- Rachel.- La voz de Alex me bajo de nuevo a la tierra.- ¿Estás bien? Te veo despistada.

- Si, solamente estoy cansada, ¿qué me decías?

- Creo que podríamos añadir una mesa más, e invitar a unas 20 personas más.

- Alex…- le miré fijamente a los ojos.- No quiero una boda llamativa, ni numerosa. Cuantos menos seamos, mejor.- Alex tiro los papeles donde apuntaba todo sobre la mesa, y se levanto.

- ¿¡Qué es lo que te pasa, Rachel!? No entiendo nada de esto. La boda hace un par de meses te parecía una idea estupenda y ahora solo pones pegas. La otra vez te deshiciste de más de la mitad de los invitados, y ahora esto…

Deje de escucharle gritar, ya que en mi cabeza apareció la imagen de nuestra pelea anterior, y cuando salí disparada de aquella casa, llorando a mares… hasta que llegue a casa de Finn. Y desde ese día, mi vida se ha convertido en una montaña rusa.

Por unas cosas o por otras, Finn y yo no habíamos podido tener ni siquiera unos minutos para nosotros solos. Y yo necesitaba hablar con él. Necesitaba asegurarme de que significaba esa canción, y si de verdad, de sus labios salió un 'te quiero'.

Necesitaba corresponderle.


Estaba sentado en el salón de la casa de Kurt, dando vueltas a la invitación de boda de Rachel, mientras esperaba a que mi hermano terminara de peinarse por décima octava vez en cinco minutos.

Blaine salió de la habitación, vestido con un traje negro y camisa blanca, con una pajarita azul turquesa, petición expresa de los novios. Me miro, esperando una aprobación, y esta le llego cuando afirme con la cabeza, en silencio.

- Kurt, por favor.- Les suplico Blaine, golpeando la puerta del baño.- La boda es hoy.

- Llevo todo horrible.- Se quejó.

- Sal y deja que te veamos.

Kurt salió del baño, vestido igual que Blaine, a diferencia de que en vez de una pajarita, atado al cuello de mi hermano, había un lazo. Me miro, al igual que llevaba haciendo desde que nos convertimos en familia, a la espera de unas palabras.

Me levante, soltando la invitación encima de la mesa, y me acerque a ellos, posando una mano en el hombro de Kurt.

- Estas genial, Kurt.- Note como sus hombros se destensaban, a la par que una amplia sonrisa invadía su rostro.- Y ahora vayámonos.

-O.

La ceremonia era en una pequeña iglesia, bastante alejada de la ciudad, de forma que los posibles paparazzis que intentarán fotografiar la boda, les sería casi imposible.

Cuando llegamos allí, en la entrada de la iglesia, Santana colocaba su vestido azul, quitando algunos pétalos que se habían caído del pequeño ramillete que llevaba entre las manos.

- Nunca pensé que al diablo le quedará tan bien ese color.- Bromeó Kurt cuando se acerco a saludar a Santana, que acepto la broma sonriendo.- ¿Dónde están las demás?

- Dando vueltas con la novia en el coche. El novio aun no ha llegado.- Dijo encogiéndose de hombros

- ¿Ha pasado algo?.- Preguntó Blaine.

- Por lo visto, venia directamente de una reunión con unos empresarios para una obra, y parece ser que ha habido un accidente en la carretera que le trae hasta aquí, que ha causado un gran atasco.

- Entiendo…- Habló Kurt por todos.- Bien, vamos dentro.

Entramos en la pequeña iglesia, y las 10 personas que se encontraban allí eran suficiente para llenarlas.

Mi semblante no mostraba nada de lo que pasaba por mi mente en aquellos momentos. No mostraba nada, no decía nada, simplemente me dedicaba a caminar detrás de Kurt y Blaine, sirviéndoles de guardaespaldas.

Mientras admiraba la decoración, note un toque en la espalda. Por un momento me tensé, pero respire profundamente antes de girarme, para ver de quien podría tratarse.

- Finn.- Dijo con una sonrisa Leroy, el padre de Rachel.- Cuanto tiempo.- Antes de que pudiera responderle me estrecho entre sus brazos.

- Hola señor Berry.- Dije cuando me soltó.- ¿Cómo va todo?

- Oh, de boda. Quién me lo iba a decir.- Se cruzo de brazos.- La segunda vez que mi hija me plantea una boda.- Dijo haciendo referencia a la boda que planeamos en el instituto Rachel y yo.

- Vaya, pero esta parece que vaya a tener un feliz final.- Fingí una sonrisa, mirándole fijamente a los ojos.

- Sinceramente.- Me dijo bajando el tono de voz.- En este momento, me entristece mucho que no os hubierais casado aquel día.

Tras dejarme sin palabras, golpeo mi brazo con delicadeza, y salió en dirección al altar, donde su marido le hacía señas para que fuera.

Me giré, esperando encontrarme con mis acompañantes, y para mi sorpresa, me vi solo en mitad de aquel lugar. Totalmente desubicado, salí de allí esperando encontrarme con ellos en la entrada, pero para mi sorpresa, no estaban solos.

Un coche negro dejaba ver por la ventanilla trasera, la cabeza morena de la mujer más hermosa que mis ojos han apreciado y apreciaran en algún momento de mi vida. Me acerque con paso ligero, hasta colocarme a una distancia en la que poder enterarme de la conversación.

- ¿Aun no ha venido?.- Se quejó Rachel recostándose en el respaldo de su asiento.

- No, aun nada, y no me coge el móvil.- Dijo Santana.- Tendréis que dar otra vuelta.

- Me duelen los pies ya de conducir.- Dijo Mercedes, sentada en asiento del piloto.

- Y yo estoy mareada.- Hablo Brittany, que salía del coche, estirándose.

- Podríamos hacer un cambio.- Propuso Kurt.- Finn puede llevarte a dar una vuelta, nosotros nos quedamos aquí esperando a que todo esto se arregle, no te preocupes.- Las palabras de Kurt nos pillaron a todos por sorpresa.

- Finn.- Llamo mi atención Mercedes, que se encontraba frente a mi.- Las llaves están puestas. Entretenla y no dejes que se desesperé.

No me dejaron poner ninguna queja a la propuesta de Kurt, y antes de que pudiera decir una palabra, estaba sentado en el asiento del piloto, arrancando para salir del recinto.

- ¿Dónde vamos?.- Pregunté sin mirarla a los ojos.

- Podríamos alejarnos un poco de todo esto. Si sigues todo recto y en la señal, giras a la derecha, hay un pequeño prado donde podremos salir, y así podre estirar las piernas.- Me dijo mecánicamente. Afirme con la cabeza, y seguí la dirección marcada.

Tardamos alrededor de 10 minutos en llegar a lugar indicado, y fui el primero en bajar del coche, corriendo hasta su puerta para ofrecerle mi mano para ayudarla a salir del coche. Cuando salió del coche, solo pude boquear un par de veces.

Estaba preciosa. El vestido que llevaba era idéntico al que se puso cuando estuvimos a punto de casarnos, lo que pasa que esta vez ella era mucho más madura, y yo, mucho más idiota.

Rachel camino un poco por aquel prado, estirando las piernas, en completo silencio. Al cabo de un rato, volvió al coche, y se acomodó a mi lado, en el capó del coche. Cuando vio que mi mano sujetaba un cigarro, suspiro fuertemente. No pude evitar la carcajada.

- Deberías dejarlo.- Dijo mirando al frente.

- No quiero quitarme de más vicios.- Afirme, sonriendo de medio lado. Hubo un silencio, pues ambos sabíamos que ese vicio era ella, que más que incomodo, me transmitió paz.- ¿Estas nerviosa?

- No.- Aseguró.

- ¿Y segura?.- Esta vez si la miré. Rachel no contesto, simplemente miro al frente, mordiendo su labio inferior. Las cosas no iban bien.

Di una última calada al cigarro, antes de tirarlo. Me incorporé, y me puse frente a Rachel, que había bajado su vista al suelo. Quizás, ponía en peligro todo. Quizás, sino me arriesgaba la perdía para siempre.

Cogí su rostro entre mis manos, y obligue a que alzara la cabeza, para que me mirara.

- Hey.- Dije acariciando su mejilla.- Nadie te está obligando a esto. ¿En qué momento Rachel Barbra Berry se ha convertido en alguien a quien mandan? Si te viniera la chica que conocí yo, estaría gritándote de manera exagerada.- Ambos sonreímos.- Rachel, sé que yo no soy la mejor opción. Sé que yo no soy ninguna opción.- Rachel intento hablar, pero conseguí silenciarla alzando un dedo.- Pero no quiero que hagas algo de lo que te vayas a arrepentir en algún momento de tu vida.

Mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo. Con desgana, lo saque y vi el rostro de Kurt en la pantalla. La conversación fue corta; Alex ya estaba en la iglesia, y estaban esperando a la protagonista del día.

- Es tu turno.- Le dije antes de meternos en el coche.

En el mismo tiempo que antes, aparque el coche en la puerta, e hice el mismo recorrido que antes para abrirle la puerta. Rachel camino hacia la iglesia, pero se freno en seco al no notar mi presencia.

- ¿No vas a entrar?.- Preguntó con miedo.

- No.- Dije serio.- No soy capaz de ver como pierdo a la mujer de mi vida delante de mi cara sin poder hacer nada.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos, hasta que la voz de Santana grito su nombre, haciéndola entrar dentro de la iglesia.

-O.

La ceremonia paso como algo totalmente surrealista. De vez en cuando, Leroy acariciaba mi mano haciéndome volver al lugar al que estábamos.

- En pie.- Dijo el Sacerdote.

Era el momento. Alex me levanto, cogiendo mi mano derecha poniendo nuestros cuerpos uno frente al otro.

- Alexander Jonas White, ¿quieres recibir a Rachel Barbra Berry, como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?

- Si quiero.- Afirmó mirándome fijamente a los ojos.

- Y usted Rachel Barbra Berry, ¿quieres recibir a Alexander Jonas White, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida?

El silencio reino en la sala. Todos los presentes esperaban que saliera un Si de mi boca, pero por más que lo intentaba, este no salía de mí. Ni iba a salir. Mi único sí posible estaba esperando fuera, apoyado en el coche, fumándose un cigarro por los nervios.

- Yo…- Conseguí decir.- Lo siento.

Me solté de las manos de Alex, que me miraba boqueabierto, intentando comprender lo que estaba pasado, y salí corriendo a la salida de la iglesia, mientras escuchaba los murmullos de la gente.

Cuando salí de la iglesia, encontré todo lo que quería ver. Finn, acababa de tirar su cigarro, y apretaba su mandíbula, evitando que alguna lagrima rodara por su rostro. Pero cuando sus ojos se juntaron con los míos, esa tensión desapareció.

Corrí hacía él, y cogí su cara entre mis manos. Finn, con miedo, poso sus manos sobre mi cadera, acercándome a él. Roce su nariz con la mía, y antes de darnos más tiempo, me lance sobre sus labios, besándolos con una mezcla de dulzura y ansia. No podía creer que por fin, hubiera podido hacerlo.

Cuando nos separamos, nos miramos a los ojos, y no pude evitar una sonrisa en mi rostro. Sí, claro que este era el día más feliz de mi vida.

- Tú eres mi mejor opción.- susurre sobre sus labios, antes de volver a besarlos.