Capitulo XIX.- Reinado.

Se escucha el llanto de un bebé, como si el pequeño necesitara de comida, la luna se encuentra a lo alto del cielo, algunos animales a su alrededor en sus cuevas durmiendo mientras otros cazan, de la misma forma que sucede con los humanos que viven en las villas.

Abre lentamente sus ojos dorados, escucha dentro de la habitación aquel llanto, haciendo que su cuerpo poco a poco salga de las cobijas que lo mantienen a lado de su esposa.

Se acerca hacia donde esta la pequeña cunita que el construyo unos meses atrás después del incendio, ve como dentro de la cunita unos bracitos regordetas al igual que las piernitas se agitan, callando poco a poco aquel llanto.

Ven acá bodoque.- lo dice el propio Inuyasha, tomando entre sus brazos a su pequeño.

Se escucha una pequeña ricita por parte de aquel pequeñito que enfoca sus ojos dorados tan similares a su padre, observando el rostro de esté.

¿tienes hambre Senkai?.- lo pregunta Inuyasha, al observar como este se acorruca entre sus brazos y busca alimento, ¡Ja! Como si su padre pudiera proporcionarle aquel alimento.

Anda pequeño, despertemos a mami.- se lo hace saber e informa al caminar hacia la cama de nuevo, y sentarse a lado de Kagome.

¡hey!...¡hey pequeña!.- lo murmura suavemente Inuyasha, con aquella criatura entre sus brazos.

¿Mmmm?.- es la única contestación de Kagome sin abrir sus ojos y moverse.

Senkai tiene hambre.- lo informa el ojidorado, observando como su hijo agita de nuevo sus manitas y llama a su madre con gritos, ocasionando que esta abra sus ojos, mostrando aquel azul.

Dámelo…- lo susurra Kagome con voz soñolienta, al incorporarse en la cama, y dejar que su camisón se deslice hasta su cintura y así acomodar a su bebé para que comience a comer.

Inuyasha por su parte tan solo observa como su esposa se mantiene ocupada dándole de comer a aquel pequeño.

Mientras Senkai comen, Kagome tan solo cierra sus ojos, tratando de descansar, apenas hace tres días que Senkai vino a estar con ellos, y no se ha recuperado del todo, abre sus ojos para observar a su bebé, ese pedazo de ambos, aferrando sus manitas que toman un color bronceado como el de su padre en su pecho como si de ello dependiera su vida, ocasiónale sonreír ante la imagen.

Es precioso…- lo murmura Kagome, fijando ahora su vista en el padre de Senkai.

Si…- lo murmura Inuyasha.

Los rayos lunares atraviesan las cortinas dejando ver aquella pequeña familia en la habitación, un ojidorado con una sonrisa al igual que aquella pelinegra, con el bebé entre sus brazos que poco a poco comienza ha quedarse dormido.

-.-

Apenas los rayos del sol comienzan a hacer su aparición en los montes que cubren a toda Grecia, tocando con una leve caricia los campos fértiles por la lluvia que ha dejado la noche anterior.

Se acorruca entre los brazos de su esposo, dejando que su pequeño este también entre los suyos siendo cuidado por Inuyasha, que se mantiene despierto desde hace unas horas atrás, contemplando aquella bella vista.

Se inclina a besar en la frente a su esposa, sonriendo al ver como su pequeño esta balbuceando ciertas palabras que no logra comprender, apenas una semana donde ese pequeño ha hecho de las suyas, levantándolos a cada dos horas en la noche, cuando es de día apenas pueden separarse de el por si llegara a querer comer, según su madre aquello es normal, pero su Kagome se encuentra todavía cansada, y por ello había dejado un poco su viaje que tiene que hacer hacia el reino de Onigumo.

Una pequeña risa lo saca de sus pensamientos, al ver como Senkai mueve sus manitas y trata de tocar el mechón azabache que cae por el rostro de Kagome.

No…- lo susurra suavemente Inuyasha al tomar la manita de su hijo – mama necesita descansar.- se lo dice de la misma manera, como si él pudiera comprenderlo y como respuesta a ello siente como Senkai aprieta con su manita un dedo suyo.

Te quiero…- lo murmura Inuyasha, hacia su bebe que sonríe ante aquella palabra, cambiando un poco sus ojos de dorados a un color raro entre azules y dorados, sorprendiendo al mismo Inuyasha.

Por los dioses…- lo susurra Inuyasha, así que ese pequeño había sacado la habilidad de su madre el poder cambiar los ojos al depender de su humor…

Aunque podría verlo de forma ventajosa, no tendría que estar adivinando el humor de aquel pequeño, tan solo con si ojos vería la felicidad, tristeza, enojo y sin fin de emociones.

Kagome se acorruca entre sus brazos, pero sin dejar que el bebé esta a su lado, mostrándole aquellas dulces sonrisas, como ama aquellas dos criaturas.

El simple hecho de pensar que en unos días tiene que irse de su lado, le destroza el corazón, pero no puede arriesgar a su familia a reclamar el reinado de Ren, ante Onigumo, a veces el ser héroe no es algo hermoso.

Ho-hola…- lo susurra una voz.

Hola…- se lo contesta de la misma manera enfocando su vista a la mujer de entre sus brazos.

¿Cómo dormiste?.- lo pregunta Kagome, refiriéndose si Senkai los pudo dejar dormir.

De maravilla…- se lo contesta con una sonrisa al inclinarse a besar sus labios al mismo tiempo que le susurra ¿y tú?

Mejor que nunca…- lo murmura una Kagome respondiendo aquel primer beso.

Poco a poco comienza a escucharse un pequeño balbuceo, como si aquel pequeño que se encuentra en la cama junto a sus padres deseara también la atención de ambos, haciendo que el ojidorado se despegue de los labios de su esposa y sonría al ver como su pequeño mantiene toda su atención hacia ellos.

¿quiere comer?.- lo pregunta Kagome, al ver como Inuyasha se levanta lo suficiente para tomar aquel pequeño entre sus brazos.

Parece que si.- se lo hace saber al ver como Senkai se dedica a buscar de nuevo alimento con su padre.

Voy a alimentarlo.- lo anuncia Kagome incorporándose en la cama sin retirar la mirada sobre de aquellos dos individuos, observando lo lindos que se ven juntos padre e hijo.

Sueña con tener una pequeña mas adelante y el poder los cuatro seguir disfrutando de aquel paisaje, aunque también quisiera una propia casa para no incomodara Izayo… una casa donde Inuyasha y ella pudieran criar a los hijos que los dioses les mandaran.

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¿ya le dijiste a Kagome, que piensas marcharte?.- lo pregunta Izayo al ver a su hijo sentado en la cocina, preparando aquella mamila hecha de telas, dejando que se deslice por un solo punto la leche de vaca.

No.- lo contesta secamente el mismo ojidorado

¿Por qué?.- lo pregunta al arrugar el entrecejo.

No quiero abandonarla ahora que nuestro pequeño nació, apenas hace dos días que ya se puede levantar sin caerse.- lo comienza a decir Inuyasha manteniendo aquella postura preocupada, mientras sostiene aquella mamila de tela- Kag todavía sigue algo débil… y Senkai me ocupa cuando Kagome no puede darle de comer… ¿Cómo puedo irme?.- lo concluye y pregunta viendo a su madre.

Hijo, a veces el tener una familia y ser héroe no se lleva, tu decidiste tomar como esposa a Kagome y de ello me alegro, pero también tienes un deber con las otras personas…- se lo dice, tratando de que su hijo no deje por completo aquella profesión.

¿entonces?.- lo pregunta el pelinegro.

Has lo que tu corazón te dicte…- lo concluye, para seguir haciendo la comida.

Tan solo se da la media vuelta, dirigiendo hacia la habitación, sabe que Senkai apenas acaba de nacer hace tres semanas, tres semanas, donde Kagome ya esta recuperando sus fuerzas, puede levantarse de la cama sin tambalearse y sin estar tan casada, pero eso ha sido por su ayuda, y si ahora se va ¿Quién se hará cargo de su esposa e hijo?.

Desde la puerta ve a Kagome dormida a lado de su bebé, que este sigue el ejemplo de la madre, duerme pacíficamente, pero sabía bien el que su pequeño Senkai, como lo quiso nombrar Kagome, diciéndole "este pedazo de pan es nuestro mundo", por ello de su nombre Senkai "mundo".

Tal vez lo más sensato que podría ser ahora es que se pueda esperar a que Senkai cumpla un mes, y Kagome pueda levantar sin problemas de la cama para poder irse al pueblo de Kagome a arreglar aquel problema.

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Señor Taisho….

Lo se, creo que es tiempo que vayamos.- lo menciona Inuyasha al ver aquel hombre que es tan parecido a Onigumo.

Yo no quiero presionarlo…- se lo dice al tener aquella voz suave, siendo el honesto no deseaba separar a aquel héroe de su familia y más cuando su mujer acaba de dar a luz hace un mes de aquel pequeño.

No se preocupe, vera que mi esposa lo entiende.- se lo hace saber el mismo Inuyasha al recordar que en una ocasión Ren, le dijo que olvidara, pero el tiene un deber con aquel pueblo y con ese hombre, tendría que cumplirlo.

Gracias…- lo murmura suavemente Ren.

Esperaba tan solo que Kagome lo entendiera… la había dejado sola la mayoría del embarazo, no quería dejarla de nuevo sola, y eso es algo que él mismo se reprocha, el no poder sentir las primeras patas de su pequeño en el vientre de su madre, observar los cambios del cuerpo de su esposa… todo aquello se lo perdió y todo para salvar a inocentes.

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¿Cuándo te vas?.- lo pregunta en un simple susurro Kagome, tratando de contener aquellas ganas de llorar, por temor a dos sencillas cosas, que Inuyasha se diera cuenta lo sola que se encontraba sin él, y la ultima en despertar a su pequeño que apenas acaba de ser dormido.

Dentro de dos días.- se lo hace saber, dejando que Kagome sigue entre sus brazos, ambos de pie enfrente de la cuna, para dejar que los rayos lunares iluminen la habitación

Kagome por su parte tan solo suelta un suspiro, dejando que sus brazos continúen rodeando la cintura de su esposo, dejando que sus manos se aferren a la espalda de este, por lo menos podría disfrutarlo estos dos días.

Te amo…- lo murmura Kagome suavemente.

Yo también, pequeña… yo también….- se lo dice del mismo tono, esperando a que ir a aquel reinado sea algo de unas cuantas semanas y volver con su esposa, pero antes hablaría con su padre, tendría que arreglar el asunto con Kagura.

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¿así que hablaras con tu padre?.- lo pregunta Izayo al ver como su hijo se encuentra sentado en la sala con Senkai entre sus brazos.

Si.- se lo afirma, al observar a su pequeño dormido.

¿Qué piensas decirle?.- se lo pregunta

Que obligue a Kagura que nos deje en paz, no quiero que esa bruja se acerque a mi familia.- se lo informa, al ver como su pequeño bosteza y se vuelve a acorrucar.

¡ja!, como si esa mujer obedeciera a tu padre.- se lo menciona la misma Izayo.

No te burles madre… si fuera por mi ya hubiera matado aquella bruja….- lo comienza a decir de forma tranquila- solo quiero tener paz, un poco de paz para poder disfrutar e mi familia… ¿acaso pido demasiado?.- lo ultimo lo pregunta con algo de suplica.

No… claro que no…-

¿entonces?.-

Yo hablare con tu padre.- se ofrece Izayo- se como manejarlo…- se lo comenta con una amplia sonrisa- y no solo lo digo por aquel sentido, si no por que sabes que no tienes permitido hablar con el en persona.- se lo recuerda, ese había sido uno de los acuerdos que habían tenido Izayo e Inu-Taisho.

Bien…- lo contesta el propio Inuyasha sin muchos ánimos, tan solo espera que Kagura se mantenga al margen o si no bien tomaría represalias contra ella.

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Estoy tan feliz.- lo menciona Kagome al acorrucarse entre los brazos de Inuyasha.

Yo también cariño.- se lo hace saber al estrecharla entre sus brazos.

¿crees que mañana puedas levantarme?.- lo pregunta Kagome, dejando que sus pechos desnudos se encuentren pegados al dorso de su marido.

Claro pequeña.- se lo dice al sonreír.

¡Te amo tanto Inuyasha!.- lo exclama al mismo tiempo que comienza a besar el cuello del chico.

No tan…tanto… como…yo…- lo balbucea el ojidorado al sentir aquellas caricias, un fuego comienza ha encenderse en su interior de nuevo y pensar que ya se encontraba saciado.

Tan solo se escucha una pequeña carcajada, para concluir con un gritito por parte de Kagome, al encontrarse en merced de su esposo, sintiéndose tan mimada en aquellos momentos… tan femenina… tan peligrosa.

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Una despedida digna de un héroe.- lo menciona en forma burlona Kouga, al acompañar a su primo en aquel viaja y todo por que Sango esta en unos días de dar a luz, por ello Miroku ese pervertido no esta con ese baka.

¡feh!.- es la única respuesta de Inuyasha, al recordar como tomo a su esposa entre sus brazos, dejando que su pequeño este en medio de ambos entre los brazos de Kagome, e inclinarse a besarla de aquella manera tan profunda y tan anhelante, dejando los labios hinchados de su esposa; después de ello recordaba haberle dado un pequeño beso a Senkai en la cabecita donde tiene poco cabello negro.

Te amo… vuelve pronto

Esas eran las palabras que Kagome le había dicho al besarlo por segunda vez, para dejarlo ir en aquella misión.

¿Cuánto crees que tardemos?.- lo pregunta Kouga, al ver a su primo tan distante, tan perdido en sus pensamientos.

¿he?...- es la única respuesta de Inuyasha.

Baka…- lo murmura en forma burlona al comprender que su primo esta pensando en su joven esposa, y él no deja de pensar en Ayame, su prometida.

Kouga tienes que prometer volver conmigo

Esas fueron las palabras de Kagome al besarlo y dejarlo ir de su casa, y pensar que al principio se había enamorado de Kagome, pero tan solo fue un capricho que Ayame lo curo y le enseño a amar.

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Es la única forma de deshacernos de esa mujer.- lo menciona una voz algo femenina entre aquella oscuridad.

Yo se quien nos puede ayudar.- lo dice la otra mujer, dejando ver su vestido destacado.

Yo también… yo también…- lo murmura al embozar una sonrisa maléfica.

¿Qué esperamos?.- lo pregunta la otra mujer.

La señal…- se lo contesta.

En medio de aquella noche nocturna, careciente de luna que pueda iluminar los prados y las aldeas, aquellas dos figuras femeninas se encargan de ideal aquel plan, para después presenciar como un rayo plateado cae cerca, justamente a lado del templo que esta signado a la diosa Kagura.

El comienzo de algo y el fin de otro esta muy cerca.

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Se puede divisar la aldea donde conoció a Kagome, ya antes han pasado por la cueva donde precisamente fue el primer encuentro que tuvo con la pelinegra recordando aquel acontecimiento, esa mujer tan sensual peleando con aquel demonio.

¿Qué haremos?.- lo pregunta Ren.

Iremos al castillo y pelearemos si es necesario.- se lo dice el propio Inuyasha, al tener esa respuesta, si es necesario pelear así sería.

¿crees que eso sea necesario?.- lo pregunta Kouga, al ver aquel pueblo, ni siquiera tiene ejercito, y lo debe de tener esta en el palacio por que en las afueras no hay nada.

Ya creo yo que si.- lo menciona Inuyasha, avanzando hacia la aldea.

Aquellos tres hombres caminan, Inuyasha enfrente de esos dos, como si tuviera demasiada prisa por terminar todo aquello, y parece ser que lo único que tiene en mente aquel ojidorado es regresar a lado de su familia, y construir una casa cerca para poder tener a Kagome y a su pequeño Senkai.

Por su lado Kouga, tan solo quiere regresar con Ayame maldiciendo que Miroku no quiso venir, pero es comprensible teniendo a Sango muy voluble… de un humor de demonios y con lágrimas de cocodrilo.

Ren por su parte tan solo desea terminar con su hermano gemelo Onigumo, todo aquel odio que siente por este y todo por el hecho que fue desterrado de su tierra al morir su padre y madre, a los diez y siete años, y eso fue por que Onigumo anhelaba el poder absoluto de aquel reino para compartirlo con su hermano gemelo, ahora solo desea venganza y que su pueblo florezca.

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así que mi querido hermano y compañía viene al palacio.- lo dice Onigumo al ver aquellas dos mujeres enfrente de él.

Si señor.- lo contesta una de estas, precisamente la que tiene el cabello negro azabache.

Perfecto, les daremos la bienvenida que se merecen…- se lo hace saber este hombre.

Pero… señor…- lo murmura aquella otra mujer de cabello rubio.

¿si?.- lo pregunta Onigumo.

¿Qué haremos con la mujer y el niño?.- se lo pregunta, al ver a Onigumo sentado en el trono que le corresponde como rey.

Por el momento se encuentran como mis huéspedes, ya después pondré mi plan en marcha.- se lo hace saber para después soltar una gran carcajada, que se escucha por toda la sala.

¿Qué haremos nostras?.- lo pegunta aquella mujer de piel blanca.

Kikio y tú por el momento pueden retirarse a sus habitación, ya después les hablare.- lo informa Onigumo al ver aquellas dos mujeres, que fueron mandas por Kagura, ya sabía el que su diosa no lo iba a abandonar.

¡Si señor!.- lo exclaman ambas mujeres al mismo tiempo para retirarse del lugar.

Inuyasha Taisho cuando quieras venir…

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Se encuentra desconcertado, no esperaba que lo recibieran de esa forma, con las puertas abiertas, él mismo tenía planeado escabullirse en medio del manto nocturno junto con Kouga y Ren para entrar al castillo, pero en cuanto los vieron los hombres solo les mocionaron "el Rey Onigumo los espera".

Ahora los tres hombres se encuentran caminando por el pasillo que da a la sala de eventos, en la cual una vez tuvo que interrumpir para impedir que su Kagome se casara con aquel lunático, cosa que prefería olvidar para no estrangular a ese tonto con sus manos.

No me confió de esto.- lo informa Ren, algo andaba mal… no era propio de Onigumo que recibiera con tanta alegría a sus visitas.

Ni yo.- lo dice Kouga.

Menos yo.- se los dice Inuyasha, pero camina hacia aquella gran puerta.

La puerta es abierta por aquellos hombres, para dejar pasar en aquel lugar a Inuyasha, Kouga y Ren, que en sus cinturas llevan sus espadas por si alguna pelea surge, Inuyasha lleva a Tessaiga, Kouga por su parte a Diamante y por ultimo Ren una espada común y corriente.

Bienvenidos señores.- se escucha una voz por todo aquel lugar haciendo eco.

¿Onigumo?.- lo pregunta Ren

Pero si es mi querido hermano Ren…- lo dice de forma burlona, siendo plasmada en ecos por la habitación- ¿Cuánto tiempo sin vernos hermanito, acaso fueron diez o quince años?.- lo pregunta, para después a aparecer sentado en el trono del rey, donde ver aquellos tres individuos tan insignificantes.

Diez años.- se lo dice.

¡Oh vaya!, pensé que estabas muerto.- se lo sigue diciendo de aquella forma burlona.

Te equivocaste hermano, estoy vivo y vengo por la corona.- lo informa Ren, de manera desafiante.

¡vaya!, ¡vaya!... ¿Cuántos años te ayudaron a reunir el valor para desafiarme?.- se lo sigue diciendo de aquella manera superior.

No tantos, de los que te costo matar a nuestro padres y echarme.- se lo contraataca.

Tan solo se escucha una carcajada en todo el lugar.

Algo tenía planeado Onigumo si no, no estaría tan confiado, de eso él bien lo sabe… pero la pregunta es ¿Qué tiene bajo sus sucias garras?.

¡feh!, déjate de tonterías Onigumo y acepta tu derrota.- lo menciona un ojidorado desesperado.

Se me había olvidado que el ¡gran Inuyasha" se encuentra con nosotros.- lo exclama con burla.

Deja tus payasadas.- se lo menciona este en tono de enojo.

Vamos, seamos felices…-

Seré feliz cuando te vea derrotado.- se lo dice Inuyasha.

Déjame romper tus ilusiones Inuyasha, pero eso no será muy pronto.- lo dice aquel hombre, para comenzar a bajar las escaleras que los separan de esos tres hombres.

Eso lo veremos.- lo murmura el propio Inuyasha

Esta por desenfundar su espada, cuando la mano de Onigumo hace alguna señal, y con aquello aparecen guardias por toda la habitación.

¿hermoso no?.- lo pregunta con aquella sonrisa burlona.

Cobarde.- lo dice Ren hacia Onigumo.

Siempre lo fui.- se lo contesta.

¡Pelea Onigumo!.- lo exclama Ren, al abalanzarse hacia su hermano.

Y con aquella señal comienza el combate, pareciera que Kouga e Inuyasha se encargan de ladear con aquellos guardias mientras que Ren se encuentra peleando espada a espada con su hermano, siendo fácil de reconocer quien es quien Onigumo con ropas caras y Ren con ropas sencillas.

Dos hermanos que nacieron de la misma madre, el mismo día, y una diferencia de minutos, puede causar una gran confusión y también aquella leyenda muerta, cuando apenas los titanes comenzaban a formar el mundo como lo conocemos.

Dos hermanos de misma figura, al igual que misma madre y padre, lucharan uno con el otro… pero solo uno será capaz de sobrevivir ante aquella batalla, gobernando y trayendo paz o sufrimiento al mundo que conocemos.

Tal vez solo son palabras que algún hombre se le ocurrió escribir en aquella cueva, dejándolas gravadas con fuego.

Ahora en aquellos momentos, cuando la luna llena se encuentra en lo alto del manto nocturno, dejando que sus rayos lunares acaricien cualquier parte del mundo que se encuentra ante sus ojos.

Aquel ojidorado tan solo se encuentra peleando, con los soldados de Onigumo, algunos cae poco a poco inconscientes, otros muertos… de la misma manera se encuentra Kouga luchando, pensando que es lo mas fácil que ha hecho en su vida, pelear con humanos, y pensar que los demonios son mejores en lucha.

Minutos pasan de los cuales aquellos dos hombres, primos hermanos por Marte de la madre, comienzan deshacerse de toda presencia que pueda estorbar.

Ren por su parte tan solo orilla a su hermano con movimientos ágiles dejándolo poco a poco con poca escapatoria de salir vivo de aquella batalla, por su parte Onigumo trata de retroceder al mismo tiempo que ataca con su espada a su hermano pero todo esfuerzo es inútil, ya que de un momento a otro se encuentra en el suelo, y su espada del otro lado de la sala.

Has perdido.- lo menciona Ren, al mismo tiempo que la punta de su espada se encuentra quita en el pecho de su hermano.

Tal ves perdí esta batalla querido hermano… pero todavía no pierdo la guerra.- se lo hace saber Onigumo, sin dejar de ver aquel ser que dice ser su hermano.

Date por vencido Onigumo, no hay nadie que luche por ti.- lo menciona Kouga, que se encuentra derribando al último hombre de aquel rey.

Tal vez tenga razón joven Kouga, pero todavía me quedan dos pequeñas jugadas.- lo menciona Onigumo haciendo una señal con su mano.

¡que pretendes!.- lo exclama el propio Inuyasha que se acerca hacia el lugar donde esta Ren y su hermano, manteniéndose a lado de Kouga.

Solo espere un poco Señor Taisho.- se lo hace saber Onigumo sin dar otro movimiento, manteniéndose en el suelo siendo amenazado de muerte por la espada de su propio hermano.

Se comienza a mover las cortinas de seda roja que se encuentran situadas detrás de aquel trono, por encima de las escaleras, haciendo que aquellos cuatro individuos enfoquen su mirada en ello, solo que uno bien sabe de que se trata, mientras que los otros se preguntan ¿Qué pasa?.

Les presento las sorpresas- lo menciona Onigumo de forma burlona, cuando las cortinas comienzan a recorrerse, dejando ver a tres figuras femeninas.

¡Ayame!.- lo exclama Kouga, al ver a su prometida en aquel lugar, siendo amordazada y sujetada a una silla.

¡Sukiomi!.- lo grita Ren al ver aquella otra figura al extremo izquierdo, de la misma manera que aquellas mujeres amordazada y sujetada en la silla.

¡Kagome!.- lo grita por finalizar Inuyasha al ver a su esposa en aquella misma condición.

¡Maldito!.- lo exclama un Ren lleno de rabia, encajando con un poco de fuerza la punta de su espada en el pecho de su hermano.

Tranquilo hermano.- lo menciona Onigumo al hacer una mueca de dolor- si yo muero ellas mueren.- se lo hace saber al mismo tiempo que detrás de aquellas mujeres aparecen otras tres con un cuchillo para acomodarlo en el cuello de Kagome, Ayame y Sukiomi.

¿Qué se puede hacer ahora?.

Continuaraaaaa!!!!

¡Konichiwa!, ¿Cómo están?... espero que bien, bueno chicas solo me queda decirles dos palabras ¡Gommen! y ¡mil gracias!...

Este es el penúltimo capitulo… y es una pena que se acabe esta historia, pero como todo tiene un principió, siempre hay un final.

Mil gracias por dejarme sus mensajes y seguir esta linda historia estos cinco meses, de los cuales me alegro el poder compartir esta hermosa historia, ¡mil gracias! Por todos sus mensajes.

Ahora solo espero su apoyo en el penúltimo capitulo, para poderles mandar el ultimo capitulo muy ponto, total ya no tengo clases… así que mil gracias por todo...

Se despide

Fesabi