Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a esthefybautista, porque la amo más que a nada y me hace gracia que me llame diosa atlante.

A mi Miss Swan tata favorita, porque está tan loca como yo, a Vero porque la quiero, A GEN PORQUE EMPEZÓ EL COLE y a Natalia porque se lo merece con creces.

Se lo voy a dedicar también a CM aunque no me va a leer, porque me ha nombrado reina del disfraz y me ha hecho reír muchísimo.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 18 LA ÚLTIMA MIRADA

Regina:

Storybrook, once años antes.

Odiaba el instituto, odiaba su vida, cada día que pasaba era igual al anterior, despertar en una casa extraña y compartir rutina con esas personas que se habían añadido a su familia y no soportaba.

Desde que su madre se había casado sin contar con ella para nada todo iba de mal en peor, Henry White intentaba ser el padre del año, acercarse a ella o comprarla con regalos pero no iba a funcionarle, lo odiaba porque le había robado a su madre y para colmo tenía que compartirla también con la inútil de su hermanastra, no soportaba Mary Margaret, siempre sonriente y perdida en su propio planeta, odiaba a todo el mundo y ese rencor que llevaba en su alma la consumía lentamente.

Su rutina se basaba en atormentar a su hermanastra en el instituto, ya que nada más llegar se había hecho la dueña del lugar, su belleza le dio las llaves para manipular a los más populares, subiendo rápidamente en la escala y consiguiendo castigar a su manera a aquella que junto a su padre le habían robado lo que le pertenecía por derecho.

Pero todo había cambiado de la noche a la mañana, solo bastó una pequeña llama para encender la mecha que la levaría al declive y esa mecha tenía nombre, Emma Scott. Aquella niña rubia, de ojos claros escondidos tras los cristales de unas gafas prehistóricas, con ropas arremangadas y desgastadas, una niña sin futuro, sin familia, una niña sin nadie. Una presa fácil ya que tenía puntos flacos y al parecer su hermanita se había fijado en ella, quería ser su amiga, solo eso bastó para que quisiera atormentarla, destruirla. En sus ojos se vislumbraba esa neblina de abandono y soledad, mirándola podía verse a sí misma y eso la aterraba, ella no podía ser débil, había nacido para enfrentarse a la vida con puños y dientes y jamás dejaría que la hundieran.

Humillación tras humillación su ego iba creciendo, el coreo de sus compañeros, las risas ante esas situaciones, incluso las lágrimas que se escapaban por el rostro de su víctima, lágrimas de vergüenza y de dolor, mas en la soledad de su habitación, cerraba los ojos y la angustia la invadía, por mucho que intentara convencerse a sí misma que había nacido para pisotear al más débil, las lágrimas de Emma Scott le dolían.

Entró en el instituto, una mañana más, rodeada como siempre de aquellos babosos que daban la vida por ella, por su belleza, fingiendo ser la reina del lugar cuando en realidad estaba hastiada, solo quería marcharse lejos de ahí y empezar de cero ¿Estaba tan mal pretender que te admiren por quién eres y no por tu físico?

Se deshizo como pudo de sus eternos guardaespaldas, cuando pudo verla, su rubia, su patito feo, la única que conseguía hacerla sentir, aunque fuera durante unos segundos, algo más que odio y frustración. Su larga melena había desaparecido en sus manos semanas atrás, ni siquiera sabía por qué había cortado su cabello, suponía que sin sus rizos dorados sería menos especial a sus ojos mas estaba equivocada, seguía teniendo ese halo de misterio, esa mirada triste que clamaba por una palabra amable, que la empujaba a querer tenerla entre sus brazos, que la hacía débil en todos los sentidos.

Emma entró en el baño y ella fue detrás, observándola como mera espectadora mientras esta limpiaba su cara, los restos de las lágrimas… había estado llorando y esta vez no era su culpa. Sus ojos se encontraron y el azul verdoso se cubrió de miedo, mientras se ponía su máscara de frialdad una vez más, sus barreras jamás caían ni siquiera en ese lugar donde nada ni nadie podía observarlas.

-¿Me dejas salir? Quiero irme a clase no quiero llegar tarde

Ahí estaba el motivo de sus desvelos, nadie había osado enfrentarse a ella nunca, su mirada intimidaba y aun más sus modos, en cambio Emma, a pesar de temblar de terror al verla, siempre tenía una palabra desafiante en la boca, rompiendo todos sus esquemas. Como un depredador que acecha a su presa, la fue acorralando contra la pared y, a pesar del pánico, ella no dejó de mirarla, de desafiarla, incluso de burlarse de ella a pesar de que no la estaba escuchando.

-No creí que Regina Mills tendría el valor de hacer nada sin sus perritos falderos a sus espaldas

-"Tú crees que soy idiota, que no me doy cuenta de las cosas, patito feo, pero yo lo veo todo y lo sé todo… ¿Crees que no sé que te mueres por mi?"

Contra la pared, Emma no podía hacer nada, acorralada por aquella muchacha que desde la primera mirada que cruzaron se había colado en su mente y se había apoderando de cada uno de sus sentidos.

La cabeza empezó a darle vueltas al notar la cercanía de la morena, a solo dos centímetros de sus labios, su aroma a manzana la embriagó y por un instante pensó que iba a besarla, perdiendo el norte y con las mariposas del amor adolescente bailando en su estómago furiosas.

Estaba tan cerca, solo un pequeño impulso y uniría sus labios con los de su patito feo, se moría de ganas, solo unos centímetros y podría poner nombre a sus desvelos, a la angustia que se apoderaba de ella cuando la imaginaba sola y triste, cuando la imaginaba aterrada y vulnerable. Amor era la palabra para definir todo cuanto se había apoderado de ella la primera vez que vio a la rubia en el patio, amor era la palabra que había desterrado de su vocabulario puesto que el amor era la mayor debilidad y ella no podía permitirse ser débil. Se apartó de ella bruscamente, sin llegar a unir sus labios y la miró con burla y reproche.

-"Así que mi patito feo resulta que es una lesbiana que piensa en mí, pues sigue soñándome pues nunca me tendrás"

Se marchó, dejando tras de sí a Emma, confusa y dolida por su mordaz comentario, se marchó con la opresión en el pecho que durante horas la estuvo agobiando, se marchó sin saber que su cobardía al haber huido de todo aquello que su interior le gritaba le iba a pasar factura, se marchó sin saber que se arrepentiría toda su vida de no haberse roto esos centímetros que las separaban.

Pasaban los días, no podía dormir, no podía quitarse de la cabeza la sensación de vacío que la invadió al no besar a su patito feo, daba vueltas en la cama intentando convencerse a sí misma de que el amor es debilidad, intentando desterrar el calor que la invadía al recordar lo cerca que estuvo de besarla, las ganas incesables de averiguar qué había conseguido hacerla llorar esa mañana. Ya no la atormentaba, había puesto distancia entre ambas porque la cercanía con sus ojos claros le producía escalofríos, hasta que una mañana supo que no podía más, que no podía soportar un día más sin hablar con ella, sin que su patito feo supiera lo importante que era para ella, quería intentar empezar de cero, compensarle su mal comportamiento, demostrarle que podía cambiar por ella, que no quería pasar un día más sin probar sus labios.

Acudió al instituto con una sonrisa en los labios, incluso sentía que el sol brillaba más de lo normal, nada podía acabar con su ánimo pues, a pesar de la reacción de Emma, por fin iba a liberarse de ese peso que cargaba su alma confesándole que la amaba. Mary Margaret iba a su lado, en silencio y cabizbaja, el humor de su hermana le importaba muy poco pero estaba decidida a ser mejor persona, para demostrarle a Emma que podía ser digna de ser correspondida. La cogió del brazo deteniéndola y esta la miro con rabia y odio, como siempre solía hacer cuando no estaban en casa.

-¿Qué quieres Regina? Déjame tranquila no estoy de humor

-"¿Qué te pasa?"

-Nada que a ti te importe

-"Sí me importa, quizás no sea la persona más amable del mundo pero somos familia ¿Qué te ocurre?

-Me ocurre que a partir de ahora podrás reírte todo lo que quieras de mí y mi soledad pues mi única amiga se va de Storybrook

-"¿Quién se va de Storybrook?"

-Emma, se marcha hoy, la han adoptado y se la llevan a Boston

Se quedó paralizada en ese instante, Emma se marchaba, justo ese día, justo el día que había decidido ser valiente.

-"Debo irme"

-¿A dónde te vas?

-"Por ahí, no me apetece para nada ir al instituto"

Se marchó dejando a Mary Margaret completamente asombrada y, cuando se hubo alejado, empezó a correr con un rumbo fijo, la casa de acogida donde vivía Emma Scott, no podía irse sin saber lo importante que era para ella.

Cuando llegó solo alcanzó a vislumbrar el coche que se alejaba llevando en su interior a su primer amor, corrió y corrió detrás de ese vehículo hasta que le fallaron las piernas y tuvo que parar, con los ojos inundados en lágrimas y regalándole a Emma, sin que esta la supiera, la última mirada, una última mirada cargada de amor jamás pronunciado, del dolor de la perdida prematura, una mirada que sabía que jamás podría olvidar a su pequeño patito feo.

Dentro del coche Emma iba en silencio, los Swan parecían buenas personas, algo mayores para tener hijos la habían elegido a ella y se la llevaban lejos de Storybrook, lejos de los malos sueños y lejos de Regina.

Pensar en la morena le provocaba una angustia terrible, no podía olvidar ese instante en el lavabo cuando creyó que la besaría, Regina siempre tan irónica, cargada de odio y reproche, en ese momento creyó ser correspondida y no era así. Echó un vistazo a la carretera que dejaba atrás y creyó verla, de pie, a lo lejos, mas era imposible ya que Regina estaba en el instituto en ese momento, debía ser una broma de mal gusto de su subconsciente, lo mejor para ella y su cordura era olvidarse de Regina.

Y así, ambas sin saberlo, dos niñas que se amaban con la intensidad del primer amor, se separaron antes de tiempo esperando a que fuese el destino quién las volviera a reunir, que fuese el tiempo quien pusiera las palabras a esa última mirada cargada de sueños rotos que se regalaron en esa carretera.