Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi niña, esthefybautista, porque la amo con cada dificultad que se nos presenta.
A mi Miss Swan tata favorita, porque es la mejor tata del mundo, a Vero porque es un cielo de chica y a Natalia porque dentro de veinte años traducirá fics rusos.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 15 CURANDO TUS HERIDAS
Emma:
No le costó mucho tomar la decisión, en cuanto supo quién era Robin Hood quiso hacerle pagar por cada una de las heridas infringidas a su amada. Solo de imaginarlo sentía ganas de vomitar y su admiración por la morena crecía a pasos agigantados. Había sido capaz de salir del hoyo, de criar a su hijo con todo el amor del mundo a pesar de la violencia de su concepción. A pesar de que Henry y Cora siempre habían estado a su lado, ella quiso volar, no ser una mantenida y luchó con uñas y dientes para sacar a su hijo adelante sola. Entendió sus cambios continuos de trabajo, su inestabilidad emocional puesto que a pesar de que habían pasado ya cinco años, un golpe así es difícil de superar.
Industrias Swan mantenía a flote la empresa de Robin, era dueña de la mayoría de sus acciones y sin su apoyo económico dicha empresa se hundiría en cuestión de días. Ella no estaba interesada en hacerse con empresas tan pequeñas pero la urgencia de hundir a Robin Hood en la miseria la empujó a retirar de la noche a la mañana toda colaboración con él, sabiendo que al poco no podría mantener a flote su imperio financiero.
No podía creer que ya fuese un jueves cuando entró en su oficina como una fantasma, mucho antes de la hora normal ya que tenía una reunión importante, llevaba sin saber nada de su Regina desde la fatídica cita y no quería presionarla, no después de conocer los detalles de su pasado. Su rostro era el claro ejemplo de falta de sueño y alimento, su tez pálida y ojerosa, ojos hundidos y sin nada de brillo y la delgadez que empezaba a hacerse presente, suspiró pues se sentía agotada y salió de su oficina, llevándose sus papeles son los que tenía que justificar ante los inversores todos sus movimientos, no sin antes echar un vistazo a la mesa auxiliar, pulcramente ordenada, mesa que llevaba vacía desde el sábado, echaba de menos a Regina.
Regina:
Llevaba varios días en la cama, sin ganas de levantarse. Las pesadillas no la dejaban dormir e intentaba espantarlas y esconderlas nuevamente en lo más hondo del subconsciente, aunque en vano. Henry empezaba a preocuparse pensando que su madre había caído gravemente enferma, él no lo diría pero la escuchaba llorando por las noches y su pequeña mente infantil no sabía cómo reaccionar, qué hacer para que su adorada mamá no estuviera tan triste.
Belle luchaba con ella todos los días, instigándola a ser valiente y enfrentarse a sus actos puesto que sabía perfectamente que el comportamiento de Regina se debía a su falta de coraje para enfrentarse a Emma tras haber huido de ella el sábado.
Esa mañana no iba a ser distinto, dejó a Henry desayunando y se enfrentó a su amiga intentando hacerla reaccionar.
-Vamos Regina, no voy a parar hasta que te levantes, te vistas y vayas a trabajar, estoy harta de llamar para decir que estás enferma
-"Será mejor que me despida, así no tendré que mirarla a los ojos, no después de haber salido huyendo"
-Si te despide por eso la puedes denunciar, y si no quieres seguir trabajando para ella pues vas y dimites, pero así no llegarás a ninguna parte Gina, piensa en Henry, cómo crees que se siente al ver que no sales de la cama
-"Tienes razón, supongo que debo enfrentarme a mis fantasmas…"
Belle sonrió pues sabía que ante la mención de su hijo Regina reaccionaría, se sintió mal por usar al pequeño pero era su último cartucho. Se marchó para dejarle intimidad a su amiga mientras esta se vestía y fue junto a Henry, asegurándole que su madre iba a llevarlo a la escuela.
Tras dejar a su hijo en su clase, completamente feliz por volver a tener a su madre, se marchó con miedo a Industrias Swan, sabía que llegaba tarde pero ese era el menor de sus problemas, la posible reacción de Emma al verla la aterraba, casi tanto como la suya propia pues no sabía si le saldrían las palabras para explicarse.
Salió del ascensor ya en la planta de la oficina, caminando sin prestar atención a todo cuanto la rodeaba, con rumbo fijo hacia la enorme puerta de caoba que separaba el despacho de Emma del resto. A punto de llegar una mano la sujetó con suavidad por el brazo y se giró para encontrarse frente a Ruby, la incansable ayudante de Emma. La pelirroja le sonreía con ternura y ella le devolvió la sonrisa.
-¿Estás mejor ya Regina? Te hemos echado de menos por aquí
-"Sí, estoy mejor gracias, ¿La señorita Swan ya ha llegado?"
-Emma está en una reunión ahora, puedes entrar y ponerte a trabajar si quieres, tampoco tienes mucho atrasado
-"Llevo varios días sin venir, es imposible que no se me haya acumulado el trabajo"
-Bueno, parece que Emma le ha tomado el gusto a eso de trasnochar y pasar más horas de la cuenta en la oficina, no ha parado un solo segundo, decía que cuando volvieras tenías que encontrarlo todo como si nunca hubieras faltado
Su mirada se tiño de asombro, conocía a Emma y ese detalle no le pasó desapercibido, al parecer no quería echarla y dudaba que aceptara su renuncia aunque eso conllevara tener que dar explicaciones y no estaba preparada. Se despidió de Ruby con una sonrisa y un gesto de la cabeza y entró en su despacho, encontrándolo impoluto y ordenado, no reparó en la falta de adornos sobre la mesa de Emma cuando se sentó en la suya propia y encendió el ordenador, dispuesta a empezar su jornada y esperar a la rubia con alguna excusa.
Llevaba varias horas enfrascada en su trabajo, cuando la puerta del despacho se abrió con violencia y la voz de Ruby le llegó con claridad, le estaba advirtiendo a alguien que no podía entrar en el despacho ya que Emma no se encontraba en él.
La persona que sujetaba la puerta le dijo alguna cosa que no alcanzó a distinguir y ella resopló, fuese quien fuese sería su trabajo echarlo ya que sin Emma ese era su despacho y no quería a nadie deambulando por él.
La puerta se cerró cuando penetró en el despacho un hombre alto, en cuanto lo vio se quedó completamente paralizada y sus piernas empezaron a temblar, sus pesadillas habían saltado a la realidad y ante ella estaba aquel a quien no quería volver a ver en su vida.
Los ojos claros de Robin se posaron sobre ella, aun conservaba esa mueca de superioridad y había cambiado los jeans por el traje y la corbata, por lo demás seguía siendo el mismo. Él la miró durante un rato antes de dirigirse a ella.
-Sé que su jefa no está, me lo ha repetido esa mujer pelirroja al menos diez veces, pero la esperaré aquí
Regina no contestó, necesitaba toda su fuerza mental para no salir corriendo, para no gritar y para no lanzarse sobre ese hombre y destrozarlo a golpes, cosa que sería contraproducente ya que él era mucho más fuerte y seguramente saldría mal parada de esa situación.
Se concentró en el ordenador, rogando por no ser reconocida por él, un ruego que cayó en saco roto cuando puso sus manos sobre su mesa con una sonrisa.
-Regina Mills… Me ha costado reconocerte pero sin duda eres tú, ¿te ha tratado bien la vida?
Paró en seco con su trabajo y clavó su mirada oscura en los ojos claros de ese hombre, sintiendo nauseas y sus piernas temblando. Se puso su máscara para que él no viese cuánto le afectaba su presencia y no pronunció palabra alguna, provocando que ese hombre, acostumbrado a tener la sartén por el mango se enfadara y agarrara su muñeca con fuerza.
-Te estoy hablando… Por lo menos ten la decencia de contestar
Cuando sintió que el suelo se movía y el pánico empezó a apoderarse de ella, se abrió la puerta del despacho y entró Emma. La rubia se quedó de piedra al ver la escena que se desarrollaba ante ella, Regina temblando y sus ojos empapados de terror mientras Robin Hood sujetaba con fuerza su muñeca. La ira empezó a dominarla pero intentó mantenerse calmada, con voz suave se dirigió a su secretaria ya que necesitaba que se mantuviese alejada del despacho durante un buen rato.
-Señorita Mills, hágame el favor de ir a buscar un café, ya sabe dónde está la cafetería que me gusta, con canela por favor
Robin, al ver que la dueña de la empresa había entrado en su despacho, soltó a Regina como si se hubiera electrocutado y recuperó la compostura, mientras la morena pasaba junto a Emma, regalándole una mirada cargada de agradecimiento por haberla hecho salir de ese lugar.
Emma:
Una vez a solas en su despacho, pasó junto a su visita inesperada con majestuosidad y se dirigió al pequeño minibar que había instalado en un rincón de la estancia. No esperaba que Robin fuese a verla tan pronto y mucho menos que justamente estuviese Regina en el despacho, el haberla visto tan asustada por culpa de ese ser solo aumentó su repugnancia. Se sirvió un vaso de Whiskey mientras su interlocutor esperaba paciente a que se le permitiera exponer los motivos de su visita.
-"Señorita Swan, he venido para hablar con usted y es importante"
-Fíjate que no me apetece tenerle en mi despacho señor Hood, por qué no desaparece antes de que llame a seguridad
-"No me marcharé hasta que me explique por qué ha dejado de invertir en mi empresa"
-¿Qué pasa Hood? ¿Has hundido la empresa de papá?
-"Usted lo ha hecho no yo, durante años hemos tenido una buena relación, no entiendo por qué de la noche a la mañana ha retirado todo su apoyo, vengo a exigirle que vuelva a invertir con nosotros"
-Verás, abandonar mis negocios con tu empresa solo me supone una pérdida muy pequeña, mientras tú te quedas en la ruina y ¿Sabes qué? Nada me hará más feliz que verte en la ruina maldito bastardo
El alcohol en sus venas hacía que esconder su odio por ese hombre fuese casi misión imposible. Él se la quedó mirando, con rabia mas mantuvo la compostura puesto que esa mujer tenía la llave para reflotar su negocio y no quería estropearlo.
-"¿Nos dejas en la ruina por un capricho? ¡Sabes cuántas familias se irán a la calle por esto?"
-Tú te quedas en la ruina, yo no. Tú te vas a la calle tus trabajadores no, la empresa será mía cuando no tengas cómo pagarla, no te preocupes por tus magníficos trabajadores y preocúpate por salvar tu culo, ahora márchate, tu presencia aquí no es agradable
Ella se dirigió a la puerta para echarlo de ahí cuando él la detuvo con violencia, enfrentándose a ella una vez más.
-"Tiene que haber un motivo para que de la noche a la mañana me odie tanto…"
-¿Qué parte de váyase no entiende?
Robin posó la mirada sobre la mesa de Regina y, por un momento su cerebro pareció funcionar, los engranajes encajaron y una sonrisa maliciosa adornó su rostro.
Emma, dando la espalda a la puerta, no se dio cuenta de que Regina entraba con su café en las manos y, al ver que Robin seguía ahí, se quedó paralizada en la puerta.
-"¿Me vas a decir que arruinas toda una empresa solo porque me los pasé bien en la facultad?"
Ante esas palabras Emma perdió por completo el control de sus actos, su puño golpeó con fuerza rompiendo la nariz de Robin y tirándolo al suelo mientras temblaba de ira y sus ojos literalmente escupían fuego. Él la miró desde el suelo, entre asombrado y asustado mientras ella escupía sus palabras con desprecio.
-No, no voy a arruinarte por pasarlo bien en la universidad, voy a hundirte, a destrozarte a hacerte pedazos por hacerle daño a la mujer que amo, ahora o te marchas o te juro que te saco a patadas
Con fuerza lo agarró y lo puso en pie y al girarse para echarlo vio a Regina justo en la puerta, la morena la estaba mirando, solo a ella, en sus ojos oscuros había demasiadas emociones que no sabía cómo leer.
Empujó a Robin fuera del despacho y este se marchó, mirando con odio a Regina aunque esta parecía no darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Con ese hombre fuera de escena, Emma cerró la puerta casi con rabia y corrió a servirse otra copa. No podía enfrentarse a Regina con tanta ira en su interior, tenía que darle estabilidad mas quedó desarmada cuando escuchó su voz, un susurro a su espalda.
-"¿Me amas?"
Se giró lentamente hacia ella, sus ojos chocolate anhelantes clamando por una respuesta. Dejó la copa sobre la mesa y atrajo a Regina hacia sí, besando sus labios con ternura y suavidad.
-Sí Regina, te amo
-"No voy a preguntarte cómo has sabido lo de Robin porque intuyo que la respuesta es que me has estado investigando, pero cómo sabes que me amas si apenas nos conocemos"
-Supe que te amaba cuando descubrí tus heridas y lo único que quise fue curarlas
