- Dianna, ven aquí y siéntate al lado de Chris y estaros muy callados, papá tiene una sorpresa.- dije seguro, haciendo que mis hijos se sentaran en sus asientos.
- ¿Cuál es la sorpresa, papi?.- Pregunto Dianna con su dulce voz.
- Espera un segundo y lo verás.
El teatro apago la luz, y abrió poco a poco las cortinas que nos separaban del gran escenario. El público dejo de hablar, y centro sus miradas en el centro de este, esperando ver la nueva adaptación de este gran musical. Y allí estaba ella.
- ¡Mama!.- Gritaron mis hijos a coro. Aquí tenían su sorpresa.
- Chicos, sentaos y atended, mamá os va a representar un cuento.
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Dianna y Chris corrieron por el pasillo que llevaba al camerino de mi mujer. ¿Por qué sabían cual era? Porque habían visto la estrella en la puerta. Oí sus gritos, y cuando entre por la puerta, Rachel besaba la frente de aquellas maravillosas criaturas.
Dentro del camerino, se encontraban un par de personas más del reparto, aun vestidas con sus atuendos, comentando como les había salido, y ahora mis hijos se dedicaban a hacerles mil y una preguntas sobre sus personajes.
Rachel se levanto, dirigiéndose a mí y cuando fui a besarla, se echo levemente para atrás, haciendo que levantará una de mis cejas, notablemente extrañado.
- Finn, tengo toda la cara verde, si me besas acabaras igual.
- Seremos una familia de extraterrestres.- Dije haciéndola reír, consiguiendo así lo que quería; besarla.- Te esperamos fuera, sino los niños harán que nos quedemos aquí todo el día.
- ¿El resto se ha ido ya?
- No, nos vamos todos juntos.
- Esperadme en el bar de abajo, no tardo.
Y dándome un leve beso, se fue a su pequeño tocador a quitarse todo el maquillaje de la cara.
- Chicos, ¿vamos con el tío Puck y el resto?
No tuve que decir nada más.
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Estabamos al aíre libre, en uno de los restaurantes con las mejores vistas de Nueva York. Una mesa enorme, con todos los ex – miembros del glee club ocupaba casi toda la terraza, llenándola con historias de estos últimos meses, y de buenas noticias.
A unos pasos de nosotros, la mesa de los niños, con los hijos de Puck y Quinn, Dylan y Jenna, que tenían muy buena relación con mis hijos, los de Brittany y Santana, dos preciosas niñas, Katherine y Astoria, una de ellas latina y vivaz y otra rubia y dulce, que preferían cuidar del pequeño hijo de Blaine y Kurt, Stephen. No faltaba mucho para que Tina, embarazada de 6 meses, tuviera que poner otra sillita en esta mesa.
Éramos una gran familia, disfrutando de nuestra reunión anual, y aprovechando el nuevo espectáculo de Rachel, todos vinieron a la gran manzana. Daba lo mismo donde fuera la reunión, nosotros siempre lo hacíamos nuestra casa.
- ¿Cómo van las cosas en el ejército, General?.- Me dijo divertido Puck.
- Necesitan médicos.- Dije divertido.
- No le líes Finn Hudson, mi marido está muy bien en su hospital y no se va a ir a ninguna guerrilla.- interrumpió nuestra conversación Quinn, haciéndonos reír.
- Que manía con no dejar que Puck vaya a la guerra, es algo que tendríais que probar, afianza mucho la relación, ¿verdad?.- Dije mirando a Rachel, que no había interactuado, pero que me miraba negando con la cabeza. Antes de hablar, miro a Quinn.
- No le dejes ir jamás al ejercito, creo que les dan unas pastillas que les hacen decir tonterías.- Ambas chicas rieron.
Me gire para mirar a mi mujer, dando por finalizada la conversación a cuatro, y acerque su silla, mojando mis labios antes de hablar.
- Decir tonterías, ¿eh?.- susurré más cerca de ella. Rachel afirmo con la cabeza.- ¿Siempre?.- Esta vez negó, haciéndome sonreír de medio lado.- Te quiero.
- Y yo a ti.
Rachel cogió mi cara con una de sus manos, y deposito un beso en mis labios, tan respetuoso y tan lleno de amor, que note como el mundo entero se paraba a mirarnos y decir: "Quiero una pareja que me quiera como os queréis vosotros" Y es que, nunca, jamás en mi vida, podré querer a nadie más, que como quiero a Rachel Hudson-Berry.
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Con los postres, los niños se vinieron a acomodarse a las piernas de sus padres. En las mias, descansaba una pequeña Dianna, de 4 años, con el pelo largo y suelto, negro como el de su madre. Era preciosa. En las piernas de su madre, Chris de 6 años, le explicaba cómo había ayudado a su hermana a pinchar su filete y como se lo había comido todo.
- ¿Por qué no cantáis una canción?.- Pregunto mi sobrino, dejándonos a todos extrañados.- Mis papas lo hacen a menudo, y a mi me gusta.
- Como no iban a cantar estos dos.- se burlo Santana.
- Santana…- se quejo Rachel.- podemos hacerlo.
- No vamos a montar un gle…- se empezó a quejar, antes de ser interrumpida por mí.
- Just a small town girl…
- No me lo puedo creer.- Dijo poniendo los ojos en blanco, haciéndonos reír.
… living in a lonely world. She took the midnight traing goin' anywhere.
- Just a city boy.- siguió la canción Rachel, mirándome sonriente.- born an raised in South Detroit. He took the midnight train goin' anywhere.
- A singer in a smoky room…- entonó Puck
- The smell of wine an cheap perfume…- continuó Santana para nuestra sorpresa.
- […] Don't stop believing, hold on that feeling, streetlight, people…. Don't stop.
La gente que se encontraba a nuestro alrededor comenzó a aplaudir nuestra improvisada actuación, y entre nuestros mayores fans, nuestros hijos.
Si tuviera que definir felicidad, este momento sería una definición muy clara.
Muchas gracias a todos por apoyar esta historia, y por cada lectura, recomendación y comentario. Espero que hayáis disfrutado de ella, tanto como lo he hecho yo. No será la última vez que estos personajes vuelvan a ser moldeados en mis manos, y me gustaría que estuvierais todos ahí, mirando la historia, y ayudándola a crecer.
Un fuerte abrazo. Y gracias.
