Capítulo 24: Destino
Estaba tratando de tranquilizarme, no podía, no podía siquiera respirar con normalidad, sentía el pecho apretado y hacía mucho que no sentía esa sensación. Estar al lado de Jude sólo había logrado tranquilizar mi espíritu, trayéndome paz que era lo que más necesitaba. Había casi olvidado lo que se sentía esta adrenalina que corre por mis venas cuando creo que James va a llegar y me va a dirigir la palabra. Que llegará aventando todo, diciéndome que era una tonta e insufrible, que había llenado a Sirius con mis mentiras y que merecía irme al infierno.
Pero no, y la verdad es que no había mentido. Todo era real y eso era lo más difícil.
-Lily, ¿podrías calmarte?- me dijo Amelia a mi lado, su escritorio era vecino del mío y la mayor parte del tiempo me la pasaba tratando de evitar una conversación extensa con ella- siento que en cualquier momento vas a abrir la tierra y nos va a tragar.
Puse los ojos en blanco.
-Creo que eres un poquito exagerada- le dije mirando como Thanya y Georgie, las secretaria de James, guardaban sus cosas- ¿Qué sucede? ¿Ya nos vamos?- pregunté dirigiéndome a Thanya.
Sonrió con gracia.
-Nosotras nos vamos, James canceló todas sus citas- dijo colgándose la bolsa al hombro- estoy segura de que con el regreso del señor Black no se aparecerá en toda la tarde. Ya terminamos nuestros pendientes así que nosotras nos vamos.
-No lo puedo creer- dijo Amelia- son un par de flojas, con las montañas de trabajo que tenemos y ustedes permitiéndose ir a dormir.
Thanya miró en mi dirección molesta, Amelia era el tipo de personas que la mayoría no pasábamos, especialmente Thanya no le tiene mucha paciencia y menos cuando sus comentarios están fuera del lugar. Pretende hacerse la graciosa, pero para lo único que sirve es para el chisme y sólo cuando uno tiene ganas de escucharla; que en mi caso es "jamás".
-Nos vemos mañana, chicas- se despidió Georgie entrando al ascensor con Thanya.
Sentí envidia, de verdad que la sentía, que no daría por irme al departamento y descansar de los tacones altos, mis pies estaban tan hinchados que sentía como si fueran pies de elefante y no los míos. Los kilos extra me tenían de mal humor pues mi falda estaba a punto de estallar y lo único que quería era deslizarme en mi pijama de franela. No solo eso, también me aterraba que Sirius le dijera algo a James, no sabía porque pensaba en la posibilidad estaba segura que lo haría y yo tendría que salir como un ave con el ala herida.
Casi sin darme cuenta, las horas pasaron rápidamente, no hubo muchos clientes ese día, de hecho la agenda estaba casi vacía. Incluso Crouch sugirió irnos antes de la hora, ya habíamos terminado todos los pendientes y la habitación estaba casi vacía. Charlus y sus secretarias se habían ido una hora atrás, mientras que Crouch se dirigía al ascensor con el portafolios en la mano mandándome esa mirada tan intensa que tiene en los últimos meses conmigo. Yo la ignoré y seguí escribiendo en mi computador. Amelia fue la siguiente en irse, y en sólo unos minutos estaba sola con Jane en todo el piso.
Jane era una chica bastante joven, tendría cerca de dieciocho años y había tenido ciertas dificultades en su vida que no le habían permitido estudiar una carrera profesional; sin embargo era muy buena trabajando, y pensaba que tendrían suerte si ella se quedaba unos meses más. Era rubia y aunque no muy bonita, su carácter lo compensaba. Era simpática y aunque platicadora, no hueca como Amelia, sino que la mayoría de las veces decía cosas con sustancia y más de una vez me había dejado callada, lo cual era difícil por no decir imposible.
-¿Por qué no te vas a disfrutar la tarde?- le pregunté cuando me di cuenta de que no tenía planeado irse pronto.
-Prefiero adelantar al trabajo- respondió sin apartar los ojos del monitor- no tengo nada que hacer en casa y aún estamos en horario de trabajo; así que prefiero no estresarme después y aprovechar el tiempo. ¿Y tú?- me preguntó volteando a verme- ¿por qué no te vas?
-Jude vendrá por mí en el horario de salida- respondí- así que esperaré haciéndote compañía.
-¿Jude?- dijo pensativa- ¿El chico rubio que es tu novio?
-No- reí- no es mi novio, pero sí es él. El rubio alto.
Enchuecó la boca confundida para después abrirla, pero de ella no salió ninguna palabra. Negó con la cabeza y continuó escribiendo en el teclado.
-¿Qué?- pregunté curiosa.
-Nada.
-¿Qué ibas a decir?- negó con la cabeza- Anda, di lo que ibas a decir.
Permaneció en silencio unos segundos sin hacer nada y después nuevamente dirigió la mirada a mí.
-No te ofendas- exclamó- pero creí que ustedes estaban esperando un hijo.
Sus palabras me dejaron helada. Rápidamente bajé la mirada a mi barriga y me pregunté si se me notaba mucho, estaba en la quinceava semana y aunque sabía que cada vez crecía más tenía la esperanza de ser la única que lo notara. Cuidaba vestirme de ropa negra, utilizar cintos anchos y bufandas para cubrir un poco la protuberancia. Pero había que admitirlo, se notaba, y había llegado el momento en que todos comenzarían a darse cuenta y yo tendría que decidir qué hacer.
-¿Tú crees que… se nota mucho?- pregunté insegura y sin poderlo negar, era obvio que lo sabía.
-No mucho pero has crecido del abdomen- me dijo para tranquilizarme- aunque no podrás disimularlo por mucho tiempo.
Suspiré enojada conmigo misma.
-Lo sé.
En ese momento la puerta del ascensor se abrió, dando paso al hombre rubio, alto y atractivo que seguramente había estado largos minutos esperándome. Se veía acelerado, como si estuviera muy molesto y se hubiera bajado del auto pateando cosas. Sus ojos desorbitados, rápidamente quise calmarlo.
-No sabía que habías llegado, Jude- dije poniéndome de pie- lo siento, ya estoy lista.
Jane admiró la escena pero no dijo nada, sabía que algo había pasado pero ni se atrevió a abrir la boca, ni siquiera para despedirse.
Tomé mi bolso y me encaminé al ascensor con Jude a mi lado. Él no había dicho ni una palabra, entonces decidí mirar mi reloj de pulsera. Faltaba media hora para mi horario de salida, eso me consternó. Jude no me estaba esperando.
Salimos del edificio e iba varios pasos frente a mí demasiado rápido que yo ni siquiera le pude seguir el paso. No sabía que le sucedía se estaba comportando muy extraño.
-¿Jude?- lo llamé- ¡Jude, espérame!- pero él no disminuyó el paso, por el contrario lo intensificó- ¿Jude, que pasa? No puedo seguirte- Traté de caminar más rápido pero mis tacones altos se balanceaban peligrosamente- ¡Jude, espérame, por favor!
Cuando ya estábamos en el estacionamiento el piso estaba lleno de piedritas, y entre la marcha y los tacones altos sin previo aviso, uno de mis tobillos se torció. No caí, con uno de los autos que estaba estacionado por el lugar que iba cruzando logré detenerme.
-¡Ay!- grité en el momento en el que sentí la punzada en mi tobillo.
Jude rápidamente se giró y aún más rápido de lo que iba caminando, corrió llegando a mí en sólo unos segundos. Su cara cambió de gesto a uno preocupado.
-¿Qué pasó?- preguntó, mirando como con una mano me detenía de pie y con la otra me quitaba la zapatilla.
-Me torcí el tobillo- le dije cortante.
-Dejame ayudarte.
-No- lo corté cuando comenzó a acercarse dispuesto a ponerme en sus brazos- yo puedo sola.
Me coloqué la zapatilla de nuevo y aunque cojeando me subí del lado del copiloto al auto. Jude me abrió la puerta y preocupado se subió del otro lado.
-¿Estás bien?- preguntó con voz suave, con esa voz que solo utilizaba cuando se arrepentía de algo y cuando me dedicaba canciones.
-Sí, estoy bien- respondí al fin aunque furiosa, sentía una fuerte punzada en mi tobillo que no pude disimular.
-Tal vez deberíamos ir al hospital.
-¡No!- negué rápidamente, últimamente había pasado más tiempo en los hospitales haciéndome todos los estudios habidos y por haber, asegurándome de que mi pequeño estuviera en perfecto estado.
-De acuerdo- dijo con voz preocupada- déjame ayudarte, esto es mi culpa. Vamos a mi departamento para ponerte algo, he sufrido muchas lesiones en el gimnasio tengo algo que quizá de sirva.
No estaba muy convencida, pero tampoco le dije que no. No tenía ninguna intención de ir a su departamento, por el contrario, estaba tratando de evitarlo; sin embargo, pensar que me encontraría a Sirius con Lauren me hacía querer posponer el encuentro lo más que pudiera. Asentí con la cabeza y Jude me puso la mano en la rodilla con una sonrisa. Puso en motor en marcha y en reversa salimos del estacionamiento.
Cuando llegamos al departamento de Jude, aún estaba tan molesta que no quería ni hablarle. No sabía que le había pasado y el hecho de que no me hubiera dirigido la palabra en todo el camino me hacía querer golpearlo, pero trataba de tranquilizarme pensando que eran las hormonas y que por eso estaba tan intolerante. Dentro del departamento me dirigí cojeado al sillón que tanto me encantaba y me dejé caer pesadamente.
Jude andaba de un lado a otro por todo el apartamento, fue al baño luego a su habitación después regresó a la cocina. Quise hacer como que lo estaba ignorando pero no podía, realmente lo único que quería que hiciera era que se sentara y que comenzáramos a hablar.
Después de un par de minutos se acercó con una venda en las manos, así como un frasco pequeño que algo que parecía pomada. Se sentó frente a mí en la mesa ratonera y aún sin decir una palabra, tomó mi pie lastimado poniéndolo justo encima de su rodilla. Sus manos eran cálidas y con un dedo presionó una parte de mi tobillo.
-¿Esto duele?- preguntó.
Negué con la cabeza. Presionó en un lugar distinto y tuve que ahogar un grito, pero mi respingo me había delatado. Me miró con sus hipnotizartes ojos miel para luego sacar del pequeño frasco una pasta transparente que tenía un ligero tono azul; lo esparció por el área afectada. Se sentía fresco al contacto y aumentó más la sensación de frescura cuando Jude comenzó a masajear suavemente el tobillo. Me inundó una sensación de bienestar que no pude continuar haciéndome la enojada, tuve que relajar mi cuerpo y concentrarme en la sensación.
Sus dedos danzaban con movimientos expertos por todo lo largo de mi pie, se había tomado la libertad de masajear las plantas de mis pies y yo ni siquiera me quejé.
-Tienes los pies hinchados- me dijo, como si no lo supiera mientras vendaba mi tobillo lastimado.
-Estoy reteniendo líquidos- respondí simplemente tratando de no mantener una conversación.
-Deben de doler mucho- agregó en un tono que yo nunca había escuchado en su voz, pero sonaba tan… sensual que provocó que hiciera un puchero y asintiera con la cabeza- pobre mi pequeña, creo que necesita un buen masaje.
-Sí- dije en tono mimado dejándome consentir por sus palabras- me duele todo el cuerpo, especialmente la espalda.
-No quiero presumir pero doy los mejores masajes del mundo- me susurró de repente inclinándose sobre el sillón muy cerca de mi rostro- ¿quisiera mi princesa que la consintiera un rato?
-No lo sé, tengo que regresar a casa.
Apenas me estaba dando cuenta de su intensión, sentí una sensación en el estómago y quise alejarme de él. Pero su voz y su mirada me hipnotizaban. Estaba tan cerca de mí que sin darme cuenta había cerrado los ojos y me estaba besando suavemente en los labios. Permanecía sentada y él inclinado sobre mí. Poco a poco los besos se fueron volviendo más intensos, lo sentía en su lengua y perdí la razón por un minuto. Pasé mis dedos por sus rizos dorados y él me tomó de la cintura atrayéndome a él. Estábamos tan incomodos que sin planearlo ni pensarlo me había puesto de pie sobre el sillón, la altura ideal para pasar mis brazos por su cuello. Estaba tan concentrada en la nueva posición en la suavidad de sus labios, que no me importó sentir una de sus manos deslizándose por mi trasero, no me importó ni un poco, hasta logré ignorarlo pero cuando noté que poco a poco su otra mano iba cubriendo uno de mis pechos de un salto me alejé de él.
-¿Qué pasa?- preguntó confundido.
-¿Qué te hace pensar que puedes manosearme? – cuestioné enojada.
-Me hace pensarlo el hecho de que tenemos dos meses juntos y ni siquiera lo hemos intentado.
-¿Q-qué te sucede?- estaba tan molesta que incluso mi mandíbula temblaba. No entendía de que estaba hablando- nosotros no estamos juntos.
-¡Por supuesto que lo estamos!- saltó Jude nuevamente molesta, con la misma actitud, la misma expresión e incluso la misma mirada- Dos personas que no están juntas no comparten tanto tiempo juntas, no duermen en la casa del otro y ni siquiera se piensan hacer cargo del hijo de un maldito bastardo que tuvo la la desfachatez de haberse acostado con su secretaria.
-¿Q-qué?- murmuré apenas saliendo un ligero sonido de mi boca. ¿Cómo… cómo sabía eso Jude?
-¡Lo que has oído!- gritó- sé que el padre de tu hijo es tu jefe. Por eso no se lo querías decir, ¡por eso todo es un maldito secreto! Pero yo acepté hacerme cargo del niño con tal de que la mujer que amo permanezca a mi lado y ella ni siquiera quiere darme un beso apasionado como una pareja de verdad.
-¿Cómo sabes eso, Jude?- pregunté con los ojos cristalinos, no podía que esas palabras hubieran salido de la boca de él, realmente me tenía tan impactada lo que acababa de decir.
-¿Ni siquiera te importa verdad? ¿No te importa cómo me siento al respecto? ¡Lo único que te importa eres tú, tú y tu egoísmo! Nunca te importó lo que yo sintiera, nunca te importó que yo me haya enamorado de ti- decía con la cara roja, tomándome de los hombros y acercándome a él, a pesar de que yo quería mantener la mayor distancia posible.
-Sí me importa, Jude, por supuesto que me importa; pero yo te dejé muy claras las cosas desde el principio- aseguré sintiéndome intimidada por su estatura y la asombrosa fuerza con que me mantenía tan cerca de él.
-Lily, me estoy volviendo loco- agregó con los ojos llorosos desapareciendo ese tranquilo mar miel- me mata saber que me mentiste. Toda esa historia del amor de adolescente fue una mentira, querías engañarme y hacerme creer que realmente lo de ustedes era un amor imposible, pero aunque eso era verdad, te referías a tu jefe. ¡Tu maldito jefe! Ese que se puso tan celoso cuando fui a visitarte a la oficina, ese que casi me mata con la mirada. ¿Pero cómo se van a enterar? No, por Dios, claro que no. ¡Porque entonces la señorita Lily Evans quería como una cualquiera!
Lo hice callar con una cachetada limpia y seca. En cuanto quité mi mano de su rostro sentí temor que de que era diez veces más grande que yo y podría matarme de un solo golpe. Pero cuando recibió el golpe, su cara cambió completamente de expresión dándose cuenta de las palabras que había utilizado.
-Lily… yo… lo siento, no debí decir eso…- trató de corregir pero yo lo calle con un movimiento con la mano. Mis ojos estaban llenos de lágrimas y apenas podía hablar con normalidad:
-James es mi jefe sí –dije mirando fijamente sus ojos, para que se diera cuenta de que mis palabras eran sinceras- pero yo nunca te mentí en nada, James no sólo es mi jefe, también es mi hermanastro. Por eso debía ser un secreto, nuestros padres no debían saber nada; sin embargo, como te dije eso es algo que eventualmente se iba a descubrir. No puedo cubrir mi embarazo por siempre, es mi familia, por eso no quería tener una relación contigo aún, porque aún no sé qué pasará en los próximos meses. James y mi madre se darán cuenta de mi embarazo tarde o temprano.
-Tal vez temprano- susurró simplemente, había liberado mis hombros y mantenía la cabeza gacha.
-¿De qué hablas?
-Los escuché, Lily. Escuché al novio de tu amiga Lauren decirle a Potter que estabas embarazada. Al principio no pensé que fueras tú, hay miles de Lilys en Londres, pero cuando escuché el nombre de Lauren supe que se trataba de ti- continuó- él no lo sabía. Se puso histérico, comenzó a gritar y tiró todo lo que estaba en la mesa. Yo no podía creer que el destino me hubiera dirigido a esa cafetería justo donde ellos hablaban sobre eso. Me tuve que ir, creí que tendría que pararme a golpearlo por ser un imbécil.
No podía creer lo que Jude me decía, ¿cómo era posible que Sirius le hubiera dicho todo a James? ¿Cómo se atrevía? Y cómo decía Jude, ¿qué clase de maldito destino encontraría a los dos justo en el mismo lugar y cuando se revelaban mis secretos? No sabía qué hacer, realmente lo único que quería era que me tragara la tierra y no regresar a Inglaterra hasta que naciera mi hijo. Pero no lo podía hacer, definitivamente en esta ocasión no podía huir e irme del país.
Varias horas después buscaba las llaves del departamento de Lauren en mi bolso, era cerca de medianoche y apenas llegaba a casa pues no quería encontrarme con Sirius que sería capaz de golpearlo. Iba descalza y trataba de hacer el menor ruido posible. Giré la llave y abrí la puerta con lentitud, suspiré aliviada al comprobar que las luces estaban apagadas, sin embargo cuando arribé en la habitación noté que había un tenue luz en el fondo del salón, solamente una lámpara de noche que utilizaba Lauren para leer. En el sillón sentado con los ojos cerrados y el rostro de lado estaba la persona que esperaba encontrar. James me había esperado por largas horas y me alegraba comprobar que no tendría que hablar con él por lo menos hasta el día de mañana. No quise arriesgarme, lo conocía y sabía que se despertaba con una mosca, así que cerré la puerta lo más lento que pude y caminando de puntitas entré en mi habitación.
La habitación era mucho más pequeña que en casa de mis padres, por lo que tenía solamente unas cuantas cosas en closet de ropa y artículos personales. En una pequeña esquina ya me había dado el lujo de comprar algunas pequeñas prendas para mi bebé. Dios mío, ver esos pequeños zapatitos y las calcetas miniatura hicieron que mi pecho se hinchiera de felicidad. No importaba todo lo que tuviera que pasar, no importaba que tuviera que enfrentar a James en pocas horas o incluso que mi futuro con Jude pendía de un hilo. Todo valía la pena si mi bebé llegaba a mis brazos con salud y bienestar.
-No puedo esperar a que nazcas, bebé- le dije en voz baja tocándome suavemente el vientre que apenas estaba abultado.
La mañana siguiente, me levanté sola, con tanta ansiedad en mi interior que mis ojos se abrieron solamente salir el sol. Miré el reloj que estaba al lado de mi cama, apenas eran las seis de la mañana pero seguramente Lauren ya estaría despierta preparando un café. Me estiré y me senté en el borde de la cama, miré fijamente la puerta y cuando mis ojos por fin pudieron enfocar me di cuenta que había un pequeña ranura, ¿había dejado la puerta abierta? No, claro que no podía haberla dejado abierta. Me giré rápidamente, y frente a mis ojos pero aún a mis espaldas estaba justo la persona que esperaba encontrar.
James estaba sentado sobre la cómoda, con un trajecito amarillo en las manos.
-Debiste decirme- dijo simplemente, sin levantar la vista y observando el pequeño trajecito.
-¿Para qué? A ti sólo te importaba una persona. No tenía ningún sentido abrumarte más con mis tonterías.
-¿Tonterías?- repitió con una carcajada, y entonces su voz me pareció extraña, estaba congestionada. Levantó la vista y me encontré con sus ojos en lágrimas. Era la primera vez después de dos meses que nos mirábamos fijamente a los ojos, esos ojos que me encantaban, esos ojos color avellana que siempre me miraba con burla y que estaban más brillantes que nunca- Podría ser cualquier cosa menos una tontería. Lo acepto, Lily. Te abandoné, fue mi error. Pero lo única razón para hacerlo y sabías fue que temía por el bienestar de mi hijo. Me dijeron en el hospital que tenía amenaza de aborto por el estrés, principalmente por mi rechazo. –gruesas lágrimas se desprendieron de sus pupilas y se deslizaron por sus mejillas, sentí una opresión en el pecho y estuve a punto de dar unos cuantos pasos y abrazarlo y decirle que todo estaba bien. Pero no lo estaba. Nada estaba bien.- lo único que quería era tener a mi hijo en mis brazos y luego alejarme de ella. Pero no podía hacer nada contra su voluntad, lo que ella dijera tenía que ser ley solamente hasta que él naciera. Ahora tú esperas un hijo mío, Lily, eso mejora cada aspecto de mi vida.
Dijo lo último embozando una sonrisa. Se bajó de la cómoda y aún con el trajecito en una mano se comenzó a acercar a mí lentamente. Creo que él estaba pensando en que lo recibiría con los brazos abiertos pero cuando estaba a unos pasos de mí yo retrocedí unos tantos.
-No sé cómo pude ser tan despistado- dijo deteniéndose dándose cuenta de mi rechazo, entonces comenzó a observarme de los pies a la cabeza, yo traía una bata de seda blanca, hubiera querido tener más tiempo para cubrirme con algo pero era demasiado tarde- es muy evidente que estás embarazada. Estaba tan metido en mi mundo y en mi propio dolor que no me detuve a observarte.
-Ese siempre ha sido uno de tus mayores defectos, eres la persona más egoísta que jamás he conocido.
Embozó una triste sonrisa de lado y no le importó que yo estuviera casi pegada a la pared continuó acercándose hasta que tuve que poner mis manos en su pecho para mantener un poco de distancia. Me sentía extraña, como si fuera las primeras veces que lo tenía cerca de mí, mi corazón latía muy fuerte en mi pecho y en mi estómago sentía una revolución. Sus castaños ojos me miraban fijamente y tuve fuerza de voluntad, de verdad que la tuve al girar mi cara cuando él me quiso besar.
-Lily, podemos arreglar esto- susurró muy cerca de mi oído- seremos padres ¡por Dios! Vamos a ser padres, juntos. Creo que es el momento adecuado para decirles a Papá y Helen, hoy, en la fiesta de cumpleaños de Papá.
-Estoy con alguien más, James.
-¿Q-qué?
-¿Creíste que iba a esperar por ti toda la vida?- me burlé aunque sentía mi corazón hecho añicos, tal fue su sorpresa que pude alejarme de él y salir por la puerta entreabierta de mi cuarto.
Como era de esperarse, no duro en seguirme hasta llegar a la casa de estar, esa sala en donde en una ocasión habíamos dormido juntos después de un noche con los chicos.
-¿De verdad estás con alguien más?- preguntó esta vez con la cólera latente en su tono de voz.
A mi cabeza llegó el día anterior cuando le había dicho a Jude que no éramos nada, que aún no éramos una pareja, pero aun así no me importó cuando dije las siguientes palabras:
-Sí, y me acompañará al cumpleaños de Charlus.
Hola, chicos
Siento mucho la tardanza, y me da mucho pena por las personas que han decidido abandonar el fic por las actualizaciones y además esperan una respuesta al respecto cuando han dejado reviews en anónimos. Si tienen algo que decirme que sea por un medio personal, por lo mismo siempre dejo mi correo electrónico en mi perfil.
Yo hago esto por gusto, me gusta escribir y lo subo porque me gusta compartirlo con personas que tienen los mismos intereses que yo, sin embargo, yo no exijo un comentario ni nada a cambio. Tengo una vida fuera de la computadora y problemas personales que me impiden continuar con la escritura. Trato de escribir lo más rápido posible pero lo hago mejor cuando escribo por gusto. No abandonaré la historia estoy tan enamorada de este fic como sé que muchos lo están, agradezco infinitamente todo el apoyo de las personas que me han seguido a los largo de todos estos años, pero nunca los obligaré a que continúen la historia. La pueden abandonar cuando ustedes lo decidan.
Actualizaré en cuanto pueda, esperen la continuación porque promete ser un capítulo muy entretenido.
Un beso, S.
