Capítulo 12: Búmeran

Han pasado dos semanas desde que Minnie conoció a mi familia, desde entonces cada día después del gimnasio va a casa a convivir algunas horas conmigo, a veces simplemente solo nos quedamos platicando y en otras ocasiones, Mamá la invita a cenar situaciones que ella aprovecha. Desde aquel día Shane no se ha parado en nuestra casa, ni para pedir perdón, ni para buscar a Emily y lo agradezco porque ella está tan enamorada, que a pesar de que diga que no, sé que volvería con él si Shane se lo propusiera. Todos estamos de acuerdo en que no es una buena influencia para ella, en especial que James que gracias a Dios ya se había ido esa noche antes de la pelea, porque sino Shane no hubiera vivido para contarlo.

Desde entonces, he estado saliendo con Jude que me parece un ser tan hermoso cada vez que lo conozco. En nuestra primera cita, efectivamente como dijo me llevó a un café donde pasamos largas horas conversando sobre lo que hacíamos con nuestra vida, nuestras ideas y sueños. Contamos un poco de nuestra familia, Jude en realidad no dijo mucho sobre ella a excepción que tenía a ambos padres y era hijo único, por el contrario en este tema me explayé, realmente era un tema del cual yo sabía mucho y tenía números experiencias, anécdotas y la mayoría de ellas muy divertidas. Le conté el gran amor que sentía por mis hermanos, que a Charlus lo miraba como si realmente fuera mi padre, y esa gran comunicación que mantengo con mi madre.

-Hubiera querido tener una familia como la tuya- dijo cuando terminé un relato.

Al escuchar eso me sentí aún más orgullosa de lo que estaba de mi familia, realmente era una familia genial, tan genial como una familia que se formó desde el inicio no pudo llegar a hacerlo, solamente dos familias uniéndose podrían llegar a eso.

En nuestra segunda cita que fue exactamente al día siguiente, Jude me llevó a un cine antiguo, donde se presentaría una película de los años 30 en blanco y negro, una historia de amor que realmente me robó el corazón. En esa ocasión Jude aprovechó para pasar su brazo con mi hombro, yo lo noté inmediatamente, pero no me molestó al contrario me acomodé más en sus brazos recargando mi cabeza en su hombro. Lo escuché suspirar aliviado, era obvio que estuviera un poco nervioso al hacer eso, pero me sorprendió de un joven de esa edad y con esa experiencia, quiero decir, un adolescente inexperto podría comportarse de esa manera, pero ¿Jude?

-¿Qué te pareció?- me dijo al final todavía con una bolsa llena de palomitas en maíz.

-Me encantó- sonreí- nunca había visto una película de ese calibre, ni tampoco había ido a ese teatro.

-Conozco muchos lugares de ese estilo-dijo- mira con quién hablas, soy músico, conozco del medio artístico.

-Sí, lo sé- sonreí, mientras comenzábamos a caminar por el puente del rio Támesis.

-Lilian…- susurró.

Yo iba por delante algunos pasos pero cuando escuché mi nombre me giré mirándolo directamente a los ojos.

-Sé que no es normal que una persona de mi edad se comporte de esta manera…- comenzó a decir- pero en verdad, me gustas mucho y me pones nervioso de una manera que nadie lo había logrado. Me siento como un novato cuando estoy contigo.

Tenía la mirada clavada en mí, atravesándome con esos ojos castaños, estaba sólo a unos centímetros de mí y tan guapo como no lo había visto nunca. Poco a poco miré su rostro más cerca del mío, cerré los ojos lentamente y cuando los cerré por completo, sentí una cálida boca pegada a la mía, dándome besos suaves solamente en los labios. Sentí sus manos sujetarse de mi cintura, pegándome más a él y obligándome a ponerme de puntitas aún con los zapatos de tacón alto que llevaba.

Cuando llegué a casa, lo primero que hice fue llamar a Minnie y contarle todo lo que había pasado en nuestra segunda cita, y además del hecho de que me había besado, me había pedido que fuéramos novios, respuesta que todavía me había ahorrado, pues no estaba cien por ciento segura de que no fuera a lastimar a Jude. Era una magnifica persona, que merecía estar con alguien que le correspondiera, y que quizá no sería yo.

Eso había ocurrido el primer fin de semana después de haber quedado en el gimnasio, y la siguiente semana nos seguíamos viendo durante, hablábamos solamente lo necesario ya que nunca había pasado tanto tiempo con él en el gimnasio, más que nada me la pasaba con Minnie y de esa manera aún no le había contestado si quería ser su novia. En realidad yo también lo había evitado un poco, porque aún no había tomado una decisión certera y no quería cagarla con un chico que realmente valía la pena.

Era viernes y al día siguiente saldría con Jude, en esa cita iba responderle si quería ser su novia, y no quería que por nada del mundo se acabara el viernes, me moría porque las cosas fueran diferentes, porque el cielo se cayera o algo sobrenatural pasara para que yo no tuviera que responde a Jude. Sin embargo, sabía que nada pasaría.

Ya había pasado la hora del almuerzo y yo me la había saltado pues tenía la intensión de regresar rápido a casa para poder poner las cosas en claro, pensaba hacer una lista de los pros y los contra de tener una relación con Jude a pesar de que lo conocía tan poco, ok, ya hay un contra, un contra es que no lo conozco lo suficiente. Y un pro es que sería muy interesante conocerlo.

-Lily- se me acercó Amelia, sacándome por completo de mis pensamientos- ¿no vas a tomar el almuerzo, verdad?

Negué con la cabeza y a continuación me lanzó una gran agenda sobre mi escritorio.

-Yo lo tomaré, sé que es algo tarde pero me muero de hambre, no me podía ir porque Crouch hizo citas para esta hora-me dijo y de repente puso una carita de gato con botas de Shrek- ¿podrías hacerte cargo?

-No te preocupes- le dije abriendo la agenda- tú ve a comer y yo me encargo, de cualquier forma aquí hay otra secretaria atendiendo a James.

Me lanzó una enorme sonrisa y con pequeños brincos de niña tomó su bolso y salió feliz por el elevador. Yo suspiré, Amelia no era de mi total agrado, pero era la que mejor me caía o me podría caer de todo el personal del despacho, además que era la que más se acercaba a mi edad. Pero hablaba hasta por los codos, y eso era algo que me ponía de nervios, yo no soy muy habladora y de muchas palabras, lo que ocasiona que nuestras personalidades choquen. Ni hablar.

En realidad no había mucho que hacer, los viernes era uno de los días que había menos trabajo, no había muchas citas y por lo regular salíamos antes del horario, pero cuando abrí la agenda de Crouch me di cuenta que ni Amelia ni Brenda podrían irse temprano, yo en cambio me aprovecharé de no haber tomado el almuerzo. Comencé a leer la agenda, cuando me di cuenta que en un pequeño rincón, con apenas una cita de quince minutos leí el nombre de Caroline Chassier. Demonios, ¿así que no piensa parar? Y además tiene el descaro de hacer una cita para que haya evidencias de las cosas que hace, maldita perra.

Estaba tan concentrada maldiciendo y pensando en los métodos de tortura más efectivos para el caso de Caroline, que no me di cuenta que el teléfono estaba sonando hasta la puerta del elevador se abrió. Rápidamente me abalancé sobre el teléfono y a la velocidad de la luz levanté el auricular sin mirar de qué línea se trataba.

-¿Diga?- respondí, y entonces miré la lucecita que estaba encendida, dándome cuenta que se trataba de la línea directa de James. Maldita sean mis descuidos.

-Lily- me llamó suavemente, con un tono muy diferente al que usa cuando me ocupa- Necesito que entres a mi oficina.

-Digame que se le ofrece- respondí con el mismo tono que utilizo con los clientes, mirando a la secretaria de James con atención para asegurarme de que no viera la luz y descubriera que línea era.

-Por favor, Lily- continuó- no puedes seguir evitándome, tenemos que hablar.

-Lo siento- dije- no está disponible. Si gusta dejarle un recado.

-¡Lily! Deja de hacerte la tonta, ven a mi oficina ahora mismo-

A estas alturas James ya estaba usando un tono más agresivo conmigo, estaba decidido si no iba yo a mi propio pie, él me llevaría a la fuerza. Sin embargo, no le había salido, pues cada día me hacía una llamada por lo menos para que entrara a su oficina, y por supuesto, en ninguna había dado mi brazo a torcer. Tenía ya bastante tiempo evitándolo, sabía que en algún momento se acabarían las excusas, pero más vale tarde, ¿verdad?

-De acuerdo, yo le paso su recado- dije y colgué el auricular en su aparato y continué escribiendo en la computadora como si nada hubiera pasado.

Casi escuchaba los gruñidos de James desde dentro de la oficina y los golpes que le estaría dando al escritorio. En ese momento llegó la cita de Crouch, que me di la tarea de hacerla pasar y como no había nada que hacer, saqué de mi bolso una pequeña lima de uñas para darle forma, ya casi me quitaba las zapatillas para descansar, cuando escuché una de las puertas de los abogados abrirse. Esas puertas eran inconfundibles, era grandes y de madera, pesadas, que hacían un ruido que nos hacía a todas las secretarias sentarnos correctamente y esconder cualquier distracción a la vista. Puse mis manos bajo el escritorio y me senté derecha, alegrándome de no haberme deshecho de los zapatos.

Entonces unas manos se colocaron en mi escritorio. Unas manos grandes y masculinas que yo conocía muy bien.

-¿Puedes pasar a mi oficina, Evans?- me preguntó James, fuerte y claro para que todos los que ya habían llegado, excepto Amelia lo escucharan.

-Por supuesto- dije poniéndome de pie.

Dejé la lima en un cajón, y sacando una pequeña libreta y un bolígrafo, lo seguí hasta el interior de su oficina con el corazón palpitándome al mil por hora. El día de hoy había elegido para verse excepcionalmente atractivo, llevaba una camisa blanca con los dos primeros botones abiertos enseñando su exquisito pecho y mostrando una cadena de oro fina que combina con el tono de su piel. Además de unos pantalones negros con unas finísimas líneas grises que lo hacían ver aún más nalgón de lo que estaba y que me daban ganas de darle unas palmaditas cuando lo seguía, y para no terminar peor, se había cortado el cabello un día antes mostrando su cara aún más blanca y más limpia, con un nuevo corte favorecedor con su personalidad, desde que llegué a Londres había dejado que su cabello creciera pero lucía sin forma y esponjado hasta este día que luce degrafilado y se lo había echado de lado luciendo más masculino, más rebelde, más parecido al corte que utilizaba en la secundaria y con ese aire felino que me ponía las piernas a temblar.

Sólo entrar me senté en la silla frente a su escritorio, pues sentía las piernas como gelatina y temía en cualquier momento caer al suelo. Además la presión hacía que mi pecho lo sintiera apretado y tenía una ligera sensación que mi corazón había aumentado de tamaño, pues sus palpitaciones parecían que en cualquier momento me iban a romper las costillas.

James dio unos cuantos pasos a mi alrededor, tal vez pensando que decir, yo trataba de mantener la vista fija en un lugar, no seguirlo con la mirada aunque esa fuera una tarea casi imposible, con el espécimen tan atractivo que justo frente mío. Cuando por fin lo que hizo fue sentarse en la silla a mi lado, y tomó mis manos en las que yo sujetaba fuertemente la pequeña libreta y el bolígrafo.

-Lily… por favor- dijo suavemente- mírame.

Yo giré bruscamente la cabeza mirándolo, incluso mi cabello chicoteó mi cara por el repentino movimiento.

-Sé que buscas una explicación de lo que pasó después de la boda de Remus y por qué me comporté así, pero la verdad es que…- comenzó a decir, pero yo lo interrumpí levantando la mano para que se callara y me puse de pie.

-No me digas nada, James- dije decidida- sea lo que sea que tengas que decirme, guárdatelo, no sirve de nada que gastes tus palabras en mí. La decisión ya está tomada.

Se puso rápidamente de pie alcanzándome y tomándome de los hombros.

-¿Cómo puedes tomar una decisión sin haber escuchado antes lo que te tengo que decir?- dijo muy cerca de mi rostro, yo no dije nada, solamente lo miraba a los ojos tratando de poner una expresión indiferente a pesar de que sentía mi cuerpo vibrar por la presencia tan cercana de mi hermanastro- Me muero por ti, Lily, ¿cómo no podrías haberte dado cuenta? Lo único que he hecho es tratar de alejarme de ti, pero no puedo, cada día siento más que debo estar contigo.

-¡Pues yo no!- dije alzando la voz y librándome del agarre de James- No quiero nada contigo, me provoca nauseas tu presencia.

Me miró con la duda tatuada en esos ojos color chocolate que tanto me encantaban.

-Estás mintiendo- dijo simplemente.

-¿Qué?- me moje los labios con la lengua percibiéndolo de nuevo tan cerca de mí.

-Me has evitado por casi un mes- comenzó a decir suavemente mientras se acercaba sin que yo pudiera hacer nada por detenerlo- cuando evitas a alguien no es porque no quieras escuchar lo que te dice, sino porque tú no quieres decirle lo que piensas. Te da miedo que tu inconsciente de traicione, Lily, porque yo sé que deseas tanto estar conmigo como yo lo deseo.

-N-no es cierto- dije con apenas un hilo de voz.

-¿Entonces por qué no te has alejado de mí?-dijo apenas en un susurro, hasta entonces no me había dado cuenta que sus manos no me estaban tocando, no me acorralaban, ni siquiera tenía algo solido cerca de mí, pero yo no me había movido un centímetro de la cercanía de James, él estaba apenas a un milímetro de mi rostro y yo no podía reaccionar, no podía empujarlo como la vez anterior y decirle que me deje ir, porque no quiero, no quiero que me deje ir.

Sus manos me tomaron de la cintura sujetándome fuertemente a la cercanía de él, yo coloqué mis manos en su pecho aún con la libreta y el bolígrafo en las manos, no sabía si era para alejarlo de mí o para atraerlo más, pero yo puse mis manos ahí sin estar realmente consciente de lo que hacía. Lo que siguió fue que sentí su aliento sobre mis labios, aspiré fuerte llenando mis fosas nasales de su delicioso aroma y sin darme cuenta, me humedecí los labios. Noté que una de las comisuras de sus labios se estiró un poco, sólo un poco tratando de embozar una sonrisa pero tenía su vista tan fija en mí que ni eso pude concluir.

-Si no quieres que lo haga…- lo escuché decir con voz muy suave. Tragó saliva y se mordió el labio inferior fuerte, al momento de soltarlo este se volvió más rojo y se hinchó un poquito, hecho que me volvió loca- sólo aléjate de mí…-susurró con sus labios sobre los míos.

Me dio un pequeño beso en el labio superior y sentí sus manos sujetarme con más decisión. Levanté la vista para encontrarme con aquellos ojos chocolatosos, tenían una mirada dulce que solamente miraban mis ojos verdes que seguramente chispeaban de felicidad, miré sus ojos más claros que nunca y me perdí en esas abundantes pestañas que me hacían querer saltar sobre ellas. Pensé que había parpadeado, pero por el contrario sus ojos no se abrieron y sentí su boca succionar la mía dispuesto a comerme a besos.

Me di por vencida. Cerré mis ojos rápidamente y separé mis labios para profundizar más el beso. James suspiró y me masticó el labio superior mientras yo daba pequeños besitos en el inferior suyo que era un poco más grueso y mi favorito para besar. Sentí su aliento, su lengua y su saliva tan cálida, una calidez que me volvía loca y me hacían no querer separarme nunca de él, permanecer así infinitamente. Succionando, comiendo, besando, masticando aquella boca que tanto me encantaba y aún conseguía hacerme olvidar todo, soltar lo que tuviera en manos y sujetarlo del cuello para hacerlo bajar unos centímetros.

Me dolió el cuello, me dolió la espalda, me dolieron los pies de estar de puntitas, pero no me importaba lo único que quería era seguir besando a James. Ni siquiera me importó que el dolor de espalda estuviera intensificado en él por estar agachado, sólo caí en cuenta cuando me sujetó más fuerte de la cintura levantándome unos centímetros del piso. Justo como salía hacerlo cuando éramos adolescentes, pero estaba vez me llevó hasta su escritorio depositándome con cuidado. Me senté y aún un poco consiente crucé mis piernas permitiéndole pararse a mi lado. Me tomó de la nuca delicadamente dándome pequeños besos en las mejillas para después bajar a mi barbilla rozando mis labios, inconscientemente eché mis cabeza para atrás, dándole acceso a mi cuello que besó lentamente ocasionando que mi piel se pusiera como de gallina.

Me dio un último beso en la mejilla y alejó su rostro del mío, yo abrí los ojos instantáneamente encontrándome con esos ojos que estaban adornados por unos hermosos brillantitos. Sentí sus manos bajar de mi cuello a mi espalda lentamente, siguiendo un camino por mi cadera hasta la parte trasera de mis rodillas, sentí su mano justo ahí y como tiraba lentamente sin apartar sus ojos de los míos. No puse resistencia y dejé que abriera mis piernas para colocarse justo en medio, sintiendo más la cercanía uno del otro. Nuevamente me besó, esta vez con más intensidad a la que yo de repente me quedé corta, lo escuchaba suspirar y sus manos de repente me apretaban más a él.

-Lily…- suspiró entre besos- te deseo tanto…

Quise gritarle que yo también, que sentía que me moriría sino estaba conmigo en un segundo más. Pero las palabras no salían de mi garganta y morían justo ahí, en mi interior antes de que yo lo hiciera sabedor de todos los sentimientos y sensaciones que provocaba en mí.

Sentía sus manos recorrer mis piernas desnudas hasta el borde de la falda, se detenía ahí como si estuviera pidiendo permiso, con una mano sujetó mi tobillo llevándolo a la parte trasera de sus piernas y con la otra recorría mi espalda provocándome ciertos escalofríos, justo ahí sólo bajó las caricias un poco sujetando mi trasero, lo escuché ronronear e inmediatamente la segunda mano llegó a ese mismo lugar.

-Vamos a mi departamento, Lily- me dijo al oído con voz grave.

Cuando escuché departamento rápidamente se formó en mi mente aquel lugar donde nadie nos molestaría y podríamos hacer lo que quisiéramos sin que nadie nos interrumpiera, sin el miedo de que alguien llegara o entrara. Recordé la hermosa sala con vista a Londres, la cocina color metal y el pasillo al lado de la puerta, donde justamente me había besado con James hacía tan sólo un mes, y entonces recordé todo, el hecho de que había salido huyendo, como había tratado de estar lo más lejos de él para evitar dañar a nuestros padres, y lo más importante… que James iba a ser padre.

Me separé lentamente de él y miré su rostro, levente ruborizado y con pequeñas gotas de sudor apenas formándose en el nacimiento del cabello.

-No puedo- le dije simplemente, y con mis manos lo alejé de mí lo suficiente para poder bajar de su escritorio.

-¿Por qué no puedes?- me interceptó cuando yo me dirigía al lugar donde había dejado caer la libreta y el bolígrafo.

-Somos hermanastros, James- le dije empujándolo un poco para que me dejara pasar.

-Podemos arreglarlo-me dijo aún interponiéndose en mi camino.

-¡Vas a ser padre, James!- exclamé de repente haciéndolo callar, se quedó como piedra delante de mí y sentí mis ojos aguarse, quise detenerlas lo más que pude- No puedo hacer nada, vas a tener un hijo con Caroline y es tu deber estar ahí con ella.

-Lily, por favor…- me dijo suavemente queriéndome tomar del brazo.

-Déjame ir- dije sacándole la vuelta, recogí mis cosas y salí de la oficina lo más rápido que pude.

No escuché los pasos detrás de mí, gracias a Dios, y me importaba poco lo que las demás secretarías pensaran de mi o cualquier persona que en ese momento estuviera pasando, yo salí de la oficina con paso firme, la cabeza gacha y recogí mi bolsa sin mirar atrás. Cuando estaba dentro del elevador y este cerraba sus puertas, vi la puerta de James abrirse y quedárseme viendo sin poder hacer nada por detenerme. Cuando llegué al primer piso, corrí por si pensaba seguirme por las escaleras y subí al primer taxi que vi diciéndome que me llevara a casa.

Sabía que de ahí no podría seguirme, tenía personas que atender, y tenía ciertas citas que no podría cancelar, así que yo estaba segura de que no me seguiría hasta la casa de nuestros padres, ya en la noche yo no estaba segura de nada. Pero necesitaba refugiarme en algún lugar, alejarme de todo y tratar de no pensar en James lo cual se me hacía más imposible. Dejé caer unas pocas lágrimas cuando estaba sentada en el asiento trasero del taxi, el taxista se me quedó viendo por el espejo retrovisor.

-¿Se encuentra bien?- me preguntó delicadamente.

Levanté la mirada y me encontré con unos ojos azules con unas pocas arrugas alrededor, un señor con mirada paternal. Me sorbí la nariz para contestar.

-Sí, estoy bien- respondí simplemente y a pesar de que aún solté pocas lágrimas el resto del camino el hombre ya no me dirigió la palabra hasta llegar a casa.

Le pagué y entré a casa. Debían ser cerca de las tres de la tarde, sin querer me había salido un poco antes de mi hora de salida para no creo que hubiera problema alguno, y si lo habría, no me interesa, es lo último por lo que estoy preocupada. La casa aún estaba vacía, sabía que Emily no tardaría mucho en llegar del colegio y Mamá con Mike, así que rápidamente me refugié en mi habitación.

Sabía que no era la mejor opción, huir de los problemas no era la solución pero, ¿qué más podía hacer? Me dolía mucho cada vez que rechazaba a James sobre todo después que decía querer estar conmigo, sólo por unos momentos me dejaba llevar y me deleitaba con la singularidad de su compañía, pero siempre terminaba arrepintiéndome por haberme dejado llevar. James insistía tanto últimamente que cada vez me hacía más dudar, incluso por las noches llegaba a pensar en la remota posibilidad de que nuestra familia aceptara lo nuestro, pero recordar a Caroline, su pareja, con la que estaba esperando un hijo me hacía declinar la idea.

La sola idea de pensar en un futuro con James, me hacía perderme largos minutos imaginando una vida a su lado, viendo costos de casas para vivir juntos, eligiendo muebles e incluso eligiendo el color del cuarto del bebé. Pero ese bebé lo tendría con Caroline, y no había nada que yo pudiera hacer al respecto. Es cierto, está el hecho de que sé que esa loca trae algo con Crouch pero quién me asegura que sea algo que afecte a James, quizá solamente le es infiel y punto, quizá James ya está enterado de su infidelidad o quizá hayan llegado a un acuerdo en el que ambos pueden estar con quien quieran, qué sé yo.

Más entrada la tarde, yo me encontraba con ropa cómoda revisando unos correos en mi computadora, el escritorio de James me había servido de mucho para realizar trabajos en casa y me resultaba muy cómodo estar frente a la computadora perdiendo el tiempo un poco de tiempo. No tenía nada de animos de bajar a ver la televisión o compartir alguna conversación con mi madre, con Emily o jugar un rato con Mike, en realidad no tenía ganas de compartir tiempo con nadie, quería estar sola con mi soledad un rato, tratando de poner mi mente en blanco o por lo menos pensar con más claridad las cosas, ahora que no estaba tan dolida como hacía unas horas.

Escuché mucho movimiento en la planta baja y después unos pasos fuertes que subían las escaleras para a continuación azotar una puerta. Debía tratarse de Emily, no había duda, desde que terminaron ella y Shane anda de mal humor casi siempre, está pasando por la etapa de aceptación después de una relación de medio año. Así que salí de mi habitación para saber a que se debía tanto escándalo, la sala estaba sola y en la cocina, muy tarde me di cuenta que James platicaba con Mamá y Charlus.

-¡Lily!- me llamó mi madre con una sonrisa.

Rápidamente lo dos hombres Potter voltearon a verme.

-¿Qué sucede?- pregunté alzando los brazos- escuché a Emily azotar la puerta.

Había bajado en un short cómodo con una blusa de tirantes y calcetas, nunca me había preocupado mucho por mi vestimenta en casa, pero ahora que James venía cuando se le daba la gana no sabía cuando debía ponerme un short más largo. Claro que nunca me preocupó cuando vivía aquí, pero ahora las cosas son diferentes. Sentí su mirada en mis muslos y tuve que tragar saliva nerviosa.

-Está enojada porque no la dejé salir esta noche- me respondió Charlus que tenía cara de malas pulgas.

-¿Y por qué no la dejaste salir?- le pregunté extrañada- casi no sale por las noches.

-Es lo mismo que le dije yo- me apoyó James- ya te dije, Papá, que yo la llevo y la recojo.

-Sí, cariño- apoyó también mi madre- que los chicos se encarguen, no vamos a cancelar nuestra noche por pequeñeces.

Charlus suspiró.

-Es mi niña- susurró apenas, dejado a relucir esa faceta de padre celoso- no quiero que ningún desgraciado como Shane la vuelva a lastimar.

-Querido, es su primer amor- lo consoló mi madre- es normal que sufra, seguramente se va a encontrar con muchos patanes, pero eso es parte de la vida. A veces los jóvenes toman decisiones equivocadas con respecto a sus enamoramientos, pero cuando pasan la adolescencia lo superan. ¿Verdad, chicos?- preguntó mi madre mirándonos a ambos.

Tanto James como yo sentimos la pedrada, ¡qué digo pedrada! ¡Meteorito!, Mamá está tirando una indirecta de la relación que mantuvimos de adolescentes que lamentablemente se enteró. Ambos no volteamos a ver y después asentimos con la cabeza, no creo que alguno pudiera decir algo más, estábamos trabados.

-Si James promete llevarla y recogerla a una hora prudente, no tengo ningún problema- aceptó al fin Charlus- así no cancelaríamos nuestra cena, mi amor- agregó dirigiéndose a Mamá.

-No se preocupen, aquí me quedaré toda la noche esperando a que dé la hora de ir por ella- sonrió James, y me lanzó una mirada que solamente yo pude notar.


¡Es de los capítulos más largos, así que no se pueden quejar!

Hola, chicos. Sé que había estado actualizando cada semana por las vacaciones y la musa que me había visitado. Tengo malas noticias, ya entré a la escuela, lo que reduce mi tiempo para escribir y también reduce mi inspiración. Sé exactamente lo que pasará en el siguiente capítulo, pero falta plasmarlo sí que no sé cuanto tarde en escribirlo. Lo siento, ya los tenía malacostumbrados.

Como siempre, estoy abierta a sugerencias y si quieren contactarse directamente conmigo, visiten mi perfil ahí está la información para localizarme.

Después de esto, ¿me merezco un Review?

Nos leemos