Capítulo 19: Mientras el mundo se desmorona
Sentía mis labios inflamados de tanto habernos besado, respiraba con dificultad haciendo que mi pecho subiera y bajara con tanta intensidad que sentía mis costillas golpeadas, mi cuerpo temblaba entero de pies a cabeza, sentía que caería de tanto placer si justo no hubiera un par de manos en mi cintura que me mantuvieran de pie. Se aferraba en pegar mi cuerpo más al suyo con fuerza, sentir cada borde de sus músculos y ese bulto justo a la altura de cadera que me hacía delirar de placer.
-James, por favor- suspiré en sus labios.
-¿Por favor qué?- preguntó con una risilla también mientras su aliento recorría toda mi boca.
Gustaba de torturarme, de matarme y volverme a revivir con sus caricias, sus manos brincaron hacia mi trasero para sujetarlo con fuerza por encima de la falda de oficina que traía ese día. Solté un pequeño gemido y sentí sus labios estirarse en una sonrisa. Abrí los ojos para encontrarme con esa mirada oscura llena de lujuria y deseo hacia mí, no apartó su mirada de la mía hasta que sus manos se movieron sin darme cuando hacia mi blusa donde empezó a desabotonar botón a botón. A pesar de haberme visto un millón de veces desnuda, y haber memorizado cada milímetro de mi piel él siempre prefería desvestirme con lentitud, como si fuera la primera vez.
Cuando la blusa fue lanzada al borde de la cama, deliró con la forma de mis pechos debajo del sostén de encaje que había comprado justo para él. Me tomó entre sus brazos y yo enrollé mis piernas alrededor de su cadera para poder mantenerme a su altura y besarlo en los labios. Descendió sus besos por mi cuello y sabiendo que eso me mataba, mi propia espalda de arqueó y deteniéndome con sus brazos para no caer bajó aún más sus besos hasta el borde de mi sostén que estaba sólo a unos pocos milímetros de mi para entonces, inflamado pezón.
-Lily, eres hermosa y me vuelves loco- dijo y después se dejó caer lentamente en la cama encima de mí.
Su cuerpo temblaba, lo sentí vibrar en mis brazos y entonces me di cuenta que ya no soportaría mucho más antes de hacerme suya por milésima vez. Abrí su camisa y acariciando cada músculo perfectamente definido desde el cuello hasta el ombligo me dirigí a abrir su pantalón por una buena vez. Cinturón primero, botón y cierre después su punto de placer. Lo acaricié con mis manos mientras miraba su rostro que formaba una hermosa sonrisa y perversa mordiéndose los labios, sus ojos se mantenían cerrados mientras sus brazos temblaban cada vez más de placer y por sostener todo su peso solamente con las manos sobre la cama.
Restregué mis piernas en las suyas ahora desnudas y soltando su miembro comencé a subirme la falda. James abrió los ojos y me miró mientras seductoramente comenzaba a dejas a la vista cada vez más de mis muslos. No lo soportó más, tomando mis manos subió la falda hasta mi cadera y sin mirar mucho las bragas que hacían juego con el sostén, se deshizo de ellas para después dirigirse a ese punto exacto en mi cuerpo que me hacía sentir mil sensaciones. Con uno de sus dedos tocó ese lugar tan sensible de mi cuerpo que sentí un delicioso escalofrío por todo mi cuerpo, sonrió mirándome a los ojos contento de haberlo encontrado tan fácilmente y sin previo aviso su dedo comenzó a moverse de arriba abajo. Aguanté la respiración tratando de controlar las ganas de correrme ahí mismo, no, no se podía acabar tan rápido, tensé mis piernas.
-Por favor, por favor, James- gemí una vez más.
-¿Por favor, qué?- preguntó nuevamente con una inmensa sonrisa.
-Por favor, hazme tuya.
Sin aflojar su sonrisa, me tomó de las piernas colocándome correctamente al borde de la cama y se dirigió al centro de mi cuerpo. Mi cuerpo abrazó al intruso bien conocido y escuché a mi hermanastro gemir. Se mantuvo un par de segundos detenido y me extrañó, abrí los ojos y encontré su rostro sudoroso mirándome con una sonrisa.
-Lo siento, hoy soy débil- me dijo un poco apenado.
Solté una pequeña risita y cuando estuve a punto de decir que se tomara el tiempo que necesitaba me recibió con una deliciosa embestida internándose más al centro de mi cuerpo. Gemí de la sorpresa y me aferré más a su cuerpo con uñas y dientes, literalmente con uñas clavadas en su espalda debajo de la camisa.
-Me encantas- me susurró al oído para después plantarme un beso en el cuello siguiendo por mi garganta hasta mi clavícula.
Entonces en ese momento fue cuando le comenzó a molestar la presencia del resto de mi ropa que aún permanecía en mi cuerpo. Me desabrochó el sostén y en un segundo estuvo tirado en alguna parte de la habitación. James disfrutaba mis pechos más que cualquier otra parte de mi cuerpo, los tomó en sus manos mientras embestía una y otra vez. Sentía que mi cuerpo iba a partirse por la mitad, con fuerza sujeté las sabanas y solté un gemido tras otro. Mi cuerpo ardía, brotaban pequeñas gotas de sudor de cada poro y comencé a sentir una tensión en mi vientre.
-James, James, ¡James!- grité con una nueva embestida.
-Déjate ir, hermosa- me dijo y esas palabras tan excitantes fueron lo único que necesité.
Una explosión interna me atacó recorriendo desde mi vientre hasta la punta de mis dedos. Sentí mi cuerpo retorcerse en movimientos involuntarios apretando con fuerza lo que tenía en mis manos. Una ola de placer mi invadía y no quería que terminara nunca, pero después llegó la calma y con algunas cosquillas todavía recorriendo mi cuerpo fue turno de James. Una calidez interna me atacó y después su cuerpo ardiendo en mil llamas cayendo sobre mí.
-F-fue perfecto- me dijo cuando su cuerpo aún no respondía como él quisiera.
Yo permanecía recostada en la cama con las piernas colgando por el borde de la cama. Se sentó a mi lado y me observó de pies a cabeza. Tenía que dar gracias a Dios por haberme hecho lampiña, por lo que no había ningún rastro de vello en mi cuerpo, ni tampoco donde James tenía su vista justo debajo de mi falda arrugada y echa bolas en mi cadera.
-Deberíamos intentarlo otra vez- me dijo y yo no pude contener la carcajada.
-Sólo después de descansar un poco- le respondí poniéndome de pie y deslizando la falda por mi cuerpo hasta que llegara a mis pies.
-¿Hasta entonces?- puso cara de niño chiquito con un puchero y no pude evitar darle un beso en los labios.
-Sí- sonreí- córrete para destender la cama- le dije y de mala gana de puso de pie donde yo pude levantar las sabanas.
-Es una pérdida de tiempo- exclamó enojado.
Recordé la noche anterior. No había podido dormir pensando en la posibilidad de estar embarazada, mi periodo se había retrasado otra semana y no quería decirle nada a James hasta estar segura. Las cosas cada vez se complicaban más y no sabía qué hacer. Estaba tan cansada por no dormir nada que no hice mucho caso a los gruñidos de mi hermanastro a mi lado insistiendo en hacerlo de nuevo, incluso lo ignoré cuando me abrazó por la espalda restregándome su erección. Cerré los ojos y me hundí en un profundo sueño.
No sabía cuánto tiempo había dormido, no podían haber sido menos de dos horas pues el cuarto estaba completamente a oscuras anunciando que la noche había llegado. Me restregué los ojos con las manos tratando de aclarar mi visión pero nada, estiré la mano para despertar a James pero no me sorprendió descubrir que las sabanas estaban vacías y aún más, estaban frías lo cual quería decir que se había levantado mucho antes o incluso jamás se quedó conmigo. Jalé la cadena que encendía la lámpara en la mesita de noche y miré la habitación de mi hermanastro.
Aunque había estado ahí un millón de veces, me sorprendía aún el buen gusto que había adquirido con los años, no tenía el mismo estilo que su habitación de adolescente. Los muebles eran de madera oscura con detalles en platino. Todo estaba perfectamente ordenado, a la derecha había un gran cortina con un sillón al lado donde se encontraba mi ropa perfectamente acomodada y alisada, seguramente se había tomado la tarea de plancharla, pero yo no me la quería poner, quería provocar a James para hacerlo una vez más antes de irme como él había insistido. Así que, sintiéndome atrevida tomé la camisa que le había quitado unas horas antes y ya estaba en el cesto de ropa sucia.
Me la puse y me invadió ese perfume a canela tan típico de él. Abroché sólo tres botones y comprobé que me quedaba tan grande, casi a medio muslo tapándome perfectamente bien y las mangas eran tan largas que mis manos se perdían en su interior, me alegró comprobarlo tan masculino. Descalza decidí salir de la habitación, abrí la puerta y ahí en el centro del apartamento estaba James parado, sin camisa y con un pans de pijama solamente deteniéndose por el hueso de la cadera. Parado, tan sexy.
-James- lo llamé.
Volteó a verme y en lugar de encontrarme con la mirada lujuriosa que esperaba, miré en sus ojos el temor. Entonces me di cuenta que alguien más estaba en la habitación, alguien detrás del muro que yo no alcanzaba a ver pero que cuando James volteó y se escuchó mi voz, dio unos pasos al frente saliendo de su escondite y miré a la francesa de cabello negro abrir su boca en una perfecta "O" con sus labios perfectamente delineados en rojo.
-No lo puedo creeg- dijo mirándome de arriba abajo.
Llevaba un vestido blanco con medias negras y con aquella ropa se notaba sus casi cinco meses de embarazo.
-Te acuestas con tu hegmanastra- gritó histérica- ¡Pog eso no quieges estag conmigo! ¡Pgefieges estag con una cualquiega!
Comenzó a dar pasos hacia mí y yo no podía decir nada, estaba todavía en shock sin poder creer lo que estaba pasando.
-Un momento- la calló James- no te permito que te refieras a ella de esa manera. Lo nuestro terminó, Caroline, terminó hace mucho y es mi problema con quien estoy o con quien no. Y no, no quiero estar contigo- habló con voz firme- así que haz del favor de largarte antes de que yo mismo te saque de aquí y créeme que no quiero hacerlo.
Con toda la dignidad y orgullo que tenía se acomodó mejor su bolsa, miró a James y luego a mí e inclinando un poco la cabeza dijo "Buenas noches". Dio media vuelta y salió del departamento antes de que nadie más pudiera contestar. Sentí que las piernas me temblaban y mi cuerpo se debilitaba, sino hubiera sido porque James alcanzó a sujetarme seguramente hubiera caído al suelo.
No lo podía creer, no concebía como alguien ajeno a nuestro círculo de amigos se hubiera enterado de lo que pasaba entre mi hermanastro y yo. Había sido un error, un grave error del cual ahora temía demasiado, no sólo el hecho de que Caroline se hubiera enterado de lo nuestro sino que ahora ambas estábamos esperando un hijo del mismo hombre y lo peor es que de las dos situaciones la mía era la que tenía menos probabilidades de conservar a James. Sentí miedo, mucho miedo de cómo las cosas habían empeorado de una manera tan drástica y no quería decirle nada, no quería que supiera nada de lo que pasaba por mi cabeza o por mi cuerpo.
-Lily, tranquila- me dijo James abrazándome, ambos estábamos sentados en el suelo pero él me sostenía con sus brazos- trata de tranquilizarte, las cosas van a resultar bien ya lo verás.
Respiré hondo ahogándome con mis propias lágrimas y dejando que mi pecho subiera y bajara rápidamente Esa era mi manera de tranquilizarme, dejar que aquello que me apretaba el pecho saliera de una buena vez.
-Amor, tranquila, el mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos- me abrazó aún más fuerte y entonces pude tranquilizarme, comencé a respirar con más normalidad permaneciendo aún en el calor de los brazos de James.
Las manos aún me temblaban cuando buscaba las llaves de casa en mi bolso. Aunque estaba más tranquila estaba hecha un manojo de nervios, James me había llevado a casa y estaba en la calle con la camioneta encendida esperando que yo entrara para partir de inmediato y que nadie se diera cuenta que había estado con él. Pero las manos me temblaban y toqué todo dentro del bolso pero no distinguía las llaves. En ese momento sin previo aviso, la puerta se abrió frente a mí, lo siguiente que escuché fue las llantas de la camioneta de James rechinar el piso por salir tan repentinamente. Levanté la vista de mi bolso y me encontré con los ojos de mi madre.
-¿Qué haces afuera?- me preguntó.
-No encontraba mis llaves- respondí tratando de permanecer normal.
Me hizo a un lado con la mano y dio unos pasos fuera de casa, comencé a sudar frío, mi madre tenía algunos días comportándose extraña. Se giró hacia mí y penetrándome con la mirada me dijo que entrara.
-¿Con quién venias?- preguntó en un tono agresivo que jamás había usado conmigo.
-Con nadie, llegue caminando- respondí tan asustada que estaba segura que mi expresión demostraba que mentía.
-Me pareció que era la camioneta de James que estaba fuera de la casa- continuó torturándome, caminando a mi alrededor y observándome de pies a cabeza.
Aunque mi ropa estaba exactamente igual de ordenada como salí de casa, pero mi cabello distaba mucho de estar perfectamente peinado y mi maquillaje ya no era tan impecable después de haber dormido varias horas y haber llorando después.
-No me mientas, Lily, soy tu madre- me dijo fulminándome con la mirada molesta- puedo ver a través de tus ojos, ¿recuerdas?
-No estoy mintiendo, Mamá- respondí esta vez más segura.
-Recuerda que somos una familia, Lily, compuesta por dos padres y cuatro hijos que son hermanos- dijo.
Ahora sabía a que iba todo, ya se me hacía que durado demasiado tiempo en que saliera el peine. Había estado más de medio año en Londres y no había mencionado nada sobre James, sólo hace unas semanas cuando mencionó que los adolescentes tomábamos decisiones equivocada al enamorarnos. Sin embargo, y aunque sé perfectamente a que se refiere me revienta en la medula que no pueda decirme las cosas directamente, con todas sus palabras. Anda con miradas fulminantes y con preguntitas de ¿quién te trajo? Sabiendo perfectamente lo que pasa.
-No somos hermanos, Mamá. Somos dos familias que se unieron y aprendieron a vivir en armonía la mayoría de sus miembros, deberías de comprender eso de una buena vez- refuté levantando la voz- tengo la suficiente edad para saber lo que hago y puedo tomar mis propias decisiones.
-¡No puedes ser tan egoísta, Lily!- me gritó entonces soltando lágrimas- Amo a Charlus y ambos decidimos formar una familia, ¿es tan difícil de comprender?
-¡Lo comprendo perfectamente, Mamá!- grité ahora yo- ¿sabes lo que me lastima que me digas esto? ¡Lo sé muy bien! Ustedes son una pareja, están casados y Mike ha sido el fruto de su amor. Sin embargo, yo tengo derecho a estar también con la persona que amo, no importa quién sea.
-No lo amas, Lily, estás confundida- dijo esta vez bajando la voz y hablándome suavemente- crees estar enamorada, pero no lo estás, mi cielo, aún te falta mucho por saber sobre el amor.
-¡Lo amo, Mamá!- grité y las lágrimas salieron disparadas de mi ojos- Yo lo amo.
Mamá se limpió unas pocas lágrimas que aún permanecían en sus mejillas y comenzó a subir las escaleras, segura y consiente de que cuando pensara mejor las cosas todo iba a cambiar y llegaría diciéndole "Mamá, tenías razón" pero no, yo estaba total e irrevocablemente segura de amar a James. No había estado segura de nada anteriormente en mi vida, más que eso. No había nada más.
Me dirigí a mi habitación aún sin poder tranquilizarme y reviviendo cada momento de lo que había pasado ese día, desde la llegada de Caroline al departamento de James hasta la última discusión con mi madre. Eran dos situaciones que me habían desbalanceado aún más, dos cosas que no esperaba y que decidieron pasar en el mismo día sólo con un par de horas de diferencia, sumadas a mi posible embarazo, del cual a pesar de no haberme hecho ninguna prueba estaba un noventa por ciento de estarlo, por los síntomas y las nuevas sensaciones que habían aparecido en mi cuerpo.
No sabía qué hacer, ni mucho menos que pensar. No podía decirle a nadie, no podía decirle a James que sospechaba estar embarazada, a nadie de mi familia, ni siquiera a mis amigas porque seguramente ellas le contarían a los mejores amigos de James y era lo menos que quería, que él se enterara antes de haber arreglado todos nuestros problemas. No sabía qué hacer, no sabía en quien confiar. De repente, como si una bombilla se hubiera prendido en mi cabeza, llegó una idea. Busqué el teléfono en mi bolso, de la desesperación casi cae de mis manos pero logré agarrarlo en el aire y marqué un número que me ayudara a solucionar mis problemas.
-Mamá voy a salir- me asomé al cuarto de mi madre apenas abriendo la puerta. Llevaba ropa cómoda jeans y tenis con una gran bolsa en mi hombro con ropa para el día siguiente- no me esperes hasta mañana, si me necesitas llama a mi móvil.
Mi madre me miró extrañada, a pesar de que no parecía gustarle la idea de que saliera de casa a las diez de la noche y que fuera a llegar a dormir, sólo asintió con la cabeza, sabedora de que a donde sea que yo fuera me ayudaría a calmarme y trataría de sentirme mejor. Charlus aún no había llegado a casa y me extrañó, Mamá estaba sola en su habitación mirando la televisión. Cerré la puerta tratando de hacer menor ruido posible y baje las escaleras rápidamente. Cuando salí de casa me aseguré de poner mis llaves en un lugar donde fuera más rápido encontrarlo para no repetir ninguna historia que se había presentado ese mismo día.
Anduve por las calles de noche hasta llegar al metro, que aunque no estaba lleno tampoco se veía totalmente desierto pues algunas personas que trabajaban en el turno nocturno apenas iban ingresando al trabajo, o algunos otros volvían de su trabajo, como los chicos que llevaban uniforme de restaurantes y cines. Me senté sola tratando de reflexionar un poco y pensar las palabras que utilizaría antes de llegar a mi destino.
Me tuve en una parada en la que yo jamás había estado, no conozco mucho Londres que digamos y no recuerdo haber estado en alguna ocasión en esa zona, sin embargo para mi gusto, había una personita esperándome fuera del andén. Desde algunos metros Minnie me sonrió y se encaminó a nuestro encuentro. Me abrazó fuerte y aún sin saber muy bien lo que pasaba, pues yo no le había dado explicaciones simplemente con voz débil y avergonzada le pregunté si tenía tiempo para una amiga, ella rápidamente me dijo que iría a mi casa a escucharme, sin embargo, yo decidí que lo mejor que podía hacer era salir de casa pues no quería estar cerca de mi madre ni sentir su mirada de mujer experimentada que tenía todas las respuestas del universo.
-Te escuchabas muy mal por el teléfono- me dijo Minnie mientras andábamos por unas calles que jamás había pisado. Hacía mucho frío, gracias a Dios había recordado llevar mi abrigo pues pronto entraría el mes de Diciembre y con el frío invernal que extrañaba tanto.
-La verdad no la estoy pasando muy bien que digamos- admití- no sabía a quién acudir, hasta que pensé en ti y si no había mucho problema…
-¿De qué te preocupas?- me interrumpió con una sonrisa- es sábado y mañana no hay ensayo.
Minnie se dedicaba a la dirección, había estudiado actuación, sin embargo, recuerdo que me contó que actuando en una obra se había dado cuenta que su pasión no era la actuación, sino la dirección. Así que tenía un par de años en los que era asistente de uno de los directores más famosos de Londres, era el responsable de Equs y algunas obras también famosas que habían ido al extranjero. Minnie esperaba su oportunidad para demostrar que podía lograr grandes cosas.
-Que gusto saber que no hay problema- sonreí agradecida, no muy feliz que digamos.
Seguimos andando hasta llegar a un edificio de departamentos muy pequeños. El edificio estaba lleno de numerosas ventanas dándome entender que ahí vivía mucho gente, y solamente cuando abrió la reja de la entrada escuché mil sonidos de los cuales nunca había experimentado. Se escuchaba un perro ladrando a todo lo que daba y voces de muchas personas como si no fueras las once de la noche. Subimos la escaleras y en cada piso había dos puertas una frente a la otra, parecía que había cerca de diez pisos y para mi suerte, Minnie vivía hasta el último.
Cuando llegamos a su piso las piernas me temblaban y sentí mi corazón un poco agitado. De verdad que no estaba acostumbrada a subir tantas escaleras. La puerta del departamento frente al suyo permanecía abierta y escuché las voces de dos hombres, no quería ser entrometida pero no pude aguantar la curiosidad de asomarme un poco mientras Minnie buscaba las llaves. Dentro había dos jóvenes sentados frente a un televisor viendo lo que parecía ser una película de acción, pues se escuchaban muchos balazos y sonidos de autos. En el piso de abajo escuché a una señora gritar regañando a sus hijos porque no se querían ir a dormir y a continuación los llantos de una niña bastante escandalosa.
-Siento mucho el ruido, pero este edificio nunca duerme- me sonrió y cuando me di la vuelta noté que ya había abierto la puerta de su departamento.
Dentro ya era otro mundo, en cuanto cerró la puerta cesó el ruido y noté que tenía cierto gusto por los gatos pues había uno que otro cuadro de gatito, una alfombra de gatito y hasta un cojín en el único sillón que había para dos personas de gatito. Era un departamento pequeño, con pocos muebles pero parecía que todo había sido seleccionado cuidadosamente aunque las cosas no combinaban entre sí. Sólo había una puerta que supuse que era el baño y un muro que dividía la habitación con el resto del departamento. Humilde pero ideal para una persona que acaba de comenzar a vivir sola.
-Es pequeño, pero es todo lo que tengo- se excusó.
-Es fantástico- dije.
Sonrió feliz de que no me molestara estar en ese lugar y se dirigió a la parte del departamento donde había una estufa, un pequeño refrigerador con una alacena encima y a su lado un pequeño fregadero. Sacó una hoyita para calentar agua y encendiendo la estufa se dispuso a preparar chocolate caliente.
-Cuéntame, Lily, ¿Qué te sucede?- me preguntó sentándose a mi lado esperando que el agua hirviera.
-Son tantas cosas que no sé por dónde empezar- empezaba a arrepentirme de querer hablar del tema, no sabía ni qué decir.
-Comienza por lo que pasó el día de hoy- me sonrió tranquilizándome.
Minnie tenía una personalidad que esas que te hacían querer decir todo, te transmite seguridad y confianza, incitándote a hablar más del tema.
-Estaba en el departamento de James cuando…- comencé sin embargo un golpe en la mesa de noche que estaba al lado del sillón me sobresalto.
-¿En el departamento de James? ¿Qué hacías ahí?- preguntó extrañada.
Lo había olvidado por completo, no había contado nada a Minnie de James y ya recordaba por qué, por Jude es su amigo de la infancia. Demonios.
-De acuerdo, te diré todo pero no puedes decirle nada a Jude- la amenacé- esto es algo que él no debe de saber.
Minnie me miró desconfiada, sin embargo, asintió.
-Supongo que saber que Jude y yo no somos nada, he estado evitándolo desde hace tanto tiempo porque tú sabes, sabías desde el día que me lo presentaste que estaba enamorada de mi hermanastro- suspiré y Minnie asintió nuevamente concentrando toda su atención en mí- pues resulta que las cosas se dieron con James y no puedo separarme de él. Prácticamente andamos a escondidas sin que nadie sepa, más que nuestro amigos que ya te había contado de ellos, nuestros amigos de la secundaría. Han pasado tantas cosas con James que no permito engañar a Jude y no sé ni cómo decirle que las cosas no se darán entre nosotros porque estoy con otra persona.
-¿Pero de verdad estás con él, Lily?- preguntó confundida- quiero decir… no será que simplemente estás ilusionada con que algo pueda pasar.
-No, Minnie- contesté rápidamente- James y yo nos besamos, salimos juntos, hacemos el amor, duro largas horas con él en su apartamento sin que nada interfiera. James y yo nos amamos, de eso estoy cien por ciento segura, me lo ha demostrado. Él terminó con su exnovia para estar conmigo.
-¿Qué no su novia está embarazada?- preguntó nuevamente.
Suspiré, Minnie no sabía nada de lo que anteriormente había pasado por lo que no podía llegar y contarle solamente lo que había sucedido el día de hoy. No, tenía que explicarle todo lo que me preguntara.
-Sí, está embarazada- aseguré- tiene como cinco meses y justo de eso te quería hablar. Hoy estaba en el departamento de James, justo después de hacer el amor tan rico- dije sin poderme contener y Minnie soltó una carcajada- me quedé dormida, y cuando desperté salí de la habitación solamente con una camisa de James a la sala, pero no me di cuenta que alguien más estaba ahí y se trataba de Caroline, la exnovia de James. La cual me miró, nos miró y descubrió que James y yo tenemos algo.
De repente el pecho comenzó a apretarme, la garganta se me secó y sentí que las lágrimas saldrían en cualquier momento.
-Lo peor que nos podría pasar es que alguien se enterara de lo nuestro. Cuando estábamos jóvenes Mamá se enteró que lo que teníamos y no le gustó nada y para terminar peor, llegando a casa me encontré con mi madre que se dio cuenta que James me había llevado. Me abordó y gritó que yo no podía estar con James porque según ella somos hermanos y pertenecemos a la misma familia. Ella asegura que lo que yo siento por él no es real y que solamente estoy cegada por la pasión, que soy muy joven para saber del amor.
En ese momento las lágrimas salieron disparadas de mis ojos y me tuve que llevar las manos a la cara, subí mis piernas al sillón haciendo un ovillo mientras trataba de hablar para contarle el resto a mi amiga que me miraba preocupada esperando que continuara.
-No solamente Caroline sabe que tenemos algo y que podría usar en nuestra contra en el trabajo, con nuestra familia. Sino que además, mi madre no aprueba mi relación con James que ella diga esas cosas me hace pensar que no tengo ninguna posibilidad de que nuestra familia acepte que nos amamos. Y lo peor, ¿sabes que es lo peor?- Minnie negó con la cabeza- que estoy embarazada.
Ver la cara de Minnie supe que las cosas no podrían empeorar, las cosas estaban tan mal que no podía encontrar una solución coherente. Estaba tan confundida, James y el bebé que espero estaban de un lado, mientras que Caroline y nuestra familia del otro, y lo peor es que no podía tener las tres cosas que amo al mismo tiempo, pues ninguna combinan, chocan y provocan una gran explosión.
Minnie se acercó rápidamente a abrazarme y yo por fin me pude derrumbar, lloré tanto como mis ojos y mis fuerzas me lo permitían. Lloré hasta que mi cuerpo estaba totalmente agotado y me costaba mantener los ojos abiertos. Lloré hasta que me dolió el estómago de tensarlo con cada gemido. Minnie me dejó llorar en su hombro hasta que mi cuerpo se debilitó y mientras permanecía en ovillo en el sillón preparaba un chocolate caliente con el agua que había hervido y me lo tendió en una taza con forma de búho, mientras que el suyo era de gatito.
-¿Estás segura que estas embarazada?- me preguntó después de darle un sorbo a su chocolate.
-Digamos que son muchas las probabilidades de estarlo después de dos semanas de retraso- susurré.
-No es garantía- dijo tratando de darme ánimos- tienes que hacerte una prueba. Aquí enfrente hay una farmacia veinticuatro horas, si quieres puedo ir a comprar una y en diez minutos tendrás los resultados.
-No he tenido el valor suficiente para acercarme a una farmacia- admití- pero tienes razón, mientras que no tenga los resultados no puedo empezar a tomar decisiones.
Minnie comenzó a ponerse zapatos y a colocarse el abrigo.
-No me tardo nada- dijo- tú quédate aquí meditando, tranquilizándote y bebiendo mucha agua mientras que voy a comprar la prueba, ¿de acuerdo?
Asentí con la cabeza y antes de decir nada, salió disparada fuera del departamento. Sentí que mis intestinos bajaron, mi estomago se debilitó y comencé a sentir nauseas, estaba aterrada. Terminé mi chocolate y después me serví un vaso de agua bastante grande, traté de beber lentamente pero quizá por los nervios, de inmediato me dieron ganas de ir al baño. Traté de haber respiraciones de meditación, pero nada funcionaba mi mente estaba en otro lugar y lo único que quería de repente era que ya llegara Minnie y terminar una vez con esto.
Tal vez tenía razón, tal vez no era garantía dos semanas de retraso, tal vez, sólo tal vez, podía ser otra causa la que me tenía estresada para lograr un retraso tan extenso. Tal vez el miedo a ser descubierta con James, el miedo a que nuestra familia se entere o que alguien valla con el chisme. O quizá el miedo a perderlo. Tenía miedo a tantas cosas que eso me hacía pensar que había más razones por las que una mujer podía tener un retraso de dos semanas, aunque fueran mínimas las posibilidades.
Cuando Minnie abrió la puerta, di un salto que casi sentí que arruinaría la prueba teniendo que comenzar nuevamente a tomar agua. Tenía cara de preocupación y de una bolsa de plástico sacó una cajita de cartón rectangular donde en el interior estaba la prueba que a mi parecer tenía la apariencia de un termómetro. Minnie se sentó a mi lado y juntas comenzamos a leer las instrucciones, era sencilla, solamente tenía que orinar encima de una parte que venía señalada de la prueba y en unos cuantos minutos daría el resultado.
Con todo el valor que tenía me puse de pie con la prueba en la mano y me dirigí al baño. Con la mayor lentitud del mundo, bajé mis pantalones y me dispuse a utilizar la prueba. Subí mis pantalones nuevamente y me lavé las manos. Salí del baño con la prueba en la mano y me senté en el sillón junto a Minnie esperando que apareciera algo. De repente en la pequeña pantallita algo se movió.
Positivo.
Hola, chicos!
Nuevamente estoy aquí después de dos semanas, gracias, gracias benditas vacaciones. Esta vez no acepto reclamos pues el capítulo está muy bueno y además es el más largo que he escrito de esta historia. ¿Lleno de drama, a que no? Ojala sea lo que esperaban, porque me he esforzado mucho aunque prácticamente salió solo pues la musa me ha visitado. La frase "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos" la he tomado de la película Casablanca.
Dejen sus comentarios por favor, que me encanta leerlos!
Nos leemos pronto, S.
