Mayra de Lince:

Mayra de Lince, una joven de dieciocho años, Santo de Plata al servicio de Athena, salió de la cabaña en la que vivía en el Santurio. Sus cabellos azabaches caían por su espalda, sus ojos violetas estaban parcialmente tapados por el flequillo, su pálido rostro pronto quedo cubierto por la máscara que todos los Santos femeninos debían llevar. La azabache nunca había comprendido aquella norma a la cual había catalogado de estúpida, sin embargo, la "cumplía" más que nada por Sage, el Patriarca del Santurio.

Mayra, no sólo sentía un gran respeto y admiración por el mayor, también sentía un profundo aprecio por él, después de todo, aquel hombre había cuidado de ella desde que era un bebé y también se como convirtió en su pupila al igual que Manigoldo, Santo de Oro del signo de Cáncer, prácticamente, ambos se comportaban como hermanos y, aunque Manigoldo era el mayor de los dos, muchas veces Mayra actuaba como la "hermana mayor", mostrándose más seria que él en muchas ocasiones.

La azabache aunque podía llegar a ser una persona "afable" en alguna ocasiones, era una persona que solía mantenerse seria y serena, teniendo en cuenta que solía llevar puesta la máscara era realmente difícil verla sonreír. Si algo sabían los Santos que estaban en el Santurio, era que la amazona era un rival temible pues no era una persona que tuviera compasión por sus enemigos , más bien parecía disfrutar matándolos de las formas más crueles y despiadadas que se le ocurrían, como ella decía "trata a tus enemigos como ellos te tratarían a ti".

La mujer dio un largo suspiro,había mucha tranquilidad en el Santurio, sin embargo, sabía que la tranquilidad solía durar más bien poco y no sólo por los conflictos que surgían cuando menos te lo esperabas, sino también por lo ruidoso que podían a llegar a ser los Santos que se encontraban allí, en especial Yato de Unicornio y Tenma de Pegaso, en más de una ocasión les había golpeado en la cabeza para que se callaran. Según palabras de Yato aquella mujer era más temible que el propio demonio.

Mayra echo a andar, pero hacia la Casa de Cáncer como sería lo habitual en ella pues Manigoldo había salido en una misión encomendada por el Patriarca junto con Albafica de Piscis por lo que ninguno de los dos Santos se encontraban all. Durante un momento pensó en ir a la Casa de Capricornio, pero ¿Qué haría allí ? El Cid, Santo de Oro del signo de Capricornio no era una persona precisamente sociable, además cuando la azabache estaba cerca del Santo se ponía nerviosa para su gusto, no comprendía el motivo por el que se ponía así. Manigoldo y Sage tenían sus propias ideas que de inmediato fueron rechazadas por la amazona cuyas mejillas enrojecieron mas al llevar la máscara ninguno de los dos fueron capaces de apreciar su sonrojo. Argumentaba que Cid en ningún momento había visto su rostro por lo que era imposible que aquella "ley" se cumpliese, sin embargo, según el Santo de Oro de Aries, Shion, aquello no era necesario para desarrollar "sentimientos románticos" por su compañero. La azabache seguía sin verle el sentido y, a su juicio, aquel tipo de sentimientos no traían nada bueno, pues un Santo ya fuera hombre o mujer debía dejar a un lado sus emociones o al menos eso era lo que se repetía constantemente la amazona.

_ ¡Mayra!

La azabache se giro al escuchar aquella voz que le era tan familiar, esbozo una leve sonrisa, imposible de ver tras la máscara, al ver a Regulus de Leo acercarse a ella con una sonrisa amable en el rostro. Ambos tenían una buena relación, a la amazona le encantaba picar al menor llamándole "cachorro", aunque en cierto modo, lo era. Aquel mucho apenas llegaba a llos quince años y ya era un Santo de Oro, tenía que reconocer que era algo admirable, pero la mujer seguía viéndole como un niño, porque en cierto modo, aún era un niño, un león que estaba aprendiendo a rugir.

_ Hola, cachorro.

Regulus hizo un pequeño mohín al oír aquel apodo, la azabache rió entre dientes negando después con la cabeza. Puso una mano en la cabeza del menor, revolviéndole un poco la melena para despeinarle, lo que hizo que el Santo pusiera una expresión de fastidio, arrugando ligeramente la nariz.

_ Deja de llamarme así y de hacer eso_ Dijo algo enfurruñado mientras se colocaba los cabellos.

_ Eso solo pasará cuando Manigoldo deje de hacer el payaso.

_ ¡Entonces lo harás toda la vida!_ Se quejó el menor haciendo un puchero.

La amazona rió a carcajadas, sumamente divertida por todo aquello, era demasiado divertido molestar al menor con aquello. El Santo de Leo se cruzó de brazos, aunque no lo demostrará, le gustaba que Mayra le tratara de aquella forma, porque cuando no lo hacía era porque pasaba algo grave. Ambos empezaron a caminar, ahora en silencio. Entre ellos pocas veces necesitaban muchas palabras, se conocían demasiado bien.

No tardaron en llegar a la zona donde se encontraban las Doce Casas, Regulus dirigió su mirada a la Casa de Leo, esbozando una leve sonrisa, mirando después a su compañera quien estaba mirando en dirección a la Casa de Capricornio.

_ ¿Por qué no aceptas que sientes algo por Cid?_ Preguntó con despreocupación.

Mayra parpadeo y por una vez se alegro de llevar puesta aquella máscara, así el menor no vería su expresión de estupefacción por aquella pregunta. Chasqueo la lengua y se cruzó de brazos, negando después con la cabeza.

_ Ese tipo de sentimientos son absurdos cachorrillo_ La azabache miro de reojo al Santo de Oro_, solo son sentimientos que no sirven para nada, salvo para hacerte débil.

_ ¿De verdad crees eso?_ Preguntó el chico frunciendo ligeramente el ceño.

_ Sí.

Mayra suspiro pesadamente y le dio un toquecito en la nariz con el dedo haciendo que volviera a poner un puchero. Se despidió de su amigo para que ésta pudiera dirigirse a la Casa de Leo mientras ella decidió hacerle una visita a Shion, era demasiado pronto para aguantar las tontería de Kardia o para oír una de las charlas de su maestro, además sabía que con Shion no perdería los nervios y, en caso de que eso pasará, el Santo de Aries sabía que hacer para calmarla.

La azabache subió las escaleras para entrar en la Primera Casa, pero no tardo en percatarse que Shion no se encontraba solo, estaba acompañado por Dhoko de Libra, quien en su habitual rostro tranquilo, había cierta preocupación. Ambos Santos se giraron para mirar a la amazona, quien al llegar les miro cruzándose de brazos.

_ ¿Qué pasa?_ Preguntó a la vez que ladeaba la cabeza.

_ Los Santos de Plata que mandamos a una zona de Italia a explorarla no han regresado aún_ Respondió Dhoko_, tendrían que haber vuelto hace dos días.

_ Hay veces que el regreso suele retrasarse_ Le recordó la amazona para intentar tranquilizarle.

_ La expedición estaba relacionada con Hades.

Mayra frunció el ceño. La situación si era grave.