Capitulo XIII.- Te Quiero.
¡Esa mujer es mía!.- lo grita cierto individuo parando los murmuros y aquellas exclamaciones.
Inuyasha deja a Kagome entre sus brazos fijando su mirada en aquel hombre que se oso a tocar a su Kagome.
Lo siento, pero esta mujer es mía…- lo dice ahora Inuyasha con aquel asentó de posesión
¡Kagome será mi esposa!.- lo grita con rabia aquel rey.
¡ja!, Kagome es mi esposa.- se lo contesta, estrechando a la mujer entre sus brazos.
¡GUARDIAS!.- lo grita Onigumo.
Oh creo que ellos no podrán venir, tuve que darles un merecido descanso.- lo dice Inuyasha burlonamente, separándose un poco de Kagome, viéndola fijamente, recorriendo con su mirada aquel sensual vestido que puede ser arrancado por sus manos para después terminar ambos en la cama, ¡por los dioses como había extrañado aquella mujer!.
Y pensar que ese baka del rey quería casarse con ella, y Kagome es solo suya, en aquellos momentos se siente el hombre mas afortunado del mundo al tener aquella belleza solo para él, un cuerpo que es hermoso al igual que el alma de la chica, ¿Qué mas podía pedir?.
¿Inuyasha?.- lo pregunta Kagome, tratando de descifrar la mirada que le lanza el ojidorado.
¡GUARDIAS!.- se vuelve a escuchar aquel grito, pero ninguna respuesta por ninguna parte de aquel gran salón.
Ya te he dicho que se encuentran descansando, ¿para que molestarlo?.- lo ultimo lo pregunta Inuyasha burlonamente, sin soltar a Kagome de entre sus brazos.
¡No puedes llevarte a mi esposa!.- lo exclama Onigumo, viendo a Kagome siendo abrazada por Inuyasha, aquella hermosa mujer entre los brazos de ese vil bastardo.
Kagome es mi esposa… idiota.- lo dice un ojidorado enojada por el escuchar aquella palabra de posesión en los labios de Onigumo, Kagome no le pertenece ese baka, le pertenece en todo el sentido de la palabra a él, al GRAN INUYASHA TAISHO.
¿Inuyasha?.- lo vuelve a repetir Kagome, preocupada por la reacción que pueda tener este.
Tranquila cariño, derrotare a este baka para tener tu y yo un día privado…- lo murmura Inuyasha inclinándose hacia sus labios, capturándolos por completo, dejando que Kagome se aferre a sus brazos, como si no pudiera sostenerse con sus piernas.
Apenas siente como Inuyasha rodea con sus brazos su cuerpo pegándola a el fuertemente, mientras su fina boca antes maquillada de un toque rosado suave se despinta ante los labios de Inuyasha sintiendo como estos se encuentran ya manchados.
Se separa de los labios de Kagome, dejándola todavía entre sus brazos, sonriendo triunfantemente al saber que Onigumo presencio aquel dulce beso, ahora con ello podría derrotarlo, matarlo ¿Por qué no? Y después disfrutar de su pequeña esposa.
¡Como te atreves a tocarla!.- lo grita Onigumo, tomando su espada y desenfundarla para prepararse a matar aquel hombre.
Kagome apártate…- lo susurra Inuyasha, empujando a Kagome lejos del lugar, lo suficiente para parar el golpe de Onigumo que hace encima de su cabeza con su propia espada.
Apenas puede ver como Inuyasha se encuentra peleando, los testigos solo observan papelea y Ginkotsu solo se mantiene al margen sin ayudar y sin perjudicar.
Diosa Kagura, por favor cuide del rey Onigumo…- lo susurra cierta persona detrás de Kagome, parece ser una mujer que pertenece a la servidumbre de aquel palacio.
Aquella mujer de ojos verdes se encuentra rezando por Onigumo y ella le pide a los dioses que no permitan que le sucede algo malo a su Inuyasha.
Siente como pasan los minutos y ambos hombres peleando y chocando aquellas espadas entre si, dejando en claro que ninguno de los dos piensa darse por vencido, gritándose el que cada uno obtendrá a Kagome, causando la furia de cierto ojidorado que no permite que vean a su mujer.
Escucha un pequeño grito provenir de entre aquellos dos hombres, quedando ambos estáticos muy unidos y las puntas de ambas espadas saliendo del lado contrario al dueño, bien puede verse que ambos se han enterrado aquellas armas en algún lugar de su cuerpo, causando terror en Kagome por la vida de Inuyasha.
¡Inuyasha!.- lo grita Kagome, dejando que un hombre caiga al piso, siendo consiente de una herida en la pierna.
¡Señor Onigumo!.- lo grita la mujer de atrás de Kagome, corriendo a lado del rey que se encuentra en el suelo siendo observado por el ojidorado que tiene una pequeña herida en el costado de su abdomen.
Siente como alguien lo abraza, moviéndolo solo un poco para sentir la suave fragancia de Kagome, esa pequeña siempre siendo tan inoportuna, la envuelve entre sus brazos para dejar que unos pequeños sollozos se hagan presente en Kagome, ¡bah! Lo mas seguro es que este preocupada…
Tranquila cariño…- lo murmura Inuyasha acariciando la espalda de Kagome encima de su cabello.
Eres un tonto…- lo murmura entre sollozos la misma Kagome, golpeando levemente el pecho del chico.
¿tonto?.- lo pregunta confundido por aquella palabra, ¿tonto? Solo por que le esta salvando de que no se case con aquel idiota.
No puedes llevarte a Kagome…- lo murmura un Onigumo poniéndose de pie con ayuda de aquella doncella.
¡bah! ¿Quién lo prohíbe?.- lo pregunta cínicamente el ojidorado.
¡el rey Onigumo y la diosa Kagura!.- lo grita aquel hombre que se iba a dedicar hacer la unión de Kagome y el rey.
Kagura, ya sabia yo que mi madrastra tenia que ver con eso.- lo dice el propio Inuyasha- pero déjeme decirle que mi padre fue el que me caso con Kagome, Kagome es mi esposa.- lo concluye viendo fijamente aquel sacerdote enviado por Kagura aquella madrastra que hará lo que sea por dañarlo.
¡¿Quién es tu padre?!.- lo pegunta y grita aquel sacerdote.
Inu-Taisho.- lo contesta desafiando a todo quien este presente.
Un puedes ser hijo de aquel dios.- lo niega el propio hombre, si el fuera el hijo de Inu-Taisho y su madrastra es Kagura, el tendría que ser el gran Inuyasha, el héroe de todos los humanos y enemigo de los demonios.
Soy Inuyasha Taisho, el hijo de Inu-Taisho el dios supremo y Izayo Ikeda una hermosa mujer, mi esposa es Kagome Taisho, y cualquiera que quiera hacerle daño o la vea morirá en mis manos.- lo dice aquel ojidorado
Aquel sacerdote no dice nada, solo mantiene su vista fija en algún punto del piso, sin atreverse a ver aquel semi-dios.
Anda cariño ve por tus cosas que no tardamos en irnos.- lo dice Inuyasha, viendo a su mujer entre sus brazos, que comienza a desprenderse un poco de aquel pecho y ve sus ojos entre marrones y azules con algo de lágrimas.
¿nos vamos?.- lo pregunta una Kagome feliz, como si fuera una pequeña niña que recibe una hermosa noticia después de haber llorado tanto.
Oh si, y entre mas temprano hayamos partido, pronto estaremos solos…- lo ultimo lo murmura viendo fijamente a su mujer, como sus mejillas se sonrojan ante esas palabras.
Se inclina a besar suavemente los labios de su esposa, antes de dejarla partir por algunas escaleras extensas que lo mas seguro es que vaya hacia la habitación que le asigno Onigumo al traerla.
No dejes el vestido pequeña… que deseo tenerte con el entre mis brazos…
Esas fueron las palabras que Inuyasha le dijo en su oído haciéndola sonrojas mas de lo que ya se encuentra, pero se encuentra tan feliz que puede complacerlo de cualquier manera, anhelando el ya estar entre sus brazos.
-.-
Ahora Onigumo tú me escucharas.- lo dice Inuyasha una vez que ve como Kagome ha desaparecido de la sala
No escucho nada.- lo dice aquel hombre, siendo atendido por algún doctor o curandero.
Tendrás que hacerlo si no quieres que te mate.- lo comienza a decir Inuyasha con tono sereno- deseo que firmes un papel donde dejas a Kagome en paz, a la familia de Ginkotsu y también que este pueblo esta libre de impuestos altos…- lo concluye al sacar un pergamino, que lo mas seguro es que mantenga aquellas palabras.
¡no!.- lo grita aquel hombre con ira.
¿no?... bien si deseas morir…- se lo dice tomando a colmillo entre sus manos, dejando que se trasforme en una espada colosal pero ahora de cristal.
Kagura me salvara.- se lo hace saber Onigumo a Inuyasha.
¡feh!, Kagura nunca se molesta en proteger a tontos como tu.-
Ve como Onigumo corre hacia un lado del altar, donde se encuentra la imagen de Kagura, una estatua de gran tamaño, una mujer de ojos claros, hermosa piel se puede ver a simple vista.
¡oh diosa Kagura, sálvame!.- lo grita Onigumo enfrente de aquel retrato de la diosa.
Inuyasha bosteza lentamente dejando ver su apatía hacia aquel hombre que llama constantemente a Kagura y sus servicios, pero todo es inútil a estas horas Kagura debería de saber quien es Inuyasha Taisho al haber destruido uno de los templos mas importantes para la diosa.
Se acerca a pasos lentos donde se encuentra Onigumo, con su espada destruye aquel retrato o bien estatua derrumbándola en mil pedazos con aquel templo anterior.
No tengo respeto por una diosa que solo quiere mi muerte, tampoco tengo respeto a sus súbditos, pero a ti te estoy dando la oportunidad de firmar o bien morir.- se lo dice Inuyasha encima de todos esos escombros dando a reconocer que él es el que manda en aquel lugar sin importar que tenga que pasar por encima de los dioses.
Yo…yo…- lo balbucea Onigumo.
Firma.- lo ordena Inuyasha extendiendo un tintero y una pluma de ave para que este firme de una vez por todas.
Onigumo al ver que no hay mas opción que aceptar los términos de Inuyasha se obliga a firmar aquel documento, que bien cuando termina de plasmar su firma esta brilla en tonos dorados y aparece la firma de Inu-Taisho a lado de la suya… había hecho un contrato con el dios supremo y si se atreve a romperlo le espera una muerte segura.
Bien me llevo a mi mujer.- lo anuncia Inuyasha caminado hacia la parte inferior de las escaleras, y ver como Kagome comienza a bajar las escaleras con prisa, para después lanzarse entre sus brazos.
Anda cariño vamos…- lo murmura Inuyasha, echando un ultimo vistazo hacia donde se encuentra Onigumo.
-.-
Estamos en la aldea de Kanna.- lo reprocha Kagome sentada enfrente de Inuyasha sobre colmillo.
Tranquila cariño, que planeo solo quedarnos esta noche y partir mañana muy temprano.- se lo promete el mismo ojidorado, dejándole un beso en su hombro.
Pero eso sí, si Kanna se atreve a mirar a su esposo, olvidaría los deseos que tiene por Inuyasha y se iría a dormir a otra parte.
Entran al pueblo sin que nadie se percate de ellos, bueno solo algunos curiosos pero solo eso, camina hacia la casa de Totosai dejando a colmillo enfrente y que algún hombre salga por el una vez que bajo a su esposa del caballo y ahora la mantiene a su lado.
Inuyasha pensé que estrías con tu madre.- lo dice Totosai saliendo de la casa
Tuvimos algunos inconvenientes.- se lo hace saber pasando dentro de la casa.
Supongo que solo se quedaran por esta noche.- lo afirma Totosai al ver la expresión de Inuyasha
Si.-
Pueden pasar hacia una habitación.- lo informa Totosai – que descanse.- lo concluye al ver como la pareja desaparece por las escaleras.
Sube las escaleras acompañada de Inuyasha, que lo único que hace es abrazarla fuertemente guiándola hacia una habitación.
Te he extrañado mucho…- lo murmura sensualmente el ojidorado cerca del oído de Kagome.
Yo también.- se lo contesta al abrir la puerta de una habitación y pasar con el ojidorado hacia el interior de ella.
Se gira lentamente dejando que sus labios sean capturados por otros, dejando que Inuyasha guié el beso mientras camina hacia atrás, donde poca a poco es recostada en la cama que hay en la habitación, y el mismo ojidorado se encarga de aquel sensual vestido, retirando con sus pies los zapatos de la chica y los suyos, acomodando a Kagome en el centro de la cama sin despegar sus labios.
Se escucha un leve suspiro salir de los labios que ahora se encuentran hinchados y el maquillaje recorrido de forma sensual por aquel delicioso pedazo de carne.
¡Arg!...- se escucha aquel sonido por medio de la habitación siendo iluminada por la luna.
Kagome abre sus ojos, tratando de enfocarlos hacia la persona que tiene arriba suyo.
¿Cómo demonios se quita esta cosa?.- lo pregunta un desesperado ojidorado, tratando de quitar con sus manos aquel vestido que por mas que toca el cuerpo de la chica no encuentra el seguro para dejarla desnuda y aquello le desespera.
Escucha una pequeña risa, enfocando sus ojos dorados en el rostro de Kagome, sin encontrarle la gracia al asunto, inclinándose a darle un fuerte beso en los labios a su esposa para callarla.
Dime como se quita esto o lo rompo.- lo amenaza el ojidorado una vez enfocando sus ojos dorados con fuego en el rostro divertido de su esposa.
Kagome suelta una risita, guiando la mano derecha del ojidorado hacia el costado de su cintura, mostrándole un pequeño broche que se encuentra escondido en el escote del vestido.
Gracias…- lo murmura Inuyasha sobre los labios de su esposa, mientras libera aquel broche y toca la suave piel de Kagome con la yema de sus dedos.
Un pequeño gemido sale de sus labios, a su ves siente como la playera blanca es retirada de su cuerpo de la misma forma que su ropa interior de la cintura hacia arriba dejándola solo con la falda.
Siete los labios de Inuyasha recorrer lentamente su cuello, con suaves caricias como si le diera a entender lo mucho que la ha extrañado esos dos días, dejándose derretir poco a poco entre sus brazos.
Un suave grito escapa de los labios de Kagome, haciendo que cualquier moviendo del pelinegro quede a medias, con la falta aun puesta y su pantalón de la misma forma, mirando preocupado a su esposa.
¿te hice daño cariño?.- lo pregunta tiernamente Inuyasha.
Un poco…- lo confiesa Kagome, dejando que una pequeña lagrima alga de su ojo.
Estas algo sensible.- lo murmura de forma tierna, dejando que un pequeño beso se pose en el rostro de Kagome, para comenzar poco a poco con el ritual de una manera tierna en que no pueda dañar a Kagome su más grande tesoro.
-.-
Se estira lentamente entre sus brazos, dejando que una pequeña sonrisa aparezca entre sus labios, dejando que la piel de Inuyasha siga en contacto con la suya, dándole gracias a los dioses de haberle traído aquel hombre a su vida, aunque al principio nunca estuvo de acuerdo, pero ahora lo agradece.
Siente como Inuyasha la estrecha mas entre sus brazos, un viendo como la luna se encuentra iluminando la habitación, debe de ser todavía muy temprano y el astro rey no hace su aparición hasta después de unas horas mas.
Escucha un leve suspiro, identificando que Inuyasha se encuentra algo despierto, sin querer moverse, tan solo se acorruca un poco para dejar que su esposa el susurre algo en su oído.
Si quieres saber cuanto te quiero, cuenta las estrellas que hay en el cielo por las noches...- lo susurra, una vez que a lado de Kagome, sonriendo sensualmente mientras la mantiene entre sus brazos.
Lo ojos de Kagome se abren enormemente, tratando de progresar aquella información… ¿acaso Inuyasha había dicho te quiero?.
¿Qué sucede cariño?.- lo pregunta este al observar el rostro sorprendido de su pequeña pelinegra.
¿Me-me has dicho… que-que me-me quieres?.- se lo pregunta.
Si, te quiero demasiado para dejarte ir de mis brazos…- lo ronronea Inuyasha besando el cuello de Kagome… escuchando un "yo también te quiero Inuyasha".
¿enserio?.- lo pregunta sensualmente Inuyasha, cursándose cierta idea por su mente.
Si, te amo…- se lo contesta una Kagome inocente.
mmmm… creo que debes de comprobarlo.- lo murmura con aquel tono profundo que suele usar cuando desea mas de su esposa, dejando que esta se sonroje al sentir como cierta parte del cuerpo del chico se inflama dentro de ella.
Baka…- lo murmura Kagome antes de que su cuerpo la traicione ante las caricias del ojidorado y se pierda entre sus brazos.
-.-
¿algo cansada cariño?.- lo pregunta Inuyasha burlonamente, dejando que Kagome se acomode entre sus brazos y ambos sigan encima de colmillo con el destino de ir hacia donde dejo a Miroku, Sango y la pequeña Rin.
Shii….- lo murmura de forma infantil Kagome dejando que un suspiro salga de sus labios.
Espero que con eso aprendas a no irte de mis brazos.- se lo dice de forma juguetona, sabiendo bien que su distancia de dos días fue eterna, y ahora que la tiene de nuevo entre sus brazos planea aprovecharse de su esposa antes de que llegue con su madre.
Oye inu… ¿Cuánto tiempo falta?.- lo pregunta Kagome, queriendo descansar en un lugar cómodo, desde que en la mañana dejaron la aldea de Totosai no han parado a descansar y no tarda en anochecer de nuevo.
Creo que descansaremos esta noche aquí, y mañana en la mañana regresamos con Miroku y Sango.- lo informa el ojidorado, parando poco a poco a colmillo para dejarlo cerca de unos árboles.
Baja del caballo cerciorándose de haber visto un lugar cómodo cerca de los árboles y bien no se equivoca.
Toma a Kagome de la cintura bajándola lentamente del caballo, dejando que Colmillo se acomode en aquel árbol para descansar y tomar un poco de agua del pequeño posillo que acaba de servirle el ojidorado.
¿Dónde dormiré?.- lo pregunta Kagome viendo a su esposo prender la fogata que acaba de construir con esos leños que encontró debajo de los árboles de tamaños gigantes.
Conmigo y entre mis brazos…- se lo contesta el propio Inuyasha viendo a su esposa de pie, tomando unas colchas que le dio Totosai.
Inuyasha… ¿tu crees que pueda acompañarte alguno de tus viajes?.- lo pregunta Kagome, dejando que las colchas estén en el piso.
Lo has hecho hasta ahora ¿no?.- se lo dice, viendo a su Kagome, con aquella falda azul marino y una playera que el mismo ha usado.
Si… pero…-
¿pero?.- lo pregunta, viendo el rostro de duda de Kagome
Es diferente… yo quiero ir contigo cuando te llamen.- lo confiesa, dejando en claro que ella quiere ayudarle en algún demonio.
¡Buf! ¿Qué podía decirle a Kagome, una parte de él le encanta la idea de tener a Kagome entre sus viajes, pero otra le dice que aquello es demasiado arriesgado mas cuando se enfrenta a ciertos "individuos" que le manda su dulce madrastra y no necesita exponer a Kagome.
Anda pequeña vamos a cenar.- lo dice Inuyasha, si contestar aquella pregunto o confesión bien sabe que no es posible que Kagome lo acompañé así que lo mejor es disfrutar de ella, ya que cuando lleguen a la aldea de su madre presiente que tendrá mucho trabajo y poco tiempo con aquella mujer.
Pero…-
Pero nada cariño anda ven…- la interrumpe el mismo ojidorado dejando que Kagome vaya hacia su lado, sabe que acaba de decepcionarla solo un poco, pero es necesario lo menos que quiere es que todos los demonios sepan que su debilidad es Kagome su esposa.
No es justo que Inuyasha no le diga lo que desea saber, ¿Qué puede costarle el decirle la verdad?.
Con el rostro algo enojada deja que Inuyasha la envuelva entre sus brazos, mientras le da un pedazo de pan, tal vez Totosai se encargo de darle algo de comida, solo siente como los labios del ojidorado se posan en su hombro y susurra un "Te quiero".
Haciéndola olvidar cualquier pensamiento.
Continuaraaaa!!!
¡Konichiwa a todas!...
Se que me tarde mucho tiempo en poner la continuación pero en verdad no pude traerla antes, apenas la termine hoy en la escuela… y se las traigo hasta estas horas n.n!...
Espero que les guste la continuación, y ya no ando en exámenes así que podré tener tiempo de escribir los capítulos mas seguidos.
No se que mas decirles, pero en verdad LO SIENTO!!...
Espero que les guste este capitulo y aquellas personas que me pregunta su ya no tarda en acabar, pues creo que no se me han ocurrido algunas cosillas que pienso agregarle, así que creo que durara unos caps mas de lo pensado antes.
Mil gracias por sus comentarios!!...
Y por favor dejen sus mensajes sobre este capitulo!.
Se despide
Fesabi!
