- Señor Hudson.- Una llamativa rubia, con bellas piernas me saco de mi enseñomiento.- Señor.- Volvió a repetir. Alcé la vista disipando mis pensamientos.

- Si, disculpe.

- Puede pasar.

Me levante, anundándome mejor la corbata, y me aclaré la garganta antes de pasar a la gran sala de reuniones. Una vez dentro, dos hombres de mediana edad me esperaban de pie detrás de la mesa.

- Bienvenido Hudson, puede tomar asiento.- Y así lo hice.- Soy el Capitan McWilliams y este es mi compañero, el Mayor James. Vamos a ir al grano, no quiero entretenerle.

- Ha hecho usted un gran trabajo en la campaña. Agradecemos su servicio, como fiel seguidor de su tierra.- Continuo su compañero. Hice un movimiento con la cabeza, afirmando.

- Y sabemos que aun no esta preparado para volver.- Volvió a retomar el Capitán.- Pero no queremos desaprovechar su talento. Ha organizado a su equipo de una forma estratégica increíble, y queremos que eso lo enseñe.

- ¿Cómo?.- Tanta información estaba atorando mi cabeza.

- Queremos que trabaje aquí, en Nueva York. Que enseñe tácticas, que las planeé desde aquí. Piénselo.

- Si.- Dije antes de que terminará su frase.- Trabajaré aquí. En Nueva York.

-O.

- ¿De verdad?.- Dijo Kurt totalmente emocionado.- Eso es una noticia maravillosa, podremos tenerte aquí eternamente.

- Enhorabuena Finn, es increíble.- Dijo Blaine, golpeándome levemente la espalda.

- Esto tenemos que celebrarlo.- Kurt ya estaba con el teléfono en la mano dispuesto a preparar una cena.

- Eh, no, no. Espera.- Le dije quitándole el teléfono de las manos.- Tenemos que organizar las cosas. Lo primero que tengo que hacer es encontrar un piso.

- No corre prisa, puedes quedarte aquí.- Blaine me miró fijamente.

- Es lo que más prisa corre. Vosotros tenéis que tener vuestra intimidad, y yo la mia. No puedo quedarme aquí a vivir eternamente.

- Pero, Finn... te acabamos de recuperar.

- Voy a vivir en Nueva York. Estaré a dos manzanas seguramente.- Solte una carcajada al ver la cara angustiada de Kurt.- No voy a volver a la guerra.

- No.- Kurt se fue de la sala, moviendo las manos, haciendo su clásica salida melodramática. Blaine y yo nos reímos.- No pienso oír nada de la guerra.

- Vamos, Finn. Buscaremos piso.

-O.

Los pisos en Nueva York estaban regalados. Además, el ejercito decidió pagarme los dos primeros años de alquiler por las molestias, y también me harían la mudanza.

De esa forma, me encontraba en frente de mi casa, dispuesto a llamar a la puerta. Mi madre no tardo en recibirme con una gran sonrisa. La idea de que fuera a vivir a Nueva York no le hacía muy feliz, pero el saber que no volvería a tener que irme de nuevo a un campo de batalla, cambio su opinión radicalmente.

Pasaría un par de días en Lima, así que decidí que sería un gran momento para quedar con mi gran amigo Puckerman.

- Bro.-dije lanzándome en los brazos de Noah, y este no dudo en recibirme.

Ambos nos sentamos en nuestra mesa de siempre, pidiendo la comida que siempre pedíamos, pero esta vez, mucho más maduros. Mucho más centrados.

- Osea, que ya no abres brechas, sino que las cierras.- Dije acariciándome la barbilla, intentando ponerme serio.

- Exactamente. Y según mis cuentas, me faltan 430 brechas por coser para que todo vuelva a la normalidad.- Ambos soltamos una carcajada.

- ¿Ejerces aquí?

- Si. Quinn trabaja aquí, ¿sabes? No podía dejarla ir. Cuando tú te fuiste al ejercito me diste una lección. Lucha por tus sueños. Sigue adelante. Y eso hice. Y bueno, lo hemos intentado un par de veces, pero por unas cosas o por otras parecía que nunca sería nuestro momento, pero... aquí estamos.

- Pero, Puckerman, mírate. Estas completamente enamorado. ¿Qué ha pasado con el chico malote que deje?

- Desapareció.-Rió negando con la cabeza.- Siempre quedará algo, no te preocupes. ¿Y tú?.- Me miró fijamente a los ojos.

- ¿Yo? ¿Yo qué?.- Reí, bajando la mirada a mi vaso.

- ¿Qué pasa con Rachel?.- Apreté las mandíbulas, cerrando los ojos.

- Rachel... Rachel va a casarse.- Trague saliva y volví a mirarle, más serio.- A casarse. ¿Te lo imaginabas así? Yo no.

- Todos teníamos pensado el traje que llevaríamos a vuestra boda.

- Si hubiera venido, y ya hubiera estado casada, sería distinto. Quiero decir, yo intentaba venir con la mente abierta, sabiendo que podía haber pasado de todo mientras yo estaba fuera. Pero vengo, y... -trague saliva.

- ¿La sigues queriendo, eh?

- Como el día en que me fui. Igual.

- Lucha.

-O.

El sonido de la botella abriéndose inundo toda la casa. Mi casa. Kurt, Blaine, Artie, Tina, Mercedes, Santana, Britt, Sam y Rachel estaban allí, haciéndola mucho más feliz y agradable.

- Cada vez estamos más aquí.- Dijo Artie.- Dentro de poco podremos crear nuestro propio glee club aquí, en Nueva York.

- No, por favor.- Añadió Santana tras acabarse su copa.- Pude soportar a una Rachel, pero no creo que fuera capaz de hacerlo con otra.

- Oye.- Se quejo infantilmente Rachel, haciéndonos reír a todos. Santana se acercó a ella y la abrazo por los hombros.

- Eh, que no digo que haya sido malo aguantarte.- Santana sonrió ampliamente.- No ha sido fácil, pero lo he conseguido.

- Oh, Santana.- Mercedes se metió en el medio de las chicas.- No volvamos a retomar la misma conversación de siempre. Todos sabemos que os adoráis.

- Y ahora vamos a celebrar por lo que hemos venido.- Dijo Kurt mirándome feliz.- La nueva vida de Finn Hudson en Nueva York.

- Brindemos.- Añadí levantando la botella y rellenando las copas de todos.

La cena paso entre recuerdos, risas y grandes momentos. Tuvieron que repetir algunas historias, ya que yo no estaba muy enterado. Bueno, eso de estar 6 años fuera pasa factura. Cuando terminamos de cenar, las chicas se sentaron en el sofá y de lo poco que había colocado allí, mientras que nosotros nos fuimos a la cocina.

Mientras recogía pude escuchar a las chicas hablar.

- Y bien, Rachel.- Dijo Tina.- ¿Ya tienes el vestido?

- Aun no, he estado muy atareada. Pero he estado viendo muchos, y no sé todavía que haré.

No quise escuchar más. Cogí los pocos cubiertos que quedaban en la mesa y desaparecí por la puerta que me llevaría a la cocina, donde los chicos bromeaban.

-O.

Despedí a Santana y Brittany, que prometieron volver a pasarse no muy tarde para ayudarme con 'el destrozo de casa que tenía' Palabras textuales. En el salón solo quedaban Blaine, Kurt y Rachel, que mantenían una conversación realmente entretenida.

Decidí dejarles solo y empezar a recoger un poco por la cocina, ya que luego se me haría demasiado tarde. De repente, un carraspeo se oyó en la puerta. Me giré sonriendo.

- Esta vez he sido menos sigilosa.- Sonrió Rachel apoyándose en el marco de la puerta.

- Sigo pensando que hubieras sido de las mejores en mi equipo.

- ¿Necesitas ayuda?

- No, todo esta bien. Si tienes que irte, puedes hacerlo, no te cortes.

- Bueno... en realidad quería hablar de eso. ¿Podría quedarme a dormir aquí?- La pregunta de Rachel me abofeteó la cara.- Si es una molestia me voy, pero es bastante tarde y... es difícil encontrar taxis a estas horas.

- No, no, claro que puedes quedarte, pero... ¿a Alex no le molestará?

- ¿Por qué tendría que hacerlo?

- Rachel.- Me acerque a ella con la excusa de guardar los restos de la comida en la nevera.- Han pasado 6 años, pero sigo siendo tu ex-novio.

- Eso él no lo sabe.

- Siempre queda algo de tensión entre nosotros.- Saque mi media sonrisa, y vi como ella agachaba la mirada, sonriendo también.

- ¿Puedo quedarme entonces?

- Claro, tú dormirás en mi cama y yo me las apañaré para dormir en el sofá.

- O quizás podríamos dormir juntos.