¡Capítulo largo! No tan largo, pero sí más largo que los anteriores. Espero que les guste! Y disculpen la tardanza, pero tuve algunos problemitas, nada grave pero sí un poco molestos n_nU Espero que les guste el capítulo~
Primavera de 1775
–¡Hey, tomen las armas, no tenemos todo el día! -gritaba Isaac Davis a la milicia que apenas acababa de despertar. Entre ellos, se encontraba quien ahora era llamado por el nombre de Estados Unidos, en quien lo único que había cambiado era el nombre y al cual aún no se acostumbraba. No sentía que fuese ése su nombre, y necesitaba ser llamado varias veces así para que cayera en al cuenta de que a él se referían.
Aún lucía como un niño de no más de 17 años. Aún tenía sus momentos de rebeldía en los que ni siquiera al comandante quería escuchar, y aún también temía a la reacción inglesa. Le temía tanto, que dudaba de poder mantenerse en batalla si los irises verdes de Inglaterra chocases contra los suyos.
Recordaba todas y cada una de las veces en que le contó cómo "derrotó humillantemente" a Francia y España. Recordaba el detalle de cada una de las escenas de violencia que el inglés le había narrado. Y Francia y España no eran colonias, no eran una junta de campesinos que no sabían como tomar una maldita arma, eran potencias, grandes potencias, ¡No había posibilidad alguna de que a él le fuese bien en aquella guerra!
Y sin embargo, su gente allí estaba, dispuesta a luchar a pesar de saber todos los factores negativos para ellos. Nadie los había obligado a ser la primer línea de defensa de los ataques ingleses. Le gustaría saber qué llevaba a un ciudadano a querer morir por su nación...
Isaac daba instrucciones sobre cómo utilizar un arma, cómo disparar, como limpiarla y cómo cargarla. A Trece Colonias le costó aprenderlo sin que el objeto cayera de sus manos, al igual que a los granjeros, herreros y comerciantes que conformaban la milicia. Ninguno había agarrado nunca un arma en su vida, pero todos ellos querían libertad.
–¡Mucho mejor que ayer! -elogió Isaac al ver cómo algunos de los hombres lograban acertar un disparo en las botellas que había dejado sobre un tronco cortado-. Fue un buen disparo, sigamos así y vamos a darle a los Casacas rojas un buen disparo
–¿Esos idiotas creen que podrán con nosotros? -decía Inglaterra molesto, muy molesto, mientras avanzaba con sus tropas hacia Lexington, donde los colonos estaban preparándose y mantenían las armas incautadas. El plan era simple, acabar con la 'estúpida' rebelión y confiscar las armas. Nada difícil para un grupo de infantería bien experimentado.
Aunque Inglaterra no contaba con una fuga de información. Paul Revere, aquel que había realizado los grabados de la Masacre de Boston, había tomado su caballo en mitad de la noche y partió de Boston a donde las milicias se encontraban. Debía informarles del movimiento británico. Difundió el mensaje de pueblo en pueblo, montado en su caballo, por todos los campos de Nueva Inglaterra, logrando llegar a Lexington antes que los británicos.
–¡Los británicos se acercan! -avisó al primer colono que vio salir del campamento-. Hay que avisar a la milicia. Reúnanlos -y así como llegó, marchó.
Cerca de las 5 de la mañana del día 19 de abril, 60 milicianos liderados por un granjero de nombre John Parker, se enfrentaban a un grupo bien armado y experimentado de británicos. Trece Colonias observaba la situación sosteniendo su arma con demasiada fuerza, la representación inglesa, en cambio, se veía tranquila. Divertida incluso. "El mocoso ni siquiera sabe usar un arma, los doblamos en número... esto será pan comido"
Era gracioso ver a 60 hombres poco armados y mal entrenados sostener armas de fuego como si fuesen lanzas o palos, y del otro lado, cientos de soldados profesionales pertenecientes al ejército más poderoso del mundo. Una milicia sin experiencia contra un ejército que durante los últimos 20 años ha sembrado victorias en los 5 continentes.
En esos momentos, no parecía necesario disparar para saber quién ganaría esa guerra.
Y sin embargo, el grupo de rebeldes no se achicó en ningún momento. El único que parecía a punto de salir corriendo era, justamente, la colonia.
–¡Quedense en sus lugares! -ordenó Parker. Trece Colonias tragó saliva con nerviosismo, pidiendo en el interior de su mente que Inglaterra dejase de verlo de forma tan fija-. No disparen a menos que les disparen. Si quieren guerra, que empiece aquí
El capitán inglés cabalgaba con su caballo de un lado al otro. Los soldados ingleses e incluso la nación estaban listos para atacar ante cualquier movimiento en falso... Y entonces de dio.
Nadie supo quién fue o de qué bando, pero un disparo se oyó. La colonia dio un respingo en su lugar, sus manos comenzaron a temblar.
–¡Apunten! -ordenó el primero al mando. Los casacas rojas obedecieron, incluido Inglaterra, que sonreía con arrogancia, mientras que Trece Colonias dio un paso atrás.
–No... -susurró.
–Estados Unidos, quedate en tu lugar -ordenó Parker con voz suave pero dura.
El movimiento tan coordinado de los enemigos hacía que más de uno se reeplantease qué hacía allí...
La colonia retrocedió otro paso.
–Estados Unidos, quedate allí.
–Vamos a perder... -volvió a susurrar sin saber que algunas lágrimas habían comenzado a cruzar su rostro.
–¡Estados Unidos!
–¡Fuego! -gritó el comandante británico, y fue suficiente para que los disparos comenzasen a hacerse oír en aquel campo abierto. El primero en disparar, fue Inglaterra, directo hacia su principal contrincante.
Pero alguien se había interpuesto. Uno de los esclavos fue herido al intentar proteger a su patria, que no se había movido ni un centímetro debido al miedo del momento. ¿Inglaterra acaso le había disparado? Porque una cosa era pensar en la posibilidad de que lo hiciera, otra muy distinta era el que lo directamente lo hiciera...
El hombre cayó. Si estaba vivo o muerto, Trece Colonias no sabía. Apenas era capaz de ver a través de sus lágrimas. Inglaterra recargó su arma de forma tan veloz que los colonos apenas pudieron asimilarlo. Dispararon otra vez, cuando los colonos sólo lo habían hecho una y la mayoría de las veces habían errado...
Y entonces la infantería británica corrió hacia las milicias,dispuestos a un ataque cuerpo a cuerpo. Las milicias, en cambio, comenzaron a huir, a excepción de la Colonia, que aún no era capaz de moverse...
Sólo entró nuevamente en contacto con la realidad cuando Inglaterra lo derribó. La parte trasera de su cabeza golpeó con fuerza contra el césped, haciendo que un molesto pitido se presentase en sus oídos. Seguramente, de haber sido una persona normal, se hubiese desnucado.
Inglaterra estaba sentado a horcajadas sobre él, con el mosquete haciendo presión en su cuello. Mientras el menor hacía más intentos por tomar algo de aire, el británico más fuerza hacía.
–¡¿Así que quieres ser independiente, eh?! -gritó con el rostro demasiado cerca del menor, quien debió entrecerrar sus ojos debido al volumen del grito-. ¡Ni siquiera sabes sostener una puta arma! ¡¿Así planeas vencerme?! -se separó un poco, sólo para golpearlo en el rostro con la parte trasera del mosquete-. ¡Te diré algo, colonia estúpida y desagradecida, ruegale a Dios para conseguir tu puta independencia, porque el castigo que te daré cuando gane esta maldita guerra, te juro, que jamás vas a olvidarlo! ¡No debiste querer conocerme como enemigo!
Dicho esto, se puso de pie. Lo miró con furia por unos segundos, y luego sonrió. Sonrió victorioso y las lágrimas del americano se hicieron más abundantes. Vio al europeo avanzar marcharse junto a su gente. Perdieron la batalla de Lexington, perdieron 8 milicianos... Las cosas definitivamente no habían comenzado bien...
John Parker se acercó cuando vio a la nación inglesa continuar su camino hacia Concord. Prácticamente corrió hacia su colonia, sin fijarse en los cuerpos de sus compañeros muertos.
–¡Estados Unidos! -gritó, tomándole la mano y prácticamente obligándolo a ponerse de pie-. ¡Estados Unidos, debemos apresurarnos! ¡Tenemos que ir con Washington!... Holy shit -murmuró al ver el golpe en su rostro-. ¡¿Está bien?!
–...S-Sí -contestó en un tartamudeo, llevándose una mano al rostro-. Pe-Perdimos...
–¡La batalla, no la guerra! Y en condiciones no muy favorables, era de esperarse -dijo, haciendo que la representación de las Trece Colonias rodease sus hombros con un brazo, para así ayudarlo a caminar-. Debemos ir a las afueras de Concord, las milicias se reagrupan...
–¿Para qué? -preguntó cansado, cerrando sus ojos con frustración.
–¿Cómo que para qué? ¡Para seguir nuestra lucha por la libertad!
Cuando los ingleses llegaron a Concord, algo no estaba bien la escena. Según los colonos reales habían dicho, las armas se mantenían allí, estaban escondidas entre los pajares, pero el lugar estaba vacío...
Todas las armas habían sido trasladadas durante la madrugada, pero eso los ingleses no lo sabían.
Mientras tanto, a las afueras de Concord, las milicias de todos los pueblos comenzaban a ordenarse en una sola, llegando a ser aproximadamente mil hombres. Los ingleses buscaban las armas, los rebeldes rearmaban su milicia. No pensaban darse por vencidos por una simple batalla perdida.
