Capítulo 15: Octubre, Parte I

Octubre 27

Me sentía fatal. Lo único que quería era regresar a mi casa y dormir hasta el día siguiente. Sentía que traía un sombrero de mil toneladas aplastando mi cabeza, los oídos me zumbaban como si una mosca volara cerca de mi oído, tenía la nariz congestionada y los ojos llorosos como si acabara de leer el Cuaderno de Noah.

Me tuve que parar de mi nuevo escritorio una vez más para dirigirme al baño, tenía que sonar mi nariz con un pañuelo nuevamente, pero el salón estaba tan abarrotado de gente que sentía pena hacerlo ahí mismo.

-¿Thanya, puedes hacerte cargo un momento?- le dije a la secretaria que estaba más cerca de mí, con esa voz congestionada nada propia de mi persona saludable.

-No te preocupes- me guiñó un ojo antes de contestar el teléfono nuevamente.

¡Dios mío! Gran día para resfriarte, Lily, elegiste el día que teníamos más trabajo y que sabes que no podrás descansar después pues apenas es lunes, te queda todo el resto de la semana para gozar de tu grandioso trabajo. ¡Demonios! Y James estaba teniendo más clientes que nunca, además los tenía que atender con este malestar y sin poder evitar llevarme la mano a la nariz con miedo a que saliera un moco amenazante.

¿Y por qué te resfriaste? A ver, Lily, cuenta esa gran idea que tuviste el fin de semana. No, no, no, después.

Me miré en el espejo, tenía un aspecto horrible. Mis ojos estaban hinchados y cristalinos, pero lo peor era mi nariz, estaba totalmente roja, como Rodolfo el reno, sí, como Rodolfo. Saqué un labial de mi bolsillo y traté de mejorar el aspecto de mi cara con un poco de color en los labios, pero distaba, lo único que podía lograr para mejorar mi cara era cambiarla por otra.

Terminé de limpiarme la nariz y salí andando nuevamente a escritorio haciendo sonar mis tacones, bastante feliz por el nuevo puesto que había obtenido. Así es, como adivinaron, ya no soy la tercer secretaria, he pasado a ser la segunda y por supuesto de James ya que la mujer que estaba embarazada tendría a su hijo en pocos días había tomado incapacidad. De acuerdo, quizá no era un asenso, sólo estaba cubriendo un puesto que había quedado vacío y era elemental en el trabajo de James, pero este apenas era el primer paso, quizá si hacía un buen trabajo podría quedarme con el puesto o uno más alto.

Me senté nuevamente en mi escritorio que estaba justo al lado del de Thanya, el cual estaba al lado de la puerta de la oficina de James. En realidad se podría decir que Thanya era agradable, al ser una mujer madura de unos cuarenta años no le había tomado mucha importancia pero ahora que me está capacitando en el nuevo puesto me he dado cuenta que es bastante simpática y picarona cuando pasa algún hombre maduro. Tengo entendido que es madre soltera y tiene tantos años trabajando aquí como los tenía Charlus.

-Entonces cuando James decidió hacerse cargo del negocio, Charlus decidió que él necesitaba alguien que tuviera la experiencia necesaria para guiarlo en sus proyectos- me había contado esta mañana- por eso estoy en este puesto. La verdad no me molesta en lo absoluto- admitió- me pagan lo mismo y hago menos trabajo. James suele ser desconfiado por lo que muchas cosas prefiere hacerlas él mismo.

Me encontraba tecleando en la computadora un correo, bastante atenta a mi escritura, de hecho y ni siquiera me había percatado que ya se había formado una torre de pañuelos al lado del ratón. James tenía cerca de una hora con un mismo cliente y se acercaba la hora de salir a almorzar. Terminé el correo y estaba tan aburrida, que hasta me puse a quitar los clips del imán para volverlos a poner en su sitio original.

Thanya escribía frenéticamente en unas hojas en blanco y solamente me llamó la atención el tacón de una de las secretarias que estaba en los escritorios unos metros al frente. Amelia tenía la cabeza baja escribiendo en su teléfono móvil, pero Brenda estaba de pie al lado de su escritorio acomodándose la falda. Era una tipa un poco subida de peso pero con curvas muy marcadas, siempre lucía faldas cortísimas, escotes y tacones de dieciséis centímetros. Tampoco nunca le había tomado importancia, al ser la primera secretaria de Crouch no había entablado una gran conversación con ella, pero al estar varios minutos parada primero acomodándose la falda, luego subiéndose el busto y finalmente tomando su bolso, me pregunté qué era lo que esperaba. Finalmente empezó a dar unos pequeños pasos cuando se escuchó por toda la habitación una de las puertas de los abogados abrirse.

Los clips volaron de mis manos por el susto desparramándose en todo el escritorio, pero lo ignoré solamente voltee a ver a Crouch salir de su oficina con el portafolios en mano. Estaba segura dirigía al elevador y sólo unos pasos detrás de él aceleró el paso Brenda, subiéndose juntos y solos. Me quedé con una ceja alzada, realmente era muy sospechoso, si no hubiera visto el comportamiento de Brenda desde que se puso de pie juraría que fue una coincidencia, pero no, no lo fue, todo estaba estratégicamente planeado. Comencé a juntar los clips en un montón preguntándome qué era lo que ignoraba.

-¿Te diste cuenta, verdad?- escuché una voz a mi costado.

-¿Eh?- me extrañé.

-De la salida extraña de Brenda y el señor Crouch- sonrió Thanya. Había dejado de escribir y me miraba con esos ojos tan oscuros suyos.

-Era imposible no darse cuenta cuando no tienes nada que hacer- admití- la verdad si fue bastante extraño. ¿Ellos tienen algo que ver?

-Dicen los rumores que Brenda subió a primera secretaria porque se acuesta con Crouch- me contó- Ella entró aquí hace apenas un año, un poco antes que Amelia, nadie se explica cómo es que subió tan rápido de puesto si no es nada inteligente, solamente en dos meses ya estaba en el mismo puesto que yo. ¿No crees que es algo sospechoso?

-Si me lo dices así, claro que lo es- confesé- pero ¿Crouch no tiene esposa?

-Sí, hasta tiene un hijo, probablemente tenga tu edad.

Eso sí que me ponía a pensar. El hecho de que Brenda compartiera algo con Crouch me intrigaba, no por ellos, realmente no, Brenda tenía toda la finta y Crouch tiene una sonrisa extraña que causa escalofríos. Sino porque eso me hacía recordar cuando unos meses atrás había encontrado a Caroline con Crouch. En realidad, ni lo recordaba, mi mente estaba tan enfrascada en otros temas –James- y en otras personas –James-, que me había olvidado por completo de ese encuentro, el cual nuevamente nace en mí la duda sobre qué era lo que estaba sucediendo ese día. Son amantes, eso es obvio, pero ¿qué más?

Mientras buscaba otro pañuelo en mi bolso, escuché nuevamente que la puerta de unos de los abogados se abría pero no me asusté, realmente era cuestión de acostumbrarse. Miré a James caminar con su cliente, iban terminando su conversación mientras caminaban en dirección hacia el ascensor. Su voz se escuchaba extraña, como si estuviera hablando con un vaso tapando su boca. Entonces cuando se dio la vuelta en dirección de nuevo a su oficina, después de haberse despedido del cliente, me miró y noté su nariz roja, casi tan roja como la mía.

Sonrió de lado y nuevamente se dirigió a su oficina; pero esta vez, no cerró la puerta pues sólo un momento después salió con su portafolio y el abrigo hacia el ascensor. Era horario de almuerzo. Thanya sonrió muy feliz y comenzó a poner sus cosas en orden.

-Es una bendición que James decidiera salir a comer- me dijo- tenemos libres por lo menos dos horas. Apresúrate si quieres alcanzar a comer en tu casa.

-Por supuesto- sonreí feliz, guardando unas carpetas en un cajón- podré descansar un poco de este malestar.

-Aprovecha el tiempo- me sugirió mientras se ponía de pie.

Era una de las ventajas de ser secretaria de James, desventaja y ventaja. Si James no salía a almorzar, nosotras tampoco lo haríamos, se tenía que quedar siempre por lo menos una secretaría, como en números ocasiones me tocó a mí cuando era tercer secretaria. Pero si él salía, todas podíamos irnos y teníamos libres dos horas por lo menos, no los cuarenta minutos que acostumbraba con Crouch.

Tomé mi bolso, y me dirigí al ascensor. Iba sola, me dio tiempo de sonarme la nariz lo más fuerte que pude para respirar libremente por dos segundos antes de que se volviera a congestionar. Odiaba, de verdad odiaba resfriarme, ni siquiera lo entendía, estoy tan acostumbrada al frío de Suiza, y solamente por un pequeño cambio de clima el fin de semana ya me enfermé. Es el colmo.

Cuando salí del edificio, miré a ambos lados antes de cruzar la calle. Caminé dos calles más y ahí, justo donde juró esperarme, ahí estaba, parado con el teléfono móvil en una mano escribiendo un mensaje de texto, recargado al lado de su camioneta, con las piernas cruzadas y esa pose tan masculina y capaz de hacer derretir cada fibra de mi cuerpo.

El sonido de mis zapatos acercándose hizo que subiera la vista, tenía la ceja fruncida pero al verme se suavizó y se acercó a mí para darme un beso en la frente.

-Hola, princesa- me dijo con esa voz tan extraña suya al estar enfermo. Tan enfermo como yo.

-Hola- apenas susurré mordiéndome el labio. Me sentía cohibida y preocupada, de estar ahí, a escondidas, viéndome con mi hermanastro. Pero total y plenamente feliz.

Abrió la puerta del carro y subí con una sonrisa pintada en mis labios. Rápidamente estaba a mi lado y condujo en dirección opuesta a la oficina. Estuvimos callados unos segundos antes de que encendiera el estéreo, rápidamente empezó a sonar una canción conocida.

-I've got sunshine on a cloudy day- cantó James- when it's cold outside I've got the month of May- no podía dejar de verlo, cantar, cantarme a mí porque se tomaba unos segundos para apartar la vista del camino y mirarme. Dedicándome esa canción.- i guess you'd say, what can make me feel this way?- sonrió de una manera hermosa, de esa sonrisa que es tan natural suya.- My girl. Talking about my girl.

No pude evitar reírme, pero no burlándome de esa manera tan horrible que tiene para cantar, sino de felicidad. De esas veces en que es tanta la felicidad acumulada en tu interior que una simple sonrisa no basta para expresar lo que realmente siente, sino que necesitas externarlo con algo más que eso, y ese más era una risa.

Siguió cantando el resto del camino, puros clásicos, realmente canciones un poco viejas pero que nunca pasarían de moda. Me daba mucho gusto oírlo cantar, sabía que James no era mucho de cantar, en realidad ni siquiera le gustaba tanto la música, pero cuando llegaba a cantar era porque en realidad tenía muchas ganas de hacerlo. Aunque eso no tenía mucho que ver con el ritmo que tenía, porque si de algo estaba segura era que James podría no tener mucho talento para la música pero sí que lo tenía para el baile.

Octubre 25

-Simplemente quiero disfrutar de tu compañía- me dijo- si tú me lo permites.

¿Cómo iba a decirle que no? Si con esa mirada me derretía y me ponía de rodillas, no sé si me miraba de esa manera porque sabía que no me podría negar o era pura coincidencia. De cualquier forma no dije que no, en realidad, no dije nada, simplemente me acerqué lentamente a él y lo abracé, lo abracé lo más fuerte que pude y él sabía que era mi respuesta.

Quizá debía pensarlo un poco más, pero no me importó, ¿para qué iba a desperdiciar el tiempo si como yo misma había dicho: él se tendría que ir en cualquier momento, dejándome sola y abandonada? No estaba exactamente en una situación para decidir… bueno en realidad sí, pero estaba tan confundida que no sabía que decir. Por un lado estaba el hecho de que solamente sería por un rato y por el otro estaban las ganas que tenía de estar con él, el tiempo que tuviera que ser. Decidí mejor hacer lo que mi corazón me dictaba en ese momento que era disfrutar con él, por lo menos ese día o el tiempo que fuera posible, después pensaría que hacer cuando el momento se acercara.

Me miró con esos ojos castaños y con una pequeña sonrisa, echó el cabello que me cubría el rostro detrás de mi oreja para besarme esa mejilla. Me abrazó delicadamente cubriendo mis hombros de sus brazos. Antes de que me pudiera recuperar de tan placentera sensación, me tomó de la mano y me guió nuevamente hacia la motocicleta.

Se veía realmente guapo, me hacía sentir mil mariposas en mi estomago, y más aún, se veía tan varonil… tan rebelde, justo el estilo que tenía cuando éramos adolescentes, siempre con una chamarra de cuero y jeans, me remontaba a la época en que andábamos caminando por ahí juntos seguros de que nadie nos vería, por el metro yendo a casa, en los eventos escolares, como todos los adolescentes lo hacían. Pero ahora que teníamos más personas de que ocultarnos andábamos públicamente por las grandes avenidas paseándonos en una motocicleta, yo detrás de él bien sujeta a su cintura y dejando que su aroma llenara mis fosas nasales.

Llegamos a orillas del Río Támesis y James dejó la motocicleta estacionada en la banqueta, estábamos cerca de un embarcadero y rápidamente se quitó el casco.

-¿Vamos a ese bote?- preguntó señalando un bote que se veía en extremo lujoso, pero no estaba sobre el mar, sino era detenido por unos objetos de nombre desconocidos sobre la tierra.

-¿No está prohibido?- pregunté tratando de mirar sus ojos a través de los lentes oscuros.

-Sí. ¿Vamos?

¿Otra vez este James? El obsesionado con las cosas prohibidas. ¿Qué le pasa? Le parece todo tan fácil… como si no supiera que su carrera está en juego, no creo que haya nadie en este planeta que conozca las leyes mejor que los abogados.

-No creo que…

-No seas cobarde, ¿no tienes espíritu de aventura?- su voz y mirada reflejaban completa burla. Noté un destello de diversión, la estaba pasando de lo lindo torturándome.

-De acuerdo- dije al fin.

Me quité el casco y ambos nos bajamos de la motocicleta, James me jaló de la mano mientras corría a toda velocidad hacia unas escaleras rectar para subir al bote.

-Sube rápido- me dijo y yo muy asustada subí los más rápido que pude con James pisándome los talones.

-¿Qué pasa?- dije al fin, cuando ya estaba arriba y él estaba a mi lado.

-Nada, sólo quería que te dieras prisa- sonrió con una mirada burlesca.

Sentí que mi cara se ponía del color de mi cabello y le di una palmada en el brazo de disgusto, pero cuando esto pasó, James me tomó de la cintura y me alzó sobre el suelo dándome una vuelta en el aire sobre su propio eje, para después dejarme caer sobre su pecho. Me sentí literalmente como una muñeca, hacía lo que le daba la gana conmigo y yo sin chistar.

-Ya déjame- le dije molesta- sólo te diviertes de mí.

-Me divierto contigo- sonrió. Estaba tan enojada y esa sonrisa me deslumbró tanto que ahí estaba, otra vez, feliz de estar con él en un bote ilegalmente.- No te preocupes, este bote es de un amigo, no hay ningún problema.

Me guió hasta la proa y ahí nos sentamos, se podía ver el muelle y el sonido de las gaviotas me relajaba. El sol estaba tenue pero me lastimaba la vista a pesar de traer lentes oscuros que decidí dejar de ver el muelle y observar a la persona que estaba frente a mí, la cual no había apartado los ojos ni un segundo de mí.

-Juraba que me rechazarías- dijo simplemente.

-¿Eh?- me extrañé.

-Sabía que con tu criterio y con esa mente tan organizada y correcta que tienes, no vería bien el estar conmigo- de su boca se había desvanecido la sonrisa remplazándose por una mueca.

-¿Qué importa la razón?- me quejé- si utilizar la razón me ha hecho sufrir todos estos años. Por una vez quiero arriesgarme, quiero estar contigo a pesar de todo lo que nos rodea.

-Lily- susurró mi nombre, de esa manera tan delicada y sensual que sólo él sabía- por esta vez, no tendré miedo, no me asustaré de lo que pase, quiero arriesgarme contigo y no saldré huyendo como lo hice la última vez. Hecho del cual me arrepentí todos los días desde que te fuiste, jamás pensé que te alejarías de mi lado. Creí que simplemente estaríamos distantes algún tiempo y poco a poco nos iríamos acostumbrando, pero no, decidiste irte así nada más, por ocho años… ocho años sin saber nada de ti.

-Pudiste buscarme- contraataqué- mi madre iba a visitarme, ella sabía todo de mí. Tú fuiste el que se negó a tener cualquier tipo de contacto conmigo.

-Lo siento…

Noté su voz más grave, como cuando se sentía muy molesto o muy desilusionado, pero esta voz no tenía nada que ver con ninguna de esas dos emociones, era simple y puro arrepentimiento. Su aura había decaído y sentí algo que me presionaba el pecho, me dolía el tema y verlo de esa manera aún más. Así que me arriesgué, una vez más, me acerqué lentamente a él y con un dedo levanté su barbilla.

-No importa más el pasado, lo que importa es el presente y tu presente es que estoy aquí, contigo y no me quiero alejar- le dije y cuando sus labios se comenzaban a estirar en una sonrisa tuve que detenerlos plantándole un beso.

Él se dejó besar, manteniendo la boca ligeramente abierta. Estábamos solos y nadie nos molestaría, no estábamos ilegalmente en ese lugar y era realmente tentador. Sin dejar de acariciar sus labios se acerqué aún más a él sentándome en sus piernas y pasando una de las mía a cada costado de él. James se sobresaltó y lo tomé de la nuca para profundizar aún más el beso. Sentí que con sus manos me quitaba los lentes y sin la interrupción de los dos cristales pude juntar más nuestras caras. Con ambas manos tomé su rostro y lo besé aún más apasionadamente, pegando más mi cuerpo al suyo. Rápidamente sentí algo en su pantalón y antes de que pudiera reaccionar apretó mi trasero correspondiendo al beso. Rápidamente me quedé sin aliento, me costaba respirar y mi cuerpo vibraba pidiendo ser tomado en ese justo momento, pero James quería hacerme sufrir como siempre, acariciaba lentamente mi cuerpo causándome una eterna agonía.

Mis manos se movían desesperadamente por su espalda y mis piernas apretaban sus caderas pidiendo más contacto. Sus labios temblaban con cada beso, confirmándome que él se sentía justo como yo, sediento de pasión. Me tomó de la espalda y sentí como mi cuerpo era depositado con cuidado en la base donde estábamos sentados, él estaba justo encima de mí deteniendo su peso con las rodillas y los brazos.

Me dio un beso rápido, luego lo vi ponerse de pie y desabrochó mi pantalón con una habilidad clásica de James. Me quitó las botas sin siquiera desabrocharlas y en un segundo deslizó mi pantalón por mis piernas llevándose mi ropa interior en el proceso. Listo. Estaba hecho, dos segundos después estaba dentro de mí y veía su rostro ir y venir una y otra vez. Cerré los ojos, quería concentrarme en la sensación que invadía cada una de las células de mi cuerpo, su olor sin sentido alguno era más fuerte e invadía todo mi sistema respiratorio. Sentía todo, era consciente de cada fibra de mi cuerpo en ese comento, sentía un dulce cosquilleo en los dedos en los pies, en las puntas de las manos, los vellos de mi nuca estaban erizados y escuchaba mi corazón palpitar fuertemente en mis oídos, sentía la sangre recorrer todo mi cuerpo concentrándose en un mismo lugar. Un cosquilleo, una sensación, un calambre, dos, tres y luego una explosión en mi interior.

Abrí los ojos lentamente, no me había dado cuenta que mi boca estaba abierta tratando de llevar el mayor oxigeno posible a mi pulmones. Tenía el cuello cubierto de sudor y sentía la garganta seca. Ahora si era consciente de esas sensaciones externas en mi cuerpo, sentí pesadez pero aún así me incliné. James se había dejado caer a mi lado, su respiración aún no se normalizaba y tenía las mejillas cubiertas de un bello rubor.

-Eres tremendo- le dije apenas.

Pude distinguir una sonrisa en su rostro y me tomó del brazo acercándome a él.

-Y tú irresistible.

Nos quedamos acostados unos minutos más, el cielo se pintaba de rojo anunciando el anochecer, pero no nos importó, permanecimos ahí hasta que el cielo estuvo cubierto de estrellas, las cuales se distinguían mucho más que en la ciudad donde las luces no nos permitían apreciar ese espectáculo.

-Debemos irnos-le dije al estar el cielo completamente oscuro, para ese momento hacia tanto frío que me calaban los huesos. Mi ropa no era apropiada para el clima que hacía en el muelle. En la ciudad las personas, autos, ambiente te calientan. Pero estábamos prácticamente a las orillas de la ciudad donde estaba completamente desierto.

-Tienes razón- susurró- hace mucho frío, pero de verdad no me quiero ir.

-Ni yo, pero…-me quedé pensativa- ya encontraremos algo que hacer en la ciudad- le dije animándolo.

-¡Diablos! La ciudad- dijo levantándose y golpeándose la frente con la mano- le dije a Sirius que le hablaría después para ver qué haríamos esta noche. Me va a matar, es la segunda vez que lo dejo plantado en sólo dos días.

Me extrañé.

-¿Y por qué no lo llamas?- pregunté.

-Olvidé mi teléfono en el auto, ¿no tienes tú su número?

Negué con la cabeza. ¿Para qué rayos querría yo el número de Sirius?

Cuando íbamos camino a la ciudad, la carretera era aún más helada que el muelle, ir a una gran velocidad sin nada que nos cubriera del viento no era en verdad nada agradable. Cuando llegamos al centro ya había numerosos carros a nuestro alrededor, pero quizá era el frío de nuestros huesos lo que nos mantenía totalmente callados a ambos, sentía que si abría la boca mis labios se caerían en mil pedacitos. Mis brazos estaban congelados alrededor de la cintura de James, tanto que cuando llegamos a su edificio tuvimos que comenzar a mover lentamente nuestros dedos. De repente, el día de hoy y sin ninguna explicación había comenzado a hacer un frío tremendo, no sólo en el muelle también en la ciudad la gente se veía temblorosa.

Nos bajamos de la motocicleta, y James corrió a su camioneta a sacar el móvil mientras yo lo esperaba junto al ascensor tratando de calentarme un poco. Llegó corriendo a mi lado y me abrazó, sentía su cuerpo tan frío como el mío, pero rápidamente sentí calidez en mi interior que quizá se fue expandiendo por mi cuerpo hasta que llegamos a su departamento. Dentro era cálido y me senté en el sillón mientras James iba con unos cobertores a la habitación.

-No creía que fuera a hacer tanto frío- me dijo cuando entró a la sala de nuevo, dejó caer un cobertor alrededor de mi cuerpo y me dio un beso en la cabeza, para después rodear el sillón y sentarse a mi lado ahora el tapándose con otro cobertor.

-Deberías llamar a Sirius- le dije recargando mi cabeza en su pecho.

James asintió y sacó el móvil de uno de sus bolsillos. Lo desbloqueó y miré en la pantalla que tenía quince llamadas perdidas, lo cual, inmediatamente, se me hizo una exageración por parte de Sirius. Pero cuando James presionó la opción ver, casi se desencaja mi mandíbula al ver que trece de esas llamadas provenían de Caroline y solamente había una de un tal John , mientras que la última era de un número desconocido pues no aparecía el nombre.

-No deja de llamarme- me dijo. No necesitaba que dijera nombre, sabía a quién se refería.

-¿Por qué?- pregunté extrañada.

-Terminamos, Lily.

Sentí algo en mi interior parecido a un encendedor pues creó una calidez tan placentera escuchar esas palabras de su boca.

-No se lo había dicho a nadie- confesó- pero terminé con ella hace unas dos semanas. Acepté hacerme cargo del niño, pero decidí que no quería nada con ella. Eso es algo que Caroline aún no puede comprender.


Hola, chicos!

Lo sé, lo sé, mil años sin actualizar. Pero de verdad, me costó tanto escribir este capítulo como no tienen idea. Primero escribí la segunda parte, pero para darle un poco más de drama e intriga (¿si?) agregué la primera parte en la cual me inspiré de hace unos días que estaba resfriada -.- creo que salió muy bien. Por otra parte, quería comentarles que habrá una segunda parte de este capítulo, ya que no me quedó suficiente espacio para escribir todo lo que sucedió ese fin de semana, por supuesto desde la perspectiva de Lily.

Otra cosa, la canción que canta James: es My girl de The Temptations, seguramente la conocen es muy famosa. Sin nada más que agregar más que espero sus comentarios de cualquier tipo, sugerencias, dudas, criticas, lo que sea en bien recibido. Gracias por la paciencia, chicos. Espero verlos en la próxima.