Capítulo 4: "Todo por un salero"
Después de terminar la cena, cada quién se fue en su auto, los Lupin y Clarisse en uno, Lauren y Jake en otro, así como Sirius, Peter y James en su respectivo. Yo decidí que no quería ir con Jake y en todo caso me regresaría con James, no importaba si me iba con Clarisse. Remus conducía como un anciano, a baja velocidad y sin apartar la vista del camino, lo cual no era necesariamente malo pero era desesperante ir en el asiento de atrás.
-Cuidado, Remus- decía Clarisse cada vez que pasábamos demasiado cerca de un auto, Remus permanecía callado pero yo podía ver su entrecejo por el espejo retrovisor y se notaba que odiaba las indicaciones de su novia- en la siguiente a la izquierda.
-Así que estuviste en Suiza varios años…- comenzó Alex mirándome a los ojos, estaba sentado a mi lado y con el brazo recargado en el respaldo formando un triangulo con el que detenía su cabeza.
-Ocho años viví con mi padre, pero antes de eso yo vivía en Surrey- le sonreí- viví cerca de medio año aquí en Londres.
-Eres nómada, entonces- rió un poco con sus ojos verdes hacerse aún más pequeños.
-Algo así- dije- mis planes son quedarme aquí en Londres. ¿a qué te dedicas?
Fue la primera vez que dejó de mirarme a los ojos, bajó un segundo la mirada a mi pecho y me pregunté si algún botón se habría desabrochado, con una mano me palmeé, todo estaba en orden.
-Soy agente de ventas- sonrió mirándome el rostro de nuevo, supe que estaba escudriñando cada facción de mi cara, la nariz, los labios…
-Trabaja conmigo en el almacén- agregó Remus mirándome por el espejo retrovisor- sólo que en diferente departamento.
-¡Vaya! Yo por ahora estoy trabajando con Bartemius Crouch, ¿lo conocen?- pregunté.
-¿Es un abogado que está en la firma de los Potter, no?- cuestionó Clarisse sin darse la vuelta.
-Así es- asentí- es mi primera semana. Espero que me vaya muy bien.
-Y te irá, Lily, tendrás éxito en todo lo que te propongas- me motivó Remus, observé su sonrisa en el espejo retrovisor.
Remus y Clarisse parecían tener mucha confianza en mí, y aunque mi éxito profesional no era para ellos, sabía que me apoyaban y que sólo querían lo mejor para mí. Me henchía el corazón de felicidad saber que aún se preocupaban por mí, sin duda harían la mejor pareja.
Pocos minutos después llegamos a Galaxy era una discoteca grande y con muchas luces de colores, se veía gente caminar por toda avenida y fue en ese momento cuando me pregunté si llevaría ropa adecuada, mis botas eran de tacón alto pero el vestido era floreado y no combinaba mucho con los modelos que traía las demás jóvenes, todas buscaban verse atrevidas y elegantes.
En la entrada ya estaban James y Sirius conversando por los hombres se seguridad, parecía que todos los viernes venían pues cuando nos acercamos nos dejaron pasar sin ningún problema. Iba del brazo de Alex y rápidamente encontramos una mesa donde cabríamos todos, donde comenzaron a pedir sus bebidas.
-¿Alex, que me recomiendas?- le pregunté.
No sabía nada sobre bebidas y aunque tomaba pocas veces, jamás me había alcoholizado.
-Te traeré uno que te va a encantar- me dijo con una sonrisa- es un especial, sólo para chicas guapas- me guiñó un ojo antes de ponerse de pie para ir por las bebidas.
Me sentía algo incomoda que me mirara de aquella forma, pero no me desagrada, al contrario, parecía ser un buen chico y si era amigo de todos, quería decir que había pasado la prueba.
La discoteca estaba hasta el gorro, sólo quince minutos después que nos reunimos con Peter y Lauren, empezó a entrar mucha gente y a la orilla del bar era un hervidero, todos estaban con los billetes en alto gritando lo que querían. Aunque había tres camareros que servía a toda velocidad no era suficiente. El "especial" que me trajo Alex estaba muy bueno, casi no tenía sabor a alcohol y tenía un suave sabor a dulce, azúcar con limón o algo así. Lauren y Jake se pararon a bailar, mientras que Remus y Clarisse estaban juntos en un rincón comiéndose a besos. James, Sirius y Peter habían desaparecido por lo que estaba sola con Alex.
-¿Te gustó?- me preguntó cuando me terminé el vaso.
Reí tontamente y asentí con la cabeza.
-Tráeme otro, por favor- pedí buscando con la mirada a James.
Hizo un gesto que traduje como disgusto y señaló con la cabeza el bar que seguía hasta el gorro.
-Tal vez más al rato, ¿quieres bailar?- preguntó poniéndose de pie y extendiéndome una mano.
Sin pensarlo mucho la tome y dejé que me guiara hasta la pista de baile, estaba tan llena que era imposible no tener el codo de alguna persona enterrado en tu costilla. Traté de seguir el ritmo de la música y tan sólo una canción después ignoraba a las personas sudorosas de mi alrededor y me concentraba en seguir el ritmo de Alex. Era muy buen bailarín, debía admitir. Poco a poco se iba juntado más gente por lo que estábamos más apretados, tenía el pecho de Alex en mi espalda y con cada movimiento sentía el roce de su pelvis, provocándome aún más calor y sólo podía tener en mi mente los ojos avellana de mi hermanastro.
Me deshice del agarre de sus manos en mi cintura que cada vez me pegaban más a su cuerpo. Y caminé en dirección al bar, él me siguió entre empujones.
-¿Qué sucede?- me dijo con una sonrisa cuando me alcanzó.
-Tengo demasiado calor, necesito una bebida.
Tenía el cabello empapado en sudor y sentía todo mi cuerpo envuelto en pequeñas perlas.
-Ahora te la traigo- me dijo.
Me quedé parada observando alrededor, todavía sentía la erección de Alex en mi trasero y me pregunté si estaba haciendo lo correcto. Hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y mi cuerpo me pedía a gritos dejar que las cosas pasaran, apenas conocía a Alex y me agradaba, incluso era más guapo que la mayoría pero era el primo de Remus y eso no me hacía sentirme muy insegura al respecto. Había tenido algunos encuentros ocasionales en los años pasados, pero siempre habían sido con alguien a quien no volvería a ver.
No tomé ninguna decisión, dejaría que las cosas pasaran, al parecer Alex estaba más entusiasmado con la idea porque no dejaba de mirarme desde donde se encontraba. Conocía perfectamente esa mirada, esa mirada que tenían los hombres cuando querían llevar a una mujer a la cama, y esta noche yo era la víctima.
Decidí sentarme un rato en la mesa donde todavía estaban Remus y Clarisse besándose. Trataba de acomodarme un poco el cabello cuando a unas cuantas mesas pude identificar a Sirius con una rubia sentada en sus rodillas, no tardé mucho en ver a James a unos pocos metros de allí besándose con una morena en una barra donde no estaban sirviendo bebidas, por lo que estaba bastante solo en esa área. Ella estaba sentada en una silla alta, mientras que James parado frente a ella y enredaba sus piernas alrededor de mi hermanastro.
Sentí algo en el pecho que me iba llenando, al principio era puro coraje, pero después me di cuenta de que era una mezcla de celos e impotencia. Visualicé a Alex acercándose con dos bebidas en las manos y rápidamente me puse de pie para arrastrarlo a la pista de baile. Mientras bailábamos le dábamos sorbos a nuestras bebidas, antes de que me diera cuenta la mía ya se había terminado y Alex iba por más. No sabía el contenido, pero imaginé que tenía diferentes tipos de alcohol pues me estaba pegando demasiado rápido, ya comenzaba a sentirme mareada y la temperatura de mi cuerpo subía.
Cada vez que Alex me dejaba sola, buscaba a James para encontrarlo en diferente lugar con la misma morena. No los veía con claridad por la oscuridad, pero desde el lugar donde me encontrara no apartaba mis ojos por mucho tiempo para que no se me perdieran de vista.
Iba por el cuarto vaso cuando Remus y Clarisse se nos acercaron, nos salimos un poco de la pista para poder hablar mejor. Ambos tenían los labios hinchados y Clarisse lucía más despeinada que nunca.
-Ya nos vamos- dijo Remus en voz alta, aunque apenas alcanzábamos a escucharlo- buscaremos un lugar más solo, ¿nos acompañan?
Sabía a qué se referían, estaban buscando un lugar donde poder tener intimidad y parecía que sabían que su primo tenía la misma intención, pero antes de que Alex dijera algo yo negué con la cabeza.
-Nos vemos pronto- les dije. Despedí a cada uno con un beso y arrastré a Alex a la pista de baile.
Mientras la música taladraba mis oídos y el efecto del alcohol recorría mi cuerpo me di cuenta que cada movimiento Alex aprovechaba para restregarme su erección por donde pudiera, a veces en mi muslo, otras en mi trasero. Sabía que quería estar conmigo pero cuando fuimos por el quinto vaso o creo que se era el número, me hizo ir al área de salas lounge donde nos sentamos muy cerca uno del otro.
Cuando menos me di cuenta sus labios acariciaban los míos y su mano estaba en mi cintura, con cada beso su mano iba descendiendo hacia mi trasero, sabía que nadie nos miraba todos estaban demasiados ocupados en lo que hacían y además estaba muy oscuro. Me arrepentí no haber tomando la oferta de Remus, ni Alex ni yo teníamos auto como para irnos a un lugar más privado, y ninguno de los dos estaba en sus cabales como para pensar que debíamos irnos de ese lugar.
La mano de Alex ya estaba dentro de mi falda y me hacia pequeños círculos con la yema de los dedos en las nalgas y los muslos desnudos. Sin mucho apuro llegó a la parte interna de los muslos y mi cuerpo ya vibraba y pedía ser tomada en ese momento, tenía los pechos tan hinchados que el brassiere me lastimaba, pero no podía apartar mi boca de sus suaves labios.
-Vamos a otro lugar- me dijo entre suspiros.
Abrí los ojos y miré sus ojos verdes desorbitados. Pero no sólo vi eso, sino detrás de él visualicé a James parado con cara de pocos amigos.
-Es momento que nos vayamos, Lily- me dijo con una voz tan dura como una piedra.
-No me quiero ir- contradije e intenté volver a besar a Alex, pero mi hermanastro se dio la vuelta rápidamente y agarró del brazo poniéndome de pie.
-Dije que nos vamos.
No me soltó el brazo y comenzó a jalarme en dirección a nuestra mesa donde vi a Lauren y Jake por primera vez después de varias horas. Yo forcejeaba sin parar, pero eso no hacía que la mano de James me aflojara.
-¿Qué ocurre?- preguntó Lauren asustada mirándome.
-Bebió demasiado- respondió James- la llevaré a casa.
-¡No bebí demasiado!- grité- me quieres llevar a casa para que no me acueste con Alex.
Lauren permaneció callada y bajó la mirada, James tenía sus ojos clavados en mi rostro a pesar de que yo buscaba con desesperación a Alex.
-¡Suéltame!- volví a gritar.
-Es mejor que te la lleves, James, no está en sus cabales- dijo Lauren.
No esperó nada más, solamente tomó mi bolso y comenzó a jalarme a la salida. Ya afuera me di cuenta que estaba comenzando a llover, por lo que James me jaló con más fuerza para hacerme entrar rápidamente a la camioneta. Ya adentro me invadió el aroma de él, mis fosas nasales estaban invadidas por el delicioso aroma, me recargué en el asiento y a mi mente llegó un flash back. Estaba yo recostada en la cama de James con la cabeza en su pecho, teníamos solamente 15 años pero las manos de él recorrían mi espalda desnuda y yo cerraba los ojos para disfrutar de las caricias. "Te amo, Lily".
Cuando abrí los ojos un James de veintitrés años estaba entrando por la puerta del conductor por el cabello muy mojado por la lluvia.
-¿Por qué me alejaste de Alex?- le pregunté, aunque ya no estaba histérica no quería admitir que el alcohol dominaba mis movimientos.
-Ya te lo dije, estás ebria- repitió aunque sin mirarme.
-No es cierto- contradije- no es por eso, no soy tonta, James. Desde que llegué no has hecho otra cosa mas que evitarme, aún no entiendo porqué, lo nuestro sucedió hace mucho. Ya deberíamos haberlo olvidado.
James permaneció callado, mirando las gotas de lluvia resbalar por el cristal.
-Pero yo no lo he olvidado- susurré, me incliné para sujetarle el rostro y me mirara a los ojos- ¿tú tampoco lo has hecho, verdad?
Sujetó mi mano, quitándola de su rostro y me miró duramente.
-Yo te olvidé hace mucho tiempo.
-No es cierto- dije con los ojos llenos de lágrimas- sé que no querías que tuviera sexo con Alex, por eso me quitaste de allí , si me hubieras olvidado, no tendrías porque molestarte-agregué limpiando mi lagrimas y embozando una sonrisa- después de todo, tú y yo no somos nada, hace tiempo que no tienes ningún privilegio sobre mí.
-No necesito ningún privilegio, simplemente harás lo que yo diga- explicó con voz tranquila, ahora su mirada era de burla.
-Está haciendo mucho calor- dije simplemente y comencé a quitarme las botas, James me observaba aunque sin decir nada- debería quitarme la ropa, pero podrías abusar de mí- reí de mi propio chiste y él simplemente volteó para otro lado.
No entendía porque no ponía el auto en marcha, aunque en ese momento no estaba realmente preocupada por si el carro se movía o no.
-No soy de tu propiedad, James, tú decidiste renunciar a mí- dije- lo que me convierte en una mujer libre de acostarse con quien quiera. Aunque hayas sido el primero no quiere decir que serás el último, ¿cierto?
Subí los pies en el asiento y no me molesté por cubrirme las piernas con la falda, simplemente la tela cayó en su lugar, James me miraba aunque no movía ni un solo musculo, solamente se mordía un labio.
-Tengo que admitir que estás muy guapo y que me muero de ganas de tenerte entre las piernas, pero eso es algo que nunca te diría- agregué y con una risita dejé caer uno de los tirantes de mi vestido- tal vez deberíamos desnudarnos y hacer mañana como si nada hubiera pasado, ¿qué dices?
James estaba sudando y hasta ese momento no me había dado cuenta del vuelto que se había formado entre sus piernas.
-Ves lo que te digo-dije- tú lo quieres tanto como yo. Debería darte una ayudadita.
Con una mano comencé a bajarme el cierre del vestido aunque torpemente, James sujetó mi mano haciendo que parara.
-No me hagas rogarte, James- le dije suavemente mientras me acercaba a su oído- sabes que debemos estar juntos.
Pasé la yema de mis dedos desde su cuello recorriendo su brazo hasta llegar al muslo, allí comencé a besarlo en el cuello mientras con mis dedos iba desabrochando su pantalón.
-Lily… basta- dijo al fin- para que no respondo.
-Por favor, James- decía contra su cuello.
Dejé de besarlo para mirarlo, estaba poniendo especial atención en lo que hacían mis torpes manos para tratar de abrir su pantalón. Cuando al fin pude bajar el cierre con una mano me detuvo aprisionando mis dedos.
-Detente- me dijo- estás jugando con fuego y entiendo que estás ebria, pero soy un hombre y después podrías arrepentirte.
Me alejé un poco de él y traté nuevamente de quitarme el vestido, pero estaba tan mareada que me tambalee antes de bajarlo sólo un poco.
-Hazlo tú mismo- le dije por fin cuando no pude completar mi tarea.
James trató de ignorarme y encendió el auto.
-¿Te acuerdas de este lunar?- pregunté señalando uno que estaba en medio de mis pechos, justo en el nacimiento, era el lugar hasta donde había logrado bajarme el vestido.
-Me acuerdo- respondió mirándome de reojo.
-¿Verdad que me crecieron los pechos?- dije tocándome los pechos con ambas manos.
Él no dijo nada, así que tomé las manos de él y las coloqué ahí donde anteriormente estuvieras las mías; mantuvo las manos allí por unos segundos, sentía la suavidad de sus dedos sobre el encaje del sostén y quise que por fin me lo quitara poder sentir el fuego de su piel.
-Definitivamente- respondió, me quitó de un empujón y sin hacer caso a mis reclamos puso el motor en marcha.
Antes de llegar a casa me había quedado dormida recargada en el asiento, recuerdo los forcejeos de James para ponerme correctamente la ropa, y como me había bajado del auto en sus brazos.
Al día siguiente desperté con la misma ropa de la noche anterior, sabía que debía ser cerca de mediodía y me dolía horrible la cabeza. La resaca era lo peor y por lo visto había tomado mucho anoche; recordaba escenas borrosas, forcé mi mente lo más que pude para recordar un poco más, pero cuando recordé a James tocando mis pechos casi me fui hasta atrás. Recordaba perfectamente lo que había pasado pero no por eso me sentía mejor, yo nunca había sido ni tampoco me había humillado tanto por conseguir una noche de sexo.
Anduve hasta la habitación de mi hermanastro que permanecía con la puerta abierta, estaba sentado en el escritorio con algunas carpetas en las manos, parecían expedientes. Me miró y con ojos divertidos me dijo que pasara.
-¿Qué se te ofrece?
-¡Abusaste de mí anoche!- lo acusé con un dedo.
James comenzó a reír.
-Nadie abusó de ti, tú solita de entregaste primero con Alex para que te manoseara y luego ante mí- sonrió- por lo menos yo tengo la decencia para no tomar a una mujer ebria.
-Pero no tuviste la decencia para nada más- hubiera gritado pero no sabía si nuestros padres estaban en casa- no debiste permitir que me quitara la ropa.
-¿Y que querías que hiciera? ¡Por favor! No soy tan tonto como para cerrar los ojos cuando una mujer se desnuda ante mí- rió- ebria o no.
Estaba tan furiosa que junto al dolor de cabeza quería matar a alguien, debió haber sido la sal, estaba segura, si yo hubiera aventado sal por mi hombro seguramente la noche anterior no hubiera hecho tantas estupideces. Me di la vuelta y escuché que me decía antes de salir de la habitación.
-Bonitas bragas.
Cerré la puerta con fuerza y odié que James supiera que lo deseaba, dicen que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad, pues ésta ebria definitivamente la había dicho. Por eso no me gusta tomar, porque sabía que cometía estupideces y a pesar de todo James no es tan tonto, no me dejó que lo tocara para no perder el autocontrol y por supuesto no me había besado, eso era lo que más me intrigaba, ni un solo beso. Incluso con el largo de Alex me había dado unos cuantos besos… un momento ¡Alex! ¡Dios mío! Soy una golfa, primero casi me dejo seducir por él, y después yo traté de hacer lo mismo pero con James, obviamente no me salió tan bien como mi mente ebria lo planeó.
Pero no, era obvio que no me podía relacionar sentimental, ni sexualmente con James porque era un peligro, ese hombre era mi debilidad y a pesar de que han pasado ocho años aún recuerdo cada instante, todo está grabado en mi memoria táctil, cualquier roce hace saltar chispas y mi cuerpo pedía a gritos la compañía de James. Cada vez que lo veía pasar y me ignoraba o cada vez que simplemente sabía que en cualquier momento lo iba a ver.
El próximo lunes que regresé a la oficina, estaba tratando de olvidarme de lo que había pasado el viernes, pero eso me hacía sentir culpable y humillada. Me la pasé trabajando en todo lo que Crouch me pidiera, evitaba la línea de James, dejaba que cualquier secretaria tomara la llamada excepto yo, hacía como que estaba demasiado ocupada corrigiendo unos expedientes.
La voz de Amelia ya me tenía harta y que Brenda se paseara por todo el piso con su microfalda me hacía ponerme de más mal humor. Quería golpear a alguien, pero me consolaba con un pequeño juguete de hule que le había robado a Mike para calmar mis nervios, lo aplastaba cada vez con más fuerza para controlarme. Traté de continuar con mi trabajo aprovechando que la mitad del personal tomaban su hora de almuerzo, Brenda se fue, el señor Crouch también e incluso Amelia dijo que tenía cosas que hacer. Las secretarias de James jamás se pasaban la hora del almuerzo por lo que también se retiraron de la oficina, dejándome como la única secretaria disponible de James.
Todo estaba tranquilo, sólo había recibido un par de llamadas para el señor Crouch que desvíe diciendo que había salido a almorzar. Tecleaba tranquilamente cuando se abrió el ascensor, de él descendió una joven con un traje muy elegante compuesto de falda y chaleco, la cara cuidadosamente pintada y un pequeño bolso en sus glaciales manos.
-Buenas tagdes- dijo con voz aterciopelada y con un ligero acento francés.
-Buenas tardes, ¿qué se le ofrece?- respondí con una pequeña sonrisa, muy forzada era terriblemente difícil no sentirse desplazada por una aristócrata de asombrosa belleza.
-Vengo pog James Potter, ¿quisiegas comunicagle que estoy aquí?
Me acerqué el auricular al oído para marcar a la línea de James, y entonces me pregunté quién sería esa joven, además de que era lo que buscaba con mi hermanastro.
-¿cuál es su nombre?- pregunté.
-Caroline Chassier.
En un segundo James respondió.
-¿si?
-Lo busca Caroline Chassier- dije tratando de pronunciar bien el nombre, de la boca de aquello joven se escuchaba de lo más elegante pero con mi nulo acento francés se escuchaba de lo más vulgar.
-Ahora salgo- y colgó inmediatamente.
-Dice que en un momento viene, si gusta esperarlo sentada en aquellos sillones- dije señalando una pequeña sala de espera.
-Estoy bien, gracias.
Comenzó a caminar lentamente observando los cuadros que adornaban la estancia y no pude dejar de admirar lo hermosa que era, tenía un piel como la porcelana y el atuendo de oficina negro hecho a la medida se le veía espectacular, el cabello estaba peinado con suaves ondas y tenía pintada su pequeña boca de carmín, jamás había visto una boca tan pequeña con unos labios como de corazón.
Traté de encontrar algún defecto en su apariencia, pero lo único que parecía no cuadrar era que tenía una nariz respingona nada apropiada para su delgado rostro. ¿pero qué estoy diciendo? Sí se veía espectacular.
Cuando la puerta de James se abrió, lo descubrí caminando demasiado rápido para llegar a Caroline, la levantó en sus brazos y entré risas se dieron un beso.
-Te extrañé mucho, mi amor- le dijo James antes de abrazarla por la cintura.
¿Escuché bien? ¿Mi amor? ¿Cómo que mi amor?
Hola!
Me da mucho gusto haber recibido tantos reviews apesar de sólo haber subido cuatro capítulos. Apartir de hoy creo que tardaré más en actualizar, ya que me mantengo muy ocupada y el siguiente capítulo aún no lo he terminado. Además quería señalar algunos puntos, para los que no entendieron el porqué del título del anterior capítulo; obviamente, quería confundirlos un poco, dando a entender que eran celos de James a Lily, pero me gustaría que me dijeran quienes se dieron cuenta desde la primera vez que lo leyeron que los celos de James eran a su pequeña hermana. Por favor, dejenme todos sus comentarios por review, por supuesto, siempre los leo aunque no contesto a todos.
Hasta la próxima!
