Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi niña, esthefybautista, porque hacemos cinco increíbles meses juntas.

A mi Miss Swan tata favorita, porque quiero irme ya a vivir contigo, a Vero porque es un sol y a Natalia porque le debo muchos rw.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 17 FELIZ CUMPLEAÑOS HENRY

Emma:

No sabía cuánto había dormido, pero se sentía una mujer completamente nueva. Poco a poco volvía a la consciencia, sintiendo el calor del cuerpo de Regina completamente pegada a ella, su cálido aliento en el cuello, sonriendo sin poder evitarlo y embriagándose de la sensación de bienestar que la invadía en esos momentos.

Abrió lentamente los ojos para posarlos sobre el rostro apacible de su morena, completamente dormida en sus brazos. Su rostro sereno y tranquilo, en sus labios media sonrisa y sus cabellos alborotados sobre la almohada, era la visión más bella del mundo.

No quería moverse para no despertarla, pero al girarse para ponerse un poco más cómoda se encontró con los enormes ojos curiosos de Henry mirándola, entre asombrado y completamente feliz de verla. Se sobresaltó consiguiendo despertar a la morena que, de un salto, se levantó mirando histérica el reloj, al parecer habían dormido varias horas. Henry se abalanzó sobre ellas riendo feliz, Emma lo cogió en sus brazos y empezó a hacerle cosquillas mientras él reía y miraba a su madre fascinado, esa mañana estaba triste, sin querer salir de la cama y al llegar del colegio la vio feliz en brazos de Emma, su mente infantil unió los engranajes y supo que a partir de ese momento todo iba ir mejor, su madre volvería a dormir tranquila por las noches.

El parloteo incesante de Henry las hizo reír a carcajadas, lo único que pudieron sacar el claro fue que Emma se quedaría a cenar, no podía decir que no pues el pequeño había decidido por ella. La rubia lo abrazó con cariño, ese pequeño era el pilar de su amada, su tabla de salvación, Regina lo amaba con toda su alma y eso lo convertía en una de las personas más importantes para Emma también.

Se levantaron de la cama perezosas, y se unieron a Belle que con una mirada inquisitiva le dio a entender a su amiga que no se iba a librar de un exhaustivo interrogatorio mas tarde. Regina y belle entraron a la cocina para preparar la cena, mientras la morena entre risas echaba a Emma ya que aseguraba que no la quería en su cocina, no quería que nada saliese en llamas. Ella fingiendo que su orgullo estaba herido sin poder borrar la sonrisa de su rostro, se sentó con Henry que se empeñó en enseñarle uno a uno todos sus juguetes y tesoros, dejando para el final su preciado trenecito que llevaba a todas partes. Jugando con él la encontró Regina y se los quedó mirando enternecida, podía acostumbrarse a esa visión idílica, esa pequeña familia que Emma quería formar con ella y con su pequeño.

Cenaron entre risas, acompañadas del incesante parloteo de Henry contándole a Emma con todo detalle lo que había hecho en la escuela, a qué había jugado, cuántos amigos tenía y una larga lista. La rubia lo escuchaba solemne, interiormente agradecía la confianza que él depositaba en ella, el cariño que le daba. Tras cenar y limpiar todos los cacharros, belle se retiró alegando que estaba cansada aunque sus auténticas intenciones eran dejar a Regina a solas con Emma, sabiendo que su amiga necesitaba esos momentos de intimidad con la rubia. Se sentaron los tres a jugar a juegos de mesa, dejando que Henry ganara, hasta que este empezó a cabecear por lo que su madre lo mandó a la cama. El pequeño exigió que Emma fuese a arroparlo igual que la morena, terminando de ganarse el corazón de la joven. Con el niño profundamente dormido, Regina sirvió dos copas y se sentó con Emma, ninguna de las dos quería despedirse, no querían separarse. Tras la copa y haciéndose evidente que Emma ya debía marcharse pues se hacía tarde, se levantaron en silencio mientras Regina la acompañaba a la puerta. La rubia pudo apreciar que su mirada se había apagado, en ella había duda, incluso miedo, pero no se atrevió a preguntar los motivos.

La besó, con dulzura, lentamente, intentando alargar el momento del adiós todo cuanto pudiera. Al separarse Regina agachó la mirada y simplemente susurró.

-"Quédate…"

-Debo irme Gina, es tarde

-"Por favor… no quiero tener pesadillas"

-¿Desde cuándo las tienes?

-"Desde hace demasiado, quédate por favor"

La besó, una vez más, como negarse a su súplica muda, a su petición, no podía negarse cuando lo único que deseaba era ser esa roca sobra la cual Regina pudiera apoyarse. Sujetó su mano y la guió a la cama, acomodándose ambas como pudieron ya que Henry también estaba ahí acostado, dormido desde hacía rato. Regina apagó la luz y se acurrucó en los brazos de su amada, su aroma a vainilla le traía paz y poco a poco fue cayendo en la inconsciencia, sabiendo que esa noche los fantasmas de su pasado no la visitarían, esa noche dormiría tranquila y segura en brazos de aquella extraña mujer que se empeñaba en permanecer a su lado a pesar de su pasado lleno de adoquines.

Desde esa primera noche, fueron muchas las noches en las que una súplica muda en los ojos de su amada empujaron a Emma a quedarse a su lado durante sus noches, abrazándola y dándole seguridad. Por mucho que buscaba el momento para sincerarse con ella, para decirle toda la verdad, cada vez que lo intentaba había algo que la frenaba, decidió que esperaría al momento adecuado a pesar de que ese momento parecía no querer llegar.

Los días en la oficina eran tranquilos, el resto de empleados se acostumbró a las cada vez más frecuentes muestras de cariño, a verlas aparecer juntas por la mañana o marcharse juntas, muchas veces tomadas de la mano, incluso a ver algún beso robado mientras esperaban el ascensor. El humor de su jefa había mejorado de forma considerada y en cierto modo les parecía adorable verlas como dos adolescentes que se evaden del mundo.

No era extraño que Regina entrara en la oficina y encontrara una rosa blanca sobre su mesa, una nota con un te amo, y mil detalles que tenía Emma con ella solo para hacerla sonreír. Cada día que pasaba sentía que su amor crecía con fuerza, que no había errado al lanzarse al vacío por ella, cada día era más feliz.

Se encontraba oliendo una de las rosas que su amada había dejado en su mesa, cuando Emma se apoyó ante ella. Alzando la mirada le regaló una de esas sonrisas que le quitaban el aliento, mientras se colocaba la montura de las gafas.

-Gina, vamos bien con los papeles y no hay mucho trabajo, he pensado que este fin de semana podemos cogernos dos días libres

-"Este fin de semana es el cumpleaños de Henry"

-Lo sé, y quiero que hagamos algo especial con él

Una nueva sonrisa apareció en su rostro, Emma había cambiado muchísimo y ahora solo miraba por su felicidad, parecía otra persona y le gustaba demasiado en qué se había convertido.

-"¿Qué quieres hacer?"

-Es una sorpresa, pero prepara las maletas porque nos iremos fuera de Boston, te recogeré el viernes por la tarde

Llegó el viernes y Regina ya había preparado las maletas, esperaba puntual a Emma delante de su puerta cuando esta apareció con su coche. Subieron y Henry estaba completamente eufórico, pensando en la sorpresa de la rubia para su cumpleaños. Emma no decía nada, solo sonreía pues sabía que su sorpresa iba a entusiasmar al pequeño.

Regina soltó una exclamación al ver que llegaban a un hangar privado donde les esperaba un avión. Miró a Emma y esta le sonrió.

-Te dije que tenía un avión privado

-"¿A dónde vamos?"

-A Nueva York

-"¿Nueva York?"

-Henry quería visitar el aquarium

Regina enmudeció, su hijo llevaba meses hablando de ese lugar, deseando visitarlo y ella había estado ahorrando para llevarlo, miró a Emma completamente conmocionada pues iba a hacer realidad el deseo de su pequeño. La rubia la cosió de la mano y le regaló una sonrisa, iba a ser un fin de semana especial.

Henry no pudo controlar su emoción en todo el vuelo, en cuanto pisaron el aquarium quería mirarlo todo al mismo tiempo, maravillándose con los tiburones, soltando exclamaciones con la cantidad de peces distintos, corriendo de un lado a otro feliz, agarrado de la mano de Emma y ante la mirada cargada de amor de Regina.

Dejando atrás la zona de los peces, fueron a ver los distintos animales que habitaban el lugar, con el niño cada vez más emocionado.

Sin duda el momento culminante de ese fin de semana de ensueño, fue cuando Emma, como regalo de cumpleaños, consiguió que Henry cogiese en brazos a un bebe de oso panda. La carita del pequeño de pura felicidad fue suficiente para que su madre supiese que quería pasar el resto de su vida al lado de esa rubia que le había robado el sentido.

El fin de semana terminó y volvieron a casa con mil fotografías, mil momentos que recordar y con sus sentimientos fortalecidos y consolidados.

Dejando al niño en la cama, agotado por tantas emociones vividas, Emma se despidió de Regina con un beso en el alfeizar de la puerta.

Regina miró a su rubia a los ojos y por un instante supo que sus fantasmas simplemente habían desaparecido, llevaba meses luchando contra ellos sin prisa, poco a poco, apoyada en todo momento por esa mujer de ojos claros que la miraba con todo el amor del mundo. Sonrió sin soltar su cintura y Emma supo que algo rondaba por su cabeza, la conocía bastante bien.

-¿Qué piensas amor? ¿Quieres que me quede?

-"Quédate si quieres, pero no pensaba en eso"

-¿Entonces en qué?

-"Estaba pensando que estoy preparada"

-¿Preparada para qué?

-"Para ser tuya, tuya por completo, estoy lista para desterrar mis fantasmas para siempre"