- Papá.- Dije en cuanto el teléfono se descolgó.
- Hola cariño, ¿qué tal estás?
- Todo bien, muy bien. Quiero… quiero decirte algo.
- Oh, dios mio, ¿qué ocurre?.
- Voy a casarme.- aseguré con una sonrisa.
- ¿Otra vez? Rachel, te adoptamos solo a ti, porque no estábamos preparados para más de una boda y… ¡esta va a ser la tercera!
- Y la definitiva, papá. Te lo prometo.
- Es con Finn, ¿verdad?
- Si. Es el amor de mi vida.- Aseguré mientras miraba al que sería mi futuro marido, que observaba mi conversación desde el otro lado del salón, mientras él comunicaba la -misma decisión a su familia.- Nunca lo he tenido más claro.
- Yo siempre lo he sabido.- Comentó mi otro padre, que estaba escuchando toda la conversación desde el otro teléfono.
- Tengo que colgar. Por favor, no lo comentéis todavía, ¿vale? Os quiero
- Te quiero, cariño.
- Ten cuidado.
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- Mamá.- Dije en un susurró.
- ¿Todo bien? No me gusta el tono de tu voz. ¿Qué ocurre?
- Tengo noticias.
- No vas a volver a la guerrilla. Nunca más. No te lo permito. Soy tu madre y todavía tengo responsabilidades sobre ti. Además…
- Voy a casarme con Rachel.- La interrumpí. Hubo varios segundos de silencio.- ¿Mamá?
- ¿Estás de broma? ¿Una boda? Oh dios mio. Burt.- Comenzó a gritar.- Burt. Burt. Es Finn. Mi hijo. Mi hijo se casa. Oh dios mio, Finn, no sabes lo feliz que me haces.
- Lo sé, mamá.
- ¿Y cuándo es? Tengo que comprarme un vestido. Madre mía.
- Mamá. Tranquila, por favor.- sonreí levemente.- Tenemos muchas cosas que hablar todavía. Por favor, no lo comentéis aun, ¿vale?
- De acuerdo, mi niño.
- Tengo que dejarte ya. Un beso.
- Un beso, hijo. Te quiero.
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Volví al salón, donde Rachel acababa de dejar el teléfono, y se estaba sentando en el sofá, con una sonrisa aun en los labios. Cuando me vio llegar, su sonrisa se amplio, y por acto reflejo, la mía la imito. Me senté con ella en el sofá, y la atraje hacía mí, abrazándola.
- ¿Todo bien?
- Todo perfecto.- Me miró fijamente a los ojos.- ¿Todo bien?
- Mejor que nunca.
Y tras esta breve conversación, ambos acercamos nuestros rostros, depositando un dulce beso en nuestros labios. Cogí su cara entre mis manos, y cuando nos separamos, me quede observándola en silencio.
Estaba completamente enamorado de aquella mujer. E iba a ser mía. Mi mujer.
- No quiero interrumpir este momento.- Dijo Rachel, separándose de mí acomodándose en el sofá.- pero… esto no cambia nada, ¿verdad? Vas a irte igualmente.
- Tengo que hacerlo. Pero es una promesa. La promesa de que volveré, y que me casaré contigo. Y desde ese momento, no volveré a irme de tu lado. ¿Estás de acuerdo?.- Rachel afirmó con la cabeza.- ¿Te he dicho que eres perfecta?
- Me suena que lo hayas comentado alguna vez.- Sonrió ampliamente.
- Ven aquí.
Y levantándome del sofá, la cogí en brazos, mientras la colmaba de besos, llevándola a nuestra habitación.
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En un lado mi mochila, y en el otro, uno de los más jóvenes guerrilleros de toda la expedición que lleve. Tendría la misma edad con la que yo me aliste en el ejercito, y en sus ojos brillaba la emoción por volver.
Según me había contado durante el viaje, tenía a alguien especial esperándole, pero él le había pedido que no lo hiciera, que siguiera su vida, pero que una parte de su corazón, algo egoísta, le decía que ojalá y le estuviera esperando.
- ¿Y usted Coronel?.- Preguntó el chico.- ¿Tiene a alguien esperándole?
- Ella… ella es mi persona.- dije con una sonrisa en los labios.
Atravesamos las puertas del aeropuerto, la que nos llevaba a las familias, y Jeremy, el chico que venía conmigo, sonrió ampliamente, alejándose levemente de mi.
- Esta allí.- Le oí articular.
Y tras esto, salió disparado a los brazos de una joven de su misma edad. Su persona especial. Me quede mirando aquella escena, con total gratificación, ya que, mínimamente, él podía estar aquí, por mi.
Rápidamente volví a la realidad, y comencé a buscar entre la gente, hasta que la encontré. Llevaba el pelo recogido en una coleta, y nada de maquillaje. Unos vaqueros y una camiseta de manga corta. Estaba preciosa, esperando mi salida, y cuando me vio, salió disparada a mis brazos. Solté la mochila y abracé a la que sería mi futura mujer en menos de unos días.
- Por fin estás aquí.- Me hablo cerca del oído.- La última vez.
- Te lo prometo.- Y la besé.
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- Finn, sal ya del baño por favor, la que tiene que llegar tarde es Rachel, y como sigas así, va a tener que esperarte ella a ti.- Grito Kurt desde el otro lado de la puerta.
- Voy.
Me volví a mirar en el espejo, notando como todo mi cuerpo temblaba. Sabía que no iba a pasar nada, pero estaba tan nervioso. Hoy por fin era el día en el que Rachel Barbra Berry se convertiría en la Señora Hudson.
¿Quién hubiera apostado por aquello? Nosotros lo hicimos, e íbamos a cumplir nuestro sueño.
Trague saliva, y por una última vez me mire al espejo antes de salir del cuarto de baño. Todos los chicos estaban expectantes, y cuando me vieron aparecer se quedaron callados.
Puck fue el primero en levantarse y zarandearme entre sus brazos, y tras él fueron viniendo cada uno de mis amigos. Hasta que Kurt puso cordura en todo esto y desaparecimos del salón de su casa, dirección a la iglesia.
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Estaba en una pequeña limusina, que las chicas habían alquilado para la boda, dirigiéndonos a la iglesia. Dentro del coche iban todas mis amigas, hablando entre ellas, e intentando que yo hablara. Pero no podía. Mi voz había desaparecido.
Esta era la tercera vez que me vestía de novia, pero, al contrario que las anteriores, tenía claro que esta era la definitiva. Que no me iba a arrepentir.
- ¿Estás bien?.- Quinn cogió mi mano, apretándola levemente.
- No me lo puedo creer, Quinn. Voy a casarme. Y esta vez de verdad.
- Lo sé, y estoy muy feliz por ti.
- ¿Esta vez no la riñes?.- Interrumpió en la conversación Santana, haciéndonos reír.
- Ya estamos aquí.- Nos informó el conductor.
Todo mi cuerpo se tensó. ¿Cómo podía estar tan nerviosa? Fueron saliendo una por una hasta quedarme yo la última, totalmente inmóvil. Quinn se asomó y me dio la mano.
- Todo va a salir bien.
Y con esa afirmación, cogí la mano de una de mis damas de honor, y salí del coche, dirección: mi futuro.
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La puerta de la iglesia se abrió de par en par, y sentí una descarga que recorrió mi espalda. Comenzaron a pasar todas las chicas: Santana, Brittany, Tina, Mercedes… una detrás de otra, y todas preciosas.
Y por fin la vi. Al fondo de la sala, con una sonrisa increíblemente ancha, dirigiéndose hacia el altar, donde yo la esperaba ansioso. Cuando llegó, cogí su mano y me acerque a ella, depositando un leve beso en su frente.
No pude escuchar nada en toda la ceremonia. Estaba totalmente encandilado con la mujer que tenía a mi lado. Hoy era el principio de todo. Puede que mi vida siguiera siendo igual, pero el estar en este altar, con Rachel, hacía que mi futuro fuera un mundo increíble con el que poder investigar.
Pasarían los años, y llegaría a casa, y allí podría encontrarla. Y quien sabe, a nuestros hijos. Y todo sería maravilloso. Como siempre había soñado.
- Si quiero.- Dijo Rachel tras las palabras del sacerdote. Me miró esperando mi respuesta, y con una sonrisa y esperando a las palabras que antes había dicho el cura, conteste.
- Si quiero.
- Yo os declaro, marido y mujer. Puede besar a la novia.
No me hacía falta el permiso de nadie para lanzarme a los labios de mi esposa, y besarla como si fuera la primera vez en mi vida.
El público comenzó a aplaudir, y nos separamos levemente. Rachel acarició mi cara con sus manos.
- Te amo Finn Hudson.
- Te amo Rachel Hudson-Berry.
