Capitulo III.- Discusiones.

Esperen, yo pague aquel trato… mas les vale alejarse de esa mujer.- lo dice Inuyasha dando un brinco para llegar enfrente de Kagome.

"Esperen, yo pague aquel trato… mas les vale alejarse de esa mujer"

Esas palabras retumbaban en la mente de Kagome, ¿Inuyasha había pagado la deuda?, pero ¿Cómo?.

Lo siento señor, pero el rey Onigumo desea a esta mujer y nuestro deber es llevándola con nosotros.- lo dice aquel comandante.

Sobre mi cadáver.- lo dice esta mirando desafiante aquel grupo de hombre.

Bien si desea morir, puede hacerlo.- lo dice el general para dar la orden de atacar.

Lo único que alcanzo a ver Kagome es como Inuyasha hizo aquella posición de ataque y derivo aquellos cinco hombres de solo cinco golpes, uno por cabeza… es impresionante la fuerza que tiene aquel hombre.

¡volveremos!.- lo grita aquel hombre, llevándose consigo a sus guarda espaldas.

¡feh! Si vuelven una paliza segura…- lo murmura Inuyasha, viendo algo de desastre que dejo al aventarlos contra las mesas.

Etto… seño Taisho… yo…- lo comienza a balbucear Kagome.

¿estas bien?.- lo pregunta, dejando a una Kagome sorprendida.

He… si…- se lo contesta al sentir como las manos del chico se posan en su rostro, dejando que el trapo se resbale de sus manos, al sentir aquel acercamiento.

Cierra sus ojos lentamente dejando que el chico guié su rostro hacia el suyo, sintiendo de nuevo la respiración de esté sobre la suya, dejando que los labios de Inuyasha rocen lentamente los suyos, dejando escapar un suspiro de ellos.

Muerde el labio inferior de Kagome, abriendo aquellos labios lentamente… pero antes de que continuara con aquellas sensaciones se escucha un "perdon" que los saca de aquel mágico momento.

Yo…yo, debo de trabajar.- lo dice una Kagome avergonzada por lo sucedido, dejándole ver aquel sonrojo al chico.

¡feh! ¿Qué demonios quieres?.- lo pregunta una vez que Kagome desaparece por la puerta.

Yo solo venia a visarte que Onigumo, quiere a Kagome.- se lo hace saber, mientras muestra aquella sonrisa arrogante.

Lo se…- se lo contesta.

¿y que planeas hacer?.- lo pregunta interesando en la respuesta de su amigo.

La llevare con su abuelo a una aldea segura.- lo dice con firmeza, aunque ni el mismo se creyó aquello.

Si tú lo dices.- se lo dice al rodar sus ojos como si él siendo su mejor amigo le creyera aquello.

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No sabe en que momento fue el que dijo el "si", casándose con aquella pelinegra, en la semana de estar en aquella villa y ya tiene esposa, y nada menos que esa mujer.

Cuando fue hablar con el abuelo, este lo persuadió para que se case con su nieta, Kagome no estaba muy feliz que digamos por la decisión pero él mismo le había prometido que era para alejar a Onigumo de ella, pero que su libertad sigue en pie.

Por esa razón Kagome acepto, y en la boda estaba hermosa, con aquel vestido blanco, según Miroku ella se lo hizo con ayuda de Sango, le daba un toque de inocencia y sensualidad que lo dejo deslumbrado en aquella capilla, que solo fueron testigos de su unión el abuelo de la chica, Sango, Miroku y la pequeña hermana de Sango.

El cabello lo tenía ligeramente recogido dejando que se hicieran en las puntas unos rizos demasiado sexy con aquel pequeño fleco, el vestido se mantenía con una lanzo blanco en la cintura y aquellas tiras que eran sujetas por lo hombros.

Y el bueno, el abuelo de Kagome le dio un traje que según el perteneció a su yerno, dejándolo irreconocible.

Cuando termino la ceremonia y se dio el anuncio "sois marido y mujer"… miro a su pequeña esposa a su lado para volver a escuchar "el esposo podéis besar a la novia"lo termino de decir el padre, después de todo aquella ceremonia fue el latín.

Recuerda haber tomado a Kagome de la cintura como lo hace ahora, pero en aquellos momentos fue para besarla lentamente como lo iba hacer cuando Miroku interrumpió, jalando aquel labio inferior, para poder seducirlo lentamente, después seguir con el superior y finalizar con aquel anhelado beso; pero ahora se encuentra abrazando a su esposa por que están en aquella carroza para volver al bar donde estarán unos días mas.

Ahora lo único que sabe es que debe de volver a la aldea donde nació y dejar a su "esposa" con su madre.

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Deja soltar un pesado suspiro al cambiarse de ropa en su habitación, viéndose en el espejo con aquel vestido de novia… casada ahora y ser la esposa de Inuyasha Taisho un hombre tonto, presumido, arrogante y demasiado baka para aceptar sus errores.

Bueno por lo menos con él sabe a que atenerse, en cambio con Onigumo lo que mas le preocupaba era la noche de bodas, en cambio con Inuyasha, sabía que él no la forzaría a nada mas cuando este le dijo "solo me caso contigo para que ese idiota te deje en paz, un favor a tu abuelo… pero tu como yo somos libres" esas fueron sus palabras y se alegra de ello.

Ahora seguir su vida como siempre, después de todo Inuyasha dijo que no interferiría en ella.

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Hija estas de acuerdo que no podemos cobrarle alquiler a tu esposo.- lo dice el abuelo viendo como este todavía sigue con el paso del alquiler.

¡ja! Apenas hoy nos casamos, así que no haré nada ante ello.- lo dice desafiante.

Déjala señor, tengo el dinero suficiente para pagar muchas cosas.- lo dice este al entrar a la cocina donde esta ahora su nueva esposa y su ¿abuelo?.

Pero hijo…

No se preocupe, después de todo su nieta es insoportable.- lo dice con aquella sonrisa de arrogante al ver a su esposa.

Tú también eres insoportable.- se lo contesta.

Tu eres una niña mimada.- se lo contra-ataca

¡Así, pues tú eres un baka que lo único que tiene grande es el ego!.- lo grita saliendo de la cocina dejando a un Inuyasha rojo de coraje y un abuelo que trata de controlar aquellas ganas de reír.

Esa chiquilla…- lo murmura entre dientes para salir también del lugar.

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Apenas se esta acostando a dormir y ya escucha unos gritos…

Pues yo nunca te pedí que te casaras conmigo.- lo grita Kagome.

Te hice un favor.- se lo dice ahora Inuyasha

¡que favor!, gracias su majestad.- lo dice sarcásticamente.

Eres una chiquilla insolente.- lo dice.

Pues tú eres un niño malcriado que lo único que le sirve son los músculos ya que tienes el cerebro de una nuez.- lo termina de decir Kagome, para escuchar a continuación un fuerte golpe de una puerta cerrarse.

Cuando aprendería Inuyasha a no insultar a Kagome, esa mujer tiene el mismo carácter que el mismo y esos días lo único que hacen es pelear por cualquier tontería.

Según el abuelo de Kagome que aquello es normal entre las parejas, primero dejan exponer su lado feo y después todo se vuelve miel sobre hojuelas… solo es cuestión de tiempo o queda de otra ambos terminan matándose.

Aunque él ha pensado en la segunda posibilidad, aunque piensa que la que va a quedar viuda será Kagome, por que Inuyasha duda que pueda contra aquella mujer, podrá el hijo del dios Inu-Taisho con todos los demonios y enemigos fuertes, pero el baka no puede con una simple mujer, con el carácter de un demonio.

Solo espera que no dure mucho aquellos enfrentamientos, así esta seguro que no podrá dormir por muchas noches…

Cierra sus ojos lentamente tratando de poder dormir lo que sigue de la noche.

¡Miroku de pie!.- se escucha aquel grito.

Oh por los dioses Inuyasha, ¿Qué quieres?.- lo pregunta al ver aquel hombre de pie enfrente de su cama.

Quiero que me acompañes a tomar una copa.- se lo dice.

¿Inuyasha y dime que bar esta abierto en estas horas?.- lo pregunta, tratando de no perder la cabeza como la ha hecho su amigo.

No lo se.- se lo contesta.

Querido amigo, el único bar que hay en esta zona es el de tu querida esposa, así que yo recomiendo que te vayas a dormir y mañana lo hablemos.- se lo dice Miroku, tumbándose de nuevo en la cama, al escuchar como Inuyasha sale de la habitación hecho una furia.

¿Qué haces levantada a estas horas mujer?.- lo pegunta Inuyasha…

Oh por los dioses otra vez no…- lo suplica Miroku escuchando de nuevo otra pelea.

Que te importa baka.- se lo contesta.

Soy tu esposo con un demonio, me debes lealtad y obediencia.- se lo dice este, haciendo que Kagome se ría ante sus palabras.

Eres mi esposo y un pepino, no eres nadie para mí.- se lo contesta.

¡ya basta!, ya basta… él lo único que desea es un poco de paz para dormir, y en aquellos momentos lo arreglaría.

Se levanta de la cama, yendo hacia la puerta de su habitación para seguir escuchando aquella discusión

¡por que no se besan, y hacen el amor!.- lo grita haciendo que aquella discusión pare y aquellos ojos dorados y azules se fijen en el.

"Bravo Miroku ahora eres hombre muerto", lo dice su subconsciente.

Ve como Kagome se sonroja y se mete a su habitación sin decir nada, e Inuyasha lo único que hace es mirar por donde se fue Kagome para salir hacia la suya.

¡Buf!, y él pensó que sería hombre, muerto… por fin un poco de tranquilidad, ahora a dormir.

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¿Cómo dormiste hija?.- lo pregunta el abuelo al verla bajar de las escaleras.

De maravilla.- lo dice sarcásticamente.

Él tan solo trata de no reírse ante la situación que esta viendo, las peleas en las noches, en las tarde y en las mañanas, del mismo modo que Kagome no le habla al chico, de por si no se llevaban bien antes de casarse, pero él tiene fe que el tiempo lo cura todo y lo mejora.

¿Sango?.- lo pregunta Kagome.

Le llevo de desayunar a Miroku, parece ser que tuvo una mala noche.- lo termina diciendo con una poco de burla compadeciéndose de aquel hombre.

Kagome tan solo se sonroja al recordar las palabras que Miroku grito "¡por que no se besan, y hacen el amor!". Aquella declaración la hizo sentirse como tonta.

Tal vez Sango tiene razón debe de darle alguna oportunidad de conocer a Inuyasha, después de todo es su esposo ¿no?.

Kagome fui a ver si tu "querido" esposo quería algo, pero salio.- lo informa Sango al entrar a la cocina y ver a su mejor amiga.

No me importa.- se lo contesta, queriéndole dar importancia mínima, pero le preocupa que por su culpa él se aya ido.

Como quieras.- lo murmura Sango continuando con los quehaceres del lugar, dejando que el fuego cosa las cosas, tendría ahora que ir por los huevos al gallinero de la misma forma que comprar la res del carnicero, así que no tiene tiempo de que su amiga se desahogue con ella.

¿no vas a ver a donde fue Inuyasha?.- lo pregunta.

Como si me importara, mejor voy a comprar lo que falta para la comida.- lo dice, tomando algo de monedad para ir hacia el mercado que se pone en el centro.

Tan solo menea la cabeza, viendo como su nieta se niega a aceptar aquella atracción, pero el tiempo lo decide todo.

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Tiene tantas ganas de matar a Inuyasha que bien si se lo ofrecen lo acepta encantada, que le importa si es una "leyenda" como lo dice él.

Maldito el día que en que lo conoció, maldito el día que ese baka se atrevió a besarla, maldito el día en que ese pedazo de animal se le ocurrió salvarla de aquel rey, tal vez hubiera preferido casarse con Onigumo que con ese baka.

En aquellos momentos lo que mas desea es envenenarlo o matarlo lentamente, o bien castrarlo… si aquello sería una mejor venganza.

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Esa mujer no es mas que un dolor de cabeza, no hace mas que discutirle en todo y hacerle la vida de cuadritos, el era el hombre libre que disfrutaba de la vida llena de paz, combatiendo a demonios y a seres que se le enfrentan, pero parece ser que aquel "ser" no puede acabarlo, ni hacer que esa mujer se rinda ante sus pies.

Prefiere mil veces derrotar algunas de las criaturas que le manda su madrastra que enfrenarse a aquella mujer, prefiere que lo mate otro demonio a ser castrado o matado lentamente por esa mujer, oh por los dioses ¿en que lió se metió?.

A veces le dan tangas ganas de callarla con un beso, pero se arrepiente al verla tan enojada, pero así también se ve adorable… aunque esta en peligro su integridad física, aunque Miroku tiene razón "¡por que no se besan, y hacen el amor!"… debería de tomarla y callarla con aquellos toques de seducción que ha desarrollado al paso de los años.

¡Bien!, esta decidido eso es lo que hará de ahora en adelante, no discutir con aquella mujer y usar una táctica que se llama seducción… así podría derrotar a Kagome y tratar de no perder su integridad física en el progreso de domarla.

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¿no llegarías mas tarde hija?.- lo pregunta el abuelo viendo a su hija entrar a la cocina con aquella canasta.

Solo vengo a dejar esto, voy a ir al monte.- se lo informa.

Pero hija…

Abuelo, sabes que me gusta ir a ese lugar.- se lo dice como reproche al interrumpirlo.

Prometo no tardarme.- se lo dice al darle un beso en la mejilla.

Hey mujer tu no vas a ningún lado.- se escucha aquella voz, reconociendo de quien es.

¿y quien se supone quien eres para prohibirme esas cosas?.- lo pregunta Kagome viendo la figura que se acerca.

Tu marido.- se lo contesta el propio Inuyasha caminando hacia donde esta tu esposa de pie.

Ja ja ja si claro, ya te he dicho que no eres nadie.- se lo contesta.

Pequeña ya te he dicho que mientras estés en mi vigilancia no puedes salir sin mí.- lo dice Inuyasha, viendo como su pequeña esposa muestra aquella cara llena de enojo con aquellos ojos azules… ya comprendía poco a poco aquellos estados de ánimos.

Pues iré aunque tenga que pelear contigo.- se lo contesta desafiantemente, tomando aquel bastón que siempre lleva consigo.

Vamos cariño, no podrás conmigo.- se lo contesta al ver como su mujer se encuentra en posición de ataque, viendo al abuelo divertirse ante aquella pelea, bien si el publico quería función iba a dar una función.

Lo primero que ve como movimiento por parte de Kagome es que el bastón vaya hacia su hombre cosa que para fácilmente, jalando el propio palo hacia el con todo y Kagome para detenerla entre sus brazos.

Puede escuchar como aquel pedazo de madera cae al suelo y aquella mujer de cabellos azabaches esta ya entre sus brazos, para inclinarse a besar sus labios, no iba a pelear con ella, más bien iba a seducirla.

Comienza con aquel lento beso, esperando a que esta se rehusé y así es, dejando que sus manos se acomoden en la cintura de la chica de la misma forma que pasan un par de segundos y las manos de Kagome se quedan en su pecho correspondiendo aquel beso que parece ser exquisito por aquellos suspiros que salen de los labios de su esposa.

Abre su boca lentamente, envolviendo todo aquel labio femenino cargando solo un poco a Kagome, dejándola lo suficiente altura para tener mayor acceso a aquella boca, sintiendo como los brazos de este se enrollan en su cuello, mmmm lo mas exquisito que había probado, si así saben aquellos labios ya quisiera probar aquel hermoso cuerpo.

Abre un poco sus ojos obres, viendo el rostro de paz de la chica, mmmm definitivamente esa es la forma mas hermosa de verla, los vuelve a cerrar escuchando una risita por parte del abuelo, sabe que esta disfrutando de aquella función.

Escucha algunos pasos acercarse hacia la cocina, de la misma manera que se detienen detrás de él, pero algún sentimiento no hace que se separe de aquel beso, dejando que el abuelo de Kagome conteste o pregunte.

¿si diga?.- lo pregunta aquel anciano.

¿La señorita Kagome Higurashi?.- lo pregunta el general.

¿Para que la busca?.- lo pregunta el abuelo, interesado en saber para que desean a su nieta, sabiendo que su yerno ahora se encuentra pendiente a la discusión pero sin dejar que Kagome se distraiga.

Venimos por ella, órdenes del rey Onigumo.- lo contesta aquel general, viendo como la joven pareja sigue besándose sin hacer caso a ellos, según lo que sabía es que Kagome no estaba comprometida, solo con el rey, así que esa no puede ser.

Ya hemos pagado la deuda.- lo dice el abuelo de la chica.

No tengo ningún registro, así que la señorita Higurashi debe de casarse con el rey.- se los informa, viendo como aquel hombre de cabellera negra abraza mas a la chica que se encuentra besando.

¿así que quiere todavía a Kagome?, ese Onigumo… pues se quedaría con las ganas de tenerla, pero esta seguro que si se separa de aquellos labios Kagome volverá de la realidad, y se encuentra tan domada en aquel estado.

Comienza a chupar sus labios, dejando que el abuelo de Kagome conteste.

Mi nieta salio desde muy temprano a las compras, no se a que hora regrese.- se los informa.

Pero ahí tiene una canasta.- lo dice aquel soldado a lado del general.

Es cierto, vino y me informo que iría al monte.- se los contesta, sabiendo que aquello no es mentira, solo que bueno ahora sus planes de ir al momento fueron interrumpidos por que Inuyasha la reto y por resultados se encuentran dando ese espectáculo.

¿Podríamos hablar con usted de algunas cosas?.- lo pregunta el general viendo como la pareja se sigue devorando.

Perdone señor general, pero son nuevos inquilinos y como vera ellos habían llegado antes.- se los dice el abuelo viendo a la pareja, pero también ve como Inuyasha abre sus ojos sabiendo que deben de irse.

Se separa lo suficiente de los labios de Kagome… para lograr llevar sus labios hacia el oído izquierdo de la chica.

Cariño no te muevas… vienen por ti… solo bésame el cuello, hunde tu rostro y no dejes que te vean…- lo murmura Inuyasha sabiendo que Kagome ha entendido.

Apenas podía progresar las palabras de Inuyasha, se encontraba algo atontada que lo que le dijera en aquellos momentos fue solo un sueño, siente como Inuyasha la toma de aquella forma nupcial dejando que ella recargue su rostro en su cuello hundiéndolo para no ser visto y claro sin que ella deje de abrazarlo.

Cierra sus ojos lentamente dejando que aquel aroma viril se concentre en su rostro, llevándola al mundo de los sueños…

Disculpen… no planeábamos interrumpir.- lo dice Inuyasha girándose hacia lo soldados, después de todo ellos no lo conocen.

Veo que son recién casados.- lo dice aquel soldado ahora del lado derecho del general.

Si, y como sabe… bueno no hay que dar explicaciones.- lo dice Inuyasha con una sonrisa en sus labios, sintiendo la lenta respiración de Kagome.

Creo que lo mejor, será regresar mañana temprano, con permiso.- lo dice el general, despidiéndose de aquellos hombres, para salir del lugar.

Inuyasha afloja un poco aquel abrazo viendo a su esposa dormida entre sus brazos con aquellos labios hinchados muestra de aquel ardiente beso, o mas bien "ardientes besos".

Se escucha el cierre de una puerta y el sonido de los caballos alejarse, sabiendo bien que ya aquellos solados se han ido por ahora…

Muchas gracias….- lo dice el abuelo, dejando escapar un suspiro- si no fuera por usted mi nieta se habría delatado, es muy impulsiva.- lo concluye viendo a su nieta dormir en los brazos de su esposo.

Lo se…- se lo contesta, sabiendo como es la chica… como él, es lo que dice Miroku y ha estado pensando en ello.

¿podrá hacer la comida?.- se lo pregunta viendo al abuelo con las verduras y la carne.

Claro que si, anda llévate a mi nieta a descansar y aprovecha para hacerlo tú.- se lo dice, sabiendo bien que amba pareja necesita un descanso – no tarda en llegar Sango, ella me ayudara.- lo concluye.

¿seguro?.- lo pregunta no muy convencido de dejar aquel hombre solo con toda la carga.

Si, anda vete…- lo repite sacando a su yerno de aquel lugar, después de todo es su yerno al él criar a su nieta como una hija.

Bien…- lo dice, caminando hacia las escaleras, escuchando como la puerta vuelve a abrirse temiendo que sean aquellos soldados, pero lo único que ve es a Sango con su hermana Rin, corriendo hasta la cocina, bueno ya había llegado, así que ahora puede descansar con su esposa, no ha dormido bien por las peleas constantes con esta, aparte de que se encuentra pendiente de todo.

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¿y Kagome?.- lo pregunta Sango entrando a la cocina.

Esa durmiendo con Inuyasha.- lo contesta el abuelo como si fuera lo mas natural del mundo.

¿Qué?.- lo pregunta Sango sin entender bien aquella contestación… ¿Inuyasha durmiendo con Kagome?, ¿un momento desde cuando se llevan bien?.

Haber, desde donde empiezo…- lo comienza a decir aquel anciano.

Desde el principio.- lo dice una alegre Rin, pelando los chicharros.

Esto fue lo que sucedió…- se lo dice, para comenzar a narrar lo que paso un momento atrás en la cocina.

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Se estira un poco volviéndose a acomodar a abrazar aquella dulce almohada, nO quisiera levantarse de la cama, se siente cómodamente en aquel lugar, nunca antes había dormido de aquella forma.

Aspira profundamente llevándose sus fosas nasales de aquel aroma masculino, recordando aquel beso que Inuyasha le dio en la cocina… ¡un momento!, beso… Inuyasha… brazos… cocina y cama… ¡oh kami!.

Abre sus ojos de un solo golpe, separándose de aquel abrazo viendo arriba suyo el rostro de aquel hombre, observándolo tan tranquilo, al sentir como unas manos se mueven alrededor de su cintura, abrazándola hacia el cuerpo masculino.

Sus mejillas toman un tono rosado, y aquellos ojos se vuelven entre un marrón y azules, una mezcla rara.

Se estira lentamente de nuevo, dejando que sus músculos se acomoden ante aquella nueva posición, no es tan malo estar entre sus brazos, pero debía de recordar que no soporta a ese engreído hombre, que lo único que hace es presumir de aquella fuerza.

Bueno mientras que él no se de cuenta de cuanto disfruta estar entre sus brazos y sentir sus labios, su dignidad se encuentra a salvo.

Esta apunto de acorrucarse de nuevo, cerrando sus ojos, para sentir como, los brazos de Inuyasha son una relajación para su ser.

Hey Inuyasha, van a servir un gran banquete no querrás….

No continúa con aquella frase al ver a su amigo en aquella cama tapado y abrazando a Kagome, quien diría que ambos terminarían de aquella forma.

Kagome de nuevo abre sus ojos, bostezando ligeramente, juraría que había escuchado una voz dentro de la habitación, se incorpora un poco viendo a Miroku de pie en la puerta, viéndola fijamente, se voltea hacia donde esta Inuyasha, aun todavía abrazándola… haciendo lo que toda chica haría en aquel lugar… gritar con todas sus fuerzas.

Inuyasha se levanta como resorte, abrazando a la mujer por inercia, observando a todos lados si ha ocurrido algo viendo a su amigo en la puerta, sonriendo con aquella cara de baka que tiene, comprendiéndolo todo.

Continuaraaa!

Hola!!, ¿Qué les parece la idea?, muchas discusiones entre estos dos… y ni siquiera por que se casaron paran, parece que empeora el asunto… y ese rey Onigumo no deja en paz a la chica.

Para el lemón todavía falta, primero deben de quererse y comenzar a amarse, esos besos pues son solo deseo… pero hay que esperar…

Solo me queda decirles que mil gracias por sus mensajes, si no fueran por ellos, créanme publico en dos días…

Se despide

Fesabi.