¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches! Les traigo... ¿dos? capítulos. Pero mejor que cuenten como uno porque el capítulo 6 es DEMASIADO corto. Espero que les guste! En el próximo capítulo ya se vienen las batallas!(¡Yay! ¡Más de un cejón sensual! (?)


5 de Septiembre de 1774

–Queremos la libertad

Era una oración. Tres palabras. El significado era compartido por muchos colonos, aunque no todos aún.

Eran 55 los delegados reunidos en Filadelfia, 56 personas presentes si se contaba a la representación de la Colonia. Todos discutían lo mismo: La libertad. Allí se dividían en dos grupos, los conservadores, que querían llegar a un acuerdo con la corona, y los radicales, que querían una independencia directa y completa.

–¡No tenemos por qué aceptar las decisiones de un Parlamento del cual no somos parte! -gritaba John Adams en medio de la reunión solo para ser oído. Trece Colonias se achicó un poco en su asiento por la seguridad que utilizaba en sus palabras.

–¡Pero deberíamos permitir que la Corona controle los comercios exteriores! Con manejarnos a nosotros internamente yo supongo que estaríamos bien... -decía uno de los conservadores. Desde su lugar, la colonia se masajeaba la sien. No tenía idea de con quién estar de acuerdo, no tenía ni idea ni siquiera qué hacía ahí. Esos tipos se la habían pasado debatiendo un buen rato y él simplemente escuchaba. ¿Por qué no se iba, dejaba que acordaran algo por sí solos, y luego le decían a qué habían llegado? Así sería más fácil. Temía opinar al respecto y decir alguna tontería, ¡él nada sabía sobre ser independiente! ¡¿Qué podría decir al respecto?!

Patrick Henry, al ver a la Colonia al borde de abandonar el lugar, se puso de pie y aclaró su garganta.

–¡Silencio! -dijo, y todos callaron para voltearse hacia él-. Permítanme un segundo -pidió con una voz más tranquila, mirando a todos y cada uno de los presentes, haciendo especial foco en Trece Colonias-. Los caballeros pueden gritar 'Paz, Paz'. Está bien, una guerra contra Inglaterra puede no ser lo más inteligente del mundo. Pero no hay paz, ¡La guerra ya ha comenzado! ¡El próximo vendaval que venga del norte traerá a nuestros oídos el ruido de armas entrechocando! -golpeó la mesa de madera, frunciendo el ceño mientras tanto-. ¡Nuestros hermanos ya están en el campo! ¿por qué permanecer aquí inactivos? ¿Qué es lo que desean los caballeros? ¿Qué prefieren tener? ¿Es la vida tan preciada, o la paz tan dulce, como para que se compre al precio de cadenas y esclavitud? -sonrió irónicamente y miró hacia el cielo-. ¡No lo pemitas, Dios Todopoderoso! No sé que camino pueden tomar otros; pero en lo que respecta a mí, denme libertad o denme muerte. Yo no se lo que ustedes planean hacer... Pero mí meta, es darle a este niño libertad -con la frente en alto, miró a la colonia, que se sentía aún más cohibido-. Y sé que solo no puedo hacerlo. Unidos; resistimos. Divididos; caemos. No nos separemos en facciones que deben destruir la unión de la que depende nuestra existencia. No peleemos entre nosotros, y enfoquémonos en nuestro enemigo, porque si no, quieran entrar en guerra o no, habremos perdido antes de comenzar.

Los demás delegados quedaron en silencio. Se miraban entre sí, conmovidos. La colonia había sentido un estremecimiento acompañado de lágrimas de emoción ni bien el hombre, que ya se había sentado, acabó de hablar. "Divididos; caemos", lo que más temía era eso, caer, y sabía las posibilidades que existían de que eso ocurriese, porque... ¡Era Inglaterra de quien hablaban! . Fue en ese momento que George Washington, delegado de Virginia, dirigió su atención a Trece Colonias.

–Él tiene razón... Estamos peleando por ti y aún no te hemos pedido opinión -se puso de pie, apoyándose contra su banco-. Nosotros queremos tu libertad. La libertad de nuestro país. Porque tú eres nuestro país, no Inglaterra, nosotros te debemos fidelidad a ti, no a una corona que se encuentra a kilómetros y kilómetros de distancia... Nacimos aquí, e incluso los que están aquí presentes y nacieron en Europa quieren tu libertad. Nuestra libertad. No luchamos para Inglaterra, ni para su corona. Luchamos para ti y para tu libertad, porque es esa nuestra principal intención... Cuando nuestros arrogantes señores de Gran Bretaña se sacian privándonos de nuestra libertad, es necesario emprender acciones para preservar esa libertad. Así que, Trece Colonias, ¿Qué opina usted al respecto?

El aludido abrió la boca para responder pero sólo salían balbuceos de ella. Su labio inferior, al igual que su voz, temblaban. ¿Cómo ganarle a una metrópoli, que incluso pateaba los traseros de otros países como Francia o España. Y, sin embargo, había algo en la mirada de apoyo de cada una de esas personas, que le daba cierta seguridad. Puso por inercia su espalda recta, y al hablar, sus palabras sonaron incluso más seguras de lo que él se sentía.

Give me liberty or give me death...

Y entonces, ya no hubo mucho más por debatir.


En Nueva Inglaterra, los colonos ya se preparaban para defenderse. Reunieron armas ilegales, las cuales guardaban en escondites secretos.

A pesar de saber todos cuál era su objetivo y mayor anhelo, a pesar de que incluso la Colonia lo deseaba, sabían que un ataque por parte de Inglaterra podría dejar heridas permanentes en el nuevo país que ellos querían conformar. Sabían que se atacaría a cada una de las colonias, y no sólo a una o dos. Y por ello, debían ayudarse entre sí. Debían mantenerse unidos.

–Ya no hay diferencias entre los de Virginia, Pennsylvania, Nueva Inglaterra y Nueva York -dijo Patrick Henry a todos, con una sonrisa de orgullo en su rostro-. Ya no más, ya no soy virginiano... -sentenció-. Soy Estadounidense.

Fue ese el momento en el que una parte del corazón de la aún colonia se sintió cálida, mientras la otra, la de sangre inglesa, iba muriendo lentamente.


La mayoría de los diálogos de los personajes históricos, los saqué de un documental y de wikiquote. El de Patrick Henry fue uno de los principales discursos que motivó a la gente a independizarse.