Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi niña, esthefybautista, que quiere a las lagartas lejos de mí porque piensa que soy preciosa.
A mi Miss Swan Tata favorita, porque me provoca con su sexy voz, a Vero porque aprobó el carnet de conducir y a Natalia porque es una chica genial.
Muy especialmente a mi lectora en las sombras Melissa porque hoy es su cumple.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 6 PLANES TORCIDOS
Regina:
Tras dos semanas de intenso trabajo, saliendo varias veces mucho más tarde de lo pactado en su contrato y recibiendo continuamente burlas y desprecios de su jefa, se había acostumbrado a evitar que sus comentarios le afectasen, el trabajo le gustaba, no era muy pesado y tenía bastante que ver con la carrera universitaria inconclusa que tenía, si algún día lograba retomarla todo cuanto estaba ganando era experiencia.
Emma era desagradable y maleducada, pero muy buena en los negocios, sabía cuando comprar y cuando vender, su empresa era la más prospera de Boston y eso le garantizaba trabajo durante mucho tiempo.
Más de una vez sintió pena por su jefa, pues podía leer entre líneas que vivía por y para su trabajo, no tenía amigos ni una familia que estuviera cerca, salía de la oficina y seguía pensando en acciones, en la bolsa y en los millones que movía diariamente Industrias Swan, no tenía más vida que balances y cuentas, no era de extrañar que fuese una amargada.
En ese tiempo había conocido a algunos de sus compañeros, bastante agradables y simpáticos y, a pesar de que seguía sintiendo escalofríos cuando la miraban un poco más de lo normal, se sentía a gusto ya que la mayor parte del tiempo la pasaba encerrada en los archivos buscando documentos que luego no servían para nada o en el despacho de Swan, trabajando junto a ella y elevando su capital.
Se podía decir que su jefa nadaba en la abundancia, pero ella misma sabía que el dinero no daba la felicidad y que, tarde o temprano, Emma Swan iba a terminar mal ya que solo pensaba en billetes verdes, le daba lástima por lo que se tomaba sus despechos como un desahogo de la rubia por parte de una vida vacía y carente de sentido y no les prestaba la más mínima atención.
Desdeque empezó a trabajar en Industrias Swan, su tiempo junto a Henry había quedado reducido a cenas familiares y acogedoras a las que a menudo llegaba tarde ya que su jefa parecía disfrutar poniéndole trabajo a último momento y a los domingos, días que le dedicaba por entero, consintiéndolo y haciendo que se volvieran momentos mágicos y especiales, inamovibles e inquebrantables para estar los dos juntos, se echaban mucho de menos durante la semana y ambos sufrían la ausencia del otro, acostumbrados como estaban a pasar casi todo el día sin separarse.
Era sábado, se acercaba el fin de su jornada y estaba ya saboreando la entrada del domingo, su día especial junto al pequeño. Tenía planeado todo el día, irían al parque a comer un helado, cocinarían juntos y después quería levarlo al cine a ver esa película que tanto le había pedido.
Sonreía feliz ante la expectativa de un día espléndido mientras cogía su chaqueta y se colocaba la montura de las gafas. Estaba a punto de marcharse cuando apareció ante ella su jefa, con cara de cansada y de pocos amigos.
-Mills, ¿A dónde vas?
-"A casa, ya he terminado por hoy"
Emma la miró con asco, como siempre solía hacer y dejó sobre su mesa una carpeta llena de expedientes antiguos que había rescatado del archivo, expedientes que para Regina no tenían importancia alguna.
-El lunes a las ocho de la mañana quiero todo esto ordenado sobre mi mesa
-"Pero… Señorita Swan yo ya me voy, puedo ordenarlo y archivarlo el lunes"
-¿Qué parte de que lo quiero el lunes a las ocho no ha entendido? Si no le da tiempo hoy venga mañana, no soy yo quien organiza su tiempo Mills. Buenas noches
Ella se fue sin dejarle replicar, mientras Regina no dejaba de darle vueltas a la cabeza que la única manera de terminar antes de las ocho del lunes el papeleo absurdo que su jefa le había pedido sería trabajar en domingo, obligándola a cancelar sus planes junto a su pequeño y una lágrima de rabia e impotencia descendió por su mejilla, había traspasado la línea, odiaba a esa mujer con todas sus fuerzas.
Cuando llegó a casa y Henry le saltó al cuello como cada noche nació en su rosto una sonrisa mientras de pronto supo cómo arreglar el desaguisado y pasar el domingo feliz junto a su hijo.
-Mami, ¿Qué haremos mañana? ¿Iremos al cine mami?
-"Haremos algo muy especial mi amor, mañana te voy a enseñar mi oficina ¿te gustaría eso?"
-Sí, ¿Podré sentarme en tu silla?
-"Podrás ser mi jefe todo el día"
Los gritos de felicidad del niño fueron más que suficiente para saber que había hecho lo correcto, que él era feliz ya fuese en el cine o sentado en un banco mientras fuese a su lado. La mirada de Belle hizo que no fuesen necesarias las palabras, Supo que su amiga tenía que ir a trabajar y eso la llenaba de rabia, la bibliotecaria había aprendido a odiar a Emma Swan por como trataba a Regina y hacerla trabajar el domingo ya era el colmo.
Al día siguiente, se levantó temprano pues cuanto antes terminara antes podía irse con su hijo a hacer cualquier actividad fuera de su oficina. El pequeño iba entusiasmado, de su mano, mirándolo todo con los ojos como platos ya que apenas habían tenido tiempo de pasear más allá de su barrio. Cuando llegaron a Industrias Swan el imponente edificio hizo que su pequeño soltara una exclamación, sobrecogido ante el rascacielos donde trabajaba su madre.
El edificio estaba completamente vacío, solo ellos entraron ya que todos los trabajadores estaban disfrutando de su día libre. Regina le enseñó a su hijo todas las estancias, saciando su curiosidad, y dejando para le final el enorme despacho que compartía con Emma Swan.
En cuanto entraron en el despacho, su hijo correteó por toda la estancia, tocándolo todo y queriendo saber todo ya que su madre pasaba ahí la mayor parte del tiempo, Regina contestaba a sus preguntas incesantes mientras encendía su ordenador, dispuesta a terminar el papeleo cuanto antes.
Henry se sentó en la silla de Emma, riendo feliz al descubrir que esta giraba, jugó incansablemente mientras, con una sonrisa, su madre se afanaba por terminar pronto su trabajo y le seguía el juego a su pequeño, creando entre ambos un ambiente relajado y divertido. Ver a Henry disfrutar le llenaba el pecho de amor y felicidad, no le importaba estar trabajando mientras estuvieran juntos.
Dando vueltas en la silla, Henry se quedó frente a la mesa de Emma con su carita pensativa y concentrado en ninguna parte. Regina, al verlo, decidió preguntarle qué estaba pensando, por qué había dejado de jugar de pronto.
-"Amor ¿Te has cansado de jugar?"
-¿Soy tu jefe ahora mami?
-"Sí señor, mi jefe todo poderoso"
-Entonces si soy tu jefe te ordeno que tengas vacaciones, te echo de menos mamá
Se le encogió el estómago ante esa tierna declaración y le hizo un gesto a su pequeño para que se acercara, el corrió a sus brazos y lo estrechó con fuerza, acariciando sus cabellos y besando su frente con amor.
-"Te prometo que cuando tenga vacaciones no me voy a separar de ti ni un solo minuto, pero sabes que mamá tiene que trabajar por los dos"
-Lo sé ¿Cuándo tengas vacaciones podemos ir al aquarium?
-"Cuando tenga vacaciones iremos a dónde quieras mi amor"
Henry siguió jugando por la estancia mientras ella pasaba los datos al ordenador a toda prisa, sin quitarle un ojo de encima y siguiendo sus juegos y fantasías infantiles, rieron juntos y en definitiva, pasaron un domingo diferente pero felices.
Al terminar, Regina dejó los papeles sobre la mesa de Emma, como esta le había exigido y cogiendo a su hijo de la mano, salieron entre risas y parloteo de Industrias Swan, decidiendo si ir a tomar un helado o un chocolate caliente ya que aun tenían tiempo para disfrutar de su mutua compañía antes de llegar a casa y prepararse para la rutina de la semana.
Esa misma noche, una Emma agotada tras un día de deporte intensivo intentando sacarse a Regina de la cabeza, se dejó caer por su empresa. Le gustaba pasar horas en su despacho en soledad, recordando todo cuanto le habían dado y deseaba conservar, recordando su segunda oportunidad en la vida que no pensaba desaprovechar, ella que venía de la nada, de no tener nombre era la persona más rica e influyente de Boston e irónicamente la que estaba más sola.
Nada más entrar en su despacho, vio la montaña de papeleo inútil que había dejado como trabajo extra para Regina, perfectamente ordenado y colocado sobre su mesa, la morena había estado trabajando diligentemente sin rechistar.
No entendía por qué no se rebelaba contra ella, era cruel e insensible, la estaba explotando y la morena respondía con sonrisas y obediencia sin que una sola queja saliera de sus labios, eso la exasperaba.
No podía entender por qué le desilusionaba tanto que la morena fuese así, no se parecía en nada a la mujer que conoció y quizás ese era el problema, Se había aferrado a la idea de que Regina era malvada sin más, de que había destruido su juventud, para desterrar su enamoramiento adolescente y, viéndola tan distinta, tan bella y perfecta, lo único que sentía era miedo.
Quizás, por mucho que intentara esconderlo en lo más profundo de su mente, esos sentimientos seguían vivos, latentes y ante cualquier chispa podían despertar, unos sentimientos que la harían parecer débil una vez más, un amor que no se podía permitir sentir, por lo que volvió a encerrar esa duda bajo llave en el fondo de su subconsciente y no le dio más vueltas, se marchó a casa, donde le esperaba su botella y su televisor último modelo anunciando los balances mensuales de la bolsa, lo único que necesitaba para ser feliz.
