Como había previsto, Regina no le abrió la puerta cuando se presentó en su casa y empezó a llamar. Eso la hizo sonreír ampliamente, no tenía más remedio que recurrir a su plan B y… ¡oh! Le encantaba su plan B, de hecho, internamente era su plan A, pero no podía haberlo llevado a cabo sin un rechazo previo o quedaría como una psicópata demente. Así que simplemente volvió a su coche y fingió que se marchaba, aparcando a una distancia suficiente para que no fuera vista desde casa de Regina. Ahora únicamente le quedaba esperar.
Regina se quedó sorprendida e indignada al ver que Emma se marchaba sin más cuando no le abrió la puerta al segundo toque de timbre. ¿Ya está? ¿Eso era todo? ¿Acaso no pensaba insistir más? No entendía para qué la molestaba con mensajes diciéndole que necesitaba verla y que iba a ir a su casa, si luego llegaba y se iba sin más. ¿A qué estaba jugando? Si creía que marchándose así ella iba a ir detrás a suplicarle que volviera la llevaba clara, ella era Regina Mills, la "reina malvada", ella no suplicaba. Ella no iba detrás de nadie. Ella no se dejaba engatusar por ninguna niñata. De hecho, que se fuera era lo mejor, lo que quería y buscaba desde el primer momento. Por algo llevaba sin hablarle una semana, por algo había evitado los lugares donde sabía que podía encontrársela. ¿No quería a Emma fuera de su vida? Pues ya la tenía… aunque esa maldita rubia podía haberla buscado antes para darle una explicación de ese horrible beso. Pero no importa, ella quería a Emma fuera y ya se había ido junto a esa aberración de coche. Y encima Henry le había dicho que ni siquiera ha preguntado por ella en todo este tiempo, primero la besa y luego la deja tirada como si fuera el rollo de verano de algún adolescente. Pero no importa, no le gustó el beso, no quería repetirlo, así que el hecho de que desapareciera era lo mejor que podía haber pasado. Aunque por lo menos podía haber tenido la decencia de despedirse, así podría bajar la guardia porque sabría que no se la encontraría cualquier día campando por su jardín. Pero no importa, lo importante es que se había ido sin hacer ruido, con su poca educación de siempre, pero se había marchado. Y ahora ella por fin podía estar tranquila, si Emma quisiera insistir se habría quedado plantada en la puerta hasta que le hubiera abierto, en cambio se había ido. Así que si tenía suerte no tendría que enfrentarse más a esa rubia desvergonzada y bipolar que un día te dice que le gustas y al otro te deja tirada como una colilla enterrada en la playa.
Emma llevaba ya más de una hora esperando en el coche y empezaba a impacientarse, quería que ya llegara el momento. Cuando ideó su maravilloso plan B no pensó en lo aburrido que sería esperar hasta poder llevarlo a cabo y ya estaba amargada. Se había pasado casi todas las fases de "Stupid Zombies" en el móvil y las que quedaban no había alma que las superara, así que además de aburrida y amargada, estaba frustrada por culpa de ese asqueroso juego. Volvió a mirar el reloj y decidió que ya no podía esperar más, acababa de empezar su plan. Salió de su adorado escarabajo amarillo sigilosamente, aunque el sigilo se perdió cuando tuvo que dar varios portazos hasta que la puerta quedó completamente cerrada. Miró a ambos lados esperando que el estruendo no hubiera llamado la atención de nadie, pero aunque lo hubiera hecho, nadie habría hecho nada. Eso era Storybrooke y ella era la hija de Mary Margaret y David, aunque la pillaran torturando a conejitos blancos, nadie haría nada.
Regina, tirada en el sofá en una postura muy poco atribuible a su persona, disfrutaba de la última película de Harry Potter cuando un estruendo en lo que parecía ser su jardín le llamó la atención. Pausó la película, se dirigió al enorme ventanal y dirigió su mirada al exterior, sin embargo, allí estaba todo tranquilo y parecía no haber nadie en los alrededores. Despreocupada, volvió al sofá donde se tiró, literalmente, en la misma posición y siguió viendo los minutos finales de la película. Aunque siempre se había considerado muy "potterhead", tenía que decir que la última película era una gran mierda con fallos garrafales. Vamos, no puedes tirarte siete libros diciendo como los ojos de Harry son verdes iguales a los de su madre, y luego meter un primer plano de la madre de niña con los ojos marrones. Además, el hecho de que derrotara a Voldemort nunca le había gustado demasiado, ella siempre se había sentido muy identificada con Voldemort. Eran dos incomprendidos.
Cuando los créditos finales ya se reproducían en el televisor, se desperezó, miró la hora y decidió que era el momento de acostarse. Por suerte, decidió ponerse el camisón antes de ponerse a ver la película, porque después de dos horas ahí tirada le daría una pereza horrible. Apagó el televisor, guardó cuidadosamente el disco en su carátula y, echando antes una mirada para ver que todo estaba en orden, apagó la luz antes de dirigirse a la escalera. Subió despacio con cuidado de no tropezar con ningún escalón, aunque conocía tan bien la casa que ni estando completamente a oscuras creía que pasara. Ya en su habitación, ni siquiera se molestó en encender la luz. Entró directamente, se quitó las zapatillas de estar por casa y se dejó caer en la cama. Sin embargo, nada más caer, un bulto debajo de ella le hizo dar un grito asustada y levantarse rápidamente para ir a encender la luz. Desde la cama, Emma le sonreía divertida mientras se mordía el labio al ver como el tirante del camisón de Regina, se le había resbalado del hombro al levantarse con tanta velocidad.
-¿Se puede saber qué cojones haces aquí? – preguntó enfurecida.
-¡Sorpresa! – dijo simplemente Emma, con cara inocente.
Regina la fulminó con la mirada, que Emma se hubiera atrevido a colarse en su casa y mucho más en su propia cama era demasiado.
-¡Oh, vamos! No te pongas así, la culpa ha sido tuya por no abrirme. Te dije que necesitaba verte – añadió la rubia al ver como Regina apartaba la mirada de ella y respiraba con fuerza.
-Y yo te dije que no, y no te he abierto la puerta. Eso tenía que haberte dado alguna idea de que no quiero saber nada de ti – espetó con furia.
-Ya, pero es que no te creo cuando dices que no quieres saber nada de mí. Me besaste y ahora me rehúyes – sentenció la rubia.
Regina la miró con la boca casi abierta de la incredulidad.
-¿Qué yo te besé? Perdona señorita Swan, pero me parece que tiene usted muy mala memoria. Fuiste tú la que me besaste contra mi voluntad – dijo elevando la voz.
Emma se rió. Ante la mirada desafiante de Regina se levantó de la cama y se acercó a ella hasta quedar separadas por escasos centímetros.
-No creo que fuera tanto contra tu voluntad cuando ni siquiera me separaste, de hecho me agarrabas para que no me alejara. Así que me parece que eres tú la de la mala memoria – dijo bajando el tono de voz paulatinamente hasta terminar en un susurro.
Regina tragó saliva, tener a Emma tan cerca la ponía nerviosa y se odiaba por ello.
-Tu beso me provocó lo mismo que tú, asco e ira – dijo con dureza, sin saber si había sonado tan convincente como creía.
-¿Ah, sí? – preguntó Emma con media sonrisa – ¿Me estás diciendo que no te gustó nada?
-Tanto como que me claven clavos entre las uñas – contestó con una sonrisa de suficiencia.
-O sea que… ¿no te gusto nada? – preguntó.
-Ni una pizca – afirmó con seguridad.
-Vaya, entonces… – sonrió con malicia – Si me acerco a ti no sientes absolutamente nada, ¿verdad? – acercó aun más su cuerpo al de Regina sin llegar a rozarla.
-Verdad – contestó intentando mantener la compostura.
-Bien, entonces… si te agarró por aquí – le rodeó la cintura con su brazo derecho, acercándola completamente a ella de forma que sus pelvis se rozaran – Tampoco sientes nada, ¿verdad?
-No – volvió a contestar con un susurro ronco.
-¿Y si te acaricio así? – elevó su mano y le llevó hasta la mejilla de Regina, la acarició con suavidad siguiendo un recorrido descendente hacia su cuello. Sonrió al sentir como la piel de la reina se iba erizando debajo de sus dedos, y siguió bajando hasta el centro de sus pechos, parando justamente donde el borde del camisón le impedía seguir.
Regina tragó saliva con dificultad, Emma se lo estaba poniendo muy difícil, pero no pensaba dejarse vencer.
-No he sentido absolutamente nada – dijo con dificultad.
-Vaya, parece que al final será verdad eso de que no sientes nada por mí – susurró de forma que el aire que escapaba de sus labios chocaban con los de Regina.
Ésta se quedó paralizada, quiso contestar algo pero temía que no le salieran las palabras o que si lo hacían fuera de forma tan entrecortada que perdiera toda credibilidad.
-Entonces seguro que tampoco sientes nada con esto – siguió hablando Emma y Regina tuvo que aguantar la respiración. La rubia la miró a los ojos y se mordió el labio con media sonrisa, antes de bajar la mirada y dirigirse hasta el cuello de Regina. Empezó con besos suaves recorriendo su cuello de arriba abajo varias veces, hasta que al sentir como la respiración de la reina se aceleraba irremediablemente, no pudo soportarlo más. De repente, Emma se convirtió en una vampiresa que succionaba sin piedad el cuello de Regina. Lo mordía con fiereza y luego lo calmaba con su lengua, torturando de forma placentera a una Regina que no pudo contener más el gemido que llevaba guardando desde que Emma había empezado con ese juego. Al escucharla, la rubia sonrió contra su cuello y, acercándose a su oído, susurró:
-Parece que alguien está perdiendo la compostura – para mayor tortura de Regina, atrapó el lóbulo de su oreja entre los dientes, haciendo que ahogara un gemido.
-¡Oh, cállate! – le espetó agarrándole la cabeza con ambas manos, separándola de su cuerpo para poder mirarla.
Y tras unos segundos, sin previo aviso, Regina simplemente acercó su cara a la de Emma y atrapó sus labios con fiereza. Y le molestaba, le jodía sobremanera, pero en los labios de Emma, en el baile de sus lenguas, se sintió como si hubiera llegado a casa. Como si esos labios estuvieran hechos solo para encajar con los suyos, como si esos brazos estuvieran hechos para abrazarla, como si esas manos estuvieran hechas para acariciarla… Y ahí se dio cuenta que, quizás, y solo quizás, pudiera ser que sí sintiera algo por Emma más allá del odio irracional.
