Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi niña, esthefybautista, porque la amo con locura, ella es lo mejor que tengo en la vida.

A mi Miss Swan tata favorita, porque tiene fantasmas en su casa, a vero porque su voz es sexy y a Natalia porque lo merece más que nadie.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 21 FELIZ NAVIDAD

Emma:

Todo se había precipitado sin control y la euforia se había apoderado de ella. Llevaba varios días dándole vueltas a la idea de proponerle a su morena que fuese su esposa, no quería esperar, llevaba amándola toda su vida y estaba segura de que esta vez no iba a perderla.

Su respuesta afirmativa encendió su alma como un volcán largo tiempo dormido, pasaron las horas en un suspiro mientras se devoraban, atrapadas ambas por la magia y la inconsciencia, por un sentimiento mayor que todo cuanto conocían. Entre risas y sueños susurrados con tiernos besos y cálidas miradas tuvieron que aterrizar, poner en orden todo lo acontecido y empezar poc a poco los grandes cambios que se avecinaban, el primero de ellos era hablar con Henry, el pequeño adoraba a Emma con locura pero no sabían cómo se tomaría su inminente enlace con su madre.

Se vistieron lentamente, robándose besos de vez en cuando, y decidieron que no iban a tardar más en explicarle al pequeño lo acontecido, el anillo de compromiso adornaba el anular de su amada como la firma a un pacto no escrito, Regina iba a ser suya a pertenecerle por completo y ella iba a convertir su vida en el cuento de hadas donde ella era la reina, en su mente una sola obsesión, darle a su amada todo lo que era, todo cuanto le pertenecía, su propia vida si llegara a ser necesario, todo para que esta fuese inmensamente feliz.

Una vez en el pequeño apartamento de su reina, se sentaron los tres a responder todas las preguntas de Henry que se moría por estar con ellas, las había echado de manos. Con delicadeza para que no se lo tomase mal, Regina empezó a contarle la situación a su hijo, diciéndole que habían decido casarse, esperando que él estuviera de acuerdo con dicha decisión. El pequeño las miró alternativamente, intentando asimilar que las cosas iban a cambiar de la noche a la mañana, que su familia ya no iba a ser su mamá y él, Emma formaría parte de ella, de su rutina, de su día a día, iba a ser su madre también.

Ambas lo miraron expectantes, Emma sabía que si Henry no estaba de acuerdo con compartir a su madre la morena se echaría atrás y estaba aterrada ante la idea de que eso sucediese, por el contrario Regina se debatía con sus propios demonios, recordando el dolor que le provocó que su madre se casara sin consultarle, esperando no causarle el mismo daño a su pequeño.

Tras unos minutos que se hicieron eternos, Henry saltó a los brazos de Emma feliz, adoraba a esa mujer y la idea de pasar el resto de su vida con ella le había fascinado. La rubia lo estrechó entre sus brazos, besando su cabecita y mirando a su morena con amor, era solo el comienzo, todo se estaba enderezando, pronto serían una familia de verdad.

Las siguientes semanas fueron un caos, desde su compromiso Emma se había negado a volver a un apartamento vacío, lejos de su pequeña familia, por lo que decidieron mudarse de inmediato. Después del trabajo ambas se dedicaban a adecentar ese lugar para convertirlo en su hogar, a gusto de los tres. Emma vació su gimnasio que no usaba para convertirlo en la habitación de Henry, habitación que pintaron los tres juntos, terminando empapados en pintura y riendo a carcajadas. Un ático enorme y frío poco a poco se llenó de luz, el minibar desapareció y en su lugar toda la colección de trenes de Henry adornaba el salón, fue llenándose con ese calor de hogar que había fascinado a Emma desde la primera vez que puso el pie en el apartamento de su amada.

Poco a poco Henry se fue acostumbrando a dormir lejos de su madre, a pesar de que a menudo acababa metido en la cama de matrimonio y automáticamente era recibido por los brazos de su madre y las suaves caricias en su cabello de Emma, protegiéndolo y cuidándolo, se sentía bien con ambas, las adoraba casi con la misma intensidad.

Casi sin darse cuenta llegó la semana de navidad, ambas habían decidido que pasarían ese día separadas ya que aún no habían hablado de su compromiso con sus familias, ambas querían pasar esa noche especial en casa con los suyos lo que implicaba tomar caminos distintos, mas al haberse acostumbrado a la presencia de la otra, a amanecer juntas, pelearse por ser la primera en entrar en el baño, quedarse despiertas hasta tarde mirándose, incluso haciendo especiales momentos tan cotidianos como cocinar, limpiar o mirar la televisión, les costó mucho despedirse ese veinticuatro de diciembre.

Emma se empeñó en que Regina se marchase a Storybrook en su mercedes ya que llegaría mucho antes que con el tren y viajaría más cómoda. Ella podía elegir entre sus otros vehículos que no eran pocos, por lo que esa mañana vio desaparecer su mercedes con rumbo al pueblo donde se habían conocido con una sonrisa triste en su rostro, inconscientemente empezó a contar el tiempo que debía pasar antes de volver a tenerla en sus brazos y, con los ojos oscuros de su amada en su mente se subió a su Lamborgini poniendo rumbo a la residencia de los Swan, iban a ser unos días largos.

Regina:

Por mucho que lo intentó fue imposible convencer a Emma de que viajaría en tren, por lo que se encontraba llevando ese mercedes en dirección a su casa, en su mente una sola idea, no pasaría de esa noche, durante la cena anunciaría su compromiso y aguantaría el bombardeo. Siempre había sido muy independiente mas ese no era el motivo por el cual sus padres y su hermana aún no conocían dicha noticia. Era mucho más simple, estaba viviendo en una nube desde el día que su patito feo le pidió que se casara con ella y se había olvidado, literalmente, del resto del mundo.

Henry iba en la parte de atrás, profundamente dormido y enfadado porque Emma no los acompañaba, ese hecho le hinchaba el corazón ya que su pequeño ya no concebía vivir sin la rubia junto a ellos, la adoraba.

Cerca de medio día llegó a casa, donde los abrazos llenos de cariño y alegría no tardaron en aparecer, llevaba mucho tiempo sin ver a sus padres y se asombró bastante al ver el avanzado estado de su hermana, sabía que Mary y David esperaban un bebé pero no imaginaba que ya se le notara tanto.

Cora y Henry se desvivieron con su nieto al que habían extrañado mucho, hablaron con Regina de nimiedades, del trabajo y de su vida en la ciudad, aunque la morena hablaba poco, alegando que estaba cansada por haber conducido tantas horas.

Cora miraba a su hija, la conocí ay sabía que algo rondaba por su cabeza, no la presionó pues sabía que no daría resultado pero no pudo evitar sonreír al verla, sus ojos tenían un brillo que nunca había visto en ellos, solo en una ocasión y fue cuando tuvo a Henry en sus brazos, Regina era extremadamente feliz y cuando quisiera abrirse a ellos y contarles el motivo de su dicha se alegraría con ella por todos sus éxitos.

El día se dio con tranquilidad, con algunos recuerdos del pasado, risas y bromas, sobre todo por los piques que Mary Margaret y Regina tenían de adolescentes, en esas circunstancias ambas se miraban y reían con ganas de lo estúpidas que llagaban a ser a temprana edad.

Finalmente llegó la hora de la cena, el comedor estaba preparado y adornado con motivos navideños, todos bien vestidos y sentados en la mesa preparados para degustar el típico pavo hecho por Cora, el más delicioso que habían probado en la vida.

Todos hablaban y reían menos Regina, que comía en silencio, perdida en sus propios pensamientos hasta que tomó el valor necesario y, elevando la voz por encima de la cháchara, soltó la notica sin apenas pestañear.

-"Me caso…"

Todos callaron y la miraron estupefactos, se esperaban cualquier cosa de Regina, lo más inverosímil, pero no que anunciase su inminente matrimonio. Cora carraspeó y sonrió puesto que había averiguado el motivo de la felicidad de su pequeña.

-Eso es estupendo Regina, me alegro, todos nos alegramos de que hayas encontrado al indicado ¿Quién es él? ¿Cuándo podremos conocerlo?

Las palabras llenas de afecto de su madre provocaron que su rostro se tiñese de escarlata pues no sabía cómo contarle a su familia que no había ningún él, sino una mujer, ella, la que había trastocado su mundo. Fue a contestar cuando Henry, feliz al recordar a Emma, se le adelantó gritando con alegría.

-"No es un chico, el único hombre de mamá soy yo"

Cora la miró estupefacta pero Regina mantuvo alta la mirada, no tenía por qué avergonzarse, había encontrado su final feliz y pensaba luchar por él. El resto de su familia miraba con curiosidad la escena que se desarrollaba ante ellos pues a pesar de que les había tomado por sorpresa la noticia Cora seguía siendo la madre de Regina y esa conversación, aunque en público, la estaban teniendo ellas dos.

-"Henry tiene razón, junto con Henry White a quien he aprendido a amar como a un padre son los únicos hombres de mi vida, mi futura esposa se llama Emma Swan, nos prometimos hace cerca de un mes"

Fue el turno de Mary Margaret de atragantarse, pillada completamente por sorpresa y soltando una exclamación. Mirando a su hermana sin terminar de creerse semejante noticia.

-Nos estas tomando el pelo Gina ¿Con tu jefa?

-"Sí Mary, con mi jefa y tu amiga, me contó que amablemente le pediste que me contratase"

-¿Sabes quién es ella?

-"Sí, lo sé, y me voy a casar con ella, es lo mejor que me ha pasado en la vida"

Todos quedaron en silencio, Regina feliz por haber contado por fin que se casaba y el resto de integrantes de la familia procesando dicha información, hasta que Henry White empezó a reír a carcajadas, una risa jovial y alegre, mirando a su hija con amor.

-"¿Qué sucede padre? ¿Os hace gracia que me case con una mujer?"

-No Gina, solo que me estaba preguntando que de dónde demonios habías sacado tú un mercedes y acabo de caer, ese coche pertenece a Emma Swan

Todos empezaron a reír ante ese comentario y siguieron cenando, charlando de todo y nada, contestando a preguntas, contando una y otra vez su historia, cómo se conocieron en el instituto y, tantos años después, se reencontraron nuevamente para no volver a perderse.

Finalmente tras un brindis y las pertinentes felicitaciones, se retiraron de la mesa y se fueron a la cama, todos menos Regina y Mary Margaret que, copa en mano, se sentaron en el porche de esa casa que las vio crecer contemplando las estrellas.

Mary miraba a su hermana con una sonrisa, su rostro sereno, sus ojos brillantes por la eterna dicha que llevaba en su interior, era una mujer nueva y se podía ver en sus facciones.

Ella la miró sonriendo, desde hacía ya un tiempo siempre que coincidían en casa salían en algún momento a sentarse juntas en el porche, a veces sin pronunciar palabra.

-"Gracias Mary, sin ti no estaría hoy así"

-No es nada, yo sabía que ella estaba coladita por ti en el instituto pero debo admitir que me ha pillado por sorpresa que a día de hoy ese sentimiento perdure

-"¿Ya sabes si es niño o niña?"

-David cree que es niño pero yo pienso que es una niña, no lo quiero saber hasta que nazca

"Ser madre es hermoso, me alegro mucho por ti"

-La verdad es que hace mucho tiempo que lo deseábamos así que estamos muy felices

-"¿Ya habéis pensado nombres? Recuerdo que yo pensé muchísimos pero hasta que no estuvo en mis brazos no supe que nombre ponerle"

-Lo hemos estado hablando y si es niño se llamará James, como el padre de David

-"¿Y si es niña?"

-Si es niña se llamará Regina, como su madrina

La morena, que no se esperaba dicha contestación, se giró asombrada hacia su hermana que le mantuvo la mirada con una tierna sonrisa, durante unos instantes sin palabras. Mary Margaret la abrazó y Regina se dejó abrazar quedando ambas en silencio, con una sonrisa, recordando el odio y el rencor que se habían guardado desde siempre y el gran amor fraternal que en esos momentos compartían.

De pronto el teléfono de la morena comenzó a sonar, sacándolas de sus ensoñaciones, al mirar la pantalla se dibujó en su rostro la más bella de las sonrisas.

-"Disculpa Mary, tengo que contestar"

-Es Emma ¿verdad? Te ha cambiado la cara por completo

Una simple sonrisa fue su respuesta mientras descolgaba el teléfono, anhelante, esperando oír la voz de su amada, solo llevaba un día lejos y la extrañaba demasiado.

-"Hola amor, feliz navidad"

Emma:

Había llegado a casa de sus padres pronto, demasiado pronto. Su padre salió a recibirla con una sonrisa. A pesar de que la adoptaron siendo ya una adolescente amaban a esa muchacha como si llevara su sangre, era la niña de sus ojos, su mayor orgullo, había heredado una pequeña empresa y en cuestión de pocos años la había transformado en el imperio financiero más importante de Estados unidos. Su pequeña iba a pasar la navidad con ellos, mas en cuanto la vieron llegar supieron que algo la atormentaba. Conocían bien a su pequeña y sabían que, a pesar de que los adoraba, su corazón deseaba estar en otra parte ese día señalado, eso solo podía significar una cosa y era que Emma se había enamorado y esta vez ella sería la definitiva.

Cenaron en silencio, intentando que su pequeñaja se abriera a ellos mas esta había levantado un muro infranqueable, por lo que, al terminar la cena, Leo Swan se dirigió a su hija con cariño.

-"Dime pequeña ¿Quién es ella?"

-¿Cómo sabes que hay alguien?

-"Porque te conozco demasiado bien ¿Quién es?"

-Se llama Regina, Regina Mills, y voy a casarme con ella

-"Eso es una noticia estupenda, enhorabuena pequeñaja"

-No quería contároslo aun, quería esperar a poder traerla conmigo para presentárosla

-"¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás con ella?"

-Yo… es Navidad, siempre vengo a casa por Navidad

-"Ese siempre debe cambiar, nosotros somos tus padres y te queremos pero llega un momento en el que vemos a nuestros hijos tomar su propio camino, abrir las alas, ella es tu presente y tu futuro, deberías estar a su lado"

-Tienes razón Papá, me marcho, feliz Navidad

-"Feliz Navidad hija mía"

Salió como alma que lleva el diablo, llamando a su piloto para que presentara un plan de vuelo, se marchaba a Storybrook y no quería tardar.

Solo una hora más tarde se bajaba de su avioneta en el hangar de Storybrook, donde un taxi la condujo a la residencia de los White, sabía por su amiga Mary Margaret que sus padres no habían cambiado el domicilio.

Una vez en la puerta, cogió su teléfono y marcó el número de Regina, esperando pacientemente, tono tras tono, a que su amada respondiera su llamada. La morena no se hizo esperar, su voz jovial se pudo escuchar al otro lado del aparata en cuestión de segundos.

-"Hola amor, feliz Navidad"

-Feliz Navidad mi reina ¿Cómo estás?

-"Bien, mi familia ya sabe que me voy a casar contigo, Mary Margaret está justo a mi lado ahora mismo y dice que te va a matar por habértelo callado"

-¿A mí? Es tu hermana, tendrías que habérselo dicho tú no yo

-"Bueno, atente a las consecuencias… Henry duerme pero te ha echado de menos, igual que yo"

-Yo también te he echado de menos, y me estoy muriendo de frío ahora mismo

-"¿Frío? ¿No estás en casa?"

-No, además nunca llegué a acostumbrarme al clima de Storybrook, por cierto ¿me abres la puerta?