CAPITULO 2: LA DECISIÓN

Una noche pesada, una noche negra sin estrellas... gritos al horizonte siberiano, hicieron despertar a Scandia en mitad de la noche... Los Mongoles, un nuevo enemigo para él, pero ya conocidos por su esposa Rus, desde tiempo atrás. Solo al escuchar los gritos de guerra hizo levantarse bruscamente de la cama y correr con el pecho descubierto afuera de la casa, viendo como a la lejanía el ejercito Mongol masacraba el pueblo en el que residían... Dejando para el final y como objetivo, la residencia de Rus. El pelo de su cuerpo se encrespó al observar semejante barbarie, que debía detener o... huir con su familia ¿Que haría?¿Intentar salvar a su pueblo, uniéndose en la batalla y dejar sola a su familia. O huir con sus seres queridos y dejar morir a su pueblo? Una difícil decisión...

Corrió a avisar a todos los habitantes de la casa, desesperado y realmente asustado. Corriendo a su habitación y cogiendo su afilada espada nórdica.

-¡Rus!¡Vamos, levanta!- Su voz era temblorosa y rápida, zarandeaba a la mujer para que se diera la mayor prisa posible. Consiguiendo que despertara con un malestar.

-¿Que ocurre, que ocurre?- dijo mientras volvía a acomodarse en la cama, intentaba levantarse, pero tenia demasiado sueño para hacerlo.

-N-No tengo tiempo para explicártelo ¡Solo levantate, rápido!- Ya estaba demasiado agobiado, el tiempo iba en su contra, era un duelo a contrarreloj, tarde o temprano los Mongoles llegarían hasta su casa... Y los cogerían.

Al escuchar la mujer los gritos de pánico que empezaban a sonar cada vez más y más fuertes, abrió los ojos completamente y miró al hombre. Cual estaba poniéndose las prendas y la armadura, con la espada ya en la cadera, amarrada con fuerza a él.

-¿Que está pasando ahí afuera?- Preguntó con la voz asustada y empezando a temblar, levantándose de la cama para ponerse la ropa.

-Un ataque Mongol, no tenemos tiempo, vendrán a por nosotros- Su voz se volvió más mansa, ya con las ideas claras de lo que tenía pensado -Despierta a los niños, os llevaré a los establos...- Salió de la habitación con rapidez y se dirigió al portón de la entrada... Cerrando los ojos y tranquilizando su respiración, abriendo las grandes puertas con ambas manos y saliendo de la casa, desenvainando la espada. Mirando con horror a los soldados que entraban en las cabañas en busca de Rus, escuchando el sonido del metal y los gritos y súplicas, oliendo el fuerte hedor del humo que desprendía el fuego de las cabañas, sintiendo el frío aire invernal... bajó unos cuantos escalones de piedra de la casa y giró la mirada de nuevo a la entrada, escuchando a su mujer a sus espaldas.

-No estarás pensando en combatir contra ellos ¿Verdad, Scandia?- Preguntó y supuso la siberiana a su marido. Cogiendo en brazos a la pequeña Bielorrusia y a sus lados, Rusia, Anya y Ucrania .

Este suspiró y la miró a los ojos, asintiendo con la cabeza y haciendole un gesto con la mano para que fuera hacia él y lo siguiera, hacia los establo -Tengo que sacaros de aquí, a los niños y a ti. Comprendelo, tengo que hacerlo- Scandia envainó su espada y cogió en brazos a Rusia y Ucrania, ellos totalmente confusos por la situación, y todavía adormilados.

Corrieron con mucha precaución a los establos, que estaban a unos 20 metros de ellos, sin haber llegado afortunadamente las tropas Mongoles. Montando en un caballo a Ucrania, Anya y Rusia, Ucrania era la mayor, y afortunadamente tenía experiencia con los animales equinos gracias a las clases de su padre. Rus y Bielorrusia se montaron en otro, con la ayuda de Scandia.

-Escuchadme, tenéis que ir al Oeste, allí no conseguirán llegar los Mongoles si mis hombres y yo conseguimos retenerlos... Tened cuidado, yo estaré bien, no os preocupéis- informó el alto a su familia, intentando tranquilizarlos un poco, garantizando su seguridad.

-N-No puedes quedarte ¡Tienes que venir Scandia!- Decía la mujer ya desesperada y llorando, aterrorizada e invadida por el pánico

-... Lo siento- Se puso de puntillas y le dio un último beso en los labios, dando una azotada al caballo para que saliera despedido hacia un lugar mas seguro y fuera de la amenaza Asiática.

Lo único que pudo ver su mujer fue a el Vikingo correr con espada en mano, dispuesto a combatir contra el invasor.

El nórdico llegó al pueblo, que estaba envuelto en una carnicería y en llamas. Pero aun los hombres podía resistirlo bajo las ordenes del Vikingo, incluyéndose en la sangrienta pelea ¿Contra cuantos? ¿200, 300 Mongoles? Un ataque que lo pillo totalmente de improvisto. Corrió entre el enemigo mientras ensartaba con cualquiera que estuviera por delante seguido por su propio ejercito que le cubría las espaldas y acababan con los que no llegaba a masacrar el bárbaro, llegando hasta el hombre que buscaba y llamaba a gritos a la representante de la Rus de Kiev. Haciéndole un placaje y tirando al suelo al capitán Mongol, ensañándose con el hombre a puño limpio, terminando por poner el filo de la hoja en su cuello y formulándole la siguiente pregunta -¿Que buscas y por que?- Mirándolo con ojos encarnizados y deseoso de acabar con su último atisbo de vida

El soldado estaba echo polvo, con la cara destrozada después de la semejante paliza que le había metido el furioso nórdico -R-Rus de Kiev... T-Tierras... P-Para M-Mongolia- Logró decir con toda la boca ensangrentada, intentando no ahogarse con su propia sangre.

Demencialmente, el hombre rió a carcajadas al cielo y volvió la mirada al asustado soldado -¿Quien te crees que eres... para venir a esta tierra? No volváis a pisar esta tierra jamas... aunque da igual... vais a morir aquí ¿Ja?- Dicho esto, le cortó el cuello y dejó que la sangre manchara su rostro, vertiendo los fluidos por la tierra. Soltando el cuerpo y levantándose, limpiándose el rostro y volviendo la atención a como el ejercito Asiatico, desmoralizado y casi destruido, se alejaba o arrastrandose o huyendo por los guerreros siberianos persiguiendoles... Comenzando a llover, convirtiendo la tierra en barro y llevandose la sangre del campo de batalla, que antes... era el hogar de Scandia y su familia.