Capítulo 6: ¡Adiós, soltería!

Las semanas pasaron rápidamente, cada vez se acercaba más el día de la despedida de soltero de Remus y cada vez James ejercía más presión en mí para que todo estuviera listo. No quería ni una sola falla en el itinerario que habíamos armado juntos. Para mi pesar, tendría que ir a la fiesta y supervisar que todo estuviera saliendo a la perfección, mientras James disfrutaba de la fiesta. Por supuesto, era parte de mi trabajo, pero eso me molestaba bastante pues tenía planes con las chicas esa misma noche, harían pijamada en el departamento de Clarisse y tendría que llegar tarde.

Caroline se pasaba diariamente por el despacho, aunque no siempre que llegaba estaba James siempre pasaba a saludar a Charlus, obviamente queriendo anotar puntos con él, aunque en mi humilde opinión no los necesitaba, mi padrastro la tenía en un altar y estaba seguro que no quería otra mujer como nuera. Aun no la conozco muy bien, pero tengo entendido que su familia está bien colocada, sino ¿de qué manera podría comprarse esos modelos de marca y esa bolsa Chanel por la cual la envidio?

Ese viernes por la noche sería la despedida de Remus, así que como era costumbre tenía hasta el cuello de trabajo, tenía que revisar algunos expedientes de Crouch, y otros tantos de James. Al parecer hacia muy bien mi trabajo, pues los expedientes eran trabajo de las primeras secretarias sin embargo tanto el señor Crouch como James preferían dármelos a mí. Además estaba buscando por Internet un servicio de desnudistas que se vistieran como vaqueras, pues las que ya estaban contratadas habían cancelado a último momento, y James no quería marineras ni bomberas, él quería vaqueras.

Decidí que los expedientes podría revisarlos el fin de semana, me los llevaría a casa y el lunes estarían listos sobre mi escritorio, pero debía salir antes, habían encontrado un lugar donde podías contratar bailarinas de cualquier especie pero debía ir cuanto antes pues cerrarían en lugar. Metí los expedientes en una carpeta y me encontraba recogiendo mis cosas cuando el ascensor se abrió. Me extrañó, era hora de la comida y era raro cuando se aparecían clientes en ese horario.

Era Caroline. Fabuloso.

-James no está, Caroline- dije sin molestarme en saludarla- salió a comer.

-No vengo con él- respondió con una sonrisa en sus labios color carmín- en gealidad tengo un asunto con el señog Crouch, ¿podrías decirle que estoy aquí?

¿Con Crouch? En el tiempo que tengo trabajando aquí, Caroline nunca había venido con Crouch. Me extrañó, era extraño que Caroline viniera a la hora de la comida, y más extraño era que viniera a ver a Crouch cuando normalmente él siempre sale a comer, y extrañamente en esta ocasión se había quedado justo cuando tendría visitas. Cuando no hay nadie en el despacho, mas que Charlus que siempre se queda y una secretaria que siempre se queda a ayudarlo en lo que necesite, y por supuesto, yo, que no siempre estoy aquí, pero ahora lo estoy, y seguramente Caroline no contaba con eso.

Levanté el auricular y llamé a la línea de Crouch.

-Señor, viene a verlo Caroline Chassier- dije rápidamente.

-Pásala, por favor.

-Dice el señor Crouch que pases- le dije al colgar la línea. Me sonrió y después de lanzarme un beso caminó hacia la puerta contoneando las caderas. ¿Y ésta que trama?

No sé, ni me importa. Tengo un sinfín de cosas que hacer y me estoy preocupando por sabrá Dios que necesitará esta francesa de un abogado, cuando su propio novio lo es. Ni hablar, esta chica trama algo.

Aunque me moría de ganas de quedarme y descubrir cuanto tiempo tardaría en salir, tuve que irme. Tomé un taxi y le di la dirección a un hombre calvo. Tardó cerca de media hora en llegar, nunca había ido a esa parte de la ciudad pero asustaba, el lugar estaba desierto y dudaba encontrar un taxi de regreso.

-¿Podría esperarme?- le dije al señor. Él asintió sin voltearme a ver y toqué una puerta de color rojo de un edificio que necesitaba una remodelación.

No esperé ni un minuto cuando la puerta se abrió. Era un hombre alto y fornido que tenía muchos tatuajes, parecía que acababa de salir de la cárcel, y debía admitirlo, me asustó. Estar en ese barrio desconocido para mí, y tocar la puerta de ese edificio que sólo tenía el número sin ningún letrero, me hizo preguntarme si lo que estaba haciendo era legal.

-¿Aquí podría contratar bailarinas…?- empecé a preguntar, pero el hombre me tapó la boca con una de sus grandes manos y de un jalón me hizo entrar al edificio.

El corazón me palpitaba a mil por hora, y creí que iba a ser violada. Pero después de cerrar la puerta me soltó dejándome en libertad.

-No se puede hablar de esas cosas en la calle, cualquier podría escuchar y…- empezó a decirme el hombre.

-¿Sabe qué? Está bien- lo interrumpí nerviosa- creo que me equivoqué de lugar, pero muchas gracias por recibirme.

Antes de que dijera algo, abrí la puerta y salí. Casi se me cae el alma a los pies, cuando me di cuenta que el taxi se había ido. ¿Qué demonios? ¿no le dije que esperara? ¡Ni siquiera le había pagado! Maldito sea, de seguro se había asustado y ahora yo estoy varada en medio de la nada, en un lugar donde me podrían secuestrar, violar, venderme y hacer una trata de blancas conmigo. Tenía que buscar un taxi, no podría ser que no pasara ninguno por este barrio. Por suerte había bajado todas mis cosas del taxi, si se hubiera llegado los expedientes, me hubiera declarado muerta, costaban una fortuna esos papeles y sobre todo las firmas, sería volver a comenzar el proceso legal.

Caminé cerca de media hora preguntándome en que momento podría encontrar un taxi, ya ni siquiera recordaba en donde estaba, tal vez he estado dando vueltas en círculos y ni siquiera lo he notado. Maldita sea, necesito que alguien venga por mí. Saqué mi móvil, y marqué el número de Charlus que era mi primera opción, sabía que él no se negaría a venir por mí, pero oh destino, me mandó directamente al buzón. ¿Cuál era mi segunda opción? ¿Llamar a Mamá? Por supuesto que no, me mataría, se preocuparía y además ni siquiera encontraría el lugar. Tal vez lo mejor es llamar a James.

Lo pensé un minuto más, pero al darme cuenta que no faltaba mucho para que anocheciera, decidí que no había otra opción. Timbró dos veces y luego escuché la voz de mi hermanastro.

-¿James? ¿Dónde estás?- pregunté agitada.

-En el despacho, ¿dónde estás tú?- preguntó enojado- Amelia me dijo que cuando llegó ya no estabas aquí.

-Vine a contratar a tus bailarinas, pero creo que me metí en un barrio donde no debía, y el taxi se me fue. Estoy perdida y no sé cómo salir de aquí- dije con la voz quebrada.

-¿Cómo se llama ahí?- me preguntó tranquilamente.

-Creo que le dicen el Chop.

-Maldita sea, Lily. Voy a ir a buscarte, no te muevas de ahí- antes de que yo pudiera agregar algo colgó.

Perfecto, ahora no me podía mover de ahí, y ya me dolían los pies por estar caminando con tacones altos. Maldita sea el día que decidí comprar esos zapatos color piel, solamente porque se los habían visto a Caroline y quería estar a la altura, eran tan incómodos. Me senté en un escalón que estaba bajo una puerta y esperé, estaba segura que James me encontraría. Esperé por lo menos veinte minutos, ya me estaba desesperando, comenzaba a oscurecer y a lo lejos había visto a tres hombres, me asustaba que en cualquier momento podrían voltear y verme, ahí, sola y desamparada, sin nada con que defenderme.

Miré las luces de un carro acercándose e identifiqué de lejos de la camioneta de James. Me puse de pie y se detuvo frente a mí. Cuando me subí al auto, me sentí aliviada, me puse el cinturón y voltee a ver a mi hermanastro. Traía cara de pocos amigos.

-¿Qué te sucede?- le dije.

-¿Cómo se te ocurre venir a esta zona? –me gritó- ¿Qué no sabes que todo lo que está aquí es ilícito? Es la zona más peligrosa de Londres. Corriste con demasiada suerte.

-No lo sabía- respondí sin atreverme a levantar la voz, James estaba hecho una furia- sólo iba a contratar a las bailarinas que querías.

-Con las que ya están es suficiente- me dijo poniendo el motor en marcha- de haber sabido que vendrías aquí, nunca te hubiera exigido a las vaqueras.

No me atreví a decir nada más, sabía que la había cagado. Todavía estaba demasiado asustada como para ponerme a discutir con James, sólo estaba haciendo mi trabajo, no tenía idea de que eso fuera tan peligroso. Gracias a Dios no había pasado nada, y James había llegado a tiempo.

Cuando llegamos a casa, solamente teníamos una hora para estar listos e irnos al bar donde sería la reunión. Me bañé y alisté rápidamente, así como preparé mi maleta para la pijamada de mujeres que había organizado Clarisse, sabía que sería igual que la de los hombres pero yo no podría llegar hasta eso de medianoche.

-James, estoy lista- toqué la puerta de su habitación.

Ya eran las ocho y se suponía que debíamos estar ya en el bar.

-Ya voy- respondió.

Bajé las escaleras y me encontré con Mike viendo la televisión, me senté a su lado y me ignoró por completo. Era como cuando veían un partido de futbol, no, era peor, Mike no ponía nada de atención a nada más que no fuera la televisión, sabía que Emily estaba arriba y ella cuidaría del pequeño hasta que Mamá llegara, pero aún así me daba pendiente que se quedaran solos.

Me aseguré de que la puerta del patio y las ventanas estuvieran bien cerradas, cuando aseguraba la de la cocina, James bajó las escaleras, lo primero que me llegó fue el dulce aroma que desprendía su cuerpo, tal vez se habían echado un poco más de la colonia que necesitaba, pero eso lo hacía oler riquísimo.

-Vamos- me dijo.

Me despedí de Mike con un beso y salí detrás de James, cerrando con seguro la puerta. Entonces sí lo pude observar, llevaba un pantalón negro con una camisa abotonada también negra, su cuerpo se veía más estilizado y su porte aún más elegante, iba un poco despeinado pero eso lo hacía ver aún más atractivo. Tragué saliva nerviosa y me subí al auto sin decir nada.

Durante todo el trayecto iba tragándome su dulce colonia, ninguno de los dos habló, traté de no mirarlo, concentrando mi atención en el camino. Pero sabía que James estaba atento de mis movimientos, me había puesto un vestido corto, ajustado pero elegante, solamente para no desencajar para la ocasión, sin embargo, James parecía demasiado preocupado por el corto de la falda.

El bar estaba localizado en la zona famosa de Londres, la zona glamorosa, donde estaba lleno de bares, antros y hoteles de lujo. El bar estaba dentro de un hotel, era pequeño, pero la recepción estaba destinada para cien hombres. No sé, ni tengo la menor idea de dónde había salido tanto varón, jamás pensé que se llenaría pero por el contrario cuando entramos estaba a reventar. Todos saludamos a James y me di cuenta que habían respetado la decoración que había sugerido, todo estaba a media luz, con reflectores de colores, música muy fuerte y mucho mucho alcohol. James había elegido ese lugar pues tenía un pequeño escenario donde él planeaba se harían los shows de las damas.

Mi trabajo era que toda la presentación saliera a la perfección, la idea era que el show empezara a las 10, pero ya estaban casi todos los invitados presentes así que me trasladé detrás del escenario para acelerar las cosas. Ya estaban todas las bailarinas, así que me concentré en dirigir.

Me asomé para ver cómo estaban las cosas, la mesa principal que era la que estaba justo enfrente del escenario, estaba ocupada por Remus en el puro centro, a su lado James, Peter, Sirius, Alex y otros individuos que no conocía, me sorprendió ver a Frank entre la masa, creí que nunca lo volvería a ver, pero según recordaba el siempre fue muy buen amigo de los chicos, así que era obvio que se encontraría en ese lugar festejando la soltería de Remus. Todos estaban muertos de risa, tomando shots de no sé qué cosa, mientras se los daba un mesera muy atrevida que también James habían insistido en contratar.

Hice una seña a James preguntándole si ya comenzaba, él asintió con la cabeza así que grité detrás del escenario que todos a sus puestos. Rápidamente salió una muchacha vestida solamente con una tanga y un brassiere, ella sería la maestra de ceremonias, así que traía un micrófono y empezó a hablar. Todo era para incitar a los hombres a portarse como nunca lo habían hecho, mientras bailarinas salían al escenario. Hubo shows, concursos, y el esperado baile al novio. Donde subieron a Remus al escenario, lo sentaron en una silla mientras las bailarinas le bailaban atrevidamente, todos los hombres rugían desde abajo.

Todo terminó a las once, después de eso las bailarinas andarían conviviendo con los muchachos hasta que terminara la fiesta, así que mi trabajo había terminado, podía irme de una vez a la pijamada que me esperaba. Me acerqué a la mesa principal, Sirius tenía a una bailarina sentada en las piernas, yo creo que tratando de seducirla, Remus reían sin parar con Peter, bastante ebrios los dos. Por alguna razón, Alex no estaba y lo agradecí, no me había topado con él desde al día que fuimos a Galaxy, y me moría de pena por lo que había pasado.

-James, ¿ya puedo irme?- le pregunté hablando lo más fuerte que pude.

Él estaba hablando con otra persona, sólo volteó a verme y asintió con la cabeza. Tenía la vista perdida, se notaba que ya tenía varios tragos encima.

-Necesito mi bolsa de tu carro- le grité en esta ocasión.

No dijo nada, solamente se puso de pie ignorando al joven con el que hablaba y se dirigió a la salida.

-¡Lily, no le digas nada a Clarisse de lo que pasó hoy!- me gritó Remus de repente. Le guiñé un ojo y salí detrás de James.

Mi hermanastro iba a paso lento, de repente se iba de lado por la borrachera, nada grave, así que me limité a seguirlo. Llegando al estacionamiento, abrió el carro y permaneció parado a un lado de la puerta, mientras yo me inclinaba a sacar mis cosas. Por alguna razón, la bolsa se había abierto y se habían tirado mis cosméticos, así que tuve que dedicarme a recogerlos y fijarme si no había nada debajo del asiento. Cuando de repente sentí una mano en mi trasero. Me enderecé rápidamente y voltee para encontrarme con los ojos perdidos de James.

-¿Qué te sucede?- le dije casi enojada.

-Tienes un lindo trasero- me dijo mordiéndose los labios, esos labios tan rojos.

Estaba más despeinado que de costumbre, y con la camisa hecha giras. Mucho más atractivo que nunca, mirándome fijamente a los ojos.

-James… por favor, estás ebrio y yo…- comencé a decirle, pero él cada vez se encontraba más cerca de mí y me costaba articular palabras.

-Sólo dame un beso- me dijo- quiero saber a que saben después de tanto tiempo.

-Solamente haces esto porque estas tomado, si estuvieras en tus cinco sentidos no…

-Lo haría de todas formas- contradijo- y no estoy tan tomado.

Aunque hablaba claramente, sabía que tenía unas copas de más encima y por eso hablaba tan libremente del tema, sabía que hacia unas semanas me había intentado besar, pero no lo había hecho después de eso a pesar de que en numerosas ocasiones habíamos estados solos. En realidad, James y yo casi no hablamos de nada, más que del trabajo, aún no me siento cómoda para disfrutar de su compañía y con la incomodidad habitual y sus palabras en este momento, se estaban convirtiendo en unos de los momentos más extraños desde que había regresado a Londres.

Y no, no es que no lo quisiera besar, todo lo contrario, me moría por pegar mis labios a los suyos, pero no sabría si me podría controlar después de eso. Lo deseo tanto, que sé que esto no terminaría en un simple beso.

-Tomaré un taxi, James, nos vemos en casa- le dije cerrando la puerta del carro.

-Muévete un centímetro más y no respondo- me amenazó el cínico.

-¿Qué diablos te pasa, James? ¿Crees que puedes venir así nada más y amenazarme y decirme que…?

Ni siquiera pude terminar, antes de que pudiera decir cualquier cosa, me dio un beso, un pequeño beso en la punta de los labios, suficiente para callarme y poner mi corazón a palpitar al mil por hora.

-No hables, no digas nada más- me dijo suavemente, me estaba tomando el rostro y yo lo miraba a sólo unos centímetros de mí- sólo abre tu boca y déjame entrar.

No lo quería obedecer, por supuesto que no, no eran mis planes, pero sus palabras tan duras y precisas, me dejaron con la boca abierta, situación que él aprovechó para pegar por completo sus labios a los míos. Ni me quejé, recibí esa lengua tan conocida con gusto. Acarició mis labios lentamente con la punta de la lengua y dando pequeñas pero placenteras mordidas. Estaba lista para profundizar más el beso cuando escuché el claxon de un carro. Me asustó, lo admito, ocasionando que me alejara rápidamente de él, me daba pavor que alguien nos viera.

-James… yo… yo no sé cómo… este…- comencé a decir, mientras recogía por segundo vez, las cosas que se habían salido de mi bolsa.

-No digas nada- respondió. Ni siquiera me volteó a ver, solamente regresó camino a la recepción del hotel. ¿Qué diablos pasa con James? No lo comprendo. Nunca lo he comprendido, y ebrio menos. Aunque es la primera vez que lo veo tan borracho. Viéndole el lado bueno, lo besé y probablemente el día de mañana ni lo recuerde. ¿Todos ganamos, no?

El departamento de Clarisse estaba a unos diez minutos de ahí en taxi, gracias a Dios, todavía había medios de transporte, quiero decir, existe el subterráneo, pero hace tantos años que no me subo y ni siquiera sé la ruta para llegar a casa de Clarisse. Sin mucha demora llegué antes de las 12. Estaban en el piso número 3, así que subí rápidamente las escaleras y toqué la primera puerta que vi, por el otro lado, se escuchaba música, no muy fuerte y gritos de doncellas.

Clarisse abrió la puerta.

-¡Lily! –me abrazó- viniste. Pensé que no ibas a llegar a tiempo.

-La fiesta de los chicos se retrasó- mentí.

-Espero que mi Remi, se esté portando bien- sonrió la castaña dejándome pasar.

-Sí- volví a mentir- muy bien.

El departamento era pequeño, pero las chicas habían acondicionado el lugar para hacer una pijamada, habían pegado todos los muebles a las paredes y habían puesto tendidos por toda la sala. Había cinco chicas, solamente pude reconocer a Lauren que se había parado rápidamente para saludarme.

-Lily, déjame presentarte- me dijo llevándome rápidamente a donde las chicas estaban sentadas con un juego de barajas en las manos- ella es Lois, mi prima y dama de honor, la que organizó esto- era joven se veía mayor que nosotras de cabello muy rubio- Jessica y Anne, mis compañeras del trabajo,- se parecían, podría jurar que eran hermanas tenían el mismo tipo de cara y nariz- y Cloe, una amiga de la Universidad.

Pensé en la fiesta de los chicos y esta no era nada a comparación de ella, pero obviamente no iba a decir nada. Obviando el porcentaje de invitados, nosotras éramos siete mientras que los chicos cerca de cien.

-Ahora que llegó Lily, ¿qué les parece si empezamos con la manicura?- sonrió Lois.

Me puse mi pijama, y nos sentamos en el suelo sobre las sabanas mientras nos arreglábamos las uñas entre nosotras, con música de fondo, me costaba admitirlo que aunque no se parecía para nada en la despedida de Remus, era agradable estar allí.

-Entonces, ¿Clarisse que tal lo hace Remus?- preguntó Lauren con una sonrisa mientras me arreglaba las uñas.

Todas reimos y Clarisse se tapó la cara con las manos avergonzada.

-Muy bien, de hecho. Es un Dios para el arte del…

-¡No queremos saber eso, linda!- la interrumpió Cloe.

-¡Ustedes preguntaron!

-Pero no queríamos saber tan específicamente, cielo- le respondió nuevamente Cloe.

No podía aguantar la risa, la cara de Clarisse era todo un poema.

-A ver, no le han preguntado nada a la recién llegada- dijo Lauren, parando mi risa por completo.

-¿Q-qué? ¿Se están haciendo preguntas una a una?- pregunté.

-Claro que sí, cielo, ¿sino cuál sería el chiste?- sonrió Cloe.

-Está bien, ¿qué quieren saber?- pregunté no muy convencida.

Todas se quedaron calladas unos minutos pensando que preguntarme, eso me agradó, no había algo en lo que se empeñara una en saber. Solamente serían preguntas al azar.

-¿Con quién ha sido la relación más prohibida o excitante que has tenido?- me preguntó Jessica.

¡Diablos!

-¿Relación te refieres a noviazgo? ¿Faje? ¿Relaciones sexuales…?

-¡Relaciones sexuales, por supuesto! – contestó rápidamente Jessie.

Voltee a ver a Lauren, esperando que me dijera algo con la mirada, ella y Clarisse eran las únicas que sabían que había tenido relaciones sexuales con James, y por supuesto, no habían nadie con quien hubiera sido más prohibido que con él.

-Me acosté con mi hermanastro- solté rápido y sencillo, sin levantar la mirada, no me importaba lo que dijeran las cuatro chicas que acaba de conocer, pero me daba pena confesarlo.

-Lily…- dijo suavemente Cloe- ¿es enserio?

Asentí con la cabeza.

-¿Cuándo?

-Cuando tenía 15 años mamá se volvió a casar con otro hombre, él tenía un hijo de mi misma edad y las cosas simplemente se dieron- resumí todavía sin levantar la vista.

-No puedo creer que te hayas acostado con James Potter- dijo una de las chicas, rápidamente levanté la vista, ella era Anne, la que no había hablado desde que llegué. ¿Cómo diablos sabía que yo estaba hablando de James?

-Lo siento- dijo Clarisse- le dije que esperábamos a la hermanastra de James.

-Todas conocemos a James- dijo Cloe- es tan atractivo- sonrió soñadora.

-Sabemos que es el padrino de Remus- agregó Anne.

-Ni se hagan iluciones, chicas- les dije- tiene novia.

-¿Te refieres a esa francesita?- preguntó Lauren- James ni siquiera durará con ella un par de meses más.

-¿a qué te refieres?- le pregunté- él me lo dijo, que Caroline era muy importante para él.

-Así es, pero está empeñada en llevarlo hasta el altar desde que terminamos la escuela- agregó- sin embargo, James ni siquiera lo tiene como opción.

-Sabía algo de eso- dije.

-Sí, Lily, pero todos sabemos que a ella sólo le interesa el matrimonio- empezó a decir Clarisse- pero ahora que James empezará a vivir solo, es más fácil que ella lo enrede convenciéndolo de vivir juntos.

-No sé porque- dije con cierto rencor- no me da buena espina.

-A nadie le da- aseguró Lauren- a nadie le cae bien. Bueno- sonrió- a Sirius le cae bien, pero solamente porque es atractiva.

Y maldita sea, vaya que es atractiva. Odio no poder competir con ella, desde que la había conocido mi autoestima había bajado considerablemente. He tratado de desplazarla innumerables veces, pero sus atuendos de marca nunca podrían compararse con los míos. Sin embargo, no creo que la ropa que use sea la que le atrae a James, más que nada debe ser su físico y su forma tan cariñosa de tratarlo, quizá hasta la manera en que tienen sexo. ¿Por qué, maldita sea? ¿Por qué tendría que volverme a enamorar de mi hermanastro? Ya habían pasado ocho años, y me sentía todavía como una colegiala que se derretía cada vez que lo miraba aproximarse.

Después de ese beso que me había dejado con las rodillas temblando, sería aún más difícil que yo me olvidara de él. Solamente con el hecho de recordar lo que había pasado en el estacionamiento me trasladaba a otra dimensión donde viviría eternamente con sus labios sobre los míos.

-Lily- me llamó Lauren- ¿en qué estás pensando?

-En el beso de hace rato- suspiré sin pensar.

-¡¿Qué?- exclamó Clarisse- ¡¿Qué te besaste con James? ¿Quieres que las cosas se repitan?

¿Realmente quería que las cosas se repitieran?


¡Hola, Chicos!

Siento la tardanza, sé que me pasé, cuatro meses sin actualizar el fic. No tengo justificación, sólo espero que no se hayan olvidado del fic y aún lo continúen leyendo. La buena noticia es que ya estoy de vacaciones y por eso me dio tiempo de escribir el nuevo capítulo. Estoy aprovechando las horas de descanso y aburrimiento para escribir el mayor número de capítulos posible, casi termino el siguiente, así que entre más rápido haya respuesta de mis lectores (LÉASE REVIEW) es más probable que suba el siguiente capítulo antes que acaben las vacaciones.

Un beso a todos, mil disculpas, S.