Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi niña, esthefybautista, porque la amo y cada día la necesito aún más junto a mí.

A mi Miss Swan Tata favorita, porque la quiero muchito, a Vero porque la echo de menos y a Natalia porque es la mejor.

Quiero dedicárselo también a mi niña Gen, que ayer estaba enfermita.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 10 ¿QUÉ PIENSAS?

Emma:

Llegó el lunes y entró en su despacho encontrándolo vacío, no le extrañó ya que al marcharse del apartamento de Regina le dijo que se tomara el tiempo que necesite para cuidar de su pequeño.

Se sentó a ordenas sus papeles tras recibir el reproche de muchos de sus trabajadores ya que había perdido la oportunidad de fusionarse con sus competidores al estar ocupada con la morena y su pequeño.

Por mucho que debía trabajar, no podía concentrarse, el teléfono no dejaba de sonar y la mesa de Regina estaba vacía, llevándola sin quererlo a ese extraño sábado que pasó junto a ella sin buscarlo, al pequeño Henry, tan dulce e inteligente, el ambiente cargado de amor cuando los dos estaban juntos, su complicidad, sus miradas… Era algo con lo que ella no estaba acostumbrada, el amor de una madre desde temprana edad le era extraño y verlo en ojos de aquella a la que se suponía que debía odiar la había trastocado por completo.

En cierto modo se alegraba de que no estuviera en ese momento junto a ella, no podía poner nombre a las emociones que le embargaban, no podía razonar y no podía enfrentarse a nada en ese momento, ni siquiera a Ruby y sus reproches, acusándola de inconsciente al haberse olvidado de su reunión donde debía firmar el negocio más importante desde que había tomado el control de la empresa.

Una vez sola en la tranquilidad de su despacho, dejó de lado todos los papeles y sus ojos verdeazulados se perdieron a través del cristal de su ventana, mirando sin ver el mundo, diminuto a sus pies y buscando en la lejanía el barrió de la morena, donde estaría cuidando de su hijo, creando lazos con él, llenándolo de cariño y afecto.

Se sentía una privilegiada al haber podido formar parte de esa burbuja de complicidad y cariño que tenía Regina con su hijo.

Finalmente se marchó al sentirse sola y vacía, invadida por la nostalgia al calor de hogar que durante un momento pudo sentir junto a la morena. Recuerdos de su pasado mezclados con la mirada oscura cargada de amor de la morena, dirigida a su pequeñajo, golpeando su mente, desquiciándola.

Entró en su apartamento resoplando, se puso una copa y encendió la televisión, como venía haciendo cada día desde hacía años y se sentó en su sofá con la mirada perdida y la mente nublada, con los ojos oscuros de Regina bailando en cada uno de sus pensamientos.

Finalmente cayó dormida, a pesar de que solo era medio día, con su mente un poco más clara y sabiendo con certeza que lo único que ansiaba era juntar sus labios con los de la morena, poner fin al aguijón de la duda que llevaba envenenándola desde que la vio por primera vez, hacía ya tantos años, cruzando el patio del recreo para enfrentarse a ella.

Tras tres días en los que su rutina se volvió enfermiza, odiando la falta de la morena junto a ella en el despacho y reprimiendo las ganas de presentarse en su pequeño apartamento para ver cómo se encontraba, llegó a la oficina resoplando y de un evidente mal humor, cuando se encontró a la dueña de sus sentidos sentada en su mesa, poniéndose al día con su trabajo.

Regina la miró a los ojos y en su rostro se dibujó una tímida sonrisa, ese gesto la desestabilizó por completo puesto que llevaba tres días obsesionándose con la morena, con sus labios y si sería capaz de besarlos, sin saber cómo reaccionar, sin estar preparada para encararse con ella tan pronto simplemente se puso su máscara tras la cual se sentía segura y a salvo.

-Señorita Mills, veo que se ha reincorporado, perfecto porque tenemos mucho trabajo, quiero que vaya al archivo y me traiga todo el papeleo clasificado para poder ordenarlo

-"Está bien señorita Swan, voy en seguida"

Regina:

La sonrisa de Regina había desaparecido en cuanto escuchó la orden de su jefa, odiaba el archivo, esa habitación laberíntica donde estaban los papeles que no servían para nada y que Emma siempre le pedía, papeles casi imposibles de encontrar.

Se dirigió al archivo, maldiciendo su suerte, se había tomado unos días para estar junto a Henry como Emma le había dicho, tras el sábado extraño y tierno que pasó junto a ella creía de corazón que había cambiado. Hasta había dejado pasar la oportunidad de fusionarse con su competencia por estar junto a ella y se había ganado a su hijo, no entendía por qué volvía a ser la mujer fría de siempre.

Se perdió dentro del archivo, su mente volaba una y otra vez al fin de semana, a su cocina, Emma y ella bailando de forma completamente improvisada, su dulzura, su sonrisa, comparándola con la mujer de mirada helada y palabras duras en la que se convertía cuando estaban en la oficina, no podía entenderlo y trato de olvidarlo, mientras deambulaba por esa habitación laberíntica sin vislumbrar con claridad qué papeles necesitaba exactamente Emma.

Cuando los encontró, exclamó feliz puesto que ya podía marcharse de ese lugar que tan harta le tenía ya que había pasado ahí demasiadas horas para nada, los papeles que estaban ahí guardados eran inservibles.

Se giró para marcharse y se topó de frente con su jefa, mirándola en silencio. Al verla se sobresaltó puesto que no la esperaba y los papeles que llevaba en sus manos acabaron en el suelo mientras ella intentaba que su corazón retomase un ritmo normal. Durante unos segundos observó a Emma, no parecía la misma que hacía solo unos minutos cuando la mandó al archivo, parecía que en su interior se estaba librando una batalla abismal y eso aumentó su curiosidad pero también su prudencia, con Emma Swan nunca se sabía por dónde iba a estallar. Se dispuso a recoger los papeles con prisa cuando Emma tomó su mano con suavidad, un gesto amable que consiguió hacerle temblar por completo.

-No lo recojas, sabes como yo que esos papeles no sirven para nada

-"Lo sé, lo que no sé es por qué me haces venir a buscarlos"

-Necesitaba estar sola, no esperaba verte en la oficina tan pronto ¿Henry está mejor?

-"Está como un roble, es un chico fuerte"

-Es un buen chico

Emma cayó, sin soltar su mano, con sus ojos verdeazulados fijos en ella, podía ver en su mirada que algo la estaba matando por dentro, en sus ojos se reflejaba nostalgia, belleza y nerviosismo, estaba dispuesta a dar cualquier cosa por saber qué estaba pensando su jefa en esos instantes, mirándola a los ojos.

-"¿Qué piensas?"

-Pienso demasiado, realmente hay algo que me obsesiona desde el día de la fiesta

-"¿Es por algo que haya dicho o hecho? Esas fiestas no son lo mío estoy fuera de lugar"

-No es eso, tú estuviste magnífica, la que se comportó como una idiota soy yo, la que lleva comportándose como una idiota desde el primer día soy yo

Mientras hablaba, Emma se fue acercando a ella, la mano que tenía enredada entre sus dedos sin soltarla empezó a temblar, sus ojos brillaban mientras llevaba su otra mano a su mejilla y le regalaba una tierna caricia que consiguió estremecerla.

Con voz temblorosa, mirándola directamente a los ojos, volvió a formular su pregunta sin saber si estaba preparada para escuchar la respuesta.

-"¿Qué piensas?"

La respuesta se hizo esperar, tanto que su corazón se aceleró, creyendo que saldría de su pecho en cualquier momento, Emma sonrió, de forma dulce y sincera mientras le susurraba sus pensamientos directamente en los labios

-Pienso que desde que apareciste con ese vestido azul ante mí el viernes no puedo dejar de pensar en ti y en las enormes ganas que siento de besarte

Estaba tan cerca que respiraba su aliento, buscando su aprobación para dar rienda suelta a sus deseos, sus ojos aguamarina cargados de sueños, de pasión, rogándole por una respuesta que parecía no querer ser pronunciada.

No tenía palabras, había enmudecido mientras en su mente bailaban cada uno de los momentos vividos junto a la rubia, en especial uno que no había abandonado sus pensamientos en tres días, su improvisado baile en su cocina.

Se encontraba en ese momento en el que debes decidir si saltar al vacío y arriesgarte o huir sin mirar atrás, había huido en demasiadas ocasiones y esta vez no estaba dispuesta a hacerlo.

Con un roce de sus labios, una simple caricia, le dio a su la rubia su consentimiento, mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar. El beso fue dulce y suave, casto al principio mientras las manos de Emma se aferraban a su cintura y la atraía hacia sí, un beso cargado de sueños e ilusiones.

La lengua de Emma acarició lentamente sus labios, rogándole su acceso, rápidamente concedido por la morena que habría caído al suelo de no estar firmemente sujeta por ella, mientras ese beso se volvía furioso, apasionado, un beso que gritaba sin palabras.

Cuando les faltó el aliento se separaron, solo unos centímetros, el corazón desbocado y agitadas sus respiraciones, temblando en brazos de Emma, bien sujeta contra ella y la pared. Emma deposito un suave beso, leve como una caricia, en sus labios, intentando sellar un pacto no escrito.

-Vámonos de aquí Regina, vámonos lejos…

-"Está bien, pero ¿Y el trabajo?"

-Puede esperar, ahora solo quiero estar contigo

Tomándola de la mano salieron del archivo entre risas, corriendo hacia la puerta sin soltarse, saliendo sin dejar de sonreír hacia un mundo que se les antojaba con más color desde que habían decidido unir sus labios.