Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada dormilona esthefybautista, porque le venció el sueñito pero la amo igual.
A mi Miss Swan tata favorita, porque espera mi paquete de seur con ansias, a Vero porque es un cielete, A GEN PORQUE ESTÁ EN EL COLE y a Natalia porque espero que todos sus proyectos salgan bien.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del último capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 23 PROYECTOS Y FUTURO
Emma:
Despertó, sintiendo frío pues le faltaba el cálido cuerpo de su esposa a su lado en la cama. Intentó fijar la mirada pero era inútil, demasiado tarde o demasiado pronto, depende de cómo se mirase, el reloj marcaba las tres de la mañana y Regina aun no se había acostado.
Se levantó perezosa y resoplando, por fortuna esa era la última noche en vela que su morena padecía, al menos por los estudios. Se dirigió a la cocina, echando un vistazo a la habitación de Henry donde el muchacho yacía completamente dormido. Preparó café en silencio, sin olvidarse de la canela con una sonrisa en el rostro, su mujer le había cogido el gusto a beber así ese brebaje. Con paso seguro y sin hacer ruido, entró en el despacho que había habilitado para que Regina pudiera estudiar, su morena estaba concentrada en sus apuntes, colocándose las gafas de vez en cuando como síntoma de nerviosismo, era la recta final de su carrera y le estaba pasando factura. Para Emma seguía siendo la mujer más hermosa del planeta, aunque se desvelara y la arrastrara inevitablemente con ella. Cerró la puerta con cuidado, llamando la atención de su amada que levantó la vista de los papeles y se la quedó mirando, con media sonrisa en el rostro. Sus ojos cargados de ternura y un mudo agradecimiento cuando su mujer le tendió la taza de café. En silencio se sentó a su lado, mientras bebía un sorbo de ese brebaje e, inconscientemente, llevó su mano al vientre de Regina, provocando que la morena dejase de estudiar y ambas se miraron entre inquietas y sonrientes.
Regina colocó la taza de café sobre la mesa y se acurrucó en los brazos de su esposa, dejando que esta acariciase su vientre con cariño, antes de romper el silencio con un susurro.
-"¿Crees que fuimos muy deprisa?"
Emma besó su cabeza con cariño, últimamente hablar con Regina era muy difícil pero sabía que valía la pena pasar por ese momento, después del último examen sería licenciada en empresariales y el hecho de que llevara a su hijo en su interior dejaría de preocuparle.
-Creo que tras cuatro años casadas era el momento de ser mamás otra vez
-"Sé que te insistí mucho, y que tú querías esperar a que terminase la carrera…"
-Regina está bien, las cosas han salido como debían, a su debido tiempo
-"Te amo ¿Sabes?"
-Yo también a ti, ¿Es necesario que sigas estudiando? Estoy convencida de que no lo necesitas
-"Tienes razón, solo estaba repasando ya que no podía dormir, estoy nerviosa"
Emma levantó con relativa facilidad a su esposa en sus brazos, provocándole una leve risa y besó sus labios con cariño.
-No tienes por qué dormir, pero quédate a mi lado en la cama, te prometo desvelarme contigo
Un nuevo beso robado, sonrisas y susurros para no despertar a Henry, mientras Emma la conducía hacia la cama en brazos. La tumbó con delicadeza, como si fuese de cristal, besando sus labios, su rostro, su nariz, bajando por su cuello, viajando por su piel con dulces besos que le provocaban cosquillas, mientras su amada entrelazaba sus dedos entre sus rizos, mordiéndose el labio inferior, intentando calmar sus hormonas alteradas debido a su reciente estado.
De pronto Emma dejó de besarla y la miró a los ojos pensativa, la morena acarició su rostro, depositó un beso suave en la punta de su nariz y le preguntó sin rodeos.
-"¿Qué te pasa por la mente?"
-Que mañana terminas por fin de estudiar
-"Por fin… se hizo eterno pero voy a ser licenciada"
-Debería empezar a encargar el nuevo nombre de la empresa, tengo que cambiar todas las tarjetas de visita, los letreros, en fin, todo un rollo
-"No me habías dicho que le vas a cambiar el nombre"
-Pues claro mi vida, a partir de mañana serás licenciada en empresariales, no creerás que volverás a industrias Swan como secretaria, a partir de mañana será Mills-Swan
Regina sonrió ante esa tímida declaración, por mucho tiempo que pasará jamás entendería la lógica de Emma, aunque la rubia hablaba de sus proyectos y sus planes completamente convencida. Le recordaba a su inesperada proposición de matrimonio, o cuando una madrugada la despertó para decirle que había estado pensando y quería tener cuatro hijos más, dándole todas las razones y motivos para que ese hecho sucediera completamente convencida de que poseía la verdad absoluta. Esa manera de ser que tenía su esposa en ocasiones la desquiciaba y otras la volvía loca de amor, no se había equivocado con ella, por muchos dolores de cabeza que le diese era el amor de su vida.
Sin darse apenas cuenta cayó profundamente dormida en brazos de su rubia, sin poder dejar de sonreír. Emma acariciaba sus cabellos con cuidado y, al ver que había caído en un profundo sueño, posó su mano sobre el vientre de su amada una vez más, sonriendo. Era muy pronto para que se notase pero ambas sabían que ahí se estaba formando el primer hijo que tendrían juntas, un hijo deseado y altamente esperado por las dos, un nuevo sueño cumplido.
Fueron pasando los meses, Regina se había graduado con honores y salió de la universidad codiciada por todos los empresarios ya que sus calificaciones fueron más que excelentes. Volvió a la empresa donde todo había empezado, como la esposa y la socia de Emma Swan, seguían compartiendo despacho pero todo era muy distinto, Regina ya no seguía órdenes sino que las dictaba, juntas Industrias Mills-Swan, como Emma se empeñó en llamar a su imperio, siguió creciendo y prosperando.
Al igual que el vientre de Regina, cada vez más redondeado, haciendo evidente su estado y acrecentando la alegría de toda la familia, emocionados por la llegada de un nuevo integrante entre ellos.
Mary Margaret había tenido hacía cuatro años una niña, llamándola Regina como prometió, la pequeña de ojos claros y cabello oscuro, una copia de su madre, estaba completamente fascinada con su madrina, haciendo más que evidente la mano que tenía Regina con los niños. Henry ya era todo un hombrecito, a menudo Emma llegaba a casa y lo encontraba junto a su madre, acariciando su vientre redondeado y hablando con su futuro hermano, convencido de que era un niño, esos momentos la llenaban de una ternura infinita.
La guerra por elegir nombre la había ganado Emma, ya que lo encontraba justo al ser Regina la que llevase a su hijo y no ella. La morena tuvo que resignarse a la cabezonería de su amada y consentirla, esperando que no se le ocurriese llamarlo como algún personaje de Star Wars aunque la veía capaz.
Los meses pasaron con prisa, antes de darse cuenta, en medio de una reunión, recibió la llamada de Cora diciéndole que Regina estaba de parto y salió corriendo sin despedirse, provocando una carcajada general en la sala, todos sabían que la morena estaba en los últimos días de embarazo.
Cuando llegó al hospital, se encontró a su esposa esperándola, sonriendo a pesar de los dolores del parto, le tendió su mano y ella corrió a cogerla, esquivando a todos sus familiares que se habían trasladado a ese lugar para estar presentes en ese momento.
Dejando atrás a la familia al entrar en la sala de partos, cogió la mano de su esposa mientras Regina la apretaba, cada vez más fuerte. El parto fue largo, muy largo, pero finalmente con un último esfuerzo, un último empujón para desvanecerse agotada, sujetada por su esposa que no la soltaba y el silencio, roto a los segundos por el estridente llanto de su bebé y la enhorabuena del médico al depositar a su hija en sus brazos.
Era tan pequeña que tuvo miedo de romperla, la sujetó como si fuese de cristal y sin darse cuenta las lágrimas corrieron por sus mejillas, lágrimas de emoción al verse cumplido uno de los sueños de su vida. Miró los ojos chocolate con amor, la mujer a la que amaba, su esposa, su Regina, la miraba con una sonrisa sostener al bebe en sus brazos, con delicadeza le entregó a su pequeña, llorando ambas y riendo a la vez, completamente emocionadas.
-Tómala mi reina, tenemos una niña hermosa
-"Dime que no la vas a llamar Leia"
-Se llamará Cora, como su abuela.
Un beso, suave y dulce, para sellar ese momento perfecto y único, el momento en el que dos mujeres que se habían amado toda la vida sujetan en sus brazos a su hija, nacida del amor.
Se miraron pues sabían que todo proyecto que emprendieran tendría éxito si permanecían unidas, se miraron sonriendo pues sabían que por muy duro que fue su pasado, el futuro que se abría ante ellas era incierto pero sin duda feliz, futuro en el que andarían por la misma senda, de la mano, tropezando y alzándose una vez más, un futuro en el que despertarían con una sonrisa y cada noche se dormirían abrazadas dando gracias al destino por haberlas puesto en el camino correcto, tras muchos errores y tropiezos.
La rubia depositó un beso sobre la frente perlada de sudor de su amada, y acarició con ternura la mejilla rosada de su pequeña, sabiendo que cuando Henry la viese se enamoraría perdidamente de ella y sonriendo ante la certeza de que su vida había cambiado para siempre. Había pasado de ser una solitaria mujer de negocios cuya única motivación era ganar más y más dinero a ser esposa, madre, hija, tener familia y amarlos, se dio cuenta de que los bienes materiales no te dan el calor que te da tomar la mano de aquella que amas, sujetar en tus brazos por primera vez a tu hijo, esos regalos de la vida valían más que todo el oro del mundo.
En ese momento Emma Swan se sintió rica por primera vez en su vida y esa sensación no la iba a cambiar por nada, ni siquiera por un montón de billetes de papel que al final perdían todo el sentido.
FIN
