¿Procesar? ¿Qué tenía que procesar? ¿Qué acababa de pasar? Porque parecía que Emma la había besado… y lo peor, ¡ella le había respondido al beso! Pero tenía que ser algún tipo de error ¿verdad? Tenía que haber sido una horrible pesadilla de la que se despertaría de un momento a otro. O la había drogado… ¿se había tomado algo servido por Emma? ¿Le habría inyectado alguna droga sin que se diera cuenta? O a lo mejor era control mental, puede que estuviera aprendiendo a hacer magia, quizás había encontrado algún hechizo o amuleto o cualquier cosa que hace que los demás hagan lo que quiera. Porque ella no podía haber besado a Emma, bueno, lo había hecho, pero tenía que haberla obligado de alguna forma. A ella no le gustaba Emma, la odiaba. La odiaba tanto que su simple presencia le provocaba urticaria. La odiaba tanto que cuando la veía solo se le venían a la mente pensamientos macabros. La odiaba tanto que… que… ¿de verdad la había besado? ¿Pero por qué? ¿Por qué había respondido a ese beso? Ella odiaba a Emma, la odiaba, no tenía que haberle respondido al beso y mucho menos… ¡joder! Mucho menos tenía que haberle gustado. ¿Y Emma por qué la había tenido que besar? ¿A qué venía ahora todo eso de decirle que le gustaba? La culpa era de ella, si no la hubiera besado no habría respondido, el beso no le habría gustado y ahora no estaría comiéndose la cabeza por una cosa absurda. Porque ese beso había sido absurdo, deliciosamente absurdo, pero así eran todos los besos ¿no? No le había gustado porque fueran los labios de Emma los que la besaran, le había gustado porque era un beso y hacía mucho que no la besaba nadie. Claro, tenía que ser eso, su cuerpo había respondido ante la abstinencia sin prestar atención a la persona que besaba. Si la hubiera besado cualquier otra habría sentido lo mismo, porque lo que la había hecho reaccionar había sido el beso, no la persona. Y esa maldita rubia seguro que lo sabía y por eso lo había hecho, para provocarla y confundirla. Pero se va a quedar con las ganas porque no se va a volver a repetir, ella odiaba a Emma, a sus besos, a su maldito cuerpo de infarto que aún sentía pegado al suyo, a sus asquerosas manos que la hicieron temblar, y a todo lo que tenía que ver con ella.

Emma estaba sentada en la barra del restaurante, frente a ella, un café iba perdiendo paulatinamente el humo que anteriormente brotaba de él con fuerza, sin que la rubia le prestara atención. Ésta permanecía con la mirada perdida en el interior de la taza, como si el café fuera a hablarle de un momento a otro y le descubriera los misterios del universo. Había pasado una semana y no había tenido noticias de Regina. Siete días, ciento sesenta y ocho horas, y no había recibido ni una llamada, ni mensaje, ni email, ni carta, ni paloma mensajera, ni señales de humo ni nada. No había recibido absolutamente nada de ella. Era como si hubiera desaparecido del mapa, aunque sabía perfectamente que no había sido así porque en esa semana había quedado varias veces con Henry. Simplemente la estaba ignorando y eso la tenía de muy mal humor. ¿Cuánto tiempo necesitaba para procesar un puto beso? Joder, no era para tanto, si no le gustaba ni quería nada con ella, aunque ciertamente lo dudaba, no pasaba nada, únicamente tenía que decirle "no me gustas" y ella la dejaría en paz. Pero Regina no lo hacía y eso la tenía de los nervios, ¿acaso iba a ignorarla y fingir que nada había pasado? Porque una cosa es que le dijera que no y otra que se hiciera la loca, no pensaba consentir que fingiera que ese beso nunca había pasado después de sentir perfectamente que le había gustado tanto como a ella. O quizás estaba esperando que fuera ella quien diera el primer paso, ¿pero qué paso? Le dijo que le gustaba, la besó, joder, ahora le tocaba a Regina hacer algún movimiento si quería algo o simplemente pararla. Pero claro, eso sería algo obvio si se tratara de cualquier persona, pero estaba hablando de la reina, y ella no se caracterizaba por ser una persona demasiado sensata y fácil. Si una mujer normal era ya complicada por sí misma, Regina era igual pero multiplicado por mil. Definitivamente no sabía qué hacer. Pensó en llamarla, pero era posible que no le cogiera el teléfono, también pensó ir a verla a su casa, pero hoy también pasaba el día con Henry y no quería interrumpirla. Así que se decidió por un escueto mensaje:

"Necesito verte"

Quizás fuera demasiado escueto y falto de información, pero sabía que eso funcionaba con Regina. La curiosidad por saber era posible que hiciera que contestara.

Se quedó con la mirada fija en el teléfono, imaginándose a Regina abriendo su mensaje y contestándole, esperando que de un momento a otro vibrara el móvil en sus manos. Su sorpresa fue mayor cuando, en vez de vibrar una vez lo hizo dos. Abrió los mensajes y no pudo evitar sonreír. El primero era una foto de Regina haciendo un corte de mangas, y en el segundo ponía simplemente:

"Ya me has visto"

Durante un momento pensó en volverle a escribir, pero si algo sabía Emma era captar una indirecta. Volvió a abrir el primer mensaje y no pudo evitar agrandar la foto y quedarse mirándola como una estúpida, incluso haciéndole ese gesto estaba increíblemente sexy.

No sabía el tiempo que se había quedado mirando la foto con cara de idiota, aunque tenía que ser bastante, cuando de repente sintió como de un tirón el móvil desaparecía de su mano. Emma abrió los ojos con pánico, Ruby sostenía en el aire su teléfono con una sonrisa.

-A ver, a ver, qué es lo que te hace quedarte tan embobada – dijo mientras dirigía su mirada al teléfono, ignorando los gestos de Emma por quitarle el móvil.

La sonrisa pronto desapareció del rostro de Ruby, justo en el momento en el que vio la imagen de la tan temida reina malvada en el teléfono de su amiga.

-¿Qué significa esto? – dijo señalando la foto de Regina, Emma se tapó los ojos con la mano.

-No es lo que parece – contestó pobremente.

-Me alegra saberlo, porque lo que parece es que estabas babeando mirando una foto de Regina – dijo seria, bajando la voz para que nadie las escuchara.

-Entonces sí es lo que parece – admitió Emma.

-¿Qué? – soltó en un grito ahogado – ¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

-No te vuelvas loca que no es que estemos juntas ni nada… solo me gusta un poco. Bueno, mucho – apartó la mirada con cierta culpabilidad.

-¿Has perdido la cabeza? Estamos hablando de Regina, la reina malvada, la misma que lleva toda la vida haciéndole la vida imposible a tu madre y que os habría matado a ambas si hubiera podido – espetó con dureza.

-Pero no lo ha hecho, y ha cambiado Ruby. Vosotros no lo veis, pero yo sí. Puede que haya cometido errores, pero no es el monstruo que todos veis. Yo veo a la verdadera Regina, la que sufre por el rechazo de todos, la que adora a su hijo y lo único que busca en la vida es tener su final feliz. Ella solo quiere lo que buscamos todos, un poco de amor – los ojos de Emma brillaron como nunca hablando de Regina y Ruby fue perfectamente consciente de ello.

-Te has enamorado de ella – afirmó con asombro.

-¿Qué? No, yo… me gusta, pero no hay nada más – negó con nerviosismo.

-Te has enamorado de ella – volvió a decir negando con la cabeza.

-Puede… – admitió finalmente Emma en un tono de voz casi inaudible.

-A tus padres no les va a gustar esto – dijo Ruby con resignación – Pero no te preocupes, no les contaré nada – añadió al ver la preocupación en los ojos de Emma.

-Gracias – sonrió con tristeza.

Ruby le devolvió el teléfono y se fue a seguir con su trabajo, dejando a Emma sumida en sus propios pensamientos. Amor. ¿De verdad estaba enamorada de Regina? No podía decirlo con certeza, sabía que lo que sentía por ella rebasaba los límites del gustar, pero no estaba segura que llegara al nivel de quererla. Únicamente habían compartido un beso, un beso genial pero solo uno, no podía enamorarse de una persona por solo un beso ¿no? ¿O es que acaso todo este tiempo había confundido el gustar con el querer? Se estaba volviendo loca, sus sentimientos la volvían loca, el no saber qué pensaba Regina la volvía loca, la posible reacción de sus padres la volvían loca. Lo único que tenía claro entre tanta maraña de sentimientos era que quería a Regina en su vida.

Volvió a mirar la foto que le había enviado, y tras un rato observando la imagen, no pudo evitar ponerse a escribirle de nuevo.

"Esta noche voy a tu casa"

Pulsó el botón de enviar y soltó el móvil en la barra, tenía pocas esperanzas de que le contestara en seguida, por ello se sorprendió cuando escuchó su móvil vibrar.

"No"

Emma sonrió ante tan seca y escueta respuesta, se mordió el labio y volvió a escribir.

"No estaba pidiendo permiso"