Cuando abrí la puerta del apartamento, este estaba reluciente. En mitad del salón me encontré con una Rachel totalmente nerviosa, limpiando lo que ya estaba limpio. Cuando me vio, corrió rápidamente a abrazarme.

- Estas aquí.- Pude entender mientras me llenaba el pecho de besos.- por fin estas en casa.

Cogí su cara entre mis manos y bese su frente con toda la dulzura que sabía trasmitir. Agache la cabeza para poder mirar sus ojos, y sonreí de medio lado, haciendo que ella me abrazará fuertemente. Como si quisiera decirme algo. Como si quisiera que nunca me fuera.

- ¿Está todo bien?.- dijo tras unos segundos.

- No.- Comente en apenas un susurro.

- ¿Quieres hablar de ello?.- Se separo de mi, mirándome a los ojos, y cuando afirme con la cabeza, dirigió nuestros cuerpos al sofá.

- Mi equipo.- Mi voz se quebró.- Todos son tan jóvenes, Rachel… no tendrían que estar allí. No tendrían que estar allí sin mí.

- Finn, mi amor, no te preocupes, todo saldrá bien.

- No conmigo aquí.- El cuerpo de Rachel se tensó.

- No digas eso, podrán apañárselas solos. Seguro que tiene a otro jefe de equipo, o… algo. Finn, no puedes volver allí.

- ¿Por qué no Rachel?

- Porque… porque yo te necesito.- Los ojos oscuros de Rachel estaban inundados en lágrimas. Me acerque a ella y la abrace fuertemente.

- No me va a pasar nada.-Rachel se escapo de mis brazos.

- Claro que no te va a pasar nada, porque no vas a ir.- Gritó.- No voy a permitir que vayas. Yo… no…

Rachel se levanto del sofá, y comenzó a caminar nerviosa por el salón, soltando palabras sin sentido. Deje que se relajará durante unos segundos antes de coger su brazo y acercarla a mí, despacio, y sentarla sobre mis piernas, mientras acariciaba su pelo. Parecía mucho más tranquila.

Cuando acaricie su rostro, una lagrima mojo mi mano. Trague saliva, alzando su rostro para que me observara.

- Cariño, no me va a pasar nada. No voy a ir a la guerrilla. Me quedaré en el cuartel, y daré las órdenes desde allí. Aun no estoy preparado para ir al campo de batalla, y mis superiores no me dejarán.

- Pero… ¿y si atacan el cuartel?

- No va a pasar

- Pero y si…- Antes de que volviera a hablar bese sus labios con fuerza, deseo y pasión. Demostrándole que no tenía nada que temer, que pasará lo que pasará, yo estaría allí, con ella.

- ¿Sabes lo que vamos a hacer?.- Dije cuando nuestros labios se separaron, apoyando mi frente en la suya. Ella negó con la cabeza, mojando sus labios.- Una cena.

- ¿Una cena?.- Rachel frunció el ceño.

- Con Kurt, Blaine, Santana, Britt… con todos. Una cena normal. Como si no pasará nada, como si fuera una cena normal, una de esas que le gustaba preparar a Kurt cada sábado. Pero… con pizza, sin tonterías de esas.- Rachel sonrió levemente.- ¿Te parece? Y luego… luego ya decidiremos lo que pasa, ¿vale?

- Vale.- Dijo sorbiendo por la nariz, como si fuera una niña pequeña.

- Y ahora.- Me incorporé del sofá, sujetando a Rachel para que no se cayera.- Ahora voy a comerte.

Rachel se agarró a mi cuello, mientras me dirigía con ella a la habitación, con el sonido de su risa siendo la banda sonora favorita de la casa.

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Estábamos sentados en el sofá, oyendo como, tras una decisión muy larga, Britt y Santana estaban dispuestas a buscar a un hombre para que fuera el que hiciera capaz su deseo de ser madres.

- Yo me ofrezco voluntario.- Grito Sam.

- Tú aléjate de nosotras.- Dijo Santana, amenazante.- Que ya tuviste bastante con Britt.

- Santana…- se quejo Brittany mientras el resto mirábamos la escena entre divertidos y expectantes.

- Vamos, Santana… ¡Tengo buenos genes!

- Apoyo a Sam.- Dijo Rachel.- Además, ¿quién mejor que él?

- Tienen razón en eso…- le susurró Brittany

- Bueno, ya lo pensaremos… de momento te acepto en la lista de candidatos.- Y tras esto, Sam se abalanzó a los brazos de Santana, que rió a carcajadas.

La sala estaba repleta de un ambiente cargado de un amor tan fraternal, que parecíamos una familia, la cual se reúne cada sábado, por el simple hecho de verse, y en ese mismo momento me di cuenta de que no es que pareciéramos una familia, sino que lo éramos.

Mire a Rachel, y la vi tan feliz, tan radiante, que no quería hacerla sufrir por nada del mundo. Quería que fuera feliz, y quería que fuera conmigo. Rachel me miró a los ojos, y me sonrió, apretando mi rodilla levemente. La quería. Por encima de todas las cosas.

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Estaba en la cocina, fumando un cigarro, cuando Kurt apareció por allí, y en cuanto me vio, su ceño se frunció tanto que no pude evitar la carcajada.

- No tiene gracia, ¿Cuándo vas a dejarlo?

- Cuando tenga mi primer hijo.- Bromeé

- Rachel esta embarazada.- Dijo completamente serio. Abrí los ojos como platos y boqueé un par de veces.- ¡Es broma! ¡Es broma! ¿Lo es verdad? ¿NO? ¡VOY A SER TÍO?

- No, no, no, no. ¿No?

- ¿Lo voy a ser o no?

- Yo no tengo noticias, has sido tú.

- Bromeaba.- Tras esta palabra, ambos volvimos a respirar.- ¿Cómo va todo?.- Pregunto

- Bueno.- Me encogí de hombros. No quería hablar del tema, pero si tenía que hacerlo, era con él con quien debía.- Ha habido un problema. Creo que tengo que volver…

- ¿Al campo de guerra?

- Al cuartel. Pero allí.

- ¿Rachel qué dice?

- No le hace gracia la idea, pero, según va pasando el tiempo, lo va aceptando, poco a poco…- Me encogí de hombros.

- ¿Cuánto tiempo tendrías que estar allí?.- Negué con la cabeza.- Vuelve pronto

Y tras estas palabras, Kurt me abrazó con fuerza. Abracé a mi hermano, y cuando eleve la vista, Rachel estaba observando la escena, con lágrimas en los ojos. Fruncí el ceño, y negué con la cabeza.

Kurt se separó y se giró para ver que ocurría, y al verla allí, lo entendió todo. Abrió sus brazos para refugiar a su mejor amiga, y esta acepto el abrazo.

- Eh, venga vamos, es una noche feliz. No hablamos nada de esto.- Ambos me miraron y sonrieron levemente. Rachel agarró mi mano, y cogió lo poco que quedaba de mi cigarro, tirándolo al fregadero.

- Deja de fumar.- Dijo seria, pero dejando mostrar una leve sonrisa.

- La apoyo totalmente.- Dijo Kurt.

- Vayámonos.- Y les empuje fuera de la cocina.

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- Tened cuidado, y nos vemos pronto.- Dijo Rachel, despidiendo a los últimos en irse de la sala.

Cuando termino, vino dando saltitos al salón, y se tumbó sobre mí, abrazándome por el cuello, y yo por mi parte, la abrace por la cadera, pegando su cuerpo al mío.

- ¿Cómo lo has pasado?.- Pregunte mientras besaba mi cuello.

- Muy bien. Gracias. Necesitaba mucho esto.- Dijo entrecortadamente, sin parar de besarme.

- Quiero… quiero decirte algo… Rachel.- Me incorporé, separándola de mi.

- ¿Qué ocurre?.- Vi terror en sus ojos.

- Quiero casarme contigo.