Capítulo 3: "Los celos de James"
Como James me había encargado de trabajo hacerme cargo de la despedida de soltero de Remus, sólo estaba pocas horas por la mañana fuera de casa, y por la tarde me dedicaba a hacer comida, asear la casa y si me quedaba tiempo le ayudaba a Mike con su tarea. Ese niño me había robado el corazón, sólo tenía siete años y era tan adorable que quería comérmelo a besos. Nunca había tenido mucha paciencia con los niños pequeños, pero pasar tiempo con mi hermanito estaba logrando que al fin superara esa fase.
Por supuesto al día siguiente le dije a Charlus que no quería que nadie en la oficina se enterara de que era su hijastra pues todos me tratarían diferente y no quería que pensaran que tenia ciertos privilegios –aunque en realidad si los ocasiones por las tardes me sentía tentada a dar una vuelta por el despacho para ver como iban las cosas, pero sabía que les estaba yendo de maravilla sin mí y no tenía nada de ganas de explicar mi ausencia.
Era viernes y esa noche era la cena en casa de Lauren, tenía todo contratado para un mes después que fuera la despedida de soltero de James y no tendría que preocuparme por nada hasta unos días antes. Estaba en sofá acostada viendo el televisor, ya me había bañado pero aún era demasiado temprano para comenzar a prepararme, así que veía a la familia más famosa de la televisión entre carcajadas. Cuando se abrió la puerta por primera vez, me sorprendió ver a Emily tan temprano en casa, normalmente llega al mismo tiempo que mamá pero en esta ocasión no venía sola, sino que antes de que me viera la escuche reír junto a otra risa mucho más grave.
-¿Lily?- se sorprendió de verme- ¿no estabas trabajando?
-El día de hoy no- dije poniéndome de pie- ¿quién te acompaña, Emily?
Detrás del muro salió un chico alto y delgado, llevaba el mismo uniforme que mi hermana, me asombré al darme cuenta que llevaba un piercing en el labio. Era un chico muy guapo debía admitir, tenía un estilo rebelde y roquero que seguramente volvería locas a las chicas.
-Él es Shane- sonrió- un amigo.
Tomé la mano que Shane me ofrecía y la miré pícaramente. A otro perro con ese hueso, me sabía todas las tácticas de niñas de su edad que tenían novio, y sobre todo que los trajera a casa cuando creía que estaba solo no eran tratos entre amigos.
-Soy Lily, la hermanastra de Emily.
-Es un placer- me dijo.
Los siguientes minutos fueron de lo más incómodos, Emily subió a su cuarto para cambiarse de ropa y mientras tanto me quedé en la sala con el novio de mi hermanita. Trataba de ver la televisión pero ese chico me distraía, me miraba cada pocos segundos y quise haberme puesto otra ropa; llevaba un short pequeño y ajustado que sólo usaba en casa, cuando no había visitas por supuesto, y el calor que hacía en Londres me hacía casi querer andar desnuda por toda la casa.
-…y… ¿cuántos años tienes?- pregunté.
-Quince.
Asentí con la cabeza mirando al techo sin tener idea de que más decir, sólo sabía que no me iba a parar una vez más para que me viera el trasero.
-¿Tienes mucho saliendo con Emily?
-Cuatro meses.
Dios mío, este chico me estaba sacando de quicio, ¿qué no sabía dar respuestas más largas? Traté de tranquilizarme un poco, no dejar que mi mal carácter saliera a flote justo cuando estaba conociendo al novio de mi hermanastra, a la que no había visto en ocho años, que adoraba pero que había dejado de conocerla hace mucho tiempo.
-Lily, ¿podrías servirnos comida?- preguntó Emily mientras bajaba las escaleras.
-Por supuesto.
Rápidamente me puse de pie e ignoré la mirada del chico para escaparme a la cocina donde podía refugiarme sin necesidad de sentirme observada o presionada. Y aunque Shane tenía buena pinta, no dejaba de ser un adolescente lleno de hormonas. No podía olvidar como era James a esa edad, obsesionado con el sexo y yendo detrás de cada falda que le pasara por enfrente… en realidad, no estaba muy segura de que eso hubiera cambiado, sin embargo, este chico tenía toda la apariencia de ser igual en ese aspecto.
Calenté la comida y serví a ambos chicos. Estaban en la sala abrazados y hablando en voz baja cuando fui a decirles que ya estaba listo. Se pusieron de pie rápidamente y sin soltarse de la mano fueron a la cocina, ya ahí los escuché hablar un poco más alto y eso me tranquilizó, no quería que pasara algo de adolescentes mientras yo estuviera aquí sola. Por nada del mundo me iría a mi habitación, aunque tuviera que aguantar la mirada de Shane en mis muslos.
No pasaron muchos minutos antes de que James llegara a casa, y me mirara sentada en el sofá. Antes de que pudiera decir algo, las risas de Emily y Shane retumbaron por toda la casa, James dejó el portafolio en el suelo y caminó decidido a la cocina. Parecía que iba a ser interesante, así que corrí detrás de él y comencé a calentar nuevamente la comida.
-¿Qué tal, Jimmy?- dijo Shane con toda naturalidad alzando la mano.
James observó su mano, pero jamás contestó al saludo.
-Te he dicho que no me llames así, me llamo James- respondió molesto- y no me agrada que vengas a casa con mi hermanita cuando no hay nadie.
-James, por favor…- replicó Emily.
-James nada, papá ya les había comentado de esto pero no quieren hacer caso.
Aguanté la risa, James resultó ser un hermano demasiado celoso. La pobre de Emily debería tener largas peleas con él por sus absurdas reglas, si Charlus era igual o más, no tenía idea que le depararía a la pobre de mi hermanastra con sus futuros novios.
-¿Quieres queso?- le pregunté a James sin darme la vuelta.
-Poco- me respondió.
Cuando volteé no pude aguantar más la risa, James estaba sentado justo en medio de la pareja esperando su plato de comida.
-Eres un hermano tan molesto- le dije entre risas- déjalos comer a gusto.
James clavó su mirada en mí como si quisiera matarme, pero los chicos fueron más listos y recogieron su plato llevándoselo a la sala donde comenzaron a comérselo frente al televisor. Yo todavía reía suavemente mientras me servía a mí, por alguna razón, en los últimos días me había acostumbrado a comer en compañía de él.
-Odio a ese niño- exclamó en voz baja- sé que se trae algo con mi hermana, cualquier hermano mayor con dos dedos de frente sabe lo que ese adolescente pretende.
Le dio un sorbo al jugo de piña, y lo dejó caer con fuerza en la mesa. No pude evitar seguir riendo.
-Sólo juegan a quererse, no tienes nada de qué preocuparte- dije sentándome a su lado.
-Claro que tengo de qué preocuparme- replicó- ¿ya se te olvidó lo que pasaba cuando nuestros padres se iban?
Por un momento ambos nos quedamos callados mirándonos a los ojos. Por supuesto que no lo había olvidado, nunca lo olvidaría, a pesar de que fue hace ocho años aún tenía los recuerdos frescos en mi memoria como si hubieran sido ayer. Si James no lo hubiera mencionado, no me habría dado cuenta que allí sentados nuestros muslos se rosaban suavemente, y no me abría percatado del delicioso cuello que exponía en su camisa dos botones abierta. Me di cuenta de que James también me observaba, de nuevo deseé haberme puesto un pantalón, pero al sentir la mirada tibia de mi hermanastro decliné esa idea. Me encantaba que sus ojos me miraran.
Desperté cuando James alejó un poco la silla de mí de un empujón. Como si nada hubiera pasado, continuó comiendo. Ya no sentía el rose de su rodilla y me di cuenta que la piel se me había enchinado. Maldito sea el autocontrol.
James insistía en no dejar sola a la pareja, por lo que rápidamente me dejó sola en la habitación lavando los trastos. Sentía mi pecho apretado, como si el deseo de algo no se pudiera cumplir; por alguna razón temía del deseo que sentía a James. Siempre me había sentido muy atraída por él, incluso recuerdo el día que lo conocí: mi corazón latía rápidamente a pesar de que él ni siquiera me miró.
Odiaba que a pesar de que hubieran pasado ocho años y yo me siguiera trasladando a la época donde estar junto a él era lo mejor del mundo. Ambos habíamos cambiado, tanto físicamente como mental y psicológicamente, él era listo, siempre lo había sido pero ahora lo había demostrado logrando un éxito seguro en el bufete; estaba muy atractivo, a los quince años tenía una cara adorable y una sonrisa coqueta que hacía suspirar a todas, pero ahora a los veintitrés años, se había vuelto apuesto y derrochaba virilidad por cada poro de su piel. Tenía una presencia física que sorprendía, no había una mujer que no lo volteara a ver cada vez que entraba a una habitación.
Por un momento me imaginé a mí misma entre sus fuertes brazos, justo allí donde estaba a espaldas de él, mientras me besaba el cuello y poco a poco iba subiendo mi blusa…
-¿Lily?
Rápidamente me di la vuelta, sin darme cuenta había cerrado los ojos y el agua se tiraba por el grifo.
-¿te sientes bien?- me preguntó Emily.
-Estoy bien- respondí ruborizada mientras cerraba el grifo- ¿qué pasa?
-¿Segura que estás bien? Tienes la cara toda roja, ¿no tienes fiebre?- cuestionó tocando mi frente, la cual yo aparté de un manotazo.
-Estoy bien, Emily.
-Vamos a ir al cine Shane y yo-me dijo, noté por primera vez que llevaba un bolso al hombro- sólo quería que lo supieras.
Miré en dirección a la sala, y descubrí a ambos hombres sentados en el sofá con un programa de fútbol en la televisión. Asentí con la cabeza y continué lavando los trastos, esta vez sin perderme en mis fantasías, estaba atenta a los comentarios del partido de fútbol. Terminé en pocos minutos y me senté en el sillón pequeño sin atreverme a estar muy cerca de James. Odiaba ver partidos de fútbol, lo único que me motivaba era ver a los guapos jugadores que corrían de un lado a otro con esos shorts tan pequeños.
Poco después llegaron mamá y Mike, el cual rápidamente saltó al sillón con James a ver también el partido. Yo no estaba nada entretenida, en lo absoluto, me distraje un poco pensando en que me pondría para la cena de hoy, aún faltaban varias horas, pero me aburría como una ostra.
-¿Podrían poner otra cosa, chicos?- les pregunté.
James ya estaba con la camisa echa giras, sin zapatos, y a su lado Mike recargado en su abdomen. Ambos me miraron como si estuviera loca, no dijeron nada, ni falta que hacía, ya sabía que antes muertos que cambiar un partido de fútbol.
Mejor me fui a mi habitación donde me entretuve un rato leyendo un libro antes de comenzar a prepararme. Elegí un vestido un palmo por encima de la rodilla con una linda pashmina, por la noche estaba más fresco por lo que agregué unas botas a mi conjunto. Me alisé el cabello y con maquillaje suave en sólo unos minutos estuve lista. No sabía si James asistiría, así que me decidí a preguntarle. Quería llegar antes, para poder platicar con ambas antes de que hubiera más gente.
Toqué la puerta de James, pero no me respondió así que abrí de igual manera. Se encontraba frente al armario con sólo un pantalón. Dios mío, ¿y así no quiere ponerme los nervios de punta?
-¿Por qué nunca tocas?- preguntó molesto.
-Siempre toco, mas tú nunca respondes- contradije sin apartar los ojos de los atractivos músculos de su espalda que se contraían y se relajaban con cada movimiento.
-¿Qué quieres?- al fin se dio la vuelta y pude observar sus pectorales, así como su trabajado abdomen antes de que se pusiera una playera.
-¿Irás con Lauren?- me sorprendió que pudiera articular palabra después de semejante imagen.
Asintió con cabeza.
-Iremos juntos entonces- señalé tranquila porque ya podía mirar sus acusadores ojos avellana.
-Tal vez deberías adelantarte, tengo otro compromiso.
Mientras caminaba a casa de Lauren me comencé a preguntar cuál sería el compromiso que tenía James, no era de trabajo, porque iba bastante informal. No me molestaba caminar, siempre me había gustado mucho pero el hecho de que James tuviera algo diferente que hacer me hacía sentir intrigada, y odiaba cuando nacía esa obsesión en mí por saber todo lo que hacía mi hermanastro.
La casa de Lauren estaba igual de linda, incluso tenía el jardín muy bien cuidado, seguramente su madre adoptiva seguía teniendo la casa de lo más adorable y limpia posible. Toqué el timbre dos veces, y esperé a que alguien me abriera, me emocioné al escuchar la voz de mi amiga diciéndome "ya voy". Cuando la vi, me dejó sin habla, estaba mucho más guapa que como la recordaba, su cuerpo se veía más espectacular que nunca y ahora lucía un largo cabello negro con suaves ondas, enmarcando sus lindas facciones con aquellos ojos tan azules que recordaba.
-¡Lily!- gritó, y antes de que pudiera decir nada me abrazó con su pequeño cuerpo- ¡Me da mucho gusto verte! No sabes lo que te he extrañado.
-Estás muy linda, Lauren, estos ocho años te han sentado de maravilla- sonreí cuando al fin dejó mi cuerpo respirar.
-Ni que lo digas, tú estás muy bella también.
Me parecía casi imposible que después de tanto tiempo tuviera frente a mí a la que fue mi mejor amiga y me brindó el apoyo que yo necesité en ese tiempo. Junto a Clarisse que por cierto…
-¿Y la próxima señora Lupin?- pregunté sonriente, buscándola con la mirada.
-No llega aún, eres la primera de hecho. No te preocupes, somos pocas personas- me platicó guiándome hasta la cocina donde había una serie de recipientes con comida dentro, ya todo preparado- verás a Remus, Clarisse, Peter, Sirius, James creo que vendrá y un par de amigos más- me sonrió dándole los últimos toques a la ensalada.
-¿Qué tal tú con Sirius?- pregunté curiosa.
-Lo nuestro se acabó hace años- aseguró limpiándose las manos con una servilleta- estuvimos juntos cerca de un año pero al final no funcionó y decidimos volver a ser amigos.
-¿Lo olvidaste por completo?- pregunté poniendo especial atención en su respuesta.
Se encogió de hombros y suspiró.
-Admito que lo adoro, pero solamente como amigos- sonrió- tengo novio, Lily, lo conocerás esta noche, se llama Jake te va a encantar.
No estaba muy segura de que hubiera alguien aparte de Sirius que me gustara para Lauren, pero si ella lo quería, yo no era nadie para opinar, además no lo conocía y no podía ponerme a juzgar alguien que todavía no conocía.
Poco después llegó Sirius con Peter que me abrazaron para mi opinión bastante fuerte, lo único que deseaba era alejarme de ellos y recordarme mentalmente que nunca más volvería a abrazarlos. Sirius estaba aún más hermoso de lo que lo recordaba, con sus rasgos perfectos afilados y bellos, además había ganado masa muscular y lucía un cabello muy largo, casi hasta los hombros. Peter por otro lado, en lugar de ganar musculo había ganado grasa, pues nunca había recordado verlo tan obeso y a comparación de su amigo estaba comenzando a perder cabello, lo que me sorprendió siendo tan joven.
-mi amor, estaba pensando- decía Sirius a Lauren, la cual parecía ya estar acostumbrada a los mimos del pelinegro- después de cenar podríamos ir a un lugar más divertido, tú sabes…
-Sirius, no me voy a acostar contigo- respondió mi amiga con toda naturalidad, como si él siempre le hiciera la misma propuesta.
Rió despacio y después se dirigió conmigo.
-Ves como es, Lily, así es de mala conmigo- me chantajeó con mirada dulce y voz suave- yo sólo quería invitarlas a una discoteca más tarde.
-¿Una discoteca dices?- preguntó una voz detrás de nosotros, que me resultaba bastante familiar.
Al reconocer a la castaña di un salto y la abracé tan fuerte que esta vez era yo la que no la dejaba respirar.
-Clarisse, te extrañé mucho- le susurré al oído sin deshacer el abrazo.
-yo también, Lily, pero si no te molesta, quisiera llegar viva a mi boda- sonrió.
Reí buscando a Remus con la mirada, que entró acompañado de otra persona. Me lancé a sus brazos antes de que pudiera decir nada, me plantó un beso en la mejilla y yo me sonrojé levemente.
-Es un gusto tenerte aquí- me dijo Remus sin aflojar la sonrisa.
Ambos lucían unas mejillas llenitas y sonrosadas, así como unos ojos brillantes. Eran los que menos habían cambiado físicamente, pero aquellos brillantes en sus ojos los hacían lucir adorables y definitivamente mejor que nadie. Los observé tomarse de la mano y mis ojos no me habían engañado, hacían una muy linda pareja, se miraban muy bien juntos y enamorados.
Aparté mis ojos un segundo de ellos para poder ver de quien se trataba la tercera persona, era un joven bastante alto con una sonrisa deslumbrante, blanca y bonita.
-Éste es Alex, mi primo- dijo Remus tomándolo del hombro.
El chico no apartaba su mirada de mí y yo me sentí alagada, nos saludamos con un apretón de manos y nos dirigimos a la sala a platicar, donde continuó el debate si debíamos ir a la discoteca en un par de horas. No sabía cuántas personas más esperábamos, pero mis tripas ya estaban pidiendo alimento.
Un cuarto de hora después llegó Jake, el novio de Lauren que resultó ser un modelo guapo, bronceado y alto. Era simpático, pero tenía una extraña forma de reír que me daban ganas de golpearlo para que se callara, no soltaba un solo instante a Lauren y no me permitía mantener una conversación con ella. Ni siquiera cuando estábamos en la cocina sirviendo los platos después de que llegara James; no nos dejó solas ni un instante, se la pasaba dándole besos a Lauren en el cuello y no nos dejaba servir con rapidez.
Creo que mi cara delataba mi fastidio por Jake porque cuando pasé un plato a Clarisse se quedó observando mi rostro y susurró:
-¿Lo odias, verdad?
-Es enfadoso, posesivo- dije lo más bajo que pude.
A pesar de haber hablado muy bajo Remus y Alex me escucharon pues cortaron su conversación mirándonos a ambas.
-Todos sabemos que no durarán- agregó Remus- sólo por ser Lauren lo toleramos, a veces parece que ni ella misma lo soporta.
-Es un cretino- comentó Alex antes de que la pareja se reuniera con nosotros en la mesa.
No podía dejar de notar a este chico, aunque yo no lo conocía parecía ser amigo de todos pues se relacionaba en la conversación aún más de lo que yo esperaba. Tenía algunos aires de Remus, callado aunque siempre con una sonrisa, a pesar de que físicamente fueran polos opuestos. Alex era rubio y tenía unos pequeños ojos verdes con motitas doradas que noté cuando me pasó el salero, tenía una mirada tan penetrante que me sentí intimidada y no lo sujeté bien.
-¡Cuidado!- gritó Peter- ¿qué no sabes que volcar un salero es de mala suerte?
-No juegues, Pete- lo regañó James a su lado- nadie es supersticioso aquí.
-Te lo digo enserio, Lily- me dijo mirándome con los ojos muy abiertos- debes echarte sal en el hombro si quieres evitar la mala fortuna.
-No creo que sea necesario- respondí aunque no muy segura, ¿y si Peter tenía razón?
Remus reía suavemente mientras James hacía un gesto de esto es colmo, Sirius parecía tan interesado como yo.
-¿Y si no se echa sal que pasa?- preguntó Sirius dejando de comer.
-Tendrás mala suerte, podría irte mal en el trabajo- decía Peter sin parpadear- ser desgraciado en el amor, no tener sexo en un largo tiempo, incluso volverte homosexual.
-¡Qué bobería!- exclamó Lauren que tenía a Jake recargado en su hombro- eso no es cierto, chicos, nadie se vuelve homosexual por tirar sal.
Trate de reír como todos lo hacían, pero me entró una inquietud por la sal derramada que ya no quise continuar comiendo, a pesar de que antes tenía mucha hambre. Continuaron platicando de un viaje que querían hacer en verano, pero yo no apartaba la mirada del salero, estaba pensando seriamente en tirarlo por mi hombro. Cuando levanté la vista me di cuenta que James me estaba mirando con una sonrisa en el rostro, parecía divertido por mi actitud, recargado en el respaldo de la silla y mirándome fijamente.
Quise taladrarlo con la mirada, pero sabía que mi actitud era una tontería. ¿Desde cuándo le tenía miedo a la mala suerte? Ni que estuviera loca, me habían pasado gatos por enfrente, y negros quiero aclarar, caminé por debajo de unas escaleras e incluso abrí un paraguas dentro de la casa, y seguía viva por suerte. No tenía nada de qué preocuparme.
-Deberíamos ir a la discoteca a bailar un rato- insistió Sirius.
Nadie parecía muy motivado por ir, excepto James.
-¡Vamos, chicos! Es viernes social y las bebidas están al dos por uno en el Galaxy- sonrió James con esa sonrisa que me encandilaba.
-Yo voto por ir por bebidas- añadió Alex alzando la mano- no perdemos nada con ir a ver cómo está en ambiente. En todo caso, si se aburren hay un cine a un lado.
¡Hola! Al fín estoy de vuelta, me da mucho gusto que me estén dejando muchos reviews de esa manera yo sé si leen el fic y además que les pareció. Es la prmera vez que actualizo en 10 días, así que espero que nos les moleste.. 8-) sobre todo diganme que les pareció al respecto. Nos vemos en la próxima.
