Las Trece Colonias se enfrentaba a la mayor potencia militar de sus tiempos. Era una guerra contra toda probabilidad, y sin embargo, allí estaban. Luchando.
Cursaba Mayo de 1775 cuando se reunió un Segundo Congreso Continental en Filadelfia. Fueron elegidos 14 generales, fue autorizada la ocupación de Canadá, y también se organizó un ejército bajo el mando de George Washington, aquel que hacía unos meses no había sido más que un coronel y ahora era un comandante en jefe, habiendo sido completamente apoyado por John Adams, y también por Trece Colonias.
Muchos coincidían en que no era un tipo que actuara alocadamente, que despotricara y jurara, sino alguien sobrio, firme y calmado. Era perfecto para el puesto.
Comenzaron a reclutarse soldados entre todas las colonias: agricultores, cazadores, vándalos... Ninguno de ellos sabía cómo atacar, cómo pelear, o siquiera recibir órdenes. Incluso Washington debió decir "Hemos reclutado un ejército de generales... No obedecen a nadie"
Trece Colonias había ido a la casa de su hermano con la intención de, por lo menos, convencer al menor de pensar en la idea de libertad. Pero la colonia norteña no parecía flexible en cuanto al tema.
–Hermano... Sé que tú buscas tu libertad, pero yo no tengo ningún problema siendo Colonia de Gran Bretaña -le decía son suavidad-. Seguiré apoyando a Inglaterra, y me gustaría que tú también lo hicieras, sabes que él nos quiere a ambos... El que tú estés haciendo todo esto le afecta.
–A mi también me afectan las cosas que él hace -respondió con sequedad-. Pero eso a él no pareció interesarle.
Canadá mostró una pequeña sonrisa triste. Le dolía oír a su hermano decir eso, y, ¿por qué negarlo? También le dolía ver los golpes que éste tenía en el rostro. Su hermano y su tutor estaban haciéndose daño mutuamente, y ninguno de los dos parecía pensar en los sentimientos del otro. Ellos simplemente parecían pensar en las cosas que cada uno estaba buscado.
–Como sea -dijo en un suspiro-. Yo me mantendré fiel a la Corona. Y agradecería que dejes de intentar convencerme, porque no voy a ayudarte. Es mi última palabra.
Trece Colonias no dijo más. Asintió vagamente, y dio media vuelta dispuesto a marcharse. A pesar de todo, iba a continuar insistiendo.
¡Mil perdones por no haber actualizado antes! Enteramente mi culpa. Estaba desanimada por los pocos comentarios del fic, entonces no quería actualizar... pero hace poco estuve pensando y, ¿qué importa si no tengo muchos comentarios? Alguien se tomó la molestia de alguna vez leer esto, ¡y yo hice mi mayor esfuerzo por escribirlo! Además, no escribo para que me comenten. No se debería escribir esperando a que dé algo a cambio, o al menos eso creo yo, podría estar equivocada.
Y no sólo esto, sino que el fic ya está terminado, sería tonto de mi parte no subirlo completo, no es como si tuviese que seguir pensando una continuación (como sí tengo que hacer con Never Stop Running, ah, eso va a matarme)
Anyway, espero que les agrade~
