Lo hago. No paraba de sonar en mi cabeza ese verbo. Primera persona del singular, presente indicativo activo del verbo hacer. Tan sencillo. Tan rápido de decir. Pero que tenía tanto significado para mí que no podía parar de creerlo.
Habían pasado ya dos semanas desde que Rachel y yo habíamos tenido esa conversación, en la que ambos nos confesábamos, pero… ninguno de los dos se había decidido a llamar. Rachel había vuelto a Nueva York antes de que pudiera despedirme de ella, y desde entonces nada. Ni un mensaje, ni una llamada.
El sonido del teléfono me saco de mis pensamientos. Corrí a ver quién era, como cada vez que sonaba desde que volví. Era un teléfono desconocido. Fruncí el ceño, y descolgué.
- ¿Si?.
- ¿Coronel Hudson?.- En el otro lado, la voz grave de un hombre de unos 45 años de edad habló.
- Si, soy yo. ¿Usted es?
- Capitán Mark Oswald.
- Dígame, ¿ha ocurrido algo con mi equipo?.- Mi voz sonaba tranquila, pero por dentro temblaba de pensar que algo pudiera haber pasado.
- No, tranquilo. Simplemente, le necesitamos aquí, en Nueva York. Quizás sea demasiado pronto para volver al campo de batalla, pero necesitamos su información desde la base para poder estar más preparados e informados que la última vez que mandamos hombres.
- Claro, lo entiendo. ¿Cuándo tendría que ir? Quiero decir, no estoy en la ciudad.
- Cuanto antes.
- Le avisaré en cuanto sepa algo.
- Muchas gracias.
Vaya, Nueva York.
-O.
- ¿Cómo que tienes que irte? Hijo, acabo de recuperarte.- Decía mi madre.
- Mamá, es trabajo. No es nada peligroso, y estoy a nada de aquí. Además, las llamadas ahora no son ilimitadas y… estoy más cerca que antes.
- Carole…- Intervino Burt.- No puedes tenerle encerrado aquí para siempre. Finn ya no es un niño, y tiene que salir. No se va a la guerra, al menos esta vez.
- Lo sé, pero…- De repente, vi como mi madre venía hacía a mi para abrazarme.
- No te preocupes mamá, vendré a menudo.
-O.
Salí del taxi, el cual me dejaba justo en frente del piso de Kurt y Blaine. Insistí en que no hacía falta que tuvieran que adaptarse a mí, que buscaría un hotel por la zona, ya que no sería mucho tiempo, pero su insistencia en que me quedará con ellos fue mayor que la mía.
Subí a su apartamento, y me ayudaron a instalarme. Antes de que pudiera sentarme en el sofá, Kurt ya me había informado de que esta noche vendrían a casa a cenar algunas personas para visitarme. ¿Estaría Rachel? Sonreí aceptando aquella cena, y me disculpe, adentrándome en lo que sería mi habitación por unos días, para descansar del viaje.
Pero mi descanso se torció cuando el teléfono volvió a sonar. El mismo número que me había hecho venir a esta ciudad.
- Coronel Hudson, ¿qué ocurre?.
- Hudson, soy el Teniente Levinson.- Me quede paralizado al oír ese nombre.
- ¿Dylan? ¿Estás bien?.- Dylan fue mi Coronel cuando entre en el ejercito, y con él sin saber cómo, había tenido una gran amistad.
- Estoy bien, muy bien, recuperado, ¿y tú, compañero? Me comentaron lo de tu accidente, pero no me dejaron comunicarme contigo.
- Ni a ti ni a nadie. Tampoco podría haberte dicho mucho, no estaba en condiciones, pero ya estoy mucho mejor. Oye… ¿ocurre algo?
- Si. Bueno, no, decidí llamarte yo para así comunicarme contigo, pero era la llamada rutinaria para informarte de que mañana pasará a por ti un coche a la dirección que nos dejaste sobre las 10. ¿Te viene bien?
- Me viene bien. ¿Te veré mañana?
- Si, nos veremos.
- Hasta mañana, colega.
- Hasta mañana Hudson.- Reí al ver como intentaba mantener la forma al encontrarse con el resto del personal y colgué.
-O.
Kurt preparaba la cena, mientras Blaine y yo veíamos un partido en la televisión local. Nos encontrábamos los dos ya arreglados, puesto que si no lo hacíamos a Kurt le habría dado un ataque al corazón, y hubiéramos acabado en el hospital.
Cuando pusimos el último plato en la mesa el timbre del apartamento sonó.
- Yo abró.- Dije dirigiéndome a la puerta. Abrí la puerta y me encontré con una abrigada Rachel.
- Hey, Finn. ¿Qué tal estás?.- Me dijo dándome dos besos. ¿Eso era lo único que se le ocurría decir tras dos semanas sin hablar de lo que había pasado?.
- Bien, deseando que empiece la cena.- Dije algo serio.
- Genial. Hace mucho que no hablamos.
- Si, desde que te lleve a tu casa, cuando estabas totalmente borracha.- Dije algo más divertido ahora, ya que parecía que íbamos a hablar.
- Ah, ¿fuiste tú quien me llevaste?.- Mis ojos se abrieron como platos.- Por fin se solucionan mis dudas. Ya decía que yo no habría aparcado tan bien estando tan borracha.
- ¿No te acuerdas de nada?.- Titubeé.
- De nada en absoluto. Lo último que recuerdo es que el tipo del local nos invito a Santana y a mí a unos chupitos que estaban de muerte.
- ¡NO!.- Se oyó un quejido en la cocina.- Olvide comprar el pan.
- Eh, esto, Kurt, bajo yo.- Fue una excusa perfecta para desaparecer y respirar un poco.- Disculpa Rachel.
Cogí el abrigo y salí del apartamento a toda prisa. La sangre me ardía por dentro de la rabia. Baje por las escaleras y salí a un callejón, donde lo único que mi cuerpo pidió fue darle una patada al gran cubo de basura que allí se encontraba. Camine de un lado para otro, llevándome las manos a la cara, negando con la cabeza e insultándome a mí mismo.
Me había vuelto a pasar. Me había vuelto a ilusionar como un idiota. Y en solo 2 semanas que llevaba aquí. La primera fue cuando la vi, y el primer ostión fue saber que tenía a alguien. Y ahora esto. No se acuerda de nada. ¡DE NADA! Claro, ahora encaja todo. ¿Por qué iba a llamarme? No tenía nada que decirme. Mordí mi labio inferior y respiré un par de veces para calmarme.
Vale, quizás no se acuerde, pero ya se sabe lo que se dice: los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Quizás pueda hablar con ella y… no sé, comentarle lo que paso y quizás podamos aclarar las cosas. O al menos que yo me aclare.
Una vez más relajado, fui a comprar lo que Kurt me había pedido y en seguida llegue a la casa, donde se encontraban ya casi todos los invitados. Solo faltaba Mercedes, que había salido algo tarde del estudio de grabación.
-O.
Una vez que todos estábamos reunidos, nos sentamos a cenar alrededor de la mesa, hablando animadamente y recordando nuestro tiempo en el instituto.
- Os acordáis cuando casi intentan timar a Finn vendiéndole una hija que no era la suya.- Dijo Mercedes entre risas.
- Quinn siempre fue una máquina.- Le siguió la broma Santana.
- Quiero recordar que Rachel aprovecho ese momento para ir a por él.- Aclaró Kurt.
- Y al final fue mío.- Dijo Rachel algo avergonzada.
- Todos lo recordamos.- Volvió a hablar Santana poniendo los ojos en blanco.- Durasteis tanto tiempo, y todo ese no parabais de repudiarme.
- Finchel siempre fue la pareja.- Dijo Mercedes.- Quiero decir, las cosas iban cambiando en el Glee club, pero todos sabíamos que Rachel y Finn pasará lo que pasará iban a volver.
- Mira cuando nos hicieron perder el Nacional porque se les antojo un beso.- Dijo Kurt, y todos miramos a Santana que puso mala cara.
- Eh, fue el Superman de los besos.- Dije entrando en la conversación, haciendo que Rachel volviera a ponerse roja.
- Fue una pena que te marcharás, Finn…- Dijo Sam, creando un silencio en la mesa.- Quizás las cosas ahora fueran distintas.
El silencio se alargo unos segundos más hasta que Kurt comenzó una nueva conversación, intentando animar la velada. Miré a Rachel, que al igual que yo no se había recuperado aun de la última frase de Sam. Alzó la vista y me vio observándola, y retirándose un mechón de pelo de la cara, me sonrió tristemente,para después apartar la vista e intentar unirse a la conversación.
La cena había terminado ya, y acabábamos de terminar de recoger. Cada cual se acomodo en el lado del sofá y en los asientos que tenían ya asignado en el apartamento. Yo por mi parte, decidí salir un momento a la terraza, a despejarme de todo.
Hacía mucho tiempo que no estaba rodeado de tanta gente, y no es que no estuviera contento por ello, pero necesitaba un segundo de tranquilidad. Además, lo ocurrido con Rachel no me había venido realmente bien. Saque un cigarro del paquete que llevaba en el bolsillo, y lo encendí dándole una intensa calada.
- No sabía que fumabas.- Oí la voz de Rachel detrás de mí. Volví a dar una calada al cigarro sin girarme, sonriendo.- Es malo para la salud, Finn. Y para tú voz
- ¿Para mi voz?.- Reí dándome la vuelta observándola.- Deje de cantar hace mucho tiempo, Rachel.
- No deberías. Tienes una voz preciosa.
- Era buena cuando hacia un dueto contigo, nada más.- Sonreí de medio lado, y vi como ella correspondía mi sonrisa.
- ¿Te gustaría volver a cantar?
- Si tengo que bailar no.- Rachel soltó una leve carcajada.
- No te creas que había olvidado lo horrible que eras bailando
- Eh, iba mejorando.
- Si tú lo dices.- Dijo sonriendo. Vi como abrazaba su propio cuerpo acariciándose los brazos.
- ¿Tienes frio?
- Un poco.
- Ve dentro.
- Me apetece estar un tiempo contigo. Hace mucho que no nos vemos, y me apetece hablar contigo.
- Pues… ven aquí y háblame.- Rachel se acercó a mí, y la abrace por los hombros, cubriéndola entera con mis brazos. Quizás esto no me hiciera bien en un futuro, para mis pensamientos, pero… ahora. Ahora era maravilloso.- Y bien, háblame.
- ¿Qué tienes que hacer aquí? ¿Por qué has venido?
- ¿Me estas echando de tu ciudad?.- Reí divertido mirando al frente. Vi como Rachel alzó su cabeza mirándome.
- No, no. Por supuesto que no. Me encanta tenerte aquí. Pero me gustaría saber qué es lo que ocurre. No tendrás que…
- No, no creo que vuelva en un tiempo. Son, explicaciones más bien. Nada importante.
- No quiero volver a perderte.- Dijo Rachel en apenas un susurro.
- ¿Vuelves a estar borracha?
- ¿Por qué dices eso?
- Porque cuando bebes se te olvida lo que dices.- Había encontrado el momento perfecto para hablar con ella.
- Rachel.- Blaine salió a la terraza, y me separé inmediatamente de ella.- Ha venido Alex.
- ¿En serio?.- Dijo Rachel con una amplia sonrisa.- Creí que no vendría. Ven.- Me dijo.- Vamos dentro, quiero que le conozcas.
Fruncí el ceño, y como un idiota la seguí. En la sala, un joven algo más alto que Rachel, más o menos de la estatura de Blaine, delgado y moreno, esperaba sonriendo a que ella se acercará y le besara. Cerré los ojos. No estaba preparado para ver esto.
- Finn.- Me llamo Rachel.- Ven, mira. Este es Alex.
- Hola Alex.- Dije apretando las mandíbulas y extendiéndole mi mano para saludarle.- Encantado.
- Hola Finn.- Cogió mi mano y apreté demasiado fuerte.- Uh, vaya estas fuerte.
- Lo siento.- Me disculpe con una sonrisa, divertido.- No suelo saludar a hombres con las manos tan blandas.
- ¿De qué conoces a Finn, Rachel?.- Preguntó Alex.
- Del instituto. Ha venido hace poco del ejército, y… ya sabes.
- ¿El ejercito?.- Dijo abriendo los ojos.- Vaya… ¿y tienes un cargo importante?
- Coronel.- Su presencia me molestaba, y no me molestaba en ser simpático.- ¿Cómo os conocisteis?
- Trabajamos en Funny Girl juntos. Yo actuaba como Nick Arnstein.
- Vaya… es estupendo.- dije de forma irónica.
Nos sentamos alrededor de la mesa para despedir la noche, hasta que Rachel y Alex se levantaron, llamando nuestra atención. Ladeé la cabeza y respiré de forma profunda. Rachel agarró el brazo de Alex y nos sonrió. No. No. Esto no estaba pasando. No iba a pasar.
- Bien chicos.- Comenzó a hablar.- Aprovechando que estamos todos juntos quiero anunciaros algo. ¡Alex y yo vamos a casarnos!
