Ann (amarrada a una silla): =¬=

Ro (amarrada a una silla): ¬¬

(turba enfurecida por la milenaria espera): ^¬^ -contentas por haber atrapado a Ann-

Ann: En mi defensa….

Ro: Cállate TT-TT, te culpo por todo lo que pueda pasarnos (la patea)

Ann: No es mi culpa TT^TT, el fantasma de las no actualizaciones no me deja en paz. Eso sin mencionar que mi nuevo trabajo me succiona la vida =w= y una nueva conspiración nos dejaron como un vil zombie o.o

Ro: Ser un zombie no es divertido u¬uUUU

(Turba enfurecida por la milenaria espera) ¬¬

Ann: OÔ

Ro: TT^TT

Transmisión interrumpida.

En verdad lamentamos la demora T-T, pero bueno este Fic raro e inverosímil u.u es un universo alterno, así que nadie usa bestias bit ni se matan entre sí tratando de conquistar el mundo con trompitos oÔ

Como saben BeyBlade no me pertenece bla, bla, bla, y bueno todas esas cosas que siempre toca repetir u.u

Homo fóbicos ¡HUYAN! YuriyxKai, luego no digan que no lo advertí, Kai hace de Uke

CAPITULO ONCE: TROUBLEMAKER (Olly Murs)

Estaba oscuro. Su mundo se había convertido en un enorme mar negro en el que flotaba sin rumbo, ni dirección. En medio de su aturdimiento, Yuriy Ivanov supo que debía salir de la casa desde el primer momento en que no pudo mentirle al barman, porque la misión estaba comprometida. La molesta comadreja (Mariam) también lo sabía, por algo salió de su cabeza.

Esa fue la única cosa buena de todo este endemoniado asunto. Aunque quizás estaba empujando mucho su "buena suerte" porque antes de siquiera poder evitarlo, terminó encerrado en una habitación con Hiwatari, donde enfrentó la única pregunta que no estaba preparado para responder.

—"¿Por qué no te gusta mi aroma?"

Yuriy apretó los dientes y los puños por reflejo, también frunció el ceño, pero apenas las palabras se deslizaron por esos delgados labios, se desató una fuerte tormenta que opaco cualquier respuesta que pudiera tener.

Además se lanzó contra Hiwatari, lo tumbo sobre un sofá, porque contrario a sus deseos también quería que él lo escuchara apropiadamente, claro que luego negaría totalmente el asunto y lo atribuirá a algún lapso de estupidez, o haber sido manipulado de alguna manera por la bestia bit. Eso sin mencionar que después de eso se transformó en niño, así que cuando pudo poner todo en orden, sólo lo ignoró.

Pero en ese momento, mientras el viento rugió salvaje, Yuriy lo encerró entre el mueble y su cuerpo, con las manos a cada lado de su cabeza y las piernas a los costados de su cadera. Ahí le gritó la respuesta, aunque Kai no pudo oírlo.

—"¡Claro que no me gusta!" —exclamó— "¡¿Por qué debería de seguir el aroma de alguien tan molesto?! ¿Por qué tengo que memorizarlo?"

Masculló al final entre dientes. La respuesta era frustrante, pero sobre todo molesta. Además, el estúpido muchacho que se asustó en un principio, terminó mirándolo sorprendido sin saber muy bien qué hacer. Esa era una de las cosas que le molestaban. El bastardo parecía inseguro de cuál debería ser su próximo movimiento; porque ahí estaba Ivanov, forzándolo a estar en esa posición mientras una tormenta de nieve se desató por todo el lugar como si estuviera a punto de perder el control.

El idiota sabía que Yuriy era peligroso, lo había visto en su forma de lobo. El pelirrojo estuvo a punto de matarlo, ¿y qué hacia Hiwatari? Pensar la mejor solución para mantenerlo vivo. Era un disparate y no porque el ruso tuviera deseos de morir (no con esa molesta apariencia humana), pero era lo más lógico.

Lo que hacía el bicolor iba en contra de todo sentido racional de supervivencia. Pero además de eso, había otra cosa que le fastidiaba. Yuriy tenía un olfato muy agudo, por eso su pareja podía estar al otro lado de la ciudad y él lo encontraría. Desde que lo marco como su presa, sus sentidos lo traicionaron al memorizar su aroma.

—"¡No me gusta tú aroma!" —prosiguió luego de un breve silencio— "Porque detesto buscarte sin pensar, investigar con quien estas o si acaso estas bien. Yo…definitivamente detesto tú aroma, porque decir que me gusta no alcanza para decir que creo que me enamore de ti, y eso definitivamente es la cosa más estúpida que jamás me ha pasado. Maldición, ¡No soporto tú aroma!"

Fragmentos.

Entre sus palabras, todo comenzó a ser fragmentos de una escena que se iba desmoronando. Lo primero en irse fueron las paredes, el techo y el suelo. Luego el color se escurrió por los muebles, excepto por el sofá que compartían. Pero mientras la escena se desintegraba, pudo dibujar cada facción, delinear cada mechón de cabello y memorizar el rojo de sus ojos. Eso parecía lo único vivo y lo suficientemente intenso como para brillar con fuerza.

—¡KAI!

…sin embargo cuando lo último en desaparecer fue Hiwatari, Yuriy se sentó de golpe. Durante un vertiginoso momento su cerebro tardo en orientarse. Fue confuso y aterrador, pero con la respiración desecha se hizo un ovillo en su puesto debido al dolor. Darse cuenta que no estaba en la misión con Hiwatari fue difícil, pero reparar en la habitación en la que despertó, le tomó más trabajo del que debería.

Estar despierto era una cruel tortura, pero si llegó a desear que todo terminara, lo desecho cuando entre su estado delirante, percibió algo que alzó sus orejas lobunas. No se había dado cuenta cuando había agachado la cabeza, pero resulto intrascendente apenas su borrosa visión intentó orientarlo.

—Kai…—dijo entre dientes.

Olía al bicolor a una considerable distancia, entre los árboles y la nieve de la montaña. Yuriy no estaba en su mejor momento, había sangre y heridas abiertas que sólo empeoraron con su afiebrada mente, aunque eso no iba a detenerlo.

—¡Yuriy!

La exclamación vino apenas puso un pie fuera de la cama. Ahí Julia apareció "mágicamente". El ruso ignoraba si todo el tiempo estuvo a su lado, o acababa de llegar. Claro que el pensamiento fue irrelevante ya que de la nada, dos personas se le vinieron encima para mantenerlo quieto. Los tres forcejearon hasta que alguien hizo algo. Ivanov no estuvo muy seguro que sucedió, pero en menos de dos minutos su conciencia se tambaleó hasta que cayó inconsciente.

La siguiente vez que despertó, el olor a sangre no era tan fuerte, pero seguía tan palpable que gruñó. No obstante, apenas sintió el aroma de Kai sus sentidos colisionaron así que intentó incorporarse. Pronto alguien volvió a saltarle encima, por lo que en medio de un par de maldiciones sintió ese "algo" que lo hizo sentir mareado, hasta que volvió a caer inconsciente.

Al final perdió la cuenta de las veces que la misma situación se repitió, pero entre lo que parecía ser la veinteava vez, Yuriy abrió los ojos y miró fijamente el techo de la habitación.

—Hn.

Como odiaba ese techo. Detestaba la habitación, pero sobre todo le fastidiaba que se metieran en su cabeza para dormirlo. Ahora sabia porque Kai se enojaba tanto cuando hacía lo mismo.

—¿Estás despierto?

A su lado, una voz femenina lo distrajo de maldecir la estúpida situación. Aunque tampoco es como si pudiera hacer mucho ya que…bueno, estaba amarrado a la cama. Por eso miró a la muchacha que lo observaba con aparente aburrimiento; la cabellera rubia que se meció con suavidad, no altero su estoica expresión.

—Estoy despierto.

…Y consiente que Kai estaba cerca, un poco más cerca de lo que recordaba. Aunque no tanto como le gustaría. Sin embargo también era consciente que de hacer el más mínimo y sospechoso movimiento, lo pondrían a dormir. Quizás por eso estaba amarrado.

—¿Sabes los problemas que tuvimos que pasar por tú culpa?

—¿Qué sucedió? —preguntó una vez Julia cruzó las piernas.

Mientras ella se acomodaba, Yuriy ligeramente para comprobar el amarre. Todavía seguía algo aturdido, si quería romper las ataduras debería usar más fuerza de la que le gustaría.

—¿Qué recuerdas? —dijo Julia.

—Kai —respondió al cerrar los ojos y respirar hondo, sólo para asegurarse que se trababa del bicolor. Oír los latidos de su corazón, curvó sus labios en una sonrisa.

La rubia asintió y comenzó un largo relato que Yuriy no escuchó del todo bien. Sólo recogió pequeñas partes. Fue el bicolor quien lo sacó del lugar y lo puso en un lugar seguro, aunque la chica todavía no entendía muy bien como lo consiguió considerando que acababa de revivir.

La misión de la prisión fue un fracaso, Jhonny y Ozuma estaban muertos, y la localización de su antiguo refugio fue descubierta, por lo que los agentes heridos y los activos, fueron capturados o muertos en el proceso.

Mariam estaba a cargo de los Saint Shields ahora, por lo que traslado a los sobrevivientes a una enorme mansión en las montañas. Curiosamente se trataba del mismo lugar que Yuriy soñó. Aunque omitiendo el pensamiento, el ruso supo que habían menos de 50 personas, de las cuales 1/3 estaban heridas, la mitad no sabía pelear y el resto eran científicos u oficinistas.

Yuriy podía oler el miedo, la medicina y la muerte acechando los pasillos.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Dos semanas.

Con un asentimiento guardo silencio, mientras escuchó la lista de muertos con aparente desinterés. Sus compañeros se convirtieron en recuerdos y en la vaga imagen de la última vez que los vio. Y no es como si él fuera un tipo especialmente emotivo o de tener muchos amigos, en especial porque era el asesino de Neo Borg, pero esta es la primera vez que sentía esa sensación de desasosiego en la boca del estómago.

—Es la tercera vez que preguntas lo mismo. Francamente hombre, comienza a ser aburrido.

—Suéltame.

—Seguro, y después iré saltando a abrazar a Emily —ironizó Julia en un tono quizás demasiado mordaz, ya que Yuriy rodó los ojos— No puedes ver a Kai.

—No era una sugerencia.

En respuesta, Julia saltó en su asiento una vez las paredes y el techo comenzaron a congelarse. Hasta ahora habían contenido su poder porque Ivanov estaba demasiado herido, y su aturdimiento apenas y le permitía hilar pensamientos. Sin embargo, esta vez rompió las ataduras mientras el cabello rubio de la chica se removió como si tuviera vida propia. Como siempre que estaba dispuesta a soltar el poder de su bestia bit, por si acaso llegaba a necesitarlo.

—¡No puedes verlo! —repitió casi en un grito, por la tormenta de nieve que surgió sin aviso— ¡Vas a lastimarlo!

Fríos ojos rojos la miraron entre la oscuridad de la tempestad, hasta que la nieve ceso y retomaron su tono azul.

—Explícame —ordenó sentado en la cama.

—Uf —jadeó Julia cansada por el esfuerzo de luchar contra el frio, que pretendía derribarla.

De mala gana levantó el asiento que la nieve tiró y se dejó caer con una mueca. La superficie estaba mojada. Aunque considerando que su ropa se encontraba igual, no era gran cosa. Es sólo que no es la cosa más bonita de la vida.

—Él no puede entrar en la casa, sus bestias bit no te quieren cerca.

—Nh.

Por eso lo sentía tan lejos.

—"¿Nh?" ¿Eso es todo lo que tienes que decir luego de casi congelarme? —regañó su amiga.

—¿Cómo estas Julia?

Con eso la desarmó. La chica lo miró sorprendida durante un breve instante, luego sólo pareció derrumbarse por dentro. Incluso su explosivo temperamento se aplacó como si la pregunta la hubiera lastimado físicamente.

—¿Así de mal? —tanteó Yuriy.

—Podría ser mejor.

—¿No querrás decir peor?

—Oh no —dijo ella con un ademan desinteresado, quizás demasiado cínico, antes de intentar peinarse un poco con las manos— La única manera en que este peor es estando muerta.

Nunca la había visto así de cansada, por lo que escuchó todo lo que quisiera decir. Sin embargo, cuando su voz se ahogó con un sollozo saltó de la cama y le envolvió en un apretado abrazo. Julia se dejó hacer, incluso se puso de pie en busca de una posición más cómoda donde colocó los brazos alrededor de su espalda.

—Lamento haberte mojado —comentó Yuriy con la misma indiferencia de siempre, en cuanto apoyó el mentón sobre su cabeza. A cambio Julia se rio entre sollozos.

—Que idio-ta eres.

Después de eso hubo un breve silencio donde Ivanov afiló la mirada. Aunque siguió meciéndola con suavidad, mientras la rubia escondió el rostro en su pecho.

—Vamos a encontrarlo.

Vivo o muerto, pero iban a hacerlo. Julia pareció captar el mensaje, porque asintió sin alzar la mirada. El pelirrojo la entendía, él sabía lo que era perder a su pareja. Sin embargo Yuriy recupero a Kai y ella también quería eso, quería a Bryan de vuelta.

—Dranzer y Black Dranzer no te quieren —repitió con voz nasal— Quizás puedas hacer lo mismo de antes.

—¿Qué cosa? —preguntó dudoso, así que Julia alzó la mirada sin apartarse ni un centímetro.

Sus ojos estaban rojos, pero entre su cansancio y las lágrimas que acariciaban la pálida piel, hubo un rastro de comodidad. Era algo fugaz y efímero, pero tan palpable que ninguno de los dos se movió. Después de todo era ese tipo de apoyo que sólo alguien que ha estado al borde del abismo puede proporcionar. La guerra era así, la persona que estaban abrazando podía estar muerta al día siguiente.

—Esa vez cuando Yuriy y tú no pudieron acercarse, luego que Kai durmiera por un par de semanas porque Sanguinex succionó esa porquería de su cuerpo, o como sea que Brooklyn le diga.

Uh.

No es como si Yuriy no lo recordara, sino que en realidad él no hizo nada, sólo espero.

—Tengo cosas que hacer —musitó Julia al esconder nuevamente el rostro en su pecho. A cambio Ivanov le acarició la cabeza y esperó hasta que quisiera moverse— Puedes salir y hacer lo que quieras, pero no intentes ir por Kai, vas a causarnos problemas.

—Hn.

—¿Lo prometes? —preguntó al mirarlo a los ojos.

—Tks, bien, no voy a verlo.

—Yo sé que no es fácil, sólo espera un poco ¿de acuerdo? Volveré más tarde.

Un poco renuente, Julia se deslizó por sus brazos y salió de la habitación sin muchas ganas. Los ojos azules de Yuriy la siguieron hasta que la puerta se cerró y todo quedó sumido en un profundo silencio. Después sólo desapareció con ayuda de esa monstruosa velocidad. Se tardó un par de segundos más de lo normal en alistarse y salir de la mansión, debido a su estado. Mas, apenas puso un pie afuera dio un largo vistazo del paisaje y el intrincado pasaje de árboles que lo rodeaban.

Entre la nieve y el silencio del viento, el pelirrojo olfateó hasta que encontró su objetivo. Kai estaba lejos como había predicho, así que dio otro paso. Fue el primero y el último ya que una bola de fuego salió de la nada. Lo hubiera golpeado en la cabeza sino hubiera colocado los brazos a modo de escudo. Su propio poder aunque debilitado, también ayudo amortiguar el ataque, pero eso no evito que cayera sentado.

—Hn

Molestó afiló la mirada; iba a cumplir su promesa, sólo quería saber que tanto podía acercarse. Lo cual resulto deprimente porque ni había salido del pórtico.

—Yeb (maldición)

Bueno, no tenía nada mejor que hacer así que se puso cómodo. Ahí colocó el codo en la pierna y el rostro en la mano con una expresión mosqueada. Su semblante no cambio ni siquiera cuando Julia lo encontró y se sentó a su lado luego de regañarlo, o incluso cuando la noche abarcó el firmamento y él seguía en el mismo lugar.

A la mañana siguiente se despertó acostado en la nieve, por lo que se acomodó con un gesto poco elegante y aun adormilado. En cuanto organizó las ideas y la lucidez finalmente apareció, se movió otro poco. No fue sino hasta el tercer día que Julia lo obligó a entrar a la casa para que descansara un poco. Prácticamente lo arrastró, pero Ivanov no se demoró mucho, sólo se bañó, cambio la ropa y las vendas (aun cuando alguien siempre lo hacía), y volvió a su lugar con algo de comida en las manos.

Lo curioso es que se le permitió avanzar dos pasos, así que con una pequeña sonrisa se sentó y comenzó a comer.

Kenny y Hilary eran los que le traían noticias de Hiwatari. Ellos le llevaban comida y suministros al bicolor, así como Julia hacía con él. Aunque nunca se quedaban demasiado, dado que estaban ocupados con los pacientes.

—Dranzer y Black Dranzer son horribles —dijo Hiilary al encogerse un poco mientras sostenía un chocolate caliente.

Los tres hacían un gracioso círculo en el suelo, donde los demás agentes pasaban y los miraban curiosos, aunque con el tiempo aprendieron a ignorarlos.

—Son fascinantes —contradijo Kenny casi emocionado.

—Kenny casi consigue que nos chamusquen cuando les pidió que lo dejaran estudiarlos —acusó la chica con desaprobación— Tienes suerte que Kai todavía pueda controlarlos.

—¿Antes no podía? —preguntó Ivanov tras bajar su chocolate. A cambio obtuvo miradas inciertas que lo pusieron incómodo.

—Sí, bueno —divagó Kenny— Tienes que entender que su muerte lo ha debilitado y sus fénix pelean por el control. Pero…—agregó apenas vio que el ruso se tensó— No le hacen daño. En realidad incluso parecen cuidarlo.

Yuriy sólo podía olfatear el aire para ubicarlo, pero las bestias bit eran parte de Kai así que no las "veía". Además, el rastro comenzó a desvanecerse bajo lo que parecía ser una bola de calor que lo envolvía. Podía jurar que los gemelos lo habían hecho a propósito para bloquear cualquier tipo de contacto, así que arrugó la nariz en disgusto.

—El problema es cuando intenta frenar sus peleas —masculló Hilary mientras bebía— Pero te juro que lo está haciendo mejor.

Ella sonrió para que Yuriy se sintiera mejor, pero fracasó totalmente cuando Kenny habló.

—Son terriblemente posesivos.

—¡Kenny! —regañó la castaña cuando el pelirrojo afiló la mirada.

—Es cierto, casi ni lo sueltan y si no lo están abrazando ellos… ¡Auch! —se quejó el bajito cuando su amiga le dio un puñetazo e hizo una señal con los ojos para que viera lo que estaba haciendo. Apenas vio los fríos ojos rojos y las orejas hacia atrás, Kenny comenzó a reír nervioso— Pe-pero no tienes que preocuparte, todo va a solucionarse.

Porque eso siempre sucede cuando la persona que te gusta, está con dos seres inmortales que traen promesas de grandeza. Yuriy debió resistir el impulso de rodar los ojos, aunque no pudo evitar resoplar ruidosamente, mientras se llevó una mano a la nuca para aliviar la tensión. Desde ese día comenzó a hacerlo con más frecuencia, porque las ganas de verlo sólo crecían con el tiempo.

Las visitas de Kenny y Hilary fueron siempre a la misma hora y se repetían como una rutina. Ambos paraban antes de ir a ver a Kai y después de hacerlo, de esa manera le informaban cómo estaba el bicolor. Julia venia cada cierto tiempo con noticias del exterior y siempre antes de ir a patrullar. Decía que había rumores de un último golpe, pero nunca especificaba nada más que eso.

Fue en la tercera semana, en un día particularmente aburrido donde Yuriy construía una pequeña maqueta escala de Rusia (porque no tenía nada mejor que hacer), que algo cambio. Era un aroma que de repente apareció y lo puso alerta.

—No sabía que eras bueno construyendo.

—No es como si tenga muchas opciones —dijo Yuriy sin inmutarse por la persona que se sentó a su lado.

—¿Qué tal un vídeo-juego?

—Me distrae.

Lo que necesitaba era estar alerta. Porque a pesar de la aparente calma, fuera de la protección de Mariam había una guerra del otro lado, una que podía llegar a ellos sin aviso.

—¿Cuánto tiempo te queda Hiro?

El mayor de los Kinomiya sonrió y apoyó las manos tras la espalda para mirar el cielo. Él lucia demacrado y cansado, como un guerrero herido, aunque todavía imponente y determinado.

—Suficiente como para decirle adiós a Tyson.

El ruso asintió, pero volvió su atención en la nieve. Hacia frio y estaba anocheciendo, pero luego de un largo silencio, terminó resoplando.

—¿Cómo llegaste a esto?

Cuando no hubo respuesta, Yuriy lo vio por el rabillo del ojo. Hiro tenía una leve sonrisa, que curvó sus labios en una extraña muestra de calma y felicidad.

—No podía dejarla morir —empezó— .El poder de Brooklyn así como el tuyo, no pude deshacerse. Pero si puede retrasarse.

Esta vez los ojos azules de Ivanov lo miraron fijamente, ya que una verdad se deslizó lentamente por su cabeza. Aunque no intento ponerle nombre.

—Emily también está muriendo —dijo Yuriy.

—Sí.

La voz de Hiro sonó inusualmente calmada, pero llena de un pesar difícil de explicar. Yuriy quiso preguntar porque Emily, si acaso estaba enamorado de ella o tenía algún tipo de deuda, sin embargo no pareció adecuado. Quizás no era importante, ni merecía saberlo cuando sonaba tan íntimo y personal. Lo único que Yuriy sabía es que Emily es y será la mujer por la que Hiro Kinomiya dio su vida.

No había notado que la chica estaba muriendo porque siempre estaba con Hiro y Brooklyn, y su aroma quedo atrapado entre el olor a muerte de ellos.

—Me caes bien Yuriy —dijo de la nada— .Además de la misión y toda la basura de anular sus poderes, en verdad esperaba que pudieras ayudar a Kai.

—¿Ayudar con qué? —indagó curioso tras enarcar una ceja.

—Ya conoces su temperamento volátil —señaló divertido de la manera como Yuriy rodó los ojos.

Si Hiwatari se enojaba podía golpearlo sin aviso, también era agresivo, molesto y si lo presionaba lo suficiente podría calcinarlo. También es cierto que era leal, amable y desinteresado a su ruda manera. Además, era la persona más extraña e interesante que jamás había conocido; así que antes de siquiera imaginarlo estaba sonriendo. A cambio la risa de Hiro lo trajo de nuevo a la realidad, cuando le palmeó la espalda con más fuerza de la necesaria.

—Cuando sus poderes disminuyeron se sintió mejor, más tranquilo de no poder incinerar toda la cuadra o incluso el campus de la universidad —dijo Hiro— .Después, cuando vi que comenzaban a llevarse mejor, no me pareció mala idea dejarlos un poco más de tiempo juntos.

—No nos llevábamos tan bien, creo que estás confundido —señaló Yuriy con desdén.

—No estoy confundido. Me estoy muriendo, pero no estoy confundido. Conozco a Kai desde hace mucho y te digo que nunca lo había visto tan tranquilo. Contigo no tenía que preocuparse por su poder.

Eso no impedía que el bajito lo golpeara cuando quisiera, pero tras chasquear la lengua aguardo en silencio. Porque a pesar de todo, Ivanov quería que Kai sintiera algo más que sólo comodidad a su lado.

—Te digo que lo has ayudado a ser feliz.

—Murió por mi culpa —cortó con frialdad. Si sus poderes no se anularan, quizás hubiera tenido una oportunidad de sobrevivir al ataque de Brooklyn.

—Escucha, fue su elección quedarse en la prisión, tienes que respetar el hecho que decidió sacrificarse por lo que creía correcto.

En realidad no había ninguna manera de abordar este tema. Tampoco había respuestas correctas, por lo que Yuriy no dijo nada.

—Ambos se complementan. Mientras se cuiden todo estará bien —dijo Hiro con una sonrisa amable— .Así que no te pongas celoso de Dranzer y Black Dranzer.

Fue como le hubiera tirado agua fría, porque Yuriy abrió grandes los ojos mientras Hiro comenzó a reírse. Cuando se puso de pie, ignoró olímpicamente al pelirrojo que intentaba hablar.

—¡No estoy celoso! —le reclamó a Kinomiya que ya se estaba alejando.

—Hai, hai (si, si) —dijo Hiro con fingido desinterés— .Hilary me contó lo que sucedió, no hay nada de qué avergonzarse. Es perfectamente normal.

—¡Escucha lo que digo!

El peliazul no volvió a mirarlo, ni agrego nada más. Era una extraña faceta en el líder de Neo Borg; pero si tuviera que adivinar, quizás era su manera de encontrar paz antes de la muerte, aun en medio de la guerra. Sin embargo, Yuriy no pudo divagar más en ello ya que una bola de fuego salió-de-sabrá-Dios-donde y le dio en la cabeza, por lo que terminó de espaldas en la nieve.

—¡¿Por qué demonios fue eso?! —gritó hacia donde Kai se encontraba.

Como era natural no hubo respuesta, además Hiro desapareció entre la oscuridad de la noche y su propio poder. Resulto frustrante, así que con gruñó como el can que era y entrecerró los ojos.

¿El bicolor lo había escuchado?

—Hn.

Eso no resultaba alentador, en realidad sólo era vergonzoso. Sabía que le gustaba el ruso-japonés, y podía decir que él sentía lo mismo. Sin embargo Kai no había dicho la palabra. Había muerto antes de poder preguntarle directamente y ahora que estaba vivo, se lo robaron un par de temperamentales y posesivos fénix.

—Demonios.

¿Qué estaba pasando con él? ¿Desde cuándo pensaba en cosas como esas? De alguna manera era culpa de Hiwatari por volcar su mundo con tanta facilidad. Tal vez sólo estaba ansioso, así que se llevó una mano a la cara y respiró hondo.

Quería abrazarlo, no le importaba si sonaba cursi. Claro que eso no evito que gimiera incómodo. Asumir algo no lo hacía necesariamente una certeza, así que tal vez Kai no sentía lo mismo. ¿Qué haría si él sólo se vio atrapado entre el peligro de la misión y lo beso por un mero impulso?

Eso en verdad no tenía mucho sentido. La parte más sensata le gritó que Hiwatari no era ese tipo de persona, pero su lado humano se removió incómodo. Por lo que perdido en sus pensamientos, no vio venir la segunda bola de fuego.

—¡Con un demonio! Ya basta —reclamó al lanzar su propia bola de nieve.

Supo que el proyectil se derritió antes de llegar, pero con eso también le hizo comprender que estaba más cerca de lo que había pensado, así que movió la cola sin darse cuenta. Era increíblemente fácil la manera como cambiaban sus emociones últimamente, pero nuevo en este tipo de sentimientos, ignoró el leve rubor que comenzó a ganar intensidad.

A la cuarta semana Yuriy estaba en medio de la nada, entre una enorme pradera y un puñado de árboles. La casa no se veía por ninguna parte, pero pareció un detalle vago e insignificante.

Ese día como cualquier otro había ido a cambiarse y por algo de comida, con la misma rutina que concluía con él sentándose en la nieve. Sin embargo, hubo diferente cuando se dio cuenta que podía avanzar más de la cuenta. Su límite como siempre, era señalado por un par de bolas de fuego que comenzaba a esquivar cada vez con más pericia. Mas, cuando en la distancia los vio, casi deja de caer su comida. Tal vez sólo eran puntos en el firmamento, incluso para sus ojos rojos, pero eso no evito que sonriera.

De repente la impaciencia resulto abrumadora, pero lo único que hizo fue morderse el interior de la mejilla. No iba a decir que requirió de mucha fuerza de voluntad para quedarse quieto, porque de verdad no quería lastimarlo, pero eso no significaba que fuera más sencillo.

En este punto no importaba que Dranzer y Black intentaran esconderlo, porque estaba tan cerca que pudo oír los latidos de su corazón y aspirar su aroma como si lo tuviera al lado. Eso obviamente le valió un injustificado ataque.

Supuso que los fénix también podían verlo, porque cada vez que mostró alguna señal de estar monitoreando al bicolor, lo atacaban. Aunque no es como si importara, porque si podía robar esos pequeños momentos podía sentirse intoxicado. No lo hacía mucho, porque tampoco sabía si estar lanzando su poder lo lastimaría; después de todo fue Kenny fue quien dijo que el problema era cuando intentaba controlar a las bestias bit.

—¿Cómo está? —le preguntó a Hilary y Kenny en una de sus últimas visitas.

—Yo estoy bien, gracias por preguntar —áspero la castaña.

Se había dado cuenta de su apariencia chamuscada, pero se había vuelto un hábito preguntar por el idiota primero.

—Uh, ¿Qué paso? —preguntó con apático desinterés.

—¡¿Qué paso?! ¡Yo te diré que paso!

—Hilary, cálmate —pidió Kenny al colocar una mano en su hombro.

—Tócame otra vez y perderás la mano —amenazó Hilary— .Ese par de psicópatas casi nos matan.

—¿Quiénes? —preguntó Ivanov algo curioso.

Había visto el fuego alzarse en la distancia antes de la llegada de los científicos, pero luego de revisar los alrededores para asegurarse que todo estuviera bien, sólo pudo esperar. Eso obviamente no evito que se pusiera de pie y se removiera como un león enjaulado.

—Dranzer y Black Dranzer —respondió Kenny mientras su amiga maldecía y refunfuñaba.

—¿Por qué?

Hasta ahora ellos no habían atacado a nadie, mucho menos a quienes le llevaban provisiones al ruso-japonés.

—Kai preguntó por ti —ladró Hilary.

—Antes que pudiéramos decir algo nos atacaron; Kai los detuvo, pero ya ves— dijo Kenny al señalarse— .No es nada en realidad, sólo ceniza y un susto que durara toda la vida.

—¡Esos estúpidos bastardos posesivos!

—Tengo que darle crédito a Kai, comienza a tomar control con más naturalidad. Ya no se lastima como antes.

Yuriy sabía que retener a una bestia bit es difícil, así que con dos es casi todo un reto. Pero si había aprendido algo luego de haberse separado en dos individuos, es que a veces es mejor no luchar con la deidad, sino dejar que las cosas fluyan. Aunque claro, el estrés de estar pendiente que nada malo sucediera y estar preparado para contener su poder, podía resultar agotador.

Por eso no forzaba su presencia, sólo debía esperar que Hiwatari volviera acostumbrarse a él. Sin embargo ahora nada de eso importó, porque entre esas largas y aburridas semanas, esta era la primera vez que preguntaba por él. Así que fue normal y natural que su corazón saltara sin aviso, mientras una boba sonrisa curvó sus labios.

—Me voy, no me pagan lo suficiente —gruñó Hilary.

—Espérame —pidió Kenny y eso fue lo único que Yuriy necesito para volver a sentarse.

Después de ese primer y único intento, el bicolor no volvió a preguntar por él. A la quinta semana el punto negro comenzó a tener forma.

"Hey"

Escribió Yuriy en el aire, con ayuda de la nieve que danzaba en la brisa. Al principio el fuego destruyó su mensaje, pero luego de dos días sin poder avanzar, recibió su respuesta. En el tiempo que tuvo que esperar, considero seriamente haberlo arruinado de alguna manera, pero cuando en la lejanía letras rojas tatuaron el cielo con un "Hey", sintió un extraño cosquilleo en el pecho.

Ellos no habían podido usar celulares, ni ningún dispositivo de comunicación por varias razones, la primera era por seguridad, pero aun cuando los Saint Shields se las habían arreglado para poder comunicarse, la verdadera razón es que Kai estaba desorientado y no lo recordaba. Los fénix no ayudaban, en especial si siempre lo estaban empujando lejos.

Por eso, a partir de ese día se escribían pequeñas cosas en el aire, hasta que dejaron de hacerlo porque estaba tan cerca que Yuriy sonrió.

—¡Hey!— gritó Ivanov a modo de saludo. Kai medio sonrió, antes de responder su propio "Hey"

Todavía estaba lejos, pero el pelirrojo pudo verlo cansado y todavía algo herido. Y aun cuando afiló la mirada por reflejo, no pudo entretenerse ya que el otro lo estaba mirando y eso pareció ser lo único importante por el momento.

Durante la sexta semana lo único que pudieron hacer fue hablar. Hablaron de todo y de nada, incluso de estúpidos detalles sin sentido. Lo único de lo que no hablaron fue de la muerte del ruso-japones, o de la guerra que se desató fuera de la barrera que los protegía.

—¿Cuál es tú color favorito? —preguntó Yuriy de la nada, y sin ninguna emoción en la voz.

—¿Por qué quieres saber eso? —áspero Dranzer.

—Metete en tus propios asuntos —apoyó Black.

Los gemelos eran unos niños. Eso demostraba que Kai comenzaba a recuperar su poder más rápido que antes, aunque eso no significaba que había sido fácil lidiar con ellos. Si hablaban mucho o veían que estaban sonriendo, se enojaban y de repente lo atacaban.

En verdad eran unos bastardos posesivos y a Yuriy no le gustaba. Era como si compitiera por la atención del bicolor, y de alguna manera estuviera perdiendo. Después de todo, Kai dejaba de prestarle atención siempre que intentaba aplacar el explosivo temperamento de los mocosos.

—Ya basta —gruñó Hiwatari— ¿Cuál es el problema con ustedes? Es sólo una pregunta.

Una estúpida y sin sentido, pero Yuriy amaba cuando esos ojos rojos lo miraban a él y sólo a él. Por eso siempre que había un silencio, intentaba llenarlo.

—El azul —respondió y Dranzer les sonrió arrogante, ya que sus llamas eran de ese color; aunque omitió olímpicamente que los ojos del ruso eran de ese color. Pero si Black iba a responder, guardo silencio cuando una mano comenzó a acariciarle el cabello. Kai lo hacía mucho porque parecía calmarlos— ¿Y el tuyo?

Rojo.

El rojo de sus ojos. Pero eso era cursi y molesto, así que Ivanov chasqueó la lengua y frunció el ceño cuando sintió que se estaba sonrojando.

—Uh…blanco.

—No pareces el tipo de persona que le guste el blanco —dijo Kai de manera descuidada.

Desde que Yuriy escuchó su voz, sintió una molesta e impaciente presión en el pecho. Pero todavía no podía acercarse, así que lo hacía hablar tanto como fuera posible. Y esa era una de las muchas razones por las que regresaba de la casa en un parpadeo. Iba por provisiones, un baño y nada más. Muchas veces incluso se olvidó de la comida, por lo que Julia debía llevársela.

Pero cuando era Kai quien se iba, le tomaba cuando mucho una hora, porque no usaba su velocidad. No podía por ahora. Así que era Yuriy, quien alargaba los minutos tanto como pudiera, hasta que el cansancio de tener a los gemelos se apoderaba de Kai, y caía dormido.

Ni Yuriy ni nadie sabía que al principio, Hiwatari murió tres veces sólo tratando de contener el poder de los fénix. Fue agónico y la cosa más insoportable por la que tuvo que pasar. Porque Dranzer y Black querían venganza, querían acaban con lo que quedaba de Neo Borg por haberlos traicionado. En especial con ese estúpido perro que los eliminó sin apenas parpadear.

Kai no entendía muy bien porque debía contenerlos, ya que difícilmente recordaba quien era, pero lo hizo de todas maneras. Era la única cosa que tenía segura y que lo mantuvo cuerdo. Más, cuando Ivanov despertó ocurrió algo curioso. De todas las personas de la mansión, está en particular llamó su atención.

Podía verlo por el calor de su cuerpo, aunque no era mucho dado que su deidad era de nieve. Pero fue suficiente como para que sonriera. Y aun cuando desconocía su identidad, al final terminó preguntando. Fue quizás una de las cosas más impactantes que había hecho, ya que los gemelos enloquecieron y ese día contener su poder fue tan difícil, que cayó inconsciente. Lo curioso fue que al despertar recordó el hombre del ruso, aunque apenas y era una sensación distante.

Cuando finalmente recordó todo, hubo una sensación que todavía no llegaba a entender. Era algo relacionado con la rivalidad de las deidades e Ivanov. Algo que estaba relacionado con el hecho haber descubierto a Ivanov con una extraña expresión, tal vez un poco homicida hacia los gemelos.

Hiwatari pensaba que tal vez era porque Yuriy los "obligó" a fusionarse de una manera poco ortodoxa (según los relatos de los demás y las quejas de los fénix) Pero si era franco, parecía un poco infantil como los tres se desafiaban con la mirada, con un reto que no acababa de entender.

—¿Qué? —preguntó Kai cuando los ojos del pelirrojo se volvieron rojos y su "pelaje" se erizó.

Despertado de su letargo, Yuriy parpadeó un par de veces y arrugó la nariz en un gracioso mohín de disgusto.

—No es nada —respondió aunque miró de mala gana a los niños que le sonrieron arrogantes.

Los pequeños bastardos tuvieron la desfachatez de acurrucarse a su lado, como si quisieran mostrarle que Kai les pertenecía. Porque no sólo le robaban su atención, sino que los imbéciles borraron su marca cuando lo revivieron. Esa le mostraba a cualquiera que quisiera saberlo, que Kai era su presa. Era suyo y nadie podía tocarlo a no ser que quisiera morir.

Yuriy había notado algo raro, pero no estuvo seguro hasta que lo tuvo de frente. Después de todo, el bajito siempre estuvo protegido por esa aura de fuego. Aunque saber que su marca no estaba lo obligó a apretar la mandíbula, y los puños. Claro que no mencionó nada del asunto.

Así que con un suspiro, intento aliviar la tensión de los hombros. De esa manera, el primer cambio ocurrió a altas horas de la noche. El bicolor se agazapó con los niños para mantener el calor y Yuriy frunció el ceño; porque eran dos jodidos fénix que no necesitaban calor corporal, ni necesitaban de la cercanía para proporcionárselo a su dueño. Pero claro, se distrajo cuando Kai comenzó a reírse suavecito de lo que sean que estuvieran hablando.

Él estaba medio adormilado, pero su risa lo hizo reír. Se sentía cómodo y agradable, por lo que entre esa noche con luna, Ivanov lo miró como si no existiera nadie más y en sus ojos, supo que en los orbes carmín no había otra persona. Probablemente por eso hubo un largo silencio cuando tras un parpadeo, los gemelos desaparecieron. Fue repentino y tan extraño que ninguno se movió.

—No están —murmuró Kai luego de buscarlos con la mirada. Al final cerró los ojos y colocó las manos sobre sí mismo, para comprobar que habían vuelto a fusionarse— ¡Wow!

Pero claro, el bicolor se distrajo cuando Ivanov se le lanzó encima. Ahí, suaves labios presionaron los suyos, mientras un firme cuerpo lo forzó a caer de espaldas en la nieve. El pelirrojo que lo atrapó en un apretado abrazo, envolvió los brazos en su cintura por lo que su espalda se curvó ligeramente.

—Hey —susurró Yuriy a modo de saludo, una vez apoyó la frente contra la suya.

—Hey —devolvió Kai con una pequeña sonrisa, mientras alzó las manos para rodear su cuello.

El gesto aunque algo tímido, consiguió que Yuriy sonriera antes de inclinarse un poco para que sus labios se encontraran. Que Hiwatari respondiera algo torpe casi lo hizo gruñir en aceptación, así que lamió sus labios y adoró la manera como lo hizo temblar apenas lo mordió un poco. Por eso se podría decir, que fue enteramente culpa de Kai que se acercara un poco más.

Ahí Yuriy lo encerró contra la nieve y su cuerpo, además deslizó sus piernas entre las suyas. El calor que los envolvió se sentía agradable, pero como lo estaba presionando en los lugares "adecuados" Kai enrojeció. Iba a empujarlo por reflejo, pero cuando hubo algo húmedo y cálido que se deslizó por sus labios, su corazón dejó de latir por un momento.

—Nhhh.

Las cosas sólo parecieron salirse un poco de control cuando acarició su lengua, porque ambos sintieron una descarga de energía sacudirlos sin aviso. Tal vez por eso el pelirrojo se alejó, o estaba seguro que su corazón se saldría de su pecho.

Antes se habían besado, pero nunca nada se sintió como esto. Aunque concentrarse era difícil, ya que Kai tenía las mejillas sonrojadas y los labios ligeramente rojos. Con toda la nieve a su alrededor y el cabello medio desordenado, lucia como una figura entera.

—Estás vivo —murmuró sobre sus labios.

El bajito rodó los ojos pero tomó su rostro entre sus manos y lo acercó para otro beso. Este fue lento y perezoso, hasta que comenzó a acariciar su cabello ya que parecía ser algún tipo de incentivo.

Pero siendo honesto, cualquier cosa que Kai hiciera sólo conseguía que el corazón de Yuriy saltara. Así que antes de pensarlo, la pierna que estaba entre las del bicolor, subió un poco. Lo suficiente para sentir la sutil presión que marcó el caminó por el interior de sus muslos; ahí rozó de manera muy sutil esa parte que no tenía derecho a tocar.

Apenas Kai abrió los labios para reclamar, esa caliente intrusa lo distrajo de la manera más intensa que hubiera. Porque el ruso acarició el interior de su boca y tembló apenas el otro comenzó a responder de la misma manera.

—Nhhh

Esto comenzaba a ser demasiado, Yuriy quería tocarlo más, besarlo más, incluso su poder quería sostenerlo por completo. De esa manera el aire alrededor de Kai lo envolvería por completo. Pero sobre todo, quería morderlo. Lo deseaba con tantas ganas que podía enloquecer si no lo hacía. Pero todavía era demasiado pronto, Dranzer y Black acababan de desaparecer y marcar a Kai podía hacer que su poder se descontrolara.

Tal vez por eso cuando se separó y un hilo de saliva marcó el camino, Ivanov escondió el rostro entre la curvatura del hombro y su cuello. Allí respiró hondo antes de quejarse. Era injusto, sólo necesitaba inclinarse y marcarlo, pero no podía.

—Quiero morderte —dijo sin pensar, embriagado quizás por el latir de su corazón y ese adictivo aroma que lo invadió sus sentidos. Por ello respiró cerca, para delinear el camino de su cuello con los labios.

Que respirara tan cerca produjo un hormigueo, pero lo que de verdad enganchó la respiración de Kai, fue sentir los colmillos rozarlo. La sensación lo obligó a cerrar los ojos y a bajar las manos hacia sus hombros, como si intentara empujarlo. Pero apenas Ivanov lamió su cuello, un molesto temblor lo invadió. Kai no estaba acostumbrado a emociones como esas, por lo que frunció el ceño antes de derribarlo y subirse encima. A cambio Yuriy terminó acostado con el otro sentado en su cadera.

Ivanov no iba a mentir, fue algo brusco y doloroso, pero el bicolor podía moverse así siempre que quisiera. Después de todo lo tenía sentado en su regazo, con las piernas a cada lado de su cuerpo y esa presión en la cadera, que podía volverlo loco en menos de un segundo. Porque había algo caliente en tenerlo así, aun cuando el bicolor parecía algo molesto; así que tentó su suerte y colocó las manos en sus rodillas.

—¿Morderme? —repitió Kai tras enarcar una ceja.

El pelirrojo se quedó quieto, apenas y respiró al saber que tal vez había dicho algo que no debía. Después de todo, el bajito no estuvo muy feliz la primera vez que lo marco.

—¿Cómo una presa? —prosiguió Hiwatari al apoyar las manos en su pecho, para así inclinarse más cerca. A cambio Yuriy se tensó— ¿Todavía quieres matarme?

Los apéndices lobunos lo hicieron dudar, porque tal vez una parte de Ivanov seguía bajo el influjo de la bestia bit. Pero Yuriy en verdad nunca tuvo la intención de matarlo, no realmente. Si hubiera querido le hubiera puesto más empeño, después de todo es el mejor asesino de Neo Borg. Pero, ahora sabía que lo marco porque quería que fuera suyo. También quería que los demás lo supieran, así evitaba que cualquiera se lo quitara (según la lógica del lobo).

Sin embargo, Kai no tenía ninguna marca, no había nada que digiera que era suyo. Y Yuriy mataría al primer bastardo que intentara quitárselo. Incluso sus ojos se volvieron rojo tras un parpadeo y retomaron su tono azul tras otro. Probablemente porque Kai estaba esperando.

—Por supuesto que no —respondió Yuriy sin saber muy bien cómo explicarse.

Cuando el ruso-japonés se impulsó hacia atrás, el pelirrojo se mordió los labios y maldijo el momento en que reparo en cada pequeño y estúpido detalle. La manera como su cabello se meció con el viento, el tenue rubor que cubría sus mejillas y el modo como seguía encima. La presión hacia difícil concentrarse, su imaginación no dejaba de mostrarle imágenes poco decentes del bicolor.

—¿Entonces porque quieres morderme?

—Es…—comenzó Yuriy en cuanto se sentó— Son…son sólo cosas de bestia bit.

Eso no le decía mucho, por lo que Kai rodó los ojos hasta que terminó afilando la mirada. La única respuesta que se paseó por su cabeza amenazó con hacerlo sonrojar, así que en un intento por desechar el pensamiento, apoyó la frente contra la suya.

—Que idiota eres —dijo con voz monótona, aunque sin real intención de herir. A cambio Yuriy sonrió altivo, dispuesto a responder el insulto —.De acuerdo.

—¿Eh?

…aunque claro, cualquier pensamiento racional abandonó su cabeza apenas lo escuchó hablar. Por eso, Yuriy abrió los ojos cómicamente ante la sorpresa. Luego contuvo la respiración por un momento, e incluso pensó que su corazón dejó de latir.

—¿Enserio? —preguntó fuera de lugar, así que envolvió su cintura y lo jaló más cerca.

—Pero…—dijo Kai con un suave rubor en las mejillas y el ceño fruncido—…primero debes hacer algo por mí.

—¿Qué es?

Con cuidado de escoger sus próximas palabras, el ruso-japones lo empujó suavecito para poder alejarse. De esa manera se puso de pie, con una expresión calmada que atrajo toda la atención del otro, por lo que Yuriy terminó incorporándose.

—Julia me dijo que encontró la ubicación de Bryan. Hiro ya autorizó a un pequeño grupo, y quiere que la acompañemos.

—No.

La respuesta salió fácil, incluso Yuriy frunció el ceño y gruñó entre dientes. Aunque Kai estaba esperando ese tipo de reacción, así que chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.

—¿Por qué Julia habló contigo y no conmigo? —áspero— .Yo iré con ella, tú te quedas.

—Vamos a ir los dos —contradijo Kai con un tono duro en la voz.

—Tú te quedas.

—No seas idiota, en algún momento tendré que pelear. Estamos en guerra.

—Puede ser el apocalipsis, pero tú te quedas.

La verdad es que Kai nunca ha sido bueno aceptando órdenes, así que entrecerró la mirada. Ninguno de los dos se movió y de repente había una marcada distancia que los separaba, como si algún tipo de barrera les impidiera estar más cerca.

—Boris va a buscar cualquier oportunidad para matarte —dijo el bicolor— No vas a ir sólo.

Yuriy era un problema para su abuelo, él podía encontrar y rastrear si encontraba a uno de sus hombres. Para ello tendría que meterse en su cabeza de una manera muy diferente a Mariam, o cualquier telepata. Era un poder que sólo una bestia bit tendría, algo que sólo él podría hacer.

Sin embargo, el ruso gruñó entre dientes sin dar indicios de querer retroceder.

—No vas a ir —repitió tercamente.

—Ivanov, la última vez tuve que sacarte antes que ese endemoniado perro te hiciera pedazos.

—¡La última vez te moriste! —explotó Yuriy, aunque eso consiguió que Hiwatari arrugara la nariz.

—Imbécil, estamos juntos. No vas a ir sólo.

—…

Con el ceño fruncido, Yuriy abrió y cerró los labios sin nada que decir. Las palabras de Kai alzaron sus orejas en curiosidad, por lo que intentó muy fuerte no mostrarse interesado, porque después de todo estaban discutiendo. Más, al final terminó haciendo un gracioso mohín de desconfianza.

—¿Estamos juntos?

—Sí.

—¿Juntos-juntos?

Estaban teniendo una discusión importante, sin embargo esto se sintió fuera de lugar. Por eso cuando Kai abrió los labios para responder, se dio cuenta que nunca habían aclarado esto. Era culpa de toda la confusión y el aturdimiento de haber muerto. Pero aun cuando ahora se dio cuenta de su error, también se dio cuenta que acababa de confesarse.

Y en cierta forma resulto gracioso, ya que debido a esa expresión de profundo desconcierto, Yuriy sonrió divertido. Cuando Kai se dio cuenta, lo fulminó con la mirada.

—Púdrete —ladró sonrojado y el pelirrojo se rio por lo bajo.

En su larga vida como bestia bit no había estado en esta situación. Tampoco soñó con esto, pero la manera como su corazón pálpito se sentía bien. No importaba que el bajito pareciera a punto de golpearlo, después de todo, molestarlo siempre es divertido.

—Me gustas.

…un susurro.

Yuriy abrió grandes los ojos, cuando sus sensibles orejas registraron cada letra y la tatuaron en lo profundo de su cabeza. Debía lucir un poco idiota, porque lo estaba mirando sin apenas parpadear. Pero Kai que estaba esperando que reaccionara, frunció un poco más el ceño en un intento por ignorar el tenue rubor en sus mejillas.

Era linda la manera como intentaba fingir indiferencia, también era un poco idiota y testarudo, pero lindo al fin y al cabo. Así que antes de siquiera advertirlo, Ivanov estaba sonriendo. Su corazón latió tan rápido que estuvo tentado a apretar su camisa, pero en vez de eso dio un largo parpadeó y sonrió.

—Me quedare contigo aunque caigamos —dijo Kai— .Aunque todo desaparezca y no quede nada.

Antes que pudiera seguir hablando, el ruso se movió con ayuda de esa monstruosa velocidad y lo abrazó. Ahora Kai quedó atrapado entre un par de fuertes brazos y el árbol que estaba tras su espalda. El aturdimiento inicial lo hizo quejarse entre dientes, dado que su poder apenas se estaba restableciendo, así que no podía anticipar movimientos rápidos como esos.

—Eres tan idiota —dijo Yuriy sin enojo, incluso se estaba riendo, por lo que Kai lo miró sin comprender que acaba de suceder.

Hace no más de dos segundos que estaban discutiendo, y ahora el otro acuno su rostro y le sonrió divertido antes de dejar un suave beso en sus labios.

Ya no estaban discutiendo ¿cierto? ¿Esto significaba que Ivanov accedió a que ambos fueran en la misión?

Kai era nuevo en toda esta temática, y aunque no necesitaba su permiso para ir a ninguna parte, tarde o temprano se iba a enterar que iban a ir juntos, por lo que prefirió simplificar esto. Después de todo Yuriy Ivanov no podía hacer nada para que se quedara atrás. Él iba a ir aunque no quisiera. Sin embargo cuando esos suaves labios acariciaron los suyos, su fastidio comenzó a disiparse.

La calidez que de repente se expandió por todas partes, logró que respondiera casi de inmediato. Por ello ambos se besaron con calma, hasta que Yuriy se apartó y apoyó sus frentes juntas.

—¿Sabes lo que significa que te marque?

El bicolor parpadeó un par de veces, descolocado por el brusco cambio en el tema.

—Da (Si)

—¿Estás seguro? —tanteó Ivanov al enarcar una ceja— .No voy a dejarte nunca.

Porque él era una bestia bit, una marca no se borra en esta vida. Sin embargo, debía ser honesto, comenzaba a adorar la manera como Kai arrugaba la nariz para parecer genuinamente ofendido.

—Ivanov, enserio, que idiota eres.

Yuriy sonrió, incluso su cola se meció despacio sin ser realmente consciente de ello. Pero no iba a entrar en detalles, así que carraspeó.

—De acuerdo —dijo cuándo tras un parpadeo sus ojos se volvieron rojos— .No pelees esta vez.

Sólo cuando Kai asintió, experimentó ese conocido adormecimiento que siempre surgía cuando el ruso irrumpía en su mente. Sin embargo esta vez se sintió diferente, no estaba esa molesta presión, ni el vértigo que emergía cuando alguien intentaba imponer su domino a la fuerza.

Por eso, aun cuando se sintió adormecido y su agresivo temperamento se aplaco, en realidad no fue un sensación incomoda. Casi podía decir que le gustaba. Nunca se había sentido tan conectado a la mente de alguien como ahora. Quizás porque siempre que alguien lo intentaba, trataba de sacarlo a la fuerza. Con Mariam era algo similar, aunque no tan agresivo.

Yuriy también sintió el cambio, por lo que vio hipnotizado la nueva docilidad, donde Kai sujetó débilmente sus brazos en una pequeña protesta por haber sido empujado contra el árbol. Esa parecía parte de su rebelde personalidad, una que no oponía resistencia, pero advertía que si había algo que no le gustaba iba a golpearlo sin aviso. Por lo que el ruso sonrió.

—Es…un poco incómodo al principio— dijo Yuriy al acomodar un mechón rebelde tras la oreja del bicolor.

No es como si Hiwatari pudiera olvidar la primera vez que Ivanov lo marcó. En realidad casi se muere en el proceso, pero cualquier símbolo de tensión desapareció tras su unión mental. El pelirrojo se encargó de disipar los pensamientos oscuro y a cambio, una ola de tranquilidad lo invadió.

Cuando Yuriy usaba su poder con otros, se suponía que esto era lo que debían sentir. Pero incluso para él era diferente, nunca se había sentido tan expuesto como cuando unió su mente con la de Kai. Por eso luchó muy fuerte en concentrarse, porque lo tenía quieto, vulnerable y tan suyo como nunca antes. Así que deshizo el nudo de su bufanda y apartó un poco la tela de la camisa, para así respirar entre la curvatura de su cuello y el hombro.

No hubo palabras, sólo un par de colmillos que rozaron su piel y una suave respiración que abanicó cerca. Eso fue suficiente como para que Kai temblara un poco, aunque una parte cerró con fuerza los ojos, renuente a dejarse arrastrar. Sólo por eso Yuriy terminó sonriendo.

No era un sentimiento competitivo, o agresivo es sólo que Kai era así. Y a él le encantaría llevarlo al borde, donde lo oiría rogando por más.

—Nhhh.

…por eso, cuando sus colmillos se hundieron en la suave consistencia. Adoró como el bicolor se estremeció. Y si, se suponía que era una marca, pero sus sentidos enloquecidos querían sentir más del bicolor. Por ello rodeó su cintura de manera posesiva, como había querido desde un principio. A cambio Kai se quejó por la nueva posición, donde debió empinarse un poco mientras los colmillos se hundieron más en su piel.

Y tal vez era el lobo hablando, pero el bajito sabia increíble. Por ello Hiwatari gimoteó cuando el idiota lo mordió un poco más fuerte. No dolía tanto como debería, aunque tampoco se sentía precisamente cómodo con la presión. Además comenzó a sonrojarse cuando sintió como su lengua intentó aliviar la herida y succionó de tal manera, que sabía que iba a dejar una marca de verdad en su piel.

Por ello Kai apretó con fuerza los ojos, mientras un suave temblorcito lo invadió. Por reflejo sujetó los brazos de Yuriy con menos fuerza de lo acostumbrado, ya que una parte rebelde le decía que debía empujarlo ante que su corazón se saliera de su pecho.

Sin embargo no puedo hacer nada de eso, porque Yuriy lo sostuvo con fuerza hasta que no hubo espacio y lo único que existía era el calor que comenzó a crecer entre ambos.

—Ah.

Hubo algo mal con la manera como ese sonido traicionero escapó de sus labios, por lo que el bicolor los mordió. A cambio una lengua intrusa comenzó a marcar un húmedo camino por su cuello. Además no contento con ello, Ivanov colocó una pierna entre las suyas. La manera como sintió la extremidad subir por el interior de sus muslos lo hizo sentir inquieto; el calor se expandió tan rápido que en algún momento se preguntó si acaso su poder se estaba saliendo de control.

Claro que la idea queda en el aire, ya que Yuriy lo lamió. Y debía ser parte de la unión o algo, porque todas las preocupaciones se desvanecieron mientras una fuerza invisible lo obligó a llevar la cabeza hacia atrás. Fue como si una mano se posara en su frente, para que el pelirrojo tuviera el camino libre y pudiera morder su garganta.

—Yu-Yuriy —gimoteó Kai al empujarlo un poco de los hombros, dado que el ruso lo arrinconó de tal manera, que termino moviéndose contra él. Fue como una suave embestida, que lo obligó a morderse los labios.

Eso no evito ese gemido amortiguado, que hizo gruñir a Ivanov. Así que sin poder evitarlo, el ruso volvió a besarlo. Fue hambriento, incluso lo jaló de la nuca hasta que al final tiró de su cabello para poder controlar esa adictiva boca de fuego.

Le encantó sentirlo temblar cuando hizo algo indecente en medio del beso, en especial cuando se quejó y terminó recargándose más en su cuerpo. Claro que cuando Kai respondió con igual intensidad, Yuriy sólo pudo jadear.

Cuando ambos se alejaron, un camino de saliva los separo. Ahí respiraron con fuerza, mientras Yuriy lo miro fijamente y sonrió cuando el ruso-japonés hizo lo mismo. La emoción de sentirse completos y aceptados los abrumó hasta el punto en que compartieron una serie de besitos, que finalizaron cuando Hiwatari volvió a empujarlo suavecito. Lo hizo sólo para que se concentrara y le prestara atención.

—¿Recuerdas nuestro trato? —preguntó entre tramos de una respiración desecha.

Estaba sonrojado, con los labios rojizos y algo despeinado. Además, considerando el nulo espacio entre ambos, Yuriy podía distraerse con facilidad. Así que tarareó en aceptación una vez se meció contra él.

Kai cerró los ojos, pero no cedió la presión en sus brazos, ni le permitió acercarse. No podía dejarse arrastrar de esta manera, aunque su determinación murió apenas el bastardo movió la cadera y lo beso con tanta fuerza, que se sintió mareado. Además, hubo algo curioso, en medio del beso sintió como si muchos brazos lo estuvieran rodeando, lo envolvían en un apretado abrazo donde sólo hacía más calor.

—Me quedare contigo aunque caigamos —repitió Yuriy con la respiración pesada.

El roce de sus labios era como el beso de una mariposa, fugaz y efímero; fue suficiente como para que su pecho hormigueara. Por eso Kai terminó sonriendo. Estaban juntos, no iban a separarse. No lo hicieron cuando murió. No lo iban a hacer ahora.

CONTINUARA:

Ann: ¡Actualización \(°¬°)/!

Ro: Yay °0°! (Pegada como garrapata xD)

Ann: ¡No me maten, sé que hace mil años que no actualizo este Fic pero en verdad no es intencional TT-TT!

Ro: Ya saben, complots, fantasmas y la casita del terror (el trabajo de Ann xD) Sin embargo esperamos que de verdad disfruten del capítulo.

Ann: Actualización ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ

Ro: ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ

Oks, por el momento nos despedimos n-n. Como saben el Fanfiction está colocando los anónimos como Guest oO, así que no sabemos quienes escriben. Por favor coloquen sus nicknames para poder responderles adecuadamente n—n.

De acuerdo como hay una estúpida norma en el FanFiction que impide contestar los Reviewer en el Fic ¬¬XXX, lo hare en mi profile n-n.

Para llegar al profile sólo tienen que ir a la parte superior donde dice Autor: Ann Saotomo. Bueno, ya saben PERSONAS ENCANTADORES QUE SE TOMARON LA MOLESTIA EN ESCRIBIRME VALLAN A MI PROFILE PARA VER SUS RESPUESTAS n-n

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Para dejarme un Reviewer escriben dentro del rectángulo que está aquí abajo n.n, no hay necesidad de estar registrado en el Fanfiction para hacerlo u.u, o si prefieren me escriben a mis e-mails los cuales encontraran en mi Profile.

Se despiden:

Ann: ¡Actualización, actualización \(°¬°)/!

Ro: ¡Wiiiii \(°¬°)/!

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