

-Bueno, ahora, hechas las presentaciones. ¿Nos dejas a solas?

-No importa -interrumpió Madge- Lo que vengo a decirte no es confidencial.

-Te escucho -y miró a su hermano que sonreía como un tonto.

-Verás, acabo de ver a Katniss.

-¿Quién es Katniss? -preguntó Finnick ganándose una mirada de advertencia de su hermana.

-Una de mis pacientes.

-Mi mejor amiga -le corrigió ella- Bueno el caso es que la encuentro deprimida, aburrida -levantó la mano para que la dejase continuar- Sí, ya sé que esto es un hospital, pero ¿No podrías hacer algo para animarla?

Evidentemente entre amigas no se contaban todo, pensó Peeta, sino hubiera sufrido el acoso de Madge.

-Peeta nunca ha sido la alegría de la fiesta -apuntó Finnick.

-Haz el favor de no interrumpir -fijó de nuevo su atención en Madge- Hago lo que puedo, sinceramente, de todas formas… -se calló, su hermano y Madge le miraban fijamente ¡Joder!- ¿Qué? -preguntó irritado.

-Nada -contestaron Finnick y Madge al mismo tiempo.

-En fin, sólo quería saber cuándo, más o menos, Katniss podrá salir de aquí -Peeta no dijo nada y Finnick se quedó con cara especulativa observando a su hermano- Verás, dentro de un mes tengo una presentación espectacular, soberbia -Madge hablaba entusiasmada- De cosméticos Green ¿los conoces? -Peeta negó con la cabeza- Bueno, pues yo he organizado ese evento y me gustaría que Katniss asistiera.

-No creo que, aun fuera del hospital, ella esté para esos saraos -se estaba poniendo nervioso con la expresión de su hermano.

Finnick permanecía inusualmente callado observándole y poniéndole en el disparador. Eso sí, sin quitar el ojo de Madge.

-Bueno, yo me encargaría de ella toda la noche así que… -Madge fue bajando la voz, abrió su bolso y sacó dos invitaciones- Bueno, también tú podrías personalmente… -a Finnick no le pasó desapercibido la pronunciación-… cuidar de ella.

Peeta se quedó mudo. ¿Madge le estaba preparando una cita con Katniss? ¿Y de qué se reía el estúpido de su hermano?

Madge se volvió para mirar a Finnick y buscó de nuevo en su bolso.

-Por supuesto, tú también estás invitado.

-Lo que faltaba -dijo Peeta entre dientes.

-Bueno, creo que me voy -miró el reloj- ¡Mierda, no llego! -se acercó a Peeta y con toda naturalidad le besó en la mejilla- Piénsalo ¿Vale? -y salió disparada por la puerta.

-Interesante -apuntó Finnick.

-¿El qué? -preguntó Peeta colocándose bien las gafas y concentrándose en el historial de Katniss.

-Por el momento reservo mi derecho de opinión. ¿Tienes su número de teléfono?

-¿El de quién?

-Joder Peeta, es grave ¿Eh? De quién va a ser, hombre, de la señorita Undersee - cogió las invitaciones que había dejado Madge- Creo que de esto me encargaré yo, conociéndote podrían acabar en la papelera- Finnick miró las radiografias que tenía su hermano en las manos- ¿Qué le ha pasado? -preguntó.

-Una explosión -respondió tranquilamente, hablar de su trabajo era fácil y nada comprometedor. Finnick silbó- Pero ya está casi recuperada.

Y eso no debía hacerle mucha gracia, por lo visto si esa paciente estaba bien tenía que firmar el alta y mandarla a su casa.

-Es ella ¿No?

-¿Quién?

Finnick señaló con la mano el historial que Peeta sostenía.

-La chica a la que tú tienes que cuidar en una fiesta -y se echó a reír.

-¿Sabes? No tengo tiempo para tonterías, y sí, tengo el número de teléfono de Madge.

-Dámelo -suplicó- Hacía tiempo que no veía una mujer así.

-Llevas mucho tiempo fuera del país -dijo Peeta algo malicioso.

-Sí -suspirós Creo que tengo que replantearme algunas cosas.

-¡Oh por favor! ¿Cuándo va a durar tu replanteamiento esta vez? ¿Un mes? ¿Dos?

Peeta conocía perfectamente el carácter inquieto de su hermana mayor, sabía que permanecer en el mismo lugar era su muerte por aburrimiento, por eso aceptaba de buen gusto ser corresponsal en lugares que muchos periodistas odiaban. Finnick se había arriesgado en más de una ocasión, pero aun así no cambiaba su estilo de vida.

-Creo que estoy enamorado -aseveró Finnick haciendo gala de sus aptitudes teatrales.

-¿Por qué no me sorprende? -su hermano no le hizo ni caso- ¡Ah espera! Esta me la sé: buenas piernas, magnífico escote, trasero firme, melena castaña…

-Peeta, ¿De quién hablas? -Finnick le miró sin comprender al principio de quién hablaba- Madge es rubia -dijo riéndose.

-Bueno, tampoco hay tanta diferencia

-¡Mierda, esa era Katniss!. Sospecho que no estamos hablando de la misma mujer.

-Te dejo -decidió cortar por lo sano- Tengo que realizar mi ronda y voy con retraso.

Finnick no dijo nada. ¿Para qué? De todas formas Peeta siempre resultaba demasiado reservado.

Decidió dejar la visita a la habitación de Katniss para el final, así dispondría de más tiempo y sin la presión de una enfermera recordándole que hay otros pacientes que visitar.

Reconoció para sí que había estado algo grosero con dos de los internos a causa de las prisas, no quería entretenerse más de lo necesario. Si bien no era imprescindible visitar a Katniss, ya que conocía los resultados de las pruebas realizadas y podría comentarlas con ella en cualquier momento, deseaba verla, esa era la realidad.

Despidió a la enfermera, pues era cierto que no precisaba su ayuda y fue directo a la habitación de Katniss, tenía ganas de estar con ella y de ver su reacción tras dos días sin aparecer por hospital, dos días en los que no le hubiera importado hacer horas extras, era la primera vez que no se alegraba de sus días libres, aun así se les había tomado, por el bien de su salud mental y el descanso físico.

Llamó suavemente con los nudillos y entró, no quería sobresaltarla, aunque Katniss debía estar acostumbrada a que entrasen a su habitación sin previo aviso para realizarle pruebas, él no quería interrumpirla, en caso de que estuviera haciendo algo. Era un comportamiento altamente estúpido, él era el médico, no pedía permiso para acceder a las habitaciones de sus pacientes, pero aun así lo hizo. Aun a sabiendas de estar comportándose como un gilipollas de manual.

La encontró dormida, con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, expresión serena, y lo más curioso, tenía el dichoso libro apoyado en su pecho. Una palabra: deliciosa.

Se quedó mirándola como un auténtico bobo, no quería despertarla, no era necesario, pero también sentía la necesidad de tener preparada la excusa más convincente posible por si ella abría los ojos y le encontraba, allí de pie mirándola, sin motivo aparente, cierto que tenía a mano el historial pero ni siquiera lo había abierto.

No tenía más sentido permanecer allí, por lo que sacó del bolsillo de su bata el regalo que la había traído y lo dejó con todo el cuidado posible en la mesita auxiliar para que ella lo viera nada más despertar.

Debía salir de allí inmediatamente, la tentación de besarla. Entre otras cosas, era cada vez mayor, y aun sabiendo que posiblemente le respondería, tal y como había hecho la vez anterior, esa no era forma de seducir a una mujer. ¿O sí?

Se marchó cerrando cuidadosamente.

¡Hola! ¡Hola! Ya regrese. ¿ A qué no he tardado nada? O al menos comparado con antes je je.

Espero poder subir otro el miercoles, a ver si es posible y el trabajo y la uní me dan un respiro. Se supone que mi día de descanso es el miércoles jeje, por eso aprovecharé.

HORA DE LAS RESPUESTAS:

Natiiiiii...

Jaja. no olvidaré tu nombre nunca lo prometo. Gracias por tu comentario, y me alegro de que te guste. La verdad es que esta escritora tiene libros muy buenos. Te la recomiendo.

Este capítulo es para ti. Un regalo de navidad retrasado.

1 beso muy muy grande.

¡Paz y Amor!