Acomodé la cama, haciéndola de nuevo. Esto de vivir solo me hacía mucho más vago de lo que era normalmente. Escuche unos pasos a mi espalda, y sonreí, sabiendo perfectamente quien era.
- ¿Os vais ya, Kurt?.- Dije terminando de colocar la cama, y girándome hacia él.
- No hagas eso.- Me dijo con una mano en el pecho.- Me da igual todos los años de ejercito que te hayas comido, me niego a que sepas donde estoy, y cuando llego.
- La culpa es tuya y de tus pasos tan bruscos.
- No blasfemes.- Dijo haciéndose el ofendido. Sonreí acercándome a él.- Si, nos vamos ya.
- Os acompaño a la puerta.
Salimos de la habitación, y vimos a Rachel y Blaine dándose un abrazo para despedirse. Los acompañamos hasta la puerta, y nos despedimos debidamente.
- ¿Vendrás a comer algún día a casa, verdad?.- Dijo Kurt abrazándome.
- Claro que si, algún día tendré que comer bien.- Reí, divertido.
- Hasta luego chicos.- Dijo Blaine cogiendo la mano de Kurt.
- Buenas noches, y cuidado.- Se despidió Rachel.
Cerré la puerta cuando ya se habían marchado y me adentré en el salón, algo nervioso. No era la primera vez que dormía con Rachel, pero… la situación era bastante distinta. Teníamos unos años menos, estábamos juntos, no se iba a casar…
La voz de Puck apareció en mi mente: "Lucha". ¿Y cómo lo hacía exactamente? Meterme en la misma cama con ella y hacer que le fuera infiel a su futuro marido no era una cosa que fuera con ella, y menos conmigo.
- Finn.- Rachel me hizo salir de mis pensamientos.- ¿Podrías dejarme algo para dormir?
- Con una camiseta bastará.- Sonreí mirándola.
- Algún día me haré un vestido con alguna camiseta tuya.
Entre en la habitación y rebusque en mi cajón alguna camiseta, que no estuviera lo suficientemente vieja.
- ¿Es la camiseta del equipo del instituto?.- Rachel se coló por debajo de mis brazos y se puso entre medias del cajón y mi cuerpo, cogiendo la camiseta.
- Si, la guardo con bastante cariño.
- Creo que va a ser mi pijama.
- No prefieres una que este… no sé… ¿menos vieja?.- Sonreí viéndola dirigirse a la puerta del baño que había en mi habitación con la camiseta en las manos.
- Las cosas del instituto son bastante buenas.
Y desapareció con una amplia sonrisa en los labios. Ladeé la cabeza, viendo el vacio que había dejado en la puerta y me fui al salón, a esperarla.
-O.
- ¿No vamos a dormir todavía?.- Oí la voz de Rachel a mi espalda.
Me gire para responderla, pero mi voz desapareció. Estaba guapísima. Iba vestida con mi camiseta del equipo, que le llegaba hasta las rodillas, desmaquillada y se estaba recogiendo el pelo en una especie de coleta.
Siempre me había parecido que así era como más guapa estaba, sin una pizca de maquillaje y con mi ropa. Vi como ladeaba la cabeza, esperando una contestación.
- Esto…- Balbuceé.- No tengo sueño aun, pero puedes ir a la cama tú si quieres.
- No, está bien, yo tampoco tengo sueño.- Dijo sentándose a mi lado en el sofá.
- Creo que será mejor que duerma yo en el sofá hoy, Rachel.
- Finn… no seas cabezota. El sofá no se le ve muy cómodo, y a mí no me importa dormir contigo. Ni que fuera la primera vez.- Rió.
- A mi si me importa, Rachel.- Dije algo serio.- Lo mejor será que cada uno duerma en un sitio.
Hubo un pequeño silencio, algo incómodo al principio. Mire a Rachel fijamente a los ojos, y ella me aguanto la mirada. Sin quererlo, sonreí; una media sonrisa. ¿Qué es lo que hacía para que simplemente con mirarla tuviera que sonreír? Me fije en sus labios, que también curvaban una sonrisa. Dios, me moría de ganas de besarla. Moje mis labios, y volví a mirarla a los ojos.
- ¿Sabes?.- Dijo por fin, rompiendo el silencio.- Te he echado mucho de menos.
- ¿Sí? ¿En algún momento en especial?.- Esta conversación ya la habíamos tenido, lo que pasa que ella no se acordaba, y estaba algo resentido.
- En todos, pero… quizás, cuando me dieron Funny, el día del estreno, cuando Will tuvo a su hijo, en la reunión final del Glee club… no sabría decirte uno.
- Bueno.- Miré el reloj.- Es pronto
- Mentira.- Rachel soltó una carcajada, cogiendo mi muñeca, mirando el reloj.- Es tardísimo.
- Pero es pronto para que empieces a contarme todo lo que me he perdido.
Rachel se mordió el labio, escondiendo una sonrisa, lo que significaba que estaba deseando empezar con ello. Alcé el brazo mandándola callar un segundo, y me levante a por un par de almohadas y una manta; esto iba para largo.
-O.
Estuvimos largas horas hablando. Lo que había empezado como un gran monólogo de Rachel, acabo siendo un intercambio de convivencias bastante satisfactorio. Tras terminar de contarme como fue la despedida del Glee club, comencé a contarle como conocí a mi equipo. A mitad de mi historia, miré a Rachel y vi que se había quedado completamente dormida, por el cansancio.
- Me levante con cuidado sonriendo, y fui a cogerla con cuidado, para llevarla a la cama. Rachel se retorció, y se engancho al cuello de mi camisa.
- Finn…- Dijo con los ojos cerrados.
- Shh, vamos a la cama.- Susurré pasando mis manos por sus piernas.
- No, no.- Rachel se movió haciendo que fuera imposible cogerla.- Quiero seguir escuchando tu historia.
Rachel cogió mi mano y me volvió a sentar en el sofá, y se movió, apoyándose en mi pecho. Yo no sabía exactamente qué debía hacer con mis brazos, pero al final decidí acomodarlos tras ella, abrazándola, y acariciando su brazo.
- Sigue.- Rachel cogió la manta y nos tapo a ambos.
La hice caso y seguí por donde lo había dejado. Al rato, mis palabras no tenían casi sentido por el cansancio y el parpadeo de mis ojos cada vez era más prolongado.
-O.
La vibración del teléfono me despertó. Fui a estirarme, pero un pequeño cuerpo, abrazado al mío, me lo impedía. Habíamos acabados, casi tumbados en el sofá, uno al lado del otro, o… bueno, más bien, un intento ya que Rachel había escalado por mi cuerpo, amarrándose bien a él.
La observé dormir, y acaricié su cabeza con cuidado de no despertarla. En un momento de debilidad, me atreví a darla un beso en la frente, y note como se movía encima de mí. Rascó sus ojos infantilmente, y comenzó a desperezarse.
- Buenos días, dormilona.- Reí mirándola.
- ¿Dónde estamos?.- Adoraba la voz que tenía al despertarse, con un tono algo ronco.
- En el salón, nos quedamos dormidos hablando.
- Está bien. Podríamos haber hablado en la cama, hubiéramos estado más cómodos.
- ¿Has estado incómoda?.- Alcé una ceja, divertido.
- No lo sé, he dormido como un lirón.
- Que yo sepas, todavía estas abrazada a mi.
Rachel se dio cuenta en ese momento y se soltó, con tanto énfasis que casi se cae del sofá. La agarré con rapidez, y tiré de ella levemente, acercándola a mi cuerpo, quedándonos a centímetros de distancia. Hubo unos segundos de silencio, que termine aclarándome la garganta, y levantándome del sofá.
- Creo que te han llamado al teléfono. Quizás sea Alex.
- ¿Sí? No lo he oído.
- Esta en vibración.
- Voy a ver.- Rachel se levantó y cogió su bolso.- Efectivamente. Es Alex, voy a llamarle.
- Voy al baño mientras.
Lo último que me apetecía oír después de una noche con Rachel era una charla mañanera de cariños entre ella y su prometido. Cuando salí del baño fui hacía la cocina, comenzando a prepararme un café. Fui a preparar otro para Rachel pero sabía que el café no le gustaba. En ese momento, apareció por la puerta de la cocina, quitándose las legañas de los ojos, como si de una niña se tratase.
- Solo tengo café y… sé que no te gusta. Lo siento.
- No, no. Ponme uno. Lo necesito.- Su tono era bastante seco.
- ¿Estás bien?.- Fruncí el ceño, algo preocupado.
- No sé. Era Alex, ¿sabes? Esta enfadado.
- ¿Por quedarte a dormir?.- Mientras hablamos, preparaba el café para Rachel.
- Si. Fue el quién me dijo que no podía venir a buscarme, y le dije que no iba a coger un taxi hasta casa. Pero, parece ser que pensaba que me quedaba a dormir con Kurt. No lo entiendo.
- Rachel.- Le puse su café en la mesa, y me senté frente a ella.- Es normal que se enfade. No me conoce de nada, no sabe como soy. Solo sabe que somos compañeros del instituto. Y que tienes mis baquetas en tu habitación.
- No sabe que son tuyas. Saben que son de mi novio del instituto.
- Pues eso, yo.- Rachel sonrió.
- Pero… Finn. Se tiene que fiar de mi, ¿sabes? Esto es tan…- Rachel soltó un gruñido, y no pude evitar reírme.- Eh.- Dijo haciéndose la enfadada.- No te rías de mi.
- ¿Sabes cómo he echado de menos verte así de frustrada?.- Confesé en un descuido.
- ¿De verdad?.- La cara de Rachel tornó del enfado a una dulce sonrisa.- ¿Me echabas de menos?.- Afirme con la cabeza.
- Pero eso ya te lo dije.
¿Cuándo?.- Ahora fue ella la que frunció el ceño, extrañada.
- El primer día que nos vimos, lo que pasa que ibas muy borracha para acordarte de nuestra conversación.- Sonreí tristemente, mirando mi café.
- ¿Qué te dije?
- Eso me lo quedo para mi.- Alcé la vista mirándola.
- Bien.- Bebió un sorbo de su café, y me miró, relamiéndose.- Pero quiero que sepas una cosa.- Apoyo sus manos sobre la mesa, y se levanto, acercándose a mí, para susurrar cerca de mi cara.- Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad.
-O.
Hacía un par de horas que Rachel ya se había ido. Empecé a recoger la casa, intentando aclarar mi cabeza con todo lo que había ocurrido la noche anterior. Cuando entre en mi habitación, vi encima de la cama una nota. La cogí y negué con la cabeza.
'Ya te he dicho que las cosas del instituto son bastante buenas, y tu camiseta era uno de mis objetos favoritos (junto a tu chaqueta y tus baquetas). Bien, uno cosa ya era mía, ahora también lo es la camiseta. Muchas gracias por dejarme quedarme aquí.
Te quiere, Rachel'
