Capítulo 4: venganza

Los dos chicos se miraron silenciosamente. Ninguno logró reaccionar después de lo ocurrido hacía apenas un minuto.

Jace fue el primero en hacerlo. Se apartó de la pared en la que Sebastian le había inmovilizado y acto seguido se dirigió a su cama, donde intentó sentarse.

Clary lo observó en todo el proceso silenciosamente.

_Él… ha…ha estado aquí realmente?

Jace asintió y ella suspiró: no se lo había imaginado. Ojalá estuviera loca.

_Clary- él la miró preocupado- a partir de ahora hemos de tener más cuidado.

-¿Más cuidado? Jace, estamos en tu habitación ¿Cómo piensas tener más cuidado?

El muchacho apartó la vista, gesto que hacía siempre que alguien que no fuera él tenía razón.

La chica, a pesar de todo, no apartó la vista de él, agradeciéndole en silencio el haber aparecido a tiempo. No le agradaba nada tener que estar a solas con su hermano.

Los dos chicos volvieron a permanecer en silencio, esta vez más tiempo, compartiendo el mismo deseo: acabar con todo.

….

Isabelle se hallaba sola en la cocina, intentando cocer un pavo, cuando alguien llamó a la puerta. Sorprendida, fue a abrir.

_ ¿Maia? ¿Qué haces aquí?

_Socorro-dijo ella. Estaba llorando.

_¿Qué…? –Isabelle no pudo acabar la pregunta. Habían atravesado a Maia, y ella estaba desangrándose. Tenía los ojos blancos, muertos. De repente, se desplomó en el suelo.

_ Esa no era la frase que debías decir- dijo una voz detrás de Isabelle. Ella la reconoció con odio: la voz de Sebastian.

_ ¡Jace!- gritó Isabelle. Lloraba desesperadamente debido el acontecimiento y la duda: ¿Qué debía de haber dicho Maia?

Tocó el cadáver, frío. No podía hacer nada más. Segundos después oyó los pasos de Clary y de Jace, quienes bajaban precipitadamente las escaleras. Al llegar y ver la escena, se pararon y permanecieron callados, hasta que Jace habló:

_¿Qué ha pasado?- preguntó casi sin voz.

_Sebastian. Eso ha pasado.-respondió Isabelle bordemente en un susurro.

Los recién llegados intercambiaron una mirada de compasión y dolor. Jace fue el primero en hacer el esfuerzo de acercarse al cadáver, seguido de Clary.

_Hay que llamar a la clave- dijo ésta, hablando por primera vez desde que llegaron.

_¿Piensas que van a hacer algo? ¡Es una subterránea! ... Era. – dijo Jace, corrigiéndose al momento. Nunca pensó que sería tan duro ver el cadáver de un amigo, por muy acostumbrado que estuviera a ver muertos.

Clary, no pudiendo contenerse más, apartó la vista y la dirigió hacia una peculiar pulsera que se hallaba encima de una hoja de papel, las dos tiradas en el suelo.

_Jace… creo que es tuya.

Jace no entendía a lo que se refería, pero dirigió la vista hacia el mismo lugar que Clary.

_ ¿Cómo…?- empezó a decir alucinando. Entonces se calló, al recordar que efectivamente la había perdido en aquella pelea contra los hombres lobos enviados por Sebastian. Estaba seguro de que habría ido a parar en sus manos.

Se agachó y recogió la pulsera. Al levantarla, observó que el folio que se hallaba debajo era en realidad una nota, la cual decía: Hermanito, he aquí tu pulsera y tu amiga. La razón por la que te la devuelvo es porque no me ha servido de mucha ayuda, y por tanto a pagado el precio, como habrás visto. Os queda poco tiempo y cuando sepáis vuestra respuesta, enviádmela personalmente, no quiero mensajeros. Un abrazo para ti y nuestra hermana.

Irritado, agarró la hoja, la agarró y la arrojó contra la chimenea, la cual estaba apagada.

_ Llama a mamá y a Alec- le dijo a Isabelle. Ésta no puso resistencia alguna.

_Cómo ha pasado esto?- preguntó Robert. Él y Maryse habían recibido la llamada de socorro de sus hijos, pero no habían imaginado que fuera tan importante.

Isabelle les contó brevemente lo sucedido tan serenamente como pudo. Los demás la habían estado escuchando en silencio. Alec permanecía a su lado, apoyándole tanto como pudo.

Está bien-dijo Maryse.-mañana haremos una reunión en Idris con la clave. A partir de ahora os quiero tener delante en todo momento, por lo que os queda prohibidísimo salir del instituto esta noche, salir de la casa en Idris, ¿está claro? Tampoco quiero que cometáis alguna estupidez, y eso va por ti- dijo, dirigiéndose hacia Jace.

El chico se mostró ofendido, pero no dijo nada. Ni él ni ninguno de los presentes, los cuales estaban demasiado aterrados como para contestar.

_ Iros a la cama, yo me ocuparé del cuerpo- dijo Robert, quitándole importancia al asunto.