Perdón por no subir capítulo hace unos días (ni siquiera recuerdo si era ayer o antes de ayer que debía actualizar Dx) pero se acerca el fin del ciclo escolar y me llenan de cosas para hacer e_é. ¡Pero acá traigo el capítulo 3! Notas históricas al final. Espero que les guste!


Odiaba ver a los casacas rojas formar y marchar en desfiles insolentes por Boston. Odiaba ver su ciudad ocupada por ellos. Odiaba verlos armados, patrullar por los puertos. Simplemente los odiaba, pero temía hacer algo al respecto, ¿quién no temería si era Inglaterra, la más grande potencia mundial del momento, contra quien debería revelarse? A veces no podía evitarlo. No podía evitar las malas contestaciones, las malas miradas, incluso las quejas por la infantería británica, ¿y qué recibía a cambio? Golpes, o castigos no muy severos, dependiendo de la situación.

Aún le dolía el golpe en el estómago que había recibido el día anterior por haberlo mandado, en pocas palabras, a la mierda. No recordaba por qué lo dijo, sólo recordaba que estaban comiendo y la colonia no podía quitarle la mirada de encima al mayor que le hablaba sobre cosas que Trece Colonias no oía. Inglaterra notó el aura ausente del joven de ojos azules y preguntó con no demasiado tacto "¿Qué te pasa?".

La colonia lo miró unos segundos con seriedad. Las palabras salieron de su boca sin que él pudiese contenerlas. "Fuck you". Y por supuesto que el inglés no iba a tolerar una falta de respeto como aquella.

Aunque intentaba olvidarse de ese incidente. "Debo medir más mis palabras" pensaba una y otra vez mientras caminaba por las ya oscuras calles de Boston. Y entonces, oyó un disturbio a lo lejos. Alzó su mirada en dirección a donde los gritos se oían y se dirigió hacia allí con preocupación y curiosidad, ¿qué había pasado ahora?

La respuesta fue simple de encontrar. Un grupo de colonos estaba protestando frente a un grupo de casacas rojas. No supo la razón hasta haber visto el rostro de un niño (o más bien dicho, un joven de unos 17 años), magullado, golpeado. Uno que otro moretón en la mejilla, pero fue suficiente para que algo dentro de la colonia acabara de encender una mecha que acabó en enojo. Tal vez, esa sensación era incluso mayor al enojo.

Se unió a la muchedumbre, encontrándose a Gran Bretaña entre el pequeño grupo de soldados ingleses, fue casi directamente a atacarlo a él.

–¡¿Qué se supone que están haciendo?!

–¡Te dije que no queríamos niños rebeldes aquí! -fue la respuesta que obtuvo-. Ese niño idiota quiso pasarse de listo con uno de los nuestros, ¡Y que vean como les va a ir al resto si siguen con lo mismo!

–¡¿Cómo puede ser que sean capaces de golpear a un ciudadano?! -Trece Colonias no era capaz de entenderlo. Estaba, realmente, conteniéndose para no abalanzarse sobre el europeo y golpearlo.

–Oh, pero si sólo le enseñábamos modales -la voz de Inglaterra sonó tan apacible, tranquila y burlona, que la colonia ya no pudo contenerse más.

–¡Ustedes, todos ustedes son unos malditos cobardes! ¡No son más que eso, unos jodidos cobardes! -los gritos de las Trece Colonias resonaba por sobre las quejas se los demás colonos. Inglaterra quedó tieso en su lugar-. ¡Llegan aquí con sus jodidas armas, llenas de plomo y golpean a unos civiles porque son unos COBARDES!

El golpe de la parte trasera del mosquete que el menor recibió en la mejilla por parte de su metrópoli dejó a más de uno sorprendido. No del lado de los británicos, sino del lado de los protestantes, que se alteraron aún más.

La colonia quedó inmóvil por unos momentos, sintiendo el sabor de su propia sangre en su boca. Miró a Inglaterra, quien no se mostraba para nada arrepentido, incluso se veía satisfecho...

Entonces fue cuando un garrote fue arrojado. Hugh Montgomery fue herido e inmediatamente los disparos comenzaron a oírse en aquella estrecha calle de Boston. Trece Colonias salió de su ensimismamiento al oír la primer bala salir, y se horrorizó al ver el primer cuerpo caer. Todos ellos estaban apuntando, incluso Inglaterra...

Los colonos comenzaron a huir, Trece Colonias vio a los heridos en el suelo y no supo que hacer hasta que un hombre (no supo quién, ni siquiera estaba seguro de que fuera hombre) jaló de él para que también huyese de aquella escena.

Esa, para muchos, fue la gota que rebalsó el vaso. Claramente, la tranquilidad en las Trece Colonias había ido desapareciendo poco a poco.


Este suceso sí ocurrió. Lo último que le dice Alfred a Arthur en realidad lo dijo Edward Garric, el chico al que golpearon en un inicio (o así se mostraba en el documental(?) Se dice que ésta fue la chispa que hizo saltar la revolución americana, pero se desarrolla más en el siguiente capítulo~ ¡Gracias por leer!